Fragil


Luz….

Mucha luz, al igual que viento, tenue, claro, sin manchas de corrupción en él.

Quizás era por ello que permanecía allí gran parte del tiempo levitando.

No sabía cuánto, como o donde este se encontraba. Quizás mucho tiempo había estado como alma en pena, meses, años. Yuuri no estaba seguro. Permaneció alejado de cualquier ser humano viviendo como un autómata, viviendo en las alturas durante mucho tiempo para luego bajar a la tierra, solo sobreviviendo por instinto, matando animales con el fin de sobrevivir; viviendo en los lugares más inhóspitos, sin poder olvidar los pecados que había cometido, sintiéndose débil y marcado.

La corrupción le había atacado.

Lloraba y lloraba. Y Yuuri sentía como su alma se rompía en pedazos junto con su conciencia, ya no podía llamarse dios. Había cometido un ultraje, un pecado, algo que no puede ser nombrado. 

Lo que había hecho…

Lo que hizo esa noche ¡era perfectamente lo que haría un demonio!

Se sentía a morir. El alma de ese amable dios lloraba al igual que sus ojos en cada instante que recordaba esa fatídica noche. Pensaba que su alma no sería capaz de ningún tipo de perdón. Para él ya no existía ninguna salvación.

¿Cómo un alma que ya no desea vivir puede seguir existiendo un infame mundo? Esa pregunta rondaba por su mente innumerables veces en sus recorridos por las praderas.

Estaba roto, vació, marcado.

Y verdaderamente él no sabía cómo salir de esa desesperación.

En sus caminares habituales cercanas al bosque Yuuri observo un pichón que había caído de su nido, alzo la vista viendo el nido en la copa del árbol y el pillar del resto de sus hermanos. Bajo nuevamente la mirada observando al pequeño pichón y lo tomo entre sus manos. Estaba tieso e inevitablemente frio.

El mundo era extraño, pacifico, pero conflictivo. Bondadoso, pero extremadamente cruel.

¿Por qué la gente muere en este mundo? Por qué los seres nacían y morían. ¿Quién era el ser supremo que gobernaba a todos en este mundo? Ellos, los dioses que mantenían unidos los hilos del destino del ser humano, ellos eran los partícipes del origen de los humanos y otros seres, pero ¿quién les creaba a ellos? ¿Quién los gobernaba y alargaba o disminuía su esperanza de vida? Yuuri miro el cielo buscando respuesta a sabiendas que, de igual modo, sus preguntas quedarían en eso, solo preguntas.

Luego de esa tormentosa noche no podía dormir.  Lastimaba su cuerpo, jalaba su cabello, buscando sanación, comprensión, y renegando que, aunque lo intentara no la existía para él.

Pero también se preguntaba ¿Qué había de mal él? Después de todo… el tampoco deseo eso. No tuvo toda la culpa.

Se vio sorprendido cuando una fría brisa abrazo su cuerpo desnudo. El invierno estaba próximo a hacerse presente, Yuuri lo notaba por el cambio de temperaturas, y aunque su cuerpo estaba adecuado para sobrellevar el frio, él estaba seguro que dada su fragilidad mental y la nulidad de ropa cubriendo su cuerpo, tarde o temprano sucumbiría ante el entorno. Ya no podía confiar en su naturaleza de dios, pues ya le había abandonado una vez.

El joven dios pensó en determinadas ocasiones que quizás así estaría bien, no sobrevivir, dejarse llevar por el frio y terminar siendo de él, pero algo en su interior descubrió que también era egoísta.

No quería terminar así.

Se vio sorprendido de sentir que su instinto por sobrevivir era más fuerte

Tampoco quería causar molestias aún mayores a su familia, era suficiente con los pesares que ya sabían. Su alma, aunque marchita, fue y era muy querida por su familia.

Aun desnudo busco un lugar donde quedarse, necesitaba de calor breve y algo que le alimentase. Después de todo, era el primer invierno que Yuuri vivía en la tierra dentro de esas condiciones, los últimos dos le sobrevinieron durante su estancia en las nubes, y el anterior a ellos lo compartió en compañía de sus amigos humanos, antes de que todo ese infierno se desarrollara. En ese momento no recordaba nada malo más que sus dones, con una calidez indescriptible proveniente del sol y una paz infinita de parte de quienes le acompañaban. Desconectando su mente de cualquier estimulo maligno.

Pero su alma buscaba el perdón, ya no podía refugiarse en sus recuerdos felices, inevitablemente había regresado al mundo terrenal donde inicio toda esa tragedia, necesitaba una paz para su mente, su espíritu y su alma, pero se había aislado mucho tiempo de los humanos. Yuuri se preguntaba cómo haría para mantenerse con fuerza ante eso, se sentía vulnerable ante las emociones, y sus poderes que creía ya algo dominados se habían vuelto nuevamente inestables. Debía proseguir con su viaje para controlar sus emociones, al hacerlo todo terminaría en ese mundo… podría regresar a su hogar.

En los días siguientes, alzo en vuelo, sintiendo como la brisa daba contra su rostro y la calidez del sol iba calentando su cuerpo a medida que pasaba las nubes, en el suelo ya comenzaba a helar, notando como pronto llegaría el invierno, necesitaba buscar un mejor refugio del que consiguió primero. La comunidad humana más cercana estaba a cientos de kilómetros de donde Yuuri se hallaba, pero si volaba durante algunas horas lograría llegar a ella antes de que se acabase el día. Siguió volando y volando deteniéndose en las nubes durante breves minutos para descansar, miro el cielo que se iba nublando un poco más y le pareció curioso, esa imagen era idéntica al segundo cielo que existía en su mundo, donde las temperaturas frías no eran amenazadas por el calor del sol, y los cielos nublados no perdían su brillo. Era singular, sentía nostalgia… pero lo más extraño es que se hallaba demasiado lejos de la facción del hielo, la vista era tan parecida que le daba un dolor incomodo en su alma. Tenía tres años y medio viviendo en la tierra, dos de los cuales había permanecido en los cielos de la tierra, habían pasado siete días en el mundo de los dioses, una semana. Sus padres debían de estar completamente locos con su desaparición, pero el dios del hielo había desaparecido todo rastro de su presencia. Seguramente, aunque estos hiciesen todos los esfuerzos por encontrarlo, no lo lograrían, había borrado su presencia como dios desde que había llegado a la tierra, ya no podía encontrarle nadie.

Siguió volando hasta que logro divisar desde el cielo una pequeña aldea, esta era incluso más pequeña y modesta que la aldea de Yuko; sinceramente, tenía miedo de que algo horrible pudiese volver a pasar, pero Yuuri dentro de sí se tranquilizó sintiendo muy pocas presencias humanas, incluso podía decir que era extraño al sentirlas tan débiles.

Aterrizo fácilmente a unos cuantos metros de la aldea verificando que nadie le hubiese visto; caminando lento y temeroso, Yuuri fue acercándose a la aldea, pero noto algo extraño desde el momento en que se iba a cercando mucho más a la misma. Todo se sentía frio, extremadamente frio, el ambiente era completamente distinto al que sintió cuando vivió en el pueblo de Yuko, este sitio le daba muy mala espina.

Cuando llego cerca de la entrada del pueblo entro en shock, varias personas yacían en las puertas de sus casas completamente inertes, muchos estaban casi vueltos huesos y piel, estaban enfermos y muy desnutridos. Era una horrible imagen. Mientras Yuuri se adentraba aún más a la aldea, tuvo que taparse la cara ante el putrefacto olor que le llegaba a su nariz al pasar por ciertas casas, seguramente, algunos humanos habían muerto y sus cuerpos comenzaban a descomponerse, pensaba. Por otro lado, ciertos cuerpos tirados en los caminos eran picoteados por los cuervos haciendo de ella una imagen lamentable. Yuuri sabía que existía gente viva aun en ese pueblo, pero seguramente estarían sobreviviendo en condiciones precarias, en este pueblo la peste se los estaba comiendo a todos.

El dios de ojos ámbar pensó que lo mejor sería salir pronto de esa aldea, tomar algunas ropas con las que cubrirse y salir de ahí.

No quería seguir permaneciendo en ese lugar.  No lo soportaba, sentía como se asfixiaba con todas las emociones negativas de las desesperadas almas que aun “vivían” en el pueblo.

Entro en una de las casas en busca de alguna ropa que pudiese servirle, fue en ese momento que escucho un pequeño quejido de una de las habitaciones. Había alguien con vida en esa vivienda.  Yuuri pensó, que, por su bien, lo mejor era tomar las ropas e irse del lugar, por ese momento no quería interaccionar con ningún humano con semejantes sentimientos de desesperanza, no haría ningún bien a sus inestables emociones, sin embargo, su corazón puro pudo más que su razón e ingreso a la habitación donde escucho los murmullos.

Al entrar al cuarto encontró dos cuerpos en una cama, ambos hasta los huesos, pero uno estaba cubierto por las moscas, el otro apenas podía pasar su mirada hacia la ventana de la casa. Yuuri no sabía bien que decir o reaccionar, la mujer le miro a duras penas percatándose de su presencia, esta sonrió ante la inquietud del joven. La mujer con dificultad empezó a hablarle.

– ¿Eres la muerte que ha venido a llevarme con mi esposo? -pregunto débilmente la mujer observando a Yuuri, el joven dios le creyó alucinar de su enfermedad al decir esas palabras, pero luego recordó, que él era el único sano en ese pueblo y se encontraba desnudo.

En silencio él se acercó hasta la mujer que le veía temblando y con lágrimas en sus ojos, que triste y patética era ese retrato pensaba el dios, los seres humanos eran verdaderamente muy débiles, muy frágiles, morían con gran facilidad, pero parecía ser que aún no era el tiempo de esta mujer. Yuuri se agacho a su lado y tomo una de sus manos, de repente la mujer sintió como sus fuerzas le eran regresadas de inmediato; este al ver que su curación había surtido efecto, se levantó del suelo y salió de la habitación tomando unas ropas cercanas para poder cubrirse.

Por otro lado, la mujer que aún no podía creer que es lo que había sucedido, se levantó de la cama con incredibilidad, pensando en que no había sido la muerte que había venido a buscarla, sino que se trataba de dios dándole otra oportunidad.

¡Era un milagro! Pensaba irremediablemente mientras las lágrimas caían por sus ojos, estaba sana, sin embargo, miro a su esposo. Yacía frio, las moscas le surcaban encima y su cuerpo estaba por demás descompuesto, qué es lo que haría de ahora en adelante sin él, Dios le obsequiaba una segunda oportunidad, pero ella no sabía cómo aprovecharla.

Por su parte Yuuri se colocaba las ropas que consiguió en una de las habitaciones continuas, sabía de sobra que era lo mejor no interactuar tanto con los seres humanos de ahora en adelante, sus emociones seguían inestables, aunque sus dones estaban en control. Pero, aunque pudo haberse alejado, no pudo hacerlo, no estaba en su naturaleza irse sin más. El rostro de Yuuri se contrajo en una dura expresión, si solo el mundo fuese de ese modo, no existirían personas como las que se encontró, como las que se hallaban celebrando al otro lado del pueblo mientras su gente era carcomida por la peste. El ser humano era demasiado corrupto. No había ningún tipo de alimento dentro de esa humilde casita, Yuuri observo rápidamente el lugar, era pequeño, insuficiente. 

Cuando ya se retiraba del lugar consiguió a la mujer frente a él observándole, él joven dios solo le miro sin expresión. Por su parte, la mujer tenía un sin fin de emociones reflejadas en su rostro, alegría, esperanza, dolor y tristeza, pero también agradecimiento, todo eso inmerso en ella y Yuuri lo sentía, sentimientos humanos que creía que no volvería a sentir en mucho tiempo le eran trasmitidos en señal de gratitud.

-no tiene que agradecerme-dijo de antemano   Yuuri antes de que la mujer pudiese articular alguna palabra-, solo lo hice porque así lo desee.

La mujer bajo la vista sin saber que más decir, Yuuri pensó que era el momento apto para retirarse, pero antes de ello, aún tenía algo más que hacer.

-A 2 km de aquí se encuentra otra aldea, lograra llegar a tan solo medio día de camino hacia el sur oeste, antes de llegar al filo de la montaña por donde pasa el río-la miro-. Aléjese cuanto pueda de aquí y no mire atrás. Comience una nueva vida.

Y con eso Yuuri dio vuelta sin observarla para salir de la casa, comenzó a caminar mientras escuchaba un pequeño gracias detrás de él. Siguió caminando y escapo apresurado con lágrimas en los ojos maldiciéndose lo cobarde y sentimental que era su alma. Los seres humanos eran tan impredecibles, tan malignos, pero a la vez… tan hermosamente cálidos y agradecidos. En lo más profundo de su corazón no quería saber nada de ello, no después de todo el daño que le causaron, mucho menos de la corrupción que ahora crecía en sus manos. Pero, al mismo tiempo sabía que estaba perdido. Siguió escapando, como si así desaparecieran todos sus problemas al mismo tiempo que se frotaba los ojos, frustrado. Las lágrimas, aunque quería detenerlas, seguían cayendo. Cayendo libremente como la lluvia que ahora le acompañaba.

Notas de autor: ¿Cómo un alma en pedazos puede reconstruirse y seguir adelante? Eso es lo que pensé al escribir este capítulo. El ser humano, nuestra especie es algo increíble. Somos los seres más hermosos y asquerosos del mundo, podemos ser tan buenos, pero a la vez tan corruptos, simplemente es lo que pensé mientras escribía esta historia. Quisiera saber sus opiniones hasta el momento, después de todo, son muy importantes para seguir mejorando.

Publicado por ellexlight

¡Hola! Mi nombre es Génesis, pero por esta zona me conocerán como Elle. Soy licenciada es Gestión Ambiental y vivo en Caracas, Venezuela. Me gusta la lectura, la música (especialmente la instrumental y japonesa), y sobre todo escribir. Tengo escribiendo desde el 2009 y he estado en varios fandoms, tales como SCC, TRC, PPG, inazuma eleven y muy gran parte en Death note, a quien amo con locura. Tengo casi tres años escribiendo para YOI, que se ha vuelto un amor extremo para mi y recientemente he comenzado a escribir para el fandom de BNHA. En cuanto a géneros me gusta el drama, lo erótico, lo fantástico, detectivesco y mpreg/omegaverse. Multishipper a morir.

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