Una persona llamada Yuuri


En un lugar en particular, el frio predominaba, la nieve caía, cubría lagos y montañas con su blanco manto, los niños de aquel pueblo reían y reían jugando con la nieve, patinando entre el agua congelada de los lagos, permaneciendo alegres. Aquel lugar era la región de los dioses del hielo. Era una de las más pequeñas entre todas las facciones, pero una de las más tranquilas, la gente era amable entre ellos y se regocijaban en su eterna paz. Pero en esa época del año, la paz se incrementaba con un enorme regocijo que envolvía a toda la región. Era la mayor festividad del mundo de los dioses de los dioses, y todas las regiones se preparaban para recibir el inicio de la primavera, el momento que, cada cinco años, los dioses de 20 años en adelante denotaban sus dones y su destino era marcado. No obstante, una particularidad no se encontraba a gusto con la cercanía de dicha fiesta.

Este yacía en el borde de unos de las grandes torres, observando desde lo más alto la amplitud de la región, ocultándose del resto de las personas del castillo que le buscaban con locura. Aquel joven de 23 años, de nombre Katsuki Yuuri, se suponía que debería estar preparándose para lo que pronto sería su participación en la ceremonia de mayoría de edad de los dioses, pero este no quería que llegara ese momento. Le había rehuido por mucho tiempo, pero por más que deseara que el tiempo pasase lento, este seguía su paso.

El joven suspiro. 

La presión sobre sus hombros era demasiado grande y sentía que en cualquier momento un ataque de pánico le llegaría por ello.

Hacía tan solo unas cuantas lunas cuando los sabios de la facción lo nombraron como prospecto a líder de aquellas personas tan hermosas y amables como lo eran los dioses del hielo, algo que dejo impactados a muchos, y siendo de su familia el único que llevase en sus hombros los rituales de purificación de la facción trajo mucha felicidad y honor a su familia.  Y aunque no era el único en la lista para ser responsable de tan importante tarea, había tres grandes cosas que al pobre Yuuri le generaban duda y ansiedad.

La primera de todas era que no tenía la suficiente confianza para cumplir las expectativas que crecían fervientemente sobre él, la segunda estaba muy relacionada con el primero y el tercero, pues temía dejar mal a su familia si cometía un error, no quería que la vergüenza cayera sobre sus padres, principalmente sobre su hermana mayor que era la actual líder de la facción; y el tercero, y quizás más importante, era que su propia naturaleza le jugaba en contra.

Su naturaleza omega.

En su vida, Yuuri siempre tuvo grandes problemas con la idea de ser omega, desde que se supo que lo era, se le recargaron los deberes que un omega debía llevar a cabo en su vida, ser un excelente esposo y padre, y proteger el legado de su familia por cualquier modo. Sin embargo, Yuuri tenía ya 23 años, la mayoría de sus conocidos omega estaban casados y con varios hijos, pero él no estaba siquiera casado, mucho menos recibió invitaciones matrimoniales de ningún tipo durante su adolescencia o inicio de la adultez.

 Era tanta la preocupación de su familia de que la desgracia cayera sobre él, al no ser elegido por ningún alfa, que por ello lo comprometieron con un joven general de la armada para así evitar que su cuerpo perdiera las capacidades reproductivas que estaban determinadas por la edad, y toda esa opción era algo que Yuuri no deseaba.

 Subiendo su estrés, estaba el hecho que cuando los sabios hicieron la profecía de donde saldrían los prospectos para el nuevo líder de la facción, el nombre del joven dios salió en el Cádiz, sorprendiéndolo no solo a él, sino a toda la facción, puesto que era el primer omega en ser seleccionado luego de tantos siglos. Muchos omegas le dieron su apoyo incondicional, e incluso animaron, pues desde siempre, el dios de cabello oscuro fue alguien dado para las personas, amable, gentil, y muy sabio para su edad, afirmaban que guiaría la facción con sabiduría. No obstante, varios alfas y betas de la facción mostraron su desconcierto, e incluso indignación en que Yuuri fuera elegido, pues consideraban que un ser tan débil no podría ser capaz de guiarlos como se debe, y aunque su hermana Mari se encargo de hacer callar a los mal intencionados, el daño ya estaba hecho.

No quería aquello. Yuuri no quería nada de aquello, se sentía cansado de tanto pensar. No quería casarse con esa persona, no quería tener hijos aun, no quería ser el líder de la facción. Solo quería ser el mismo. Quería que su única preocupación fuera el hecho de ser un dios del hielo, que era otra preocupación latente en su corazón.

  • ¡Aquí se encuentra joven Yuuri!

Yuuri sintió como el terror lo invadía al ver que las damas de compañía le habían encontrado, y estando en lo más alto de la torre no había otro lugar hacia donde escapar. Fue atrapado y llevado a rastras para ser arreglado para la festividad. Fue vestido por hermosos ropajes invernales, el kimono azul con los getas de hielo cristalizado, flores de invierno y perlas violeta adornando su hermoso cabello que llegaba cerca de sus hombros. Todos esos ropajes realzaban la belleza del joven dios. Era la competencia sobre las hermosas diosas omega dada su belleza, con aquellos labios carnosos, intensos ojos canela, sedoso cabello negro y piel clara pero polvoreada con ese rubor carmín tan natural del joven dios. 

Sin embargo, esa belleza era opacada por un triste semblante, ocasionado por las distintas circunstancias que su vida afrontaba; estaba preocupado, pues estaba ansioso de permanecer con su grupo, era muy apegado a su familia y no quería ser alejado de ellos en alguna otra facción. Esas preocupaciones iban y venían en su cabeza mientras las damas de compañía peinaban terminaban de arreglar sus ropajes y su cabello. Además de ello, sumándose a sus preocupaciones, el compromiso por conveniencia había que sido planeado por sus progenitores junto al general de su ejército; quizás en aras de que pudiera regresar más de prisa a la región, en caso de no resultar ser un dios del hielo.

Aunque el joven Jean Jacques Leroy, general de la armada de la legión del hielo, era un alfa de preciosos ojos azules; su apreciación hacia a él no era más que la de un conocido, no le conocía lo suficiente, y su perspectiva actual era la de aborrecer la idea de casarse, no se sentía preparado y no quería casarse con un completo desconocido.

Pero se encontraba en un dilema. Si no se casaba, dejaría mal a su familia, y al haber humillado a un alfa, nadie más le aceptaría y jamás cumpliría con el rol que se le tenía asignado por naturaleza.

También estaba el hecho de lo que su hermana y su pueblo lograban percibir en Yuuri, la madurez y el poder interno suficiente para convertirse en el sucesor de su hermana Mari en el liderazgo de la facción del hielo.  A veces se preguntaba por qué de todas las personas en la facción tenía que ser él uno de los elegidos, ni siquiera el general Leroy fue electo a ello, y se decía que el poder interno de Yuuri superaba incluso el de su hermana mayor. Simplemente no hallaba respuestas a sus preguntas, y se lamentaba divagar tanto en algo tan trivial como lo que le ocurría. Desde tiempos antiguos esa ceremonia y esos estatus existían para la coexistencia de su gente, la circunstancia estaba, pero comenzaba a dudar de ellos, de esa forma, si de igual modo resultaba ser un dios del hielo ¿lograría dirigir a su pueblo con sabiduría y fortaleza? De no serlo ¿Se adaptaría y cumpliría con lo que su naturaleza y la sociedad le obligaban? ¿Verdaderamente podría hacerlo?

-Siento dudas en ti, Yuuri

Se volteó y observó en el marco de la puerta a una mujer vestida con ropajes blancos y azules, sus cabellos eran castaños, y le sonreía conciliadora. Las damas de compañía realizaron una reverencia ante ella y se retiraron de la habitación, la mujer se posicionó a espaldas de Yuuri, quedando ambos reflejadas en el gran espejo; al ver ese contraste, las dudas en el corazón del joven dios regresaron de inmediato. 

-Es difícil para mí no dudar-le expresó-, tan solo quedan unas horas para desplazarnos al complejo central de la 12va estrella, y con solo mirarme al espejo junto a ti, me resigno a un más a que seré un buen líder de la facción, Mari.

La mujer le miro con afecto y compresión, ella sabía el peso que llevaba su hermano sobre sus hombros, y la falta de confianza que le amenazaba siempre.

-quizás estés siendo muy duro contigo mismo-le respondió.

– oh por favor, solo míranos Mari- la miró con dureza-. Tu y yo somos dos entes completamente diferentes, tu eres Alfa, yo soy un omega, tu fuerza de voluntad no se compara con la mía, en todos estos años has llevado de una excelente manera el reino, yo solo les he traído problemas por el hecho de no contraer nupcias al punto de obligar a mama y a papa a buscarme un prometido, y siquiera sé si seré un dios del hielo-sus ojos comenzaron a aguarse-. No estoy seguro de poder con todo lo que piensan sobre mí.

Mari, en lugar de molestarse, o tomar en serio las preocupaciones de su hermano menor, tan solo esbozo una sonrisa y acarició con delicadeza su cabello; que hizo que alzara el rostro y cesaran sus pensamientos, observándole, mientras ella le miraba apacible.

-Solo debes esperar, nada lograras con desesperarte por algo que está en tu futuro y aun desconocemos, además, podrías cambiar al último momento sin darte cuenta, eso suele suceder -le sonrió cómplice.

– ¿En serio? -pregunto.

-Sí-afirmó.

Asintió aun no muy convencido, pero antes de seguir con sus burbujas mentales llegó a la habitación un pequeño niño de cabellos castaños brillantes, el pequeño de 7 años, Minami, que con una gran emoción saltó en brazos de Yuuri rebozando de alegría, e indicando que ya era hora de partir a la doceava estrella, un punto central de la región de los dioses donde se reunían para la ceremonia de la mayoría de edad y del inicio de la primavera. Era la celebración más grande de todas en el reino de los dioses, pues los grupos enteros se reunían, las familias se reencontraban y compartían todos hasta el séptimo día que debían ser agrupados los nuevos dioses, para luego despedirse y reunirse todos de nuevo al año siguiente.

Notas de autor:

Conforme avance la historia hare una pequeña explicación de los dioses, sus facciones y otros puntos más. Hasta el momento ¿qué les parece Mari como la líder de la facción del hielo, y de paso, ALFA? En muchos Fanfic la colocan de ese estilo, y dada la personalidad del personaje puedo creer que es así, dude mucho como colocarla en un principio, pero me decidí por ella principalmente por estar leyendo practicante de ZukiFetel, la Mari que escribe ahí me fascina demasiado por ello, quise tener unaMari fuerte y maternal aquí también. Aunque claro, muchos personajes tendrán unrol protagónico en la historia, no tan grande quizás, pero si en algún momento.

La historia original la escribi usando la banda sonora de SCC, Tsubasa Chronicle, entre otras, asi que les estoy colocando las que use para que puedan entrar en ambiente tanto como yo cuando la escribi ❤ 😉

Publicado por ellexlight

¡Hola! Mi nombre es Génesis, pero por esta zona me conocerán como Elle. Soy licenciada es Gestión Ambiental y vivo en Caracas, Venezuela. Me gusta la lectura, la música (especialmente la instrumental y japonesa), y sobre todo escribir. Tengo escribiendo desde el 2009 y he estado en varios fandoms, tales como SCC, TRC, PPG, inazuma eleven y muy gran parte en Death note, a quien amo con locura. Tengo casi tres años escribiendo para YOI, que se ha vuelto un amor extremo para mi y recientemente he comenzado a escribir para el fandom de BNHA. En cuanto a géneros me gusta el drama, lo erótico, lo fantástico, detectivesco y mpreg/omegaverse. Multishipper a morir.

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