Green light: Capítulo 10


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«Quiero ser tu aspiradora».
«Respirando tu polvo».
«Quiero ser tu Ford Cortina».
«Y nunca me oxidaré».
«Si te gusta tu café caliente».
«Déjame ser tu cafetera».
«Tú mandas, bebé».
«Yo solo quiero ser tuyo».
[Arctic monkeys – I wanna be yours]

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El primer acercamiento se llamó «Despecho».

—No sabes cuánto te quiero. No tienes ni idea… —le susurra Otabek, mientras observa el rostro de Yura sobre la almohada. Con esos bonitos ojos de selva salvaje cerrados y con esa respiración tranquila—. Incluso… creo que te amo…

Yuri sonríe. Sus ojos siguen cerrados y sigue recostado, no mueve ningún otro músculo.

—¿Estás dormido? —le pregunta Otabek, y Yuri asiente—. Debo volver al trabajo, ya amaneció.

Yuri se gira y su espalda desnuda queda al alcance de Beka, quien posa sus labios en su hombro y le susurra un «Te amo» dulce.

—¿Vendrás ésta noche? —le pregunta Yura sin girarse y aún con los ojos cerrados.

—No lo sé. Quizá.

—Si es que primero no haces planes con tu novio, ése Omega tonto.

—Yura, no tengo alternativa. Sabes que te amo, pero…

—El amor no es suficiente. Entiendo.

Otabek le da un último beso a su hombro desnudo antes de irse de ahí.

El silencio sepulcral de aquel departamento oculta de alguna manera los quejidos y las lágrimas.

Un Alfa no llora.

Un Alfa es fuerte.

Firme.

Letal.

Arma mortal.

Otabek era un Alfa ejemplar.

Por otro lado, Yuri era… el Alfa que se había enamorado en la secundaria.

El Alfa que desde el principio había sonreído y había reído cuando veía a Otabek.

Había sido inevitable.

Cuando se dio cuenta, quería besar sus labios y abrazarlo con fuerza. Quería envolver sus brazos en él y aferrársele hasta que la vida se le fuera.

Quería marcarlo.

Hacerlo suyo y ser de él.

Pertenecerle para siempre.

Lo amaba.

Esa era la verdad.

Lo amaba tanto…

Tanto que el amor se le iba.

Y dolía.

Dolía saber que todo ese amor, todo ese cariño, toda esa devoción y toda esa conformidad que siempre había tenido, de pronto… se marchitaba.

Otabek no iba a amarlo, y nada de lo que Yuri hiciera le haría cambiar de opinión.

Sus palabras y promesas lucían vacías cada instante, cada vez que las decía.

Era una locura y una tontería.

Yuri no tenía planeado casarse ni tener hijos ni volver a enamorarse, entonces… ¿Por qué era tan difícil aceptar ser el amante oculto en una esquina oscura?

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«Porque lo amas».

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Le dice una voz en su cabeza.

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«Lo amas y lo quieres todo o mejor nada».

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Le dice, y Yuri se cubre con las sábanas y se tapa el rostro.

Odia llorar.

Siente que cada lágrima es una gota de fuerza que se le va y que no volverá.

Y odia amar.

Siente que el amor es venenoso y cruel. Como un somnífero que te nubla los sentidos y que al final termina deteniendo tu corazón sin que puedas darte cuenta. Sin que puedas detenerlo. Un veneno lento, eso es.

De pronto, el sonido de la puerta le hace detener sus pensamientos y sus lágrimas.

Entonces Yura se descubre el rostro y casi eleva las orejas para escuchar mejor, y sí, alguien llama a su puerta.

—Rayos… —susurra, y se levanta con pereza de la cama.

Busca algo para cubrir su desnudez y lo único que encuentra es la bata de dormir, así que se la pone y camina hacia la puerta mientras se la ajusta bien.

No se fija en la pequeña pantalla del intercomunicador, quizá de haberlo hecho nada de esto hubiera pasado.

—¿Beka? —su voz muere al ver al hombre frente a él. El aire se le va al piso junto a su corazón—. Victor…

Pronunciar aquel nombre le llenaba de miedo y decepción.

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«Miedo».

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Por las cosas que Victor ahora pensaría de él.

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«Decepción».

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Por las cosas que pensaba de sí mismo.

—¿Qué haces aquí? —le pregunta Yuri. Su voz suena ruda y ofensiva, crea un escudo a través de sus brazos cruzados, su expresión altanera y molesta, y su aroma intenso marcando un alto—. ¿Cómo supiste dónde estaba? ¿A qué has venido? ¿Quién te dijo de éste lugar?

Sus preguntas son calladas rotundamente con el primer paso que Victor da hacia él.

Yuri retrocede.

Cede poder.

Le teme.

Y su actitud inicial muere.

—Escucha… —le dice Yuri, con la voz casi, casi, casi firme—. Sé que cometí el peor error de todos. Sé que me odias ahora. Solo… solo escúchame, no tengo ni idea de por qué hice eso, y no quiero saberlo. Sé que lo hecho, hecho está. No volveré a cruzarme en tu camino jamás, y jamás volveré a mencionar siquiera el nombre de tu esposo, ¿Está bien?

Victor avanza más, lo obliga a retroceder tanto que termina de entrar y cerrar la puerta tras él.

Yuri se teme lo peor, se teme que su nuevo departamento va a ser destrozado con una pelea.

—¿Dormiste con Otabek Altin? ¿En serio, Yuri?

La pregunta lo saca de balance. Luego de pestañear varias veces y lograr procesarla, responde.

—Sí… eso creo…

—Todo el tiempo es lo mismo contigo… —le dice Victor, quien observa la cocina a su derecha y va hacia allí en busca de una botella de vino—. Como sea, nadie me dijo dónde estabas. Solo seguí a Otabek. Ha pasado exactamente medio año y un mes. Siete meses. Dejas el trabajo, dejas apagado el celular, dejas tu antiguo departamento, dejas de salir y tan solo te encierras aquí. ¿Qué crees que haces?

—Yo… nada. Solo…

—Te comportas como un niño idiota que rompió un jarrón de la abuela y se ocultó en el bosque durante toda la noche, haciendo que todo el mundo se preocupara y que todo el mundo saliera y dejara de hacer sus cosas para ir a buscarte, ¿Sabes lo problemático que eres?

—¡Yo no pedí que me buscaras! —le dice Yuri, arrebatándole la botella de vino y dejándola sobre la mesa cerca de ellos—. ¿Qué quieres? ¿Una disculpa? Pues ahí está tu maldita disculpa. Lo siento, ¿De acuerdo? Lo siento mucho, fui un idiota. Y no sé ni cómo decir lo mucho que lamento haber tocado a Katsuki.

—No quiero tus disculpas. Él te sedujo, ¿O no?

—¿Qué? No, no fue así, fue solo mi culpa. Pude detenerlo todo y no lo hice.

—Quiero saber por qué.

—No lo sé.

—¿Yuuri te gusta?

—¿Qué? ¡No!

—Lo ocultaste muy bien… —le dice Victor, volviendo a sostener la botella y abriéndola para servirse algo de vino en una copa—. Llevamos más de medio año de casados y resulta que mi primo está enamorado de él, ¿Cómo no me di cuenta?

—Te digo que no es así.

—Siempre hablando de Otabek, de lo mucho que te gusta. De lo mucho que quisieras formalizar todo y que todos sepan que es tuyo. Y resulta que no te gusta un Alfa, sino un Omega.

—¡Basta, no es así!

—¡Entonces cómo! —le dice Victor—. ¡Dime por qué! ¡¿Por qué dormiste con mi esposo?! ¡¿Por qué me hiciste eso?!

Ver a Victor alterado alegra el corazón de Yuri.

Las actitudes ocultas y serenas que envuelven veneno no van con él.

—No lo sé, es la verdad… —le dice, y Victor se ríe—. Hablo en serio. Estábamos en tu departamento, entonces nos besamos, y… solo no pude detenerme.

—No soporto las mentiras, Yuri. Dime la verdad, no voy a enfadarme, ya no vale la pena.

—¡Esa es la verdad, idiota! ¡Pero tú no quieres la verdad! ¡Quieres escucharme decir lo que tú quieres, lo que a ti se te antoja! ¡Y no! ¡No amo a Yuuri! ¡Ni antes ni mucho menos ahora!

—¡Entonces por qué!

—¡Porque olía a ti!

Es terreno extraño.

Una selva inexplorada.

Un mar desconocido y aterrador.

—¿Qué significa eso? —le pregunta Victor, con palpable confusión.

Yuri se aleja de él, intenta recordar lo que pasó aquel día, se ve a sí mismo hablando con Yuuri en el sillón del departamento de Victor.

El aroma de aquel departamento era una mezcla entre el chocolate acanelado de Yuuri y los pétalos de rosas frescas de Victor.

—Todo allí olía a ti… —recuerda Yuri en voz alta—. Era lo mismo que en el trabajo, tu aroma mezclándose con todas las cosas que existen… —le dice—. Fue culpa de la marca… —decreta con simpleza, como si eso aclarara absolutamente todas las cosas.

—¿La marca?

Yuri se aproxima a la ventana abierta, el viento que balancea las cortinas con suavidad pareciera ayudarle a respirar, pareciera ayudarle a salir de ese mundo y entrar a otro plano, uno en el que se siente seguro de las cosas que piensa y siente. Uno en el que no hay sentimientos encontrados, mezclados y confundidos.

—¿Qué pasa con la marca? —la voz de Victor se escucha tan cerca de él que Yuri gira y se encuentra a menos de medio metro de Victor, un pequeñísimo medio metro que se va haciendo más pequeño con cada segundo.

—Olía a rosas… —susurra Yuri, con la mirada en el piso, viendo atentamente cómo la punta de los zapatos de Victor besa la punta de sus pies descalzos—. Olía a ti.

¿Qué significaba aquello?

Ninguno de los dos lo sabía.

Así que el primer acercamiento se había llamado «Despecho».

Victor estaba enamorado de Yuuri, su dulce, hermoso y siempre amable Yuuri, con aroma a chocolate dulce. Ése Yuuri que veía lo mejor de las personas y las apoyaba en todo, porque él mismo había pasado por momentos de soledad, ansiedad y baja autoestima, y eso le hacía ser bueno con todos. Él era mágico en su simpleza y sencillez. No había otra descripción, no existía una más acertada.

Y Yuri amaba a Otabek desde que tenía memoria. Amaba su aroma a canela y madera, como la tierra después de la lluvia, un aroma fértil y fuerte que le hacía sentirse fuerte también. Amaba la forma en la que Otabek era tan atento en tantos aspectos, la forma en la que Otabek le abría la puerta del coche como si fuera un Omega, la forma en la que le hacía el amor, suave y tiernamente, como si temiera romperlo.

—Otabek es un idiota… —le susurra Victor, y apoya sus manos sobre el alfeizar de la ventana, a cada lado de la cintura de Yura.

—Yuuri no lo es… —le dice él, intentando apartarlo pero siendo retenido allí—. Si en serio lo amas lo perdonarás por haber dejado que yo lo besara.

—En serio lo amo, o lo amaba. Pero el amor no significa «Perdonar todo y hacerse el ciego».

—No puedes ser tan cruel. Solo fue una vez. Te juro que no lo toqué antes.

—Yuri… ya lo perdoné por acostarse contigo, de hecho lo perdoné al instante en el que saliste de la habitación a medio vestir, con los ojos aterrados y la expresión confundida.

—¿Entonces? ¿Por qué no solo vas con él?

—Porque no eres el único, Yuri… —le dice Victor—. Quizá sí el único que lo ha hecho en mi propio departamento, pero mi oficina ha visto a otros.

—No es cierto, ¿Estamos hablando del mismo Yuuri?

—Sí, y también hablamos del mismo Celestino y del mismo Otabek.

Yuri se ríe.

Lo llama «Mentiroso» con los ojos.

—A Phichit jamás se lo diré, es el único amigo que Yuuri tiene, no le quitaré eso, pero a ti… —le dice Victor, mirándolo fijamente, intentando estudiar la expresión de Yuri—. Vine aquí con la intención de ver esa expresión tuya, esa que tienes justo ahora.

—No es cierto. No te creo.

—Los vi con mis propios ojos, Yuri… —le dice Victor.

—No me importa, incluso si yo mismo lo hubiera visto, no le creería ni a mis propios ojos.

—¿Sabes? Es lo mismo que Otabek me dijo cuando le dije que tú también habías pasado por las piernas de mi esposo. Dijo que no me creería y que no le creería ni a sus propios ojos. Me pidió disculpas y prometió encargarse de cerrar el nuevo proyecto que tenemos en la empresa por sí solo.

—He dicho que no te creo, ya deja de mentir.

Victor ve la seguridad en la voz de Yuri, así que deja de perder el tiempo y busca su celular en el bolsillo de su abrigo. Luego busca el contacto y lo llama, espera unos segundos y Otabek contesta.

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[¿Victor?]

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—Hola, Altin.

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[¿Pasó algo?]

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—No, solo… me preguntaba si has visto a mi Yuuri últimamente.

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[Rayos… Victor, por favor… no hablemos de esto por teléfono, Yura podría escuchar. Y no, te juro que no he vuelto a ver a Yuuri. Vamos, te lo prometí, ¿O no? Aquella vez fue… un error, una confusión, solo… no pude resistirme al aroma de un Omega]

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—Sí, sí… como sea. Te veré en la empresa.

Victor cuelga y guarda su celular, ha estado viendo a los ojos de Yuri en todo éste tiempo sin perderse ni un solo detalle.

—Eres cruel… —le afirma Yuri, apartándolo suavemente pero sin lograr moverlo ni un solo centímetro.

Sus brazos le pesan y siente el mundo sobre sus hombros.

Su mente, aquella parte que le jura que Otabek siempre volverá a su lado porque lo ama, ahora le afirma que era algo inevitable.

Un Alfa no es rival para un Omega y sus feromonas.

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«Otabek me ama. Es solo que a veces, solo a veces, necesita… de un Omega, de su dulzura y su humedad, a veces… no le soy suficiente».

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Se dice Yuri, intentando consolarse a sí mismo de alguna manera.

Entonces empezó.

Aquel primer acercamiento inició.

Se llamó «Despecho».

—Te dices que te ama a ti y no a los otros… —le susurra Victor muy cerca de su oído—. Lo repites hasta intentar grabártelo y creértelo. Pero cada cosa, cada acción, cada silencio suyo… te afirma que no es así.

—Tú qué sabrás.

—Más que tú, o quizá no. Tú lo vives desde la secundaria, yo desde que conocí a Yuuri. Definitivamente tú eres el experto.

—Lárgate, Victor. Ya tienes tu venganza, ¿O no? Te rompí el corazón y ahora tú rompes el mío.

—¿Qué no ves que intento ayudarte? Intento hacer que dejes de sentirte culpable por algo que no vale la pena. Vuelve al trabajo, enciende tu celular, córtate el cabello, péinate y arréglate. Vístete y deja de estar aquí encerrado.

—¿Por qué? ¿Para qué?

—¡¿Y por qué no?! —le pregunta Victor, impacientándose cada vez más—. Éste no es el tú que conozco. Te odio cuando estás así, en serio. Me causas jaqueca, ¿Qué sería de mí si muriera en la autocompasión igual que tú?

—Probablemente tú nunca morirás… —le afirma Yuri, intentando hacer que sus puños en el pecho de Victor sean una barrera entre ambos—. Solo mírate, Yuuri es un desastre y tú lo soportas de pie.

Victor se ríe al escucharlo.

—¿Igual que tú? —le pregunta, y Yuri esquiva su mirada—. «Lo soportamos de pie» —susurra Victor, deletreando bien y estudiando cada letra en esa frase—. Deja que ellos lo hagan, no tenemos que ser las víctimas en esto. No tiene por qué dolernos hasta matarnos. Si a ellos no les importa, ¿Por qué a nosotros sí?

—Porque los amamos… —susurra Yuri, volviendo su vista a él y encontrándose con esos ojos azules tan cristalinos—. O eso creo…

—¿Por eso engañaste a Otabek? ¿Porque lo amas?

—No. Yo…

—Oh, no. Espera. Ya lo recuerdo, fue por… ¿Mi aroma?

Yuri lo mira. Le suplica que no siga.

—¿Porque olía a mí? —le pregunta Victor—. O algo así… ¿No?

—Cállate.

—¿Te digo un secreto?

—No. Por favor.

—Dormí con Yuuri después de ti.

—Eres asqueroso y horrible.

—Porque olía distinto… —le dice Victor—. No a esos idiotas, sino a ti.

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Publicado por ArikelDT

☆ 1-6-96 ☆ Multishiper . ○●○ Amante del misterio, de las emocionas a flor de piel y de las memorables tragedias románticas. Enamorada del arte, de la música, de los versos y de los minutos de silencio. Puedo ofrecerte libros que hablan de corazones sedientos, con vidas vibrantes, e historias, a veces, sangrantes. ○●○ .

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