Cuatro Sakura


Víctor conducía por la concurrida vía hacia el hotel donde se alojaría el oficial japonés. Tenía planeado llevarlo después a la residencia del cónsul para que tuviera la oportunidad de entrevistarse con sus compatriotas y finalmente lo llevaría a los cuarteles de la oficina de investigación.

—Teniente Kat…su…ki, tendrá que comprender que la investigación que mi departamento ha desarrollado durante varios años tiene el carácter de reservado por eso le pido que no se asombre si no vamos a compartir algunos detalles con usted. —Víctor tenía que ser claro desde el primer momento pues no era fácil incorporar de la noche a la mañana a un oficial extraño al equipo.

—Comprendo mayor Nikiforov, pero quiero que entienda que no he venido a obstaculizar su trabajo, solo quiero apoyar a su equipo y dar lo mejor de mí, voy a esforzarme para estar a la altura de sus hombres y colaborar con ustedes. —Yuuri se mostraba firme y decidido, no podía ser de otra manera porque tenía la orden de volver con resultados concretos y eso solo lo lograría adentrándose en las investigaciones.

—Déjeme pensar en qué nos puede ayudar. —Víctor se quedó callado cabilando si estaría bien compartir sus dudas sobre el caso Sakura—. Lo que pasa es que no estoy tan seguro que la joven Yoshikawa haya sido asesinada por el Depredador, por eso le pido por favor que nos permita aclarar mejor los hechos para ver en qué nos serán útiles sus habilidades.

Yuuri estaba a punto de agradecer la sinceridad con la que Víctor le habló cuando una llamada ingresó por la radio del auto, habían encontrado una nueva víctima del asesino serial

La escena del crimen era una roca elevada al interior de uno de los bosquecillos del parque Pavlovsk. El cuerpo sin vida de una joven de piel trigueña, cabello negro, un metro setenta y cuatro de estatura y rasgos latinos yacía de cúbito dorsal sobre la cima del roquedal. Los signos del tormento eran visibles y parecían frescos, los agentes que llegaron primero se atrevieron a decir que la chica no llevaba muerta más de seis horas, su cuerpo conservaba aun la lozanía de su vigor y juventud.

Por lo demás todos los signos corporales señalaban que había sido una víctima más del Depredador. El cuerpo estaba muy limpio, sobre él solo se dibujaban los colores violáceos y los desgarros que provocaron las amarras; los cortes simétricos de un arma de fina hoja y el corte punzante en la carótida. Las víctimas del insano no morían por las heridas infringidas en el cuerpo, ni por los cortes o mutilaciones, hora un dedo del pie o tal vez un pezón, quizá el lóbulo de la oreja. Ellas morían desangradas luego que su victimario introducía un fino estilete de oficina en la arteria y las veía desangrarse incluso durante varios minutos después de los últimos estertores mortuorios.

Isabel presentaba los mismos desgarros, las mismas cuencas vacías, las mismas puñaladas y los mismos clavos que con el martillo a presión había introducido en zonas muy sensibles de su cuerpo. Tal vez fueron unas diez horas de agonía y dolor, de terror y llanto; el Depredador hacía sufrir a sus víctimas, pero la forma cómo dejaba los cadáveres, la posición de cubito dorsal, las piernas juntas las manos sobre el pecho o abdomen revelaban que era un asesino frío, despiadado, pero que en el momento final mostraba respeto por su víctima. Nunca las había dejado con las partes íntimas expuestas y tiradas de cualquier manera. Esa era otra característica que le decía a Víctor Nikiforov que la joven Kaori Yoshikawa no había sido la víctima del asesino en serie.

Víctor llegó junto a Yuuri Katsuki casi al final de la tarde, el horario llamó poderosamente la atención de los agentes porque suponía que el asesino había dejado a la muchacha durante el mediodía. El agente Altin ya se había adelantado y revisaba junto con los guardias las cámaras de vigilancia del parque, sin embargo no obtendría resultados favorables porque esa área estaba en remodelación y los servicios de vigilancia habían desconectado las cámaras para su reemplazo y reubicación.

No había forma de tener un video de la zona, pero sí de los accesos al parque que eran muy estrictos, así como de las inmediaciones para advertir algún coche extraño. Lo único que vieron de forma inusual fueron dos carros transportadores de caudales, un par de coches de la policía, una ambulancia que se detuvo por unos minutos frente al parque y que recogió a un hombre que convulsionaba y una furgoneta oficial que también se paró para auxiliar a la ambulancia. Los demás coches iban y venían por las vías principales a toda velocidad.

Si el asesino entró al parque para dejar a la joven a mediodía, entonces tuvo que haberlo hecho por uno de los cercos del parque, debió trepar y tal vez halar el cadáver envuelto en algo, quizá un maletín grande o un cajón, luego caminó con él a rastras o sobre el hombro algo más de un kilómetro hasta llegar al roquedal, habría tenido el tiempo de colocarlo y luego habría salido por el mismo lugar y eso era más que imposible.

Al revisar la escena del crimen no se halló sogas ni pedazos de cabello, solo el arma que el asesino introdujo en la arteria carótida, limpia como siempre y envuelta en una bolsa de tela. El corte de la trenza era limpio y parecía haber sido hecho con mucho cuidado. Los agentes revisaban el área mientras el equipo forense se hacía presente cuando Mila observó algo inusual cerca al roquedal y llamó a su superior.

—Mayor, tenemos un mensaje.  —De inmediato Víctor y los demás agentes se acercaron al lugar, con las manos enguantadas y el mayor de los cuidados observaron el papel de cuaderno en el que el asesino escribió de nuevo usando la sangre de la muchacha.

“Jamás mataría a una bella flor”

A diferencia de los anteriores mensajes, éste parecía haber sido escrito con cierto apuro, se notaba en la torpeza de los rasgos y las manchas al final de la hoja. Los expertos determinarían si había sido escrito por la misma persona, si esa era la misma letra de las anteriores cartas a pesar de las notorias diferencias.

Yuuri Katsuki solo se limitó a mirar de lejos la escena y hacer ciertos comentarios en la grabadora de su celular. Después de una hora revisando el lugar de palmo a palmo los agentes y los miembros de la fiscalía se retiraron llevando el cadáver de la joven a la morgue. Esperaban que el asesino hubiera dejado algún cabo suelto que diera una nueva pista.

Víctor estaba tan ocupado atendiendo llamadas y organizando a su gente que se había olvidado por completo del teniente Katsuki, así que cuando regresaba a su vehículo lo miró parado junto a él y apuró el paso para llevarlo a su hotel.

—Disculpe teniente, esto nos sorprendió tanto a todos y teníamos que priorizar la diligencia. —Víctor trataba de ser amable con el agradable detective japonés.

—Entiendo mayor Nikiforov, espero que tengan una buena pista esta vez. —El teniente subió al vehículo y fue transportado a su hotel. Víctor tenía la urgencia de regresar a su oficina para seguir analizando las pruebas y testimonios.

—¿Cuándo tendré la oportunidad de inspeccionar las pruebas del caso de la señorita Kaori? —Yuuri se sentía algo cansado y hambriento, durante el vuelo no había comido nada porque quería evitar las náuseas que le provocaba los bolsones de aire por los que atravesaba el avión.

—Le sugiero que descanse esta noche y mañana a primera hora pasaré a recogerlo para ponerlo al tanto de las investigaciones agente. —Víctor condujo hasta el hotel en medio de un extraño silencio en el que Yuuri revisaba su celular con insistencia y él observaba el espejo retrovisor cada diez segundos para no fijarse en la apacible expresión de su colega nipón.

Al quedarse solo en el hotel Yuuri Katsuki verificó con calma las fotografías que había tomado en los alrededores de la escena y verificó la posición en la que fue dejada la joven. Los pies con dirección al oeste y la cabeza con dirección al este, como si la joven observara el lugar donde habían quedado los trozos de carne que le habían sido arrancados por el asesino. Verificó los lugares que se encontraban en esa dirección, algunos no aparecían en el mapa oficial pero sí en las tomas satelitales así que no pudo establecer nombres.

Mientras comía un jugoso bisteck  —prefería la comida internacional porque no conocía bien la gastronomía rusa—, Yuuri Katsuki también observó algo que parecía ser una huella parcial de un calzado muy grande que estaba impresa en contraposición del mensaje encontrado, se había dado la molestia de ver los calzados de los agentes y ninguno coincidía con esa huella que parecía ser fresca. Finalmente observó la forma del corte del dedo meñique de la mano izquierda que había tomado con rapidez antes que levantaran el cadáver y el corte de la trenza y por la forma como se mostraban parecía que habían sido hechos por un hombre zurdo.

Yuuri miró su reloj, era cerca a la media noche y aunque no tenía mucho sueño porque durmió todo el trayecto hacia Moscú, tuvo que apagar las luces y obligarse a dormir. Al cerrar los ojos lo único en lo que pudo pensar fue en la sonrisa del mayor Nikiforov, Yuuri también sonrió al recordarla y se dijo que ese hombre podría conquistar a cualquiera con esa bella mirada y esa sonrisa sincera.

Al día siguiente la prensa amanecía con una nueva noticia policial destacada en sus portadas, algunos periodistas se preguntaban qué estaba haciendo la policía para dar con el Depredador y debido a ese titular el General Plisetsky llamó con urgencia al Comandante Feltsman para decirle que esperaba resultados de una buena vez porque tenía al ministro encima suyo además de otras autoridades y colegas de otras partes de Rusia.

Esa mañana Víctor Nikiforov recogió al teniente Katsuki de su hotel y lo llevó a la residencia del cónsul de Japón para que se entreviste con la familia. Al llegar, los esposos Yoshikawa recibieron con la amabilidad de siempre al oficial ruso y con un gesto cortés al oficial japonés. Acompañados del embajador los oficiales subieron a la habitación de Kaori y revisaron en forma somera sus pertenencias.

—¿Hallaron algún dato o algo fuera de lo común? —Al saber que Kaori podría no ser una víctima del asesino en serie Yuuri entendía que existía la posibilidad que el asesino hubiera tenido algún contacto previo con la muchacha.

—Todo está en orden oficial. ¿Qué podrían indicarnos las cosas de mi hija? Ella jamás adivinaría que un insano acabaría con su vida. —El cónsul tenía la mirada perdida y el coraje escondido en el corazón.

Cuando los oficiales estaban a punto de despedirse, Yuuri pidió permiso para hablar con la esposa del embajador, ella lo llevó hasta un lugar especial de la casa, el altar de la familia de dónde provenía el aroma suave del incienso. Yuuri le expresó el saludo y la solidaridad de su jefa Minako Okukawa, la esposa del cónsul agradeció el gesto y recibió una ofrenda que su amiga le había enviado con Yuuri, una rama de cerezo llena de sakuras abiertas que alguien conservó en azúcar.

Víctor se limitó a ver las muestras y saludos respetuosos entre el oficial Katsuki y la señora Yoshikawa, hasta que vio a Yuuri agachar todo su torso y quedarse así por varios segundos mientras que la dama secaba las lágrimas que provocaron la devoción con la que el teniente le prometía que buscaría justicia para Kaori. Víctor tuvo una extraña sensación en el corazón al ver la mística con la que el simpático oficial nipón se dirigía a la dama y el gran respeto con el hizo una oración frente al altar.

Una hora después Víctor ingresó a su oficina acompañado del teniente Katsuki y aprovechó que todo el equipo estaba reunido para presentarlo, todos los saludaron amablemente, menos el belicoso niño problema que solo se limitó a mirarlo y preguntarle si entendía algo de ruso. Yuuri le respondió que hablaba ruso desde los primeros años de universidad y que no se consideraba un experto, pero que sí entendía a la perfección el idioma.

En cuanto analizaron los primeros informes de los forenses, Víctor se dispuso a repartir las comisiones de ese día. Yuuri esperaba que le diera alguna tarea, pero él se limitó a dejarle en su oficina con varios sobres conteniendo fotografías, files de todas las investigaciones avanzadas hasta ese momento y una computadora encendida.

Yuuri agradeció, pero entendió que el hombre no quería que se entrometan en el trabajo de su equipo; sin embargo, el teniente Katsuki tenía una misión que cumplir y no regresaría con las manos vacías.

Toda la mañana hasta la hora de almuerzo el teniente Katsuki caminó entre el escritorio y la pared del pizarrón, lo vieron sentado frente a su portátil, sacando copias de vez en cuando y colgándolas, haciendo ciertos apuntes en los post-it y verificando una y otra vez la información. Cuando Víctor llegó, luego de haber interrogado a los trabajadores del parque y sintiéndose tan vacío como siempre, ingresó a su oficina y se llevó una tremenda sorpresa.

Luego de unos minutos convocó a su equipo, el único que no se encontraba presente era Georgi que se había quedado analizando las listas de las personas que entraron y salieron del parque los últimos días. Cuando todos sus agentes estuvieron sentados observando el gran collage en la pared de la oficina, Víctor por fin se animó a decir qué estaba sucediendo.

—Chicos, frente a nosotros tenemos muchas fotos y señales que en apariencia no tienen conexión, pero que de acuerdo a la explicación del teniente Katsuki comienzan a tener sentido. —Por primera vez en su vida el mayor confiaba su trabajo en otra persona muy a parte de sus subordinados.

—Ayer me atreví a tomar algunas fotografías en la escena del crimen y comparándolas con la escena donde se encontró a la señorita Kaori estoy seguro que no tiene ninguna relación. —Yuuri trataba de explicar con calma su teoría, pero no sabía que se encontraría con una dura pared que vencer.

—Eso ya lo sospechábamos teniente, aunque tal vez usted no tenía la información. Nos gustaría escuchar algo que no sepamos. —Anya siempre fue dura con las personas que no eran del equipo, era una mujer desconfiada por naturaleza y tenía buenos motivos para ser así.

—Tiene razón oficial, esa información no la tenía presente; pero si me permiten les diré por qué llegué a esa conclusión.

Los agentes asintieron de inmediato mientras intentaban descifrar el extraño mapa que había elaborado el teniente japonés, éste tomó un puntero luminoso y se dirigió hacia la pared.

—Si se fijan en las fotografías de los cadáveres en las escenas del crimen, podrán notar que no solo coinciden en guardar las mismas características en sus heridas y su presentación. —Yuuri señaló un sentido en el mapa—. Los cuerpos de todas las víctimas también guardan un mismo patrón…


Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

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