Uno Sakura


La lluvia intensa que cubría la ciudad al comenzar el día en San Petersburgo, no detuvo a Fedya Belov y Vanya Kiselev, dos adolescentes deportistas que decidieron salir a correr como todas las mañanas por inmediaciones del parque Alexander.

Después de treinta minutos de continuo trote los jovencitos decidieron hacer un alto para recuperar fuerzas y estirar los músculos, luego se adentraron entre los matorrales del parque para cortar el camino, corriendo a paso ligero por el serpenteante sendero que atravesaba entre los árboles. Estaban próximos a llegar a los jardines exteriores cuando notaron un bulto extraño frente a ellos.

En un inicio pensaron que era un mendigo, de los muchos que dormían en las cercanías cubriendo sus cuerpos con periódicos y ramas; pero cuando su curiosidad y deseo de pegarle una mala broma al ebrio los llevó a acercarse descubrieron con espanto que se trataba del cuerpo mutilado de una joven mujer.

Una hora más tarde diez patrullas de la policía de San Petersburgo circundaban el lugar y los agentes del orden buscaban al interior del parque al culpable del brutal asesinato. Algunos subalternos acordonaron la escena del crimen y la custodiaban en espera de los investigadores del departamento de criminalística y el equipo del departamento forense.

Víctor Nikiforov y Georgi Popovich dos jóvenes y astutos agentes del Departamento de Investigaciones Criminales de la Federación Rusa bajaron de la camioneta negra de lunas oscuras que estacionaron cerca de las demás patrullas y empezaron el cansado ascenso hasta la pequeña lomada donde se encontraba la víctima. Tras de ellos dos expertos del departamento forense caminaban con mucha dificultad llevando el equipo necesario para analizar las primeras muestras del terreno entorno al cadáver.

La víctima presentaba laceraciones en todo el cuerpo y parecía que había sido dejada en el sitio durante la noche o las primeras horas de la madrugada de ese mismo día. El cuerpo aún no presentaba el rigor mortis de un cadáver, todavía podía sentirse la maleabilidad de algunas de sus articulaciones y la piel no se mostraba dura y amarilla.

Cuando llegaron a la escena los dos investigadores observaron el cadáver intentado conservar la calma y para ello desenfocaron un poco la visión hasta acostumbrarse al olor del cuerpo y la expresión de dolor que presentaba el rostro de la muchacha.

Joven, muy joven; de unos diecinueve a veintiún años como máxima edad, su cuerpo desnudo presentaba numerosas incisiones hechas con algún arma cortante de fina hoja, no había una sola parte de su piel donde no existiesen heridas, laceraciones, cortes profundos y pequeños. Los muslos habían sido impactados por clavos introducidos con un martillo percutor. Las cuencas vacías de sus ojos mostraban aún rastros de tejido cerebral, así como los tendones y nervios que quedaron como únicas huellas de la violenta extracción de ambos órganos, parecía que los habían arrancado con los dedos.

La piel mostraba las huellas de las correas con las que fue sujetada la víctima, tal vez a alguna cama o camilla; en ambas muñecas y los dos tobillos podía apreciarse las heridas cortantes que dejó el acero de las esposas con las que sujetaron sus miembros.

Carecía del dedo meñique de la mano derecha, lo habían cortado con una pinza y de acuerdo a las huellas que dejó en la herida, los forenses determinaron a primera vista que la jovencita estaba viva el momento que le cortaron el dedo.

Había signos de una brutal violación, sus partes íntimas expuestas a propósito estaban desgarradas, lo mismo que la cavidad anal; el asesino usó algún objeto de gran tamaño y grosor para cometer el ultraje.

Los golpes y escoriaciones hacían suponer que la muchacha había intentado huir o tal vez se había enfrentado en un primer momento a su verdugo. Quizá lo había rasgado, pero los agentes no contarían con la evidencia de ADN porque las uñas de la muchacha fueron arrancadas de raíz.

Cuando los investigadores terminaron de hacer los primeros análisis de la escena del crimen y del cadáver llegó la representante de la fiscalía para elaborar el acta y ordenar el levantamiento del cadáver. Lo único que se sabía hasta ese momento es que la mujer era una joven asiática de piel muy blanca y cabello negro hasta los hombros, no pesaba más de cincuenta kilogramos y medía un metro sesenta y uno.

Los alrededores no dieron muchas luces sobre el crimen, unas huellas de zapatos algo borradas, las más notorias fueron superpuestas por los tennis de los adolescentes que descubrieron el cuerpo, dos pedazos de cuerda de nylon muy delgada que se hallaron a veinte metros de la joven y a unos tres metros más, una bolsa plástica donde se encontró el arma que segó la vida de la muchacha.

Hubo un detalle más, el cabello de la jovencita había sido trenzado en el lado izquierdo y al parecer el victimario le cortó la trenza y se la quedó como el trofeo que arrancaba a una más de sus víctimas.

—Es él, Vitya. No sé por qué estas dudando ahora, todos los elementos del ritual que ha seguido desde hace seis años están presentes en la escena, el corte del dedo meñique, la extracción de los ojos, el cabello trenzado, la violación con un objeto… —Georgi seguía describiendo todo lo que había anotado en su libreta y sostenía con convicción que el crimen había sido cometido por uno de los asesinos en serie más temidos de San Petersburgo y de Rusia.

—Nunca antes lo hizo, durante todo este tiempo las mujeres que mató presentaban golpes y laceraciones, hasta hoy los cadáveres se mostraban pulcros salvo los cortes y las huellas de las amarras; pero esta vez parecía que la violencia hubiera sido más dirigida, más personal. —Víctor volvía a ver las imágenes que tomó con su celular mientras esperaban cerca de su automóvil a la fiscal que terminaba de bajar la pendiente con la ayuda de algunos oficiales.

Alta, delgada, de cabellos oscuros recogidos siempre en un moño alto, vistiendo trajes de dos piezas y los abrigos de piel oscuros que acentuaban su figura distante y su gesto serio. Lilia Baranovskaya había sido la fiscal que durante cinco años se había dedicado a recoger y estudiar al detalle cada uno de los cadáveres que fueron apareciendo en los parques y la periferia de la ciudad petrina, conocía a todas las víctimas, sabía quiénes eran, de donde procedían, quienes fueron sus familiares, amigos, jefes y hasta ocasionales amantes, sabía que todas eran mujeres jóvenes de entre veinticinco a treinta años y que la gran mayoría estaban vinculadas al mundo de los bares nudistas y la citas por teléfono. Sin perder un solo minuto, la fiscal empezó a diseñar su estrategia de investigación para este nuevo caso.

—El Depredador, es él, no me cabe duda alguna agente; sin embargo pienso que será prudente que esperemos los resultados de la necropsia y la identificación del cadáver. —La fiscal sabía que lo más lógico era identificar a la jovencita como una de las tantas mujeres que asesinó el hombre que habían identificado con un perfil muy particular.

Caucásico de cuarenta años, alto, muy fuerte, capaz de cargar un cadáver a los lugares inaccesibles donde fueron encontradas la mayoría de las víctimas. Podría ser un hombre que trabajase en alguna actividad deportiva o en quizá en estiba. De residencia fija en San Petersburgo y con afición por la caza y el deporte. Le habían estado siguiendo los pasos, pero hasta ese momento no había nada concreto, solo un grupo de sospechosos.

Las cámaras del parque no registraron ningún movimiento extraño durante la noche y los guardias tampoco observaron vehículo alguno que se hubiera detenido en las cercanías. Con tan pocos elementos para analizar, como en las anteriores oportunidades los investigadores solo se limitarían a conseguir los datos de la víctima y tal vez encontrar algunas huellas en los objetos dejados en las cercanías.

—Señora Baranovskaya esta vez el cuerpo presenta laceraciones y no está limpio como en las anteriores víctimas, además la posición en la que dejó a la muchacha no es la de siempre, es como si la hubiera dejado con gran descuido. —Víctor sabía bien que ese detalle tenía que significar el punto de quiebre para el asesino.

—El informe forense arrojará más información agente, por ahora espero su informe preliminar en mi despacho dentro de dos días y quiero el nombre de la víctima en él. —La fiscal Baranovskaya se puso sus lentes de sol y cerró con fuerza la puerta de su coche, cada vez que tenía que asistir al levantamiento del cuerpo de una mujer, la funcionaria sentía más rencor por los hombres—. Le recomiendo que vaya a averiguar a los clubes nudistas o que llame a las centrales de citas, tal vez alguna de sus chicas no se reportó hasta ahora.

Víctor asintió sin remedio, pero se mantuvo escéptico con la teoría de la Baranovskaya, por ese motivo cuando llegó a su oficina y convocó al equipo que tenía a cargo decidió dividir la investigación.

—Mila necesito que hagas un barrido por todos los clubes nocturnos de la ciudad… —Víctor se quitó la gabardina y la colgó del viejo perchero que esperaba solitario en una esquina de la oficina.

—¿Todos? —La jovencita se sentó frente a la computadora y la encendió sin mucho ánimo, no le gustaba el trabajo de oficina.

—Sin excepción. —El jefe del equipo se acercó a la cafetera con la esperanza de encontrar esa mañana algo de buen café—. Anya prepara tus dedos porque tendrás que llamar a todos tus amigos de las centrales de citas.

—En algunos no tengo tanta influencia Mayor Nikiforov. —La joven mostraba un gesto de desagrado, hubiera preferido trabajar encubierta en alguno de esos clubes.

—Inventa algo. —El café sabía a tierra, pero era lo único que el mayor Nikiforov podía tomar para mantenerse despierto—. Georgi quiero que actualices el mapa y que presiones a tus informantes del puerto.

—Querrán más dinero Víctor y no dispongo de esos recursos. —El capitán Popovich solía utilizar la persuasión como estrategia, la intimidación no iba con su estilo.

—Hablaré con el Comandante, puedes usar algo de la caja chica por ahora. —El cigarrillo era algo que Víctor no podía dejar en especial cada vez que encontraban a una nueva víctima del Depredador, por eso tenía uno entre sus dedos esperando ser encendido cuando saliera al balcón de la oficina—. Otabek quiero que revises todos los expedientes de los sospechosos y los actualices.

—¿Por qué mejor el capitán se queda actualizando expedientes mientras yo voy a romper algunos huesos de informantes mudos? —Otabek era el miembro más reciente del equipo, el chico rudo que todo quería solucionar con sus llaves especiales y tácticas que aprendió durante sus años de servicio militar.

—Porque no quiero huesos rotos hoy y porque necesito a alguien hurgando en la web. —Víctor tomó el último sorbo de café y se levantó de su escritorio para colocar una última fotografía de la víctima junto con las demás en el pizarrón del muro divisorio.

—¿Y Plisetsky? —Mila se sorprendió por la decisión tomada por el Mayor, ¿pretendía dejar al pequeño demonio fuera del caso?

—Yuri quiero que investigues todas las alertas que se presenten en la ciudad y en el Oeste del país sobre mujeres desaparecidas los últimos siete días. —La experiencia le decía a Víctor que el Depredador no se tomaba mucho tiempo para destruir a sus víctimas, la intuición le decía que era mejor revisar nuevos horizontes.

—¿Estas insinuando que no es ese maldito quien mató a la china? —Yuri se sorprendió tanto como los demás, conocía a Víctor desde su infancia y sabía que en la gran mayoría de las investigaciones había acertado gracias a su intuición.

Víctor caminó hacia la oficina del jefe, aunque su deseo más profundo era fumarse ese cigarrillo que bailaba entre sus dedos.

—Quiero sus primeros informes para las cuatro de la tarde. —Salió de la oficina y en un par de minutos tocó la puerta de vidrio del despacho del Comandante Feltsman.

—¿Alguna novedad Vitya? —El comandante Feltsman era un tipo duro, honesto y justo, sus subordinados sabían que sus gritos no eran temibles porque era su forma de organizar y dar ánimos a todos en la oficina, lo que todos temían eran sus silencios, porque cuando el comandante callaba era sinónimo de alguna amonestación en privado en la que solía enfrentar a sus subordinados contra sus propias limitaciones.

Viendo el temblor de las manos de Víctor, el mejor agente de su división, hijo de su mejor amigo y compañero y uno de los policías más entregados a su trabajo, el comandante Feltsman lo invitó a salir hacia el balcón y juntos compartieron un par de cigarrillos mientras veían la lluvia que caía lenta y desganada sobre la ciudad.

—El Depredador volvió a atacar.

—No estoy muy seguro comandante.


Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

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