El inicio de la tragedia


Hola, espero puedan disfrutar la lectura acompañada de la siguiente melodía.

El anochecer ya había tocado a la 12va estrella, y todos se preparaban para la primera cena de la semana. Los dos Yuris saludaron a los familiares y amigos de Katsuki mientras subían a las habitaciones a cambiarse, cuando ya estuvieron solos, Plisetsky comenzó a vociferar maldiciones contra el general.

– ¿Cómo se atreve a hablarme de esa manera? -exclamó el príncipe de la facción del trueno caminando de un lado a otro, mientras Yuuri se cambiaba en la habitación continúa-. Ya veo por qué razón no querías asistir a la cena ¡detesto a ese hombre, aún no sé en qué pensaba tu familia al ponerlo como tu prometido!

-Quizás… para asegurar mi visita continúa en caso de no resultar ser un dios del hielo-expresó el joven príncipe al salir ya arreglado de la habitación, Yuri lo observó detenidamente.

Al casarse dos dioses de grupos distintos, estos tenían el permiso de verse durante de tres a cinco días cada mes, pero con mayor importancia entre los alfas y los omegas cada tres meses en la región donde residía el esposo, con el fin de preservar la descendencia y las relaciones de equilibrio entre las facciones. Al darse un hijo, el esposo u esposa debía regresar a su seno materno durante el periodo de gestación y procreación del niño, hasta que el mismo cumpliese la edad de 4 años que era una de las primeras fases del despedimiento del lazo madre-hijo que comparten todos los géneros, el cual es más delicado entre crías de omegas. Cumplido este tiempo tanto el niño como la madre habrían de regresar a la facción correspondiente al don de la madre.

-Aunque eso fuera una opción ¿por qué él de todos los candidatos? -se cuestionó el rubio mientras se arreglaba para él baile.

-No me hagas preguntas que ni tu ni yo podemos responder –le expresó Katsuki mientras se acercaba hasta a él colocando en su cuello el collar que debían de tener todos los omegas-. Creo que es mejor que vayamos yendo al comedor, la cena ya ha debido comenzar.

Yuri asintió, y ambos bajaron para poder cenar.

Ese día finalizo más rápido de lo que Yuuri imagino, la semana que seguía era simplemente para convivir entre las facciones y para aquellos dioses que pronto debería participar del ritual, conocer las costumbres de cada facción. La semana finalizaba al séptimo día, con un baile en conmemoración al final del invierno y con el ritual de inicio de la primavera.

Los dioses celebraban, bebían y bailaban ante el inicio de la celebración, los jefes de los grupos estaban reunidos, sentados junto a sus respectivos esposos y esposas en una sola mesa. Yuuri se había presentado en primer momento acompañado de su familia, durante esa mañana este no se encontró con su amigo, y mientras seguía cercano a su familia, trataba de buscar a Yuri por todo el salón cuando fue intercedido.

-Por fin lo vuelvo a encontrar, querido príncipe Yuuri.

El joven observó al general de la armada con cierto temor en sus ojos, esperaba no tener que conseguirse con él lo que restaba de la velada, pero siendo ese baile un evento en donde todos los dioses se relacionaban entre sus grupos y las demás facciones, las posibilidades de encontrarlo eran altas, suspiro con pesar y le saludo con una reverencia.

-Agradecería no usar ese término al llamarme, general Leroy- dijo Yuuri con voz suave, pero a la vez distante.

– Y yo le pido lo mismo, príncipe- le pidió tomando su mano derecha y depositando un leve beso en ella- ¿me concedería esta pieza?

Sin muchos más deseos, quizás solo para mostrar las apariencias y complacer a su familia que le observaba desde sus asientos, decidió para su pesar y el de su amigo, aceptar la invitación.

– Muy bien.

Caminaron hasta el centro del salón, siendo observados por las personas a su alrededor, Jean tomo la batuta en el baile como alfa que era, pero no era necesario que hiciera mucho esfuerzo por guiar al dios de ojos chocolate. Con destreza y mucha belleza, Yuuri entonaba un baile esplendoroso robándose la mirada de todos los asistentes del baile.

– Debo decir que se ve hermoso este día-comento el general.

Verdaderamente, la hermosura de Yuuri esa noche era espectacular, sus damas de compañía se esmeraron por hacerlo ver como el príncipe que era, vistiéndolo con un kimono ajustado para omegas de color negro y tonalidades azules que resaltaban la blancura y las formas de su cuerpo, llevaba el cabello peinado y adornado nuevamente por flores, lirios haciendo referencia a su nombre.

Pero, aunque Yuuri era el centro de atención mientras bailaba con Jean, se sentía apartado al mismo tiempo, la persona que estaba a su lado no era la persona que él quería como esposo, no porque fuera omega significaba que el joven dios tuviera interés por el matrimonio o el formar una familia, pero por obra del destino ahora estaba atado a ese hombre. ¿Qué era lo que quería para él el destino? ¿La miseria misma o el dolor y las desesperanzas? El no amarse a sí mismo quizás era una de las causas de su desdichada existencia, no tenía alegría, se sentía solo y alejado de todo. Era una existencia vacía que no compartía las mismas emociones que todos en aquel salón, se sentía impotente, pero aun no hallaba el final de ese destellante hilo rojo, ese hilo que la unía con la persona que es su alma destinada y que aún no ha llegado a conocer, preguntándose cómo sería está en sus ratos libres, y como sería su vida a su lado, si la alegría por fin llegará a su vida.

– ¿Le ocurre algo? -le pregunto- Jean despertándole de su ensoñación-. Has estado distraído desde hace un momento.

-No-negó con la cabeza reproche hacia sí mismo- me encuentro bien.

– Príncipe Yuuri, usted y yo pronto nos casaremos, no es necesario que sea tan formal conmigo-pronunció galante.

– Discúlpeme- le pidió-, pero me he acostumbrado a esta manera de hablar, ya es imposible para mí cambiar el modo en que hablo.

-Pero no es así con el joven Plisetsky- inquirió viendo las reacciones de Yuuri con detenimiento.

-Bueno, el es mi amigo de la infancia-respondió sin entender el porqué del asunto.

-A pesar de que usted y yo estamos comprometidos su trato hacia mí es distante, nada comparado con el trato que le da a su “supuesto amigo de la infancia”, la gata esa…

De la nada Yuuri detuvo su paso, mirando al general con molestia.

-Usted y yo estamos comprometidos bajo un consenso familiar, no porque haya un vínculo entre los dos ni porque usted me agrade, General Leroy. Además, agradecería que tenga más respecto con Yuri, quien corresponde a mi apreciado amigo de la infancia.

El general quedo impactado de que el normalmente impasible Yuuri le hablase de ese modo mientras le retaba con la mirada; de ese modo, sino fuera por los trajes y el olor, Jean Jacques Leroy podría decir que un alfa le estaba retando y amenazando. Luego de un breve momento, Yuuri suspiro pesadamente, soltando la mano de Jean.

  • Estoy algo cansado así que, si me disculpa, me retiro.

Y antes de que el general pudiera decir algo al respecto, Yuuri se alejó de todo y de todas las personas, a un lugar en solitario donde pudiera pensar y reflexionar, quiso morirse en ese mismo instante recordado lo que hubo hecho. Le falto el respeto a su prometido, a un alfa, y dijo cosas que no debieron haber salido de su boca jamás.

Aun así, se había sentido genial decir por una vez lo que pensaba, y no se arrepentía, nunca dejaría que alguien hablase mal de su amigo, aunque se tratase de un alfa.

Nuevamente suspiro.

Ese día, y toda la semana que paso había la más larga que hubo vivido en toda su vida. Tuvo que estar conociendo a la gente de cada uno de los grupos de dioses, para ir familiarizándose con cual debería ir en pro de sus virtudes; sin embargo, en ese tiempo, por extraño que sonase su poder interno resonaba con cada nuevo don que le presentaban, y a su vez, Yuuri se sintió que cada vez más alejado de las personas de las facciones en cuanto las conocía. Y aunque se dio esperanza de permanecer donde se hallaba su verdadera familia, ahora que estaba cerca de él momento principal de la noche, no estaba tan seguro.

De pronto sintió como alguien lo tomaba del hombro, al voltear a ver se encontró con Yurio. Este vestía el traje ceremonial de los alfas pertenecientes de la facción del trueno.

-Yurio-saludó con una sonrisa, la cual fue correspondida de igual forma.

– ¿Qué diablos estás haciendo aquí Katsudon? -pregunto mientras tomaba un lugar a su lado mientras veía la vista de la 12va estrella en ese gran balcón.

-Yo… quería pensar un poco.

– ¿Otra vez pensando en cosas innecesarias? -cuestiono de mala gana mientras obligaba a Yuuri a mirarlo-. Sabes que, mejor vamos a bailar. De ese modo personas molestas no estarán revoloteando a tu alrededor como moscas.

– ¡O-oye, Yurio espera!-grito mientras era jalado del brazo hasta la pista.

Comenzaron a bailar siendo el centro de atención incluso mayor a cuando Yuuri bailo con el general Leroy. Después de todo, ambos eran los prospectos a líder de la facción del hielo, pero no era solo eso, ambos tenían una sincronía intima, algo que no muchos lograban a tener y que fue forjado por muchos años.

-Ese traje-intento comento Yuuri.

Entendiendo a lo que se refería, Yurio sonrío orgulloso. El traje ceremonial de los alfas pertenecientes de la facción del trueno. Una vestidura de color negro con arreglos amarillos, algo muy importante para su región. Luego de conversarlo detenidamente, toda la familia Plisetsky estaba segura que el dios rubio sería un dios del hielo, y no estaban molestos por ello, es más, eran felices, especialmente Nicolai pues siempre supo que su nieto tenía su corazón en el hielo, era por ello, y como una etapa que debía superar, el viejo consejero del trueno lo vistió con el traje ceremonial, como una prueba de que su niño ya era un hombre.

-Te queda muy bien-alago Yuuri-, me hace pensar que ya no somos para nada unos niños-comento con una sonrisa melancólica.

– Tu también… te ves precioso con esas ropas-comento mientras las mejillas de Yuuri tomaban un intenso color rojo, antes el comentario del general Leroy no le hubo afectado en lo absoluto, es más no le tomo importancia y lo sintió como una manera vacía de acercarse más a él, pero escucharlo de Yurio era otro sentido para él. Sintió un bochorno muy grande al sentir que la vista de su amigo no se despegaba de él.

-H-Has mejorado mucho desde la última vez que bailamos Yurio- felicito el de ojos chocolate a su amigo intentando alejar el sonrojo de sus mejillas.

-Bueno si, había estado practicando por mucho tiempo- respondió algo apenado.

-Pues la practica hizo el maestro-comento divertido.

Después de mucho tiempo Yuuri pudo sentir como se alejaba de sus pesares, de aquellas circunstancias que le aquejaba, inmerso en el baile, en la música que lo guiaba hacia otro mundo muy parecido al de estar en el hielo. Hubiese querido permanecer así por siempre. Pero la ilusión fue rota más pronto de lo normal. Alejada de ellos, al borden del salón Yuuri encontró a su hermana, la cual lo saludo en compañía de su esposa desde la mesa de los lideres. Yuuri no pudo evitar sonreír un poco, aunque se sentía aterrado, nervioso de lo que podría ocurrir esa noche. De la nada noto como su mano era apretada levemente y paso su mirada hacia Yuri, este tenía la mirada dirigida a otro lado.

– No pienses en nada más-menciono-. Solo por hoy obsérvame a mí.

– ¿Eh?

-Yuuri, a lo largo de todos estos años ¿Cuál es tu visión acerca de mi? -pregunto el rubio.

El joven dios no entendió el motivo de la pregunta, creía que estaba más que clara y que no era necesario decirlo.

– Somos amigos ¿o no? -cuestiono Yuuri alzando una ceja, pero se vio sorprendido cuando el rubio acerco su rostro peligrosamente hacía él.

– ¿Solo me ves como un amigo? -pregunto a voz suave-… ¿No hay nada más?

Estuvo a punto de decir algo cuando cierta figura masculina se vislumbraba cerca de ellos. Era Jean Jacques Leroy que venía con un semblante enojado hasta donde estaban. Yurio tomo la mano de Yuuri con fuerza mientras se formaba un semblante de mala muerte en su rostro, el joven príncipe trato de calmarlo con una mirada pues este amenazaba con volver a discutir con el general.

No obstante, la situación no paso a mayores. Las luces del salón se apagaron y la música ceso indicando que el tiempo había llegado para el inicio del ritual. Ambos Yuris se separaron hasta sus respectivos lugares para el comienzo del ritual.

Este estaba precedido por los líderes de cada grupo, en cuanto terminaran sus palabras, de uno en uno, los jóvenes de cada grupo irían pasando hacia los líderes y estos dependiendo de la energía que se vieran más influenciados, determinará a cuál grupo pertenecen, comenzando desde el grupo de dioses de los astros celestiales, siendo los últimos los de la región del hielo. Como si pareciese un castigo contra él, Yuuri fue dejado último en el ritual por órdenes directas de su hermana, solo causando más desespero en el joven dios. El tiempo pasó lento no eran tantos los jóvenes que participaban en el ritual, pero cuando Yuuri quiso darse cuenta, ya estaban en la recta final. Yuri Plisetsky fue el último de los dioses del trueno y al pasar fue como de esperarse, lentamente de sus manos fueron brotando copos de nieve hasta rodearlo por completo, generando una vista hermosa nunca antes vista por Yuuri.

El dios de cabellos rubios llegó triunfal a los brazos de su abuelo siendo aplaudido por el resto de la región del trueno, Joab y Nicolai estaban orgullosos de su muchacho, y lo mismo parecía ser por parte de los actuales integrantes de la facción del hielo, luego de un par de dioses más solo faltaría Yuuri.

Paso a paso, con sus piernas temblorosas, fue acercándose hasta donde se hallaban los líderes, Mari, la reina del hielo sonreía expectante y orgullosa, esperaba que Yuuri fuera parte de los dioses del hielo, pero con su sonrisa decía que no importara el resultado que obtuviese, estaría orgullosa de él, o eso fue lo que al menos logró reflejar al joven dios. Al mantenerse en el centro, observado por todos, tan solo pudo respirar, con pausa, mirando nuevamente a su alrededor y luego a los líderes. Entonces solo pidió, que fuese lo mejor para él.

Y ante la expectante mirada de todos, cayó al suelo retorciéndose de un dolor insoportable que lo hizo gritar, un grito nunca antes oído por su gente, mucho menos por el resto de los grupos; sus padres y amigos más cercanos intentaron acercarse a socorrerle, pero una ráfaga de luz invadió a Yuuri por completo. Cuando la luz había cesó, todo el mundo contuvo la respiración, observando atónitos lo que había ocurrido. Nadie daba crédito a lo que veían, los líderes no sabían qué hacer al respecto, Mari  estaba más que atónica, pero quien no entendía nada de la situación era el propia Yuuri. Sentía como no podía respirar bien, y una fuerza extraña le oprimía el pecho, no entendía porque la gente le observaba de esa forma, pero no dio mucho tiempo a pensar pues otra fuerza igual a la de él hizo acto de presencia mientras helaba el aliento de todo lo que estaba cercano a su paso. Katsuki vio como su hermana era la primera en reaccionar colocándose en guardia enfrente de su persona mientras el resto de los líderes le acompañaba, alzó la mirada hacia donde se hallaba el centro de atracción de todos y otro grito se escapó de sus labios al sentir otro dolor más grande que el anterior, la figura espectral soltó una carcajada.

-Bien hecho, reina del hielo-expresó el desconocido-. Has hecho un excelente trabajo con tu hermano.

-Fuera de aquí Fujiwara Kôki -vociferó la reina del hielo-. Nada tienes que hacer en este lugar

Pero ante esas palabras el aludido tan solo sonrió burlón.

-Creo que sabes muy bien porque me hallo aquí, Mari-sonrió-. Querida amiga

– ¡No soy tu amiga! -vociferó-. Y esto es una equivocación, mi hermano no puede ser…

Una ruidosa y escabrosa risa se escuchó por todo el salón mientras Kôki se retorcía en el suelo estremeciendo a todos, Yuuri que había logrado recuperarse medianamente del extraño dolor, trató de sostenerse del cuerpo de su hermana. No comprendía absolutamente nada, no comprendía por qué todo el mundo lo miraba así, no comprendía qué pasaba con él, no entendía por qué Mari reaccionaba de esa forma y más aún, no sabía por qué ese hombre que se hacía llamar amigo de su hermana, tan solo con mirarlo le causaba un enorme dolor.  Y como si leyera sus pensamientos, ese ser tan extraño se acercó hacia el mirándolo psicótico, pidiéndole que estuviera tranquilo desde su propia mente, haciendo que se tapase los oídos y un fuerte dolor de cabeza le mareara por escucharlo, mientras este seguía y alegaba que era natural el sentirse confundido cuando su mismo cuerpo no sabía que le estaba ocurriendo.

Colérica, Mari sacó su espada y se enfrentó a Kôki, exigiendo que no volviera a dirigirle la palabra a Yuuri, pero este con solo levantar su brazo hizo que chocara contra las paredes del salón, a ella y a todos los demás líderes.  Ni siquiera un grito pudo salir de los labios de Yuuri en cuanto sintió como Kôki estaba frente a él, se mantuvo congelado, aterrado y temblando del miedo mientras este le analizaba, sus padres estuvieron a punto de intervenir al igual que Yuri, pero este de igual modo impidió que el resto de los presentes se acercaran a ellos dos. Sonrió macabramente al terminar de analizarlo, un escalofrío pasó por la espalda del joven de cabellos negros al observar esa sonrisa.

– ¿Que va a hacerme? -fue lo único que logró preguntar con voz temblorosa.

– ¿Yo? -pregunto Kôki-. Yo no te haré nada, mi pequeño ahijado, es más, como regalo de mayoría de edad… te mostraré en la belleza que te has transformado.

Kôki creó un enorme espejo que colocó justo enfrente de Yuuri, ante tal vista solo un grito desgarrador salió de sus labios mientras observaba su figura. De su espalda salían un par de alas, una de color blanco y la otra era de color negro, tenía la marca de la longevidad en forma de luna en su frente, y en su palma derecha el símbolo de la luz y unido al de la oscuridad, en la mano izquierda tenía el símbolo del arco y la flecha que representaban al ser humano, y  en su pecho, una flor de loto de diminuto tamaño representando a los elementos, una vista magnífica pero inaudita en casos normales, era imposible poseer cada uno de los símbolos de todos los grupos de dioses, aunque solo esos símbolos se mostraban al momento de la ceremonia de mayoría de edad, no podía ser que un dios lo tuviese todos, era algo totalmente imposible.

-No es imposible, mi querido Yuuri-le dijo leyendo sus pensamientos, y al momento le mostró que el también poseía todos esos símbolos, pero desapareciéndolos al mismo instante-. Tanto tú como yo somos especiales, de uno en un millón, o quizás más… pero es una singularidad que en un mismo milenio existan más de un ser como nosotros

– ¿Qué soy ahora? –Solo pudo murmurar Yuuri al borde del colapso- ¿Qué me has hecho?

– ¿Yo? -repitió Kôki burlón-. Yo no te he hecho nada, tú ya has nacido así… al igual que yo –se acercó hasta su oreja comenzando a susurrar-pues tú y yo…

-no se lo digas Kôki-pidió la reina del hielo con desesperación- ¡No lo hagas!

-somos dioses de la guerra y las calamidades.

Nota del autor: ¿QUE LES PARECIO EL CAPITULO? He traído muchas cosas, tal como es el ingreso de personajes originales, se que a muchos no les gustan, incluso a mí en un comienzo, pero a veces son necesarios, y uno les llega a tomar cariño…u odio, dependiendo de la trama. ¿Qué piensan de Kôki? Lo pensé como un Yuzuru Hanyu pero con cabello largo, ¿qué tal la idea de que Mari tenga esposa? Bueno, es una ALFA, y me gustaba más la idea que tuviera esposa que esposo, por otro lado, espero que se preparen para ver sufrir a Yuuri, será duro pues amo a este ser de azúcar pero necesario para la historia, acepto lanzado de chanclas, cholas (como se dice en mi país) tomates, etc, pero la historia irá dando su curso, e irán viendo el crecimiento de Yuuri. Por cierto, no me odien por el fanservice YuYuu soy multishipper después de todo.

Las dos canciones que escuchamos en esta ocasión son Mariage D´amor de George Dadvison y Ship of Fool de Yuki Kajiura, la cual pertenece al ost de Tsubasa Chronicle.

Publicado por ellexlight

¡Hola! Mi nombre es Génesis, pero por esta zona me conocerán como Elle. Soy licenciada es Gestión Ambiental y vivo en Caracas, Venezuela. Me gusta la lectura, la música (especialmente la instrumental y japonesa), y sobre todo escribir. Tengo escribiendo desde el 2009 y he estado en varios fandoms, tales como SCC, TRC, PPG, inazuma eleven y muy gran parte en Death note, a quien amo con locura. Tengo casi tres años escribiendo para YOI, que se ha vuelto un amor extremo para mi y recientemente he comenzado a escribir para el fandom de BNHA. En cuanto a géneros me gusta el drama, lo erótico, lo fantástico, detectivesco y mpreg/omegaverse. Multishipper a morir.

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