Por el amor de amar: Capítulo 2


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El niño había perdido a sus padres en un accidente de tránsito cuando tenía apenas cinco años. Desde entonces, el único que lo había cuidado había sido su abuelo, quien tras el accidente, tuvo que retomar su puesto en la Corte Real de Nueva Tierra.

Lamentablemente, el niño era un Omega con una pareja biológicamente perfecta.

Eso significó solo una cosa.

Al morir su único pariente mayor de edad, el pequeño fue entregado a un orfanato de Omegas y todos los bienes de su familia le fueron arrebatados. Se quedó sin un centavo, y su hogar pasó permanentemente a manos del gobierno. Y es que el trato que Libera, la Organización que vela por el orden en Nueva Tierra, le da a las parejas biológicamente perfectas es, por decirlo amablemente, moderado.

En Libera creemos que éste fenómeno biológico es lo suficientemente «dichoso» como para añadirle algunos otros privilegios que otros ciudadanos menos favorecidos por la naturaleza podrían disfrutar.

Para resumir, el niño Omega con una pareja perfecta tenía tres opciones. Ser mayor de edad para abandonar el orfanato por su cuenta, esperar a que su pareja idónea fuera mayor de edad y lo saque de ahí, o ser adoptado.

Ocurrió lo último, en teoría.

Fue acogido temporalmente por una pequeña familia modesta que le brindó un hogar sin necesidad de adoptarlo, ya que al parecer el pequeño tigre era… justo eso, una pequeña fiera.

Una que Toshiya Katsuki, uno de los encargados del orfanato, decidió cuidar más de cerca.

Ahora, dos años después, el pequeño Yuri Plisetsky ha cumplido al fin quince años, y al fin se le ha informado de la existencia de su pareja biológicamente perfecta.

Por otro lado, el Rey ha muerto.

La noticia ha recorrido Nueva Tierra de todas las maneras posibles, y ha llenado a toda la población de tristeza y temor.

¿Por qué?

Porque su único hijo y heredero se encuentra gravemente herido desde el accidente que acabó con el Rey, y ha sido puesto en coma inducido.

Es por ese motivo que todos los que conformamos La Mesa nos hemos reunido, hemos votado y hemos tomado una decisión.

El pequeño niño al que ahora mismo he venido a buscar por desgracia es más que solo una parte clave para que el orden en Libera, y por lo tanto en Nueva Tierra, continúe.

Y es que Alain Leroy, nuestro Rey fallecido y primo mío, le dejó en su testamento absolutamente todos sus bienes, cargos y rangos a su único hijo en cuanto éste nació, pero al saber que el niño tenía una pareja idónea, le dejó todo también a aquella pequeña fiera que era pareja de su hijo, con una sola condición.

El problema viene ahora, cuando ni Alain ni su hijo están presentes, y cuando los dos candidatos más cercanos solo deseamos que el hijo del Rey despierte y cumpla con sus legítimos deberes.

Es justo por esa razón que me encuentro aquí ahora.

El viento frío me trae por completo a la realidad, a éste pequeño y sencillo local de aguas termales en una pequeña y sencilla ciudad.

Desconozco lo que significan las parejas biológicamente perfectas, y desconozco el funcionamiento que tienen.

¿Acaso Yuri Plisetsky sintió algo cuando ocurrió el accidente que dejó gravemente herida a su pareja?

¿Acaso él está dispuesto a esperar a que su pareja mejore y despierte?

Desearía poder saber si es cierto que las susodichas parejas perfectas son egoístas y miserables, y que lo único en lo que piensan es en un «felices por siempre» sin importarles el destino de los demás. En éste caso, el destino de toda una dinastía de científicos que crearon el orden social actual.

El viejo Yakov Feltsman, el más anciano de los que conforman La Mesa, cree que soy un tonto por creer que un niño Omega entenderá lo que significan el deber, el orden y la tradición. Yo quiero creer, DESEO creer, que si no lo hace él, entonces por lo menos lo hará aquel otro Omega que vive en éste mismo lugar, aquella criatura que se supone debe entenderme y aceptarme mejor que cualquier otro ser vivo en el vasto y aún desconocido universo.

«Yuuri» es el nombre de esa criatura.

Las primeras palabras que me dijo fueron «Buenos días», y las últimas fueron «Adiós», ambas, saludo y despedida, hace más de diez años.

Hoy, justo ahora, él está al otro lado de ésta pequeña sala de recepción, jugando con un pequeño gato esponjoso e ignorando por completo mi existencia y mi cercanía.

Pareciera que lo conozco de toda la vida.

De pronto, pareciera que yo acabo de llegar de algún lugar cualquiera y muy poco interesante, mientras él estuvo todo éste tiempo justo aquí haciendo cualquier cosa y esperándome.

Pareciera que mis labios pudiesen decir «Estoy en casa», y pareciera que él fuera a alzar los ojos, dirigirlos a mí, y sonreír mientras me da la bienvenida. Se siente como el concepto emotivo de la palabra «hogar».

Ésta criatura ante mis ojos es extraña para mí y para cada una de mis células.

Es casi aterradora, y sin embargo, también es muy atractiva. Hace que me sienta como un león cuya presa, de largos y hermosos cuernos, podría matarme en el intento de devorarla. Podría defenderse y llevarme a la tumba, intercambiando papeles y pasando rápidamente de ser presa bella y frágil a ser depredador cruel e implacable.

Espera un segundo.

¿Acaso éste corazón mío acaba de saltarse un latido?

¿Fue miedo momentáneo? ¿O expectativa palpitante y emocionada?

Mierda.

Contrólate, Victor, por favor.

—Buenos días.

Mi voz suena más fría de lo planeado, tanto que el pequeño gato pega un brinco asustando a la joven criatura de nombre Yuuri.

Los ojos oscuros de ésta criatura esbelta me observan en completo silencio por unos instantes, temo que se dé cuenta de las cosas, numerosas, vergonzosas y confusas, que mi cabeza empieza a pensar sobre él y sobre lo bonitos que son sus labios y lo hermosa que es su mirada.

—Hola, ¿Puedo ayudarte? —me pregunta Yuuri, y yo agradezco que no se haya dado cuenta de nada.

—Sí. Busco a Yuri Plisetsky, ¿Está aquí?

—¿Quién lo busca?

Mi voz se congela de pronto. ¿Cómo decirle mi nombre?

¿Acaso sabrá quién soy en realidad?

¿Acaso siquiera recuerda mi nombre tanto como yo he recordado el suyo durante todos estos años?

—¿Eres de Libera? —me pregunta, poniéndose de pie y dejando el sillón en el que estaba—. Yurio ha estado muy mal desde ayer. ¿Es necesario hacer esto ahora?

—¿Yurio? ¿Te refieres a Yuri?

—Sí, cuando mi padre lo trajo aquí empezamos a llamarlo así para evitar una confusión con…. bueno… no le gusta, pero ya casi se acostumbra.

—Entiendo… y sí, soy de Libera. Cuanto más pronto se resuelva éste asunto será mejor.

—Llamaré a Yurio. ¿Puedes darme una identificación?

—¿Una qué?

—Una identificación, algo que me diga que eres quien dices ser.

—Claro. Aquí tienes.

Idiota de mí que le extiende de inmediato una tarjeta con mi nombre y mi cargo en Libera.

Él mira la tarjeta, me mira a mí y vuelve a mirar la tarjeta. Veo claramente como la arruga antes de girarse y decirme que puedo esperarlo allí.

—Yuuri…

Doblemente idiota.

Lo he llamado sin saber por qué, y ahora me enfrento a sus ojos mirándome fijamente.

¿Es normal que un Omega sea tan intimidante?

—¿Sabes mi nombre? —me pregunta él, con la voz suavecita y la mirada triste—. ¿Y no pensabas presentarte adecuadamente? ¿Sabes quién soy? ¿Lo recuerdas?

—Bueno… —le digo, intentando buscar palabras que logren apaciguar lo amenazantes que son sus feromonas—. No… no es…

—¿Necesario?

—Importante.

Un idiota multiplicado por tres. Eso soy.

Su mirada me esquiva de inmediato.

Le duele.

O eso creo.

Y eso me duele, creo.

—No puedo hablar por Yurio, él tomará su decisión por su cuenta, es inteligente y fuerte… —me dice Yuuri, cambiando drásticamente de tema—. Probablemente leíste su carta, ¿Verdad? Quiero creer que entiendes la ilusión de un pequeño niño Omega que ha vivido mucho en muy poco tiempo. En serio quiero creer que lo entiendes, pero sé por experiencia propia que no, así que solo puedo pedirte una cosa. Sé amable con él, por favor, se enfrenta a algo que jamás hubiera imaginado.

—No tienes ni idea de nada, Yuuri.

—¿Y tú sí?

—También me estoy enfrentando a algo que no quiero, ¿Sabes? De hecho lo hago varias veces a lo largo del día, todos los días y con eficiencia. Pero no te preocupes, te disculpo por tu errada forma de pensar, entiendo que eso no es algo que pueda interesarle a un Omega tan joven como tú o como él. Claramente solo piensan en beneficio emocional y no saben lo que significa el deber. No saben lo importante que es tomar decisiones en nombre de miles y miles de personas.

Su mirada, completamente indescifrable, me hace entender que realmente no sabe de lo que le hablo.

—Olvídalo, Yuuri, es imposible explicárselo a un Omega… —le digo, restándole importancia al asunto—. Tan solo tienes que entender esto. Debo hacer muchas cosas, ¿De acuerdo? Y si el niño Plisetsky nos ayuda, todo saldrá bien.

—¿En serio se te permite usar así a las personas? ¿Quieres que un niño inocente se convierta en el sacrificio para alcanzar un bien mayor?

—No es algo que yo quiera, es algo que DEBE hacerse así. Además, si no es él, eres tú. Si él no tiene un hijo, entonces lo tendrás tú.

Yuuri parece no entender.

Quiero explicárselo, pero la presencia de otro Omega en la habitación me hace observar hacia la puerta tras Yuuri.

Allí está el pequeño que Libera necesita para seguir funcionando de la misma manera que ha hecho durante todos estos años.

Recuerdo la cara que tenía Yakov cuando me entregó aquella pequeña carta de estampado colorido y semejante al pelaje de un tigre. La carta de Yuri Plisetsky a mi sobrino, su pareja perfecta.

Yuuri Katsuki tenía razón.

Y es que lo primero que hice al tener aquella colorida carta entre mis manos, fue leerla.

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«Querido esposo».

«Querido amor de mi vida».

«Sé que estás allí, en algún lugar, esperando por mí».

«Solo quiero decirte una cosa, mi cielo».

«¡¿Qué mierda estás esperando para venir aquí?!».

«Yo aún soy menor de edad y no puedo ir hacia ti, tonto».

«Te necesito».

«No tienes ni una puta idea de cuánto te necesito».

«Ven a mí, dame un abrazo, seca mis lágrimas, abrígame, acaríciame, aliméntame, quiéreme y protégeme».

«Te necesito y te estoy llamando con todos y cada uno de mis pensamientos».

«No soy de los que ruegan, pero a ti… a ti sí».

«Ven, te lo suplico».

«Con amor, tu enjaulado tigre salvaje y frío como el hielo que promete hacerse un gatito hermoso y mimado entre tus brazos».

«Pd: Si no te gustan los gatos puedes irte al carajo».

«Pd 2: No. Espera. Si no te gustan los gatos haré que te gusten, lo juro».

«Pd 3: Mi nombre es Yuri. El mismo Yuri que si se entera que has estado viéndote con alguien más va a cortarte toditito el género y va a hacer que te lo tragues, ¿Entendido?».

«Pd 4: Esto es lo más importante: ¡¡¡Te amo!!!».

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Claramente era agresivo, demandante, caprichoso, y si le buscaba el lado bueno diría que también tenía cierta aura de seguridad en él.

Por otro lado, la carta de mi sobrino era la respuesta exacta y precisa que probablemente, en otras circunstancias, Yuri Plisetsky hubiera aprobado.

Pero Yurio había recibido tres cartas el día anterior, la tercera era la mía. Y la primera, la de su pareja biológicamente perfecta, decía lo siguiente:

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«¡Hey!».

«Mi nombre es Jean».

«Al parecer soy el único Alfa en todo mi instituto que tiene una pareja biológicamente perfecta, eso es incómodo por toda la expectativa que hay con respecto a ti. Y es que todos aquí MUEREN por conocerte».

«Seré sincero, no te conozco en lo absoluto pero tengo celos de todo aquel que te conozca, y odio que alguien te mencione, odio que quieran verte y odio que quieran hablarte, los odio a todos».

«Como sea, espero que ésta sea la primera de muchas cartas. Solo permiten una al mes, y es la cosa más frustrante porque quiero decirte tantas cosas que enviarte una por día no bastaría».

«No soy una persona romántica, o eso creía, pero… desde que supe que existías he deseado verte, besarte y abrazarte. Quiero poder consolarte y ser tu refugio, y quiero acariciarte y alimentarte, y quererte y protegerte de todos y de todo».

«Si pudiera te convertiría en un pequeño llavero muy hermoso y te llevaría siempre conmigo a todas partes, espero que eso no te asuste».

«Tú eres mío, que no se te olvide. Y yo te pertenezco, por siempre».

«Te amo mi pequeño, te amo muchísimo. Tú fuiste, eres y siempre serás el único».

«Eternamente tuyo, Jean».

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—¿Eres Victor Nikiforov? —me pregunta el pequeño Plisetsky, acercándose a Yuuri y a mí.

—Sí… —le digo, mirándolo fijamente y tratando de recobrar la postura perdida en medio de mi conversación anterior con Yuuri—. Te mencioné en mi carta que tenías poco tiempo para decidir. También te mencioné que la familia más cercana a Jean estaba de acuerdo en la propuesta que te hemos hecho. Si decides hacerlo, estaremos de tu lado.

—¿Dónde está él? —me pregunta Yurio—. El hombre que me hizo la propuesta.

—No pudo venir hoy. Está demasiado ocupado.

El pequeño baja la mirada, claramente está asustado y luce exactamente como un niño o como un gatito cabizbajo.

Cualquiera lo estaría ante la segunda carta que él había recibido el día anterior.

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«Estimado Yuri Plisetsky».

«Mi nombre es Otabek Altin, soy el tío segundo de quien es tu pareja biológicamente perfecta, Jean Leroy».

«Es difícil decir lo que debo decir, pero dado que hoy recibí la primera carta que le enviaste a mi sobrino, no pude evitar leerla para él, y sabiendo lo que él te había escrito hace poco, decidí aceptar que se te entregara la carta de Jean».

«Yuri, no alargaré esto. Jean está en coma inducido desde hace casi una semana. Tiene graves quemaduras a lo largo del cuerpo, las piernas fracturadas, y perdió el brazo derecho. Está muy delicado y el coma fue algo necesario para aligerar el peso de su curación en la cámara de células».

«Debido a la grave condición de sus heridas, el proceso regenerativo puede tardar meses, y al despertar es posible que la consciencia de Jean no se adecúe a su cuerpo regenerado de inmediato y el proceso se alargue aún más. Sin embargo, ninguno de sus familiares va a rendirse con él. Yo mismo no pienso rendirme con él».

«Sé que él despertará y volverá a ser el mismo Jean que a pesar de faltar casi dos meses para cumplir quince años, convenció a su madre de revelarle si él tenía o no una pareja biológicamente perfecta, y al saber la respuesta te escribió una carta adelantada. Y créeme, su madre no era fácil de convencer».

«Al principio esperaba que tú tampoco te rindieras al conocer su situación, es decir, él sí despertará y sí volverá. Tardará, no sabemos cuánto, pero lo hará».

«Ahora debo pedirte un favor, un favor que incluye todo lo que Jean ama y que está a punto de perder».

«Desde la muerte del Rey Alain, yo y mi primo, Victor Nikiforov, hemos estado administrando la corona de Nueva Tierra y las acciones de Libera, pero hay personas que han deseado durante mucho tiempo el control, y ahora, con todo lo que ha sucedido, hay muy pocas cosas que aún pueden frenar sus ansias de arrebatarle el poder a Jean, quien por derecho de nacimiento es dueño de todo lo que fue del Rey Alain».

«Te necesito, Yuri, y Jean también».

«Los padres de Jean dejaron estipulado que si algo les llegara a ocurrir, todo iba a manos de su único hijo, pero al conocer que éste tenía una pareja biológicamente perfecta, se lo dejaron también a él, o sea a ti».

«Es decir, por si algo le llegara a ocurrir a Jean, estipularon que seguirías siendo heredero de todo lo suyo, siempre y cuando estuvieras casado con un Leroy. De ésta manera, tus genes serían adentrados en la familia Leroy, tal y como se supone que debe ocurrir. Todo esto sin que los Leroy pierdan el gobierno de Nueva Tierra y las acciones de Libera».

«Yuri, mi segundo apellido es Leroy y soy el siguiente en la línea de sucesión».

«He averiguado quién eres y tengo la esperanza de que me entiendas y aceptes desposarte conmigo lo más pronto posible, y de esa forma mantener intacto el legado de la familia de tu pareja biológicamente perfecta».

«Te suplico que lo pienses bien, no tenemos mucho tiempo».

«Sé que amas a Jean, aunque no logro entender cómo, pero espero que sepas que lucharé por la familia Leroy y no dejaré que su apellido sea pisoteado. Te pido que aceptes y me ayudes a lograrlo».

«Esperaré tu respuesta. Otabek Altin».

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—¿Conoces bien a Jean? —me pregunta el pequeño Plisetsky, y yo asiento—. ¿Qué crees que diría si yo me negara a desposar a su tío?

—No te diría nada. Jean no es de los que acusan a otros, jamás lo ha hecho. Es alegre, aunque también algo exasperante. Siempre llama la atención y aparenta ser invencible. A ti te ama, o eso es lo que él decía desde que supo de tu existencia… —le digo, con toda la honestidad posible—. Yurio, la pregunta no es si tú lo amas, sino de qué manera lo haces. La Organización Libera fue creada por los Leroy, Nueva Tierra fue fundada por ellos, y los cinco géneros somos también creación suya. La vida que tenemos, el mundo que habitamos y el rol social que nos corresponde, todo fue gracias a los Leroy. ¿Puedes entender eso? ¿Puedes entender lo que significa perder el derecho de encargarte de algo que tú creaste con tus propias manos?

Yurio se ve indeciso, se sienta en uno de los sillones y yo me acerco a él para intentar convencerlo, pero antes de decir algo, el otro Yuuri, el mío, se adelanta.

—Intento entender que solo quieres lo mejor para Jean, pero esto es una carga demasiado pesada, Yurio, y si aceptaras, ¿Vas a estar bien con eso? ¿Serás feliz si te casas con un completo desconocido?

—No dejaré que Jean pierda lo que le pertenece, es mi deber velar por él siempre, ¿Verdad? —le dice Yurio—. A mí me lo arrebataron todo porque soy Omega y porque tengo una pareja perfecta, no dejaré que le arrebaten algo a mi Alfa, lo cuidaré sin importar qué. No sé si seré feliz o no. Se suponía que lo sería, pero si Jean no está bien en éste preciso instante, entonces creo que por ahora no.

—Puedes ser feliz, él sabrá que lo haces por él… —le digo yo—. Además, existe el divorcio. Cuando Jean despierte, aún tendrás la posibilidad de llegar a casarte con él, y créeme, Otabek también lo piensa así. Esto es meramente temporal.

—¿Exactamente qué es lo que Yurio debe hacer? —me pregunta Yuuri.

Yo noto que está nervioso. No sé si Yurio lo nota, pero para mí está muy claro.

—Es muy sencillo, Yuuri… —le digo—. Sé que Yurio es pequeño y que por eso te preocupa, pero te aseguro que ambos se casarán sin consumar.

Ahí está de nuevo esa mirada, esa que me dice algo como «atrévete a mentirme».

—Seré honesto. Necesitamos dos cosas. La mano de Yuri, y uno de sus óvulos… —le digo, y su mirada inquisitiva ahora luce aterrada.

—¿Cómo es eso? —me pregunta el pequeño Plisetsky, ganándose mi atención.

—Escucha, algunos de los Leroy son Gammas creados y formados in vitro. Por ejemplo, Otabek es uno de ellos, o sea es asexual, pero sigue siendo varón. Cuando tú y él se casen, La Mesa exigirá un heredero para asegurar la veracidad del contrato matrimonial. Por lo tanto, uno de tus óvulos deberá ser fecundado in vitro por uno de los espermatozoides de Otabek, de esa manera todo estará legalmente bien, y Jean estará a salvo.

Yurio pestañea varias veces rápidamente, pareciera intentar asimilar toda la situación y todo lo que le digo.

—Eso… eso no decía la carta del señor Altin… —me dice Yuuri, sin quitarle los ojos a su casi hermano—. Si Yurio acepta ayudarlos y casarse con él, entonces no tendrá opción y estará obligado a darle un hijo.

Siento que lo que me dice no es una pregunta, ni tampoco es una afirmación que les agrade ni siquiera un poco al par de Omegas frente a mí.

—Si lo piensas detenidamente casi no será su hijo, de hecho Yurio no tendrá que verlo crecer, ni lo sentirá. El óvulo será extirpado e inseminado sin que él tenga que interactuar con él, ni ahora, ni después. Y claro, el producto… es decir, el bebé, será un Gamma, su creación será completamente manipulada, será asexual y servirá para la administración de Libera… —le digo, y observo a Yurio para ver su reacción, pero él evita que lo haga, se pone de pie y se aleja un poco de nosotros—. Quiero decirte que no serás el único que hará ciertos sacrificios, Yurio… —le digo—. El próximo a Otabek en la línea de sucesión también tendrá que asegurarse de tener un descendiente lo más pronto posible, de esa forma Jean estará aún más respaldado.

Ahora puedo sentir los ojos de Yuuri sobre mí. Sé que sabe que hablo de nosotros dos y del hecho de que tendremos que asegurarnos de tener un descendiente.

No sé lo que piensa al respecto, pero sí puedo sentir a sus feromonas poniéndose aún más nerviosas, así que me animo a tranquilizarlo un poco con palabras.

—Tanto el segundo como el tercero en la línea de sucesión deberán asegurarse de respaldar a Jean con un heredero… —digo—. No es algo que quieran hacer, es más como un deber. Una forma de agradecerles a las personas que nos hicieron lo que somos y que nos dieron lo que tenemos.

—¿Eso es lo que sientes? ¿Por eso le pides esto a Yurio? ¿Por gratitud? —me pregunta Yuuri.

Debo hablar con él de esto. Debo hacerlo en privado, así que solo asiento, y ya que Yurio aún sigue mirando a través de la pequeña ventana junto a nosotros, aprovecho eso para acercarme a Yuuri y susurrarle un «Hablaremos solos más tarde».

Al mirar sus ojos oscuros me doy cuenta de algo.

Alguna vez esos ojos esperaron algo, quizá de mí. Hoy ya no. Hoy soy un completo extraño para él, y realmente siento que él también lo es para mí.

¿Cómo conectar con alguien así?

Y es que no es un extraño cualquiera, uno que te presentan y al que saludas. Él es uno que al ver por primera vez me dio la sensación de serlo todo. Un hogar. Algo que me espera a diario y a lo que anhelo llegar a cada minuto. Un buen hogar.

—¿Por qué yo haría algo así? —me susurra Yuuri, sin mirarme y observando a Yurio—. Él lo hace porque ama a Jean y Jean lo ama a él.

Entonces hice aquello. Lo hice sin pensar.

—Yo también te amo… —le dije rápidamente.

Lo siguiente fue el sonido del golpe que hizo que Yurio volteara a vernos. Fue tan rápido y tan espontáneo, que aún cuando Yuuri se había ido de aquel lugar, yo seguía preguntándome si realmente él me había o no me había golpeado.

Yurio lo miró irse sin entender el por qué, luego giró a verme buscando una explicación, una que yo no podía dar, y es que compartía con él su confusión.

Al final, y después de tratar de entender lo que ocurría, solo pude llegar a una conclusión.

Acababa de ofender a Yuuri Katsuki con mis imprudentes e insolentes palabras.

Yuuri me amaba.

Lo hizo en algún momento.

Tuvo esa ilusión de la que hablan los poetas. Aquella que no dice «Pareja biológicamente perfecta», sino más bien «Alma gemela».

Entonces, inconscientemente, una pequeña sonrisa invade mi rostro.

Siento que aún sin proponérmelo empiezo a conocer un poco más a Yuuri Katsuki, y es que la bofetada que acaba de darme indudablemente me hace saber que no puedo burlarme de lo que él pensó o esperó en el pasado sobre nuestra extraña unión biológica.

Y también me hace pensar en lo que le dije en aquella nota que le envié como respuesta a su primera carta.

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«No me debes ni te debo nada».

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Le había dicho.

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«Vive tu vida».

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Le dije.

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«No esperes nada de mí».

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Le afirmé.

Extraño era el karma que me hacía ahora ser yo quien no podría seguir mi camino sin él.

Y extraño el destino que me hacía ahora ser yo el que esperaba TODO de su parte.

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Publicado por ArikelDT

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