Track 4: Believer


I was choking in the crowd
Building my rain up in the cloud
Falling like ashes to the ground
Hoping my feelings, they would drown
But they never did, ever lived, ebbing and flowing
Inhibited, limited
‘Til it broke up and it rained down
It rained down, like…

>2018<

Phichit no les había explicado detalles sobre cómo la madre de Yuuri era un impedimento para que este aceptara realizar una audición para On Ice, simplemente escribió en el reverso de la tarjeta de Chris una dirección. Al entregársela de vuelta, les dijo que en recepción preguntaran por Minako Okukawa. Ambos creyeron que el sitio al cual los enviaba era tal vez un edificio de departamentos u oficinas, y que tal vez Minako era el nombre de la madre de Yuuri, pese a que su apellido no concordaba con el de él. De todas formas, Phichit tampoco les dio pie a que pudieran hacerles más preguntas, pues apenas les entregó la tarjeta, pareció satisfecho con la información otorgada y abandonó la mesa, dejándolos solos.

Chris suspiró al mirar el domicilio escrito: las cosas se volvían cada vez más complicadas y él sentía que el esfuerzo no valdría la pena, sobre todo al recordar la pésima actuación que Yuuri había dado en escena. No solo era intentar convencerlo, era asegurarse de que diera el ancho una vez hiciera su audición frente a On Ice. Después de todo, ¿de qué valdría si Yuuri al final no quedaba como sustituto?

La tentación de darse por vencido le era absoluta, pero apenas fijó su mirada en Víctor, pudo ver cierto brillo de decisión en esa pequeña sonrisa que se había formado sobre sus labios. ¿Cómo? ¿Por qué? Por un segundo pareció ver de nuevo al mismo chico de diecisiete años que invitó a volverse una leyenda, el mismo que había tramado ese encuentro y le hizo creer que era su idea, el mismo que no se dio por vencido hasta que su firma se encontrara sobre un contrato de DV Records, el mismo que le restregó a los ejecutivos de esa disquera la bazofia que resultó ser el disco Love y volvió de Zombie la obra maestra que todo el mundo actualmente reconocía.

—Quieres que vayamos, ¿verdad? —Víctor dio un trago a su cerveza y lo miró de reojo. La sonrisa estaba ahí, intacta y firme, y ella era su respuesta—. Esto se está volviendo demasiado molesto para mi gusto. ¿Por qué tanto interés en que él te reemplace? No es como si el futuro de On Ice realmente te importara.

Eso era algo que Víctor continuaba cuestionándose. Cada vez que veía de nuevo el video de Yuuri en el parque y escuchaba su versión de la innombrable, esta le sabía con un gusto dulce y agradable, uno que le permitía cerrar sus ojos y disfrutarla como en ningún momento de su vida llegó a hacerlo, incluso en ese tiempo que le guardó tanto aprecio y cariño, que la creyó especial. Con esa tonada acústica pegada en su cabeza, un par de días atrás había comprado una guitarra nueva para intentar reproducir esa canción; sin embargo, no fue capaz de soportar más de veinte segundos antes de sentir el estómago contraerse de rabia y su pecho palpitar en dolor, como todas aquellas veces que incluso solo la escuchaba nombrar. Lo que lograba interpretar era esa versión que tanto habían destruido. Entonces, ¿cómo ese chico de rasgos asiáticos, con solo una guitarra acústica y una interpretación improvisada en un parque, había logrado darle un sentir tan diferente a una canción que ya estaba más que bastardeada? ¿Cómo la había vuelto disfrutable para él? ¿Cómo era capaz de inspirarle incluso más de lo que sintió al escribirla? Esas eran las respuestas que buscaba, las que explicarían el por qué del interés. Aunque una parte suya podía intuir la razón: quería que Yuuri llegara al mismo peldaño en que él estuvo para comprobar si ese mundo y la industria podrían corromperlo como lo habían hecho con él. Buscaba no sentirse responsable de su propia caída, deseaba culpar a todos los demás: si a Yuuri también lo destruían, si él también perdía ese algo que parecía tener, entonces no sería culpa de ninguno de los dos, sino del mundo.

Chris aguardaba en silencio, pero con su atención puesta sobre Víctor, quien se había quedado observando al frente, hacia la barra, con una expresión de quien se ha perdido en el propio laberinto de sus pensamientos.

—No lo sé… Tiene algo que aún no logro entender. —Fue la respuesta con la que Víctor concluyó.

—Algo que al parecer solo tú ves.

Chris se encogió de hombros, aunque fue inevitable que una suave risa escapara de sus labios al sentir los gélidos ojos de Víctor sobre él en reprimenda por su comentario. Se reía, pero estaba todavía intrigado de conocer la razón. Sabía que algo dentro de todo eso no era simplemente buena voluntad.

Al final, decidieron ir a primera hora del día siguiente y descubrir esa pieza que faltaba para comprenderlo todo. Víctor volvió a su departamento solo, Chris lo hizo al hotel donde se estaba quedando.

Justo antes de acostarse, Chris tecleó en el mapa de su celular la dirección que Phichit había escrito en la tarjeta. Por supuesto, sintió que nuevamente las cosas se complicaban al darse cuenta que el lugar al cual los había enviado no era un edificio de departamentos u oficinas, sino un hospital.

Cuando Chris le anunció a Víctor sobre cuál era el verdadero destino a dónde irían, experimentó el mismo desazón y mala espina que él. No obstante, Chris no quiso insistir en que era mejor darse por vencido con Katsuki, pues aún notaba a Víctor convencido de intentarlo. Por ello, desde su encuentro en las puertas del hospital, ambos apenas se saludaron con un ademán de la cabeza y entraron en silencio. La tensión que se presentó entre los dos, por esas cosas que había que decir pero ninguno se atrevía a hacerlo, se volvió mayor cuando fueron recibidos por un ligero aroma a desinfectante y enfermedad. Sintieron esa incomodidad de quienes saben no deben estar ahí porque no lo necesitan.

Apenas cruzaron la puerta, Chris de inmediato identificó la recepción, donde una mujer mayor y algo pasada de peso conversaba del otro extremo con otra más joven, delgada, de cabello castaño y lacio, y una bata blanca que la identificaba como un médico del lugar. Chris se acercó de inmediato hacia ellas, con la misma sonrisa coqueta que solía utilizar cuando conversaba con otros de “negocios”. Hablándole principalmente a la mujer regordeta tras la recepción, preguntó por Minako Okukawa.

—Queremos hablar con ella sobre Ka…

—¿Eres tú?

La mujer de la bata fue la primera en hablar, mientras encajaba una mirada filosa sobre Chris. Toda su expresión denotaba un evidente disgusto por su presencia, como si la sola mención de su nombre en labios de otro la hubiera ofendido. Chris mantuvo su sonrisa pese al tono brusco, pues comprendió de inmediato que se encontraba frente a quien buscaba y que, al parecer, su informante le había comunicado a ella también que irían a buscarla.

—Oh, es usted. Encantada de co…

—¿Es verdad lo que le está ofreciendo a Yuuri?

Por alguna razón, a Chris no le sorprendió que ella quisiera ir al grano y no le tomara la mano cuando se la extendió por simple cortesía. Por la expresión de su rostro, era evidente el carácter fuerte que ella cargaba consigo. Suerte para él que estaba acostumbrado a tratar con ese tipo de personas. Por eso, simplemente se presentó y le entregó su tarjeta. Minako apenas la vio de reojo al tomarla.

—¿Qué es lo que exactamente planean con él? 

—Es usted su madre, supongo, entonces…

—¿Qué…? —Minako soltó una carcajada sarcástica, una que llamó la atención de quienes caminaban cerca. Al darse cuenta, de inmediato cubrió su boca para acallar la risa—. No, no lo soy. Pero se podría decir que soy como una para él —Chris se sintió confundido. ¿Entonces por qué ese tal Phichit los había enviado con ella?—. Por eso quiero saber los detalles. 

Chris asintió: ese era su terreno experto. Casi como si se encontrara frente a una nueva estrella a quien debía venderle que tenía consigo la clave del éxito, le explicó los detalles de quién eran, cómo había sabido de Yuuri y el ofrecimiento que On Ice le hacía de unirse a la banda para suplir el hueco que Víctor Nikiforov había dejado. Minako parecía ligeramente escéptica al escucharlo, aunque en su interior encontraba cierta verdad y lógica en las palabras del otro: gracias a Yuuri, ella conocía bastante de On Ice, sabía que había ocurrido con Nikiforov (Yuuri lloró por ello) y también era consciente que él tenía una voz casi idéntica, pues incluso más de alguna vez ella se lo hizo notar, al punto de intentar convencerlo sobre que por ello podía llegar tan lejos como Nikiforov.

Chris finalizó con la muy ligera explicación que Phichit les había dado. Minako suspiró y rascó un poco su cabeza. La expresión de su rostro había dejado de ser agresiva.

—Entiendo que esta es una enorme oportunidad… Pero la situación es complicada.

—Justamente por eso estoy aquí. Quisiera saber cuál es la complicación.

Minako dudó unos segundos, parecía algo insegura sobre el hecho de contarle a un extraño esa clase de información.

—Su madre… Ella está enferma —Pero finalmente lo hizo—. Hace diez años le diagnosticaron leucemia. Le dijeron que no podría sobrevivir más de dos años, pese al tratamiento, pero ella sigue aquí, teniendo días buenos y malos. A veces puede estar en casa, otras debe permanecer hospitalizada por varios días o semanas, bajo la idea de que tal vez sean sus últimos momentos. Claro que no ha sido sencillo, mucho menos para Yuuri, quien ha tenido que afrontar la mayoría de todo esto solo. No tienen más familiares a quienes pedirle apoyo, solo son ellos dos.

Chris se mantuvo en silencio sin saber qué decir. Se había esperado algo como eso y, aun así, no se sintió preparado para actuar de alguna forma. No quería insistir y dentro suyo guardaba la esperanza de que Víctor lo hubiera comprendido al fin. De reojo intentó buscarlo para ver su reacción ante lo que acababan de escuchar, pero este estaba demasiado atrás, muy lejos de su campo visual.

Minako, ante el prolongado silencio, sonrió con un gesto ligero de amargura y decepción.

—Es complicado, ¿verdad? Creo que no es el momento… O no es Yuuri.

—Lo es. Puede serlo.

Minako miró sorprendida tras la espalda de Chris, justamente al hombre que había hablado tan de repente: Víctor. Ella lo notó cerca desde el primer momento, pero no le había tomado importancia a su presencia al enfocarse solo en la de Chris, creyendo que no estaban juntos. Ciertamente, la imagen de ambos era demasiado contrastante.

—Algo como eso no debería impedírselo -Víctor insistió.

—Creo que no comprendes… Yuuri ha sacrificado demasiadas cosas por estar con ella y cuidarla. Pero, justamente por eso, tanto yo como quienes queremos a Yuuri nos encantaría que lo hiciera. Creo que incluso Hiroko… la madre de Yuuri —corrigió—, le encantaría que lo intentara.

—Tal vez hablar con ella funcione para convencerlo.

—Desgraciadamente no es buen momento para hablar de eso con ella.

Minako fijó su mirada en Víctor, de esa forma en que tanto él detestaba. Nuevamente el miedo de que lo reconociera regurgitó desde su estómago, al punto que retrocedió unos pasos, como si se sintiera avergonzado pese a que en realidad solo deseaba huir; sin embargo, su firmeza y deseos por convencer a Yuuri lo mantuvieron de pie.

—Yuuri sale de su trabajo matutino en una media hora —comentó Minako tras mirar el reloj de su muñeca-. Siempre viene aquí después de eso, antes de pasar a su trabajo de la tarde. Pueden esperarlo en el pasillo que lleva a las habitaciones —Apuntó hacia el lugar—. Siempre pasa por ahí. De todas formas, les advierto que no creo que lo hagan cambiar de parecer. Aunque me encantaría que lo hicieran.

Durante su tiempo de espera, después de que tanto él como Víctor hubieran tomado asiento en unas sillas que se encontraban en el pasillo, Chris pensó un poco en lo que debía hacer, tanto si Yuuri se negaba una vez más, como si por gracia de un enorme milagro se decidía a aceptar. La primera opción era sencilla: ante la negativa, simplemente volvería a Nueva York con las manos vacías. Seguro Yakov estaría furioso con él durante algunas semanas, por el tiempo y dinero que le hizo perder, pero Chris estaba seguro que lograría encontrar a un suplente mejor y menos problemático. Solo tenía que concentrarse en esa tarea, como antes no lo había hecho. Lo único complicado de eso, era hacer que Víctor dejara de insistir; sin embargo, él al final ya no tenía ningún poder para decidir con lo que ocurriera o no con On Ice. Si se iba de la ciudad sin decirle, ¿Víctor tendría los huevos para seguirlo hasta Nueva York y hacerlo volver? Chris se sonrió: claro que no los tenía.

En caso de la segunda opción… no estaba del todo seguro. Sabía que Yuuri, en el estado actual, daría una presentación lastimera y poco atractiva, con la cual, pese al parecido en su voz, On Ice de seguro no lo querría en sus filas. Necesitaría entrenarlo un poco antes de que se presentara, asegurarse de romper en él esa pared de timidez que lo limitaba demasiado en el escenario. Estaba ahí, lo sabía, lo había visto en el video del parque… Solo necesitaba que alguien lo sacara a la luz.

Sus ojos se posaron en Víctor por inercia, quien esperaba con la vista fija en la esquina del pasillo. Quién mejor que el propio Víctor Nikiforov para enseñarle a otro cómo actuar y ser como él en escena, aunque la sola idea le causó mucha gracia: no podía imaginárselo haciendo algo como eso.

—Si acaso Yuuri aceptara… ¿Qué crees que ocurriría? —comenzó Chris—. Si actúa como lo hizo en el bar, JJ será el primero en protestar que él no es de su estilo -Víctor no se giró para mirarlo, pero Chris pudo adivinar en su rostro un gesto de molestia ante lo que acababa de decir—. El chico necesitará un guía, alguien que le enseñe, antes de la audición, cómo debe actuar en el escenario. ¿Y quién crees que sería el mejor para ello?

—¿Tú? —Víctor respondió, a lo que se ganó un fuerte “Ja” por parte de Chris. No era idiota, Víctor había comprendido lo que su amigo insinuaba—. No lo haré. No voy a arriesgarme a que me reconozca.

Chris soltó un suave resoplido antes de ponerse de pie.

—Entonces no tiene caso continuar con esto. Aunque acepte, él no va a quedar en el grupo presentándose como es ahora. No voy a hacerme responsable de otra idea tuya solo para que simplemente desaparezcas cuando le pierdas el interés. Suficiente ya hago por ti. 
Chris hizo amague de comenzar a caminar, pero tras apenas dar el primer paso, sintió una orilla de su saco jalado hacia atrás, movimiento que provocó volviera a su asiento.

—Bien, lo ayudaré para que aprenda a desenvolverse mientras canta. Pero él no debe saber nunca quién soy.

—Por supuesto que no lo hará, Iván… —Chris le guiñó el ojo con un gesto coqueto y después se recargó en su lugar.

Se sentía satisfecho con el resultado de ese pequeño experimento. Usualmente Víctor no solía ser tan manipulable, al contrario, era él quien manipulaba la situación y a los demás a su conveniencia; pero al parecer, todo el asunto con Katsuki lo estaba volviendo algo predecible y fácil de maniobrar. Eso le continuaba sorprendiendo, sí, pero también le daba cierta tranquilidad; así ahora se sentía más seguro de seguir insistiendo con el chico: si lograban convencerlo, podrían trabajar con Yuuri para volverlo adecuado al grupo y que todo ese esfuerzo previo valiera la pena.

Tras eso, tuvieron que esperar casi diez minutos más antes de que ambos lograran ver la figura de Yuuri doblar por la esquina y pasar al frente suyo. Él llevaba en su mano derecha un pequeño ramo con media docena de rosas rojas.

—Katsuki —Chris lo llamó y movió su mano de un lado a otro, saludándolo con una sonrisa.

Yuuri se detuvo de golpe al escuchar aquello y se congeló por completo cuando reconoció a los dos hombres que se encontraban sentados a un lado suyo. Estupefacto por su presencia en ese lugar, no supo qué hacer, por lo que solo movió sus labios un poco y boqueó unos segundos como si fuera un pez fuera del agua.

—Creo que nuestra presencia aquí… —Chris se levantó de inmediato para alcanzarlo, aprovechando la sorpresa que no permitiría a Yuuri reaccionar por algunos segundos-, deja en claro nuestro verdadero interés por ti. Conocemos ahora un poco la situación, pero nos encantaría escucharlo de ti. Queremos apoyarte.

Víctor, quien se puso de pie tras de Chris, notó el momento justo en que las orejas de Yuuri enrojecieron; pero, sobre todo, cuando detrás de sus gafas, sus ojos se volvieron líquidos. Por un segundo, Víctor pensó que escaparía como la última vez, pero fue el mismo segundo en que Yuuri pareció tomar aire y, de un aspecto tímido y cohibido, nació algo de fuerza… y sobre todo valor.

—No. He dicho que no estoy interesado. Por favor, váyanse. —Su timbre de voz vibró con cada palabra, pero aun así, hubo una firmeza que tomó por sorpresa a Chris. Esperaba un “no”, pero no uno de esa manera.

—Habías aceptado ya… —La palabra fue tomada por Víctor, ganándose la mirada de Yuuri. Un suave temblor lo sacudió desde dentro, incómodo por esos ojos marrones que casi le exigían que se callara. Por supuesto, no lo hizo: dentro de ambas firmezas, la de Víctor era mayor-. Pero la llamada que recibiste en ese momento te hizo cambiar de opinión. Quieres hacerlo, incluso ahora, puedo verlo en tu mirada.

Víctor realmente no veía nada más que lágrimas contenidas y una inmensa desesperación que estaba a punto de salir a flote, pero en ese momento le daba más cabida a lo que sus instintos le hacían creer. Estaba seguro, e incluso apostaría su carrera completa, que Yuuri de verdad quería intentarlo. No podía borrarse de su cabeza esa sonrisa de emoción que se dibujó cuando aceptó aquella primera vez en el bar. Cuando veía la tarjeta, cuando de seguro en su cabeza no terminaba de creerlo aún. ¿Por qué seguir negándose cuando todo de sí lo deseaba?

—Ella está enferma… Y yo no… no… —Yuuri daba varias pausas al hablar, como si dentro suyo tratara de entender por qué realmente tenía que decir “no” y mantener esa negativa, aun contra todos sus deseos-. Debo estar a su lado, hasta al último momento. No puedo abandonarla por algo así.

Más que sus palabras, toda su expresión denotaba algo tan claro que incluso era fácil de sentir sobre la piel: tristeza. ¿Por la situación de su madre? ¿Por la propia? Víctor lo escuchó en silencio, con los labios apretados, tratando de descifrar tantas cosas en él para saber cómo actuar.

Por su parte, Chris comenzaba a comprender mejor la situación, ahora desde el lado de Katsuki: un hijo devoto que desgastaba su juventud en los cuidados de su madre enferma. ¿Cómo alguien así sería capaz de abandonarla, después tanto tiempo? De su parte, simplemente deseaba dar unos pasos hacia atrás, desearle suerte e irse, no tenía caso continuar; sin embargo, era consciente que para Víctor esa opción no existencia, sobre todo por cómo había aceptado tan fácilmente entrentarlo pese a que era consciente del peligro de ser descubierto. De todas formas, Chris quería creer que, si quizá lograba ofrecerle todo lo posible a Yuuri y él continuaba negándose, incluso Víctor terminaría por cansarse. Abandonar las cosas era algo que él sabía hacer muy bien últimamente.

Chris se acercó un poco más a Yuuri y dejó que su sonrisa se suavizara, tratando de lucir comprensivo.

—Mantener los gastos de este hospital deben ser difíciles, ¿no? Tener dos trabajos o más no debe darte tanto tiempo realmente para estar con ella…. Si llegas a quedar en On Ice, tendrás lo suficiente para cubrir el tratamiento en un mejor hospital y que ella esté atendida por los mejores profesionales. Incluso podrías equipar tu casa con todo lo que necesite. Siempre es más cómodo estar en el hogar, tanto para ella como para ti…

Los labios de Yuuri titubearon de nuevo. Había quitado sus ojos de Víctor y estos se habían posado otra vez en Chris, sumidos en un obvio un conflicto interno.

—Katsuki, solo inténtalo. Ve a la audición. En ese punto, una vez sepas la respuesta de los productores y de On Ice, podrás tomar una decisión de si deseas formar parte o no. Todos ellos son comprensibles, entenderán tu situación y podrán apoyarte en todo lo que necesites.

Yuuri retrocedió un poco y giró su vista. Al otro extremo del pasillo cruzó un grupo de doctores y un par de enfermeras que caminaban a toda prisa. Seguramente se dirigían a atender el llamado de un paciente que necesitaba atención inmediata. Tal vez alguien que moría.

—Por favor, solo váyanse…

Yuuri era una olla de presión apunto de estallar, Víctor podía verlo en sus mejillas rojizas e infladas, en la forma cómo apretaba sus puños hasta hacerlos blanquear, y en esas pequeñas lágrimas de desesperación que lograron escaparse de sus ojos, pero que Yuuri se precipitó a limpiar de inmediato.

—¿Cuál es tu miedo?

En algo Chris tuvo razón: Víctor terminaría por perder la paciencia. Pero también se equivocó en otra cosa: a diferencia de las demás situaciones que habían terminado por sobrepasarlo, Víctor esta vez se aferró a ellas… Y a Yuuri..

—¿Temes que ella muera sin que estés ahí? Eso va a ocurrir… Ahora, mañana, dentro de algunos años. Y una vez eso ocurra, ¿qué quedará para ti? Todas las oportunidades que perdiste solo por esperar a algo que incluso podrá pasar cuando vayas al baño. No puedes vender tu vida por ella de esta manera… Porque esto no es lo único de lo que te vas a arrepentir, ¿cierto? No es la única que odias…

Y eso fue todo, tras esas palabras crueles que le causaron un severo estremecimiento en su interior, Yuuri se rompió: varias lágrimas se congregaron en tumulto sobre sus marrones. Pero en lugar de huir, de tratar de ocultarlas o intentar hacer callar a Víctor, permitió que este viera como poco a poco se desmoronaba por su causa. Porque lo sabía, solo estaba escuchando palabras que cientos de veces habían rondado por su cabeza… Y por las cuales se sentía tan culpable.

—¡Víctor! —Chris mencionó su nombre real sin notarlo, desesperado al ver a Yuuri llorar; aunque este, dentro de toda esa verdad que le dolía y desesperaba, no prestó atención a ese detalle: veía a Víctor con tantas cosas descompuestas en su mirada, con tantas ganas de decir y hacerlo todo, pero sintiéndose incapaz a ello.

De todas formas, Víctor efectivamente se había callado al notar esas lágrimas y al darse cuenta que tal vez se había excedido un poco. Lo peor es que no sabía cómo actuar contra algo así: nunca había sido bueno con las lágrimas. Balbuceó unas cuantas palabras, retrocedió un paso, se acercó después dos, pero justo en ese instante, el cuerpo de Chris se interpusiera entre él y el chico que lloraba por su culpa.

—Es suficiente… —Chris había llegado también a su límite. Miró a Yuuri con una genuina expresión de disculpa-. Lo siento, de verdad. Esto es todo, no te volveremos a molestar.

Chris hizo amague de extender una mano para despedirse, pero a medio camino se percató de que quizá no era apropiado. Sin saber qué más decir, simplemente dio media vuelta y miró a Víctor como si en ese instante deseara cerrarle la boca con un golpe. Era una clara amenaza por si se le ocurría continuar. Por supuesto no lo haría, pero Víctor tampoco estaba seguro de qué hacer: ¿pedir disculpas? No era bueno tampoco para eso; sin embargo, era consciente que un sabor agrio le quedaría en la boca si dejaba las cosas así, si permitía que esos ojos rojizos y llorosos, llenos de imposibilidad, fueran su último recuerdo real de Yuuri Katsuki. Él comenzaba a sentirse avergonzado por las lágrimas, pues había reaccionado para finalmente limpiarlas, haciendo sus anteojos un poco hacia arriba. Tampoco lo veía ya, justo en ese momento, cuando Víctor más quería que lo hiciera, aunque eso le despertara una sensación incómoda y de miedo en el pecho, aunque él pudiera descubrir quién había tras esa finta de cabello y barba oscura, Víctor solo quería que notara dentro de su forma de observarlo esa seguridad que sentía real: sobre que podría lograrlo, que podría tomar su lugar y ser una mejor versión de él mismo.

—Lo siento… Pero… yo estoy seguro que lograrás quedar. Tienes algo… algo que no sé cómo llamar y que nadie más tiene. Es un desperdicio que ni siquiera lo intentes. Tú no eres quien va a morir…

Víctor se acercó hasta él, a punto de tomar su brazo para hacerlo alzar la vista en su dirección, pero Yuuri rehuyó y presionó su mano contra el rostro. Su llanto se había intensificado y Víctor retrocedió: ¿qué mierdas estaba haciendo? ¿Por qué lo hacía llorar más? Suspiró de forma pesada, sintiendo como una desazón dolorosa se le encajaba en el pecho por culpa de la imagen que tenía frente suyo. Esas lágrimas eran su responsabilidad, pero no sabía qué hacer para lidiar con ellas.

Apretó los labios para no insistir, utilizó toda su fuerza de voluntad para no volver a abrir la boca e irse de una maldita vez. Lo había jodido todo… Una vez más. Lo había jodido.

Chris subía a un taxi cuando recibió la llamada de Víctor. Respondió porque esperaba una disculpa, aunque realmente no fuera él quien la necesitara.

—Chris, lo siento, me excedí, pero tal vez tú todavía puedas…

—¡Lo hiciste llorar, Víctor! —Chris azotó la puerta del taxi al cerrarla-. Yo en su lugar te hubiera roto la boca. Sé que eres un jodido insensible, pero esta vez fue demasiado… ¿Cómo te atreves a hablarle así sobre su madre enferma? Olvidalo. Volveré esta noche y les diré que busquen a alguien más.

—¡Chris…! —Pero Víctor no pudo continuar, pues este había terminado ya con la llamada. 
Trató de insistir volviendo a marcar el número, pero después del tercer intento, la llamada ya no entró: Chris había apagado su celular.

Un suspiro de exasperación escapó de los labios de Víctor y estuvo a punto de arrojar su celular contra el suelo para liberar la frustración que pululaba por sus venas. Sin embargo, fueron las miradas ajenas de las personas a su alrededor quienes lo detuvieron. Un hombre que lucía bastante molesto y que tenía sobre sí todo el estilo de un vagabundo cualquiera, por supuesto que llamaba demasiado la atención.

Por ello, simplemente salió al exterior del hospital, justo al jardín que lo franqueaba, y se sentó en una banca vacía que se encontraba bajo la sombra de un frondoso árbol. Su frustración no lograba disiparse aún y algo le decía que tardaría demasiado para hacerlo, sobre todo porque, a cada segundo, lo que crecía eran sus ganas de volver adentro y rogarle a Yuuri que lo intentara.

Terminó por recargarse contra el respaldo de la banca, alzando su vista al cielo, justo entre varios montones de hojas y ramas que apenas dejaban pasar pequeños haces de luz. ¿Por qué se sentía tan decepcionado? Y, sobre todo, triste, como si hubiera sido él quien perdiera la oportunidad. ¿Eran de verdad tantas sus ganas porque fuera Yuuri quien lo sustituyera? Era prácticamente un desconocido y, sin embargo, con un solo video, Yuuri se había vuelto una imagen constante en su cabeza cada vez que se distraía, en una pegatina que aparecía tras sus párpados cada vez que cerraba los ojos, en una presencia que se formaba en casi todos sus sueños. Apenas sabía su nombre, pero de alguna forma, sentía que lo conocía más allá de cualquier información personal que pudiera obtener sobre él. Por ello, comenzó a creer que toda esa decepción y rabia no era realmente suyas, sino de Yuuri. ¿Qué tanto se debía odiar para hacerse perder una oportunidad como esa? Una que tal vez siempre quiso que ocurriera. Al final, ya no tenía caso insistir. Chris se iría y sabía que volver con Yuuri no arreglaría nada, si acaso lo haría todo peor.

De pronto tenía muchas ganas de tomar, de volver a casa y ver qué mierda encontraba por ahí para olvidarse de ese asunto. Cerró los ojos. Debía recordar borrar el video de Yuuri de su celular y enclaustrarse en su departamento hasta que todo ese asunto de su suplente quedara resuelto. Ya no lo importaba quién quedaría sino se trataba de Yuuri. No quería saber más sobre el asunto y dejó que, por unos segundos, su cabeza intentara olvidar la imagen de ese chico y su interpretación de la innombrable…

Entonces, abrió sus ojos de golpe: alguien se había parado justo enfrente suyo. Esperaba que fuera alguien de seguridad, tal vez, para pedirle que se retirara: no sería la primera vez, pues su aspecto no daba nada de confianza. Pero, justamente por eso, le sorprendió demasiado ver a Yuuri parado ahí, observándolo con un gesto tímido. Su nariz y sus mejillas estaban aún rojizas por las lágrimas, aunque sus ojos se encontraban más limpios… y tranquilos. Víctor tuvo un pensamiento fugaz de que se veía adorable de esa forma.

—Quiero hacerlo… —Yuuri murmuró apenas, dándole a Víctor la sensación de que se había equivocado al escucharlo-. Si de verdad crees que tengo algo… Yo… Quiero hacer la audición.

Sus miradas se encontraron frente a frente: había llamas en ellas, aunque todavía en la de Yuuri había pequeños vestigios de agua que amenazaban por salir en cualquier momento.

Víctor sonrió. Y era extraño, porque hacía mucho tiempo que una sonrisa no la sentía tan bien.

(Pain)
You made me a, you made me a believer, believer
(Pain)
You break me down, you built me up, believer, believer
(Pain)
I let the bullets fly, oh let them rain
My life, my love, my drive, it came from

(Pain)
You made me a, you made me a believer, believer

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