Maldad


ATENCIÓN: El siguiente capitulo puede contener escenas que no son aceptadas por cualquier publico, les aviso de antemano para que esten preparados. Pueden acompañar la lectura de la siguiente melodía.

Cuando logro recuperar el conocimiento se encontraba en la jaula de barrotes de la que había liberado al resto de las aldeanas.

Se hallaba en movimiento, llevado por caballos. 

Iba camino a lugar lejano que no conocía. Sintió la sangre seca pegada en su cabeza y algunos vidrios incrustados en su piel, seguramente fue golpeado con algo de vidrio antes de perder el conocimiento.  Intuye que fue atacado por el sexto ladrón que quedaba en la aldea, para ese instante, se hallaba tan débil en ese momento y ahora, que no logro precisar el lugar exacto donde se escondía hasta que fue muy tarde. El cuerpo le dolía horrores, su cabeza daba vueltas y Yuuri estaba seguro que tenía fiebre.

Bajo la mirada, se encontraba sin ropa, el collar que siempre llevaba en su cuello también le había sido arrebatado, estaba atado de manos y pies a ese mugriento carruaje. Noto como su ropa estaba a unos metros dentro de la jaula, pero estaba tan exhausto que no podía liberarse para tomarla, su poder de curación fallaba, lo intentaba, pero no surtía efecto, y de a poco algunas heridas en su cabeza se abrían nuevamente. Necesitaba descansar para poder recuperar fuerzas, pero se hallaba en tan incómoda posición que se le hacía imposible dormir.  Se sentía completamente a merced de sus captores.

Sabía que eran seis, un solo alfa y los todos demás betas. Yuuri imaginaba lo que estaba por sucederle, historias de este tipo de degradación humana eran muy conocidos en el mundo de los dioses, por eso los dioses de la existencia humana seguían a los de buen corazón en afán de protegerlos, pues la oscuridad siempre amenazaba, tal como la que acechaba a Yuuri.

De pronto una sombra cubrió parte de la luz y él alzo la vista encontrándose frente a uno de los hombres de los cuales huyo la noche anterior, un hombre beta de baja estatura y ojos saltones, este sonreía victorioso y gozaba de verlo en esa situación, podía sentir su mirada recorrerlo entero y sintió un escalofrió surcar su espina dorsal, no podía soportar ver el aura de ese hombre, era oscura, gris y negra, tanto que le generaba un sentimiento de miedo, disgusto y asco inimaginable.  Durante otro momento pensó haberlo sentido antes y fue entonces que lo recordó claramente, la noche que la aldea estaba envuelta en llamas, la desesperación de las mujeres siendo violadas por estos mismos hombres… y allí, por segunda vez en su vida, sintió terror, pánico y una gran desesperación.

Quería salir de allí rápido.

Al atardecer olió el aroma de una fogata y escucho las voces de los 6 hombres, hablaban de venderlo al mercado de esclavos al norte, algo que Yuuri imaginaba pues era el resultado más común en aquellos casos, dado que tenía la suerte de no haberle ocurrido nada peor, pero un ligero escalofrío le ataco la espina dorsal cuando dos de los betas se opusieron argumentando que era un botín invaluable, dado que era un omega demasiado hermoso y valioso como para desperdiciarlo en el mercado de esclavos. Yuuri en ese instante sintió pánico de que en lugar de venderlo intentaran violarlo, pero se relajó al escuchar que no llegaron a ningún acuerdo, culminando la conversación.

Cuando todos dormían, el observaba el lugar, sin poder conciliar el sueño, imaginando que hacer, ideando un plan, y solo esperando poder recuperar pronto sus dones para poder escapar.

A la mañana siguiente el joven dios fue despertado abruptamente cuando sintió como le era echada agua encima, observo a otro hombre del grupo de sus captores, un beta que a diferencia del anterior, no parecía observar su cuerpo con lujuria. En silencio empezó a tallar y a limpiar su cuerpo sin ningún cuidado, a Yuuri le dolía, pero al hombre no parecía importarle. Cuando este término se le unió otro hombre a este, un alfa que solo le veía con frialdad y detenimiento. Analizándolo. Esa mirada solo la hizo sentir incomodo, como si se tratase de una mercancía.

– Es una buena mercancía-murmuro.

– Es una suerte haber encontrado un omega tan hermoso, no está marcado así que se venderá muy bien por su extraño color de cabello.

El alfa asintió y estuvieron a punto de retirarse cuando Yuuri alzo la voz, llamando la atención de ambos hombres.

– Donde… ¿Dónde me llevan?

Pero sin esperarlo, el alfa bofeteo a Yuuri en el rostro, para posteriormente sobar su mano en señal de limpieza.

– No me hables, asqueroso omega. No tenemos por qué decirte nada, solo obedece y si te comportas no te ocurrirá nada hasta llegar al mercado de esclavos.

Y sin mediar otra palabra, ambos hombres se fueron dejando a Yuuri atónito. El viaje nuevamente comenzó. Mientras eso ocurría, Yuuri veía el paisaje, observando las figuras borrosas ante la incandescente luz, se hallaba tan débil, tenía calor, había un sol intenso y fuertes dolores de cabeza le sobreponían. No podía descansar, tampoco había consumido agua ni comida, el viaje era duro por el calor, con abruptos movimientos y por la dificultosa posición en que se encontraba. Su cuerpo seguía imposibilitado de recuperarse rápidamente como costumbre.

Se preguntaba como estaría Yuko, Takeshi, Leo, Guang Hong, los niños y los aldeanos; estaba seguro que habrían logrado escapar, lo extrañaba tanto. El joven dios se encontraba en una situación dificultosa, era cierto, pero se regocijaba que los demás hubiesen logrado escapar de toda esta tragedia. Al menos con eso, él estaba un poco mejor.

Al atardecer se detuvieron en algún lugar a la deriva, tres de los seis hombres llevaban a los caballos a tomar agua de un pozo y otros tres se quedaban custodiando el botín. En su vía Yuuri nunca imagino ser el botín de alguien y mucho menos en esas circunstancias, parecían llevar tres días de viaje desde que habían escapado de la aldea con él como prisionero.

Agudizo sus sentidos al momento de que abrieron la puerta de su jaula, nuevamente observo a ese hombre de mirada saltona justo frente a él, de nuevo le tenía al frente mirándolo con lujuria y un deseo asqueroso, solo que ahora venía con algo de pan y agua.

-Debes de tener algo de fuerza para no morir ante este calor-susurro muy cercano a él.

Yuuri tomo del agua que le ofrecía y poco después comía del pan que su captor le brindaba, estaba duro y mohoso, pero debía alimentarse, era la primera comida que recibía en días; se atraganto un poco y empezó a toser, este en lugar de preocuparse tan solo aprovecho el momento para tocar su estómago y su rostro, saltó del susto. Milagrosamente el hombre de ojos saltones fue llamado por el alfa, quien parecía ser el líder de la manada, este chasqueo la lengua en señal de disgusto, pero paso nuevamente su mirada hacia Yuuri, le observo rápidamente y volvió a salir dejándolo solo en su encierro.

Suspiro con alivio, pero ¿Cuánto tiempo podría durarle?

Había trascurrido un día más en su travesía. Eran 4 días ya desde que habían dejado la aldea, Yuuri permanecía prisionero y con sus fuerzas aún debilitadas, en sus momentos de soledad razonaba los motivos por los cuales se hallaba en tan precarias condiciones, y por qué la velocidad de recuperación de su cuerpo para ser un dios estaba tan lenta como el de un humano.

Fue en ese momento que llego a la conclusión que todo su debilitamiento y su lenta capacidad de recuperación debía ser todo causa de aquel hecho que realizo recuperando la vida de Takeshi. Cometió un grave tabú cuando todo estaba en llamas. No solamente había usado sus poderes en exceso siendo inexperta al usarlos, sino que, a su vez, el revivir una persona que ya había sido llevada al mundo de los muertos trajo graves consecuencias a su cuerpo. El cansancio excesivo, y el descontrol para poder usar sus poderes en estas precarias condiciones eran la prueba clara del castigo que estaba recibiendo.

Cuando ya llevaba cinco días prisionero, las fuerzas de Yuuri no daban a más, con su cuerpo magullado, débil, y sumamente deshidratado, rogaba su hermana, a su madre y a su padre que le dieran fuerzas para poder escapar de esa cárcel que lo contenía, imploraba a su cuerpo su rápida recuperación para poder huir, pero este no parecía cooperar en esta ocasión. Se sentía frustrado. Pasaron un par de horas en las que lucho por dormir en vano cuando escucho el sonido de unas puertas abrirse, volteo su rostro encontrándose de inmediato con uno de sus captores, se trataba del hombre de ojos saltones. Este se acercó rápidamente a él y le introdujo una tela dentro de la boca, cubriéndola por completo con una tela sucia y callando su voz, se removió furiosamente para poder liberar cuando el hombre le susurro algo al oído:

“De este modo, ya nadie podrá escuchar lo que haremos aquí”.

El hombre empezó a besar el cuello de Yuuri mientras pasaba sus manos por todo su cuerpo tembloroso, lo tocaba con dureza y sentía como este era mordido con sus dientes como si fuera un animal salvaje, aunque un beta no podía marcarlo, Yuuri estaba desesperado, intentaba pedir ayuda mientras rogaba a su cuerpo reaccionar para liberarse, pero este no le respondía y se quedaba paralizado dejándolo a merced de lo que le hacían. El hombre seguía manoseándolo mientras mordía con fuerza su cuello y pecho, en un par de ocasiones logro morderlo con tal fuerza que la misma sangre se hizo presente, mientras Yuuri gritaba, gritaba y su voz era silenciada por la tela.

-Ya mañana te iras de mis manos… no puedo dejarte, así como así…

Yuuri comenzó a llorar al momento que el hombre comenzó a tocarlo en la entrepierna buscando su entrada, era una sensación horrible y desesperante.  Le sentía suspirar en su oreja, a cada toque parecía que se desmoronaba y la garganta le ardía, se sentía ultrajado, y sometido por su naturaleza que le hacía reaccionar a los deseos maltrechos de tal hombre, haciéndolo sentir sucio consigo mismo.

No podía dejar de pensar que era algo absurdo, una pesadilla, llamaba a sus padres, a su hermana, pero las telas en su boca no lo dejaban, al igual que los hipidos y las lágrimas que caían en sus mejillas, maldecía sus dones que le habían abandonado en tan horrible situación y se maldecía a si mismo por creer tan ciegamente en los humanos; los creyó seres de bien, seres amables, débiles, pero perseverantes, buenos y bondadoso; sin embargo, estos hombres era todo lo contrario, no parecían humanos sino demonios. Su nivel de oscuridad no parecía tener límites.

-Es hora del premio final.

Cuando el hombre le abrió las piernas dispuesto a penetrarle quedo inmóvil, solo pensaba que se había acabado, que todo esto era demasiado injusto… él no había hecho nada para merecer eso.

Si…

Él no tenía que pasar por ello, simplemente no podía terminar así, él era un dios.  Y como todo dios, era superior a los seres humanos.

Fue entonces que, en medio de toda esa pesadilla, en total oscuridad, sangre, gritos y fuego observo desde un gran salón. Miles de relojes vio desde su periferia a la lejanía, pero varios en particular le llamaron la atención… Se encontraban rotos, detenidos y completamente llenos de sangre.

Quiso correr, todo estaba cubierto por la oscuridad. La sangre, los gritos, el fuego, las lágrimas era aquello que Yuuri más veía, sintiéndose pequeño, mientras era observado por la espeluznante sonrisa de ese hombre, la burlesca mirada de koki sobre él deleitándose de sus desgracias.

Al abrir los ojos, noto como se encontraba libre, estaba fuera de la jaula viendo el cielo que de repente se nublo completamente y dejo caer sobre la tierra su terrible tempestad. Fuertes vientos y terroríficas tormentas eléctricas surcaban la pradera donde se hallaba Yuuri, quien yacía de pie, desnudo, respirando agitadamente, con su cabello negro empapado por la lluvia cubriéndole completamente el rostro.

Sintió un peso en su cuello, y observo como nuevamente el collar de gema colgando de su cuello. Pero también observo… como a sus alrededores yacían los cuerpos inertes y desquebrajados de los últimos seis ladrones que azotaron el pueblo de Yuko. Uno de ellos en particular tenía el cuerpo completamente hecho pedazos, su cabeza rota con los sesos en el suelo y con una mano siendo sostenida por la ensangrentada figura de Yuuri.

El joven dios en un principio no sintió como el cielo soltaba con furia las gotas de lluvia, los vientos esta vez no le asustaban y tampoco se dejaba llevar por ellos, su alma se sentía cansada y rota. Pero la realidad iba más allá de lo que se aparentaba.

Al alzarse un rayo sobre su cabeza, Yuuri cayó al suelo soltando en un chillido, tronando los cielos, lanzo lejos la mano desgarrada del malhechor que intento ultrajarla y se miró sus manos con increíble horror e incredibilidad, miro su alrededor sin creer aun lo había pasado. Su cuerpo se contrajo con violencia y empezó a vomitar. Siguió tosiendo durante un rato hasta que vio calmado su estómago, pero su corazón y su alma no se calmaban. Los había matado, a todos ellos, los había matado de la peor manera, rompiendo sus cuerpos. Ahora estaban completamente irreconocibles. Los mató, había matado a unos seres humanos. Sus manos estaban llenas de sangre.

  Soltó a llorar y gritar mientras el cielo tronaba y seguía con su tempestad, Yuuri seguía llorando con gran fuerza mientras con la lluvia intentaba deshacerse de las marcas del pecado que tenía en sus manos, seguía llorando y llorando hasta que, en algún punto del cielo, desapareció.

Publicado por ellexlight

¡Hola! Mi nombre es Génesis, pero por esta zona me conocerán como Elle. Soy licenciada es Gestión Ambiental y vivo en Caracas, Venezuela. Me gusta la lectura, la música (especialmente la instrumental y japonesa), y sobre todo escribir. Tengo escribiendo desde el 2009 y he estado en varios fandoms, tales como SCC, TRC, PPG, inazuma eleven y muy gran parte en Death note, a quien amo con locura. Tengo casi tres años escribiendo para YOI, que se ha vuelto un amor extremo para mi y recientemente he comenzado a escribir para el fandom de BNHA. En cuanto a géneros me gusta el drama, lo erótico, lo fantástico, detectivesco y mpreg/omegaverse. Multishipper a morir.

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