[Extra II] Obscuro y con aroma a lavanda


Recomiendo leer Pishtaco.

Extra de Pishtaco: Alicia en el reflejo

«Entre lazos nacientes y esencia de lavanda, el infierno deleita a sus comensales, sin falta».

Aturdido, cansado, hambriento y demasiado irritado: así se sentía Yuri en ese momento. Mientras aguardaba intentando ver por la ventana, se preguntó cuándo fue última vez que vio a Viktor. Sin darle más vueltas al asunto, decidió abrir él mismo la puerta; no iba a continuar esperando en esas condiciones.

Caminó unos pasos en la oscuridad, pensando que quizá la casa estaba vacía. ¿Cómo se llamaba ese sitio? ¿Floresta? Desde ahora nunca lo olvidaría, no luego de pasar más de seis horas perdido en esas tierras intentando dar con aquella casa. Cuando aceptó ir hasta ese recóndito lugar de la selva peruana, sabía que podía llover incluso en plena temporada de verano, pero no imaginó que podría quedar atrapado en semejante tormenta. Se equivocó al creer que no necesitaba un guía, pero por suerte estaba más que preparado para situaciones de supervivencia; sin embargo, eso no le quitaba lo desagradable. Y todo para encontrar a Viktor, el tipo más extraño que hubiera conocido en su vida.

Todo lo que se escuchaba era el fuerte viento que mecía los árboles y el agua que caía en el exterior. Avanzó un poco más y vio una luz tenue. Cuando se acercaba, alcanzó a oír a alguien hablar desde adentro:

—¿Chris? No pensé que estabas tan famélico como para llegar así de rápido… El barril está debajo…

Cuando Yuri se paró en la entrada del comedor, miró al rostro de Viktor, quien se mostró sorprendido y descolocado por su presencia. El hombre estaba sentado a la cabecera de la mesa, con la cena servida bajo la luz de las velas y la boca abierta; a medio camino de pararse para recibir a una persona que no era Yuri. El silencio que se produjo duró solo un par de segundos, ya que fue llenado por el ruido de un trueno, así como todo el espacio visible por la luz casi enceguecedora de un rayo.

Al ver el rostro de Viktor tan iluminado de pronto,  recordó una escena similar de una época en que Yuri era mucho más pequeño; una de cuando los padres de ambos solían salir de caza juntos y llevarlos con ellos; una para nada agradable.

El tipo que ahora estaba parado frente a él siempre fue igual de frío y distante, totalmente apático y desinteresado de todo a su alrededor; pero cuando estaban de cacería se transformaba, convirtiéndose en alguien lleno de, más que pasión, una gran satisfacción y entusiasmo por realizar aquella actividad de forma tan cruel. Parecía tener un talento especial para ello, como si hubiera nacido solo para ser un cazador. Yuri siempre admiró esa parte de él, tanto como le asustaba.

En efecto, Viktor siempre fue alguien extraño y temible, pero su expresión nunca se vio tan peligrosa como en el presente; como si Yuri fuera una verdadera amenaza, un enemigo. ¿Sería que no lo recordaba?

—¡Hey, no pongas esa cara! ¿Cómo es posible que no me recuerdes, maldito anciano? —Bajo la fría mirada de aquel hombre, Yuri se sintió todavía más nervioso e irritado—. Tus padres te mandan esto.

Tras decir esas palabras, con ganas de golpearlo, Yuri le lanzó a la cara el paquete que llevaba. Viktor lo atajó sin problemas, a la vez que su expresión se relajó un poco, a diferencia de la voz un tanto amenazante.

—Vienes en la madrugada, con este clima y sin avisarme… —regañó Viktor, observándolo de arriba abajo, para continuar en un tono aun más agresivo, con la vista clavada en sus pies—. Estás dejando todo mojado.

—¿Ah? Sí… Esperé mucho rato afuera, ¿sabes? —respondió Yuri, bastante molesto por la actitud desconsiderada de Viktor.

—¿Qué haces aquí, Yuri? ¿Por qué no avisaste que venías?

—¿Por qué? ¿Estoy interrumpiendo algo importante? —dijo, mirando el único puesto en la mesa—. Lo dudo.

—Interrumpes mi cena, eso es suficiente.

—Da igual. Solo te traía eso, de paso; pero me agarró la tormenta y no recordaba bien dónde quedaba tu casa…

—Si eso es todo…

—Me quedaré aquí un rato. No pretenderás echarme tan rápido con este clima. Estoy cansado y tengo hambre.

Viktor se sintió irritado, pero no sorprendido.

—¿Qué comes? —dijo Yuri y probó su comida. Viktor no alcanzó a evitarlo.

—¿Tu madre no te enseñó modales, niño? —Yuri lo miró con fatiga. Antes que respondiera, Viktor se adelantó:— ¿Qué esperas? Cómelo, ya lo manoseaste —dijo, alejándose de la mesa con el apetito arruinado.

—¿Eso era todo lo que tenía que hacer para tener comida gratis? ¡Que fácil! —canturreó.

Yuri se disponía a tomar el lugar de Viktor cuando se dio cuenta de que este se sentaba frente a un puesto vacío.

—¿Y tú? ¿No vas a comer?

—No, ya no tengo hambre. Adelante —dijo Viktor con simpleza y una leve sonrisa cordial que su ojos no acompañaban ni su corazón sentía.

—¡Já! ¿Crees que voy a cohibirme? Eres realmente desagradable, Viktor —dijo, sentándose sin vergüenza. Sentía tanta hambre que no le importaba ser observado ni incomodar a su anfitrión.

Yuri se quitó parte de la ropa mojada, colgándola en una silla desocupada a su otro lado, a la vez que se echaba grandes bocados de comida a la boca. Los segundos pasaron sin que dijeran una palabra. No era un silencio cómodo entre viejos amigos, Viktor lo observaba con un gran desprecio impreso en todo su cuerpo.

—Tus padres estaban preocupados por ti —Comenzó a decir Yuri con la boca llena—… ¿Qué es lo que te mandaron?

—Mastica antes de tragar, Yuri —gruñó Viktor, contemplándolo con desagrado al ver como ingería sin siquiera valorar el producto que tanto trabajo le había costado tener sobre la mesa—. Ellos no deberían preocuparse; estoy bien, como ves —enfatizó con un movimiento de manos—. Tal vez, sea el juego de cuchillos que me está haciendo falta. Los que tengo están muy viejos por el uso.

—Ah, ¿sí? ¿Entonces, esto lo cazaste tú? ¿Qué es, por cierto? —dijo Yuri, atorándose un poco con la comida—. No me mires así. ¡No me interesan los modales! ¿No ves que no he comido en todo el día? ¿Y por qué demonios vives en un lugar tan apartado?

Viktor decidió ignorar la primera pregunta, en lo que trataba de disfrazar su evidente disgusto.

—Baja la voz, Yuri. Estás en mi mesa, así que compórtate. El porqué vivo aquí es un tanto obvio: detesto tener que lidiar con mocosos como tú —Burlón, sonrió—. Además, es mejor vivir al aire libre, sin inmundicia, ¿no lo crees?

Yuri alzó una ceja. Antes que abriera la boca, Viktor respondió:

—Es hígado de cerdo; bastante tierno. ¿Lo sientes?

Viktor se mostró interesado al hacer la pregunta, con cierta expectativa por lo que pudiera decir el más joven.

Yuri se cuestionó si de verdad eso era cerdo, ya que, en primer lugar, no tenía ese olor característico que todo cerdo salvaje poseía sin importar su alimentación, y que a Yuri tanto le desagradaba. Se concentró en el abanico de sabores en la carne, pero aunque no le supo como aquello que Viktor afirmaba, no iba a permitir que se burlara de él si se equivocaba.

—Hmmm. Ahora que lo dices, sabe algo diferente. ¿Con qué lo aliñaste?

—Si masticaras podrías adivinarlo correctamente. Vamos, Yuri, sé que estar expuesto a la comida rápida no ha atrofiado del todo tu sentido del gusto.

Yuri frunció el ceño, molesto porque Viktor lo trataba como a un idiota.

—¡Hey! Yo no suelo comer comida rápida; también disfruto la cacería, como tú. De hecho, creo que si hiciéramos una competencia podría ganarte fácilmente—dijo Yuri, mirándolo con una sonrisa llena de seguridad, convencido de sus propias palabras, pero agregó:— Excepto si la competencia se trata de adivinar con qué aliñaste este cerdo para que sepa tan diferente.

Luego de decir eso, Yuri se tomó el tiempo de degustar el plato de forma apropiada, tratando de identificar de forma plena todos los sabores. Ante ello, Viktor empezó a relajar sus expresiones al leer el rostro del menor y la serie de pequeños gestos que hacía al tratar de adivinar el contenido. Le pareció irrisorio que considerara vencerlo, a la vez que se declaraba ignorante del tratamiento que le había dado a su joven presa. Pensar que sus nombres sonaban de la misma forma, siendo ellos tan distintos. Era una coincidencia interesante que se reunieran los tres de esa manera.

—No tengo duda que tus habilidades deben haber mejorado, Yuri. Tu padre era uno de los mejores; sin embargo, me temo que no tengo tiempo para jugar contigo. El tema aquí no es saber quién es mejor cazando, si no el desafío lanzado a tu paladar. Ser cazador no solo se trata de la caza en sí misma. Si no sabes valorar la presa, no estás listo para ser un verdadero cazador.

—¿Verdadero cazador? Eres bien creído, Viktor. Se nota que no sabes nada de mí. ¿Sabes por qué estoy aquí? —dijo Yuri, pero continuó de inmediato, sin esperar respuesta—. Vengo de recorrer el mundo, Viktor; de conocer culturas diferentes; probar toda clase de platos y aprender a prepararlos, cazando y descubriendo sabores. Mi sentido del gusto no tiene ningún problema, estoy seguro, así que deja de menospreciarme. Y ahora, dime, ¿qué le pusiste a esto? La verdad, está bastante bueno y muero de curiosidad.

Viktor no pudo evitar carcajearse para luego contemplarlo como quien mira a los pollos de granja. Yuri era uno de esos polluelos que habían escapado del granero, hambriento, curioso e ingenuo. En una realidad diferente, tal vez él podría haber desarrollado alguna clase de afecto por el menor, debido a la ternura que podría causar con toda esa impertinencia.

—Vino, sal gruesa, pimienta, ajo, aceite de olivo. El hígado, previamente, lo sumergí en leche para rebajar la potencia de su sabor.

Yuri lo miró serio, con desconfianza. Abrió la boca para decirle algo, pero se detuvo. Se veía que las cosas no le cuadraban a su paladar, pero Viktor jamás le diría que estaba comiendo la carne de una persona, aunque pudiera ser interesante apreciar su expresión de horror. ¿Le afectaría más si supiera del alcance de nombres?

Viktor apoyó los codos sobre la mesa, señalando una mancha sobre la camisa del menor.

—Aún necesitas babero… —El ruido de la puerta abriéndose puso en alerta a Viktor, quien, adelantándose, gritó para hacerse notar a pesar de la tormenta que ya comenzaba a menguar—. ¡Pasa a la mesa, Chris! ¡Yuri llegó con la encomienda que te comentaba!

Aquello le pareció sospechoso a Yuri. Chris entró con ceja alzada, mirando por debajo de su hombro al menor para luego sonreír a Viktor, poniéndose de acuerdo en una muda conversación. El nuevo visitante tomó asiento junto al menor.

—Hígado de cerdo, qué delicia —dijo el hombre.

—¿Y este quién es? —preguntó Yuri.

—¿Estás seguro de querer saberlo? —Chris abrazó al menor por encima, rodeándolo a la par que curvaba sus labios, pronunciando las comisuras alzadas de su boca.

Cuando el tipo lo agarró, Yuri lo empujó con desagrado.

—¡¿Qué te crees?! ¡¡No vuelvas a tocarme!!

—Es un viejo amigo —dijo Viktor.

—¿Solo eso? —se quejó Chris mirando a Viktor—. Eres tan frío conmigo, a pesar de que he recorrido kilómetros para venir a verte tan lejos…

—Por favor, Chris, deja tus mariconadas —Viktor rodó los ojos y levantó el mantel para golpear con su pie el barril que había permanecido oculto por debajo de la mesa, ahora expuesto—. Llévatelo.

Chris sabía que ahí, de seguro, debían estar los huesos de la víctima, junto al paquete con la grasa que necesitaba retirar para su negocio. No tardó en entender que Viktor no podía extraerlo frente al chico, pero era imposible para él llevárselo.

—¿Solo? No seas payaso. Necesito ayuda —reclamó, cruzándose de brazos con molestia. Miró a Viktor esperando una solución por parte de quien había creído un profesional. No entendía cómo era posible que estuvieran en ese problema.

—Yuri, ve a ayudar a Chris.

Chris lo miró incrédulo. Yuri también.

—¡A mí no me das órdenes!—gruñó—. ¡No me metas en tus asuntos, no es mi problema que estés demasiado viejo como para levantar un barril! Además, estoy comiendo.

Viktor lo observó de mal modo, arrastró la silla consigo al levantarse y fue hacia el congelador, cerciorándose que este tuviese puesto el candado. De reojo, dio con la maleta que dormía en la esquina de la habitación, en la cual tenía las pertenencias de su víctima y el instrumental usado para su deceso. Contrariado, observó al menor y volvió la vista, una vez más, hacia la maleta y luego hacia Chris, quien lo miraba con preocupación.

Maldijo por debajo, resignándose a la situación y, de inmediato, hizo una seña a su socio señalando el barril para alzarlo juntos.

Tras sacarlo al exterior, lo bajaron y Viktor dio una última mirada al joven que seguía comiendo con calma, antes de echar llave a la casa dejándolo encerrado. Pasara lo que pasara, no correría el riesgo de convertirse en la presa de nadie. No le interesaba matar al hijo del amigo de su padre, pero si las cosas salían mal para cuando volviera, el cazado no sería otro que ese chiquillo importuno.

Al sentir la llave, en lugar de preocuparse, Yuri solo pensó en que Viktor tardaría en volver. Le pareció una buena oportunidad para averiguar si este le estaba mintiendo sobre el supuesto cerdo o, quizá, decía la verdad y conseguiría un nuevo truco culinario.

Abandonó el puesto en la mesa y se acercó a la maleta, cuya ubicación había sido revelada por el mismo Viktor tras mirarla de forma no mal disimulada, pero sí evidente para Yuri; era inevitable que partiera intruseando por ahí. Intentó abrirla, pero tenía un candado al igual que el refrigerador. ¿Qué tan desconfiado podía ser ese sujeto?

Yuri buscó entre los cajones y estantes algo con qué abrir los seguros de aquello que Viktor se esmeraba en resguardar. En cuanto viera el contenido de ambas cosas lo cerraría para que Viktor no se diera cuenta, para enfrentarlo tras descubrir su secreto.

Cuando Chris se marchó con la grasa, exigiendo a Viktor que no arruinara lo que habían logrado con tanto trabajo, este último cubrió el barril en el escondite improvisado y corrió hacia su casa con la esperanza de que Yuri aún no descubriera nada. Abrió con suavidad y se deslizó con todo el sigilo que consiguió de su amplia experiencia en caza animal y humana. La lluvia era muy suave ya como para proporcionarle un buen ruido de fondo, además que Yuri también era un cazador experimentado, con los sentidos agudizados, así que debía medir todos sus pasos. Sin embargo, tenía la ventaja de conocer bien el lugar; tenía las de ganar.

Al mirar alrededor, notó que Yuri no estaba comiendo, sino que estaba parado en la cocina en actitud sospechosa. Se acercó a Yuri con gran habilidad y, aunque estaba seguro de conocer cada grieta y tabla suelta, el más joven fue capaz de percibir una ligera vibración, provocando que se girara sobre sus pies alertado, quedando ambos de frente a unos pocos metros de distancia. Los dos sintieron un escalofrío recorrer sus médulas al saberse descubiertos in fraganti por el otro; Viktor queriendo acercarse a hurtadillas, y Yuri con un pote de esencia de lavanda abierto en una mano y su teléfono móvil en la otra. El aroma llenó el ambiente con rapidez, creando un contraste entre el efecto relajante del aroma y la tensión de la situación tan riesgosa.

Antes de realizar cualquier movimiento, Viktor intentó recordar si el pote estaba en la maleta o no, para saber si Yuri había visto las evidencias.

Yuri frunció el ceño y dijo con cierta timidez y nerviosismo que lo hicieron tartamudear:

—¿Q-Qué tenía el barril, V-Viktor?

El mayor no respondió. Solo le observó con la mirada más afilada que le había dedicado en la vida, provocándole una gran sensación de peligro, pero, haciendo gala de su autocontrol, Yuri logró aclarar su garganta y continuó:

—¿Qué clase de negocio tienes con ese supuesto amigo tuyo?

—Dime, Yuri… ¿de dónde sacaste ese pote?

Ambos se miraron en completo silencio, sin pestañar siquiera. La tensión era tal, que el aire podría haberse cortado con uno de los supuestos cuchillos que quizá había dentro del paquete que los había llevado a reunirse ese día. Viktor se sintió tentado a mirarlos de reojo, pero logró controlar el impulso. El primero que cometiera un error sería la presa del otro.

Yuri se quedó quieto, esperando alguna señal de movimiento o intención de tal por parte de su anfitrión, mientras la lluvia se hacía cada vez más suave, a la vez que sus respiraciones se hacían más y más pesadas.

Para sorpresa de ambos, el teléfono de Yuri sonó, sobresaltándolos, y en un gesto involuntario contestó la llamada en altavoz.

—¡Yuri…! —La voz de la mujer sonó cual estruendo, retumbando en las paredes como los truenos que habían abandonado los cielos.

—Hermana.

—¡Yuri! ¡Al fin!

—¡¿Qué quieres, Mila?! ¡Estoy ocupado en casa de Viktor, acaba de pillarme revisando sus cosas! ¡Va a matarme por descubrir su secreto, lo veo en sus ojos! —La cara del susodicho se desfiguró mientras la de Yuri expresaba cierta diversión.

—¿Es broma? —preguntó Mila, incrédula.

—Corta —exigió Viktor, acercándose amenazante.

—¡¿De qué hablas, Yuri?! —La voz de Mila sonaba irritada—. No tengo tiempo para juegos, llevo días intentando ubicarte… ¡Necesito que vuelvas!

—¡Corta! —reiteró Viktor con voz casi gutural y se precipitó hacia Yuri, pero este logró esquivarlo y corrió a toda velocidad tras la mesa, usándola como barrera entre ambos.

—¡Mila! ¡Viktor quiere matarme!

—¡¡Cállate!! —gritó Viktor, furioso.

—¿Qué pasa con Viktor?

—Mila. Él conoce una forma de quitarle el aroma a androstenona al cerdo sin tener que castrarlo. ¡Y no quería decirme! Así que tuve que realizar trabajo de inteligencia y averiguarlo, pero me descubrió.

—¡¿Qué?! —exclaron Mila y Viktor al unísono.

—¿Entiendes, Mila? ¡Ya no tendré que privarme del cerdo silvestre!

—¡Hay, chicos…! ¡¡Me asustaron!! —reclamó Mila.

—¿Por qué?

—¡Estaban gritando, idiota! ¡Dijiste que Viktor quería matarte! ¡Ya verás quien te mata en venganza por este susto!

Yuri comenzó a reír y burlarse de su hermana por imaginar cosas raras. Mila también rio con ganas, mientras Viktor se mantuvo estupefacto por el desarrollo inesperado de los hechos.

—¿Y qué era? —preguntó Mila al fin, trayendo de vuelta a Viktor de su estupor.

—Lavanda. El torpe dejó el frasco junto a la olla.

Sintiendo un gran alivio, a Viktor se le escapó una carcajada por la estupidez tan conveniente y, al mismo tiempo, tan poco acertada. Cuando Yuri se diera cuenta de que el supuesto método no servía, pagaría su impertinencia arruinando su anhelada experiencia alimenticia como el idiota que era.

Más relajados, ambos se dieron cuenta de que la tormenta ya se había ido por completo y estaba amaneciendo.

—¡Yuri! Te decía que necesito que vuelvas, tu gato está arruinando todos mis muebles. Si no vuelves, lo voy a regalar.

—¿A tus muebles?

—A tu gato.

—¿Qué? ¡No te atrevas!

—Ya estás advertido.

—¡Maldita vieja bruja! ¡Qué te cuesta cuidar a un gato…! —Los ojos de Yuri se cruzaron con los de Viktor, quien lo miraba con calma—. Espera un momento, Mila. Viktor, me voy. Gracias por todo.

Viktor afirmó con la cabeza mientras, con la mano, le hacía un gesto pidiéndole que ya se fuera. Desde que llegó no hallaba la hora de librarse de su presencia.

Yuri tomó sus cosas mientras discutía con su hermana. Viktor abrió la puerta y Yuri le extendió la esencia, pero Viktor le hizo otro gesto para que ya se fuera. Yuri guardó el frasco entre sus cosas, cruzó la salida y la puerta fue cerrada tras de sí.

Viktor caminó hacia la cocina y apoyó la mano sobre el refrigerador.

—Yuuri, al fin estamos solos. Perdón por este inconveniente. Tengo muchos planes para degustarte, tal como querías, y al mismo tiempo viajarás por todo el mundo. ¿No es maravilloso?

Mientras Yuri se alejaba, miró hacia atrás con una sensación extraña que decidió ignorar. Terminó la llamada con su hermana, se acomodó los audífonos y se alejó de aquel lugar para encontrarse con sus seres queridos, escuchando una canción que hablaba de algún infierno.

Canción que escuchaba Yuri

Alison Hell (letra)

Alice isn’t frightening
Alice aren’t you scared
Alice isn’t is wonderful
Living life afraid

Don’t look around the corner
I might be lurking there
Under the bed at night
You’re up till dawn again

Alison hell, your mind begins to fold
Alison hell, aren’t you growing cold
Alison hell, you are looking blue
Alice in hell, what else can you do

Alice

I begin my rule, life hideous in your mind
Crying out, you’ve lost your doll
It isn’t worth a dime

Alison hell, your mind begins to fold
Alison hell, aren’t you growing cold
Alison hell, what are you looking for
Alice in hell, soon I close the door

Sitting in the corner, you are naked and alone
No one listened to your fears, you’ve created me
Alice isn’t frightening
Alice aren’t you scared

I was killed at birth
I shoot this final scene
You’re in the basement
You’re trapped insanity

Alison hell, what were you looking for
Alison hell, as I close the door
Alison hell, here you shall dwell
Alison hell, Alice dwells in hell

Alice
Alice
Alison
Alice
In Hell
Goodbye

Notas de autor:

Fue muy divertido escribir este extra tratando de tomar parte del estilo de Anto, pero a la vez difícil, ya que ella no pudo estar muy presente debido a problemas que se le presentaron.
Espero que notaran que los extras están entrelazados.

Comentario de la autora de Pishtaco: 

Esta historia corta fue motivo de un reto de Halloween (el cual fue dispuesto por mi compañera de alianza), este consistía en contar una leyenda de mi país. Entre tantas que hay, escogí Pishtaco ya que desde niña me vi fascinada por el encanto y horror de este personaje misterioso y letal.

Ambas esperamos que hayan disfrutado la lectura, así como el audio de fondo y la canción final.

Gracias por leer.

Publicado por Ceres Dupel

Soy un ser mutable, dual y no pertenezco a este mundo; siempre sueño con otros. He vivido de todo; he vivido demasiado. Creo que ello me ha vuelto un ser comprensivo y tolerante, mas no crédulo. Odio las mentiras tanto como los spoilers. Me gusta cantar, crear historias, estudiar de todo y hacer cosplay. Apoyo a la comunidad LGBTQ+ y me encantan los chinos ancestrales. Para mí todo es arte.

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