Cinco Sakura


—¿Está queriendo decir que la posición en la que fueron dejadas las víctimas nos está señalando el lugar donde fueron asesinadas? —Mila Babicheva no podía creer que una simple observación revelase información tan valiosa.

—Si me permiten analizar las fotografías y su posicionamiento en cuanto a la relación con los puntos cardinales de la ciudad, tal vez pueda encontrar el patrón que señale a un área especial de San Petersburgo. —Yuuri esperaba estar en lo correcto, su conocimiento sobre asesinatos y asesinos le decía que ellos siempre dejaban señales ocultas en las escenas del crimen—. Tengo entendido que el asesino señaló por escrito que observaran bien los cuerpos.

—Tendremos que verificar con los mapas las posiciones exactas que muestran las fotografías de los cuerpos mayor. —El novato Plisetsky ya estaba encontrando lógica a lo descrito por Katsuki.

—Por otro lado, me tomé la licencia de hacer unas cuantas fotografías más y descubrí un par de huellas parciales que estoy seguro no correspondían a los calzados de los agentes que estaban presentes, me parecieron llamativas por lo frescas y profundas que se mostraban y tal vez puedan corresponder a los calzados que usan los trabajadores del parque. —Yuuri mostró las fotografías y las amplió. Esas huellas tenían una marca particular, las figuras de las suelas no correspondían al calzado usado por cualquier hombre, no parecían huellas de calzados obreros, tampoco deportivos, tenían que ser huellas de calzados militares.

—Tendremos que verificar una vez más y espero que todavía quede algo de ellas. —Mila se puso en pie y no esperó más para llamar a Georgi que en ese momento se encontraba en el parque y darle la reciente información.

—Teniente Katsuki ¿puede decirnos por qué está tan interesado en el caso del Depredador si ha llegado a la conclusión que no fue él quien mató a la joven Sakura? —Anya seguía insistiendo en su desconfianza.

—Porque si encuentran al Depredador que ha confesado no ser él quien mató a la señorita Kaori, entonces será más fácil buscar a su verdadero asesino. —Yuuri intentaba no molestarse por la actitud hostil de la joven—. Por favor permítanme ser parte de vuestras investigaciones y ayudar con lo que pueda para que lleguen al asesino de las chicas de San Petersburgo. —Yuuri agachó todo el torso en señal de súplica porque algo dentro de él le decía que ese era el camino.

En ese momento Víctor quedó sorprendido con la muestra de humildad del sagaz agente japonés, una actitud que jamás la había visto en ninguno de los policías con los que trabajó.

—Víctor no estoy de acuerdo con esa teoría de que exista otro asesino, en lugar de concentrar nuestros esfuerzos en un solo hombre y atraparlo ahora vamos a distraernos con otra investigación que no sé si tenga solidez. —Anya siempre fue frontal con su superior y si algo no le gustaba tenía la libertad de decirlo sin ningún temor.

—No puedo descartar ninguna opción capitana Petrova, no vamos a distraer nuestras mentes ni nuestros recursos, propongo que formemos dos equipos, uno que siga con las investigaciones de siempre y otro que pueda seguir los nuevos datos que obtengamos. —Víctor no quería perder el tiempo en discusiones.

—Entonces… ¿Quiénes vienen conmigo? —Anya sonrió a sus compañeros y de inmediato se vio rodeada por Mila y Otabek, además sabía que contaría con el apoyo de Georgi porque él era su eterno admirador.

—Bien supongo que estaré junto al anciano y a su ayudante cuatro ojos, creo que hay algo nuevo e interesante en sus locas teorías. —Yuri Plisetsky parecía dar siempre la contraria, pero lo que hacía era guiarse por la lógica.

Anya Petrova era una mujer muy bella y muy dura, desde niña había enfrentado los retos de la vida sin titubeos. Hija de un oficial de policía considerado el mejor de San Petersburgo hasta que una noche llamaron a casa diciendo que había sido alcanzado por dos balas en una persecución; hermana menor de tres varones con los que tuvo que jugar, pelear, hacer alianzas, convivir, cuidarse, amarse y apoyarse para seguir adelante y ayudar a su madre.

Ingresó al departamento de policía y desde el primer día se mostró firme e inquebrantable, todos la conocían por su duro temperamento y su inconfundible sonrisa retorcida, por eso le decían “la muñeca de acero”, pero lo hacían siempre a escondidas porque si ella los llegaba a escuchar les hacía pagar bien caro el momento del entrenamiento de tae kuon do.

Pidió varias veces integrar el equipo de Víctor Nikiforov y cuando no le funcionó el método regular, intentó seducir al Mayor; pero su relación no pasó de un par de noches, a la tercera ella le fue sincera y le prometió aportar con todo a la investigación.

Guardaba un odio visceral hacia los asesinos, cada uno de ellos era un enemigo personal para Anya. Víctor jamás se arrepintió de hacerla parte de su equipo de trabajo porque siempre consiguió buenos resultados, ya sea por la fuerza, la razón o la seducción.

Al terminar la reunión faltaban pocos minutos para las tres de la tarde, Víctor notó que su estómago le reclamaba atención así que invitó al teniente Katsuki a almorzar en un restaurante de comida tradicional rusa que se ubicaba muy cerca de la oficina de investigaciones.

Yuuri agradeció mucho el gesto y ordenó las sugerencias que el simpático mayor le proponía.

Durante el almuerzo compartieron teorías además de una copa de vino que aligeró un poco la tensión del día. Luego volvieron al trabajo y mientras Víctor manejaba concentrado Yuuri observaba la ciudad en silencio.

—¿Qué piensas Yuuri? —Víctor intentaba acortar las distancias entre él y el teniente, quería saber algo más sobre ese sorprendente joven que había llegado para refrescar un poco más las ideas del equipo.

—Imaginaba los últimos momentos de todas esas chicas. ¿Qué estarían pensando?, ¿cuánto terror sentirían? Tal vez y sus madres sintieron el llamado desesperado de sus hijas en el instante que ellas morían. Imaginaba que sus espíritus no tendrán paz mientras no se haga justicia. —Yuuri puso una expresión de sentido dolor mientras seguía mirando a la gente paseando feliz y despreocupada por la ciudad.

—Una de las primeras víctimas de ese maldito fue una amiga muy querida de la universidad, una de las pocas chicas que no era bailarina exótica. —Víctor sintió que debía abrir su corazón—. Cuando la encontraron yo todavía no estaba en el caso, pero hice todos los modos posibles por participar en las investigaciones y dos años más tarde me hice cargo de éstas.

—Cuando era niño solía jugar con una niña de cabello muy largo durante horas, un día estábamos en el jardín de su casa cuando llegó un hombre y la sacó a empellones. Su hermano y yo corrimos para detener al sujeto, pero éste nos dio un puntapié y huyó con ella en brazos. Hasta que cumplí dieciséis siempre me pregunté qué había pasado con esa mi amiga de barrio, un día llegué a casa temprano y mi madre tenía el televisor encendido mientras contestaba una llamada, yo me senté en el sofá de la sala y vi en las noticias que después de tantos años se había encontrado por fin el cuerpo de mi amiga, la reconocieron por los ganchos del cabello y los aretes que llevaba puestos ese día. —Yuuri calló y suspiró con nostalgia. Ese recuerdo siempre permanecería punzante en su memoria—. Nunca se encontró a su asesino y me pregunto qué sería de ella en sus últimos momentos de vida, cuán aterrada habría estado…ella que tenía miedo de la gente extraña. También me pongo a pensar que pude haber sido yo el niño secuestrado por ese hombre, pero él escogió a mi amiga.

Víctor se sorprendió mucho al saber que tenían algo en común, ambos habían perdido a una amiga querida en el pasado y trataban de buscar justicia para ellas a través de otras víctimas, como queriendo calmar el dolor de haberlas perdido sin pudieran haber hecho algo para ayudarlas.

Las siguientes horas Víctor y Yuuri se concentrarían en estudiar todos los detalles de las fotografías de las víctimas y la posición exacta en que fueron encontradas, desplegaron un mapa en el ventanal de la oficina y fueron cubriendo las áreas con pequeñas fotografías de las víctimas puestas en la posición exacta de acuerdo a la ubicación de los lugares en el mapa. Luego de dieciséis fotos ya comenzaba a hallarse un patrón que apuntaba en cierta dirección, pero todavía el área era muy grande.

—Oye Víctor estuve trabajando en las teorías del agente cuatro ojos y comencé a ubicar a todas las víctimas, los lugares donde fueron encontradas, mientras Otabek me pasa las informaciones exactas yo muevo la posición de los cuerpos, así que no es necesario que ustedes estén presentes, tal vez podrían hacer otra cosa, cuando tenga algo concreto les avisaré. —Yuri Plisetsky había estado “jugando”, como él decía, con las pruebas y creía tener una respuesta lógica.

Víctor aprovechó el momento para salir junto con Yuuri e interrogar a un jovencito que al parecer días atrás no había dicho la verdad. Encaminó el auto hacia la zona frecuentada por los estudiantes de la universidad estatal de San Petersburgo.

Al otro lado de la ciudad un hombre cansado llegaba a casa luego de una semana extenuante cumpliendo una misión al sur de la región, su joven y bella esposa lo recibía muy feliz y con un beso apasionado le dio la bienvenida al hogar. El hombre entró al baño, lavó con especial cuidado sus manos y al salir levantó en brazos a su pequeña hija Ninoshka y el bebé Dima, sus mayores tesoros. Junto con ellos se encaminó al comedor de la cocina y luego de sentar al bebé en su comedero y a su pequeña en el regazo se dispuso a cenar muy feliz y agradecido en compañía de su amada familia.

—Boris te extrañé tanto, ¿qué o quién te distrajo tanto? —La menuda rubia miraba con ternura a su infatigable esposo.

—Cariño debo hacer muchas horas extra en el departamento, así en invierno podremos ir a un lugar cálido y acogedor con los niños. —El hombre había dejado el arma de reglamento en un gabinete alto del closet. Se quitó el uniforme y la placa para cambiarse de inmediato con ropa más cómoda.

—Solo quiero que te cuides siempre, esta ciudad se ha convertido en un lugar muy peligroso, anoche varios pandilleros dispararon contra un grupo de agentes y hace unos días atrás volvieron a matar a una chica joven. —Olenka comentaba los acontecimientos mientras daba de cenar al bebé.

—Esos agentes se exponen demasiado amor, además yo me encuentro en un área más tranquila, así que no debes preocuparte más y con respecto a la joven de las noticias seguramente ella se expuso y estuvo en algún lugar indebido a una hora poco conveniente para una dama por eso pasó lo que pasó con ella. —El hombre comía con buen gusto todos los potajes servidos con generosidad en la mesa.

—No me importa qué tan licenciosas sean las vidas de esas jóvenes, yo siento mucha lástima por ellas, tal vez muchas no pueden tener mejores oportunidades que trabajar de noche. —La dama miraba con satisfacción la forma en que el pequeño Dima comía todo el puré.

—Mi amor tu gran corazón te hace sentir lástima por todos, incluso por aquellos que no se lo merecen, falta que me digas que sientes lástimas por ese tipo que mata a las rameras. —El hombre seguía cenando con mucha tranquilidad.

—En especial por él, porque está enfermo y necesita ayuda, ojalá pronto lo encuentren y le encierren, allí donde vaya espero que alguien le ayude a arrepentirse de sus pecados, pedir perdón y perdonarse. —La mujer se santificó.

Cuando llegó la hora de acostar a los pequeños, Boris y Olenka cantaron algunas canciones de cuna hasta que los niños se durmieron. Sin hacer el menor ruido cerraron la puerta del dormitorio de los pequeños y luego se entregaron entre besos y caricias al maravilloso juego de la pasión y el amor.

El hombre parecía venerar el cuerpo de su esposa y ella parecía una niña crédula que amaba sin condiciones a su héroe guerrero. Tenían siete años de feliz matrimonio, él no les hacía faltar nada en casa y ella se dedicaba a atender el hogar y criar a los niños, ese era el pacto que renovaban cada noche de amor, cada noche que él no se ausentaba de casa.

Eran las once y treinta minutos, habían cambiado los numerales en el reloj y dos agentes de policía se encontraban al borde del colapso, pero habían trazado un mapa exacto que reveló algo importante: los cuerpos apuntaban a un área específica de San Petersburgo, un lugar de casas y apartamentos exclusivos, donde los nuevos ricos de la ciudad se instalaban en sus flamantes hogares para alejarse del bullicio de la ciudad y la mirada de sus habitantes comunes y corrientes.

Pero aún el área era extensa porque además de esos barrios exclusivos, se tenía cerca una zona destinada a las viviendas de algunos miembros de la élite policial.

Los ojos del agente Katsuki se cerraban, los de Yuri Plisetsky ya estaban cerrados y el chico dormía plácido en el asiento trasero del vehículo oficial.

—No sé si te pasa lo mismo, pero siento como si ya te conociera. —El único que no sentía sueño era el Mayor Nikiforov, había tomado tanto café que tenía mucha energía acumulada.

—Sí Mayor, también tuve la sensación de haberlo conocido antes. —Yuuri escuchaba los reportes de la central en la radio.

—¿Estuviste alguna vez en París o Ginebra o tal vez en Londres? Allí llevé cursos importantes. —Víctor pensaba que tal vez hubieran podido cruzar miradas en el pasado.

—No mayor, estuve en España y en Estados Unidos llevando algunos cursos de especialización. —Yuuri sabía que había algo más.

—Entonces será el destino como esa leyenda que habla de un hilo rojo, creo. —Víctor miraba cómo el símbolo del hotel donde se alojaba Yuuri crecía más y más con cada metro que avanzaban en el coche.

—Mayor… esa solo es la forma en que se encuentran los amantes. —El rostro de Yuuri se encendió y Víctor pensó que el teniente se veía muy lindo con esa expresión.

—Aaah no sabía que se refería solo a ese aspecto de la vida… igual me imagino que debe haber un hilo de conexión entre los dos no importa de qué color sea. —Al ver cómo el rostro del teniente se tenía de un rojo intenso, Víctor solo atinó a dibujar un perfecto corazón con sus labios mientras sonreía lleno de contento.

La noche avanzaba y el día siguiente les traería muchas sorpresas; pero por de pronto los dos oficiales y el novato necesitaban recuperar sus fuerzas y dormir varias horas.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

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