SinLímites: X. La calma antes de la tormenta


Muchas gracias a mi beta @SiariJY por ayudarme a corregir el capítulo ❤ 

Esos días no fueron los más fáciles para ninguno de los habitantes de la mansión. El funeral se celebró al día siguiente y todo el poblado asistió con caras serias y trajes oscuros.

 Nikolai no solo había sido un célebre guerrero, había defendido su pequeño poblado de los enemigos y había ayudado a aquellos más pobres cuando lo habían necesitado. Gracias a él se habían hecho pozos con el fin de que las personas no tuvieran que caminar hasta el río para sacar agua y en su juventud había ayudado a construir muchas de las casas de madera que ahora llegaban hasta el bosque Raíces, donde lo enterrarían.

Según la tradición, alfas y omegas eran enterrados en el bosque para fundirse con la madre naturaleza. Se creía que allí residían más de un millar de almas y estas ayudaban a los alfas y omegas jóvenes a encontrarse en el sagrado ritual del apareamiento. 

Yuri mantuvo sus ojos rojos durante todo el funeral y al final depositó una flor blanca en su tumba; un lirio. Fuera donde fuera que fuese el abuelo, esperaba que pudiera reunirse de nuevo con su madre.

Una vez todo terminó, Yuri empacó lo necesario para el viaje de vuelta. Jean le había ofrecido quedarse algunos días, pero no sería capaz de estar en esa casa por más tiempo. Había demasiados recuerdos flotando en cada esquina. Si se quedaba allí se perdería a sí mismo y ya se encontraba lo suficientemente perdido en su vida, aunque le costara admitirlo. 

Además Mila había decidido separar sus caminos. Ella reuniría al ejército faltante del abuelo. Ahora que era su líder debía conocerlos y entrenar con ellos, probablemente no la verían en algún tiempo y eso también incluía a Otabek.

 A Yuri no le pareció justo. Otabek había estado con él desde que se habían hecho amigos de pequeños y jamás se habían separado. Él le había seguido y obedecido todas sus órdenes. Si le quitaban a su abuelo y Mila y Otabek también se separaban de ellos, eso solo le dejaba a Jean y su relación con él era diferente. Estaría en un palacio lejano en el que él era un completo desconocido para todos, sin amigos.

La idea de reclamarle a Otabek cruzó por su cabeza. Él era su amigo antes de que conociera a Mila así que debía de obedecerlo, dejar el ejército y seguirlo a él para escuchar sus problemas y hacerle compañía. Las palabras rodaron por su lengua dejando un sabor amargo y al final fue incapaz de pronunciarlas.

En el pasado hubiera sido egoísta, pero privar a Otabek del que siempre había sido su sueño también era injusto. Su abuelo una vez le había explicado que merecía la pena hacer sacrificios por aquellas personas que nos importaban, y empezaba a entender el significado de sus palabras.

 Se despidió de ellos de la manera más desinteresada que pudo fingir para evitar que se preocuparan por él, y montó en su caballo para seguir a JJ. Apenas en unos días estuvo de nuevo en el reino de fuego. 

Pensó que se sentiría solo en ese castillo enorme, pero todos parecían volcados con él. Incluso si Jean estaba ocupado, siempre sacaba tiempo para entrenar algunas horas y pasear con sus caballos en el peor de los días. Yuri era una auténtica “amazona” en su caballo, la forma en la que cabalgaba y el caballo entendía sus órdenes revelaba un vínculo muy estrecho entre ellos. 

Jean casi siempre acababa derrotado, a no ser que hiciera alguna trampa, en cuyo caso Yuri se molestaba tanto que se lanzaba a por él y acababan rodando por el suelo donde el omega siempre acababa entre los brazos del alfa que reía con ganas.

La reina Nathalie también era muy considerada. A veces tenían largas charlas y le había mostrado la inmensa biblioteca del palacio. Yuri jamás había visto tantos libros juntos en su vida, la estancia estaba llena de tomos interesantes y todos los días hurtaba alguno para llevarlo a su recámara hasta que llegaba Jean. 

Aunque jamás lo diría en voz alta, el futuro rey era un hombre realmente atractivo con un aroma poderoso. Y admitía que sabía lo que hacía en la cama.

El sexo con Jean era caliente, le hacía arder de deseo y le quitaba la respiración mientras gemía en medio de un placer casi agonizante. A pesar de su orgullo, Yuri había aceptado que lo deseaba.

 A veces de forma desesperante, cuando la habitación olía a él y sus feromonas respondían alborotadas. Y se había convencido en que no había nada de malo en disfrutarlo, si lo separaba del amor. 

El amor era diferente a la pasión, hacía a los omegas sumisos y plegados a los deseos de su alfa. Él lo odiaba y no se permitiría acabar de esa forma. Solo disfrutaría del cuerpo de Jean, de sus manos cuando sujetaban sus caderas, de su espalda ancha a la que podía arañar a su antojo, y a sus labios cuando recorrían su sensible piel en medio del sexo. 

Solo sexo.

Cuando apenas había pasado un mes de su vuelta Jean Jacques tuvo que marcharse con la mitad de sus alfas. El moreno le había contado que debían reforzar las defensas antes de que se produjera otro ataque. Había algunos puntos débiles en el reino que los enemigos no tardarían en descubrir y debían llegar antes que ellos. 

Él actuó como si no le importara. Jean podía desaparecer si quería porque no sentía nada por él, aunque al tercer día ya sentía como el aburrimiento extremo lo invadía. 

Su primer plan había sido refugiarse en la biblioteca, pero su mente estaba demasiado dispersa para los libros, enseguida se distrajo y cerró el manuscrito que tenía en las manos con frustración al comprobar que no se había enterado de nada en las últimas cuatro páginas.

 Se levantó con pereza de la silla pensando en que podría hacer, quizás cabalgar por las afueras del castillo, eso siempre solía despertar su ánimo. Pero antes de que saliera a la puerta principal un omega llamó su atención. No era la primera vez que lo veía, a veces visitaba los jardines del castillo y se escondía entre los árboles para no ser visto mientras observaba a los soldados.

Yuri pensó que se trataba de algún omega pervertido que disfrutaba de ver a los alfas sudados en el entrenamiento, pero esta vez se había desviado de su rumbo normal y se dirigía directamente a las cocinas. Sin pensarlo demasiado lo siguió hasta que alcanzó al omega en la despensa.

 —¡Quieto, ladrón!

Mickey se giró con un sobresalto. Tenía un trozo de pastel a medio comer y su abultado vientre sobresalía de forma notoria. Sus mejillas se colorearon de vergüenza mientras trataba de limpiarse los restos de crema de las comisuras de la boca.

—¡No soy un ladrón!

El menor lo miró con una ceja alzada. Se había sorprendido al notar que el omega estaba inequívocamente embarazado, la barriga le levantaba la camisa de forma que terminaba enseñando su piel.

Él nunca había tenido amistad con otros omegas. Odiaba los temas de conversación que sacaban entre ellos, casi siempre relacionados con algún alfa por el que suspiraban. Pero, de entre todos los omegas, lo que peor llevaba era relacionarse con omegas embarazados. Siempre se sentía incómodo cuando veía alguno. Para él, el embarazo era una original forma de tortura ideada para los omegas. 

 —Tengo permiso de JJ y la reina Nathalie para estar aquí —Mickey recuperó su compostura para mirar detenidamente a Yuri —. ¿Tú eres el omega de JJ?

—¡¿Qué?! ¡Yo no pertenezco a ese idiota! En todo caso, él me pertenece a mí.

Mickey quedó momentáneamente sorprendido. Era raro ver a otro omega con ese carácter, especialmente uno tan joven. La mayoría de omegas que él conocía eran insoportablemente sumisos y le daban dolor de cabeza. A excepción de su hermana menor, claro, pero ella tampoco encajaba en el carácter que se esperaría de un omega. 

—Veo que ya os habéis hecho amigos. ¿Sigues teniendo antojos, Michelle?

Ninguno de los dos se había dado cuenta de que la mujer había entrado, como un gato silencioso, hasta que ella misma habló.

—¡Majestad! —las mejillas del omega mayor volvieron a colorearse e intentó limpiar todo el estropicio.

 —No te preocupes, cuando yo estaba embarazada de mi niño engordé casi quince kilos. Echaba miel de maple hasta en el café —le sonrió dulcemente mientras le ayudaba a recoger—. Emil y JJ aun tardarán unos días en regresar, pero estarán deseando hacerlo. 

Yuri recordaba a Emil como el chico extrovertido de cabellos dorados que parecía tan cercano a JJ. Si no recordaba mal era el capitán de la guardia real, así que el omega castaño si era un pervertido que se escondía entre los árboles para acosar soldados, pero solo a uno de ellos. 

—Supongo que los extrañáis mucho.

Iba a replicar, pero el castaño se le adelantó.

—¡No le echo de menos! Yo… solo vine a ver a mi hermana.

 Las mejillas de Michelle volvían a estar muy rojas por la insinuación. El embarazo lo ponía extremadamente sensible a cualquier tipo de comentario. 

—¿Tu hermana trabaja aquí?

—Se llama Sala. Es una doncella del palacio.

 Nathalie permaneció pensativa por unos instantes, conocía al personal así que enseguida la imagen de una encantadora omega de piel morena y brillantes ojos violeta le llegó a la mente.

—¡Ah, creo que la recuerdo! Llamaré al servicio para que venga, pero antes ambos vais a acompañarme a tomar el té en el salón.

Los omegas la siguieron y acabaron sentados en unas bonitas sillas de aspecto barroco colocadas en uno de los lados de la sala principal. Junto a ellas había una mesa llena de dulces, leche, azúcar y té. Yuri podía jurar que el omega castaño se estaba reprimiendo con todas sus fuerzas para no alargar la mano y tomar uno de los pastelillos. 

—No seáis tímidos, podéis coger lo que queráis —aclaró la reina mientras se sentaba con ellos y hacía un gesto a las doncellas para que los dejaran solos.

Yuri tomó una galleta de canela con su taza de té y entonces Mickey tomó otro pastelillo. Imaginaban que Nathalie quería contarles algo importante para haberlos reunido a ambos, pero ella siempre buscaba la forma de suavizar las noticias incluso si eso significaba dar rodeos interminables para desesperación del rubio.

—Mickey, me disculpo en nombre de mi hijo. Sé que no es fácil para un omega separarse de su alfa en medio de un embarazo, debes de estar pasando mucho estrés, pero Jean no se hubiera llevado a Emil si no hubiera una buena razón para ello.

 El omega castaño quiso negarlo, decir que ni siquiera se había dado cuenta de la ausencia de Emil para ocultar un poco la vergüenza que le llevaba reconocer que no podía vivir sin él, pero sus manos temblaban. 

Esos días habían sido horribles y sus noches peores, sus hormonas estaban alteradas como nunca, buscando con desesperación algo que no estaba a su lado en la cama. Respiró tratando de serenar sus emociones.

—Sé que el reino no pasa por su mejor momento. 

A Emil no le gustaba preocuparlo, pero su alfa también se había refugiado en él contándole los ataques a los campesinos de las fronteras. 

El menor miró a ambos, desconcertado. Él también había oído rumores, pero no sabía hasta que parte eran ciertos.

—¿Se aproxima una guerra?

Los otros dos se removieron incómodos en las sillas.

—Cielos, no. Jean y Emil estarán aquí en pocos días con todo solucionado, no tienen de que preocuparse. Hablando de eso, ¿cómo están siendo sus noches? 

Los dos enrojecieron de inmediato tratando de no derramar el líquido que estaban bebiendo.

—¿A-a… qué se refiere? —consiguió articular con dificultad el castaño. 

—Podemos hablar de esto con naturalidad. Sé por experiencia lo difícil que es para un omega estar sin su alfa, especialmente para los jóvenes. Las hormonas nos pueden jugar malas pasadas.

Los dos continuaron con los ojos abiertos como platos mientras la reina continuaba con lo que podía ser la conversación más incómoda de sus vidas.

 —¿Han probado a masturbarse? 

Yuri escupió su té, pero a nadie pareció importarle. Al parecer la reina no era tan esquiva para tratar ciertos temas. Mickey en cambio no pudo resistir más la presión y asintió tembloroso. 

—Pero eso lo hace mucho peor. Los omegas no somos betas, la masturbación no nos satisface, acabamos sintiendo como nuestras hormonas arden sin ser calmadas. 

—Eso es porque no habéis contado con… la ayuda precisa.

 Nathalie sacó un cofre de madera de color verdoso. Dentro había dos bolsitas que contenían píldoras rojas del tamaño de un botón. Extendió una a cada omega.

 —Esto ayudará a que podáis llegar al orgasmo, es muy potente. Tú, Yuri, puedes tomarlas cada dos días dejando un día de descanso. Mickey en cambio no más de una vez a la semana mientras estés embarazado. Tomarlas más podría forzar tu celo y sería desastroso.

 Yuri y Michelle tomaron las bolsitas sin saber muy bien cómo reaccionar. Era realmente vergonzoso hablar de eso con la reina, pero ella tomaba su té tranquilamente e incluso parecía divertida de hacerles pasar apuros. 

—Deberíais probarlas cuando no podáis dormir. Son milagrosas.

Sonrió probando otro sorbo de su té mientras los dos omegas asentían aún rojos como tomates. 

Esa noche, Yuri contempló la bolsa de píldoras sin saber muy bien qué hacer. Las noches anteriores apenas había dormido dando vueltas en la cama con la almohada que usaba JJ entre los brazos. No quería volver a pasar por eso. 

Con decisión tomó una de las píldoras y la tragó sin masticar preguntándose cuando haría efecto. Se adentró en el baño privado y se cepilló los dientes para después tirar su ropa en la cubeta. 

Completamente desnudo caminó hasta la gran cama principal y se lanzó entre las sábanas, un olor a madera, naranja y ámbar lo invadió. Era el olor de JJ. 

Giró su cuerpo por completo, sobresaltado, y recorrió toda la estancia con la mirada esperando encontrar al alfa, pero la habitación estaba vacía. Volvió a hundir la cabeza en la almohada. Pensó que debía haberlo imaginado, aunque el olor seguía materializándose en su nariz y el cosquilleo en su vientre comenzaba a extenderse en oleadas. Al principio de forma sutil hasta que las oleadas se hicieron más intensas y seguidas, quemaban tanto que cuando una se producía acababan cortándole la respiración.

Su piel se había hipersensibilizado, ahora la sentía más caliente y cada roce que provocaba de forma accidental con las sábanas le hacía suspirar. Y el olor…

El olor de Jean era tan palpable que si cerraba los ojos podía sentirlo. Acarició su abdomen, bajando por sus caderas hasta separar sus piernas de la forma en la que él lo haría. Un jadeo escapó de sus labios. Las caricias a través de los muslos le provocaban un vuelco en el estómago incluso si aún no había tocado su entrepierna, y sentía su entrada lubricarse hasta que la propia humedad amenazaba con salir fuera y escaparse entre sus muslos. 

Yuri dio una vuelta en la cama aplastando sus erguidos pezones contra el colchón y deslizó una almohada entre sus piernas. Sus caderas se rozaron instintivamente contra ellas mientras suspiraba de placer por la fricción. 

Imaginó a Jean, con su abdomen firme y duro contra su espalda, situándose detrás para agarrar sus caderas de forma potente y enterrarse en él sin contemplaciones. Sus dedos viajaron hasta su propia entrada introduciéndolos de uno en uno mientras danzaban quedando empapados de su humedad.

Yuri mordió las sábanas cuando sus caderas empezaron a moverse al ritmo de los dedos y su miembro quedó aprisionado en la almohada. 

Ardía imaginando como Jean era el que le tocaba, cómo sus dedos aunque más finos podían ser los de Jean jugando en su interior para después sustituirlos por su enorme miembro. Imaginaba como su alfa lo follaba duro contra el colchón al mismo tiempo que susurraba palabras sucias en su oído, intercambiándolas por jadeos desesperados que acababan con él viniéndose entre gemidos de éxtasis y el miembro de Jean enterrado en su trasero. 

Cuando acabó limpió como pudo los rastros que había dejado en la almohada y que aún quedaban entre sus dedos y piernas. Una vez se había ido el calor que lo envolvía, se sentía perdido, ya no olía a madera, naranja y ámbar ni sentía unas manos grandes y cálidas recorrer su cintura. 

Hundió su cabeza en la almohada y comenzó a derramar gruesas lágrimas contra ella. La reina le había dicho que el placer lo relajaría, pero él no se había sentido nunca tan vacío como en ese momento. Lloró hasta que se durmió con un nudo en la garganta que amenazaba con ahogarlo.

Tres días más pasaron después de eso. Yuri no se había atrevido a tomar las pastillas de nuevo. Prefería no dormir a despertar del trance sintiendo que todo había sido una ilusión. Y noticias de la llegada de Jean tampoco venían, pero había encontrado un remedio para apurar el paso del tiempo. Entrenar. 

Su cuerpo mejoraba muy lentamente, le costaba ganar la fuerza y resistencia que deseaba, sin embargo, era muy habilidoso en cuanto a la técnica. JJ le había dicho que tenía talento natural y eso le había hinchado el pecho de orgullo. 

Era ágil, rápido y aprendía los movimientos con tan solo verlos una vez. Así que Yuri repasaba cada una de las técnicas que Jean le había enseñado en una esquina apartada del jardín, junto a su árbol favorito. Lo hacía hasta que sus músculos dolían y se encontraba tan cansado que podía dormir de agotamiento. 

Los últimos días tampoco había contado con la reina para entretenerse, ni siquiera con ese omega embarazado. Parecía que lo evitaban e incluso los había visto esconderse de él un par de veces. 

Su cabeza estaba hecha un lío imaginando qué podía haber hecho para que lo odiasen y no quisieran pasar tiempo con él. Terminó estallando en rabia y rompiendo cualquier objeto inocente que se hallara a su alrededor en su recámara. Se había pasado media vida repitiéndose así mismo que era mejor estar solo y que no necesitaba a nadie que lo molestara y ahora que por fin lo había conseguido su corazón dolía por ello. 

Entró cabizbajo en el salón, arrastrando los pies a través de la recepción principal con rumbo a su habitación sin molestarse por la oscuridad que parecía envolverlo todo.

—¡Felicidades!

Las velas se encendieron cuando Yuri aún se encontraba en medio de la estancia permitiéndole ver una mesa enorme llena de comida. Estaban Nathalie, Michelle, la omega morena a la que Mickey llamaba Sala, Emil, algunas doncellas y… No se había dado cuenta de que la habitación no se había iluminado al encenderse las velas sino cuando lo había visto a él.

Jean corrió hasta él, abrazándolo fuertemente y susurrándole cuanto le había extrañado. Olía a madera, naranja, ámbar y sangre seca. 

—¡Feliz cumpleaños, Yuri-chan!

Yuri se había sentido tan acurrucado entre los brazos del alfa que apenas si pudo darse cuenta de dónde estaban, rodeados de tanta gente. 

—No es mi cumpleaños, idiota. Hoy es…—hizo una pausa ubicándose en el tiempo mientras contaba los días con los dedos—. Uno de marzo.

Jean no pudo evitar soltar una carcajada ante la carita confundida del menor.

—¿Habías olvidado tu cumpleaños? 

Sus mejillas se encendieron con vergüenza y, como venía siendo su reacción natural, pisó uno de los pies del alfa con toda su fuerza. 

—¡Cállate, estúpido!

El resto de la habitación rio ante lo que era otra de sus escenas cotidianas recordándoles de nuevo a ambos que no estaban precisamente solos. 

—Yuri, querido, fue muy difícil ocultarte todos los preparativos de la fiesta sorpresa —la reina Nathalie le sonrió de la forma maternal que acostumbraba—. Lamento el aspecto que tiene el pastel, tuvimos un percance con el primer pastel y tuvimos que hacer un segundo de repuesto sin apenas tiempo.

Le había parecido que ella miraba a Emil y Michelle, que habían permanecido pegados todo el tiempo, con reproche y ellos se sonrojaron como aquellos que se sabían culpables de un secreto. 

—¡Todo parece delicioso! —Jean alargó su mano para tomar un dulce pero su madre le dio un manotazo de inmediato. 

—¡El cumpleañero es el que debe partir el pastel y empezar primero!

JJ quiso señalar que en realidad Mickey se había adelantado pues llevaba comidos al menos dos pastelillos desde que estaban allí, pero su madre le advirtió con una mirada que era mejor callarse y Yuri comenzó a reír ante la situación, una risa genuina e inocente que llevaba tiempo sin salir e inundó la habitación coloreando las mejillas de todos, especialmente las de Jean que lo miraba como si fuera la belleza más imponente del universo. 

El alfa se inclinó ante él, tomándolo de las mejillas para juntar sus labios en un beso. Y él ni siquiera pudo enfadarse por haberse atrevido a hacerlo en público. Había echado tanto de menos esos besos que su cuerpo solo reaccionaba para apretarse más contra él.

 Cuando el beso se pausó pudo contemplar mejor su pecho, debajo de la camisa había algunas cicatrices muy recientes. Momentos más tarde, tomó la muñeca de Jean para escabullirse en medio de la fiesta mientras el resto comía y armaba escándalo. La despensa fue el primer lugar que encontró y empujó a su alfa para que entrara. Una vez allí comenzó a desabrocharle la camisa. 

—¡Gatito, no pensaba que fueras tan ardiente! JJ también te echó de menos. 

—¡Cállate, estúpido!

Repasó con un dedo el borde de las cicatrices, había una tan larga que le llegaba hasta el abdomen y todas presentaban el tono rojizo que dejaba la sangre cicatrizada. 

—¿Qué ocurrió?

La mirada de Jean se oscureció.

—No te preocupes por eso, soy un alfa fuerte, ¡enseguida estaré curado!

Yuri chasqueó su lengua, molesto, y presionó con su dedo una de las cicatrices más recientes haciéndole soltar un gemido.

 —¡Eh, escuece!

—No soy un idiota, quiero que me digas lo que pasa. No quiero un maldito resumen, tengo derecho a saberlo todo.

Jean cerró los ojos debatiéndose mentalmente que hacer. 

—No quería que estuvieras involucrado y mucho menos quiero arruinar tu cumpleaños.

—¡Y un cuerno! —Yuri amenazó con pegarle una patada si no le terminaba de contar la verdad.

—Está bien, está bien. Te lo contaré todo, siéntate —Jean se acercó a un escalón para tomar también asiento y Yuri le siguió—. Antes el reino de fuego pertenecía al reino de Víctor, pero en la última gran guerra de naciones consiguió la independencia. Pasó a ser una de las pequeñas ciudades que quedaron desamparadas y gobernadas por guerrilleros.

Yuri asintió, hasta ahí ese había sido el caso de su pueblo. 

—Pero bajo el mando de papá el pueblo prosperó. Las cosechas en esta tierra son fructíferas y también hay minas de oro. Otros pequeños clanes decidieron unirse para obtener ventajas de comercio y al final acabó convirtiéndose en un reino tan importante como el reino de hielo. 

—Pero ahora pelean.

El alfa volvió a asentir. 

—El rey Víctor es ambicioso, deseaba el reino de fuego y aún cree que le pertenece como en el pasado. Cuando murió mi padre yo tenía dieciséis y él se presentó en el reino con un desfile pomposo —Jean recordó como la sencillez no estaba en el código de Víctor, él hacía todo a lo grande—. Me ofreció el puesto de duque del reino de hielo y un montón de riquezas si entregaba mi reino. 

—Y lo rechazaste —conjeturó Yuri.

 —Le dije que sería el héroe que impediría que él lograra dominar los seis grandes reinos —una sonrisa se le escapó, aunque a Yuri le pareció una respuesta bastante estúpida—. Víctor se marchó ofendido y al principio nos dejó en paz, pero luego se unió a dos grandes reinos más y desde que se enlazó con el reino de la música su poder es imparable. 

Yuri asintió en silencio. Aun no conocía del todo el reino de fuego, aunque lo poco que había conocido le había parecido inmenso y muy animado; había comercios de todo tipo y una gran cantidad de personas ruidosas que parecían vivir felices, pero aunque el reino le pareciera fuerte no imaginaba como podían ser cinco grandes reinos unidos. 

—Después de ello, comenzaron los ataques en las fronteras. Principalmente eran expediciones de pillaje a modo de avisos—Jean hizo un gesto con las manos simulando unas comillas para remarcar la última palabra—. Nos fuimos porque llegó la noticia de otro asalto y fuimos con las tropas para defender a los campesinos, pero no era una expedición pequeña para hacer pillaje sino un batallón de asalto. Por suerte no nos esperaban y pudimos tender una emboscada.

—¿Ganasteis?

—No. Perdí a parte de los míos, Yuri. Pero sí, los pocos que quedaron del otro bando huyeron. 

Jean tomó a Yuri de la muñeca para llevarlo de nuevo a la fiesta. Cumplía diecisiete años y él había deseado que se mantuviera alejado de todo aquello, quería llenar todos sus días de felicidad y bajarle la luna solo porque a él se le antojara. Pero la guerra parecía inevitable y se sentía aterrado ante la idea de no poder proteger a su omega.

—Sé que odias el contacto físico, pero ¿querrías bailar conmigo solo por esta vez? 

Yuri contempló a Jean, frente a él estaba un alfa que parecía alto y fuerte por fuera pero que se ponía nervioso ante Yuri solo de pensar en que podía rechazarlo. El tipo de alfa que aunque estuviera sucio y herido no había dejado que le atendieran porque antes quería ver a su omega y bailar con él durante horas. 

—Solo por esta vez—murmuró girando su cara con indiferencia. Era lo único que necesitaba para que Jean lo tomara de la cintura y lo meciera al ritmo de la música.

ANTERIOR SIGUIENTE

5 comentarios sobre “SinLímites: X. La calma antes de la tormenta

  1. OMGGGG había encontrado esta historia en AO3 y solo estaba hasta el capitulo 6. Por un momento creí que ahi finalizaba, pero me pareció raro y no estaba del todo convencida de que así sea. Así que navegando un poco por internet, me topo con que se encuentra aquí. Me emocione mucho, porque además de que me gusta la historia en si, amo demasiado el Pliroy y no he encontrado muchas historia actuales sobre ellos, mucho menos que sean tan extensas. Espero la continues pronto! 🙂

    Le gusta a 1 persona

    1. Tengo que actualizarla en AO3, esta historia estaba en wattpad pero me la borraron así que ahora trato de actualizarla en más plataformas. Me alegro un montón de que te guste y gracias a tu comentario me he acordado de actualizar un capítulo extra.

      Si quieres estar actualizada con la historia y ya que te gusta el Pliroy puedes seguirme en la página de facebook “Isisbelleart” donde casi todo lo que publico es Pliroy. ¡Gracias por tu apoyo!

      Me gusta

      1. Lamento lo de Wattpad, la verdad es que últimamente ha estado haciendo eso con muchas historias.
        Me alegro que mi comentario haya ayudado, así que ¡gracias por la actualización!
        Y que bueno saber que tienes una pagina en facebook, te seguiré pronto para poder esta al tanto de todo 🙂

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  2. Victor como Villano me intriga, ya deseo ver su aparicion y como Jean lo enfrentará, recien tuve tiempo para leer xDD (al finnnnn) akshgdkasgdhagsdkas

    La mamá de JEAN ES LA ONDA XDDDD

    por cierto, en esta parte de aquí: hizo una pausa ubicándose en el tiempo mientras contaba los días con los dedos—. Uno de marzo. (ese uno de marzo, en realidad seria “Primero de Marzo”, recuerda que para cumpleaños o puestos de acenso o decenso, se enumera con los numeros Ordinales y no con los Numero Naturales.

    del resto, todo está perfecto *O*

    Le gusta a 1 persona

    1. Víctor no es un villano realmente, sino un antagonista al igual que Yuuri. Tienen sus propios objetivos e historia, pero claro, confronta con la de nuestros protagonistas.

      Y si la mamá es genial.
      Con respecto a lo que me comentas, agradezco que corrijas los fallos pero en este caso más que un fallo es un choque cultural, en España se emplea como lo escribí en el fic (yo soy española) mientras que en los países de América latina es más común usarlo como comentas, pero ninguna de las dos formas está mal y depende de a lo que estés acostumbrada.

      Me gusta

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