Green light: Capítulo 4


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«Tú siempre hieres al único que amas».
«Al único que no deberías herir».
«Tú siempre tomas la más dulce rosa».
«Y la aprietas hasta que los pétalos caigan».
«Tú siempre rompes el más bondadoso corazón».
«Con una palabra apresurada que no puedes recordar».
«Así que, si yo rompí tu corazón anoche».
«Es porque te amo más que a nadie».
[The mills brothers – You always hurt the one you love]

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Hay una caricia allí, al costado de su rostro.

Una caricia fría que le hace apretar los párpados y girarse para intentar seguir durmiendo.

Pero hay otra caricia.

Allí, justo en la curva suave de su cintura.

Y la caricia crece y se transforma en un beso.

Para cuando Yuuri despierta, puede ver claramente los ojos azules de su esposo posados en él, mirándolo fijamente.

Entonces Yuuri se cubre con la sábana sin dejar de verlo.

Luego, el pavor inicial se convierte en una sonrisa aliviada.

—No sabes cuánto te amo… —le dice Yuuri, y posa una de sus manos en la mejilla fría—. Te amo y te he extrañado tanto. Tanto, mi amor. Tanto…

Victor lo calla con un beso.

Yuuri llora.

Se abraza a él y responde con amor a cada una de sus caricias, mientras sus manos curiosas estudian la forma de Victor. La forma de sus hombros, la forma de su cuello, la textura suave y fina de su cabello.

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«Es él».

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Piensa Yuuri.

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«Es mi Victor».

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Piensa. Reconociéndolo con los ojos cerrados, con solo tocarlo con las manos.

Lo reconocería incluso solo usando sus labios.

—Dime que esto es real… —le suplica Yuuri, alejándose un poco de él mientras Victor descubre la sábana para tener más acceso a su cuerpo—. Dime que estás bien, que estás a salvo. Aquí. Conmigo.

Los ojos de Victor no vuelven a ver a los suyos, tan solo buscan el pantalón delgado del pijama de Yuuri y sus manos se lo sacan con firmeza y sin dudar.

—¿Quieres esto? —le pregunta Yuuri, sonriendo enternecido al ver la forma en la que los ojos de Victor se congelan cuando él abre sus piernas, mostrándose—. Es tuyo, mi amor. Está aquí para ti… —le dice, y entonces, como a tantas otras cosas en su vida, le da luz verde para seguir y llevárselo por delante.

Yuuri ha bebido.

Ha bebido solo un poco.

Quizá esa es la excusa que necesita para no hacerle preguntas a lo que sea que esté haciéndole el amor ahora.

La verdad es que Yuuri lo estaba esperando, incluso quizá lo estaba anhelando demasiado.

—¿Hasta cuándo va a durar esto? —le pregunta Yuuri, mientras se aferra a la almohada y siente el semen abundante llenarle mientras el nudo de su esposo permanece incrustado en su interior—. Dime… cuánto más…

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«¿Por cuánto tiempo más vas a venir?».

«¿Hasta cuándo?».

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Yuuri gime y echa su cabeza hacia atrás cuando Victor sale de él.

Siente los colmillos afilados de su esposo rozando la piel sensible de sus hombros, y al notar el beso dulce que Victor le da allí, llora.

Llora por todo lo que eran.

Todo lo que sentían.

Todo lo que querían para ambos, para ellos juntos, para ellos como pareja.

Había un futuro planeado.

Hijos.

Si es que se pudiera.

Si es que seguían intentándolo.

Había tantas cosas por hacer.

Había tantos desayunos, tantas cenas.

¡Había un mundo entero!

¡Un universo!

Un maldito y estúpido universo color de rosa. Suave como seda y dulce como miel.

Un universo perfecto.

—Te odio tanto… —le susurra Yuuri de pronto, y nota el cielo de un tono lila oscuro a través de la ventana. Está amaneciendo—. ¿Qué hago ahora? Dime… ¡Dime! ¡¿Qué hago sin ti?!

Victor se sienta sobre la cama, empieza a vestirse, y al darse cuenta, Yuuri se gira y se aferra a él.

—¡No te vayas! —le pide Yuuri, pero la fuerza de un Alfa y la suya son tan distintas.

Sin embargo eso no le impide jalar de la blanca camisa, jalarla tanto que la rompe. Lamentablemente, ni eso hace que Victor lo mire.

—Quédate… —vuelve a suplicarle Yuuri, y ve cómo Victor se coloca la corbata, los zapatos, y apenas en un parpadeo suave, se desvanece justo frente a sus ojos.

Yuuri no sabe en qué momento exacto dejó de llorar y se quedó dormido.

Solo sabe que los labios que lo besaron se sentían tan reales y tan verdaderos como la noche anterior.

Entonces escucha el timbre de la puerta.

No quiere levantarse, pero Makkachin sube sus patas a la cama y ladra con insistencia, obligándole a atender al invitado.

Al levantarse, puede notar, sin necesidad de verse en un espejo, todas las marcas de besos en su cuello, así que se cubre bien con la bata de dormir antes de abrir la puerta.

—Chris… —susurra, al ver al amigo de su esposo ahí—. Pasa. Qué alegría verte.

Inconscientemente Yuuri se fija en la pequeña rosa negra que hace de boutonniere y adorna la solapa de Chris, ése objeto le confirma una vez más que Victor no está aquí y que no lo estará jamás.

—Yura no podrá venir aquí hoy… —le dice Chris, observando el lugar con sumo cuidado, y es que detecta levemente cierta esencia a rosas que al parecer perdura en el departamento a pesar de toda la gente que rondó por ahí hace apenas un día.

—Entiendo, gracias por venir a acompañarme… —le dice Yuuri, con una sonrisa agradecida.

—No vine a acompañarte, Yuuri… —le afirma Chris—. Yura quería que viniera a verte y eso he hecho, así que… ya me voy.

—Espera, quédate un momento, hablemos…

—Estamos hablando.

—¿Sabes? Por… por la noche… bueno, ocurrió «Eso» de nuevo.

—¿Qué exactamente? —le pregunta Chris, visiblemente confundido.

«Eso» que te comenté ayer, Chris… —le dice Yuuri, sin querer tener que explicárselo de nuevo, pero al ver la mirada incrédula del amigo de su esposo, se apresura a decir—. Es verdad, no miento y no lo estoy soñando, es decir… tengo su semen justo ahora…

—Ya cállate, Yuuri… —le dice Chris, con molestia.

—¿Por qué te comportas así?

—¿En serio quieres que crea que Victor viene a verte por las noches para follarte? De entre todas las cosas que podría hacer si pudiera venir un solo instante a éste mundo con nosotros, ¿En serio quieres que crea eso?

—¡Ni yo mismo sé qué creer, Christophe! Por dios, por favor… solo… escúchame…

—¿Sabes qué es lo que creo? ¿Quieres saber qué mierda es lo que creo?

—¡Sí!

—Creo que es tu consciencia jugándote una mala pasada, eso es lo que creo, Yuuri.

—Mi… ¿Mi qué? Por qué…

—Oh, ¿En serio no lo sabes? —le pregunta Chris, alejándose de él y caminando hacia la salida—. ¿En serio crees que voy a creerme que fue un maldito accidente?

—¿De qué hablas?

—Victor iba a dejarte, Yuuri. Estaba harto de ti, de lo frío que eres y de las cosas que has hecho.

Los ojos cafés de Yuuri observan cómo Chris abre la puerta de salida dispuesto a irse sin decirle o explicarle nada más.

—Espera… por qué… ¿Por qué Vitya haría algo así? Yo… ¡Yo no he hecho nada! ¡Estás mintiendo! ¡Lo haces! Estás mintiendo vilmente, y no entiendo por qué…

—¡Los papeles de divorcio están en el escritorio de su oficina, Yuuri! ¡Aquel escritorio sobre el que te cogías a todo el mundo! —le dice Chris, saliendo del departamento al fin—. Victor iba a dejarte sin un solo centavo con ese divorcio, iba a dejarte en la calle. Así que ahora dime, ¿En serio crees que voy a creerme que esa moto destrozándolo sobre el asfalto fue un puto accidente?

Yuuri no tiene tiempo de contestarle, ni siquiera hace el intento, tan solo se queda en silencio viendo a Chris irse.

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Publicado por ArikelDT

Un comentario en “Green light: Capítulo 4

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