Cuando el sol caiga: Capítulo 3


.

.

El día es verdaderamente precioso.

El sol afuera y el vago sonido de la música amenizan el ambiente.

La dulce brisa apenas acaricia las cortinas de tul blanco en los balcones.

Yuri observa a través de estos a Mila, quien trae en brazos a su pequeño hijo, Lev.

—Ya vienen… —le dice a Victor, sonriendo y girándose a verlo.

—Recuerdo a un pequeño tigre que juraba ser siempre libre y nunca hacer lo que otros hacían… —le dice Victor, sentado en un gran sillón y refiriéndose a Yuri cuando éste aún era un niño—. Recuerdo que esa pequeña fierecilla decía que prefería morir antes de hacer lo que debía hacer solo porque otros decían que era lo correcto.

—¿Qué esperabas que hiciera? Tuve que casarme, él no me dio opción.

—Y tuviste un hijo.

—No hables de mi hijo. Lev es lo más precioso que existe en el mundo entero. NADA se le compara.

Victor lo observa con atención, parece estudiarlo de pies a cabeza, analizando no solo su cuerpo, sino también su alma.

—¿La amabas? —le pregunta Victor, refiriéndose a la madre del pequeño Liova.

Yuri piensa unos segundos su respuesta, y es que hasta ese instante, nadie nunca le había hecho una pregunta así.

—Al caer enfermo el Príncipe Yuuri, algunos nobles creyeron que era buena idea aprovecharse de su debilidad y asesinarlo… —le dice Yuri, mirándolo fijamente—. Lo atacaron. Los ejecutaron. El Duque de Vóinnok, el hermano mayor de tu madre y de la mía, era uno de los cabecillas.

Yuri recuerda bien aquel día.

Cuando jugaba en la pradera detrás de la Fortaleza del Vuelo del Ángel, cerca del acantilado, y escuchó a los sirvientes gritar aterrados mientras eran masacrados.

Su pequeño cuerpo de once años se quedó inmóvil, incapaz de correr.

Entonces lo vio.

Su imponente padre, el Sacro Emperador Invicto, caminaba lentamente hacia él.

.

«Llevas los ojos de tu madre».

.

Le dijo el Emperador mientras se arrodillaba para estar a su altura.

Yuri lo odió al escucharlo hablar de ella.

Ella era sagrada, labios asesinos no debían pronunciarla.

.

«Tu tío, el Gran Duque, ha muerto».

.

Le había dicho el Emperador.

.

«Naciste varón, así que de ahora en adelante tú eres su heredero».

«Te casarás con una buena mujer».

«Engendrarás hijos fuertes».

«Y llegado el momento, me servirás como Ejecutor».

.

Le dijo, mientras Yuri lo miraba sin expresión alguna en el rostro. Entonces una pregunta asomó a sus pequeños labios.

.

«¿Por qué?».

.

Le preguntó Yuri, y el Emperador le sonrió y le dio una caricia fría en su pequeña cabeza antes de contestarle.

.

«Tu sangre es dorada como la mía, Yuratchka, no puedo derramarla porque todo aquel que derrama Sangre Icor recibe una maldición».

.

Le dijo el Emperador, para luego ponerse de pie.

.

«Pero nada me impide hacer de tus días un infierno entre barrotes sellados sin poder ver nunca más la luz del sol, ni sentir el aire libre».

«Serás esclavo y prisionero, sin derechos y sin deberes, con cadenas tan gruesas como tus brazos. Cadenas que colgarán de tu cuello y sellarán tus poderes».

.

—Alevka Altin nació cuando yo cumplí diecisiete… —le dice Yuri a Victor, quien lo mira con una expresión seria—. La prometieron a mí el día en que nació. Cuando tuvo catorce, la desposé. Éramos dos polluelos intentando anidar. Al final, la fecundé, dio a luz y murió. Dos días después me ordenaron casarme con la Princesa Mila Babicheva y lo hice… —le dice—. No hay amor ahí, Victor. No existió. Sin embargo, Lev, mi pequeño Lev… mi dulce Lióvushka es… es luz. Él sí es amor. Es la forma en la que…

Sus palabras mueren y sus ojos verdes se convierten en un secreto.

—En la que qué… —le pregunta Victor.

—El Emperador me ha dado su favor por mi obediencia y mi lealtad… —asegura Yuri—. Soy hijo legítimo ahora, junto a Yuuri y Seung, y por ahora ninguno de ellos tiene descendientes, solo yo.

—¿Quieres que Lev sea Emperador?

—Lo será… —le confiesa Yuri—. No existe otra opción, no hay otro candidato. Mi hijo será libre y será feliz. Nunca tendrá que sentir el frío y áspero metal de las pesadas cadenas selladoras sobre su cuello, y nadie le dirá qué hacer jamás. Será dueño de su propio destino, de sus decisiones, y de su corazón. Mi hijo será libre, Victor. Nadie estará nunca por encima de él, lo juro, lo juro por todas las Estrellas. Lev será Emperador Invicto, imbatible y jamás vencido.

Las palabras de Yuri son detenidas por el sonido fuera de las puertas, sonido hecho por la vara de madera que los guardias golpean con firmeza contra el marmóreo piso cuando alguien va a ingresar a la habitación.

Las puertas se abren y Mila Babicheva, su actual esposa, ingresa.

—Está dormido, mi señor… —le dice Mila a Yuri, refiriéndose al pequeño Lev.

Yuri se acerca hasta ella y observa a su hijo dormir apaciblemente entre sus brazos.

—Lo he amado desde el primer día en el que lo vi… —susurra Yuri, sin dejar de ver al pequeño—. Es mío y solo mío, de nadie más. Nada va a apartarlo de mí, NADA. Me pertenece.

—Déjanos… —ordena Victor, con la voz firme en dirección a Mila. Ella dirige sus ojos al rostro de su bello esposo, quien asiente, aprobando aquella orden.

Al verlos irse, y al escuchar las puertas siendo cerradas, Yuri se acerca a la pequeña mesa en la que botellas con bebidas dulces y espirituosas reposan.

—Tienes miedo… —susurra Victor, observándolo mientras Yuri se sirve una copa dulce de vino.

—¿Por qué estás aquí? —le pregunta Yuri, sin mirarlo—. Es un mal momento, ¿Sabes? La esposa de Seung, la Princesa Sara, está embarazada. Las disputas por el heredero del Emperador han vuelto a avivarse. No debiste volver, Vitya.

—Tenía que hacerlo.

—¿Por qué? ¿Qué ocurrió?

—Es algo que nadie debe saber por ahora, Yuratchka, ¿Entiendes? El pánico se apoderaría de la Capital si lo que voy a decirte se supiera.

—Solo dime ya.

—Voy a contarte una historia… —le dice Victor, girando la vista y dirigiéndola hacia el balcón y las cortinas suaves—. Hace muchos años existió un Rey Inmortal de belleza exquisita y poder inmenso. Su cabello guardaba a los demonios oscuros que habitan las sombras, y su piel a los ángeles que danzan entre los cristales de luz. Sus ojos… eran vida.

—La leyenda de la Estrella Viva… —asegura Yuri, con un tono de burla en su voz.

—Dicen que aquel Rey volverá de entre los muertos y cruzará el mar, y cuando sus pies toquen las tierras áridas del sur… el fuego del desierto se apagará y la venenosa magia azul regresará a éste mundo más fuerte y más imparable que nunca.

Yuri se ríe.

Está ebrio y algo drogado.

La fiesta de la cosecha era buena hasta la imprevista llegada de Victor.

—La magia azul se extinguió hace demasiado tiempo… —le afirma Yuri—. Junto a la magia negra y la magia roja.

—Hubo alguien que creía en esa leyenda… —le asegura Victor, sin dejar de ver algún punto en el horizonte—. Cuando el Sacro Emperador Invicto, Toshiya Katsuki, aún era un Príncipe durante la Vigesimocuarta Era, se enamoró de alguien. Ése alguien era un extranjero, y su sangre era negra.

Yuri se gira de inmediato, se gira tan rápido que la copa entre sus dedos cae al piso y se rompe.

—Blasfemia… —susurra Yuri, y Victor niega.

—Hace poco escuché rumores… —le dice Victor—. El viento al norte de la provincia de Vrunicam se ha hecho más frío, sus nubes se han vuelto más oscuras, presagian caos.

—El norte de Vrunicam está deshabitado, no hay nada allí, solo cenizas y ruinas.

—Escucha, cuando Toshiya se enamoró tan perdidamente y no obtuvo devuelta sus sentimientos, cuando no fue correspondido…

—La guerra inició porque ellos mataron al anterior Emperador Sacro… —afirma Yuri, interrumpiéndolo—. No fuimos nosotros, no la iniciamos nosotros.

—Toshiya era joven y tonto… —le dice Victor—. Una noche siguió a su amor y trató de robarle un beso, no midió la fuerza con la que lo trató y terminó quemándole los ojos con su luz.

—¿Qué edad tenía la mujer?

—Era un niño, Yuri. Un niño de sangre negra, hijo de Nigromantes. Tenía catorce años y su Inmortalidad aún no había sido despertada. No pudo defenderse.

Yuri parpadea incrédulo ante la información, Victor prosigue.

—El niño era el heredero del que por entonces era el Rey Oscuro de Phaetn, quien utilizó su magia para ingresar a los aposentos del padre de Toshiya y matarlo. Confió en que Toshiya se sentiría lo suficientemente castigado al ver muerto a su padre, pero no fue así.

—¡Fue una declaración de guerra! ¡Toshiya tan solo vengó a su padre!

—La muerte del anterior Emperador fue aprovechada por el General Serik Altin y otros nobles del Imperio Invicto para subir al poder a Toshiya, el más joven e inexperto de los hijos legítimos del fallecido Emperador. Aquellos veteranos de guerras pasadas viajaron a Phaetn en nombre de Toshiya y no escucharon a nadie ni aceptaron conversaciones en busca de paz. Aseguraban que el único hijo capaz y leal de entre todos los hijos legítimos del Emperador fallecido era el menor, Toshiya, quien aún guardaba rencor a los Nigromantes por el rechazo que recibió de su amado.

—El General Serik Altin venció a los Nigromantes y el Reino Oscuro quedó indefenso. La victoria fue nuestra… —le dice Yuri, recordando bien lo que los libros de historia le enseñaron de pequeño.

—Al final, el imponente General regresó triunfal a la Capital de Invicto. Una vez más nuestro Imperio no fue vencido. Esa misma semana coronaron a Toshiya Katsuki como Sacro Emperador, para luego, como es la costumbre, ejecutar a todos sus hermanos varones, tanto a los bastardos como a los legítimos. Lo siguiente fue la campaña contra el sur.

—Fue una masacre.

—Igual que en Phaetn… —afirma Victor.

—El sur no tiene un Rey, son tribus nómadas sin ley y sin un dios en común. Aborrecen a los extranjeros y se odian incluso entre ellos. Son muy ariscos y ocultan sus costumbres con fiereza, pero son pocos, demasiado. No pudo ser como en el norte, debió ser mucho más sencillo, mucho más sangriento.

—Lo fue. Toshiya los venció y se apropió de sus minas de Sivon. Fue un excelente militar junto al General Serik, a quien concedió la gracia de que todos los primogénitos varones de su Casa serían Generales Imperiales.

—Otabek lo es ahora… —susurra Yuri, para luego mirar fijamente a Victor—. ¿Qué ocurre con todo eso? ¿Por qué me recuerdas lo que los libros ya me enseñaron?

—El niño, aquel que Toshiya lastimó, está vivo… —le dice Victor, justo antes de girarse a verlo—. Es un hombre ahora. Uno Inmortal. Uno que no aceptará negativas ni conversaciones. Atacará pronto, contundente y letal, tanto que el Imperio Invicto caerá y quedará en el olvido, tal y como alguna vez lo hizo el Reino Oscuro de los Nigromantes de Phaetn.

—¿Qué?

—En el deshabitado norte de Vrunicam al que me enviaron, yo y mis hombres fuimos atacados varias veces, Yuri. Fueron pequeños ataques, rápidos y nada graves. Atrapamos a uno hace dos meses. Su sangre era negra, era un Nigromante. Él nos contó esa historia y el por qué reiniciarán la guerra. Nos dijo que su gente solo busca destruir Invicto y luego regresar a sus tierras oscuras a vivir en paz entre las sombras, como siempre lo hicieron antes.

Yuri no puede entenderlo.

Todos los Nigromantes se han ido de las Estrellas, han perecido y su recuerdo fue reducido a los cuentos que los adolescentes narran en sus reuniones para probar su valor.

—No puede ser cierto, ¿Estás seguro de eso? ¿Estás completamente seguro? —le pregunta Yuri, y Victor solo tiene que asentir.

—Ésta vez no ganaremos, lo sé.

—Hemos crecido en número, Invicto es más fuerte, más grande y más poderoso de lo que nunca fue.

—No. No, Yuri. No contra ellos.

—¡Deja tu pesimismo! ¡Olvídalo! Los soldados no necesitan eso.

—No he venido a pelear, Yuri.

—¿Entonces a qué? —le pregunta Yuri, visiblemente confundido—. El Emperador debe saber esto pronto, ¿Cuántos son? ¿Con qué poder? ¿Dónde atacarán primero?

—Avanzarán hacia la Capital, ése es su objetivo. Solo dos de los espías que enviamos regresaron, hablaron de demonios y cosas peores. Créeme, es el fin del mundo para los Sangre Icor.

—¡No me digas eso! ¡No a mí! ¡¿Qué hay de mi Lev?! ¡¿Qué hay de todo lo que he hecho por él?!

—Debes irte. Cuanto más al sur viajes estarás más a salvo. Los Nigromantes solo quieren destruir Invicto, no cruzarán el mar.

—¡No! —le dice Yuri, muy seguro de sus palabras—. Lucharemos. Yo lo haré. El mundo de Lev está aquí, el de Mila, el de… Otabek. Yo no me iré.

—Yo sí, lo más pronto posible.

—Desertor… —le acusa Yuri, pero a Victor no podría importarle menos.

—¿Vas a ejecutarme? Que valiente es aquel que tiene la espada y la ley en la mano, ¿No?

Yuri no puede responder. Aún tiene clara en su mente la forma en la que Isabella ardía bajo su orden justo frente a él hasta convertirse en cenizas.

—El Emperador debe saber esto… —susurra Yuri—. Los ejércitos del Vrunicam lucharán junto a los de la Capital, ese es su deber. Las Máscaras Invictas no tienen voz ni voto, y tienen solo una ley. Obedecer siempre a su Sacro Emperador.

—Otabek Altin será el primero en morir, probablemente… —menciona Victor—. Siendo la cabeza de las Máscaras y el escudo principal del Emperador… será el primer blanco.

—¿Por qué crees que eso tendría que importarme?

—No digo que te importe. Solo menciono que tu cuñado, el tío de tu querido Lev y su única conexión con su madre, correrá mucho peligro, ¿Acaso eres un hombre sin corazón? —le pregunta Victor—. ¿No sientes ni siquiera un poco de empatía por el hermano mayor de tu difunta esposa?

Yuri no responde, de pronto se siente más confundido y mareado con toda la información que con cualquier bebida o planta alucinógena.

—Vete de Invicto. Vete muy lejos. Vete con tu familia y no regreses… —le dice Victor—. Haré lo mismo, no volveré jamás.

—Cobarde… —le susurra Yuri, aunque su voz parece solo mencionar un hecho y no hacer una acusación—. ¿Por qué has venido?

—Porque necesito algo.

—¿Qué cosa?

—Un favor.

—¿De quién?

—De ti.

.

.

Publicado por ArikelDT

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: