Mi amado Yuuri-sempai (Cap 07)


Cap 07: Respuesta

Víctor salió de la ducha con la toalla en su cintura. Su enorme caniche Makkachin estaba sobre la cama, jugando con su hueso mientras el celular se encontraba a un lado de su pata. Afuera nevaba y Víctor miró la nieve caer en la ventana de su habitación, que divisaba una hermosa visión de Tokio iluminada. Su padre había logrado comprar ese departamento cuando llegó a Japón y la vista era envidiable.

Agotado tras un día de trabajo, se sentó en la orilla de la cama y empezó a secar sus pies. Recordó por un momento como tuvo que dejar el patinaje de Rusia para irse con su familia a Japón, huyendo tras un escándalo político que puso a su padre en el ojo del huracán. No pudo continuar con el patinaje en Japón, se interpusieron muchas cosas, en especial la depresión inicial de Víctor cuando se encontró lejos de todo lo que amaba en su país, en un lugar donde los otros chicos le miraban raro y buscaban no acercarse por su ascendencia, juzgándolo por no ser japonés. Fue extraño sentirse tan solo en una ciudad tan llena de gente.

Parecía mentira que, tras diez años, ahora los japoneses lo amaran y votaran por él en cada rating. La vida obraba de manera misteriosa.

Suspirando, se vistió con ropa interior y un pantalón deportivo. Ya había hecho su rutina de ejercicio del día y ahora solo se prepararía para descansar. Despertaría a las cuatro de la mañana para redactar su artículo, porque era la mejor hora para concentrarse. Así podría conseguir los mejores resultados.

—¿Qué pasó Makkachin? —preguntó al ver a su amigo acercarse para olfatear su espalda—. Ya me iba a dormir. —Pero su perro lo conocía suficiente como para oler la tristeza.

Víctor se negaba a llorar de la pura frustración a pesar de la decepción que lo seguía amargado. Solo pensaba en lo iluso que fue pensar que Yuuri había respondido positivamente a esa carta, que solo le daba vergüenza hablar de ellas. Que gracias a reconocerlo, le permitió llamarlo Yuuri-sempai y lo invitó a salir, adelantándose a su propia cita. Pensó que lo hizo para conocerlo mejor, para darle esa oportunidad que le pidió de demostrarle que era más que una cara bonita. Sus ilusiones fueron muy altos y por eso fue duro caer.

—Aunque eso significa que me invitó a salir porque quiso y no porque se lo pedí en la carta —susurró para sí—. Eso debería ser algo bueno, ¿no Makkachin? —Su perro gimoteó posando su cabeza sobre las piernas de su amo, para recibir sus caricias sobre el hocico—. Pero estoy muy enojado aún. Siento que hice el ridículo por años, Makkachin, ¿me entiendes? —Su amigo ladró y Víctor le sonrió para tomar el teléfono.

Había una decena de llamadas perdidas del número de Yuuri, también montón de mensajes en la mensajería.

—¿Qué dices? ¿Debería responderle? —le preguntó a su can, sin dignarse a abrir siquiera la ventana de chat para que no apareciera los mensajes como leídos. Makkachin no dijo nada, solo cerró los ojos y bostezó—. Estoy de acuerdo, que se esfuerce un poco más. Que sepa que se siente no ser leído.

Su orgullo así lo pedía.

Después de esa cita, a Víctor le costó detener el paso de las lágrimas cuando tomó el taxi. Eso lo hizo odiarlo más, el haberse dado cuenta de cuánto le había afectado, catapultó a Yuuri en la persona más insensible del planeta. Era tanta su irritación, su rabia y su indignación, que no podía dejar de escuchar en voces amplificadas las palabras de Yuuri repitiendo el “es una pérdida de tiempo”. Fue como si se lo hubiera dicho directamente a él.

Para cuando llegó a casa y se encerró a su habitación, solo dejó que su fiel Makkachin le arrullara, abrazándolo en la cama cuando su mascota empezó a limpiar los rastros de lágrimas. Luego pudo pensarlo mejor, comprender un poco el sentir de Yuuri y bajar la rabia. Sin embargo, el dolor seguía allí y a pesar del tiempo que había pasado, permanecía intacto.

Sin prestar atención a las llamadas que volvían a entrar de Yuuri, Víctor se levantó de la cama dispuesto a buscar un vaso de agua para llevarlo a su habitación y acostarse a dormir. En la enorme sala con diseño vintage, estaba su madre viendo un dorama mientras bebía una taza de té recién servida por Keiko-san, una mujer de mediana edad que les servía en el penthouse. Ella apenas lo vio, se acercó a él procurando una ligera distancia.

—Bocchan, lo han venido a buscar en la recepción.

—¿A mí? —preguntó extrañado por la hora y el clima de afuera.

—Seguramente fue algunos de tus fans que consiguió tu dirección y vino a molestar. Di órdenes que no lo dejaran entrar. —Su madre parecía demasiado distraída como para perder tiempo en averiguar quién era. Víctor estuvo a punto de decidir hacer lo mismo.

—Dijo que era un compañero de trabajo de Bocchan. —Pero esas palabras lo detuvieron—. ¿Le dio su dirección a alguno de ellos?

—¿Dijo cómo se llamaba? —preguntó.

Keiko-san no pudo hablar, pero cuando Víctor dirigió la mirada  a su madre, esta le miró con desdén mientras su rostro estaba cubierto por una mascarilla de pepino y su cabello sujeto para no ensuciarse con la mezcla.

—Un tal Katsuki.

—¡Cielos! —Víctor no lo pensó, apartó un poco brusco a Keiko para ir a la salida—. ¡Voy a buscarlo!

—¡Vitya! —escuchó el grito de su madre mientras tomaba la gabardina que tenía cerca y se calzaba los pies—. ¿Pero quién es?

—¡Mi futuro novio! ¡Digan que lo dejen entrar!

Makkachin se apuró al escuchar que Víctor iba a salir para acompañarlo y ambos corrieron hacia el ascensor.

La visita de Yuuri a su edificio era inesperada. No le había dado su dirección y tampoco entendía qué pudo tener prisa como para buscarlo a casi las diez de la noche en medio de una nevada. El corazón de Víctor empezó a retumbar con fuerza en su pecho. Se sentía cada latido doloroso apretando las cosquillas. Hasta empezó a sentirse culpable de no haber leído sus mensajes ni devuelto sus llamadas, Yuuri debía estar muy desesperado como para irlo a buscar de esa manera y no poder esperar a verse al día siguiente. ¿Qué podía ser tan importante como para que Yuuri se moviera hasta Odaiba a buscarlo? ¿Por qué venir con ese clima? Sonaba inaudito.

Víctor salió del ascensor apenas abrió la puerta y se tropezó con su propio perro cuando salió corriendo como si lo fuera a pasear. Allí, en la entrada de la recepción, apenas acababan de darle paso a Yuuri. Este había guardado su sombrilla tras agitarla para sacarle toda la nieve que había acumulado. Estaba vestido con varios abrigos negros, guantes, el gorro y una bufanda gris.

—¡Víctor-kun! ¡Lo siento!

—Pero ¡qué haces en plena nevada, Yuuri-sempai! —Lo abordó de inmediato, mientras que Makkachin comenzó a oler al visitante—. ¿Qué haces aquí? ¿Cómo conseguiste mi dirección?

Yuuri entonces sacó del abrigo el manojo de cartas. Víctor contuvo el habla.

—De aquí… lo saqué de aquí. —Yuuri se escuchaba agitado mientras le hablaba—. Perdóname… perdóname por ser tan idiota. De haber leído tus cartas, ¡hubiera conseguido fuerzas para continuar! ¡Te hubiera dedicado un programa! ¡Yo…!

—Ya no importa, mira lo helado que estás —Víctor no podía pensar en esas cartas ahora viéndolo tan pálido y con los labios amorotados de frío—. ¿Cuánto llevas afuera?

—Treinta minutos, creo, pero eso no…

—Sí importa, puedes enfermar… —contestó Víctor y Yuuri apretó los labios mostrando su impaciencia. Víctor decidió buscar ayuda y desvió la mirada hacia el vigilante de la casilla, quien los miraba con curiosidad—. Mamoru-san, ¿podría buscar…?—pero las manos enguantadas de Yuuri se posaron en su mejilla y lo hicieron inclinarse para ver sus encendidos ojos.

—¡Escúchame, Víctor-kun! ¡Solo vine a decirte que me perdones por no haber leído tus cartas y que me gustas! —Ante esas palabras, los ojos azules de Víctor le miraron con asombro—. ¡Me gustas mucho! ¡Por eso te invité a salir, por eso lamento haberlo arruinado! ¡Me siento un idiota porque no merecías que te tratara así! ¡Quiero arreglarlo! ¡Quiero demostrarte que puedo hacerlo mejor! ¡Que realmente me gustas! ¿Tengo que esperar hasta el 24 para tener otra cita contigo?

Víctor contuvo el aire por un minuto. Con los guantes húmedos y fríos de Yuuri sobre su rostro, se dejó atrapar por el fuego que destilaba esa mirada marrón, sobrecogido.

Aunque pensó en la posibilidad de que le gustara a Yuuri un poco, el escucharlo de sus propios labios fue enloquecedor. Sintió que las manos enguantadas de Yuuri, heladas, le transmitía calor. Que los ojos con un brillo entre vino y dorado lo invitaban a embriagarse. Que la seriedad, persistencia y firmeza que impregnó esas palabras habían volcado a su corazón a latir ansiosamente, sin poderlo evitar, sin quererlo detener. Golpeaba con una nueva melodía que Yuuri había iniciado.

Su respuesta tenía que ser igual de potente. Víctor se impulsó para tomar los labios amoreteados y vestirlos en un beso ansioso. Sus dedos apretaron la espalda fría de Yuuri, sus dedos se internaron en los cabellos naciente de su nuca y cuando Yuuri abrió su boca con esa misma necesidad, el beso se volvió errático, denso, caliente. Víctor se apartó y las mejillas de Yuuri estaban rojas, hermosamente rojas. Él se sentía hirviendo por dentro.

—¿Eso es un sí? —Yuuri preguntó sin voz.

—Depende de cuál sea la pregunta… —Víctor posó su índice sobre los labios calientes de Yuuri. Sus ojos chispeaban—. Para el 24 y 25 me tendrás que dar algo más, ya me diste la cita.

—¿Qué quieres entonces?

—¿Hoy? —posó su índice sobre la boca—. Hoy quiero que seas mi novio, Yuuri-sempai.

Repentinamente, Víctor sintió cosquillas bajo su piel cuando las manos de Yuuri lo agarraron de la cadera, reforzando sus palabras.

—¿Y qué quiere mi novio para su cumpleaños?

Lo supo en el instante. Fue como un llamado de las mismas entrañas. Víctor vivió el nerviosismo esparciéndose desde los pies hasta las puntas de los dedos de sus manos, pero sacó fuerza para soltarlo. Para acercarse a Yuuri, para respirarle contra la mejilla y dejarle un beso manso cargado de fuego. Buscó la oreja ligeramente tibia de su novio y soltó aquello que guardaba su alma. Escuchó la respiración de Yuuri detenerse, sus dedos tensarse alrededor de su cadera.

Pero cuando volvió a alejarse un poco para verle sus ojos, estos estaban cargado de energía.

—Prometo no decepcionarte…

<Fin>


Notas de autor: Solo diré: perdón por tardar y feliz San Valentín. Esta noche el epílogo.

Publicado por AkiraHilar

Fanficker de Yuri on Ice y Saint Seiya. Amante del Victuuri, sobre todo de las historias donde demuestran que su amor, aunque puede ser imperfecto, sigue siendo hermoso.

4 comentarios sobre “Mi amado Yuuri-sempai (Cap 07)

  1. Jsajajajajaa cuanto le duró a Victor el orgullo? Ni dos horas xDD
    Bueno, Yuuri tampoco merecía pasar las de Caín, al final todo se arreglo y ahora son novios. Creo que ninguno de los dos les habrá pasado por la cabeza que realmente sucedería.
    Gracias por el capitulo, voy por el epilogo!!!

    Me gusta

  2. ¡Qué bonito final para tan maravillosa historia!
    Esos dos van a matarme un día con tanto amor, como siempre escritos de forma tan canon y maravillosa como la tuya… ¡me ha encantado, me ha fascinado!

    Me gusta

  3. OMG!!!….. Muchas cosas hermosa en un solo cap… Fa fa fsfssffsfs nececito saber que le pidió viktor , porque mi mente cochina ya anda pensando otras cosas 🤣🤣🤣💕💕💕💕💕

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: