Crónicas de una cita fallida


Día 3

Fecha 10 de febrero

Tema: Paseo // Viajando Juntos

Resumen:

¡Bienvenidos a esta crónica maestra acerca de cómo puedes ser muy seguro de ti mismo, pero a la vez fallar en el intento! Con ustedes, Yuri Plisetsky, un patinador destinado tanto a la gloria como a ver sus intentos frustrados de declararse a su crush de toda la vida: Yuuri Katsuki.


El estruendo de un un plato de vidrio rompiéndose la caer de la mesa hace eco en el lugar, ahora totalmente en silencio. Todos los presentes, atónitos, no atinan a moverse representando así, la imagen de alguna pintura renacentista en donde todos los integrantes del cuadro componen poses por demás anormales y extrañas. 

El único comensal parado en medio de la catástrofe era un muchacho de origen ruso. Alto, con cabellera rubia que enmarca un rostro enfurecido. Las hebras de su cabello gotean el líquido de la sopa que saliera volando segundos antes, cuando su compañero, un chico de origen japonés, se levantara con descuido de la mesa y provocara una serie de accidentes que culminaría con la escena que ahora todos presenciamos.

= PAUSA =

—Y ustedes se preguntarán, ¿Cómo es que llegamos a esto? —la escena se interrumpe como si de una película se tratara. El muchacho rubio que estaba manchado de sopa en la escena, ahora se dirige a la audiencia como si fuera un expositor profesional. 

La ropa con estampado de animal print intacta, su cabello corto, perfectamente peinado para hacer destacar ese corte de cabello rebelde sin ningún rastro de sopa en él, la imagen de Yuri Plisetsky no corresponde ni por un ápice a la del avergonzado muchacho que se encuentra congelado detrás en la escena del fondo.

El muchacho traza un círculo color rojo en donde él mismo se encuentra en modo pausa y una vez más se dirige al público.

—Sí, ese soy yo —indica—. Mi nombre: Yuri Plisetsky. Nacionalidad: rusa. Edad: 19 años. Estado civil: lamentablemente, soltero. ¿Cómo llegué aquí? Esa es una historia que estoy contando ahora en mi mente. Estoy intentando averiguar qué falló en mi perfecto plan. Acompáñenme averiguarlo, en esta crónica infortunada.

= PLAY =

Dos días atrás…

La escena cambia abruptamente y ahora aparece un rink en donde se pueden observar a algunas personas patinando y haciendo ejercicios de calentamiento. Poco a poco, la cámara se acerca al rubio de hace unos momentos, Yuri Plisetsky está cerca de la entrada a la pista de hielo, deja los protectores para sus patines en la orilla de la barra y entra al hielo deslizándose suavemente para reconocer la sensación de la que ha sido cautivo prácticamente toda su vida. El aire de libertad que se experimenta al patinar es una sensación indescriptible y placentera para él.

Una vez que ha logrado dar varias vueltas al perímetro de la pista, Yuri centra su atención en la persona que se encuentra ensayando su nueva rutina. Un chico japonés que hace tiempo se ha integrado al equipo de entrenamiento en Rusia, el pupilo de Víctor Nikiforov, y para qué negarlo, su crush desde los 15 años.

Cabe mencionar que Yuri no había sido consciente de ese sentimiento hasta hace poco. Cuando en un giro del destino, Yakov Felstman le informó a Plisetsky que la Federación de su país solicitaba que él, el patinador más prometedor en Rusia dentro de la categoría varonil en la actualidad, fuera entrenado por quien ostentaba el título de la leyenda viviente dentro del patinaje artístico. 

Al principio, Yuri se negó ante tal imposición; sin embargo, después de descubrir que solo de esa forma la Federación aceptaría que Yuuri Katsuki prosiguiera entrenando junto a Víctor, el rubio aceptó a regañadientes el trato. Después de todo, solo era mero teatro, Yakov seguía siendo su entrenador principal y, la ventaja dentro de todo esto era, que Nikiforov se vería obligado a coreografiar las rutinas de Plisetsky en su totalidad. Hecho que le otorgaba una enorme ventaja al patinador ruso, después de todo, Víctor era aún un genio que siempre lograba sorprender a la audiencia.

No obstante las ventajas que ahora el rubio ha considerado, en un principio él admite que no las hubo pensado en el momento en que aceptó a Víctor como su nuevo coach y coreógrafo. La razón por la cual admitió el cambio fue ni más ni menos que la persona por estaba terminando su ensayo en ese momento. 

Le costó un año entero descifrar a Yuri que la constante molestia que tenía para con el japonés no era más que atracción, escondida detrás de una  gran capa de antipatía y agresividad.

Ahora, después de este año de riñas y malentendidos, Yuri, al fin podía admitirlo: estaba enamorado de Yuuri Katsuki y nada podía hacer para evitarlo.

No obstante, Yuri no era una persona que solía quedarse callada. El sentimiento que tenía por Katsuki era intenso y él sabía que iba más allá de un simple enamoramiento. Entendía también, que para Yuuri él no era indiferente; sin embargo, la natural timidez del japonés, y la diferencia de edad entre ambos, impedían algún avance en esa peculiar relación.

Tal vez era momento de ajustar las piezas y marcar un punto a su favor. Piensa Yuri, ahora que su mirada y la de Katsuki se han cruzado y ambos sonrieron para saludarse.

= PAUSA =

La escena se detiene, el atractivo rubio hace acto de presencia para decir:

—Y a este, mis queridos espectadores, podemos bautizarlo como el momento justo en el que todo se fue al carajo. Pongan especial atención a lo que viene a continuación.

Yuri presiona el control remoto que tiene en sus manos, él desaparece y la escena sigue su curso.

= PLAY =

Ambos Yuris sonrien y se observan sin fijarse en nada más; sin embargo, segundos después, el japonés choca con su entrenador (quien se encontraba de espaldas, revisando su celular), provocando la caída de ambos en el proceso. producto de la colisión, el celular de Víctor sale volando y cae de forma certera sobre la cabeza de Mila Babicheva, quien también cae al suelo y provoca la caída de Georgie Popovich en medio de los pequeños que se encontraba entrenando ahora, y quienes, producto del susto, salieron patinando en todas las direcciones chocando con los demás patinadores. 

La descripción perfecta de un caos definitivo.

= PAUSA =

Yuri Plisetsky está sentado en un mullido sofá color rojo, con parsimonia deja el control en el respaldo del mismo. Se inclina hacia adelante y se dirige a la audiencia:

—¿Vieron eso? ¿Entienden la importancia de esta simple acción? ¿No? Bueno, vamos de nuevo.

= REPEAT =

En cámara rápida, la escena anterior se repite, se intensifica lo caótico de la escena, debido a la revolución con que es reproducida.

= PAUSA =

—¿Y ahora? —vuelve a intervenir Yuri, suspira y agrega lo siguiente—: Para quienes no han captado, les explicaré. Aún cuando Katsudon es una persona amable y tranquila, suele ponerse nervioso ante situaciones nuevas, las cuales le producen cierto grado de ansiedad. He notado que ultimamente tiene este tipo de arranques torpes cuando tengo un gesto para con él.

¡Y ese es precisamente el detalle que pasé por alto, cuando ese desventurado día me atreví a pedirle una cita!

—Es que, ¡vean esto! —Plisetsky señala una vez más la pantalla, el caos provocado por Yuuri—. ¿Quién puede ser tan torpe como para dejar fuera de servicio a la mitad del equipo de patinaje ruso? —Yuri señala el lugar donde Katsuki se ha caído, el rojo de su flecha contrasta con la escena en pausa—. Así de lindo y tierno como lo ven, este pequeño es un imán para los desastres. Antes de continuar, me gustaría dejar algo en claro. Yuuri Katsuki nunca provoca de manera intencional estos accidentes.

= REBOBINAR X2 =

El ruso vuelve a apretar el control y ahora varias escenas se proyectan en cámara rápida. Se alcanza a ver cómo Plisetksy ayuda a Yuuri a levantarse, Víctor recupera su celular, a la vez que Mila se levanta, se soba la cabeza y Georgie se apresura a mantener orden en su clase. La cámara se detiene, en una toma particularmente linda: Yuuri se sostiene del barandal de la pista. Está sonriendo y sus mejillas están coloreadas de un tierno color rojo. A su lado, Yuri Plisetsky sonríe con alegría, ambos se miran a los ojos e ignoran a los demás integrantes de la pista.

= PAUSA=

—Debo admitir que no esperaba que aceptara la cita. En ese momento, por conveniencia de ambos, no lo llamamos cita —Yuri hace un seña con ambas manos imitando un par de comillas—. Lo manejamos como una salida casual entre amigos. Sin embargo, yo sabía bien que este era un buen momento para declararme.

Yuri aprieta otro botón y varios cuadros, los cuales representan diferentes escenas, hacen aparición detrás de él, en pantalla. Con rapidez elige el segundo recuardo del lado superior izquierdo y aprieta el botón play.

= PLAY =

 Yuri Plisetsky está esperando con paciencia a su “no cita” con un atuendo que pretende ser casual. El ruso pretende que Katsuki no se de cuenta que eligió con premura su ropa. No es como si hubiera tardado 1 hora en decidir qué chaqueta usaría o el tono de negro que vestiría ese día, claro que no, eso solo lo haría cualquier idiota enamorado y él, bueno, no estaba tan desesperado.

Aún no…

La mirada del ruso se dirigió a la esquina en ese sencillo parque en el preciso instante en que la figura varonil de Yuuri Katsuki hace su aparición. Aún cuando el japonés no suele vestirse de forma extravagante o a la moda, Yuri sabe reconocer cuando Katsuki se ha esmerado en su arreglo personal, la prueba fehaciente de este hecho radica en el cabello oscuro que se encuentra peinado hacía atrás, lo cual logra disipar un poco la presencia dulce y angelical que suele rodear al representante de Japón. Yuri sonrié confiado al darse cuenta que su “no cita” no era realmente una salida de amigos como ambos habían acordado.

Se saludan y sonríen mutuamente, después prosiguen a caminar un poco por el parque. La plática es amena y divertida, Yuuri posee un lado oscuro aderezado por cierto tipo de sarcasmo y una pizca de humor negro. Una cualidad que Plisetsky agradece, pues las salidas con Yuuri suelen tornarse divertidos e interesante. El paseo por el parque parece pasar sin ningún inconveniente, y Yuri sonríe para sus adentros, pues ambos se aproximan a una fuente en donde el ruso, impaciente, está planeando llevar a cabo su “romántico plan”.

= PAUSA =

Nuestro gran narrador, Yuri, aparece una vez más en pantalla. Observa un poco el contexto de la escena, en ella él está señalando hacia la fuente, en apariencia sugiere que ambos descansen un poco cerca de la fuente. A su lado, Yuuri sonríe y se nota el ligero asentimiento de su cabeza al aceptar la propuesta de descanso de su homónimo. Una vez más el ruso suspira y se dirige al público sin más miramientos:

—El primer factor que debes tomar en cuenta para un plan de declaración exitoso es: conoce tu entorno —Yuri señala el lugar con un apuntador, hay bancas vacias y algunas palomas deambulando por el lugar, en busca de comida—. Aunque no es necesario ser muy romántico —lo dice mientras compone una mueca de asco en la cara—. Es importante que el mensaje sea bien recibido. 

Yuri llama la atención al público para que se fije en todo el panorama.

—Vean cómo esta sección del parque está prácticamente vacía —señala las bancas—. No hay metiches de por medio. —Señala a las palomas—. Tampoco hay muchas molestias con plumas alrededor. Parece que este es el mejor lugar para declararse, ¿no creen?

Yuri apaga el señalador, observa con seriedad al público y agrega con tono grave:

—Sin embargo, debo agregar que es muy importante atender a una realidad de la que yo no era consciente en ese momento: al ser el parque un lugar público, siempre, repito SIEMPRE, van a ocurrir imprevistos, y lamentablemente, no vamos a estar preparados para ellos.

= PLAY =

—Katsudon, —Yuri Plisetsky suspira, y se corrige al momento—. No, mejor dicho, Yuuri —Katsuki observa atento a su compañero, ambos se quedan estáticos enfrente de la fuente. Yuri aprovecha la ligera diferencia de altura entre ambos y, para asegurarse de que Katsuki no vaya a ninguna parte, posa sus brazos en los hombros del patinador mayor —hay algo que me gustaría decirte.

= PAUSA =

—¿Ven eso? —interrumpe Yuri, señalando la pantalla—. ¡Es el mejor escenario que puede existir! Observen el ambiente, la sorpresa en los ojos de Katsudon. El sonrojo en las mejillas de ambos. Me cambio el apellido si esta no es la mejor escena cliché de un repertorio de ridículas escenas románticas —la voz de Yuri adquiere un tono resignado cuando agrega—: A continuación, el primer momento arruinado del día.

= PLAY =

Ambos jóvenes se observan con intensidad, sin decirlo, saben lo que sigue. Esa declaración que ambos han callado en los meses anteriores, al parecer está a punto de salir a la luz. Yuri Plisetsky traga saliva y se prepara para declarar sus sentimientos. Katsuki sonríe, animando a su compañero a continuar.

—Yuuri, tu me… ¡Aaaaaaaah!

No hubo tiempo para decir nada más, algún niño travieso llegó a ese lado recóndito del parque y, con una pistolita de agua ha apuntado a las palomas que se habían arremolinado cerca de los patinadores en busca de un poco de alimento. ¿El resultado? Una parvada de palomas ahora vuelan dando aletazos en la cara de ambos Yuris, intentando conseguir el impulso necesario para huir lejos de ese lugar. Plumas, garras y picotazos se confunden en el ambiente mientras los patinadores intentan en vano cubrirse. En un intento de librarse de la confusión emplumada, Yuuri intenta dar un par de pasos, sin embargo, la nula visibilidad del japonés contribuye a que se resbale con un “grato regalo” que alguna de las palomas dejara en el suelo. Yuri escuchó un sonido de chapoteo y de inmediato, temió lo peor.

—¡Katsudon! —exclama con preocupación, una vez que todas las palomas han huído del lugar. Yuuri Katsuki ahora está dentro del a fuente, mojado de pies a cabeza. Yuri se apresura a ayudarlo a salir—. ¿Estás bien?

Yuuri sale de la fuente con la ayuda del rubio, se sacude un poco el agua y procede a sobarse el codo con el que seguramente amortiguó la caída.

—Estoy bien —responde Yuuri.

—¡Oye tu, niño! —después de comprobar que su compañero se encuentra bien, toda la atención de Plisetsky se centra en el travieso chiquillo que ríe a pierna suelta después de hacer su hazaña—. ¡Eso no fue gracioso! ¡Ven acá y discúlpate!

El sonido amenazante de la voz del ruso y la presencia imponente de su ser, ocasionan que el chiquillo retroceda y, asustado, ha comenzado a llorar. Yuri no suele ser amargado con los niños, al contrario, le agradan. Sin embargo, en estos momentos se encuentra demasiado frustrado como para medirse con sus comentarios.

—¡Yurio, no seas cruel con el niño! —interviene Yuuri, el gesto serio que le dirige a su compañero termina por exasperar más al rubio—. Fue un accidente, él no tiene la culpa.

= PAUSA =

—¡Lo sé, Yuuri, lo sé, maldita sea! —el rubio había pausado una vez más el relato, y como señor que ve el futbol en televisión, le reclama al director técnico por alguna jugada mal ejecutada, se dirigió una vez más al amor de sus amores—. Es solo que era el momento ideal y ese chamaco del demonio nos interrumpió. ¡Vamos, comprende un poco!

Plisetsky chasquea la boca y da el asunto por terminado. Ahora, de nueva cuenta, se dirige a la audiencia:

—Si piensan que esto fue lo peor, están muy equivocados. Pongo especial énfasis en esta escena porque es, precisamente el inicio de una catastrófica serie de eventos que pondrían a prueba mi enorme paciencia y la escasa suerte de mi Katsudon. 

La pantalla del fondo se rebobina y llegamos a otra escena. Ambos se encuentran en el metro, Plisetsky se encuentra aprisionado entre las puertas del convoy, a su lado Yuuri lo toma del brazo, su gesto es preocupado, el ruso está más que exasperado.

—Para no hacer el cuento largo —interviene el ruso, de un movimiento hace a un lado el cabello que cubre su cara, dejando ver un pendiente que cuelga de su oreja izquierda—. Cada uno de mis intentos por declararme fueron arruinados. Algunos, como el que están viendo en pantalla, fueron producto de la mala suerte de Katsudon. Otros, como en el parque, solo fueron desastrosos eventos que me impidieron realizar mi cometido. Frustrado y desilusionado, caminaba al lado de Katsudon, planteándome seriamente si lo mejor era callar y seguir guardando estos sentimientos.

= REBOBINAR X1 =

Yuri Plisetsky caminaba al lado de Katsuki, el primero mirando al suelo y el gesto contrariado en sus facciones. Sin percatarse que Yuuri Katsuki lo observaba con un preocupación detrás de esos lentes de montura gruesa, color azul.

—Yura —el leve llamado de su voz consiguió atraer la atención del patinador ruso—. Vayamos a comer algo, yo invito.

Yuri detiene su andar y observa por un momento a Yuuri. Repasa una a una sus facciones y se sorprende al descubrir que el patinador japonés le gusta más de lo que él creía. Todo en Yuuri es bonito y amigable, aún así, debido a los catastróficos eventos ocurridos a lo largo del día, el ruso está tentado a rechazar la oferta.

“Es mejor dejarlo para otro día”. Piensa con resignación. A veces el universo manda señales para actuar y otras para no actuar, somos nosotros los necios que no queremos aceptar estos hechos.9

Sin embargo, el leve roce de la mano de Katsuki devuelven al rubio a la realidad. Yuuri sujeta su mano y sonríe con tranquilidad mientras espera por la contestación de su compañero de pista. Yuri siente un ligero calor en sus mejillas, producto del sonrojo creciente en ellas y sabe que no puede negarse.

= PAUSA = 

—Existen diversas teorías que hablan acerca de los viajes en el tiempo —aclara Yuri a la audiencia—. Máquinas del tiempo, la teoría del abuelo, tubos de gusano —enlista—. Un sin fin de posibilidades. Incluso algunos libros inventan su propia versión valiéndose de un poco de magia como el caso de los giratiempos. Si yo tuviera la oportunidad de viajar en el tiempo y cambiar una parte de mi pasado, definitivamente volvería a este momento e impediría que salieramos a cenar.

= REBOBINAR X2 =

= PAUSA =

Después de ver en cámara rápida el leve trayecto que siguieron los dos patinadores para llegar a un modesto restaurante, volvemos a la primer escena de este relato. Yuuri, preocupado por tirarle la sopa encima a Plisetsky, quien chorrea de pasta y líquido. 

—Y aquí estamos, donde comenzamos —interviene Yuri, sigue analizando la escena. Sabe que el resultado será el mismo, aún pensando en todas sus posibilidades—. Al llegar al restaurante, pensé que nuestra suerte había mejorado. Había una mesa disponible cerca del balcón, el servicio fue rápido y eficiente e incluso, la plática con Katsudon era amena y divertida. Los incidentes de la tarde se habían olvidado, así que me arme de valor y decidí que era el momento adecuado de hacer mi declaración.

= ATRÁS =

En un acto de valentía, Yuri Plisetsky toma la mano de Yuuri, la cual reposaba debajo de la chuchara que estaba dentro del plato. 

—Yuuri —la intensidad de la mirada de Plisetsky provocaron que el japonés contuviera el aliento—. Tengo que decirte algo muy importante.

Yuuri ahoga un grito. Sin embargo, no se mueve. Permanece quieto, esperando por la tan ansiada declaración.

—Seré directo, ya que no sor del tipo de los que andan con rodeos. Me gustas, y mucho. 

Yuuri se soltó del agarre del rubio y, con sorpresa. Se levantó de un tirón de su lugar. La mala suerte del japonés se hizo presente cuando, con la silla que hiciera hacia atrás provocara que un mesero se tropezara, y otro, y después otro, para finalmente encadenar dicho suceso en que la sopa que se dirigía a una mesa contigua, cayera de lleno sobre la cabeza del rubio.

Comensales y meseros observaron la escena. Yuuri se acercó con una servilleta y preocupado se dirige al rubio.

—¡Lo siento mucho, Yuri, no fue mi intensión!

No obstante, el ruso ignora a su compañero y sale hecho un bólido de la habitación. Yuuri se encoje en sí mismo y sujeta con aprehensión la servilleta que se encuentra entre sus manos. 

Ahora, en el baño del restaurante, el rubio enojado se encuentra recargado en el lavabo, se ha lavado la cara con agua para quitarse la mayor cantidad de comida de la cabeza. Se limita a mira su reflejo. Observa su cabello dorado gotear y la mirada frustrada que él mismo se dedica. Lo ha arruinado, todo el día fue un completo desastre, incluso ahora Yuuri piensa que está furioso con él.

= PAUSA =

—No puedo negar que la he cagado. Tomé cada una de mis oportunidades y, literalmente, las lancé por la borda. No obstante, rendirse nunca es una opción, quizás la batalla estaba perdida, pero la guerra. Esa acababa de comenzar.

Yuri se observa a sí mismo un momento, sonríe con resignación y, por última vez reproduce la escena que se desarrolla detrás del telón. Perder también es una constante de la vida, y el ruso lo ha aprendido con una dura lección.

= PLAY =

—Yuri.

O quizás no.

La voz de Yuuri Katsuki, tenue y amable, resonó con ligero eco sobre la superficie de mosaicos de los sanitario. Yuri dirigió su mirada hacía la salida y encontró un par de lindos ojos cafés que lo miraban con timidez y preocupación. A pesar de su comportamiento, de sus groserías y su impaciencia, una vez más Yuuri se acercaba a él con normalidad, sin miedo y sin juzgarlo. Como si él aceptara cada uno de sus defectos y aún así, le gustara permanecer a su lado.

Yuri se voltea para encarar a su compañero de pista, sonríe levemente y procede a disculparse.

—A contrario, disculpa mi torpeza —procede a comentar Yuuri una vez que termina el rubio de hablar. Se acerca un poco más al Yuri, y para sorpresa del mismo, toma su mano—. Siento siempre arruinar los mejores momentos.

Contento, Yuri le indica que está acostumbrado a esos arrebatos, que simplemente es lo que hace a Yuuri Katsuki único y especial.

—Especial para mí —agrega el patinador ruso, con un ligero apretón corresponde al gesto que le dedicara Katsuki. Yuuri lo observa y en su cara se dibuja un leve sonrojo. Sonríe, y Yuri cree que es la sonrisa más bonita que ha visto en toda su vida. 

—Gracias —susurra el mayor, ambos perdidos en la mirada del otro. Yuri piensa que su declaración tendrá que esperar otro momento. Habrá tiempo, a final de cuentas. Ellos conviven a diario y seguro el rubio encontrará muchas oportunidades para declararse al fin. 

Pero eso será en otra ocasión.

—Tú también me gustas mucho, Yuri.

O tal vez no.

FIN.

¡Hola!

Como siempre, ¡muchas gracias por leer! En verdad me emociona mucho continuar con este especial de San Valentín. Me parece una actividad muy chévere, pues varias páginas se han unido para un mismo fin. Un gran ejemplo de integración y de lo que debería ser el fandom.

¿Les gustó este OS? ¿Se dieron cuenta de un detalle en torno a esta historia y la escrita en el primer capítulo? Espero se note, ya que había muchas cosas que explicar en la primera parte y me parecía un poco complicado hacer. En fin, siempre había querido escribir una historia con un personaje que rompiera la 4 pared. Me encanto que fuera Yura el primer personaje que me ha ayudado a lograr esto.

Espero verlas mañana por aquí para una nueva aventura.

xoxo

Sam.

Publicado por salemayuzawa

Me gusta leer, escribir, ver películas, anime y platicar con mis amigas. ¡Adoro imaginar historias!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: