Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar

Track 6: Time Is Running Out


I wanted freedom,
Bound and restricted
I tried to give you up
But I’m addicted
Now that you know I’m trapped
Sense of elation
You’ll never dream of breaking this fixation

>2018<

Sin duda, las personas estaban atentos a ellos y los escuchaban, y eso ya era un enorme logro comparado a la primera vez que los vio sobre el escenario. Era un grupo sin nombre, sin expectativas, sin mayor ilusión que la de saberse escuchados por alguien más. Por eso, la sonrisa en los labios de todos era magnífica y tan espléndida, aunque solo hubieran siete personas más ahí que aplaudieron cuando su actuación terminó. Yuuri era el que más brillaba, por supuesto. Todo eso le hizo a Víctor recordar el gozo de sus primeras veces, cuando se sentía satisfecho con que tan solo una persona en el bar pudiera prestarle la más mínima atención y disfrutara de sus letras. 

Hasta ese momento, Víctor había creído que deshacerse del bloqueo que apagaba a Yuuri como una bruma sería demasiado difícil; sin embargo, solo había hecho falta que el propio chico se lo mencionara con sus propias palabras para que él mismo buscara la forma de sobresalir como lo hacía estando en solitario. 

El grupo sin nombre, compuesto por Yuuri y otros tres chicos, bajó del escenario y se acercó hacia la barra donde Víctor había observado toda su actuación. Phichit fue quien quiso proponer un brindis. Era la segunda vez que consideraban su presentación un éxito. Y pensar que todo lo que habían necesitado era que su vocalista se volviera más atractivo y dinámico en el escenario, que dejara de preocuparse por las letras y se concentrara más en su propio sentir. Aún no era perfecto, por supuesto, aún le faltaba bastante para llegar a ser la bomba explosiva que Víctor lo fue en su mejor momento, pero sin duda iba por muy buen camino. Aunque a veces sus movimientos eran bastante falsos y algo mecánicos, e incluso ahora tenía algunas dificultades en recordar la letra cuando se concentraba en cómo debía actuar en lugar de cantar, eso solo le ocurría en las dos o tres primeras canciones. Después, quizá cuando el fulgor de mantenerse en un escenario con algunos oídos atentos a él lograba llenarle, Yuuri por fin se dejaba llevar y se convertía en varias chispas que comenzaban un tenue fuego, uno que parecía a punto de explotar en cualquier instante, aunque al final solo quedara en eso: en una advertencia de incendio que nunca llegaba a encenderse completamente. 

Yuuri lo invitó a brindar con ellos cuando tomó la botella de cerveza que Víctor apenas había tocado y se la ofreció de nuevo con una sonrisa. Este negó con la cabeza un poco, tomó la botella y se apartó hacia otra mesa. Aunque estaba, podría decirse, algo orgulloso con lo que ese pequeño grupo de aficionados estaba logrando, la nostalgia que Víctor sentía respecto a sus primeros años de carrera era algo que no lo dejaba en paz. No quería formar parte de su celebración porque se sentía fuera de lugar, que desencajaba demasiado con el entusiasmo volátil de todos ellos y temía arruinarles el momento con su apatía. Y claro, algo que nunca confesaría, ni siquiera para sí, era que algunas veces se sentía un poco celoso de lo qué era aquella agrupación: a diferencia de la suya, que siempre fue más motivada por llegar a un sueño en común que por un verdadero compañerismo, era bastante obvio que ese cuarteto de chicos no solo eran un grupo de personas que habían logrado empatizar musicalmente, sino que eran amigos… y se apreciaban. Por ello, Víctor a veces se sentía mal de tener la intención de arrebatarles a Yuuri y, tal vez, arruinarles alguna expectativa que pudieran tener de llegar a la fama juntos. No obstante, pronto Víctor entendía que esa no era la situación de ellos, que aquellos tres chicos eran conscientes de lo que implicaba la mejora de Yuuri. Y estaban felices por eso.

En silencio, a la distancia, los vio brindar y festejar por una buena presentación. Los chicos reían y conversaban entre sí, entretenidos en un ambiente tan cálido y fraternal que, aún a la distancia, incomodó a Víctor una vez más. Este desvió su mirada a la botella que sostenía mientras pensaba que lo mejor era irse de una vez, seguro Yuuri querría quedarse más con sus amigos y no podrían hablar de su actuación hasta el día siguiente. Distraído por ese hilo de pensamientos, no notó que Yuuri en realidad había estado muy atento a él, dirigiendole una mirada cada vez que no debía responder a algo que decía alguno de sus amigos. Seguro para ellos fue evidente lo que Yuuri tenía en su cabeza y deseaba hacer; por eso, cuando Phichit lo empujó para que fuera hacia el hombre y el resto de los chicos celebró la idea, Yuuri no opuso mucho resistencia al respecto. 

Víctor no notó esa proximidad hasta que el chico se encontró a tan solo unos pasos de distancia. Cuando alzó la vista, dispuesto a preguntar si algo ocurría, Yuuri acercó su propia botella y la chocó contra la de Víctor mientras sonreía. 

—Salud.

Y entonces bebió de ella ante la sorprendida mirada de Víctor quien, tras comprenderlo, le sonrió de vuelta y bebió también a su salud.

“Time is Running Out” rodaba como un loop en su cabeza. Era la última canción que el grupo sin nombre de Yuuri había interpretado antes de bajar del escenario. Sin duda, cuando la chispa se encontraba ya germinada en ellos, no tardaban mucho tiempo en dar muestras de los primeros frutos, por lo que siempre sus últimas canciones eran sin duda las mejores, lo suficiente como para poder rememorarlas con gusto y mantenerlas en la memoria el mayor tiempo posible.

Víctor cerraba sus ojos, sobre todo cuando recordaba el coro y pensaba en la expresión de Yuuri al cantar, en esa fuerza y pliegue en su voz que lograba alzarse con grandeza, aun sobre el sonido que, sin ser bueno todavía, lograba hacerlo lucir sobre la distorsión. Era potente sin duda, pero el logro no solo era por la voz en sí, sino por lo que podía transmitir a través de ella. Era bastante evidente que sentía sobre su ser cada letra entonada y, con ello, lograba transmitir un poco de ese sentir a quienes lo escuchaban. En más de alguna vez Víctor fue víctima de una emoción apabullante, de sentir su piel enchinarse en la espera de alguna parte específica que, sabía, sería extraordinaria… Y estaba seguro de no haber sido el único en el público en experimentarlo de esa manera. 

“Bury it
I won’t let you bury it
I won’t let you smother it
I won’t let you murder it…”

.

.

.

“Because we can both spit to heaven”

Sin darse cuenta, había comenzado a tararear una tonada que no formaba parte de “Time is Running Out” ni ninguna otra canción que recordara, ya fuera suya, de On Ice o alguien más.

“Without waiting for our failures to fall upon us”

Era algo nuevo…  Parecía… una nueva canción.

“I will stop your falling with your hand on mine…”

Cuando se percató de ello, se detuvo de repente, por completo congelado. ¿Hacía cuánto que no se sentía así? ¿Que alguna melodía simplemente había fluido de sí con tanta facilidad, como si alguien solo hubiera abierto una llave en su mente e inspiración? Sí, él había compuesto y escrito “Where is love?”, esa canción que todo el mundo detestó, incluso él. Pero, pese a eso, se sentía como si hubieran pasado demasiados años desde la última vez que creó algo nuevo, que la música afloró de la nada y… le gustó cómo se sentía. “Where is love?” había nacido a la fuerza, casi parido como una obligación consigo mismo. Y aunque desde el primer instante supo que era una basura, se mintió hasta hacerse creer que había vuelto. Pero no, todo ese tiempo continuó perdido de sí, de todo lo que alguna vez lo representó y lo hizo sentir tan bien…  Tan orgulloso de lo que era capaz de lograr. No era hasta ese instante que de verdad se sentía de vuelta una vez más. 

Comenzó a tararear de nuevo y, mientras lo hacía, rebuscó entre todas las cosas de su apartamento algo que pudiera servirle. Había deseado encontrar una guitarra, pero eso era algo que ya no tenía consigo desde hacía tiempo. Su opción realista fue algo con lo que apuntar y tuvo que conformarse con un pedazo de papel higiénico y una pluma que seguro Chris había olvidado en alguna de sus visitas. 

Cuando las primeras notas, junto con algunas letras, quedaron plasmadas en ese papel, se hizo la nota mental de que debía comprar un cuaderno de partituras…  Y tal vez una guitarra. 

El celular estaba en uno de los bolsillos de su pantalón. Fue por eso que, con unas simples vibraciones, logró hacerlo despertar. Víctor abrió los ojos, dándose cuenta que esa noche no había vuelto a su habitación para dormir. Se había recostado ahí para releer una y otra vez lo que había escrito sobre el papel higiénico. Lo había observado detalladamente, repasando en su cabeza la música nueva que él de verdad había creado. Se sentía sorprendido aún y era difícil contener esa ligera satisfacción que lo hacía sonreír y que su corazón latiera de una forma placentera. Lo que tenía escrito ahí eran apenas unos treinta segundos de algo nuevo, pero que se había sentido demasiado bien en lograr. 

El celular vibró un par de veces más. Lo buscó y tomó para notar que había recibido varios mensajes de Yuuri. Por alguna razón no le sorprendió que fueran casi las siete de la mañana.

Víctor frunció los labios. No estaba molesto, en realidad, la sensación que inundó su pecho fue algo más parecido a la preocupación. Se podía imaginar lo pesada que sería su jornada de trabajo si no estaba exagerando con lo de “No dormí nada”.

Víctor apagó la pantalla cuando comprobó que Yuuri había leído ese último mensaje y lo respondió con un simple “Gracias”. Después de mirar durante algunos segundos al techo, se puso de pie y fue a cambiar su ropa por prendas limpias. No estaba muy seguro de lo que iba a hacer, pero su cuerpo pareció moverse solo. Por eso, cuando se encontró frente a las puertas del hospital mientras sostenía un café y una pequeña bolsa de papel entre sus manos, se sintió bastante estúpido. Esperaba sin tener el valor para dar un paso más y sin saber a ciencia cierta si Yuuri se encontraba todavía dentro o se había ido ya. 

Al final optó por irse porque sí, lo que hacía era bastante estúpido, pues a sus dudas se habían sumado el desconocimiento de saber si en primer lugar Yuuri tomaba café o si le gustaba el tipo de pan que había comprado para él. Además, no tenía idea de cómo el chico podría tomar un gesto como ese, sobre todo porque Víctor ni siquiera entendía de dónde este había salido. Simplemente, tras leer su mensaje, la idea le nació de pronto y el impulso de hacerlo le había ganado contra todo sentido común. 

Suspiró. Definitivamente tenía que irse antes de seguir pareciendo un completo idiota sosteniendo algo que no pretendía comer. Sin embargo, antes de girarse, su vista detectó una silueta cruzando las puertas, misma que le pareció bastante familiar. Sin duda era él, Yuuri, aunque su semblante de verdad lucía devastado por el cansancio. El mismo impulso de antes ocurrió de nuevo e hizo a Víctor correr hasta él y alcanzarlo. No obstante, con cada paso sintió su corazón llenarse de dudas y escuchó a ese sentido común extraviado hablando por fin con él, haciéndole ver lo realmente extraño que era todo eso. En primer lugar… ¿qué podría decirle una vez lo tuviera enfrente? «No sé por qué demonios hice esto, pero te he traído café y algo de comida por si los necesitas». 

—¡Yuuri!

El aludido volteó al escuchar aquel llamado y se detuvo de golpe, sumamente sorprendido. Sin embargo, antes de que pudiera hacer aquella pregunta que sin duda ya estaba sobre sus labios, Víctor estiró hacia él el café y la pequeña bolsa de papel que contenía un bizcocho. 

—Ten. 

Yuuri parpadeó un par de veces, más confundido que antes, pero eso no pudo evitar que tomara aquello en un acto reflejo.

—¿Gracias…? —comentó dudoso. Creía comprender la razón del café que ahora se encontraba en su mano, pero…  ¿qué había dentro de aquella bolsa—. ¿A qué se debe esto? 

Era bastante obvio que Yuuri no se quedaría con la duda. Y la pregunta no solo se refería a lo que acababa de recibir por parte del hombre, sino a la presencia del mismo, quien tenía un aspecto algo inseguro. 

—Pensé que te haría falta. 

El rostro de Yuuri fue llenado una vez con un gesto de sorpresa, pero este se iluminó instantes después con una vaga sonrisa. 

—Fue una noche horrible. Gracias. 

Yuuri no pudo con su curiosidad y miró el contenido de la bolsa. Reconoció el bizcocho y todo el paquete obtuvo sentido para él. Aunque, más que un gesto de mera amabilidad, creyó que la presencia de Iván era realmente un cambio en sus planes. Después de todo, ¿cómo podría negarse al ensayo tras todo eso?

—Supongo que quieres que ensayemos, aunque tendrá que ser después de mi trabajo…

—¿Qué? —Víctor nunca esperó que Yuuri pudiera malinterpretar las cosas de esa manera, por lo que rápidamente intentó aclararlo—. ¡No! ¡No! No lo hice por eso. Te dije que no te preocuparas por el ensayo hoy. Yo… tenía que pasar cerca y solo aproveché.

Evidentemente mentía en esa última parte y Yuuri lo supo. No se notaba que Iván solo estuviera de paso, pues de ser así, creía que era ya momento para que se despidiera de él. Pero no, aquel hombre estaba todavía parado enfrente suyo como si estuviera esperando algo que tal vez incluso ni él mismo sabía. 

—Gracias.

Yuuri sacó el panecillo y le dio una mordida. Sabía bien y realmente estaba hambriento. 

—Hay paquetes de azúcar en la bolsa. No sé cómo lo tomas —apuntó de pronto Víctor, quizá intentando que el silencio no se volviera incómodo entre los dos, sin entender aún que un silencio entre ambos nunca lo sería. 

Yuuri sonrió sin querer decirle que él realmente no tomaba café, que prefería el té, pero que de todas formas lo tomaría y disfrutaría. Incluso lo hizo en ese momento, dio un pequeño sorbo, pero nunca esperó que un sabor tan amargo impregnara su boca por completo. Fue inevitable que un gesto de desagrado cruzara por su rostro. 

—No te gusta, ¿verdad?

Víctor, después de reír con nerviosismo, casi quiso golpearse contra un poste. ¿Qué tontería había hecho? Tal vez esa era un buen momento para irse de una vez, pero su cuerpo…  o tal vez algo más, no quiso obedecerlo. 

—No…  prefiero el té. Pero a veces debemos tomar cosas que no nos gustan, pero que nos hacen falta. —Yuuri dio un sorbo más, esta vez con más suavidad y ya prevenido con el sabor amargo que lo esperaría—. ¿A dónde vas ahora? —preguntó entonces, apuntando después a la derecha—. Mi trabajo se encuentra a unas cinco calles para allá. 

—Yo…  voy para allá también.

Yuuri sonrió al darse cuenta que Iván mentía una vez más…  Y era extraño, pues cada vez lo entendía menos, pero eso no le generaba ninguna clase de molestia. Desde los primeros días que comenzó a convivir con él, cuando sus ensayos comenzaron, notaba que Iván no era genuino, como si esforzara por parecer alguien apático y serio, pero por dentro hubiera algo que deseara salir con fuerza… quizá algo de energía, de alegría o pasión. De vez en cuando lo notaba cuando lo veía sonreír sin darse cuenta, cuando cerraba los ojos y disfrutaba las canciones que interpretaba para él, esas que tanto decía detestar. Lo notaba también cuando hablaba de su forma de cantar y le daba consejos, pero de una forma más íntima y comprensiva; no como lo haría un simple maestro a un alumno, sino como lo haría un par que tiene mucho más experiencia sobre eso y supiera anticipar cada uno de sus temores y dudas. 

A Yuuri le encantaba ensayar con Iván, eso ya le era claro, pero de vez en cuando le desconcertaba esa crudeza que más de alguna vez llegó a captar en su mirada. Una crudeza que formaba barrera tras barrera en las que aquel hombre se ocultaba…  ¿Pero de qué? No sabía nada más de él que su nombre y su cercanía con On Ice, y todas las veces que llegaba a hacerle alguna pregunta de la índole, Iván se escudaba en bastantes excusas que poco a poco iban perdiendo realismo. Cualquiera desconfiaría de un hombre así, pero no Yuuri…  no de él, no cuando muchas veces se le escapaban gestos tan auténticos que lograban provocarle un agradable calor que se expandía por todo su pecho. Justamente por eso era difícil ignorar lo que Iván, tras su mirada opaca, intentaba decirle, tantas cosas que se mantenían en silencio y que al parecer nunca podría escuchar. 

Yuuri se detuvo frente a la cafetería donde trabajaba, la misma donde Víctor había comprado el café y el panecillo. Un punto más para que él se sintiera doblemente idiota. Yuuri rio ante su expresión. Ciertamente, nunca le había dicho donde trabajaba por las mañanas.

—No había probado su café —confesó, dando un nuevo sorbo—. Es bueno cuando te acostumbras al sabor. —Yuuri se giró, dio un par de pasos hasta abrir la puerta y quedarse de pie justo ahí, volviéndolo a mirar con una expresión tímida—. Hoy… sí quiero ensayar. ¿Te espero en casa a la hora de siempre?

Víctor asintió con una leve sonrisa, como si eso hubiera sido lo que estuvo esperando todo ese tiempo. No el ensayo, sino el saber que esa tarde podría ver a Yuuri una vez más.   

Algo había ocurrido. Justo cuando Víctor se preparaba para salir de su departamento, recibió otra tanda de mensajes de Yuuri en los cuales se disculpaba una vez más pues, pese a lo que le había dicho en la mañana, de verdad le iba a ser imposible verlo. Aún así, aseguró que nada evitaría que al día siguiente se vieran para tener lo que sería su último ensayo. Prácticamente solo dos días los separaban del momento en que Yuuri tendría que tomar un avión a Nueva York para presentarse a su audición frente a On Ice, por lo que ese sería su último ensayo con propiedad, la última vez que Víctor podría aconsejarle y en el que ambos detallarían los aspectos más importantes de la audición, sobre todo la canción con que Yuuri se presentaría. 

Víctor no quiso interrogar más en ese momento, sobre todo porque suponía lo que había ocurrido…  Y comprobó sus sospechas cuando, al día siguiente, el Yuuri que abrió la puerta para recibirlo tenía un aspecto sumamente deplorable, siendo evidente que si había logrado dormir un par de horas desde la última vez que lo vio, era demasiado. Yuuri no lo dijo de forma abierta, pero Víctor suponía a la perfección que él había tenido que pasar otra noche más en el hospital. No obstante, también sospechaba que había algo más bajo esas ojeras: Yuuri tenía un aura bastante turbada y sabía que la distracción del menor no era solamente por el sueño, sino porque algo mucho más grande y pesado lo estaba atormentando. ¿Eran nervios acaso? No, Víctor supo que se trataba de alguna clase de preocupación desde el momento en que Yuuri tomó su guitarra e intentó tocar “In the Heat of the Moment”. Sus dedos temblaron inestables contra las cuerdas y su voz vaciló en varias ocasiones hasta que terminó por salir sin fuerza de sus labios. Víctor se contuvo demasiado tiempo para no decir nada, fingiendo que no notaba lo inestable y vulnerable que Yuuri se encontraba en ese momento. Creyó que el avance del ensayo y la distracción de lo que sea que lo preocupaba lo ayudarían a mejorar su rumbo; sin embargo, Víctor tocó fondo al sentir que habían retrocedido mil años de avance: Yuuri ya no era ninguna clase de incendio, ni siquiera las chispas que por lo menos alguna vez lograba ver y que lo anticipaban con grandeza… No, ahora Yuuri solo parecía estarse extinguiendo a sí mismo una y otra vez, como si temiera quemarse con su propio fuego. 

Fue más de lo que Víctor pudo soportar…  Y Yuuri también. 

—¿Qué es lo ocurre?

La pregunta salió de los labios de Víctor producto de la desesperación, de no saber qué hacer para traer de vuelta al Yuuri con quien había estado los últimos días, ese que había avanzado tanto, que se encontraba tan cerca de lograrlo y estallar con un gran estruendo. Por supuesto, con eso Víctor no había pretendido hacerlo llorar, en absoluto, pero Yuuri se encontró ahí, frente a él, con una inmensidad de lágrimas comenzado a acumularse en su mirada. 

—Yo…  soy horrible… Soy tan horrible porque a veces deseo tanto que mi mamá pueda morir al fin. 

Víctor no se percató de la verdadera profundidad de esas palabras hasta que Yuuri se lo explicó…  Hasta que cada lágrima tomó sentido para él, hasta que cada deseo y temor fue exhumado, expuesto con una libertad que a veces solo las personas sienten consigo mismas. Víctor no comprendía cómo Yuuri era capaz de tener tal confianza, de comenzar a relatar ante él tantos temores que el propio Yuuri consideraba tan oscuros, horribles y egoístas, temores que lo habían torturado durante años, que le habían arrebatado tanto de sí… ¿Cómo tenerle esa confianza cuando todas las veces que Yuuri intentó indagar en él, en su pasado, en siquiera su presente, no fue capaz de hablar? Ya no porque no lo quisiera, sino porque no podía. La mentira se estaba construyendo en una base tan alta que, una vez la verdad terminara por caer, iba a romperlo todo, incluyéndolos a ambos.

Víctor se sintió en pánico, él no sabía cómo lidiar con las lágrimas, sobre todo con unas que se nutrían de la impotencia, del dolor… del odio a sí mismo. Eso era lo que Víctor había descubierto con ellas: que Yuuri se odiaba, odiaba sus deseos, odiaba todo lo que quería hacer con su vida y odiaba cada una de esas veces en que deseó que el fin llegara de una maldita vez. Pero… era entendible, ¿no? Los cuidados a su madre, todo el dinero extra que debía conseguir para un tratamiento que en realidad no presentaba una mejora y todas las cosas que había tenido que perder por mantenerse a lado de ella estaban acabando con él. Hacía tan solo cinco años que le dijeron que su madre moriría; pero, aunque ella continuaba ahí, más que ser una muestra de que podría salir adelante, realmente no había una genuina mejoría como para sentir que todo el esfuerzo servía de algo. Yuuri solo la miraba sufrir en silencio la mayor parte del tiempo, decaer cada vez más, mejorar solo un peldaño para, un día después, verla caer unos cinco mientras escuchaba a los médicos decirle que esta vez sí sería la última, la definitiva. Su madre era una guerrera, pero luchaba ya contra una batalla perdida. En ese punto ningún tratamiento le salvaría la vida, solo la ayudaban a mantenerse y resistir, pero… ¿por qué hacerlo si solo sufría?

En ese momento su madre se encontraba mal, teniendo otro pésimo episodio con el cual, una vez más, los doctores le aseguraban que no lo lograría. No obstante, Yuuri estaba tan cansado de esas advertencias, sobre todo porque una vez más ocurrían cuando algo importante en su vida estaba a punto de suceder. ¿Ahora cómo podría irse de su lado? Cómo, después de tanto, no podía estar con ella si realmente eran sus últimos momentos. Pero no sería así, Yuuri estaba tan seguro de ello, de que solo iba a perder de nuevo otra oportunidad de miles. Su madre le había dicho que fuera a su audición pese a todo, Minako le aseguró que lo mantendría al tanto, Phichit y el resto de sus amigos le prometieron que no la dejarían sola. Todos de verdad querían que saliera y tuviera una vida más allá de aquel cuarto de hospital, pero… ¿cómo irse sintiéndose tranquilo? Cómo soportar la sensación de estarla abandonando, de no importarle en absoluto lo que pudiera pasar con ella. Era su madre, maldita sea, era su madre y la amaba como tal. No podía hacerle eso, ¿verdad?

Víctor no sabía qué hacer: ¿cómo decirle a Yuuri que estaba bien ser egoísta a veces? Que no debía sentirse culpable, sino que solo había aceptado antes de tiempo un destino que les era inevitable. ¿Debía abrazarlo acaso? ¿Debía convencerlo de que, pese todo, lo intentara? Solo supo acariciar sus dedos en silencio y lo dejó llorar sin juzgarlo y sin preguntas innecesarias, sobre todo cuando lo dicho parecía haber llegado a su fin. Yuuri no supo por qué se sintió tan reconfortado como nunca antes con ese simple gesto. Cerró los ojos, se arremolinó más en el sillón para permitir que esas lágrimas contenidas durante tantos años pudieran purgarse al fin.

Ninguno fue consciente del tiempo transcurrido de esa manera. Lo que para ellos les pareció apenas unos minutos, se convirtieron en horas enteras llenas de un silencio sanador. Ambos sabían que su última práctica ya no tenía sentido, que no había razón… Pero ninguno quiso moverse. La compañía del otro se sentía demasiado bien. Yuuri tuvo la oportunidad de dejar descansar su cabeza de tantas cosas que lo habían atormentado y Víctor pudo pensar por fin en silencio, sin la presión a sí mismo que tantas veces lo llevó a tomar esas pésimas decisiones. Ahora se sentía culpable de la clase de ideas que lo habían llevado hasta ese punto, la clase de egoísmo que tuvo por desear arrastrar a un chico como Yuuri al mundo que lo había destrozado. Pero era demasiado tarde, él deseaba estar ahí…  Él de verdad lo deseaba.

—¿Puedes quedarte aquí a dormir?

Tantas horas en silencio, pero la voz de Yuuri fue tan suave, dulce, que no lo perturbó en absoluto, sino que formó parte de él. ¿Cómo negarle esa pequeña súplica después de tantas lágrimas? Víctor asintió un poco y, tras una pequeña discusión sobre quién usaría la cama de Yuuri, ambos continuaron sentados en el sofá, obstinados en moverse y ceder. ¿Víctor debía preguntar cómo se encontraba? Sin duda Yuuri lucía más tranquilo y, por ello, le pareció una pregunta tal vez innecesaria. 

—¿De verdad crees que lo logre?

Era un desemboque de dudas predecible…  Yuuri ahora se preguntaba si el riesgo de dejar a su madre realmente iba a valer la pena como para intentarlo, como para atreverse a romper sus propios límites. 

—¿Y qué importa si no? —Yuuri lo miró con una evidente contrariedad: claro que no era la clase de respuesta que esperaba recibir, aunque, de alguna forma, agradecía también que no fuera ese vacío “Claro que lo lograrás” que cualquiera podía decirle sin realmente sentirlo—. ¿Qué importa si no te seleccionan a ti para reemplazar a Víctor? ¿Por qué querrías hacerlo en primer lugar…?  Tú, con tus amigos, seguro podrían intentarlo en otra ocasión. Solo tienes que ser consciente de que, sin importar lo que pase, nunca dejes que ese mundo te consuma. Querrán hacerlo, querrán dispararte hasta el cansancio y tomar todo de ti para dejarte sin nada. Tienes algo, Yuuri, nunca permitas que ese algo te consuma hasta volverse tu todo.

Los ojos de Yuuri estaban clavados en él y se llenaron de una nostálgica tristeza, pese a la sonrisa que terminó por aparecer en sus labios. Víctor se lamentó un poco de sus palabras. No, eso no era lo que Yuuri necesitaba escuchar. Él deseaba apoyo, deseaba obtener ese pequeño empujón para terminar de decidirse y arriesgar. ¿Por qué no era capaz de dárselo cuando lo sabía a la perfección? Tal vez…  porque ya no quería que Yuuri fuera su reemplazo… Ni el de nadie más. 

—Tal vez entonces no deba ir. Tendré otra oportunidad después, ¿no?

Víctor apretó sus labios antes de pronunciar un «sí». No tenía que olvidar que él lo había metido en todo eso y que, por lo que veía reflejo a través de la mirada del chico, era demasiado tarde para hacerlo retractar. ¿Por qué llenar su vida con una pérdida más? ¿Con una frustración que se sumarían al resto? Quizá de la cual más podría arrepentirse. Suspiró, desviando su mirada hacia otro lado. 

—No, hazlo. No siempre habrán segundas oportunidades y creo que tú lo sabes mejor que nadie. Además, estoy seguro que lo lograrás. Hemos trabajado demasiado para eso, ¿no? Seguro que tu madre, lo que más desea, es que te sientas orgulloso de ti. 

Víctor no se atrevió mirarlo, temeroso tal vez de que Yuuri pudiera adivinar la vacilación que había sabido ocultar muy bien en sus palabras. No obstante, tuvo que hacerlo cuando sintió sus dedos nuevamente sujetos por los del chico. 

—Gracias. 

Ninguno necesitó decir nada más.

Ambos habían dormido en el sofá, cada uno delimitando bien la zona donde se encontraban. Y resultaba extraño que, pese a los dos días que Yuuri casi no pudo dormir, aquel sueño fuera bastante satisfactorio y renovador, como si la sola presencia de Iván hubiera ahuyentado por unas horas el miedo y las preocupaciones que siempre lo atormentaban. Para Víctor resultó de una manera parecida: abrir los ojos y ver era el rostro durmiente de Yuuri atrajo en su alma una sensación de calidez indescriptible. No pensó en nada más allá de lo bien que se sentía, ni siquiera en la posibilidad de repetirlo alguna vez. Simplemente disfrutó el momento, disfrutó de la boca semi abierta de Yuuri al dormir, de sus largas pestañas y sus ojos apretados casi en un berrinche, como si se negaran a abrirse. Disfrutó el sentirlo tan adorable y, con eso, nutrido dentro de su ser. Ni siquiera deseó que el momento fuera eterno, porque era algo inevitable, Yuuri tenía todavía varios preparativos que cumplir: organizar su maleta, hablar con Georgi y en su trabajo en la cafetería sobre los días que se encontraría ausente, cubrir los gastos más recientes del hospital, asegurarse que de verdad tanto Phichit, sus amigos y Minako estuvieran al pendiente de su madre y, claro, debía despedirse con propiedad de ella, con un poco menos de culpa por alejarse de su lado en momentos algo críticos. 

Ese día había sido su último ensayo y se despidieron de él compartiendo un desayuno juntos y conversando como quizá nunca lo habían hecho. Yuuri vio en Iván una etapa nueva de sí mismo: una que era capaz de sonreír más, de bromear más, de relajarse y disfrutar de tan pequeños detalles como un delicioso té. No obstante, aún era consciente que había algo dentro de ese hombre que no le permitía ver todo su potencial, una barrera gruesa e impenetrable que parecía imposible de cruzar. Sin embargo, era extraño, Yuuri estaba bien con eso, era él quien había decidido abrirse como una flor y externar todas sus agrietadas y adoloridas raíces. Esperaba que algún día Iván pudiera hacer lo mismo con él, pero a voluntad, sin presiones de su parte. 

Fue evidente para ambos que, al momento de la despedida, algo quedó inconcluso, algo quedó sin que ninguno de los dos se atreviera a decirlo, especialmente Yuuri. Aunque había tenido la idea rondando en su cabeza toda la mañana, no tuvo el valor de externarla, ni siquiera porque en un impulso tonto tomó la mano de Iván antes de que este se fuera y la mantuvo ahí, entre la suya, mientras sus labios titubearon una y otra vez. Ni siquiera porque él supo intuir un poco sobre qué era aquello que deseaba y sonrió con algo de tristeza, anticipando su respuesta. 

—Chris me dijo la hora de su vuelo. Te veré ahí. 

A Yuuri pareció bastarle, pero no fue la realidad. Aquella idea continuó en su cabeza, creciendo y haciéndose más potente cada vez, hasta que por fin la seguridad emergió de ella, pero era ya demasiado tarde. Esa mañana llegó al aeropuerto con maleta en mano y se encontró a Christopher acompañado de Iván. Chris estiró hacia el chico su boleto después de saludarlo, pero Yuuri prácticamente lo pasó de largo para poder llegar hasta Iván y ponerse justo enfrente suyo. Tomó aire de manera profunda, como inspirándose valor. 

—Me gustaría que me acompañaras a la audición. Sé que quizá es tarde, que debí pedírtelo desde hace tanto, pero…  No creo lograrlo si no estás ahí… y temía admitirlo. 

Víctor hubiera deseado tanto que no se lo pidiera porque, incluso antes de que aquella idea siquiera fuera una posibilidad en la cabeza de Yuuri, él ya había deseado hacerlo, pero era imposible… Ni siquiera por él se arriesgaría a que cualquiera en DV Records pudiera reconocerlo. 

—No puedo, lo siento. 

Quizá fue gracias a la pequeña cercanía e intimidad que hubo dos días atrás, a esa confianza que Yuuri tuvo en él para abrirse y desahogarse como nunca antes, al sentir que una de sus tantas barreras se habían caído ante ese chico, pero Víctor se acercó a Yuuri y tomó su rostro entre sus manos, apretando un poco las mejillas contrarias mientras una sonrisa era dibujaba sobre sus labios. 

—Pero voy a estar contigo, Yuuri, en cada momento, recordándote que dejes de pensar en Víctor y en cualquier otra persona, y pienses solo en ti, en lo que sientes al cantar.

Los ojos de Yuuri se cristalizaron al momento y el abrazo que le dio a Iván, aunque repentino, fue bien recibido por él. Víctor envolvió al chico entre sus brazos y cerró los ojos. No importaba lo que pensara o quisiera él en ese momento, solo importaba lo que Yuuri hacía, lo que Yuuri deseaba, lo que Yuuri se estaba esforzando por lograr.

Chris vio la escena casi boquiabierto, notando en aquellos gestos de comprensión y cariño de “Iván” lo que hacía mucho no veía en Víctor de manera genuina.

Our time is running out
And our time is running out
You can’t push it underground
We can’t stop it screaming out
How did it come to this


NA: Sabía que me arriesgaba a algo así al planificar con tanta antelación las canciones que contendría el fic, pero en ese tiempo fue una forma de frenar todos los cambios que hacía a mis planes con este fic cada vez que me ponía a escribir una actualización… Y miren, no función, jaja…
Pero en fin, les comento que va a haber unos ligeros cambios con respecto a las canciones de los track:
Track 6: “Time Is Running Out” (anteriormente “In the Heat of the Moment”)
Track 7: “In the Heat of the Moment” (anteriormente “Butterflies and Hurricanes”)
Track 8: En este mantendré como posibles opciones «Butterflies and Hurricanes” y «Natural». Eligiré el definitivo cuando escriba el capítulo, ya que dependerá del tono que terminé siendo xD
Y bueno, el resto se mantiene igual 😀
Sin duda, ahora que he publicado el Track 6 y tengo una visión un poco más clara de los próximos, creo que las nuevas canciones seleccionados quedan mucho mejor. Espero que ya no haya más cambios, por favor, ya no ToT (?)

Anuncio publicitario

7 comentarios sobre “Track 6: Time Is Running Out

  1. Realmente desde los primeros casos ya vengó imaginando una versión interesante de Iván, espero pronto poder dibujarlo. No puedo sacarme la escena de la mente. El honor es todo mío ✨💕

    Le gusta a 1 persona

  2. Aaaaaaa…. Todo este cap pasó en mi mente como una película y ese abrazó al final fue hermoso!!!!!!! Tengo que dibujarlo!!!! 💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕.

    Le gusta a 1 persona

    1. Es curioso, porque al escribir este fic yo también me lo imagino un poco así… como una película ♥
      ¡Y ooooowwww! ¡Muchísimas gracias! ToT ♥♥♥. De verdad será un gran honor que hagas una ilustración para este fic ♥♥♥, de verdad me encantó mucho tu estilo ♥♥♥
      Solo un pequeño recordatorio: Víctor no luce como Víctor, jaja, aquí tiene el cabello oscuro en melena, ojos marrones y una pequeña barba (como de días) por eso de que no quieren que lo reconozcan xD

      Le gusta a 1 persona

      1. Llevaba tanto tiempo sin leer este fic y me alegro saber que tiene caps nuevos :’D ❤️ me encanta esta historia y muero por leer lo que vendrá.

        Me gusta

  3. Aaaaah me encantó ♥♥♥♥
    Me emocioné mucho cuando Viktor comenzó a tararear y a escribir TwT
    Y dios!!! Pobre Yuuri!!! Que situación más difícil u.u
    Y espero que solo le vaya bien ♥♥♥
    Esperaré ansiosa los siguientes capítulos ♥ gracias por escribir Jazz ♥♥♥
    Pd: me gustaron como quedaron los botones, ahora la sensación esta completa xP ♥

    Le gusta a 1 persona

    1. ¡Owwww! ¡Muchas gracias por este bonito comentario! Siempre me encanta leer sus impresiones ♥. Me alegra que te emocionara la parte de Víctor y la canción, era algo que quería escribir mucho, ya que es un enorme paso para él ♥
      Y sí, pobre Yuuri… Sin duda ha tenido demasiadas batallas contra sí mismo y sus deseos :c. Pero ya veremos pronto si todo valió la pena ♥
      En serio, muchísimas gracias!!! Espero pronto traer más :D♥
      Y sí!!! Los botones también me encantaron!! Por eso insisto ahora que este fic lo lean aquí, jaja, para que toda la experiencia quede mucho ♥

      Me gusta

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: