Reencontrando La Felicidad (Cap 2)


Capítulo 2

–¿¡Lo conoces Chris!?

–¡Claro que lo conozco! ¿Recuerdas que te platique sobre un paciente que tuve hace unos años y tenía como pareja a un doncell? ¡Pues ese doncell es Yuuri!

La conversación entre ambos doctores provoco que Yuuri despertara, cuando noto que estaba siendo observado, se puso de pie inmediatamente y saludo con una reverencia como era costumbre en su país.

 –No tienes que ser tan formal, kobuta-chan– se acercaba el rubio con una sonrisa coqueta haciendo que el azabache volteara a verlo.

–¿¡Chris!? No sabía que aún trabajabas aquí– le sonrió dulcemente.

–Y yo no sabía que ustedes se conocían– intervino Viktor al sentirse excluido en la conversación.

–Buenos días Doctor Nikiforov y nos conocemos porque Chris atendió a Aleck hace tiempo–  una mueca algo triste apareció en su rostro.

–Lamento no haber podido hacer nada por él, Yuuri, pero…– Chris dirigió su vista hacia la camilla –prometo que salvaremos al gatito.

–Gracias– asintió y limpio los rastros de lágrimas que aún quedaban en sus mejillas de la noche anterior.

No esperaron más y la conversación se enfocó única y exclusivamente en los procedimientos que se practicarían en Yurio para mejorar su salud, estaría internado unas cuantas semanas para monitorearlo y administrarle el medicamento, tanto inyectado como oral y de acuerdo a la evolución que tuviera, se le permitiría ir a casa con la condición de que debía ir a revisión semanalmente hasta que estuviese en perfectas condiciones.

–Esperemos que todo salga bien.

–Yo también lo espero Chris y gracias de nuevo a usted doctor Nikiforov.

–Por favor llámame Viktor, así también podré llamarte Yuuri– sonrió dulcemente el peliplata.

–E-esta b-bien… Viktor– menciono el azabache con un leve sonrojo en sus mejillas.

Había un ambiente bastante cómodo alrededor, dejando de lado el hecho de que la sonrisa un tanto burlona de Chris hacía a los otros dos avergonzar, quizás las cosas hubiesen seguido así por unos cuantos minutos más, pero una cansada vocecita hizo a todos respingar.

–Espero que esta vez no le hayas tocado el trasero a mi papi– el pequeño niño había despertado. Después de quitarse la máscara de oxígeno y ver quienes se encontraban en la habitación, pudo distinguir a aquel rubio doctor que siempre toqueteaba a su papi cuando venían a visitar a su papá enfermo.

–¡Yurio!– se lanzó Yuuri sobre él para abrazarlo y besar su rostro una y otra vez.

–No puedo creer que aún lo recuerdes– reía Chris a lo grande mientras revolvía sus cabellos –hola gatito.

–¿Qué hiciste qué, Chris?– Viktor lo veía con el ceño fruncido, ¿cómo era posible que su amigo hubiese tocado el trasero del chico que lo tenía tan confundido antes que él? No… espera ¿¡Qué estaba pensando!?

–¿Y quién es este anciano?– preguntaba el pequeño como si fuese lo más normal del mundo, mientras el doctor lo veía anonadado por la forma en que lo había llamado.

–Cariño no seas grosero, él es Viktor, el doctor que te atendió cuando llegamos aquí.

–Veo que no has cambiado ni un poco, sigues actuando como un gatito huraño.

–Y seguro tú sigues toqueteando a tus pacientes como siempre– sonrió socarronamente sorprendiendo a todos por su actitud a pesar de su edad y fue allí cuando Viktor recordó las palabras susurradas por Yuuri la noche anterior. –por cierto, si usted es mi doctor ¿Puede decirme que tengo? ¿Acaso es lo mismo que tenía mi papá?– menciono dirigiéndose al director del hospital.

La verdad es que no sabía cómo contestar, el niño era demasiado directo incluso para cualquier adulto y no estaba seguro de si debía hablarle con la verdad, por esa razón volteo a ver a Yuuri y este le asintió, confirmándo que podía decirle lo que pasaba al pequeño.

–Ese parece ser el caso, pero te daremos un tratamiento para que mejores pronto Yurio– le dedico una leve sonrisa.

–Y ese tratamiento ¿De verdad funcionara? ¿No será como cuando papá enfermo?– los ojitos color esmeralda ahora veían fijo hacia Chris.

–Esta vez funcionara gatito, Viktor y yo trabajaremos muy duro para que mejores pronto– revolvió los cabellos del menor dedicándole igualmente una sonrisa.

–Sé que tienes miedo cariño, pero todo estará bien– Yuuri besaba las mejillas de su pequeño mientras le sostenía la manita.

–No tengo miedo, solo estoy preocupado papi– los ojos chocolate y esmeralda se conectaron entre sí.

–¿Preocupado porque bebé?– acariciaba sus cabellos mientras prestaba toda la atención del mundo a lo que su hijo decía.

–Si algo malo me pasa… y me voy como papá, tú estarás solito, ya no podré abrazarte en las noches cuando lloras y decirte que estaremos juntos siempre, no quiero dejarte solo papito, no quiero– sus ojitos comenzaron a cristalizarse y estiro ambas manos pidiéndole un abrazo a su progenitor, quien no dudó ni un segundo en estrecharlo entre sus brazos y dejar unos cuantos besos en su coronilla mientras le repetía una y otra vez cuanto lo amaba.

Por su parte, ambos doctores estaban realmente conmovidos con la escena, pudieron ver cuánto amor había entre los dos, sin contar la madurez del pequeño de tan solo 6 años, era mayor la preocupación por dejar a su padre solo que el miedo de que pudiera perder la vida en cualquier momento, y con respecto a Viktor, pues estaba simplemente sin palabras, a pesar de la actitud tosca de Yurio, podía ver que era un ser maravilloso, al igual que Yuuri de quien se sentía cada vez más atraído.

Luego de eso, Yuuri ayudo a su pequeño con la alimentación, sería una tarea difícil gracias a lo desagradable de dicha comida, pero no había nada que pudiese hacer, durante las siguientes semanas ambos doctores se dedicaron en cuerpo y alma al pequeño rubio, comenzando con el tratamiento que daría frutos dentro de poco tiempo, lastimosamente Yurio tuvo un par de recaídas mas pero nada que no pudiesen mantener controlado para tranquilidad del azabache.

Una noche en la que Yuuri salió para atender una llamada de su mejor amigo con respecto a los cambios de turno en el restaurante donde trabajaba, Viktor se encontraba revisando a Yurio, verificando que todo estuviese evolucionando favorablemente, pero había algo que le llamo la atención, aquel arisco niñito estaba bastante callado y tranquilo a comparación de los demás días.

–¿Te encuentras bien Yurio? Puedo llamar a tu papi por si necesitas algo.

–Estoy bien no pasa nada, pero…– enfocó su mirada en Viktor, quien lo veía expectante.

–¿Pero…? si hay algo que quieras decirme estoy dispuesto a escuchar lo que sea– mencionaba con un una sonrisa.

–Mmm, si a mí me sucediera algo malo ¿Te quedarías junto a mi papi para cuidarlo?

Aquella pregunta desconcerto por completo a Viktor, por una parte, aquel pequeño rubio seguía anteponiendo a Yuuri por encima de todo y por otro lado ¿Le estaba pidiendo a él que cuidara de su progenitor si faltaba? Acaso ¿Qué razones tenía el pequeño para pensar si quiera en encomendarle dicha tarea?

–Bueno Yurio, debes pensar positivamente, vas a mejorarte y tú mismo cuidaras de él.

–Sé que tú y Chris están trabajando duro para que me cure, pero quiero estar seguro de que papi tendrá a alguien a su lado si yo no estoy– con gran esfuerzo se sentó sobre la camilla y tomo entre sus manitas la mano de Viktor –he notado la manera en como lo miras, me recuerda a como papá solía verlo, por eso sé que lo cuidarías tan bien como yo.

Definitivamente eso era algo que no se esperaba, gracias a las palabras del pequeño, Viktor había descubierto lo que en realidad sentía y ahora más que nunca estaba dispuesto a salvar a ese niño.

–¿Sabes una cosa Yurio? Tengo una mejor propuesta para ti, voy a curarte y juntos cuidaremos de tu papi ¿Te parece?.

El niño sonrió como nunca antes y el doctor le beso la frente con ternura, para luego fundirsen en un abrazo, como si de esa manera sellaran el pacto que acababan de hacer. Mientras tanto, oculto en la entrada de la habitación unos ojos achocolatados se inundaban en lágrimas, gracias a los sentimientos encontrados que provocaba en él, aquella conversación entre su gatito y el hombre que le había hecho olvidar momentáneamente a su primer amor y padre de su hijo.

Unas cuantas horas después de la cena, cuando Yurio dormitaba plácidamente en su habitación, Yuuri decidió salir a caminar un poco al jardín del hospital, importándole menos el frió que le calaba los huesos o el hecho de que faltaba poco para la media noche, dio un par de vueltas alrededor de la fuente que se encontraba justo en el centro del lugar para terminar sentándose a la raíz de un gran sauce que en los días soleados brindaba la más perfecta de las sombras.

Obviamente eso no pasó desapercibido por Viktor, quien inmediatamente lo vio allí, decidió llevarle un café que de seguro lo ayudaría a calentarse.

–Ten– le acerco el envase con aquella bebida humeante y este la recibió gustoso seguido de un leve gracias –no deberías estar fuera tan tarde, podrías resfriarte.

–Lo sé, solo necesitaba pensar un poco– suspiro y dio un gran sorbo al café –…Viktor.

–¿Qué sucede?– tomo asiento justo frente a él.

–Tú… crees que ¿Soy un mal padre?– lo veía fijo con la angustia reflejada en su rostro.

–No digas eso Yuuri, solo necesitas ver a Yurio para darte cuenta que eres un padre maravilloso.

–Pero he puesto sobre mi hijo una carga tan grande, que incluso en el momento en el que su salud peligra él solo piensa en mí– unas hermosas gotas perladas recorrían el camino desde sus ojos caoba hasta aquel mentón que temblaba al intentar contener el llanto –lo dijo el primer día que fue internado y te lo dijo a ti hace unas horas.

–Entonces nos escuchaste– este asintió y Viktor acerco su mano para limpiar con delicadeza las gotas salinas que se aglomeraban en el rostro del menor –es cierto que tu hijo quiere anteponerte ante todo, incluso por sobre él mismo, pero eso no significa que sea una carga– acaricio sus sonrosadas mejillas con cariño –si Yurio se preocupa por ti, es porque te ama, eres tan importante para él, como él lo es para ti, por esa razón debes sentirte orgulloso como padre, créeme cuando te digo Yuuri, eres el mejor hombre que he podido conocer y estas guiando a tu hijo por un buen camino.

Sin pensarlo dos veces, Yuuri se arrojó hacia el mayor, abrazándolo con fuerza y llorando a mares hasta desahogarse, no sabe cuánto tiempo pasó desde que cometió aquel atrevimiento, pero de lo que si estaba seguro, era de que los brazos de Viktor eran tan reconfortantes como su sonrisa, entre aquellos fuertes brazos se sentía a salvo, protegido y como si nada malo pudiese pasar mientras se mantuviese allí, sin contar que las caricias brindadas por este en su cabeza y espalda, lo mantenían en un estado de relajación que hacía mucho tiempo no experimentaba.

–De verdad eres una buena persona Viktor– se separaba lentamente del abrazo –y te agradezco por haberle seguido el juego a Yurio con eso de cuidarme junto con él.

–Amm bueno, en realidad yo no solo le estaba siguiendo el juego, hablaba enserio cuando dije que quiero cuidarte junto con Yurio.

El azabache no daba crédito a lo que acababa de escuchar ¿Acaso Viktor quería jugarle una broma? Le vio a los ojos con incredulidad, de seguro había escuchado mal.

–No me veas así Yuuri, yo de verdad quiero estar a tu lado y cuidarte, no, lo que quiero hacer es cuidarlos a los dos– decía mientras tomaba su rostro entre sus manos.

–P-pero ¡Viktor! Como puedes decir algo así cuando llevamos poco tiempo de conocernos.

–Puedo ver en tus ojos el maravilloso ser que eres y todo lo que te he dicho antes es la verdad, sé que no conocemos mucho el uno del otro, pero yo me encargare de solucionar eso y con respecto a tu hijo, es un niño tan… ¡Amazing! Que cualquiera amaría, podría decirte que ya le tengo un enorme cariño a pesar de que me dice anciano– hizo un leve puchero que a los ojos de Yuuri se veía realmente adorable.

Viktor estaba mostrándole una faceta de sí mismo que no conocía, siempre se veía serio e imponente mientras atendía a sus pacientes de la manera más profesional posible, pero cuando se trataba de él o de su hijo, aparecían las frases graciosas, las discusiones sin sentido entre un adulto y un niño y esas sonrisas en forma de corazón que había notado no le dedicaba a nadie más que no fuese a él.

Gracias a todos esos detalles, el corazón de Yuuri se encontraba prendado cada vez más de aquel peliplateado que le había robado ya un buen número de suspiros.

Al no obtener respuesta alguna por parte del menor, Viktor decidió actuar arriesgándose a las consecuencias, se inclinó hacia adelante y con el mayor de los cuidados, deposito sus labios sobre los de Yuuri, dándole así el beso más casto que ninguno de los dos hubiese recibido jamás en toda su vida, pero que al mismo tiempo transmitía un sinfín de sentimientos que los llenaba de felicidad

 Para Yuuri era como volver a la vida después de haber perdido a su gran amor, pero para Viktor, era como si un nuevo sentimiento creciera dentro de sí, inundándolo hasta la médula y enseñándole que la vida podía ser más que solo obtener reconocimiento por un trabajo bien hecho.

Cuando separaron sus labios conectaron sus miradas, observando un brillo único que no habían visto antes en los ojos contrarios, se sonrieron con complicidad para fundirse de nuevo en un abrazo reconfortante que aunque los hizo sonrojar, les transmitió la necesidad de seguir adelante y luchar por lo más importante que tenían en común hasta ahora, el pequeño Yurio.

Caminaban de regreso a la habitación del pequeño entre miradas cómplices y tomados de la mano, sin pena alguna ya que por la hora no había nadie alrededor de los pasillos; se sorprendieron al ver la luz del cuarto encendida, se suponía que el pequeño estaba durmiendo, o acaso ¿Había tenido otra recaída?

Corrieron deprisa, solo para encontrar al rubio mayor examinando al niño mientras le hacía cosquillas de vez en cuando y este le daba manotazos para que lo dejara regresar a dormir.

–¿Está todo bien?– preguntaba un agitado doncell mientras revisaba con la mirada a su hijo.

–¿Pasa algo Chris?– secundaba el director del hospital reparando en la expresión de su amigo.

–Todo está bien no tienen de que preocuparse, solo pasaba por aquí y el pequeño gatito salía del baño así que decidí echarle un vistazo– sonrió mientras ponía el estetoscopio de regreso en su cuello.

–¡Lo primero que te dije fue que lo cuidaras anciano! Y allí vas tú y lo haces llorar– con el ceño fruncido y sus bracitos cruzados, Yurio reprendía al mayor, puesto que noto a la perfección la nariz roja y los ojos hinchados de su papi.

–¡Pero si yo no hice nada!– regresaba de nuevo el puchero al rostro de Viktor.

Una sonora carcajada se escuchó en toda la habitación y dicha carcajada a oídos de Yurio y Viktor fue la más hermosa que habían escuchado hasta ahora, antes de ir a abrazar y besar a su gatito por ser el mejor hijo del mundo, Yuuri deposito un beso en la mejilla de quien ahora consideraba su pareja, dejando al tanto a los presentes de lo que sucedía.

Durante las siguientes semanas, la relación entre la pareja recién formada dio un gran salto, las muestras de cariño habían aumentado considerablemente y Viktor estaba tan al pendiente de su amado que se encargaba de llevarlo y traerlo de la casa y el trabajo e incluso estaban planeando el vivir juntos en el apartamento del de ojos celestes, con la excusa de que sería lo mejor para la salud de su gatito según Viktor.

Yurio molestaba cada vez más a Viktor, diciéndole que no dejaba que su papi lo cuidara por andarlo abrazando tanto, pero en el fondo se sentía feliz por las sonrisa que de nuevo podía ver en el rostro de Yuuri y por otra parte, Chris había entablado una muy estrecha amistad con el mejor amigo del azabache, un doncell llamado Phichit.

Cerca de seis meses habían transcurrido desde la noche en la que Yurio había sido ingresado por su enfermedad cardíaca, ninguno de los tres imagino que aquella desafortunada situación les iba a cambiar la vida hasta ese punto, pero ni Yuuri, Viktor o Yurio estaban insatisfechos con dichos cambios.

¡Al contrario! A partir de ahora su vida estaría llena de alegría y felicidad, puesto que estaban a punto de salir del hospital ya que al fin le habían dado de alta al pequeño de ojos esmeralda. Aún debía continuar con algunos tratamientos pero teniendo al mismísimo director del hospital en casa para revisarlo diariamente, era seguro que nada iría mal.

Yuuri y Yurio se sentían como en casa, amaron desde el primer instante a Makkachin pero por petición del niño consentido, ahora tenían a una linda gatita llamada Potya, Viktor nunca les negaba nada a ninguno de los dos y siempre estaba al pendiente de lo que necesitaran, poco tiempo después el niño regreso a la escuela y con ello todo rastro de su enfermedad quedo en el olvido, haciendo de sus vidas lo más hermoso que hubiesen imaginado jamás.

Un Año Después.

Una usual conversación comenzaba en medio de la noche bajo las sabanas en la habitación principal de la casa Nikiforov Katsuki.

–Viktor detente un poco, si hacemos mucho ruido Yurio se despertara– susurraba tratando de controlar su respiración y de paso a su esposo.

–¡Vamos Yuuuuri! Déjame amarte una vez más– besaba aquellos muslos que tanto lo enloquecían.

–Es la tercera vez que lo hacemos Vitya, es cierto que siempre te pido más pero justo ahora estoy agotado, además necesito decirte algo importante– sostenía el rostro del peli plata para que este le prestase atención.

–Está bien, me detendré por ahora pero déjame darte muchos besos– lo abrazo desde la espalda en la posición de cucharita mientras repartía besos por toda su nuca y espalda –¿Qué es lo que querías decirme, lyubov?

–Cariño… tendremos que ir de compras y hacer algo de espacio en la habitación de nuestro gatito.

–¿Hacer espacio e ir de compras? ¿Por qué?

Yuuri se giró un poco para quedar boca arriba sobre la cama y llevo la mano de Viktor hacia su vientre desnudo, mientras lo veía con una enorme sonrisa en sus labios y un deslumbrante brillo en sus achocolatados iris, por otra parte, aquellos ojos tan azules cual zafiros se paseaban del vientre de su esposo a su rostro y viceversa, al parecer le estaba llevando algo de tiempo analizar lo que querían decirle. Cuando de pronto pudo soltar palabra alguna.

–No me digas que… acaso… quieres decir…

–¡Estamos embarazados Vitya! ¡Vas a ser papá!

Y de nuevo hacía aparición aquella hermosa sonrisa en forma de corazón que Yuuri tanto amaba, Viktor tomo en brazos a su pareja para llenarle el rostro de besos y besar con igual efusividad su aun plano vientre, luego se vistió rápidamente e importándole menos que el día siguiente era día de escuela, fue hasta la habitación de su hijo mayor para despertarlo con tan maravillosa noticia.

Lo que no se esperaba, era que este le restregaría en la cara el haberse enterado antes que él y comenzarían una pequeña lucha de almohadas para culminarla durmiendo los tres abrazados en el lecho matrimonial junto a Makkachin y Potya, como la perfecta familia que eran, ansiando la espera del nuevo integrante que llegaría en al menos siete meses más.

Publicado por Wendy Brittannia

Amante del anime y la lectura.

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