Mente


Por favor, disfrutar la siguiente melodía con la lectura.

Era un momento clave donde tenía que estar atento a todo, estaba en mundo completamente desconocido al suyo, en espacios que ni en sus más desquiciados sueños pensó antes en transitar, pero ahí estaba, con sus largos ropajes, en medio de un bosque que se hallaba en alguna parte del mundo humano. Observo el lugar con suavidad, podía sentir la fina brisa, los olores, el tacto suave pero también rústico del suelo donde se hallaba sentada. Lo sentía todo tan distinto a lo que acostumbraba. Miro hacia el cielo, este se teñía de un suave color rojizo indicando que ese día estaba a punto de culminar; no veía ni sentía la presencia de algún humano en kilómetros por lo cual podía estar tranquilo. Poco a poco los animales empezaron a acercarse a él; Yuuri les sonrió enseguida viéndose acompañado por ellos. No llevaba ni un día ahí pero ya se sentía completamente solo, estaba solo en ese mundo humano. Trato por todos los medios de no llorar, debía ser fuerte, necesitaba buscar o construir un refugio, pues se encontraba a la deriva. No sabía cómo sobrevivir en sitio desconocido, también era una situación que no imaginó nunca antes en su vida le fuera a ocurrir. Nació rodeado de gente, personas humildes pero cálidas que le ayudaban en todo momento, pero ahora era distinto. 

Se levantó del suelo desempolvando sus ropajes, los observo demasiado largos para poder caminar adecuadamente por el bosque, la tela azul de sus ropas se iba tiñendo del color del suelo, y hojas secas se adherían a estas; si hubiese pensado mejor, podría haber preparado algo con lo cual poder permanecer más cómodamente en ese lugar, pero fue rápidamente guiado por sus sentimientos al momento de escuchar las palabras de Mari. Yuuri no pudo evitar apretar fuertemente sus puños al momento de recordar aquello, y de la nada, aflorado por su tristeza empezó a nublarse el cielo, pronunciándose una leve llovizna. No podía ser peor pensaba irremediablemente, pero como si leyera sus pensamientos, empezó a llover con mucha más fuerza y con grandes ventiscas. Empeorando su situación.

Como pudo empezó a correr buscando refugio, mientras más se desesperaba, más fuerte se volvía la tormenta. No podía ver bien debido a la lluvia, y tampoco podía dominarla por completo, no entendía si quiera como hacerlo en primer lugar.

Tenía miedo.

Pareció ver la iluminación en el momento que logro ver una pequeña cueva donde refugiarse, corrió rápidamente hacia está, viendo que era segura permanecer dentro de ella.  Se sentó en una de las rocas abrazándose a sí mismo, siempre había odiado las tormentas, le daban un pánico espantoso. Sumando a eso su ropa estaba totalmente húmeda, aunque era una ventaja haber nacido en una región con clima que lo hacía más resistente al frío, no quería arriesgarse a contraer un resfriado. Quizás el cuerpo de los dioses fuese más longevo y fuerte que el de los humanos u otras criaturas, pero, eso no evitaba que pudieran sentir, no eran seres inmortales.

Pensó en un par de ideas, tales como aprovechar sus poderes para encender algo de fuego y así calentarse un poco, teniendo como consecuencia que un leve pero constante fuego empezara a mostrarse en un área de la cueva que contenía ramas y hojas secas, casi pudo suspirar de alivio al sentir el calor de esas llamas. Sus deseos y emociones hacían que sus poderes tomasen forma. Incluso con el sello que se había auto impuesto le era muy complicado dominar cada uno de esos poderes. Trato de respirar pausadamente mientras calentaba sus manos con el calor del fuego; solo llevaba un par de horas en el mundo humano, desde que había tomado la decisión de venir a este mundo.

El clima era suave, menos precario a comparación del hogar de Yuuri, sabía que si esforzaba podría conseguir algo de comer la siguiente mañana, sabía que no sería nada sencillo, pero debía ser fuerte y paciente, paciente consigo mismo. No debía desesperarse pues todo tendría un efecto contrario, tal como la lluvia, así que debía ser lo más positivo posible aunque fuera uno de los desafíos más grandes que haya enfrentado, después de todo, su poder derivaba de su sentir y solo con el sello no sería suficiente para contener todos esos poderes que tenía fluyendo dentro de sí, Yuuri sabía que necesitaría practica y tiempo para dominarlos, principalmente tiempo.

Observo desde la cueva como el cielo poco a poco se iba despejando, se veían difícilmente las estrellas, pero se veían. Era algo distinto a verlas desde su mundo, incluso había escuchado que las estrellas que el vio alguna vez, estaban tan lejanas de la dimensión de los humanos que jamás las podría ver desde allí, pero las estrellas que representaban a su mundo si podían ver desde el de los humanos. Aunque era difícil, el joven dios podía verla, la 12va estrella era el punto de reunión de todas las facciones durante cada cinco años para el ritual de primavera, al verla imaginaba a su familia y amigos, no podía ver la estrella donde residían, estaba muy lejos de ahí, pero sabía que estaban ahí. Seguramente preocupados por él. Yuuri tomo justamente el mundo de los humanos porque era uno de los más distantes del reino del hielo, de ese modo, aunque lo buscaran les sería muy difícil encontrarlo, no dejo pistas de su paradero. Además de eso, en el mundo humano contaría con el tiempo necesario para poder dominar sus poderes lo más que se pudiese.El tiempo en ese mundo humano trascurría totalmente distinto al mundo de los dioses. Según lo que había escuchado, un día en el mundo de los dioses equivalía a medio año en el mundo humano. Sumando a eso a la longevidad de un dios, era algo sumamente increíble comparar la esperanza de vida de un dios con la de un humano. Por eso este mundo era perfecto. Tendría el tiempo necesario para dominar aquellos dones que le habían sido otorgados. Las 12 lunas que le fueron otorgadas como plazo en su mundo equivalían casi un milenio en el mundo de los humanos. Yuuri no perdía la esperanza que de dominar aquellos dones algún día, podría ir nuevamente a su hogar, con su familia y vivir tranquilamente como siempre había querido.

Con esos pensamientos en mente, cayó rendido en un largo sueño, tenía tanto tiempo sin dormir que se encontraba cansado, y la cantidad de energía usada para lograr llegar al mundo humano lo había dejado completamente agotado.

Yuuri despertó a lo que parecía ser un par de días después, en la misma cueva, pero ahora acompañado de varios animalillos que le brindaron algo de calor durante el tiempo que permaneció dormido; el fuego de la fogata se había extinguido casi por completo, y era a raíz de aquello que Yuuri noto el tiempo que llevaba dormido. Salió de la cueva en busca de alimento, moría de hambre y debía recolectar la suficiente comida para el resto del día. La ventaja de poseer los poderes de todos los elementos era que internamente el dios de ojos chocolate era guiado hacia donde se hallaban los árboles frutales, de ese modo, logro conseguir higos, algunas peras y varias cerezas y naranjas. Con lo largo de su ropa le servía para llevarlas todas a la cueva donde había permanecido durante los últimos días.

Sabía que no podía seguir viviendo de ese modo, pero por el momento debía ser así, lo más seguro era no interactuar con los humanos hasta que lograse estabilizar sus emociones, las emociones de los humanos eran fluidas, contagiosas y a veces, muy contaminantes, por eso debía estar preparado física y mentalmente.

En varias ocasiones se preguntaba cómo serían los humanos, tenía entendido que eran seres extraños, con una esperanza de vida muy corta, seres débiles que eran dominados por sus instintos, pensamientos y emociones, los 7 pecados capitales les carcomían las entrañas y por eso no podían parar de estar en guerra.

Yuuri se cuestionó innumerables cosas, tenía dudas de que debería hacer al momento de entrar en contacto con los seres humanos, preguntándose si seria de su agrado, o estos le aborrecerían; miro su cuerpo observando las alas, y los símbolos que yacían grabados en su cuerpo, los diez símbolos que representaban a las facciones de dioses; una imagen grabada en su cuerpo que le recordaba a cada instante lo que tenía que hacer de ahora en adelante.

El dios ojos chocolate permaneció aislado de los humanos durante un periodo de tres meses, un solo día en el mundo de los dioses. En ese tiempo que permaneció en soledad, intento de todas las formas entrar en equilibrio consigo mismo, pero ese era su principal problema… nunca estuvo  conforme consigo mismo, desde que podía recordar, siempre hubo discordancia con su ser, por las características físicas que le conferían la característica de omega, su propia mentalidad y actitud pasiva e incluso temerosa ante la vida, espiritualmente se sentía débil, reacio a si podría llegar a ser un dios del hielo apto para enorgullecer a sus familiares. Siempre manteniéndose en un conflicto interno que había aumentado con su despertar como dios supremo. Yuuri sabía que era algo de lo que no podía librarse de la noche a la mañana, pero si en algún momento pudiera llegar a estar en paz consigo mismo aceptando que él era él. Fuera como fuera, las circunstancias ajenas a si mismo podrían esperar a ser superadas, por el momento, era suficiente con aceptarse a sí mismo.

Luego de ello, estaba el problema de sus emociones, a cualquier ápice de emoción sus poderes se activaban y la intensidad correspondía al nivel de emoción que sentía. Yuuri desde un principio fue un maestro para confundir sus emociones y mantenerlas al margen, aunque en su interior fuese todo un torbellino, eso era un problema puesto que así las emociones permanecerían contenidas esperando el momento perfecto para desencadenar su furia, pero estaba seguro que pronto hallaría la forma de liberar de una forma que no afectara el control del resto de sus poderes. También estaba el tema de su celo, que por suerte era extremadamente suave en él y apareciendo en forma de una pequeña fiebre. Si algo debía agradecer Yuuri, era que su cuerpo desde joven siempre fue distinto al de otros omegas, su celo nunca se presento fuerte como en otros que conocía, y por ello fue que siempre pudo andar sin problemas. Eso le hacía estar muy tranquilo por el momento, hasta que llegara el tiempo de interactuar con los seres humanos que manejaban los mismos géneros que los dioses.

Poco a poco, y al paso del tiempo empezó a dominar sus dones. La luz y la oscuridad debían ser los primeros en ser dominados y tratados como uno solo, uno no podía ser manejado sin el otro en equilibrio, y solo podían ser controlados a su nivel máximo en el inicio del amanecer; y al momento del atardecer cuando las luces son tragadas por las tinieblas. Sin uno no existía el otro, era el principio básico, donde hay luz también existirá la oscuridad. Los elementos fueron los más sencillos de dominar pues uno iba tomado de la mano del otro, como principal sustento existían dentro del aire y la tierra. Como antigua habitante del reino del hielo, no había nada que desconociera de aquel don, pero era complicado el del fuego y el rayo, los cuales eran su mayor temor y debilidad, casi su opuesto de nacimiento.

Fue luego de creerse algo más tranquilo con sí mismo y habiendo dominado parte de sus dones que Yuuri decidió emprender viaje hasta una población humana, para poder dominar el don de la existencia humanos, esos en su conocimiento le parecían los más complicados, porque estaban relacionados a muchos seres, todos distintos los unos a los otros, seres que nunca en su vida vio o interactuó con ellos.

Fue ahí que Yuuri después de mucho tiempo, sufrió de ansiedad… ansiedad por algo peor que lo desconocido: los seres humanos. 

Nota del autor: Aunque este es un capitulo más de transición, no podía evitar al menos colocar la nota de ello y dejarles el nombre de la canción la cual pertenece a la banda sonora de Tsubasa Chronicle: Darkness comes.

Publicado por ellexlight

¡Hola! Mi nombre es Génesis, pero por esta zona me conocerán como Elle. Soy licenciada es Gestión Ambiental y vivo en Caracas, Venezuela. Me gusta la lectura, la música (especialmente la instrumental y japonesa), y sobre todo escribir. Tengo escribiendo desde el 2009 y he estado en varios fandoms, tales como SCC, TRC, PPG, inazuma eleven y muy gran parte en Death note, a quien amo con locura. Tengo casi tres años escribiendo para YOI, que se ha vuelto un amor extremo para mi y recientemente he comenzado a escribir para el fandom de BNHA. En cuanto a géneros me gusta el drama, lo erótico, lo fantástico, detectivesco y mpreg/omegaverse. Multishipper a morir.

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