Negro


Espero puedan disfrutar la historia con la siguiente melodía.

Trascurrieron varios días en los cuales Yuuri permaneció entre las nubes reposando por ciertos tiempos, estaba aún muy alejado del mar y cada vez más se internaba dentro de ese continente de personas y animales.

El invierno ya amenazaba con caer, pero ahora provisto con ropas nuevas prosiguió su viaje de superación. Su alma seguía rota, él no lograba perdonarse así mismo la atrocidad que cometió, pero luego de lo ocurrido en esa última aldea estuvo reflexionando muchas cosas. Aunque no sabía cómo había ocurrido, la consecuencia de ese evento fue producto de su ira y su desesperación, un arma peligrosa, de la cual Yuuri esperaba no sucumbir nuevamente. Tenía el deber de controlar todos sus poderes perfectamente para poder regresar a su hogar, pero estos se veían afectados por sus emociones, de tal modo, que ese viaje no solo era para controlar sus dones, sino también para controlarse a sí mismo.

Yuuri sabía que en soledad sus dones y emociones estaban en calma. Pero estando de ese modo jamás mejoraría. Surcando los cielos, volaba con lentitud entre las nubes mientras observaba los pueblos a sus pies, era poblaciones cada vez más grandes, con más intensidad en las emociones que fluctuaban, y aun estando lejos, lograban afectar la psiquis del dios del hielo.

Irremediablemente no sabía cómo manejarlas, le afectaban y le hacían recordar aquellos momentos que su mente intentaba bloquear. Se decía a sí mismo que debía ser fuerte e intentar bajar a la tierra para mezclarse con los humanos, pero el pánico le arrebataba la fuerza y le impedía moverse, no podía colocar un pie fuera de la nube. Se sentía inútil, volvía a enclaustrarse en sí mismo abrazando su cuerpo, creyendo que todo parecía que fuese en vano, que no pudiese controlar aquellos dones que le fueron heredados, que las esperanzas que tenia de ser normal, de volver al lado de su familia fueran echadas al fuego y quemadas completamente.

Sinceramente, él ya no sabía qué hacer.

Pasaron otros días más hasta que Yuuri consiguió una zona lo más alejada de las grandes comunidades, un pequeño pueblo donde solo existían menos de 100 personas.  Era un pueblo semejante al que vivía Yuko, y aunque había algunas emociones negativas, solo deberían intentar manejarlas, después de todo, esa era su tarea.

Durante la mañana el joven dios bajo de las nubes llegando a la tierra, desde el bosque miro el pueblo dudando si debía necesariamente llegar a él, preguntándose si le tratarían de la misma forma que el primer pueblo que visito, y de cómo serían los humanos de ahí. Este sentía muchas más dudas y temores que la primera vez que interactuó con los humanos.

Era todo un caos mental. Solo por un hecho: el miedo de sí mismo y lo que los humanos podían provocar en él.

Entonces haciéndolo caer en conciencia, y mucho antes de que pudiera entrar al pueblo, Yuuri cayó al suelo muerto del miedo al momento de escuchar una voz tan cercana a él, no obstante, el susto inicial del joven dios paso al observar que se trataba de un niño pequeño.  Este no debía sobrepasar los 8 años y también estaba en el suelo, producto de la sorpresa de haberlo visto descender del cielo.

Por un instante, Yuuri no supo que hacer o donde meterse, incluso pensó en escapar. Era la primera vez en largo tiempo que un humano le descubría haciendo algo extraordinario, y aunque solo se trataba de un niño, tenía miedo de que pudiera decir algo que lo delatara en frente de los adultos.

Pero antes de que pudiera siquiera dirigirle la palabra, este desapareció tan rápido como vino. Eso dio un mal sabor de boca para el pobre joven, pero pensó que debería acostumbrarse a ello. Se encamino al pueblo, aunque no esperaba que lo recibieran con tanta hospitalidad como en el pueblo de Yuko, Yuuri pensaba que, si ofrecía trabajar como los demás humanos, podría quedarse en un lugar cómodo durante un par de días antes de volver a partir.

Pero al entrar al pueblo gran parte de la gente empezó a evitarlo como si se tratara de una plaga, muchos cerraron sus ventanas y otros escondieron a sus hijos de él, el joven dios noto eso de inmediato, no entendía bien el porqué de ese gesto, pero sintió una enorme desconfianza, un terrible miedo y también una espantosa sensación de odio mientras más se adentró al pueblo.

Lo que también noto Yuuri fue que todas las personas del pueblo tenían ojos y cabello dorado, resaltando aún más de lo normalmente lo hacía entre los humanos. Y eso lo hizo sentir incómodo. Evitando que pudiera seguir pensando algo más, un grupo de hombres lo detuvieron en medio del mercado. Eran alrededor de 7 personas, todos beta, pero usando largas túnicas y collares de oro. 

– Forastero ¿Qué te trae por estas tierras? –pregunto uno de los siete hombres con porte amenazante, haciendo retroceder un poco al joven omega.

-Yo… soy un viajero, solo estoy de paso-expreso con suavidad-. Pensaba en pasar la noche aquí si era posible.

– Los de tu tipo no son bienvenidos en este pueblo-menciono otro sin quitar la vista encima de Yuuri-. Tienes dos días para marcharte.

Y dicho eso, se retiraron en silencio dejando a un aturdido y confundido Yuuri. Muy claramente le hicieron saber que no era bienvenido en ese lugar, sus auras eran grises, y esos colores no eran gratos para el joven dios. La mejor opción era buscar otro pueblo donde descansar, después de todo, comida y agua no eran problema, solo que esperaba poder descansar mejor y estabilizar sus emociones, pero con ese tipo de personas no era una buena idea. Se dirigía a la salida del pueblo cuando observo de nuevo al pequeño de hacía unos momentos. Este observaba con deseo un puesto de frutas sin acercarse demasiado, Yuuri pensó en irse antes de que pudiera reconocerlo y delatarlo ante los demás humanos, cuando noto una ola de energías negativas que iban dirigidos hacia el pequeño de cabellos negros.

– ¡Maldito mocoso! -grito un hombre de mediana edad hacia el pequeño-, te repetí mil veces que no te quería ver frente a mi puesto, echaras de tu maldición a mis frutas.

Estuvo a punto de golpearlo con el palo de su escoba, cuando en una rápida reacción Yuuri corrió y logro cubrir al niño entre sus brazos recibiendo el golpe. El niño se sorprendió de la acción tanto como el hombre, quien quedo algo aturdido por la presencia del joven dios, pero a los pocos segundos, reacciono volviendo a mostrar su aura renuente y hostil, de un intenso color gris.

-Largo de aquí tú también-le exclamó-, personas como tú no son bienvenidas en el pueblo ¡Fuera!

Y con el fin de protegerse de aquel hombre y proteger al pequeño que tenía entre sus brazos, Yuuri salió corriendo hacia unos pasillos entre un par de casas, deteniéndose solo cuando se sintió a salvo, soltando al pequeño que seguía sorprendido de sus acciones.

– ¿Estás bien? -pregunto, este asintió algo confundido y no pudo evitar sonreír aliviado, desconcertando aún más al niño de cabello oscuro.

-Tu eres el ángel de hace un rato-menciono a voz queda, Yuuri asintió levemente, aunque no sabía bien cómo explicar lo que el niño había observado.

– No soy un ángel, pero al menos pude protegerte de ese horrible hombre-comento sonriendo.

– Pero ¿Por qué hiciste eso? ¿No estás enojado conmigo? -pregunto el pequeño en un murmullo, Yuuri lo miro extrañado.

 – ¿Por qué debería estarlo? -dijo.

-Porque te lastimaron por mi culpa.

El dios del hielo hizo recuento a lo anterior, pero le restó importancia, lo que quería saber era porque trataban a ese niño de ese modo.

– No estoy enojado contigo, pero más importante ¿Por qué ese hombre te quiso lastimar?

-Por mi color de cabello y ojos-respondió con algo de miedo, Yuuri no entendía porque con un hecho tan insignificante alguien podría lastimar a un niño pequeño.

Y observándolo bien, el joven dios noto horrorizado que el pequeño niño estaba todo sucio, desnutrido y desprovisto también de cualquier ropa que lo cubriese del frio pese a que era pleno invierno.  En silencio se quitó una de las telas que cubrían su cuerpo encima de la ropa y cubrió al pequeño.

– ¿Por qué me das esto? –pregunto.  Yuuri no despego su sonrisa de su rostro.

– Sé que no nos conocemos, pero me gustaría ser tu amigo.

– ¿Mi amigo? –repitió.

-Sí, los amigos se cuidan entre ellos, por eso te lo estoy dando-menciono, viendo con ternura el desconcierto aun marcado en el pequeño-. Yo me llamo Yuuri ¿Cuál es tu nombre? -pregunto.

-Seung Gil…

-Es un hermoso nombre, Seung Gil.

-Eres el primero que piensa eso- sonrió por primera vez por esas palabras.

-Bien Seung Gil ¿Te gustaría acompañarme a buscar comida? Debes tener hambre ¿Verdad? -dijo extendiendo su mano.

El pequeño Seung dudo un poco, pero al notar la cálida sonrisa en Yuuri sintió como algo en su interior se calentaba y le incitaba a tomar su mano. Nunca antes en su vida alguien le había mirado de esa forma después de su madre. 

Yuuri al sentir el toque de su tacto, lo tomo de la mano y lo guío hasta el bosque cercano, todo estaba pintado de un blanco puro, pero cuando estuvieron bien adentro poco a poco los animales fueron acercándose al dios de ojos ámbar, este logro encontrar un par de árboles de manzana y peras. Era notorio que estaban sin hojas dado el invierno, pero ante los ojos incrédulos de Seung Gil, varios frutos comenzaron a crecer de estas y a caer entre los brazos de ambos.  

Yuuri temió por un momento en que el niño le rechazara y odiara por aquellos dones que él tenía, sin embargo, la sorpresa y la emoción en el rostro de Seung Gil demostraban lo contrario.

– ¡Increíble! ¿Cómo lo hiciste? -preguntaba el pequeño al mismo tiempo que Yuuri le extendía los frutos que comenzó a degustar con gran alegría marcada.

– Es algo que solo yo puedo hacer-expreso-, es un don… muy especial-comento, pensando que tan verdadero sería lo “especial” en sus poderes.

– ¿Entonces si eres un ángel después de todo? –cuestiono el pequeño.

– No… no soy un ángel, ni nada semejante.

– ¿Entonces que eres? ¿Me lo podrías decir? –pregunto con una gran curiosidad marcada en su diminuto rostro.

– Es algo complicado-menciono sonriendo nervioso-. Sera mejor que comas rápido, o las frutas se congelaran por el frio-mintió.

– Si, es verdad-y siguió comiendo con gran entusiasmo.

El dios sonrió ante esa imagen, el pequeño estaba tan feliz por tener algo de comer ese día que no notaba como su cara se llenaba de migas y restos de los frutos que comía, Yuuri con mucho cuidado limpio su rostro con la tela de su vestido, pidiéndole que comiera despacio, que las manzanas y las peras no iban a irse a ningún sitio. Este asintió, y cuando acabaron de comer estuvieron reposando un rato entre los árboles.

– ¿y qué haces por aquí? Se nota que no eres de aquí-menciono el niño.

– ¿Tan obvio es?

– Si-asintió-. Todas las personas que viven aquí, excepto yo, tienen los ojos y el cabello dorado. Por eso lo supe de inmediato.

La forma de hablar de aquel niño, sorprendió un poco a Yuuri, porque hablaba con más madures que la de un pequeño niño que no parecía pasar de los siete a ocho años. Pero lo que se le calo en los pensamientos fue lo respecto a su cabello, recordando lo ocurrido en el pueblo.  Al preguntarle directamente el pequeño, este hizo una mueca melancólica, permaneció en silencio un breve momento, como si no supiera como decirlo.

-Es por el color de mis ojos y cabello.

Seung Gil le explico a Yuuri que desde que tenía memoria los aldeanos del pueblo siempre le habían tratado así. Según le había contado su madre, las personas del pueblo añoran al dios del sol que es el que da vida a todas las cosas que los rodean, y que todos ellos tuvieran los ojos y el cabello dorado representaba que eran los hijos predilectos de aquel dios. Para proteger esa estirpe nadie podía relacionarse con gente ajena a los pueblerinos de allí, eso estaba completamente prohibido por los sacerdotes del templo ya que el solo hacerlo traería desgracias a la gente y contaminarían el pueblo con sangre “impura”.  Sin embargo, su madre se casó con un hombre ajeno al pueblo, un hombre de cabellos y ojos oscuros como la noche, siendo gracias a él que tenía los ojos de color negro. El pequeño explico que su padre había muerto después de que el naciera, a causa de una epidemia que azotó al pueblo en los días de su nacimiento. Los sacerdotes lo tomaron como un presagio de mala suerte y desde entonces todo el mundo le mostraba aquella mirada oscura. Yuuri sintió una enorme lastima por aquel pequeño, de cierto modo, le recordaba mucho a su misma historia, pero en este caso se volvía mucho más duro, al tratarse de un simple niño.

– ¿Dónde se encuentra tu mama? – le preguntó.

-Mama… Murió hace un par de meses.

La noticia le cayó como un balde de agua fría encima al joven dios, que historia tan triste y amarga, más cuando el protagonista de esta corresponde a un pequeño niño. Yuuri no pudo evitar abrazarlo y llorar un poco, el niño solo se mantuvo en silencio siendo abrazado por él. Seco sus lágrimas y miro al pequeño, este tenía una sonrisa melancólica en su rostro, no parecía ser expresiones que un niño de esa edad debiese tener.

-Eres extraño-le dijo-, nunca pensé que te pondrías a llorar.

-Discúlpame por eso.  

Luego de un rato, en medio del frio bosque, pero cercano a la calidez del cuerpo de Yuuri, el pequeño Seung Gil se permitió dormir entre los brazos del joven dios. Este lo miro, era aún tan pequeño, y tenía que afrontar tantas dificultades. A pesar de todo, era un niño fuerte, y con un largo tiempo de vida, esperaba que pudiera salir adelante de todas sus dificultades.

Era algo tan extraño para Yuuri, pero se sentía tan maravilloso, sentir con sus propias manos el largo hilo de vida que recorrería ese pequeño que dormitaba entre sus brazos, como quería poder decirle que no estaba solo, pero él solo era alguien pasajero en la vida de ese niño, porque después de todo, él no era humano.

Estaba ya el ocaso cuando Seung despertó, Yuuri lo recibió con una sonrisa que le fue correspondida de igual forma, ambos se levantaron del suelo, mientras comenzaban a caminar de nuevo hacia el pueblo.

Debía buscar donde pasar la noche pensó inmediatamente el dios, fue entonces que se preocupó por el pequeño Seung, ¿Donde dormía? ¿Dormiría a la intemperie? Estaba seguro que nadie les daría alojamiento a ambos por su apariencia; por unos segundos dudo si debía preguntarle hasta que llegaron al pueblo y Seung le guio hasta una de las casas más alejadas del poblado. Cuando llegaron ahí una pequeña niña de la misma edad del niño les recibió a ambos, miro con gran sorpresa a Yuuri al igual que él a la niña. Adrián le explico a la pequeña que él era un viajero y que necesitaba donde quedarse a pasar la noche, la chiquilla corrió por un par de sabanas dentro de su casa y luego les guio hasta un granero donde los dejo a ambos antes de regresar a dentro de su casa.

Yuuri no entendía muy bien la situación hasta que Yuuri le explico que la pequeña.

-Su nombre es Lu Min, es hija de una amiga de mama, ella y su esposo me dejan dormir aquí todas las noches desde que mama murió, también me dejan comida de vez en cuando.

El dios de cabello azabache pensó que, de alguna forma, si quisieran Seung podría dormir dentro de la casa donde ellos viven en lugar de ese granero, al igual que podrían hacerse cargo de él porque aún era un niño, pero no lo hacían, aunque fueron amigos de su madre.

Esos pensamientos solo dejaron un mal sabor de boca a Yuuri quien solo por esa noche decidió no indagar en nada más. Ya tenía suficiente con haber conocido otro sentimiento negativo de la población humana: la hipocresía y la discriminación.

Notas de autor: ¿Que les parecio el capitulo? ¡Por fin nos encontramos con Seung Gil! y aunque admito que el SeungxYuuri es uno de mis placeres culposos, en este fic no sera así, esta sera como pudieron ver, una relación más suave y fraternal. Tambien….

¡Entramos oficialmente  en la cuenta regresiva para que aparezca nuestro ruso nalgas de oro!

Espero que les haya gustado la historia, la canción de hoy es parte del ost de Hybryd Chil, Hontou no Kimochi de Hijiri Anze.

Publicado por ellexlight

¡Hola! Mi nombre es Génesis, pero por esta zona me conocerán como Elle. Soy licenciada es Gestión Ambiental y vivo en Caracas, Venezuela. Me gusta la lectura, la música (especialmente la instrumental y japonesa), y sobre todo escribir. Tengo escribiendo desde el 2009 y he estado en varios fandoms, tales como SCC, TRC, PPG, inazuma eleven y muy gran parte en Death note, a quien amo con locura. Tengo casi tres años escribiendo para YOI, que se ha vuelto un amor extremo para mi y recientemente he comenzado a escribir para el fandom de BNHA. En cuanto a géneros me gusta el drama, lo erótico, lo fantástico, detectivesco y mpreg/omegaverse. Multishipper a morir.

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