Green light: Capítulo 3


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«Piedra fría».
«Me ves de pie pero estoy muriendo en el piso».
«Piedra fría».
«Tal vez si no lloro no sentiré nada más».
«Piedra fría».
«Cariño».
«Dios sabe que traté de sentirme feliz por ti».
[Demi lovato – Stone cold]

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La desolación tiene nombre y apellido.

Y no, no es Smaug de Tolkien. Es otro y es difícil.

Es muy difícil.

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«Realmente es demasiado difícil».

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Piensa Yuri Plisetsky, mientras Chris conduce y Mila mira la ventanilla junto a ella.

De pronto un pequeño pitido lo saca de sus pensamientos, y al mirar el celular observa un nuevo mensaje.

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[Lo siento, cariño, perdóname]

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La sonrisa que Yuri tiene ahora no es una sonrisa agradable, de hecho es una sonrisa amarga y dolorosa.

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[Ya no importa]

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Contesta Yuri, y guarda el celular en el bolsillo de su abrigo, zanjando el tema.

No quiere hablar sobre eso ahora.

Otabek Altin había sido demasiado en un mundo en el que había demasiado poco.

Había sido amor, cariño, alegría y amistad.

Sí, sobretodo eso.

Había sido amistad.

Eso era lo más doloroso ahora.

Haber perdido a un amigo era lo peor de todo. No se comparaba a haber perdido a un amante.

Haber perdido a un amigo, a un confidente, a un casi hermano… era mucho, qué digo mucho, MUCHÍSIMO peor.

Sin embargo ahora Yuri no tiene cabeza para arreglar o aclarar nada.

Lamentablemente, el nuevo pitido de su celular le dice que para Otabek Altin el tema no ha sido zanjado, sino más bien apenas ha sido abierto.

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[Claro que importa, amor]

[Soy un idiota y no quise darme cuenta]

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Yuri asiente dándole la razón.

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«Claro que eres un idiota. Nunca aceptaste siquiera que te tomara de la mano en el trabajo, ni mucho menos en la calle. Pero sí besaste a Sara Crispino muchas veces, en la boca, en las manos, en el cuello, y abrazaste su cintura por horas frente a todo el mundo en medio de la recepción de la boda de Jean Leroy. Ahora ella dice que ustedes están comprometidos y van a casarse, ¿Y vienes a disculparte DOS putos meses después? ¿Es en serio, Otabek? ¿Por qué mierda sigues creyendo que puedes llamarme “Amor”?».

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Piensa Yuri, pero no lo escribe.

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[Ya no importa]

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Es lo único que teclea y envía, y ve cómo Otabek lee y contesta.

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[Sí importa]

[Por supuesto que importa]

[¿Dónde estás ahora?]

[Supe que irías a lo de Katsuki]

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Le dice Otabek, y Yuri solo observa la pantalla.

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[¿Podemos hablar en persona?]

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Yuri niega rotundamente, y no hace ni el intento de contestar.

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[Quiero decirte algo importante]

[Yura, por favor]

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No hay respuesta.

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[¿Amor?]

[¿Yuri?]

[No me hagas esto, cariño, sabes que solo te amo a ti]

[Yura, por dios]

[Yo me muero por ti, y tú lo sabes, cariño]

[Habla conmigo]

[Dime lo que te molesta]

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¿Es en serio?

¡Diablos!

¿Acaso era necesario?

¿Era necesario decirle a tu novio de la secundaria que recuerde no besar a otra persona en la boca o el cuello?

¿Que recuerde no comprometerse con alguien que no eres tú?

¿Que recuerde que tú eres su novio?

¡No!

¡Por supuesto que no!

¡No era necesario!

Y si lo fuera, entonces, sencillamente no eran novios.

No eran nada.

Ni siquiera amigos.

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[Estoy cansado Otabek, voy a dormir]

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Le dice Yuri. Y antes de recibir cualquier otro mensaje apaga su celular por completo.

Chris lo ve por el retrovisor. Se preocupa al ver los ojos verdes de Yuri húmedos, rojos y con oscuras manchas debajo de ellos.

—Está bien si mañana no vas al trabajo, Yura… —le dice Chris, rompiendo el silencio sepulcral del auto. Auto que es de Yuri, quien no se atreve a intentar manejar de nuevo como en la mañana.

—Iré. Todo está bien, solo necesitamos dormir… —le dice Yuri.

—Estaba pensando en… no sé… —le dice Chris, y se detiene frente a la luz roja del semáforo—. Vivir juntos. Ya sabes, quizá puedas mudarte a mi casa, o… yo a tu departamento…

Mila, que ha estado escuchando todo en silencio, asiente efusivamente ante cada propuesta.

—Es lo mejor Yura… —afirma Mila—. Por favor, di que sí.

Yuri los mira en silencio, niega despacio.

—Lo pensaré… —le dice a Chris, y éste asiente y le da una sonrisa apenas perceptible.

Cuando llegan por fin al departamento de Yuri, Chris insiste en acompañarlo todos juntos hasta la puerta misma, así que los tres toman el ascensor y se dirigen al lugar.

Yuri camina distraídamente, no se da cuenta de nada hasta que el aroma de Chris se altera.

Allí, frente a su puerta, está Otabek Altin, quizá el causante de absolutamente todo lo que está pasando ahora.

—Yura… —dice Otabek, poniéndose rápidamente de pie al verlo y sintiendo sus piernas entumecidas después de haber estado casi una hora sentado en el piso frío.

—¡Lárgate! —grita Chris, interponiéndose entre ambos junto a Mila.

—Quiero hablar con mi amigo, ¡¿Cuál es tu maldito problema Giacometti?! —le pregunta Otabek, y Yuri siente la nariz picándole ante el aroma a tierra húmeda que desprende.

—Todo lo que está pasando es tu culpa… —le afirma Chris a Otabek, acercándose a él amenazante—. Pero quizá debo agradecerte. Gracias a ti al menos Victor murió siendo feliz.

—Chris, por favor… —le dice Yuri, avanzando hacia ambos e interponiendo su aroma entre ellos.

Ahora hay cuatro Alfas en medio del pasillo y cualquiera temería lo que pudiera pasar.

Entonces Otabek se le acerca más a pesar de los gruñidos de Chris.

—Yura, por favor… hablemos, ¿Sí? —le dice Otabek a Yuri, quien solo niega rápidamente—. Te lo suplico. Solo escucha lo que tengo que decirte, ¿Está bien?

Yuri vuelve a negar, pero su negación se corta al ver a Otabek rebuscar algo en el bolsillo de su pantalón.

Es una cajita.

Una pequeña y oscura cajita de terciopelo color vino, una de esas en las que vienen los anillos de compromiso.

—Yuri… solo… por favor… —le pide Otabek.

Entonces Yuri gira la vista.

No sabe ni cómo tiene la fuerza para poner la clave en la puerta e ingresar a toda velocidad hacia el baño, asustando de paso a Potya, quien se oculta en el dormitorio a toda prisa.

Yuri no ha comido nada, pero aún así su estómago insiste en intentar botar algo, lo que sea, generándole arcadas dolorosas que lo doblan en dos y lo hacen aferrarse al retrete.

—¿Vas a largarte ahora? —le pregunta Chris a Otabek—. ¿O vas a esperar a causarle todavía más daño?

—Acaso… ¿Está enfermo? —pregunta Otabek, pero las palabras mueren en su boca.

Ahí está.

Ése aroma extra mezclado con el aroma de Yuri, quien ahora sale del baño con el rostro húmedo y con una toalla entre las manos.

Cuando Yuri lo nota, el aroma extra desaparece.

—¿Yuri? —le pregunta Otabek, y trata de acercársele, pero Chris lo empuja y le muestra sus colmillos.

Todo es una reacción en cadena.

Cuatro Alfas en una habitación no es algo recomendable.

Chris es el primero en atacar. Otabek lo espera con las garras afiladas y los colmillos sobresalientes, no ve a Mila, quien aprovecha sus preciosos tacones aguja para clavárselos en la rodilla y hacerlo caer, dándole la ventaja a Chris.

Yuri se prepara, sus colmillos sobresalen y sus garras también.

El aroma extra se intensifica, y los tres Alfas que están luchando giran a ver al cuarto Alfa. Aquel que carga con un quinto.

—¡Le haces daño a Yuri! —grita Mila, dándole un golpe en la nuca a Otabek antes de quedarse quieta junto a Chris—. ¡Solo vete!

—¡¿Yo?! —pregunta Otabek—. ¡Son ustedes los que le hacen daño, lárguense ustedes! ¡No pintan nada aquí!

Chris va a golpearlo de nuevo, pero Yuri es más rápido y se interpone entre ambos, empujándolos violentamente a cada lado de la habitación y separándolos.

Mila se aleja de él. Le da espacio. Sabe que justo ahora no puede acercársele sin hacerle sentir amenazado.

—Váyanse todos… —les dice Yuri, pero Otabek no lo acepta y niega firmemente—. ¡Éste es mi hogar, y yo decido quién entra y quién sale! ¡Quién mierda te crees para contradecirme!

—¡Soy tu novio! ¡¿O no?!

—No te creas tanto, Altin… —le dice Yuri, con la mirada afilada—. No eres el único Alfa que ha pasado por mi cama.

Otabek se ve confundido en un inicio, pero al instante ve a Chris y se lanza vengativamente hacia él con el puño cerrado.

Se lanza tan rápido que no logra detenerse cuando Yuri se interpone entre él y su objetivo.

Mila se cubre los labios de inmediato.

Chris se aterra.

Otabek aprieta los puños y observa a Yuri, quien ha logrado evitar un golpe directo y solo su barbilla ha sido rozada.

—¡¿Te crees que soy un maldito Omega?! —le pregunta Yuri a Otabek, justo antes de devolverle un golpe con el puño firmemente cerrado. Un golpe que va a parar al estómago de su expareja—. ¡Déjame en paz, maldita sea! ¡Tú lo arruinaste todo! ¡Yo te amaba!

Otabek lo mira desde el piso, allí a donde Yuri lo envió con un certero golpe que lo hizo doblarse en dos.

—¡Lárgate! —le dice Yuri, señalándole la puerta—. No lo repetiré dos veces, Otabek Altin, ¡Soy perfectamente capaz de sacarte por la fuerza!

Otabek mira a los otros dos.

Ahora son tres contra uno. Tres y medio.

Imposible de ganar.

—No puedes alejarme de ti… —le dice Otabek, poniéndose de pie como puede y dirigiéndose hacia la puerta—. Sé que…

—¡No sabes nada! —decreta Yuri, apresurando su salida al empujarlo y lanzarlo contra la pared del pasillo—. ¡Solo aléjate de mí!

Cuando Otabek desaparece, Yuri azota la puerta, cerrándola para luego derrumbarse de rodillas en el piso.

Chris se le acerca rápidamente arrodillándose detrás de él para sostenerlo, mientras Mila corre hacia el dormitorio de Yuri.

—¡¿Estás bien?! —le pregunta Chris a Yuri—. ¡Mila! ¡Por dios, date prisa!

Yuri se ríe un poco al ver el rostro desesperado de Chris.

—Estoy bien… —les dice, abrazando aquella prenda tan valiosa y preciosa que Mila le entrega—. Estamos bien…

—Creo que necesita un doctor… —susurra Mila, mirando a Chris.

—Sí, claro que lo necesita… —dice Chris, buscando su celular en el bolsillo de su chaqueta—. Llamaré a Masumi, él…

—Les digo que estamos bien… —dice Yuri, poniéndose de pie y mandándole un beso ruidoso a Potya, quien se alegra ante el saludo de siempre—. La bebé es fuerte, pero no es territorial, el aroma de otros Alfas no le afecta, no tanto al menos. Estaremos bien.

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Publicado por ArikelDT

Un comentario en “Green light: Capítulo 3

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