Tabú 5


Tal vez resultaría pretencioso tratar de definir la belleza, ponerle un concepto e intentar encuadrarla bajo ciertos límites.

Lo bello escapa al ser humano, es una percepción muy sutil e inmaterial. Ser bello depende de varios factores: genéticos, sociales, educativos. Los estándares de ahora ya no son los mismos de hace diez años. La belleza es un aspecto muy relativo y subjetivo.

En mi paso por este mundo tan cambiante, superfluo, difuso y discriminador de la moda, donde algunos creadores exigen ciertos prototipos y otros prefieren prescindir de ellos, la mejor lección que pude sacar hasta ahora es que la belleza de cualquier persona debe ser armónica, creo que un hombre o una mujer deben poseer un cuerpo sano y el alma llena de atributos elevados que se reflejen en una mirada limpia.

Durante mis años de modelo me tocó conocer personas de cualidades físicas muy particulares, se podía decir que eran muy bellos porque llegaban a ser el objeto de deseo de mucha gente; pero por dentro eran seres vacíos y hasta podridos. Solo servían para exhibir un traje como simples perchas caminantes por las pasarelas y escenarios. Otros eran ángeles, caídos sí, pero ángeles que no dudaban en darte una mano cuando te encontrabas varado a un lado del camino.

Pero cuando conocí a Yuri mi mente no dudó en calificarlo de inmediato como un chico poseedor de una belleza andrógina, perfecto para posar delante del lente de los fotógrafos más jóvenes que buscaban estándares difusos en las facciones de un hombre. Pero fue mi alma la que quedó conmovida por la mirada de mi hermano, la mezcla de sensaciones y emociones que sus ojos transmitían lo convertían en una verdadera criatura bella y hasta enigmática.

Con Yuri uno no puede darlo todo por sentado, nunca se sabe cuándo está soñando y cuando está proyectando. En un instante puede pasar de la calma absoluta a la ebullición completa de su ser, a veces es como un delicado lirio que se estremece con el viento y de pronto se convierte en el propio viento y luego en un huracán que arrasa con todo.

Sus rasgos femeninos te hacen pensar que es un chico delicado, pero sus rudas y espontáneas actitudes y sus palabras vulgares te muestran que estás frente a un pandillero amargado a punto de meterte un tiro en la cabeza. Puedes hablar con él durante horas y estarás frente a un joven de pensamiento lógico, puedes pasar junto a él toda una tarde y observar que aún es un chico que solo quiere divertirse con los últimos juegos en red.

Durante el primer mes de convivencia con Yuri me limité a observar sus actitudes y reacciones, intenté escuchar más en lugar de hablar y me dediqué a contemplarlo tratando de entender su maravilloso y complicado mundo interno.

Ahora puedo decir que él es como su gato, desconfiado, seguro de sí mismo, muy bello, analítico y displicente. Te atrae con la gracia de sus delicados movimientos, con la armonía de su rostro, con su mirada fiera de guerrero y su férrea determinación al momento de querer alcanzar sus objetivos.

Un gato hermoso que no dudaba en darte un buen zarpazo si tontamente intentabas atraparlo y forzar su voluntad. Un gato que durante esas vacaciones de verano de la escuela casi no hacía nada más que ver televisión, jugar en su computadora y salir con su patineta a conocer los alrededores del distrito donde vivíamos.

Consciente de la actitud de Yuri, huraño y distante, insistí que ese último fin de semana del mes de junio nos acompañase a Anya y a mí a Londres para una sesión de fotos urgente que debía atender. Me habían llamado después de tanto esperar por un contrato y mi madre fue clara al advertirme que si no me presentaba a tiempo sería más difícil entrar en las siguientes campañas.

La vida de un modelo masculino no es tan glamorosa como todos creen. Vivimos al límite, ganamos mucho menos que las chicas y competimos como leones hambrientos por la siguiente portada, la nueva campaña o la nueva temporada de desfiles.

Y por si fuera poco cuando los amos y señores del mundo de la moda deciden que los estándares de belleza masculina deben cambiar porque las mujeres exigen otro tipo de hombres o porque quieren vender un nuevo concepto o producto, tienes que renovarte por completo y si no lo haces quedas fuera del juego.

La carrera de un modelo es corta, no tanto como la carrera de las modelos femeninas; pero sí tiene fecha de caducidad. Por eso debía ser puntual en mis citas de trabajo; no podía descuidar mi agenda de trabajo y echar al tacho el esfuerzo y tiempo empleados para construir la reputación que tenía.

Sin embargo, yo no quería dejar a mi novia sola y mucho menos a mi hermanito. Así que pedí el cambio de mi boleto en primera clase por el pack completo en clase turista en el vuelo a Gran Bretaña y no fue tan incómodo como pensaba.

Debía grabar durante dos días seguidos un spot publicitario para la nueva fragancia de la casa D’Alessio y hacer las fotos respectivas en lugares emblemáticos de Londres. Un Londres que nos recibió caluroso lleno de flores en la Baker Street debido a un atentado que dejó a varias familias enlutadas un mes atrás. Pero como la vida no podía detenerse y los negocios tampoco la gente pasaba como si nada hubiera ocurrido en el lugar.

Tras acomodarnos en el hotel y dejar nuestras maletas abiertas sobre las camas, nos dirigimos de inmediato hacia la primera parada donde comenzaríamos a rodar la filmación. Un auto que contrataron para que me lleve a las locaciones de trabajo nos esperaba en la puerta y como siempre fui generoso en dejar una buena propina al botones que nos abrió la puerta con su amigable sonrisa a la que respondí con otra similar, Anya movió la cabeza con cortesía y Yuri lo fulminó con una mirada iracunda.

Al llegar a Oxford Street saludé con particular familiaridad a la mitad del equipo de trabajo, los demás chicos y chicas me fueron presentados en medio de la filmación que en un recorrido continuo y en tiempo record abarcó esa concurrida vía comercial, para luego trasladarnos a la Downing Street, a Picadilli Circus, Trafalgar Square y finalizar en la mítica Abby Road.

Fue una cosa de locos porque lo que debíamos hacer en dos días lo hicimos en uno solo y eso gracias a que los productores quisieron aprovechar las buenas condiciones del clima londinense que ese fin de semana mostraba los primeros vientos cálidos del verano y sin nubes de lluvia estacional, por lo que decidieron hacer la maratón.

Fueron cambios continuos de ropa en los carros que nos servían como vestidores, correr de un lugar a otro. Un ritmo de trabajo que solo los que somos modelos profesionales podemos soportar, así que le pedí a mi novia que fueran de paseo con Yuri por la ciudad. Ella conocía Londres y con mucho entusiasmo se propuso alegrar al molesto muchachito que miraba a todos con el rostro largo y los auriculares a todo volumen.

Por la noche llegué al hotel con escasa energía, estaba cansado y aburrido; no era nada divertido posar frente a las cámaras fingiendo que amas y deseas a una modelo que recién conoces y que no habla ni un poquito de inglés o francés, mucho menos ruso. Pero esa es la forma como hasta hoy realizo mi trabajo la mayor parte del tiempo, me meto en el personaje que interpreto para que las tomas muestren no solo una colección de ropa, un nuevo estilo de gafas, joyas exclusivas o las instalaciones de un nuevo hotel, sino la historia tras las creaciones.

Yuri y Anya habían aprovechado el día para visitar los principales atractivos de la ciudad, pasaron por el Big Ben, la Torre de Londres, el palacio de Buckingham, la Abadía de Westminster, almorzaron en el Golden Chippy, fueron de compras y conociendo los gustos refinados de Anya recorrieron la Oxford Street y la Regent Street. Su día culminó con una visita al gigante London Eye desde donde contemplaron el atardecer y el encendido de las luces de la ciudad.

Como evidencia de su día quedaron las fotografías que se tomaron juntos y por separado en cada lugar que visitaron. Me producía mucha felicidad verlos posar ya sea muy serios junto a un soldado del palacio o comiendo un helado en Picadilli Circus.

Una de esas fotografías se convirtió en mi favorita durante los siguientes cuatro meses y me acompañó en la oficina. Yuri sonreía y podía ver cómo mordía la punta de su lengua y mi amada lo abrazaba por detrás acomodando su bello rostro sobre el hombro de mi hermanito. Él aún era algo pequeño y bueno Anya es casi tan alta como yo.

Verlos tan felices era como un sueño hecho realidad porque durante el tiempo que esperé por Yuri imaginaba la forma cómo se llevaría con mi novia. Pensé que no llegarían a armonizar, ella es poseedora de un carácter fuerte y Yakov me informó que él era un chico rudo.

Al ver sus sonrisas unidas en la imagen me sentí feliz de haberme equivocado. Anya le enseñaba muchas cosas de su trabajo y Yuri se quedaba en silencio escuchando la forma en la que defendía el respeto por la naturaleza, los animales y la vida de las comunidades nativas del planeta que ella calificaba como su primer gran amor.

Yuri le enseñaba sus juegos virtuales y juntos adoraban ver películas de terror y gore. Por eso en menos de dos semanas no me era extrañó verlos en el sofá compartiendo un enorme boul de palomitas de maíz mientras observaban obsesionados las muertes más groseras y sangrientas.

Ambos me esperaron en el hotel para cenar, ver una película y descansar. Sabían bien que yo no tenía ánimos para otra cosa. Así que pasamos un par de horas tranquilas y entretenidas. Luego Yuri se retiró a su habitación que se ubicaba dentro de la suite que contrataron para mi estadía. Nos hizo reír porque arrastró sus pies con tanta modorra que parecía un gato acechando a un ratón.

Esa noche Anya y yo hicimos el amor sin mucha euforia, ella quería cobijo y ternura; yo solo quería un orgasmo relajante para poder dormir bien. Nos besamos con mucha pasión y ella ya con el vientre candente como una estufa se posó sobre mí y se movió como experta jineta. Aunque debo confesar que hicimos el menor ruido posible para no incomodar a Yuri que dormía en el cuarto del costado.

Nunca había reprimido tanto mis jadeos y Anya no había tenido que morder la almohada para evitar que sus agudos quejidos despierten al otro Nikiforov. Con alegría compartimos al mismo tiempo el instante de éxtasis y abrazados nos quedamos dormidos hasta el siguiente día.

El sábado inició desde muy temprano. El día sería más relajado y algo tedioso, solo teníamos que hacer fotografías en dos lugares emblemáticos de la capital británica, los jardines de Kensington y el Hyde Park.

Ese día me encontré con una conocida fotógrafa, ella es muy joven, pero ha sabido ganarse su lugar a pulso y con gran profesionalismo. Además, su visión tan particular y revolucionaria sobre las luces y sombras acompañada de conceptos más naturalistas de los encuadres y las posturas la han convertido en una de las fotógrafas más solicitadas de los medios en estos últimos años.

Sara Crispino, una muchacha italiana de carácter firme y bastante alegre. Me pregunto hasta ahora por qué eligió estar tras las cámaras y no delante de ellas, su belleza romana resalta mucho entre tantas modelos caucásicas sin gracia y sin curvas.

En cuanto llegamos a la sesión fue evidente que las miradas de todos los presentes, estoy hablando de los representantes, las modelos, los fotógrafos y camarógrafos, el productor, el representante de la empresa y dos cazatalentos se posaron sobre Yuri. Él, ajeno a la notoria fijación de todos los que conformaban el equipo de producción, se sentó en una banca cercana y no dejó de teclear en su celular.

Anya tampoco llamó la atención del equipo que cansados de insistirle en modelar y recibir sus continuas negativas siguieron con sus actividades. Anya era reconocida en los medios por su trabajo como productora de documentales, los que la conocían la saludaron y la dejaron sola al frente de su computadora personal en la que estaba buscando información para su nuevo proyecto.

Desde ese instante no era solo yo quien había quedado cautivado por la belleza de Yuri y en cuanto nos tomamos unos minutos de break todos comenzaron a preguntar por mi adolescente acompañante que desde hacía varios minutos había dejado de tener la mirada concentrada en la pantalla de su móvil.

Así que ufano y orgulloso por la presencia arrebatadora de mi hermano me dirigí a la banca donde estaba sentado contemplando el estanque de los cisnes y le pedí que me acompañara para presentarlo con el equipo de producción del comercial.

Yuri rodó los ojos y taimado me siguió sin decir una sola palabra. Cuando llegamos junto a todos los miembros del staff procedí a decirle sus nombres y cargos y luego anuncié a todos quien era ese hermoso adolescente de mirada dura y analítica.

—Les presento a Yuri Nikiforov, mi hermano, mi único hermano. Lo acabo de conocer hace poco más de tres semanas y he decidido cuidarlo y guiarlo hasta su mayoría de edad —lo dije convencido de mis propias palabras e intenciones.

Cada noche durante esos últimos veintitantos días, cuando observaba a Yuri dormir plácido junto a su gato me convencía que era mi deber de hermano cuidarlo, asistirlo y ayudarlo en todo para que llegue a alcanzar sus sueños tal como lo había hecho yo.

“Hola Yuri”, “Bienvenido”, “¿Eres también modelo?”, “¿Hablas inglés?”, “¿Cuántos años tienes?”, “¡Aún eres colegial!”, “¿Te gustaría ser modelo como Víctor?”, “¿Qué haces para mantenerte tan delgado?”, “¿Te gustaría ir a una fiesta hoy?”.

Todos se arremolinaron en torno a Yuri y él se sintió sofocado entre tanta gente extraña, solo les dijo “Hola” y me quedó mirando todo el tiempo. Pensé que era porque no dominaba el inglés, pero estaba equivocado, Yuri lo hablaba muy bien y como confesó más tarde lo que provocó su malestar fueron todas esas preguntas que para él carecían de sentido.

—Hola Yuri, ¿te puedo tomar unas fotos por favor?, me pareces un chico muy hermoso. —“Beautiful” fue la palabra usada por Sara y no “attractive” como habría correspondido, por lo que Yuri frunció el ceño en forma desmedida y la miró algo molesto—. Ah, no lo tomes a mal, te estoy halagando, porque un jovencito como tú con esa postura, esa mirada tan profunda y un rostro tan bien proporcionado solo puede parecerme una persona que tiene una belleza muy especial y supongo que me darás la razón cada vez que te miras en el espejo. Eres hermoso Yuri Nikiforov.

—Nunca me habían dicho hermoso, es un poco extraño y yo no me veo hermoso, yo me siento igual que cualquier chico de mi edad y… —Yuri estaba muy abochornado en ese momento—, no puedo evitar sentirme estúpido si me dices que soy bello. Prefiero que me digas listo y no lindo porque no soy una rubia tonta.

—Está bien, si tanto te molesta, te diré apuesto, aunque esa palabra no describe por completo tu figura. —Sara sonrió, era obvio que mi hermano estaba molesto y se sentía intimidado por la fotógrafa, pero ella hasta ahora es una mujer directa y nunca va con rodeos—. Ahora te vuelvo a preguntar ¿me permites tomarte unas cuantas fotos?, me gusta mucho la forma cómo te has vestido hoy.

Yuri tenía su propio concepto de la moda, además de gustar mucho del animal print, cedía ante los colores oscuros y las tenidas sensuales que revelaban bastante piel. Esa mañana de verano en Londres mi hermano vestía unos jeans azules muy apretados, una remera verde olivo llena de tachones, bastante ajustada a su cuerpo y de cuello desbocado que dejaba a la vista sus hombros, botines altos de cuero y un quepí militar.

Fue increíble para mí ver que Yuri accedió al requerimiento de Sara, pero fue enfático en decirle que si quería tomarle unas cuantas fotos sería a su manera. Ella aceptó el trato y de inmediato Yuri sacó de la gran mochila que cargaba a todas partes, su patineta. Era una patineta especial, bastante gastada, llena de pegatinas y con la punta de acero. Yuri no la dejaba, había sido un regalo especial de su abuelo, un tesoro que Yuri cargaba consigo casi todo el tiempo.

Mi hermano comenzó a deslizarse por las veredas del parque muy cerca de Sara que no dudó en hacer cientos de disparos mientras seguía con su cámara profesional los movimientos del adolescente que cambió de expresión en cuanto sintió la libertad de moverse sobre el piso de cemento.

Las pocas veces que Yuri miró a la cámara sus ojos marcaron el sello perfecto del chico rebelde y conflictivo, que a pesar de su actitud peliaguda no dejaba de ser bello, lindo. En definitiva, un muchacho hermoso porque Yuri aún no tenía ni el porte ni la postura de un hombre apuesto.

Creo que Sara y su cámara se enamoraron de Yuri, porque la morena no dejó de disparar durante los veinticinco minutos que duró el break y que Yuri se entretuvo virando y haciendo piruetas simples y complejas con su juguete.

—Deberías ser modelo y trabajar para una casa en particular o para una agencia. —Bruce uno de los cazatalentos del grupo no dudó en acercarse a Yuri y Sara que seguían con su juego de seducción modelo-fotógrafo.

—Prefiero estar al frente de una gran casa de modas y contratar a los modelos que muestren mis creaciones. El modelo tiene una vida muy corta en cambio el diseñador se convierte en un ser eterno. —Fue la primera vez que Yuri mostró su interés por convertirse en el seguidor de nuestro padre.

La convicción con la que reveló sus sueños fue tan contundente que ese momento tuve la impresión de estar hablando con el mismo Miroslav Nikiforov, por supuesto que sin la tesitura amable de mi padre; pero sí con la determinación tan propia de él.

Justo en el instante que Yuri reveló sus sueños sobre el futuro, el director de producción nos llamó para que volviéramos al trabajo, todavía quedaban un par de horas de buena luz y muchas tomas que realizar. Le pedí a Anya que llevase a Yuri a alguna cafetería para refrescarse y volví hacia el área de tomas.

Sé que me concentré durante el tiempo de trabajo, pero en mi mente no dejaban de repetirse las palabras de Yuri, ¿sería que estaba interesado en dirigir Nefrit?, ¿tendría el deseo de seguir los pasos de mi padre?

Supe que debía hablar con él en un momento de calma y a solas. Lo que no sabía es qué haría si Yuri decía que sí le interesaba estar al frente de la compañía. Si decía que sí, todos mis planes respecto a la empresa cambiarían de forma radical.

Cuando la maratónica jornada terminó y nos disponíamos a ir todos a un restaurante a almorzar aproveché el momento para acercarme a Yuri, me senté junto a él y comencé a jugar con la rueda de la patineta.

—¿Estás molesto? —Notaba un gesto de amargura en su rostro.

—Aburrido. —Qué otra cosa podía esperar de un adolescente al que arrastré a una jornada de trabajo bastante dura—. Pero me gustó verte trabajar, solo que esos trajes ya no van contigo, tú necesitas renovar tu estilo, no sé, verte más adulto tal vez.

Para ese momento yo seguía aferrándome a mi larga melena, las tenidas casuales, mi trabajo duro en el gimnasio para reafirmar mi musculatura y mi intensión de seguir proyectando esa imagen juvenil, un eterno estudiante de primer año de universidad. Me había quedado en esa época y ese tiempo ya había pasado hacía siete años.

Y nunca nadie se había atrevido a decirme la verdad hasta esa tarde en la que mi hermano me habló con la rotunda sinceridad de su corazón adolescente. Un gesto que agradecí a pesar de la comezón que sus palabras le provocaron a mi ego; debía crecer por dentro y por fuera, pero ese momento no sabía cómo lo iba a convertirme en ese hombre adulto que Yuri imaginó.

—¿Te parezco viejo? —Me atreví a preguntar y esperaba que me dijera que no, que estaba muy bien y que para mi edad me veía muy joven.

—Solo un poco. —Pero la sinceridad de Yuri fue contundente, el tranquilo tono de su voz me llamó la atención y di la vuelta para ver a mi hermano. El me brindó una mirada picara y atrevida, sonrió y de inmediato cambió su expresión cuando vio mi gesto apenado.

Entonces me regaló una sonrisa apacible y dulce acompañada de una mirada tierna. Frente a mis ojos se reveló un Yuri que hasta ese momento no había conocido, el niño latente que permanecía oculto tras su firme voz y su mirada afilada se hizo presente, alegre como una cascada cristalina.

Yuri aún conservaba esa inocencia infantil a pesar de su actitud dura, una blancura y pureza capaz de atrapar a cualquiera, el candor de un pequeño niño que te llena de ternura y te atrae hacia su luz.

Y mi alma oscurecida encontró en su mirada una nueva forma de iluminar su mundo solitario y vacío; se aferró a la imagen de esos ojos tiernos y se enamoró de ellos porque eran la promesa de un mundo nuevo, porque me ofrecían nuevas emociones, nuevas fuerzas, nuevos aires y nueva vida. Mi mirada se envolvió en la de Yuri y se vistió con su fulgor y transparencia.

En un mundo de apariencias y de cánones absurdos en los que se califica a las personas por los gramos de más o de menos que llevan en el cuerpo. En un mundo lleno de hipocresía y valores superfluos. En un mundo frío y material donde solo vale la forma y no el fondo, la mirada de mi hermano le devolvió brillo y calidez a mi cansada existencia.

Sus respuestas sinceras y crudas eran a veces dolorosas, pero se convertían en las tablas de salvación para que no me siga hundiendo en mi propio invento y para que siga nadando hasta llegar a la tierra firme de mi adultez.

Mi alma supo desde el primer momento que no era un capricho, tampoco se trataba de una pulsión enferma, ni de un desorden mental. Lo que me atrajo de Yuri fue su pureza, su verdad y su sencillez. Algo que a lo largo de mi vida nunca había podido encontrar, ni siquiera en la mirada de mi propia madre a la que tanto me amo.

Yuri me revelaba y me ofrecía al mismo tiempo una nueva forma de ver y afrontar lo cotidiano y yo hice mío ese sentir, solo que en medio de esa transferencia de energía renovada mi mente y mi cuerpo también comenzaron a jugar su propio juego.

Yuri, mi hermoso hermano menor, se convirtió desde ese momento en la luz de mis días, en el faro que iluminaba mi oscuro océano. Si tan solo hubiera podido conservar el sentimiento puro, la historia que ahora te cuento sería otra. Pero comencé a tejer la trama de mis días junto a Yuri con los morbosos hilos de mis deseos de hombre, hasta que un día me di cuenta que no podía separar los sentimientos de hermano de las ansias viriles que gobernaban mis pensamientos y mi piel cada vez que Yuri estaba cerca.

Mi amor se revelaba vil y profano, pero después de todo, era amor.


Esa noche tenía más energía que el día anterior. Anya y yo decidimos despedir la visita a Londres contemplando la ciudad desde la bañera de la habitación, tomando algo de vodka y acariciando nuestros territorios tantas veces conquistados por nuestras manos y nuestros labios.

Dentro de ella me sentí poderoso, eso era ser un verdadero hijo de Adán, complacer a Eva y complacerse a sí mismo sabiendo que el néctar de su cuerpo era mil veces más dulce que la manzana del árbol.

Llena de espuma su piel resbalaba sobre la mía y mis ojos adoraban cada movimiento de su cintura, el exquisito vaivén de sus caderas y la forma deliciosa cómo sus duros senos se movían para mí. Sí, esos movimientos que ella inventaba eran para mí, para que vuelva a ser su macho potente y vuelva a someterla a mi pasión y mi locura.

Cuando vencidos por nuestra lujuria caímos en el nido perfecto de esa habitación lujosa de hotel, la besé tantas veces hasta que se durmió, había extrañado tanto su calor y en ese momento cuando una vez más era mío podía sonreír con el corazón.

El sueño me vencía obligándome a cerrar mis cansados párpados y relajar los músculos. De repente en mi mente observé una vez más la imagen desenfadada de Yuri que me miraba de reojo mientras disfrutaba de una bebida. Lo vi con claridad, con su cabello oculto bajo el quepí militar y sus hombros de terciopelo quemándose al sol. Me detuve contemplando la brillantez de su piel, la suave curva de su cuello y su pequeña, rosada y bonita oreja perforada que mostraba un diminuto pendiente tan brillante como su mirada.

Me detuve a contemplar sus ojos, por instantes verdes como las hojas de los abetos y por instantes azulinos como las aguas del estanque en el parque, ojos que guardaban mil miradas. Volví a recorrer sus mejillas pálidas que se sonrosaban con cualquier mirada obsesa que se posaba sobre él. Ni rastro de barba sobre su delicada barbilla y sobre ella contemplé la firme y fina línea de sus labios que delimitaba entre sus curvas esa porción suave de piel rosa, turgente y humectada.

«Mi hermano es muy hermoso», pensé sin malicia hasta que la punta de mi lengua repasó sobre mis labios intentado averiguar cómo sería el sabor de los suyos. Una señal de alerta se encendió en medio de mi pecho y con mucho temor intenté detener mi pensamiento, pero mi agitado corazón reveló que el deseo erótico por mi hermano empezaba a germinar en la profundidad de mi carne.  

Aspiré una gran bocanada de aire para relajarme y recordé que para deshacerme de la perturbadora idea era mejor recurrir a una estrategia que en el pasado me había funcionado muy bien. Dejaría que la imagen sensual de Yuri pasara por mi mente sin sentirme mal por ello.

Me dije que se trataba de una simple admiración por la belleza masculina y pensé que con el tiempo esa sensación se diluiría en la nada como muchos otros pensamientos que había experimentado y que, al dejarlos vagar en libertad, simplemente pasaron. Solo de esa forma mi sentimiento de culpa desapareció.

Mi novia me dio la espalda y mi vientre se topó con sus redondeces, la abracé deslizando mi mano por su hombro hasta que aterrizó sobre uno de sus exuberantes senos, lo acaricié con cariño y aspirando el perfume de su cabello me fui quedando dormido.

Notas de Autor:

Me gustaría publicar más seguido pero tengo que revisar con minuciosidad para que esté bien corregido y eso toma tiempo y tengo otros proyectos por corregir y otros por escribir, así que prefiero hacerlo con calma.

Quiero agradecer vuestras lecturas y el que sigan esta cita dos veces por semana.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Primeros pasos
A %d blogueros les gusta esto: