Make History – Capítulo 6.


— ¡Minako-sensei! —Yuuri grita, tratando de hacerse oír mientras se acerca a su entrenadora con una brillante sonrisa— ¡Minako-sensei, lo hice!

Con sus brazos extendidos, Yuuri se desliza sobre el hielo hacia Minako Okukawa que parece esperarle ansiosa junto a la salida. Está feliz, eufórico, porque sabe que lo ha hecho bien y que todo su esfuerzo y el de su entrenadora han valido la pena. Apenas se acerca lo suficiente a ella, Minako tira de él y lo estrecha en un fuerte abrazo. La emoción se acumula en su garganta y pronto las lágrimas se confunden entre las gotas de sudor. Yuuri aún respira demasiado rápido, errático a causa del esfuerzo y la emoción. Sus músculos vibran, agotados por el sobre esfuerzo, mientras sus piernas tropiezan, débiles a causa de la tensión oculta tras cada salto y cada aterrizaje.

No me importa, piensa satisfecho, cuando resbala y tropieza un poco al intentar poner las guardias sobre sus cuchillas. Es una suerte que su entrenadora está ahí para sostenerlo y ayudarle, justo a tiempo. Los aplausos por su reciente presentación y los emocionados gritos de alegría a su alrededor aún persisten, dibujando una pequeña sonrisa en sus labios, que se mantiene incluso frente a su evidente agotamiento.

Así, sin dejar de abrazar a su entrenadora y en medio del entusiasta aplauso de la multitud, Yuuri se dirige al Kiss and cry para esperar su puntaje. Cuando llega y se sienta, sin embargo, se ve sorprendido por la propia Minako, quien empuja un pequeño bulto de ensortijados rizos color chocolate directo a su regazo. Ella no dice palabra y sólo observa cuando Yuuri toma el peluche, volteándolo entre sus manos. De pronto, los ojos marrones del doncel se encuentran cara a cara con la graciosa e inesperada miniatura de Vicchan, su Vicchan.

— ¿Minako-sensei? —pregunta, inseguro, sin apartar la mirada del cachorro, hundiendo sus dedos entre los rizos afelpados.

—Víktor. —susurra Minako-sensei, disimulando sus palabras mientras trata de eludir la atención de las cámaras que ahora enfocan y transmiten en directo sus rostros a todo el público presente en el gimnasio central.

Oh, entonces ¿Makkachin?, se pregunta Yuuri, mientras sostiene en sus manos al precioso caniche de algodón. Los ojos de botón parecen devolverle una enorme e inocente mirada antes de que finalmente se decida, definitivamente es Makkachin. Con lo poco que ha conocido a Víktor y el indudable amor que siente hacia su compañera, no es de extrañar que tenga una réplica exacta de ella, aún si es en la forma de un dispensador de toallas de papel. Una agradable calidez nace y crece en sus mejillas, al pensar en el varón y en la escasa posibilidad de que este se haya escabullido hasta la pista, sólo para ver una parte de su presentación.

Tal vez Víktor sí me vio, piensa mortificado mientras el sonrojo crece, ayudado por su vergüenza y los ardorosos recuerdos de su programa corto.

—Oh, no, no… —suelta en un suspiro amortiguado, mientras sus dedos juguetean con las largas orejas afelpadas, simulando ocultar su vergüenza, cubriendo los ojitos de botón.

— ¿Qué haces?, ¡deja de jugar y presta atención, Yuuri! —le regaña su entrenadora en un apretado susurro.

En respuesta, él reacciona desviando su atención de regreso a las enormes pantallas que en ese momento proyectan el reciente y apasionado final de su programa corto. Ya no hay tiempo para avergonzarse, decide. A cambio, Yuuri sonríe y agradece con una pequeña reverencia y unas breves palabras en japonés, que secretamente espera lleguen a su familia. De pronto, la transmisión cambia y ya no es su rostro y el de su entrenadora los que se reflejan en las pantallas. Yuuri aprieta instintivamente la afelpada figura de Makkachin, mientras los resultados se despliegan mostrando la calificación de sus elementos técnicos y su presentación. La voz profunda y agradable del presentador del evento resuena entonces a través de todo el gimnasio central.

The score please. Lady’s and gentlemen, the short program score for Yuuri Katsuki… (El puntaje, por favor. Damas y caballeros, el puntaje del programa corto para Yuuri Katsuki…)

Los gritos ensordecedores y la algarabía de la multitud opacan las palabras del presentador. Yuuri trata de oír inútilmente, mientras sus ojos se alzan hacia las enormes pantallas, buscando el resultado final de su presentación. El fuerte abrazo y las emocionadas palabras de su entrenadora le aturden, mientras —al fin— la ansiedad, la vergüenza y el nerviosismo se hacen a un lado, permitiéndole concentrarse en sus resultados y entender finalmente lo que está pasando. Porque ahí, en la pantalla oficial, un poco por debajo de las imágenes que muestran la repetición en cámara lenta de uno de sus impresionantes saltos, estaban sus resultados y la tabla de puntuación general.

Yuuri KATSUKI

SP Score: 102.33

Technical Elements: 50.16

Presentation: 52.17

Rank: 1

Primero, él está en primer lugar, piensa y vuelve a repetírselo al menos dos veces más. Yuuri tarda un momento en procesar toda la información, mientras corazón se agita y late presuroso contra su pecho. Fuera de estar en una inmejorable posición, a más de treinta puntos de su oponente más cercano, Yuuri acaba de batir su propio récord personal.

— ¡LO HICISTE, YUURI!

Minako-sensei repite esas palabras una y otra vez junto a su oído, en medio de la conmoción generalizada que ahora sacude el gimnasio central. Ese es mi puntaje, piensa Yuuri arrugando graciosamente el entrecejo, aún sorprendido. Está en primer lugar, por supuesto. Sin embargo, el contundente resultado tras su inesperada presentación, es lo que ha dejado impresionados a todos.

De pronto, Yuuri reacciona levantándose y girando hacia el público, agradeciendo su apoyo con educadas reverencias. El sentimiento de plenitud crece en su pecho al saber que ha demostrado su valía frente a todos los que habían hablado en su contra. Cuando termina de agradecer a los asistentes, Yuuri se gira realizando una última reverencia más pronunciada hacia su entrenadora, el sentimiento de gratitud vibrando alegremente en su pecho.

—Dōmo arigatōgozaimasu! (¡Muchas gracias!)

Frente a Yuuri, Minako se levanta y vuelve a abrazarlo frente a las cámaras. Ambos saben que el resultado de hoy no es más que una prueba de todo el trabajo que han realizado juntos. Un esfuerzo compartido que apenas ha comenzado a dar sus frutos.

—Te lo dije, Yuuri, ¿recuerdas? —susurra su entrenadora, apartándose y acariciando su mejilla mientras Yuuri aprieta a la pequeña Makkachin contra su pecho—. No voy a dejar que te hundas. Aún tienes mucho que regalarle al mundo.

Lo recuerda. Yuuri tiembla en los brazos de su entrenadora, porque ambos saben lo que significa. No hundirse, nunca rendirse y entregarse a la tristeza. Yuuri está dispuesto a cumplir con su palabra, aún si para eso debe hacer a un lado gran parte de los recuerdos del Grand Prix en Barcelona. Sostiene con más fuerza el pequeño toallero de algodón mientras, segundos después, ambos se separaron con tremendas sonrisas, volteándose hacia las cámaras, agradeciendo y saludando una última vez antes de retirarse de regreso a la zona de precalentamiento.

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AegisVi aegisvi • hace 5 minutos

¡Lo vieron! Ese, señoras y señores, es Yuuri Katsuki, el mejor patinador de Japón. Es un ganador y, créanlo o no, sólo estuvo a 3.4 puntos de romper el récord olímpico establecido por el doncel francés Andrea Joubert, durante los J.J.O.O. de Turín en 2006 →

AegisVi aegisvi • hace 5 minutos

Y eso no es todo, porque katsuki-yuu hoy estuvo a sólo 15.4 puntos de alcanzar el máximo récord olímpico establecido por v-nikiforov ¡Se dan cuenta! Y algunos de ustedes insisten en hablar idioteces en su contra… ¡Yuuri tiene todo el potencial para hacer historia!

Fear_darkness ladydarkness254 • hace 5 minutos

¿Alcanzar el récord de v-nikiforov ¿acaso estás soñando? Eso NO es real, katsuki-yuu sólo tuvo suerte, tal vez se le pegó algo de la técnica de Víktor cuando se encontraron, como compartieron el mismo aire jeje

Blue-poison bluepoison • hace 4 minutos

¡ACABO DE RECORDAR! Revisé la publicación de v-nikiforov (la foto de la discordia) y me di cuenta de su última etiqueta #wearethechamopions… ¿no será una declaración? Seguro la leyenda viviente lo está entrenando ¡Y este es el resultado!

Fear_darkness ladydarkness254 • hace 4 minutos

Con ese puntaje SEGURO ¡vean lo que v-nikiforov es capaz de hacer! Víktor vale su peso en oro, incluso puede arrastrar a alguien tan decadente y llevarlo al centro de atención…

DorisTablada doristablada • hace 3 minutos

¡Basta! Cómo puede haber tanta envidia y tanto veneno hacia un patinador… ¿se dan cuenta de que katsuki-yuu fue evaluado por los mismos jueces que v-nikiforov y el resto de los patinadores? Además ¡nadie puede aprender técnica sólo por compartir una foto con otra persona ¡es RIDÍCULO!

Linaz62 linaz62 • hace 2 minutos

Esta gente ya no sabe qué decir ¡Envidiosos!, les molesta que katsuki-yuu demuestre que USTEDES están equivocados. Su presentación fue increíble, ¡creo que incluso me desmayé! ¡Fue tan apasionado! ¡Puro Eros!

Moon-darkness moondarkness • hace 2 minutos

Digan lo que quieran, para mi Katsuki sigue colgado a la fama de la leyenda viviente. Ya verán, el tiempo me dará la razón…

Nekoslove801 nekoslove801 • hace 1 minuto

katsuki-yuu tiene todo el potencial para crecer, ¿no se dan cuenta? Esta es apenas la primera ronda clasificatoria y ya está en primer lugar con muchísima ventaja. Yuuri tiene todo el potencial para ser uno de los mejores en esta competencia

NoName rubiasnchez • hace 1 minuto

No olviden al resto de la competencia, katsuki-yuu es fuerte, pero aún faltan otros quince donceles… entre ellos el tigre de hielo de Rusia yuri-plisetsky…

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Yuri Plisetsky es el doncel ruso más joven en presentarse a los J.J.O.O. de Invierno en dieciséis años consecutivos. Catalogado desde pequeño como un prodigio dentro de su disciplina, está a punto de hacer su debut dentro del segundo grupo en su categoría. Son sus primeros Juegos Olímpicos y siente como la ansiedad le quema la piel, casi urgiéndole por ingresar a la pista. Se siente preparado, por supuesto, listo para derribarlos a todos y alcanzar el oro. Luego de meses de entrenamiento y arduo trabajo, al fin ha logrado perfeccionar dos rutinas magníficas: la primera de ellas diseñada por el mismísimo Víktor Nikiforov, a quien Yuri muy secretamente y casi a regañadientes considera una especie de mentor y fuente de inspiración. Algo así como un modelo a seguir, quitándole su falta de memoria y su evidente tendencia a la calvicie.

Víktor quien, con tan solo dieciséis años y un par de días, había conquistado su primera presea dorada, convirtiéndolo automáticamente en el ganador del oro Olímpico más joven en la historia del patinaje artístico. Hasta ahora, piensa Yuri porque, con apenas quince años y poco más de diez meses, pretende destrozar ese récord, comenzando a forjar su propio camino y su propia historia dentro de la misma disciplina.

Claro, al principio no había sido fácil. Víktor le había elaborado un programa corto, pero no era precisamente el épico programa que él tanto había esperado. “Ai ni suite Ágape” era la máxima demostración de amor incondicional y reflexivo, centrado únicamente en el bienestar del ser amado. Era una rutina que buscaba resaltar la fragilidad y vulnerabilidad de los sentimientos y algo totalmente opuesto a él.

Frustrado e incómodo, poco acostumbrado a interpretar rutinas tan “delicadas”, pese a ser un doncel, Yuri se pasó gran parte de la primera semana maldiciendo coloradamente al varón. Se negaba rotundamente a exponerse y hacer el ridículo de esa manera. Acostumbrado a rutinas dinámicas, llenas de saltos y piruetas espectaculares, le había resultado casi una ofensa rebajarse y aceptar un programa lleno de lo que él consideraba, era puro sentimentalismo barato.

Sin embargo, dos semanas después de negarse a ensayar el programa, su perspectiva de “Ai ni suite Ágape” finalmente cambió. Yuri había llegado esa mañana a la pista de patinaje, una hora antes del inicio de su práctica, pensando que podría dedicarse a ensayar sus Quad y seguir preparando su programa largo. Sin embargo, todas sus intenciones se vieron frustradas al encontrarse a Víktor en medio de la pista, preparando y repasando sus propios programas para esta temporada.

Y ahí fue cuando finalmente se rindió.

Si quería llegar a ser alguien dentro del mundo del patinaje, Yuri necesitaba forzar sus propios límites, destrozar su zona de confort y redescubrirse como patinador. Tal y como siempre lo hacía el idiota de Víktor.

Y tal como Yuuri Katsuki lo estaba haciendo descaradamente ahora frente al mundo entero.

— ¡Tsh!

Yuri chista y maldice por lo bajo, alejándose de la pantalla. Esto no se lo esperaba. No se esperaba un programa así de parte del doncel japonés. Y le basta un rápido vistazo, apenas una mirada a su alrededor, para darse cuenta de la sorpresa y la preocupación repartidas a partes iguales entre el resto de los donceles y las delegaciones en competencia. No es para menos, con una técnica de ese nivel y una interpretación envidiable, ese Yuuri japonés se había convertido automáticamente y desde un inicio en el rival a vencer.

Y Yuri lo destrozaría, claro que lo haría.

•*´¨`*•

Yuuri mantiene el liderazgo de la competencia, tras terminar la participación del primer grupo clasificatorio en su categoría. Es una sorpresa para muchos. Sin embargo, aún es demasiado pronto para sacar conclusiones precipitadas, más aún cuando queda una docena de patinadores en competencia. Así, con los resultados parciales proyectados en la tabla clasificatoria, Yuuri se forma junto al resto de su grupo y, acompañado de su entrenadora, vuelve a hacer ingreso a la zona de preparación. La tensión dentro de la sala es palpable a la vista. Yuuri trata de ignorar las miradas ajenas y, junto a Minako Okukawa, se dirigen hacia la delegación japonesa. Sus compañeras y compañeros lo reciben con emoción, Yuuri incluso puede ver miradas ilusionadas entre los entrenadores y el cuerpo técnico. A pesar de que, por horario, no comparte mucho tiempo con el resto de los patinadores de su delegación, resulta evidente que todos se sienten orgullosos de él. Son un equipo, todos bajo una misma bandera, todos con la intención de llevar a Japón hasta lo más alto del podio y el medallero olímpico.

Yuuri recibe las felicitaciones con la pequeña Makkachin aun firmemente sujeta entre sus brazos. Los ojitos de botón y los ensortijados rizos color chocolate le recuerdan a Víktor. Él me vio… estuvo ahí, piensa con una mezcla de alivio y vergüenza, porque el patinador a quien más admira y quien le ha inspirado a superarse, incluso sin darse cuenta, estuvo ahí para ver su presentación. Víktor le vio patinar al fin, como un igual.

Dejando a un lado los desbastadores recuerdos del Grand Prix de Barcelona, ahora Yuuri tiene la tranquilidad de haber cumplido uno de sus sueños: compartir el mismo hielo que Víktor Nikiforov.

— ¡Yuuri! —Phichit se acerca de pronto, interrumpiendo sus pensamientos mientras le abraza con ese entusiasmo contagioso que siempre termina por arrancarle una sonrisa.

En respuesta, Yuuri le devuelve el abrazo, mientras el doncel tailandés tira de él, alejándolo unos pasos del resto de su delegación.

—Yuuri, ¿por qué no me dijiste que tenías un programa así? ¡fue increíble! —los ojos de tailandés brillan, emocionados—¡quemaste el hielo con tanta pasión! ¿Crees que pueda conseguir el video antes de salir a la pista? Estoy seguro de que vi a alguien desmayarse durante la transmisión…

— ¡Phichit-kun!

El doncel se frena en seco frunciendo el ceño, mientras Yuuri siente el sonrojo subir escandalosamente desde su cuello hasta la punta de sus orejas.

— ¿Qué?, estoy hablando enserio, Yuuri. Alguien se desmayó ahí afuera, sólo por ti —razona el tailandés—. Necesito mostrárselo al mundo.

Yuuri se cubre el rostro, negando frenéticamente con la cabeza. El toallero de algodón que aún sostiene en sus manos, ahora se presiona contra sus mejillas, tratando inútilmente de ocultar su sonrojo.

—Tu amigo tiene razón, Yuuri —la voz profunda y coqueta de Christophe Giacometti revela su presencia a un escaso paso de distancia—. Ese programa corto fue el más ardiente y seductor que he visto en mi vida, cuore(corazón)

— ¡Eso mismo! —Phichit brinca alegre, mientras señalaba al varón suizo con una enorme sonrisa.

—Chris, vuelve aquí ¡AHORA! —la voz profunda y molesta de Josef Karpisek cruza el salón, obligando a Yuuri a levantar la mirada.

El suizo sonríe, cómplice, ignorando a su entrenador mientras se acerca hasta abrazarle por la cintura. Yuuri intenta sonreír, sin embargo, no quiere provocar tensiones indeseadas entre el varón y el resto de su delegación. Yuuri sabe perfectamente lo que se dice de él. Y sabe también que lo más seguro para ambos es mantenerse alejados de la atención, los rumores y las miradas indeseadas.

—Christophe…

— ¡Ey, sonrían! —Phichit interrumpe sus palabras, ubicándose delante de ambos sin previo aviso.

Yuuri alcanza a distinguir el teléfono móvil de su mejor amigo, poco antes de terminar parcialmente cegado por el flash de la cámara. Una estela de colores fluorescentes baila en la periferia de sus ojos e incluso puede sentir a Christophe reír y luego separarse de su lado, dejando un pequeño beso justo sobre su frente.

— ¡Woah, esta es genial!

— ¡Phichit-kun, no! —el corazón de Yuuri se salta un latido, mientras abraza el peludo cuerpo de Makkachin.

Está preocupado, por supuesto. Porque no quiere volver a causar problemas por las razones equivocadas, otra vez. De solo pensar en esa nueva imagen siendo compartida y viralizada en redes sociales, de sólo imaginar a la prensa especulando sobre una posible relación entre Christophe y él. El amargo sabor de los comentarios durante el último par de días tras la desafortunada publicación de Víktor, reaparece —desagradable— en la boca de su estómago. A su lado, Chris parece entenderlo enseguida, acercándose con una sonrisa al joven doncel tailandés.

—Phichit, espero que me envíes esa foto. Necesito agregarla a mi colección privada de Yuuri.

— ¡Claro que sí, Chris!

— ¡Phichit-kun! —suelta Yuuri, cubriéndose el rostro, avergonzado.

Víktor sigue a Yuuri durante todo el intercambio de palabras entre él, su amigo y Christophe. La naturalidad con la que Chris abraza y besa al doncel le resulta, hasta cierto punto, incómoda. No es justo, se dice, porque él no tiene ese derecho. No puede acercarse, conocer y compartir con Yuuri normalmente. La atención de los medios, las miradas ajenas y las expectativas que pesan sobre él, le impiden compartir con cualquiera que pueda transformarse en “una amenaza y una distracción para el amado hijo de Rusia”. Ya lo probaron las redes sociales, hace apenas unos días atrás.

—Recoge tu equipo de una vez, Vitya y ya vete a hablar con la presa —interrumpe su entrenador, con ronco gruñido—. Yuri, prepárate, es casi tu turno de salir.

Víktor aparta la mirada, conteniendo el deseo de acercarse a Yuuri y felicitarlo con la misma libertad con la que lo ha hecho su mejor amigo. La incomodidad inicial, pronto da paso a los recuerdos y la belleza oculta tras el programa corto del doncel japonés. Yuuri es melodía, el pensamiento revolotea ansioso frente al reciente descubrimiento. Así, con esa nueva certeza, Víktor sacude su flequillo grisáceo, consciente de que, pese a que el mundo insiste en aislarlo, encontrará la manera de acercarse a Yuuri y descubrir los misterios ocultos que parecen rodearlo.

—Yakov, ¿puedo ir y felicitar a Yuuri?

— ¡NO! —ruge inmediatamente el viejo varón.

Víktor suspira, a medias entretenido y a medias derrotado, le gusta sacar de quicio a Yakov, porque sabe que el viejo varón jamás le permitirá acercarse al doncel tan directamente otra vez. Sin embargo, eso no quita que no pueda crear una oportunidad para tener su propio intercambio personal con Yuuri. Así, cogiendo su bolso en silencio, Víktor vigila a su entrenador, hasta que le ve alejarse hacia la pista de patinaje en compañía de Lilia y Yurio. Sólo con eso sus ojos azules brillan de pronto, llenos de peligrosa alegría.

—Georgi, espérame un momento ¿sí?

Víktor capta la atención de su compañero de delegación. A su lado, Georgi Popovich frunce el entrecejo, mirándole con sospecha.

—Yakov te matará si te cruzas de nuevo con ese doncel —le recuerda.

—Por favor, Georgi. Sólo un momento. —pide, porque es importante para él y también, porque ahora sabe las consecuencias de acercarse al doncel.

Georgi le mira y parece entender lo que intenta decirle porque, de pronto, Víktor puede oírle suspirar y dejar caer el bolso a un costado.

—Adelante, pero no quiero problemas —advierte, con tono grave—. A veces deberías rendirte y dejar de hacer las cosas a tu manera, Vitya.

Con una sonrisa agradecida, Víktor vuelve nuevamente su atención hacia el otro extremo de la zona de preparación. Yuuri aún debería estar ahí, en alguna parte. Sus ojos azules buscan insistentes, hasta que distingue las chaquetas pertenecientes a la delegación japonesa. Lamentablemente Yuuri no está ahí, entre sus compañeros. Tal vez ya haya ido a hablar con la prensa, piensa un poco decepcionado. Sin embargo, su atención pronto se desvía al sentirse observado. Víktor intenta disimular su búsqueda, mientras hecha un rápido y disimulado vistazo un poco más lejos y hacia el costado, un poco por detrás de la delegación de Japón. Y entonces, lo encuentra. Víktor descubre a Yuuri con sus ojos marrones fijos en él. El doncel le observa, parcialmente oculto tras un pilar, muy cerca de la salida que da paso a los camarines.

Yuuri, ¿tú también estabas buscándome?, piensa. Víktor sonríe cuando, a la distancia, distingue el precioso toallero de algodón aún en los brazos del doncel. Yuuri tiene a su pequeña Makkachin con él. Y, a pesar de que es sólo un instante en donde la distancia entre ellos parece infinita, Víktor se permite felicitarlo en silencio con un guiño y una nueva sonrisa, más natural. Auténtica.

En respuesta, Víktor ve a Yuuri inclinarse en una pequeña y casi invisible reverencia. Los recuerdos de su primer y único encuentro nacen de aquel gesto sencillo, trayendo a su memoria el agradable calor de un beso en las suaves mejillas del doncel.

Y lo sabe. Víktor sabe que, si algún día ellos vuelven a encontrarse, robará un nuevo beso de Yuuri.

Yuuri se aferra a Makkachin mientras se despide silenciosamente del varón. Pronto, puede ver a Víktor tomar su bolso de entrenamiento y alejarse hacia la salida principal. Va a hablar con la prensa, se dice y recuerda que él debe hacer lo mismo también. Sin embargo, antes le ha avisado a Minako-sensei que necesitaba un poco de tiempo para ir a camarines, sacarse la presión de la competencia y olvidar las miradas ajenas.

También quería buscar a Víktor, reconoce mientras avanza a través de los pasillos hacia el camarín de donceles. Por suerte ambos han podido tener un pequeño y discreto encuentro, aún si ha sido a cierta la distancia. Es suficiente, para mi es suficiente, se dice porque es cierto. Yuuri sabe que no pueden reunirse abiertamente, quizás nunca puedan volver a hacerlo. Ahora lo único que puede hacer es hablar con Minako-sensei y, por esa vía, devolver el precioso toallero de algodón a su dueño. No es conveniente forzar un encuentro entre ellos, menos ahora.

Yuuri regresa a la zona de preparación con esa decisión tomada y la seguridad de que poner distancia entre él y el varón, es lo correcto.

—¡Ah!, qué bueno que regresaste —Minako Okukawa se acerca a él con una sonrisa—. Te están esperando afuera. Tienes que hablar con la prensa antes de que termine el segundo grupo en competencia, Yuuri.

Él asiente en silencio, sin embargo, el recuerdo de Víktor alejándose hacia la salida principal hace sólo unos minutos atrás le inquieta lo suficiente como para preferir preguntar abiertamente a su entrenadora.

— ¿No hay nadie más afuera?

Minako Okukawa le mira pensativa antes de responder, entendiendo perfectamente el motivo de esa pregunta.

—No. Me dijeron que Víktor acaba de terminar sus entrevistas. Es mejor que salgas ahora —luego su rostro adopta un tinte más serio— Y recuerda, no importa lo que insinúen, sólo responde lo que se relacione estrictamente a la competencia.

—Sí, Minako-sensei.

•*´¨`*•

La prensa definitivamente no quiere dejarle ir.

— ¡Víktor Nikiforov!

Víktor pasea su mirada entre los periodistas, las cámaras y los medios de comunicación que se cierran frente a él. Lo tienen rodeado. Y es un poco molesto, piensa, mientras disimula su incomodidad tras una sonrisa coqueta. La prensa siempre ha sido así con él. Siempre exigiendo, siempre cerrando sus caminos, siempre pidiendo explicaciones y adulándolo, aún sin merecerlo.

— ¡Víktor Nikiforov!

Víktor sonríe con ese encanto superficial ensayado durante años. Los periodistas yacen reunidos y presionándose a su alrededor, mientras las cámaras se enfocan brillantes e insistentes sobre la leyenda viva del patinaje artístico.

— ¡Víktor! —uno de los periodistas finalmente se impone, empujando a una colega y un par de cámaras en su camino— Víktor, felicidades por tu clasificación. Aunque seguro no es una sorpresa para nadie… ¿estás conforme con tu participación?

El varón sonrió tratando de ignorar la punzada de molestia y el vacío en su pecho. Sus ojos azules se detienen en el hombre, un varón corpulento y de sonrisa petulante. Víktor sonríe, con un peso amargo cosquilleando en su garganta y el deseo ferviente de contradecir al periodista.

—Bueno, para mí  fue una sorpresa —responde, haciendo énfasis y sonriendo de forma distante y educada—. Entrenar y exigirme al máximo previo a una competencia tan importante y ver los resultados, siempre es agradable. Espero seguir dando lo mejor para alcanzar mis metas.

—Seguro, seguro. —responde el hombre, con un gesto impaciente, desechando sus palabras—. Entonces ¿qué opinas de tus rivales en estas olimpiadas?

La actitud del periodista le resulta molesta. El peso amargo de ver menospreciadas sus palabras y su esfuerzo, le obligan a contenerse por el bien de las apariencias, mientras la sensación de vacío crece por dentro. Víktor suspira, tratando de mantener la compostura e ignorar sus sentimientos. Pronto, su mirada se desvía hacia un costado, justo donde se encuentra la puerta de entrada a la zona de preparación. Tal vez si se mueve con rapidez, pueda volver a entrar y esperar por Yakov.

— ¿Víktor? —llama el periodista, aun esperando por su respuesta.

—Um… Bueno, todos son competidores de cuidado, el hecho de clasificar a los Juegos Olímpicos ya es un mérito muy importante. —respondió con elocuencia.

—Señor Nikiforov —interrumpe esta vez una periodista, por su acento y la bandera en su pecho Víktor deduce que pertenece a la comitiva de Kazajistán— ¿Qué piensa de Otabek Altin?

Otabek Altin, Víktor trata de hacer memoria hasta que recuerda al varón más joven de la competencia. De nacionalidad kazaja y dieciocho años de edad, Otabek era una revelación inesperada en estos Juegos Olímpicos.

—Creo que el campeón de Asia tiene grandes posibilidades de hacer una buena competencia —responde con sinceridad—. Es un gran rival a tener en cuenta.

Víktor vuelve a mirar hacia la puerta que da a la zona de preparación. Si tan solo pudiese sacarse un momento a la prensa de encima. ¿Dónde estás, Georgi?, piensa con impaciencia, mientras recuerda el gesto de complicidad entre él y su compañero, una seña silenciosa para escabullirse e ir por ayuda.

— ¿… donceles?

Víktor regresa bruscamente de sus pensamientos al distinguir esa última palabra. Los periodistas a su alrededor de pronto le miran con curiosidad mal contenida.

— ¿Disculpa?

—¿Qué opinas de los donceles, Víktor? —pregunta otra periodista, una mujer joven con unos lentes de montura— ¿hay algo que quieras decir al respecto?

La malicia oculta tras sus palabras es palpable a la vista. Bien, se dice, él puede con esto.

—Creo que es una categoría interesante. Hay muchos buenos patinadores en ella. Yurio, por ejemplo, es el representante de Rusia y, aunque es un gatito testarudo, estoy seguro de que tendrá un buen desempeño. —sonríe, pensando en el rostro de Yuri cuando vean la repetición de la entrevista un poco más tarde, en el hotel.

— ¿Y Yuuri Katsuki?

La pregunta queda suspenda en el aire. Inesperada y directa.

Georgi, ¿dónde estás?, piensa Víktor con urgencia. Necesita salir de ahí o, en su defecto, necesita a Yakov de inmediato. Sabe que hablar de Yuuri frente a la prensa no es algo que su entrenador o la Federación Rusa de Patinaje estén dispuestos a aceptar. Tampoco quiere volver a perjudicar a Yuuri con alguna declaración impulsiva y desafortunada. Está solo en esto. Sin embargo, ahora sabe que necesita ser cuidadoso. Un solo error y la extraordinaria actuación de Yuuri podría quedar en entredicho.

—Bueno, Yuuri Katsuki es un excelente patinador —comienza, tratando de sonar distante, sin darle oportunidad a la prensa para malinterpretar nada—. No tuve oportunidad de ver su programa corto, pero…

— ¿Es cierto que el patinador Katsuki se acercó hace unos días para pedir tu consejo?

Espera, ¿qué?, Víktor se gira, indignado ante semejante pregunta venida de la nada. La interrupción abrupta de un periodista con fuerte acento británico, transforma el inicio de su declaración en un silencio pesado e incómodo.

— ¿Quién dijo eso?

— ¿Es cierto que ayudaste a Katsuki a preparar su rutina?

La primera chispa lanzada al aire pronto se transforma en un incendio voraz. La seguidilla de preguntas punzantes y maliciosas se ciernen de pronto, transformando todo a su alrededor en un caos indeseado. La situación se sale de control y Víktor ya no puede detenerla.

— ¿Es cierto que tú le enseñaste a perfeccionar su quad lutz? —gritó otro periodista desde atrás.

Víktor frunce el entrecejo ante semejante barbaridad. La incomodidad pronto se transforma en enojo. Y, aunque en un inicio trata de razonar con la prensa, las preguntas descabelladas y los flashes de las cámaras bloquean todos sus intentos.

— ¿Realmente piensas que puede ganar el oro?

— ¿No crees que asociarte con él perjudica tu carrera? Después de todo, Katsuki abandonó el Grand Prix de Barcelona.

— ¿Te prometió algo a cambio de que lo entrenaras, Víktor?

Víktor fulmina con la mirada a ese último reportero. ¿Cómo se atreven?, piensa indignado. Están difamando a Yuuri sin ningún argumento. Todas estas preguntas han perdido cualquier interés en lo deportivo.

— ¡MIREN, ES YUURI KATSUKI!

¿Qué? ¡No, Yuuri!, Víktor desvía la mirada con urgencia hacia la entrada que da a la zona de preparación. Ahí, en medio de una multitud creciente de cámaras y periodistas, distingue el rostro sorprendido y preocupado de Yuuri. ¡No, vete de aquí!, piensa desesperado, tratando de acercarse hacia el doncel.

— ¡YUURI! —su voz, más profunda y demandante, se impone sobre las descabelladas preguntas y la indeseada atención de la prensa.

Los ojos marrones del doncel le encuentran enseguida entre la multitud. Y, pese a que lo único que Víktor desea es advertirle, aún tiene un instante para descubrir —no sin cierta satisfacción— que Yuuri lleva consigo a su preciosa Makkachin.

Sin embargo, el asedio de la prensa no hace más que crecer.

— ¿Qué se siente recibir la ayuda de Víktor Nikiforov?

— ¿Cuál es el trato que mantienes con la leyenda viviente?

¡Bastardos!, piensa Víktor con enojo mientras intenta acercarse a Yuuri, desde donde está acorralado. La prensa insiste en acosarlos a ambos con más preguntas, una tras otra, sin dejarles escapar. El caos, los gritos y las cámaras obligan a Víktor a retroceder, aún si algo más fuerte e instintivo parece urgirle y obligarle a imponerse, alejando a todos los periodistas que ahora rodean férreamente al doncel. Desde la distancia, Yuuri parece confundido y algo asustado. Muchos de los reporteros son más altos que él. Víktor puede ver como algunos incluso tiran de sus ropas, tratando de atraerlo, imponiéndole preguntas incómodas. Sin embargo, no puede ver u oír mucho, los gritos, el ruido de los flashes y las luces de las cámaras, bloquean su visión por momentos.

— ¿Eres consciente del valor mediático de tu relación con Víktor Nikiforov?

¡BASTA!

Huang Hong Ji es testigo de todo el escándalo, sin proponérselo.

Apenas termina su participación en el primer bloque clasificatorio, pide permiso al cuerpo técnico de la delegación China para retirarse unos minutos y tener la oportunidad de conversar más calmadamente con su familia. Sus padres parecen contentos con su desempeño y toda la charla gira en torno a sus expectativas y lo que espera obtener de esta competencia. Sin embargo, cuando se encuentra caminando de regreso a la zona de preparación, el panorama que le espera a la entrada es muy diferente al que dejó. Porque ahí, en medio del caos montado por la prensa, puede ver a Víktor Nikiforov y a Yuuri Katsuki, ambos acorralados a cierta distancia y sumergidos entre flashes, gritos y cámaras

Huang Hong no tiene que detenerse demasiado para entender lo que está pasando. Como un joven doncel activo en sus redes sociales, sabe de primera mano el escándalo que se ha desatado entre Yuuri y el pentacampeón ruso. No está de acuerdo con lo que se dice y sinceramente no cree en muchas de las especulaciones. Hay teorías absurdas y descabelladas, sobre todo en contra de Yuuri.

Nada es verdad, piensa Huang Hong, después de todo él mismo ha visto el gran competidor que ha resultado ser el doncel japonés.

Así, tomando una rápida decisión y sin que nadie se dé cuenta, Huang Hong se escabulle disimuladamente dentro de la zona de preparación. La necesidad urgente de localizar a alguien que pueda ayudarle le guía rápidamente hacia Phichit Chulanont.

— ¡P-Phichit! —suelta, deteniéndose agitadamente frente al tailandés.

Su teléfono móvil se balancea nerviosamente entre sus manos, mientras hecha un rápido vistazo a su alrededor.

— Huang Hong, ¿qué pasa?

—Phichit… — intenta de nuevo, sintiendo el conocido nudo de la timidez cerrando su garganta—. Yo, ¡uhm!

Alguien más se ubica a su costado y, de pronto, Huang Hong repara en la presencia del varón suizo, Christophe Giacometti.

Oh por todos los dioses, no es momento de que se me traben las palabras, piensa angustiado.

— ¡Yuuri!… ¡La prensa!… ¡Víktor! —grita, al fin.

Y es suficiente. Porque tanto Phichit, como Christophe parecen entender el mensaje.

Un poco más allá, Huang Hong alcanza a distinguir a Mila Babicheva, siguiendo rápidamente a Georgi Popovich rumbo a la salida.

Espero que no sea demasiado tarde…

A Víktor todo este asunto de la prensa había dejado de importarle.

Lo único que le interesa es sacar a Yuuri de aquí. Sin embargo, tratar de abrirse paso entre el tumulto que han formado los medios de comunicación, resulta imposible. Víktor se siente asqueado, decepcionado y enojado a partes iguales. Molesto consigo mismo y su incapacidad para proteger y ayudar al doncel.

—Blyat. (Mierda) —maldice por lo bajo, mientras tropieza con un reportero en su intento por acercarse al japonés.

— ¡Yuuri!

Por fortuna, la inesperada y sorpresiva llegada del mejor amigo de Yuuri, seguido de cerca por Christophe, distrae y genera el revuelo necesario para ver como ambos toman al doncel y lo introducen rápidamente de regreso a la zona de preparación. Alejando a Yuuri de la prensa.

— ¡Víktor! —Mila Babicheva interrumpe su breve momento de alivio, aferrándo su mano en un gesto urgente, tratando de tirar de él hacia el mismo destino.

— ¡Mila, apúrate! —Georgi sostiene la puerta a unos metros de distancia, impidiendo que esta se cierre.

— ¡Es la campeona del Grand Prix!

— ¡Mila Babicheva! ¿acaso mantienes algún tipo de relación amorosa con Víktor Nikiforov?

Víktor se detiene abruptamente ante esas palabras, arrastrando a Mila en el proceso. Ya ha tenido suficiente.

— ¡BASTA! —su voz es autoritaria, imperativa. Su rostro, por primera vez yace desprovisto de todo el carisma y el encanto al que la prensa tanto se había acostumbrado—. ¡No quiero más preguntas, ni teorías absurdas sobre mi vida privada!

— ¡Víktor, no! —susurra Mila, tirando de él hasta que al fin consigue devolverlo al interior de la zona de preparación.

Georgi cierra la puerta tras ellos y luego todo es silencio. El peso de las miradas, los susurros y la atención ajena es lo último que a Víktor le interesa. Lo único que quiere, después de casi perder el control allá afuera, es saber si Yuuri está bien. Sus ojos azules repasan la zona de preparación, buscando al doncel inútilmente, con insistencia.

—Está con su entrenadora, Víktor. Yuuri se fue. —suelta Georgi, a su lado.

Víktor suelta un pesado suspiro mientras esas últimas palabras se repiten en su cabeza. La presión en su pecho de pronto le asfixia y, antes de que alguien más pueda hacer o decir nada, sus nudillos impactan con violencia contra una pared cercana.

Todo esto es un maldito desastre.

Blyat. (Mierda)

••

Kill-me-baby sweetshadow • hace 2 minutos

Y acá tenemos a Katsuki montando otro escándalo rogando por algo de atención de Víktor Nikiforov.

Moon-darkness moondarkness • hace 1 minutos

Fue más rápido de lo que pensé, pero se los dije. El tiempo me dio la razón…

••

Continuará.

Notas Finales:

Primero que nada muchas gracias por leer y comentar esta historia.

Me encantaría saber que piensan de nuestra adorada prensa (sarcasmo) y la reacción de todos frente a tantos problemas.

También les dejos invitados a Mimmulus ✿ Fanfics, un grupo en facebook donde estoy subiendo avisos de actualización, variedad de contenido relativo a YOI y mis historias.

Nos vemos en la siguiente actualización.

Cariños

ᙢᓰᙢᘎ~

Publicado por Mimmulus

ᙢᓿᙢᙢᘎᒪᘎS. ╚ Buscando transmitir sentimientos. ╚ Enamorada de las sorpresas y los cambios de perspectivas. Les doy la bienvenida y espero podamos disfrutar de un mundo lleno de sueños hermosos.

3 comentarios sobre “Make History – Capítulo 6.

  1. Me encantó el cap que bueno que Yurri salió muy bien en su presentación y se llevó el primer lugar espero que así siga hasta la final , pobre Victor no pudo hablar con Yurri pero lo pudo saludar de lejos y con eso se confirmaron pero la prensa se puso a hablar cosas que no son y Victor se molestó pobre de Yurri estaba muy asustado pues la prensa se le fue encima diciendo puras mentiras gracias unnie por mencionarle en dos cap de tu fin me siento muy apagada por eso muchas gracias esperaré el próximo me costó mucho trabajo encontrarte pero al fin lo hice saludos hasta el próximo

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