Un Cuento Antes de Dormir.


La Aldea de la Esperanza I.

Hace bastante tiempo en una época de reyes, enormes castillos, hermosas princesas y gallardos príncipes existió una era poco conocida donde la magia aún era dominada por los hombres sabios, justo cuando los mitos y leyendas que ahora conocemos nacieron.

En aquel entonces, a la altura de lo que ahora se conoce como Europa Oriental, existió un reino famoso por los derroches de sus reyes, la miseria de su pueblo, las injusticias y tiranía que a diario se vivían. La pareja de reyes era conformada por un hombre alfa de nombre Yakov y su mujer una omega llamada Lilia quienes eran conocidos por sus excéntricos gustos, su manera de declarar la guerra a diestra y siniestra a los reinos continuos y la constante frustración por no poder concebir un heredero a la corona. Sin embargo, tras años de arduos intentos, visitas a diversos curanderos y la tenacidad de ambos, un pequeño bebe de rubios cabellos y ojos de un verde esmeraldino llegaría a sus vidas poco antes del término del invierno.

Yuri trajo enorme dicha a sus orgullosos padres quienes a los días de nacido le organizaron una lujosa y enorme fiesta. Por supuesto aquella noticia no hizo sino más que aumentar el enojo del pueblo quienes hartos de vivir en la miseria pagando con sus impuestos los lujos de la nobleza, aprovecharon la guardia baja del castillo para ejecutar un golpe de estado.

Un golpe de tal magnitud no podía ser llevado a cabo únicamente por gente del pueblo, así que ayudados por un reino vecino que buscaba adjudicarse aquellas tierras planearon atacar siendo de tal manera que al Rey Yakov se le sentencio a la horca en tanto a la reina Lilia se le ofreció buscar asilo político en uno de los reinos vecinos, pero estos aún con las heridas de guerra abiertas se lo negaron, siendo entonces obligada a habitar en la “aldea de los Desterrados”, misma que en años atrás su esposo se encargó de fundar y enviar a todo aquel cuyos ideales fueran diferentes a los del rey, a quienes osaran atacarlo o incluso quien hablara mal de él.

La mujer no tuvo otra opción, con el príncipe Yuri en brazos fue llevada en un carruaje con unas pocas de sus pertenencias siendo instalada en una destartalada y vieja cabaña. Bajo el escrutinio y el desprecio de todos aquellos que fueron juzgados injustamente por su esposo. Sin embargo, Lilia en ningún momento bajo la cabeza, ni perdió su altiva personalidad jurándose así misma salir adelante y luchar por ella y su pequeño hijo.

El carruaje que se encargó de transportarlos únicamente les dejó ahí para regresar al reino que alguna vez fuera suyo. La mujer observo con desagrado el lugar, la tierra era conocida por ser prácticamente infértil,  de difícil cultivo por lo que su principal medio de supervivencia era la pesca siendo palpable la pobreza de la gente que habitaba el lugar. Por supuesto al verla ahí conociendo la historia de lo sucedido en el reino que alguna vez llamaron hogar los aldeanos la trataron igual o peor que a un apestado, la ayuda le fue negada teniendo ella como labor reparar cuanto antes la cabaña y conseguir las suficientes provisiones para ella y su pequeño. De esta forma y aún con su orgulloso carácter puso manos a la obra apenas llegó.

A pesar de que el trabajo era arduo por tener un lugar digno al cual habitar, conseguir alimento que siempre le era negado y hacerse de los medios suficientes para sobrevivir era una tarea prácticamente imposible, Lilia trataba de ingeniárselas, no podía darles el gusto a quienes consideraba sus enemigos de verlos morir ni mucho menos de perder a su pequeño. Por fortuna justo cuando sus fuerzas y paciencia estaban por llegar a su límite una mano amiga apareció.

—Permítame Madame.—Un hombre de rasgos orientales le ayudo con la leña que transportaba dispuesta a hacer una fogata, Lilia lo reconoció al instante, aquel era Toshiya Katsuki, hijo de Teiji Katsuki, uno de los consejeros reales desterrado por sus ideales de cambio y progreso para el pueblo.

—¿Por qué habría de ayudarme?—pregunto en tono altivo.

—Usted no está acostumbrada a las labores de campo, y trae sobre su espalda un pequeño—respondió el hombre señalando al pequeño rubio que se asomaba en la espalda de la mujer quien lo mantenía firmemente sujeto con ayuda de un fular.

—Está consciente de que por nuestra culpa no solo su padre si no toda su familia fueron desterrados del reino, no tiene razón para ayudarme o, ¿acaso es su forma de humillarme?

—Para nada, el pasado es pasado además cada quien es víctima de sus propios acto s, mi padre sabía lo que significaba contradecir al rey y ustedes también aprendieron de sus errores con su gente así que no somos más la reina y Katsuki solo somos dos simples desconocidos que por azares de la vida se han encontrado en esta aldea.—La mujer sorprendida por el sencillo razonamiento del hombre y bastante conmovida acepto su ayuda.

Aquella no sería la última vez que Lilia y su pequeño hijo necesitarían de Toshiya Katsuki. Con el pasar de los días el amable hombre se ofreció a ayudarle a reconstruir su cabaña, le mostraría los medios de subsistencia y producción y a su vez se haría acreedor de su confianza y posteriormente su simpatía. De tal manera que al poco tiempo la mujer fue presentada con el resto de la familia Katsuki de esta forma paso a conocer a Hiroko la esposa de Toshiya, su hija mayor Mari y al pequeño Yuuri. Para cuando cayó en cuenta de que el nombre del otro niño era similar al de su hijo sintió una inmensa ternura.

Pasaron los años y los Katsuki en ningún momento se separaron de la mujer y su hijo llegando a convertirse en bastante cercanos. Gracias a su ayuda la vida en aquella aldea no fue tan mala, aún a pesar de que la mayoría de la gente los tratara como apestados si contaban con la ayuda y cariño de los Katsuki lo demás no importaba demasiado.

En todo ese tiempo Lilia recapacito mucho acerca de su vida pasada, de la vida de su esposo y la vida que quería para su hijo. A través de él quería reivindicarse, educarlo diferente a como ella lo fue, enseñarle acerca del amor, la bondad y la compasión con el prójimo. Estaba segura de que no sería fácil ya que la mayoría de los aldeanos estaban ahí para recordarle diariamente de sus errores como reina y le guardaban el suficiente rencor como para incluso querer dañar a su hijo. Temía por lo último, pero también confiaba en que en algún momento recapacitarían y la terminarían perdonando a través de sus propias acciones para con ellos. De esta forma con renovadas esperanzas comenzó lo que sería una nueva vida al servicio de sus semejantes y por supuesto de su querido hijo Yuri.

Los años pasaron y muchas de las suposiciones de Lilia tanto buenas como malas se hicieron realidad. Con sus reservas algunos aldeanos supieron perdonar a Lilia y aceptarla en su día a día permitiéndole trabajar al lado de ellos en favor de la aldea y con ello hacerse de cierto sustento para ella y su hijo. Por supuesto el carácter de Lilia cambio gradualmente. En su día a día aprendió el valor de la humildad, convirtiéndose en una solidaría y empática mujer siempre dispuesta a ayudar en sus posibilidades al necesitado educando a su hijo de igual manera, aunque para su mala suerte a pesar del cambio que algunos aldeanos llegaron a tener en su trato con ella no pudo ser de la misma forma para Yuri. El pequeño creció en medio de los desplantes y los malos tratos de los hijos de los aldeanos quienes cada día de su vida se encargaron de recordarle y culparle por su suerte en la aldea, por el destierro de sus padres y la mala fortuna. Por muchos años le fue negada la educación en la única escuela del lugar, era cierto que Lilia bien pudo ser su profesora, pero el muchachito necesitaba adaptarse a aquel lugar por lo cual le suplicaba a su madre ingresar cuanto antes, aunque cuando al fin logro asistir a ella fue víctima de golpes e insultos. Siendo de esta forma que el corazón de Lilia se destrozó un día al ver regresar a su hijo lleno de moretones, con su bonita nariz rota, la ropa mojada y sin sus pertenencias.

—¿Mi cielo que fue lo que sucedió?—pregunto completamente alarmada, pero el pequeño se negó a contarle.

—No me acuerdo—Por más que Lilia preguntara el niño siempre respondía de la misma manera. Al final Hiroko quien acudió con Lilia para regalarle de algunas hierbas medicinales que ayudarían a la rápida recuperación de Yuri logró obtener más información.

Yuuri preocupado ayudo a su madre con la preparación del ungüento del rubio así como con la posterior aplicación, de esta forma entrando en confianza el rubio le explico a su amigo lo sucedido, por supuesto el mayor sumamente ofendido se lo hizo saber a Hiroko y está a Lilia. La mujer rompió en llanto al conocer los pormenores en donde su niño después de clases fue insultado siendo llamado príncipe de los desterrados mientras era golpeado por niños mayores a él y sus cosas le eran arrebatadas para ser arrojadas al lago. La mujer quiso arreglar las cosas, pero para su fortuna no era la única que se sintió ofendida con la situación, el hijo de Hiroko sumamente enojado por la desventaja en la cual se encontraba el pequeño rubio prometió arreglar él mismo el asunto encargándose de ahora en delante de su seguridad. Para aquel entonces Yuri contaba con tan solo diez años en tanto que el azabache diez y ocho, pero eso no fue impedimento. Yuuri era reconocido en la aldea por su fuerza física, su labor con los mayores en el cultivo y la caza por lo cual era bastante respetado como admirado.

Lo que restó de la corta vida escolar del rubio, Yuuri velo por su seguridad. Sin embargo aquello no significo que a partir de entonces las cosas mejoraran, era cierto que ya no lo molestaban, pero si era excluido aunque aquello no era mayor problema para él ya que al menos tenía a Yuuri, quien pacientemente lo escuchaba, era su mayor confidente, de las pocas personas que velaban por su seguridad y su mejor maestro en la vida práctica de un aldeano. Mientras contara con Yuuri nada podía ir mal.

 Yuri creció como un hermoso joven quien para fortuna de su madre su belleza no solo era externa si no también interna, mostrándose bondadoso y gentil con todos por igual, en su corazón no cabía lugar para sentimientos destructivos como el odio o el rencor, como bien lo quiso Lilia su pequeño a pesar de crecer en un ambiente tan hostil se forjo una personalidad amable y noble. El tiempo pasó volando y Yuri cumplió diez y seis convirtiéndose en un hermoso joven omega, el más hermoso del lugar poseedor de una larga y dorada melena, bellísimos ojos esmeraldinos, una piel tan blanca como la leche y suave como el lino en conjunto con una esbelta figura. Tras su primer celo había llegado a una edad casadera en donde era un omega sumamente admirado, pero pesar de ello también era cierto que el recelo no se había ido por completo convirtiéndose en un tabú el pedir su mano, para la mujer que con el pasar del tiempo se sentía cada vez con menos energías solo deseaba desposar a su único hijo con alguien que le prometiera amarlo y respetarlo para toda la vida, pero con pesar veía el tiempo pasar sin ninguna esperanza llegando a creer que tal vez viviría su vida incluso más solo que ella.

A la par, el hijo menor de los Katsuki cumplía veinticuatro años y aún no se decidía por pedir la mano de alguna chica o chico del lugar. Yuuri a comparación del rubio era un alfa bastante asediado y sus padres eran en muchas ocasiones visitados por diversas personas buscando cerrar un compromiso al cual por supuesto se negaban al no conocer con certeza los sentimientos de su hijo. En una ocasión se esparció el rumor de que Yuuri había aceptado cerrar compromiso con la hija del panadero, solo en aquel momento el siempre hermético rubio quien siempre guardo sus sentimientos para sí, estallo en llanto.

—Yuri mi amor, ¿qué tienes?—pregunto Lilia al ver como apenas el muchacho cruzaba el umbral de la cabaña para romper en un furioso llanto.

—Me dijeron que Yuuri dentro de poco se casara.

—Si, es un rumor, ¿pero por qué te afecta? ustedes dos son amigos deberías estar feliz por él—dijo su madre corriendo a su lado llevándolo con ella hacía su viejo comedor de madera para sentarse a hablar.

—Yo tampoco lo entiendo, pero apenas hoy me he enterado y no sé, me siento tan herido, pero no puedo explicar porque.

—Hijo…—La mujer creía entender que sucedía, por lo que intento confortar a su hijo—Has pasado tanto tiempo a su lado y tal vez es más que amistad lo que sientes, pero de ser así y no poder cambiar las cosas, entonces solo deséale felicidad—pidió tomando asiento a su lado para pasar a limpiar sus lágrimas.

—Se la deseo, pero…por tonto o egoista que suene, eso no impide que mi corazón se sienta destrozado—respondió con sinceridad.

—¿Él te ha comentado algo?

—No, también eso me duele, porque es mi mejor amigo y no me contó algo tan importante.

—Tal vez solo debas hablar con él para calmar tu aflicción, desmiente el rumor, pregúntale si es cierto y de serlo deséale felicidad. Él y toda su familia han sido buenos con nosotros, es lo menos que podemos hacer por ellos, desearles una larga y feliz vida.—El joven haciendo caso a las palabras de su madre se dispuso a salir de inmediato de la cabaña para con sorpresa encontrar a Yuuri encaminándose al lugar.

—¡Yurio!—En cuanto lo vio comenzó a correr buscando encontrarse con el rubio.

—Ya te dije que no me llames así—reclamo indignado ante el apodo que Mari inventara.

—Lo siento, es la costumbre. Escucha quiero hablar contigo, ¿podrías acompañarme a un lugar privado?— preguntó, el rubio con el corazón en un puño asintió pensando que le hablaría de su compromiso. Ambos jóvenes caminaron en silencio adentrándose al espeso bosque que delimitaba la aldea, tomaron asiento debajo de uno de los árboles y mientras Yuri cruzaba sus brazos nervioso pero ansioso por escuchar lo que el mayor tuviera que decirle en tanto Yuuri se dedicó a mirar el cielo buscando las palabras adecuadas.

—A veces cuando vengo aquí por leña no puedo evitar pensar en todo lo que me recuerda a ti— comenzó.

—¿Qué?— pregunto el menor sin entender mucho porque comenzaba de esa manera.

—Si, es curioso, sin que me dé cuenta empiezo a hacerlo, veo el sol y recuerdo tu cabello, bajo la vista hacia el verde césped y entonces pienso en tus verdes ojos, es extraño porque incluso cuando es invierno la blanca nieve me recuerda a tu piel. Es curioso ¿no?

—Es extraño—admitió avergonzado, pero sintiendo cierta calidez en su corazón al escuchar aquella locura.

—Lo siento, no quise que sonara así, creo que no sé cómo expresarme, así que mejor seré directo, pero por favor, por nuestra amistad prométeme que no te enojaras ni dejaras de hablarme y créeme cuando te digo que me hubiera gustado confesártelo ante pero…las palabras simplemente no llegaban a mí y bueno…—Aquellas últimas palabras Yuuri las dijo con las mejillas sumamente sonrojadas. El simple gesto le genero cierta ternura al joven omega, pero también dolor porque sabía a qué se refería.

—Creo que sé lo que me dirás. Así que no te preocupes, no cambiara nada.

—Yo…, bueno, no…, espero no haberte incomodado con mis tonterías—dijo como disculpa. Yuuri comenzaba a enredarse con sus palabras y ponerse más rojo si es que era posible. Por su parte Yuri se sentía en cierta manera afortunado porque pese a ser solo amigo del admirado Yuuri Katsuki, estaba seguro de que solo él conocía ese lado tímido, pero tan tierno.

—Si, eres un idiota por no decírmelo antes, pero no importa soy tu amigo y te entiendo.

—Lo siento mucho, yo…te juro que no sabía cómo…

—En fin, tendrás tus motivos. Solo quiero decirte que en verdad les deseo que sean muy felices—dijo de inmediato con el tono más neutro que pudo buscando hacerle más fácil la situación pero a su vez sus palabras salieron de sus labios con una enorme tristeza en el corazón.

—¿A quiénes?

—A ti y a la hija de Ethan, el panadero ¿a quién más?

—No puede ser, ese maldito rumor—dijo llevando ambas manos a su cabeza para a la vez negar con fuerza.

—¿Rumor?—pregunto extrañado Yuri de la reacción de su amigo.

—Ethan se encargó de esparcirlo una vez que rechace comprometerme con su hija, lamento que tuvieras que enterarte, no sé qué hayas pensado al respecto—dijo sumamente avergonzado y furioso con aquel hombre.

—Qué tontería, estúpido hombre—Yuuri sonrió, el semblante de Yuri se había relajado un poco y una sincera sonrisa se dibujó en su bello rostro.

—Yo amo a otra persona, le amo con todo mi corazón, tanto que si llegará a aceptarme dedicaría todos y cada uno de los días de mi vida a hacerle feliz, a darle lo poco o mucho que me encuentre en posibilidad de tener, en dar incluso mi vida a cambio de la suya y si eso no bastará le daría también mi alma.—El corazón de Yuri volvió a contraerse dolorosamente y sus ojos luchaban por contener un mar de lágrimas, pero todo cambio cuando el azabache le tomo por ambas manos.

—Tus manos son preciosas, todo tú lo eres—susurro tomándolas con delicadeza y besándolas con devoción y ternura—.Yuri perdóname, pero estoy enamorado de ti.

Los verdes ojos se abrieron de par en par, no fue capaz de sonreír porque la sorpresa lo sobrepaso, su corazón se detuvo y sus labios no fueron capaz de emitir palabra alguna.

—Pe…pero, yo…yo

—Sé que esto puede ser un poco extraño, hemos convivido bastante, somos amigos y soy mucho mayor que tú, aunque en el reino que alguna vez fue de tus padres la diferencia de edad no era ningún impedimento y en la aldea no es algo mal visto, aunque tal vez tú puedas pensar que es algo chocante, pero te estoy siendo sincero, si tu llegarás a aceptarme haría todo por ti, yo…—Yuri por impulso se abalanzó sobre los labios del mayor atrapándolos en un inexperto beso que el otro rápidamente correspondió.

—No lo sabía, hasta que creí perderte por culpa de ese rumor es que me di cuenta, yo también te amo Yuuri.

—Entonces por favor, cásate conmigo, me encargare de hacerte muy feliz cada día de tu vida y sé que nuestros padres se alegraran sinceramente con nuestra unión.

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El compromiso fue anunciado para llevarse a cabo dos meses después, desatando la ira de la gente de la aldea, después de todo como era posible que el hijo menor de los Katsuki, aquel que era el ejemplo de los demás muchachos de la aldea, el fuerte, gentil y amable Yuuri Katsuki decidiera casarse con el apestado, con Yuri Plisetsky, rechazando en el acto de manera definitiva todas aquellas propuestas que le hubieran traído un bien mayor.

Pese a todo lo anteriormente expuesto, la boda se llevó a cabo siendo una sencilla, pero hermosa celebración en donde únicamente se congregaron las personas más cercanas a la pareja. Los jóvenes resplandecían en felicidad, Yuuri lucía bastante gallardo con el cabello peinado hacia atrás, un traje negro confeccionado por su madre en tanto Yuri parecía un hada sacado de una historia, el largo cabello atado en una trenza caía por uno de sus costados mientras vestía un traje a juego con el del azabache pero en blanco. Los verdes ojos brillaron de felicidad en cuanto su esposo dijo sus votos y sus mejillas se tornaron de carmín ante el primer beso como esposos.

—Para toda la vida mi amor—prometió el mayor a la par que lo tomaba por la cintura para unirse en un nuevo beso mientras su familia aplaudía de emoción y felicidad.

Tres años pasaron en completa felicidad viéndose únicamente opacados por la muerte de Lilia quien se fue completamente en paz al ver felizmente casado a su único hijo con una persona que lo amaba de manera incondicional, únicamente sintiéndose mal por no haber vivido lo suficiente como para conocer a sus nietos. Yuri despidió a su madre con gran pesar, él hubiera dado lo que fuera por cumplir el anhelo de la mujer, pero no había sido posible.

 Una vez que Lilia partió Yuri pensó en lo triste que era su situación, y es que en tres años de casados no habían logrado concebir. La situación era extraña ya que sus celos se presentaban de manera normal sin retrasos o adelantos, sus encuentros con Yuuri también eran recurrentes y sin embargo nada, se sentía mal por no haber sido capaz de cumplir el deseo de su madre y el anhelo de su esposo quien a pesar de desearlo no lo presionaba ni lo culpaba, simplemente cuando abordaban el tema prefería evitarlo diciendo que llegarían cuando debieran llegar.

Tras la partida de Lilia Yuri pensó que era el momento de poner cartas en el asunto y decidió ir en busca de la ayuda de los curanderos del lugar. Una de las personas en quien más confiaban tanto él como su esposo se trataba de un hombre beta que durante su vida en el reino de Yakov y Lilia se dedicaba a brindar labores en el palacio pero fue echado cuando injustamente se esparció el rumor de que en complot con otros servidores del palacio buscaban envenenar al rey. La verdad salió a la luz junto con la inocencia del hombre, pero demasiado tarde ya que se le había enviado a la aldea de los desterrados y quien entraba ahí por mandato real no podía salir. El hombre de gran sabiduría no guardo en ningún momento rencor alguno a la corona ya que entendió la decisión a la perfección y más que un complot en contra del rey lo fue en realidad en contra suya cuando se dio a conocer que quien fue su aprendiz invento todo aquello buscando quedarse en su lugar.

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El hombre de nombre Celestino recibió con amabilidad al rubio, quien aprovecho que durante el día su esposo salía desde muy temprano para sus labores en el campo quedando él solo al cuidado del hogar. El rubio entró a la rudimentaria cabaña, se recostó en una amplia cama mientras el hombre lo examinaba con minuciosidad siendo en extremo cuidadoso. El examen duro poco más de media hora para al final invitarle un té y conversar un poco con el ansioso joven.

—Te encuentras en perfectas condiciones, no hay nada malo en ti. Tú celo es regular, su estado de salud es bastante bueno debido a tus hábitos tanto alimenticios como de higiene, tal vez lo único que deban hacer es establecer una fecha y trabajar en ello, no pierdas la esperanza y mucho menos te desesperes.—dijo de manera calmada acompañando al joven también con una taza de té.

—Pero es que ya pasaron tres años, tres años viviendo juntos y nada.

—Sabes, tu madre, la reina Lilia tardó bastante en quedar en estado, la idea de concebir se convirtió en una obsesión para ella a tal grado que se olvidó de la pasión y el sentido de un encuentro amoroso, probo mil métodos, pero la naturaleza es sabia y solo ella decide el momento oportuno. Yuri, no conviertas esto en una obsesión, Yuuri no te exige nada así que no lo hagas tú, relájate y disfruta de tu vida con tu esposo, así cuando menos te lo esperes quedaras en estado. Ese es mi consejo.

 El rubio salió del lugar no muy convencido. Sin embargo no podía hacer más, Celestino era en quien más confianza tenía y si le había dicho que todo estaría bien es porque así debía ser.

Con cierto pesar se encamino al mercado del lugar a comprar algunas cosas que le harían falta para la semana.

—Yuri, hace mucho que no sabía de ustedes, ¿Cómo están?—Erina, la hija del panadero quien poco después de su matrimonio con Yuuri contrajo nupcias con el herrero de la aldea había optado por convertirse en amiga de la pareja tras el vergonzoso incidente con su padre.

—Después de lo de mi madre todo se ha tranquilizado. ¿Ustedes cómo están?—pregunto educadamente.

—Bastante bien, los niños crecen sanos y fuertes aunque son demasiado inquietos, dime ¿ustedes ya lograron quedar en estado?— pregunto curiosa, el rubio al instante desvió la mirada. Erina tras el primer año de casada había quedado en estado de un niño y al año siguiente una preciosa niña, aquella noticia le pareció maravillosa al joven, esperando que algo similar le sucediera, pero jamás pasó.

—Aún no—respondió algo apenado.

—Ha pasado bastante tiempo, ¿no?—pregunto maliciosa esperando por su reacción.

—Si, eso creo.

—Sabes, ese siempre fue uno de los sueños de Yuuri. Tener una enorme familia. Deberías tener cuidado, puede que su paciencia acabe de un momento a otro—comento como si de cualquier cosa se tratara.

—Él me ama, y está dispuesto a esperar—respondió el rubio sospechando de las intenciones de la mujer.

—Pues yo que tu no lo haría esperar demasiado. ¿Ya fuiste con el curandero?

—Justo acabo de ir.

—¿Y bien?

—No hay nada de malo, me aconsejo no desesperarme. En realidad todo está bien.

—Ya veo, bueno mira te compartiré un secreto de familia, toma— dijo sacando de una canasta y entregándole un ramillete de hierbas de una oscura tonalidad—.Una infusión por la mañana y otra por la noche, bastante sencillo, pero fructifero.

—¿Qué es esto?—pregunto el rubio llevándoselo a la nariz pero apartándolo de inmediato al percibir el amargo aroma.

—Su nombre no importa, lo importante es su efecto, bébelo durante tres meses y quedaras en estado, solo no le digas a Yuuri, no vaya a pensar que no eres capaz de concebir y debes recurrir a estos trucos. Bueno debo irme, espero verte pronto Yuri.

—Te lo agradezco.

El ingenuo joven hizo caso al consejo de la mujer, convirtiendo aquella bebida de extraña y penetrante aroma en todo un hábito que desconcertó a Yuuri.

—¿En verdad debes beber eso?, huele como a algo podrido.—Se quejó preocupado al notar como cada mañana y también noche preparaba sin falta la extraña infusión.

—Si, es para los nervios, me hace bien—Yuuri pensando que el rubio aún se encontraba deprimido por la pérdida de Lilia entendió su manera de combatir aquel mal y pensó que él también debía colaborar en apartar aquellos tristes pensamientos de su amado.

—Gatito, el fin de semana vayamos al bosque, podemos almorzar ahí y quedarnos hasta el atardecer a mirar las estrellas, ¿te parece?

—Por supuesto— respondió ante el plan con alegría.

—Te amo, bueno es tarde, nos vemos.—Tras darle un beso de despedida el mayor salió de su hogar para comenzar un nuevo día, en tanto el rubio tomaba de la amarga infusión pensando en los dulces frutos que obtendría de ella.

—Pronto vendrás en camino—Se dijo así mismo llevándose una mano al vientre.

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Yuuri trabajaba afanosamente en el campo de cultivo al lado de los demás aldeanos, cada mañana salía desde muy temprano para regresar justo a la hora del almuerzo. El trabajo era duro y la tierra difícil, pero todos disfrutaban de la cosecha en proporción al trabajo, usando como moneda de cambio para adquirir otro tipo de bienes las frutas y verduras que ellos mismos cosechaban. El trabajo no cesaba, pero su principal motivación era Yuri quien al término del día lo esperaría con un plato de comida caliente y todo su amor.

—Yuuri, ya es casi medio día, vayamos a almorzar—pidió un chico de piel morena de nombre Pichit, el jovencito era su mejor amigo, él no había llegado como desterrado a la aldea, simplemente una mujer errante había llegado al lugar dando a luz al niño y muriendo en el proceso, el pequeño creció gracias a la gentileza de algunos aldeanos quienes se ofrecieron a cuidar de él, ahora él poseía una modesta cabaña para él solo, era sumamente alegre y optimista buscando siempre el lado bueno de las cosas y en muchas cosas haciendo sonreír a su amigo.

—Bien vayamos— dijo deteniendo su labor, ambos muchachos fueron por su almuerzo, pero en el camino Yuuri no encontró el suyo bajo el árbol donde todos los trabajadores los dejaban.

—Yuuri,¿no trajiste nada?

—Yo…— haciendo memoria de lo que fue su camino se dio cuenta de que todo el trayecto lo hizo con las manos vacias.—Que tonto, lo olvide.

—Podemos compartir el mío. Así no tienes que regresar.

—No nada de eso, Yuri me matara si se da cuenta de que se esforzó en vano, debo regresar.

—De acuerdo amigo. Ve con cuidado.

Corrió a toda prisa hasta llegar a su hogar.

—Tu almuerzo— refunfuño el rubio molesto tomándolo de la mesa para llevárselo a su esposo al umbral de la puerta, el mayor sonrió tontamente rascándose la cabeza mientras el rubio se acercaba, pero la sonrisa se borró al instante cuando su esposo soltó la pequeña bolsa de tela. Una mueca de dolor se dibujó en su rostro, al instante se llevó una mano al vientre para soltar un grito. Yuuri corrió a su lado presuroso para tomarlo entre sus brazos

—Mi amor, ¿qué sucede?—pregunto muy asustado sin saber exactamente qué hacer.

—Duele… duele mucho— dijo con la voz ahogada y los ojos fuertemente cerrados.

—¿Qué? ¿Qué te duele?

—El vientre…— dijo antes de perder la consciencia por el dolor.

—¡Yuri!—Lo llevó rápidamente a la cama que ambos compartían—.Yuri, mi amor, por favor responde, mi vida vamos despierta.—Sin saber que hacer tomo una sábana para envolverlo y cargarlo en brazos hasta la vivienda de Celestino.

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Al dejarlos ingresar a su cabaña, el hombre sintiendo como propia la angustia del muchacho se apresuró en examinar al joven rubio mientras que el azabache observaba en silencio esperando por respuestas.

—¿Puedo ir a tu cabaña?—preguntó después de un extenso exámen.

—¿Qué?—pregunto extrañado—.Dime primero que le ocurre a mi esposo.

—Solo sé que fue envenenado, pero no sé con qué, jamás había visto algo así, por eso necesito ir a tu cabaña, tal vez ahí encuentre algo.

—¿Y mientras tanto?

—Deje unas hierbas bajo su lengua, tal vez despierte hasta mañana, pero prefiero que ambos se queden aquí, si el mal se encuentra en tu cabaña, lo mejor es saber primero a que nos enfrentamos—

Celestino partió hacia la cabaña de la joven pareja, en tanto Yuuri se quedó al cuidado de su esposo, las horas pasaron y no regreso si no hasta llegada la noche, justo cuando Yuri comenzaba a recuperar la consciencia.

—Celestino, ¿encontraste algo?—pregunto el muchacho levantándose del lado de su esposo para ir con el hombre.

—Me temo que si—respondió afligido.

—Eso que significa.

—Esto—dijo entregándole un pañuelo, el joven lo desenvolvió encontrando las hierbas que su esposo hacía en infusión todos los días.

—Yuri lo prepara y toma cada mañana y noche—dijo al reconocerlo de inmediato.

—¿Desde hace cuánto?.—

—Me parece que un mes, no sé qué sea solo sé que huelen muy mal.

—No solo eso, son mortales. ¿Te dijo donde las consiguió?

—No, solo me dijo que se las recomendaron para los nervios, pensé que le harían bien, que le ayudarían para recuperarse después de la perdida de Lilia.

—No puede ser—dijo esto para si mismo—.Yuuri, necesito que tomes asiento.—Le indico señalándole una de las sillas de su comedor de madera.

—¿Estará bien?

—Hijo mío, Yuri ha estado bebiendo en infusión la raíz del odio, ese es el nombre de estas hierbas, por años se les han conocido por ser usadas en potentes venenos siendo infalibles en su cometido. Lo engañaron y él mismo se ha provocado su estado, lo siento mucho, pero su efecto es irreversible. No sé de donde la han obtenido ya que es de difícil acceso y la manera en la cual actúa no se sabe con certeza. De manera general se sabe que provoca una falla lenta y dolorosa en los órganos de la persona afectada llevándolo a la muerte— el muchacho negó sintiendo sus ojos llenarse de lágrimas.

—¿No lo notaste más delgado, con menor energía?

—Yo…, yo pensé que había sido por la partida de Lilia, creí que seguía deprimido, yo fui un estúpido y no me di cuenta.

—No, fue esto— dijo señalando las hierbas que Yuuri dejara sobre la mesa.

—Celestino, por favor, te lo suplico, ayúdanos.

—Lo siento, en verdad lo siento Yuuri, pero no hay nada por hacer, todo lo que se sabe que esta planta es que sus efectos son irreversibles.

—No, por favor, no me digas eso.

—Lamento decírtelo, sé cuánto lo amas y él a ti, exactamente hace un mes llegó conmigo para examinarse, quería quedar darte un hijo.

—Yuri, mi Yuri— dijo sollozando su nombre.

—Te daré algunas plantas medicinales que ayudaran a menguar el dolor, calculo que no les queda más de un mes, así que aprovéchalo a su lado.

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Desconsolado regresó a su hogar con el rubio en brazos, durante el camino no dejó de llorar su destino, sin entender cómo podía ser tan vil la gente al grado de querer envenenar a un inocente.

Mientras llegaba a su hogar, recostándolo sobre la cama acarició sus rubios cabellos, el rubio semiinconsciente entre sueños se quejaba del dolor, por lo cual Yuuri le dio más de las hierbas de Celestino.

—Mi amor, por favor, no me dejes— suplico quedándose de rodillas a su lado, tomando entre sus manos la delgada mano besándola.

El siguiente día los sorprendió, el joven rubio encontró a su esposo a su lado de rodillas tomando su mano entre las suyas, el dolor había perdido intensidad, por lo que intento incorporarse, al hacerlo un malestar en su vientre le llevo a sostenerlo.

—Fui un estúpido, perdóname por hacerte pasar por esto.—Le pidió acariciando los negros cabellos. Yuri entre su seminconsciencia había escuchado todo, le quedaba poco tiempo pero Celestino tenía razón debían aprovecharlo, amarse y Yuri debía ayudar a su esposo a prepararse para su muerte, no quería que guardara rencor alguno, ni que guardara luto eterno, solo esperaba que tras su partida encontrara nuevamente la felicidad.

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Los días siguientes aún en contra de la voluntad del mayor, Yuri le pidió vivirlos con normalidad ya que no deseaba llamar la atención de la gente de la aldea y mucho menos causar molestia a su esposo ni a sus suegros por lo que le pidió discreción siendo Pichit la primer y única persona que se enterara y con quien Yuuri podía desahogarse hablando.

Por parte de Yuri busco por todos los medios luchar y pese a ser consciente de su inevitable final solo quería que los días que le quedaran fueran de paz en compañía de su esposo pero incluso esa simple petición era imposible. Con cada día que pasaba perdía mayor peso, su semblante lucía demacrado y el dolor iba en aumento. Por mucho que quisiera disimular frente a su esposo pronto llegó a un punto de no retorno y Yuuri tuvo que confesarle todo a sus padres cuando supo que ya no podía más.

Los Katsuki poco podían hacer ante lo inevitable, pero dentro de lo que estuviera en sus manos apoyarían en lo posible a la joven y querida pareja. De tal manera que en cuanto la condición de Yuri empeoro Hiroko se mudo con la joven pareja para cuidar de su yerno.

—Yuuri. Perdón por mencionarlo, pero escuche por Celestino que la condición de Yuri empeoro—comento Pichit verdaderamente afligido por su amigo durante el almuerzo.

—Hace dos días que no se ha levantado de la cama. Está tomando una nueva infusión que Celestino preparo, pero los resultados no han sido los esperados, mi madre se ha quedado cuidándolo mientras yo estoy aquí. Sabes Pichit, alguien de la aldea le proporciono esas hierbas, fue la conclusión a la que llegamos ya que era imposible que por el mismo las conociera si sus conocimientos en herbolaria son los mismos de mi madre. Dime Pichit, ¿Por qué alguien desearía desquitarse con un inocente?, Yuri no ha hecho nada malo al contrario, es solidario con quien lo necesita, jamás ha buscado pelea y pese ser tratado como apestado él tiene la misma actitud con todos, no lo entiendo—dijo dejando salir toda la impotencia acumulada en su ser.

—La maldad humana no conoce límite amigo, ¿él no te ha dicho nada?

—No, no quiere que piense en eso y tiene razón, de nada vale desperdiciar sus días buscando una vana justicia.

—Lo lamento. Escucha en lo que necesiten saben que pueden contar conmigo.  

—Gracias Pichit—Ambos jóvenes comieron sus alimentos en silencio o al menos Pichit lo hizo ya que Yuuri se encontraba demasiado afectado para probar bocado. De repente una idea cruzo por la mente del moreno.

—Yuuri no sé si creas en este tipo de historias pero hace mucho me contaron que a las afueras de la aldea, en los límites del bosque, existe una aldea llena de riquezas cuyo líder es un sabio y justo hechicero, que con sus enormes poderes es capaz de todo, de curar cualquier enfermedad, de atraer la riqueza y prosperidad, dicen que el lugar era parecido a este, con tierra poco fértil, limitados recursos y la pobreza era latente pero su gente al tener un corazón limpio y puro lo atrajeron, le ayudaron mientras él se encontraba errante y él en agradecimiento viendo las posibilidades de aquel lugar decidió quedarse como su líder, ayudarlos y proveerlos de todo, se dice que ahora viven fuera de toda legislación, que el mago los mantiene ocultos y solo aquellos puros de corazón logran encontrarla, solo ellos pueden verla y entrar para consultar al hechicero quien con toda su bondad los recibe ayudándolos en el acto. Escucha, sé que suena como una tontería, pero, ¿y si es verdad?, la aldea de la esperanza podría ser tu solución.

ﻼﻼﻼ

La idea de Pichit le rondaría la cabeza durante todo el día, él también conocía la historia, pero jamás lo vio como posibilidad, después de todo quien creería en la magia viviendo en un lugar como aquel, más sin embargo al llegar a casa cambiaria de opinión.

Su madre lucía cansada, pero afanosamente buscaba por todos los medios bajar la alta temperatura del rubio quien se encontraba delirante.

—Yuuri…, pe…perdón, perdóname—murmuraba en su inconsciencia.

—Hijo, yo lo siento mucho—Se disculpó Hiroko en cuanto noto la presencia de su hijo.

—Mamá, ¿Qué ha pasado?

—La fiebre no ha bajado desde la mañana, no sé qué más hacer—respondió afligida. Yuuri corrió hasta quedar al lado de su esposo y tomar entre sus manos la delgada del joven.

—Yuri por favor no me hagas esto—pidió ferviente—Me haces mucha falta, no me dejes.

Hiroko miró la escena con lágrimas en los ojos, ella tampoco estaba preparada para perder al muchacho que sostuvo entre sus brazos cuando era tan solo un bebé, a quien ayudo a criar y vio crecer de una manera tan bella. No quería perder al joven que consideraba como un hijo más.

—Yuri por favor lucha, no nos dejes.

—¿Mamá?

—Tenemos que hacer algo Yuuri, lo que sea.

Aquella noche movido por la desesperación Yuuri tomó una dura decisión que de inmediato comunico a su madre.

—Yuuri, nada te asegura que sea cierto.

—Pero tampoco lo contrario. Mamá por favor espero comprendas mi situación, necesito intentar lo que sea para salvarlo—dijo desesperado.

—Hijo…

—No quiero perderlo por quedarme con los brazos cruzados, perdóname mamá.

—Te comprendo hijo, no quisiera perder a ninguno de los dos, pero si en tus manos se encuentra salvar al amor de tu vida no pienso ser imponerme, al contrario les deseo lo mejor y si encuentran su felicidad lejos de aqui, que así sea—Yuuri notó la preocupación reflejada en el rostro de su madre, pero las palabras que le brindo terminaron de darle las fuerzas que le hacían falta para continuar. Sin más Yuuri atrajo a su madre a sus brazos. La mujer de condición omega le brindo de su calor de madre consciente de la situación a la cual se enfrentarían y rogó a todos los Dioses habidos y por haber porque ambos jóvenes encontraran un feliz final a su historia de amor.

 Yuuri con determinación preparo lo necesario, un caballo, provisiones, los medicamentos que les proporciono y envolviendo al rubio entre algunas mantas lo tomo en brazos. Con su preciada carga monto el animal.

Haría caso a Pichit, iría en busca de la aldea de la Esperanza, sin importar si existía o no prefería intentarlo, se internarían en el bosque, ya fuera que la encontraran o ambos murieran en el acto.

Publicado por nincoxx

De entre todas las cosas en la vida mi mayor placer es escribir, para mi es tan esencial como el aire que respiro. Por medio de mis historias puedo ser libre, explorar mil y una posibilidades, salir de la monotonía, vivir varias vidas y convertirme en distintas personas. En lo personal me considero una persona completamente romantica, sin embargo mis historias pueden estar llenas de tragedia o finales no muy felices, pero sin embargo nunca faltará una buena dosis de amor.💓

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