Resiliencia [Prólogo]


resiliencia
f. Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos.


And I never minded being on my own
Then something broke in me and I wanted to go home
To be where you are
But even closer to you, you seem so very far

Wish That You Where Here (Florence + The Machine)

Lo último que Yuuri recordaría antes de perder la conciencia, era un dolor profundo en su rodilla izquierda justo en el momento en el que saltó para realizar un axel triple. Mientras caía, tuvo la vaga conciencia de que el dolor no provenía precisamente de su cuerpo, aunque se sintiera así. No llegó a sentir el golpe contra el hielo.

Cuando despertó, horas más tarde, estaba en el hospital. A su lado, Phichit dormitaba sentado en una posición evidentemente incómoda. Aunque Yuuri no podía verlo con claridad, la silueta de su amigo era algo que reconocería en cualquier lugar y circunstancia. Con cuidado, se irguió lo suficiente para comenzar a buscar sus gafas y un sudor frío le recorrió de pies a cabeza. Al pensar en ese momento, Yuuri recordaría que, pese a que una parte suya era consciente de la presencia de su mejor amigo, a quien había despertado cuando comenzó a gritar, su mente sólo tendría lugar para el pánico que se apoderaba de él al descubrir que no podía mover la pierna izquierda. No recordaba el momento en el que la enfermera entró en la habitación y tampoco recordaba la voz de la doctora que venía detrás de ella; sólo recordaba sus párpados cerrándose lentamente y la sensación de dejarse ir y que el sopor se apoderaba de su cuerpo con la esperanza de que todo fuera un sueño.

La segunda vez que despertó, era de noche. En el lugar que Phichit ocupaba antes se encontraba Celestino, quien, sin decir palabra alguna, le entregó sus anteojos. Yuuri no necesitaba que su entrenador hablara para comprender que lo que había ocurrido horas atrás no había sido un sueño. Bastó el silencio estoico, la tensión evidente en la habitación, para comprender: su lesión era grave.

—¿Qué pasó?

Celestino volteó a verlo en el momento en el que escuchó su voz y Yuuri esperó a que éste respondiera.

—Te desmayaste durante el entrenamiento.

—¿Qué más?

—Tuviste algunos golpes por la caída, pero nada que sea de preocupar. No hubo golpe en la cabeza, aunque tendrás algunos moratones en el costado.

—¿Y qué más?

Celestino lo miró a los ojos y con calma profesional respondió:

—Nada más.

Yuuri apretó los puños y fijó su mirada en los ojos de su entrenador, quien permaneció serio e inmutable durante todo el tiempo.

—Si no tuve ninguna lesión grave —preguntó—, ¿por qué no puedo mover la pierna izquierda?

Por un momento, la expresión estoica de Celestino pareció a punto de derrumbarse, y en una muestra de control que Yuuri nunca le había visto, su rostro permaneció impasible.

—¿Celestino?

Celestino descruzó los brazos y agregó:

—Esa es una respuesta que sólo podrá darte una persona más capacitada.

Antes de que Yuuri pudiera protestar, Celestino se puso de pie y salió de la habitación. Al regresar, un par de minutos después venía acompañado de una doctora. Yuuri esperó a que ambos entraran.  

—Yuuri —saludó ella—. Soy la doctora Davis. ¿Cómo te sientes?

Yuuri no respondió. La miró en silencio, mientras esperaba con paciencia a que alguien le diera una explicación. La doctora intercambió una mirada nerviosa con Celestino, quien sólo frunció el ceño ante la falta de respuesta de Yuuri. Sabía que su entrenador no estaba acostumbrado a esa actitud por su parte y quizá en otras circunstancias, se habría sentido mal por no responder a un saludo y a una pregunta hecha con buena fe, pero en ese momento los modales eran lo que menos le importaba.

La doctora se aclaró la garganta mientras Yuuri continuaba observándola en silencio.

—Yuuri, ¿qué sabes sobre las almas gemelas?

La pregunta lo tomó por sorpresa. Frunció el ceño y miró a Celestino, como si su entrenador pudiera explicarle un poco más por qué, de todas las preguntas posibles, la doctora había hecho precisamente ésa. Cuando Celestino no respondió, Yuuri miró a la doctora una vez más, con cautela.

—Lo mismo que saben todos, supongo —respondió.

A decir verdad, Yuuri sabía un poco más que muchas otras personas sobre las almas gemelas. Lo sabía porque cuando tenía trece años y en la escuela comenzaron a hablar sobre el tema, como todos los niños de su edad, se obsesionó un poco con el tema.

Como muchos otros en su clase, fantaseaba con ser el alma gemela de su celebridad favorita. Aunque aquello era improbable y él lo sabía, eso no evitó que investigara todo lo que pudo sobre el vínculo de las almas gemelas. Sabía, por ejemplo, que el concepto de “alma gemela” no tenía que ser romántico, sino que era una posibilidad de encontrar a alguien compatible en más de un aspecto. Sabía también que, estadísticamente, menos del 10 por ciento de la población mundial encontraba a su alma gemela, pues el vínculo entre ambas partes no siempre se manifestaba.

Y, en especial, sabía que los vínculos compartidos por algunas almas gemelas podían ser tan fuertes que no era extraño que ambos sintieran lo que el otro sentía en algún momento y que, incluso, compartieran algunos detalles de manera física. Había casos de almas gemelas que tenían el mismo tatuaje cuando sólo uno de ellos había ido a tatuarse, o en los que uno despertaba con el mismo corte de cabello que el otro así sin más. Eran pocos casos y una conexión así sólo ocurría una vez en la vida, por lo que nadie sabía si le ocurriría en algún momento o exactamente qué vínculo físico existiría entre ambas partes.

La doctora asintió. Dio un paso al frente, acercándose más a la cama de Yuuri.

—Las lesiones que sufriste durante tu caída no son graves —explicó—. Físicamente no existe ningún problema relacionado con tu accidente durante tu entrenamiento, y las pruebas que hicimos indicaron que, a nivel neuronal, todo se encuentra en orden.

Yuuri sostuvo la mirada de la doctora, en silencio, siempre en silencio. A su lado, vio a Celestino cruzar los brazos, en un gesto que, más que imponente, le hacía parecer que se estaba preparando para recibir un golpe.

—¿Podré volver a patinar? —preguntó de pronto, para sorpresa de la doctora, quien guardó silencio. Celestino frunció el ceño.

—Yuuri…

—¿Podré volver a patinar, doctora? —preguntó otra vez, interrumpiendo a su entrenador como jamás lo había hecho.

—Dependerá de algunos factores —respondió Davis—. Entre ellos, la procedencia de la lesión.

Yuuri dirigió su mirada hacia ella. Al ver que no hacía comentarios o preguntas, la doctora continuó:

—El origen de tu lesión es algo que no habíamos visto más que en la teoría. Físicamente tu cuerpo no posee lesión alguna, pero actúa como si la tuviera, gracias al vínculo que compartes con tu alma gemela—. Hizo una pausa antes de continuar, con una calma profesional que, lejos de sosegar a Yuuri, comenzaba a asustarlo—. Yuuri, seré franca contigo: todo indica que tu alma gemela fue quien sufrió la lesión y, esa lesión, se refleja también en ti.

—¿Qué?

—Por la reacción de tu cuerpo ante la lesión fantasma —continuó ella—, es probable que tu alma gemela tenga varias fracturas en la pierna. Independientemente del origen de su lesión, es un hecho que tu recuperación y la suya están ligadas, lo que quiere decir que sanarás al mismo tiempo que esa persona y recuperarás la motricidad de tu pierna al mismo nivel que esa persona.

La doctora esperó una respuesta y, al no obtenerla, siguió con su explicación:

—El estudio de las almas gemelas aún está en proceso y, en particular, lo que se refiere al vínculo que comparten algunas personas y su representación física, es un área que la ciencia continúa indagando. Sin embargo, una de las teorías que aceptamos la mayoría, es que el vínculo físico entre almas gemelas ocurre durante un momento de gran impacto emocional para una de las partes.

En algún lugar de su mente, Yuuri tenía plena consciencia de que la doctora estaba explicando algo con términos que no entendía del todo, y una parte de él no terminaba de comprender el porqué de la situación que vivía en ese momento. La información que había recibido en ese momento era confusa y, demasiado aturdido para responder, sólo atinó a permanecer ahí, con la mirada fija en la doctora Davis, observando sus labios moverse, pero sin entender palabra alguna de lo que decía.

Aquella noche, Yuuri Katsuki descubrió algunas cosas gracias a esa doctora. La primera fue que tenía un alma gemela, alguien que estaba en algún lugar del mundo esperando por él y con quien era muy probable que tuviera una vida feliz. La segunda, que compartía un vínculo tan fuerte con aquella persona, que ahora formaban parte de los casos en los que éste se manifestaba de manera física. Y también, aquella noche, Yuuri Katsuki descubrió algo sin la necesidad de que un médico o su entrenador se lo dijera: tenía veinte años, su carrera apenas comenzaba a acercarse a ese punto al cual quería llegar y nunca podría patinar junto a Victor Nikiforov.


NOTA DE LA AUTORA: Este es sólo el comienzo. El fic, como tal, sigue en producción, iré subiendo poco a poco los capítulos para que puedan leerlos, hasta ponerme al corriente con lo que llevo hasta ahora. Muchas gracias por leer. Si quieren contactarme por otros lugares, me encuentran en Twitter como @cy_nogitsune y en Facebook como Cydalima Nogistune.

Publicado por cydalima10

28 • she/her • lg[b]t • infp • slytherin • escribo cosas

Un comentario en “Resiliencia [Prólogo]

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Primeros pasos
A %d blogueros les gusta esto: