Cuarto interludio


>2004<

—Entonces, On Ice…

Las luces de los reflectores caían sobre los cinco chicos, quienes, distribuidos en sofás rojos frente a un público en vivo y cámaras enfocándoles en todo segundo, apenas terminaban de acostumbrarse a ese tipo de atención, a que la luz les provocara calor, asfixia, y tener que soportar tantos ojos extraños mirando con atención cada uno de sus movimientos, no solo frente a frente, sino detrás de tantas pantallas en tantos y distintos puntos del país. Era acostumbrarse a saber que todo lo que dijeran e hicieran en ese instante algún día podía ser usado en su contra… O a su favor.

Víctor Nikiforov, por supuesto, era quien mejor lograba desenvolverse con su encanto natural, con sonrisas y gestos cautivantes que a más de alguna lograba arrancar un suspiro o un grito; Yuri Plisetsky y JJ Leroy dotaban el aspecto cómico a la conversación, pero cada uno a su estilo: el primero con su irreverencia juvenil y su poco tacto al hablar; el segundo portando un carisma natural y su necesidad absoluta de llamar la atención. Mila Babicheva era el deguste visual, a quien el público deseaba que la cámara enfocara para ver si algo de su vestido o su escote podía llegar a escaparse a la vista. Otabek Altin era el silencioso, el que apenas respondía algunas preguntas con palabras certeras y eficaces de las cuales muy pocos podrían dar un “pero”. 

Todos ellos eran un encanto que el público presente, y tras las pantallas, adoraban por completo. Y su presentación se desarrolló de manera maravillosa: después que interpretaran en vivo “******”, Jimmy, el presentador de ese programa, les había hecho un pequeño juego sobre su destreza para improvisar bailes del cual Mila fue la sorprendente ganadora.

Después fue la entrevista, misma que conllevó a hablar un poco sobre cómo habían experimentando su astronómica subida al estrellato ahora que la era Zombie estaba a punto de finalizar. La pregunta en esos días rondaba con bastante constancia era si lograrían superar su propia popularidad y no quedarse como un grupo que solo fue famoso gracias a un único éxito.

—¿Cómo fue enfrentarse a su primer gran concierto? —preguntó Jimmy, quien se encontraba tras su escritorio y miraba al grupo con bastante interés.

—¡Fantástico! —JJ fue el primero en ganar la palabra—. Comenzamos a tocar en un pequeño bar, aunque se puede decir que nuestras presentaciones fueron escalando poco a poco, conforme nosotros lo hacíamos también. Dejamos ese bar para ir a sitios cada vez más grandes, donde la cantidad de personas era mayor también. Incluso, aunque lo menciones, me cuesta recordar cuál podemos considerar que es nuestro primer gran concierto.

—Fue en Madison Square Garden —aclaró eficazmente Otabek. JJ se quedó pensativo unos segundos, algo que Yuri aprovechó para ser ahora quien respondiera.

—Parece que la memoria le comienza a fallar a alguien. —El público rio—. Se nota mucho la diferencia, en especial por la… vibra que las personas en un concierto así de grande tienen. Es como que lograran transmitir su euforia, y solo quieres salir ahí para enloquecerlos de todas las formas posibles.

—Bueno —Mila tomó la palabra—, ni Yuri ni yo tenemos el camino recorrido de la misma forma en que lo hizo el resto. Para nosotros sí fue más impresionante saltar de la pequeña sala donde grabamos Zombie a tener que enfrentarnos a un público de miles de personas. Incluso ahora, una gira después, sigue dando tanto miedo como esa primera vez. Siempre temes que algo falle frente a tanta gente…

—¡Siempre será perfecto! —exclamó JJ—. No hay que tener miedo a equivocarse, sino pensar que todo saldrá de maravilla para que así ocurra. 

—¿Y tú, Víctor? ¿Cómo ha sido tu experiencia en los conciertos de su primera gira?

El aludido se había mantenido extrañamente en silencio, sobre todo porque en preguntas anteriores siempre había sido el primero en responder. Parecía algo pensativo mientras escuchaba atento al resto, como si se hubiera tocado alguna fibra sensible dentro suyo e intentara encontrar las palabras correctas. Al sonreír al público, fue obvio que lo había logrado:

—Vivo los conciertos de una forma diferente —comenzó—. Nunca me ha gustado pensar que hay una diferencia entre tocar ante miles en algún estadio o hacerlo tú con solo dos o tres en cualquier otro lugar. Eso puede modificar la forma en que concibes la música y eso no tendría por qué ser diferente, sigues siendo tú quien toca. Siempre se debe buscar que todos quienes te miran, sea solo uno, dos, miles o millones, se sientan igual que tú: eufóricos, como dijo Yuri, como si fueran capaces de gritar por horas sin cansarte. Quieres que vibren como tú lo haces, que se sientan en tu lugar y, durante un pequeño lapso de tiempo, creas que tantas personas son capaces de entenderte. Que lloran por lo que tú, que se emocionan igual, que se entristecen por las mismas cosas. Esa sensación de estar en conexión, de ser parte de la masa y al mismo tiempo ser genuinamente tú entre tantos. Que no tienes que soportar tus tristezas solo…

—Así que Víctor Nikiforov tiene tristezas.

—¡Por supuesto! Todos las tenemos. Y puede que para algunos las tuyas no les parezca suficientes, que sean absurdas, exageradas o tontas, pero al final de cuentas, es una batalla que tú solo debes superar. Y yo la supero tocando para otros.

Su sonrisa encantadora brilló a través de las cámaras y los ojos presentes, derritiendo más de alguno de los corazones que lo observaban y lo escuchaban con el alma abierta y vibrante. 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: