Dos Sakura


Víctor Nikiforov, metro ochenta de estatura, finos trajes de tres piezas que ajustan el firme y atlético cuerpo, ojos azul cielo, perfil eslavo, gruesos abrigos para combatir el frio, treinta años de vida y diez en la policía, sonrisa amable, guantes de gamuza en tonos oscuros, piel muy blanca y suaves rasgos albinos en especial por su cabello plata que contrastaba de manera singular con su aire juvenil.

Sin novia, pero con eventuales salidas en compañía de hermosas damas; propietario de un departamento donde por lo general lo esperaba la soledad desde que su amado perro Makkachin le dijera adiós después de quince años de una auténtica amistad. Amante del buen vodka y borracho ocasional de las pocas reuniones a las que asistía. Hijo único de un hijo único, con una madre dedicada a la defensa legal y un padre que sirvió durante años en el cuerpo policial hasta que un desquiciado lo dejara parapléjico al disparar su última bala.

Desde hacía cinco años había dejado todo atrás excepto la mística para ejercer su carrera, desde hacía cinco años su vida se convirtió en una obsesiva búsqueda del hombre que había asesinado a una de sus mejores amigas, una chica de la universidad en la que seguía estudios de abogacía.

Fue una tarde de junio que se despidió de ella y su larga melena rubia, la dejó en la puerta de un conocido centro comercial y desde ese momento nunca más volvió a ver su sonrisa, seis días después la identificaron como la víctima número veinticuatro de un desquiciado al que la prensa llamó El Depredador y que había cometido múltiples asesinatos contra mujeres que ofrecían algún servicio sexual. Virna fue la primera mujer que no encajaba en el patrón de víctimas y Víctor siempre se preguntó por qué la escogió a ella, qué fue lo que le motivó para atraparla y atormentarla hasta la muerte.

Del verdugo no sabía nada más allá del perfil que los expertos psiquiatras habían elaborado, además de los motivos por los que él cometía sus asesinatos y que los había expuesto en dos cartas escuetas escritas con la sangre de las propias víctimas y que fueron dejadas junto a los cadáveres.

En la primera decía que no aceptaba el calificativo de Depredador, porque él era un justiciero y exigía a la prensa que lo llamen El Juez. Pocos periodistas se prestaron a su juego así que siguieron llamándolo con el sobre nombre que le dieron al inicio.

La segunda carta era más íntima y decía que el sufrimiento de sus víctimas las hacía merecedoras del cielo, que el momento de morir se iban sin mácula alguna porque su sangre había lavado sus pecados, al final de la nota exhortaba a la policía a poner más atención en los símbolos, les pedía un mayor esfuerzo en las investigaciones y en el perfil de sus víctimas.

Víctor había estudiado cada caso de palmo a palmo, conocía los expedientes de cada joven al derecho y revés y estaba tras los pasos de una mujer que para ese entonces ya sería anciana de unos setenta años aproximadamente y cuyo dedo meñique había sido encontrado en un parque de Moscú. Además, encontraron un puñal de hoja muy gruesa envuelto en una bolsa y dos ojos junto a él uno de ellos con el líquido vaciado. Es mujer fue tal vez la primera víctima del Depredador, pero por más que se investigó su nombre y procedencia, solo se quedaron con la información que se llamaba Anna Krusheva y que había sido una antigua dama de compañía en la capital rusa.

La primera mujer que sintió el terror de morir luego de largas horas de tortura. Con el paso de los meses y años el asesino fue perfeccionando el modo de torturar y matar a las mujeres que tenían la desgracia ser escogidas por él.

Lo más probable era que el Depredador fuese moscovita y que en un intento por alejarse del lugar de su primer crimen o ser identificado con la posible cercanía a la anciana muerta, se trasladó hacia San Petersburgo. La investigación avanzaba a paso muy lento, en especial por parte de los colaboradores de Moscú, pero Víctor sabía que estaba yendo por buen camino, tal vez en unos meses más los restos de alguna mujer hablarían algo más a cerca de su historia y su final.

Eran las tres de la tarde y el mayor Nikiforov cabeceaba sobre el escritorio de su oficina luego de haber almorzado en la cafetería del edificio de investigaciones. Intentaba en vano leer el primer informe que la oficina forense daba en calidad de adelanto para que los oficiales a cargo de la investigación se movilizaran con rapidez. Había cerrado los ojos por dos o tres minutos cuando el fuerte ruido que produjo la puerta al abrirse le anunciaba que algo importante estaba por ocurrir.

—Hay una chica desaparecida desde hace cuatro días en Moscú, no ha salido a la prensa aún porque sus padres intentan hallarla y evitar el escándalo. —Yuri Plisetsky tenía la boca llena de pirozky y Víctor no entendió bien la explicación del novato.

Con diecinueve años, estudiante aún de la escuela de policía, el rubio de metro setenta y seis, ojos verdes como los prados que miraban a todos con desprecio y actitud de pandillero, jeans ajustados al cuerpo y borceguíes con toperoles y puntas peligrosas; se había convertido en uno de los miembros más eficaces del grupo liderado por Víctor.

Desde niño, el nieto de Nikolai Plisetsky Comandante General del Departamento de Policía de San Petersburgo, había crecido entre patrulleros y expedientes, entre prueba e informes policiales, entre tardes aburridas de reglajes y operativos sorpresa. Por eso a nadie le fue extraño observar al muchachito cuando comenzó a colaborar con el trabajo policial desde que tenía doce o trece años y con su computadora lograba investigar mejor que los más expertos oficiales. El chico tenía sus recursos y no quería compartirlos con nadie.

Y aunque tuvo algunos problemas con los profesionales no se vio impedido de seguir apoyando el trabajo de los hombres a los que mandaba su abuelo. De todos ellos el único que aceptó su presencia y soportó su carácter rebelde y caprichoso fue Víctor porque conocía muy bien lo valiosa que resultaba su ayuda.

—¿Quién es la muchacha? —Víctor se incorporó de inmediato y recibió las copias que el chiquillo le alcanzaba.

—No estoy seguro al cien por ciento, pero se supone que es la hija del cónsul de Japón en San Pete, aunque esa chica muerta tenía la cara muy magullada, puedo decir que es la misma que aparece en esta foto, mira se ve muy parecida al cadáver. —Yuri ya había investigado quién era la muchacha, donde estudiaba, con quienes se reunía y cuántas relaciones amorosas había tenido los últimos años.

—Espero que no lo sea porque podría llegar a convertirse un problema de carácter diplomático…

—Si fuera así sus padres ya habrían alertado a las autoridades, pero no; hasta ahora solo han hecho una denuncia de desaparición en una comisaría de poca importancia y eso sí que me parece muy extraño. —Yuri le pasó la copia de la denuncia.

—Dime que sacaste esta información de manera regular… —Víctor teme la forma en que Yuri Plisetsky logra obtener los datos, porque el muchacho ingresa con total libertad a la deepweb para extraer información más relevante.

—Nop y serás tú el que llamarás al comisario y le dirás que acabas de ver esto en la relación de sus denuncias. —Yuri se llenó la boca del último pedazo de pirozky.

—¿Y por qué no lo hiciste tú? Le hubieras dicho que el general necesitaba la información. —Víctor decidió voltear la mirada para no ver la forma cómo Yuri daba cuenta de la empanada.

—No quiero usar a mi abuelo para esto, quiero valerme por mí mismo… y ese viejo comisario jamás me habría proporcionado la información. —Yuri volvió a hablar con la boca llena y Víctor le pasó una servilleta para que limpie todos los restos de salsa de su boca.

Con toda la información proporcionada por Yuri, el mayor Nikiforov llamó al departamento forense para corroborar las huellas sacadas al cadáver de la joven. Media hora después el jefe del departamento confirmaría las sospechas, el cuerpo correspondía a Kaori Yoshikawa, estudiante de tercer año de negocios internacionales de la universidad estatal de San Petersburgo, con veinte años era la hija mayor del cónsul de Japón en San Petersburgo, Nobu Yoshikawa.

Había desaparecido cinco días atrás después de salir con sus amigos a una reunión de estudiantes en casa de una de sus compañeras de la que salió sin despedirse de ninguna, esa era la primera versión que decían las muchachas y los chicos que asistieron esa noche a la reunión. Ellos tampoco sabían explicar la ausencia de Kaori en la universidad, ella era una brillante estudiante y nunca faltaba a clases, tampoco cortaba comunicación con sus amistades.

Cuando el comandante Feltsman se enteró los nuevos detalles sobre el caso de la última víctima del Depredador, tomó su abrigo grueso, el paraguas negro y pidió que Víctor y Georgi lo acompañen a la residencia del cónsul japonés a quien llamó al trabajo para pedirle una cita urgente porque ya habían dado con el paradero de su desaparecida hija.

El resto del equipo comenzó a centrar su atención en la historia de la muchacha y de sus compañeros de universidad.

—No coincide con el perfil de las demás víctimas. —Mila Babicheva revisaba una vez más las fotografías que la muchacha subió a sus cuentas de redes sociales.

—Recuerda los asesinatos de dos chicas hace dos años y una hace siete meses, ellas tampoco coincidían con el perfil de los crímenes del Depredador. —Otabek seguía con su aburrida tarea de actualizar los expedientes de los trece sospechosos que estaban bajo vigilancia policial.

—Nuevas órdenes chicos, tenemos que interrogar a todas estas chicas y estos chicos que aparecen en las últimas fotografías posteadas por la víctima la noche del sábado. —Anya ingresó a la oficina con un enorme vaso de malteada y de inmediato miró a Yuri que se levantaba de su asiento y se disponía a ponerse un grueso sobretodo—. Tú no princesa, tendrás que revisar todos los perfiles de esos angelitos y observar si entre sus fotos hay algún sospechoso. Además, tendrás que revisar setenta y dos horas de video de las cámaras del parque, tal vez alguna sí captó a nuestro asesino estrella.

—¿Quién dio esa orden?, fue Víctor o fuiste tú bruja horrible. —Yuri endureció la mirada y no la bajó hasta que Anya se retiró de la oficina.

—La dio el comandante Feltsman preciosura así que vuelve a sentar tu bello traserito virgen y comienza a trabajar. —Anya tomó las llaves de una de las camionetas que usaba el equipo y con un movimiento de su cabeza llamó a Mila para que la siga.

En la mansión del Cónsul Yoshikawa se encontraba reunida la familia, los amigos más cercanos y algunos funcionarios de primer nivel del Japón. Víctor Nikiforov saludó a los presentes con una venia al igual que lo hicieron su jefe y su compañero y se dispuso a escuchar toda la información que la familia tuviera que darle en los siguientes minutos.

La madre de la joven sonreía con amabilidad y señalaba los asientos invitando a los policías a sentarse junto a ellos, estaba acompañada de una joven adolescente y un niño de unos diez años que se sentaron a sus costados, eran los hermanos de Kaori. El cónsul se ubicó en uno de los asientos principales del salón familiar y las demás personas permanecieron en pie.

—Señor Cónsul soy el comandante Yakov Felstman encargado del Departamento de Investigación Criminal de la región de Leningrado. —Para el comandante siempre fue difícil dar las malas noticias a los familiares de víctimas de algún acto criminal; pero en los últimos cinco años mirar a los ojos de los parientes de todas las mujeres mutiladas y asesinadas por el Depredador le resultaba una tarea demasiado pesada.

—¿Encontraron a mi hija comandante? —La esposa del cónsul no pudo aguantar sus ansias y rompió el protocolo que las mujeres japonesas siguen estrictamente en cualquier circunstancia, dejar que sea el marido quien se encargue de todo.

—Me temo que no les traigo buenas noticias señora…


Notas de autor:

Quiero agradecer a quienes vuelven a repasar la historia y a quienes comienzan a conocerla, gracias por leerla y por vuestros comentarios.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

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