Make History – Capítulo 1.


Un nuevo año comenzaba, enero de 2018 se había deslizado magistralmente sorprendiendo al mundo entero con la llegada de los XXIII Juegos Olímpicos de invierno de Pyeongchang, a celebrarse éste año en Corea del Sur. Todo era magia y celeridad y ya para mediados de mes las delegaciones habían comenzado a llegar al país anfitrión, llenando todo de un envolvente estallido de alegría, cultura y expectación.

La competición deportiva más importante a nivel mundial daba comienzo.

Este año alcanzar un lugar en el medallero Olímpico sería una tarea difícil, sin lugar a dudas. La atención de los medios yacía puesta especialmente sobre la International Skating Union (ISU) y la disciplina de patinaje artístico sobre hielo. Todos esperaban que la competición fuese un espectáculo tan vistoso como prometedor. Después de todo, para estas olimpiadas la ISU había logrado reunir a una selección de exponentes del más alto nivel. La élite del patinaje artístico a nivel mundial. Una generación jamás vista, llena de figuras y nuevos debutantes que prometían hacer de la competencia una experiencia inolvidable. Fortuna o maldición, todos estaban consientes de la lucha que se avecinaba para alcanzar un lugar en el medallero olímpico.

Dentro de las tres categorías en competencia, la de patinaje varonil contaba con su más célebre exponente y favorito al podio, el pentacampeón y último ganador del Grand Prix Final, la leyenda rusa, Víktor Nikiforov. A él le seguían figuras como el suizo Christophe Giacometti, el canadiense Jean-Jacques «J.J» Leroy, el checo Emil Nekola y el favorito local, el coreano Lee Seung Gil, entre otros. En el caso de la disciplina de patinaje damas, se encontraban figuras como la alemana Katarina Witt, la estadounidense Kristi Yamaguchi junto a su compañera y rival Sarah Hughes, y la potencia rusa representada por la actual campeona olímpica Irina Slutskaya y la prometedora debutante olímpica y actual campeona del Gran Prix, la bella Mila Babicheva, entre otras. Y, por último, la categoría de donceles, una de las más llamativas dentro de la competencia debido a la perfecta combinación de fuerza, resistencia y elegancia entre las dos categorías anteriores. Para este año, en particular, contaban con una selección de competidores del más alto nivel, entre los que destacaban el actual campeón del Grand Prix Final, el sorprendente estadounidense Leo de la Iglesia, seguido del chino Ji Guang Hong, el tailandés Phichit Chulanont, el italiano Michael Crispino, las jóvenes promesas y el campeón del Grand Prix Junior, el ruso Yuri Plisetsky.

Así, a una semana de finalizar el mes, todas las delegaciones estaban ya alojadas en la villa olímpica y los hoteles circundantes, dispuestos única y exclusivamente para uso de los competidores. Las delegaciones de Rusia, China y Estados Unidos siendo las más numerosas.

•*’¨’*•

Jueves 1° de febrero, 8:00 am.

El comité Olímpico y la ISU hacen el primer llamado, convocando a una reunión informativa en la hermosa e invernal Pyeongchang. Todas las delegaciones con participantes dentro de la rama de patinaje artístico están obligadas a participar. El propósito principal de la jornada es establecer los horarios de práctica, tanto de la pista de patinaje como de los gimnasios con los que cuenta la villa olímpica, ya de cara a la primera serie clasificatoria.

El salón de eventos del Hotel Holyday Inn Resort Alpensia, con capacidad para trescientas personas, está a rebosar. Los medios de comunicación, también invitados a participar de la reunión, yacen apostados al final del salón buscando tener el mejor ángulo, la mejor cobertura y —tal vez con un poco de suerte— una oportunidad de entrevistar a los futuros aspirantes y favoritos a alcanzar la gloria olímpica.

Las delegaciones llegan, comenzando a llenar el salón principal con lentitud. Patinadores, preparadores físicos y entrenadores, esperando en una velada quietud. Ya casi están todos allí. El presidente de la Federación y demás miembros del comité Olímpico, sentados sobre un podio más elevado, de cara a la multitud parecen esperar con cierta impaciencia la hora de partida.

Ya casi sobre la hora de inicio un pequeño rumor ansioso comienza a revolotear entre la multitud. El cuchicheo inicial se abre y pronto estalla, revelando la inminente llegada de la imponente delegación rusa junto a su estrella más deslumbrante, el hijo predilecto de la Madre Rusia y al actual pentacampeón del Grand Prix, Víktor Nikiforov. La atención y las cámaras caen instantáneamente sobre él. Hay gritos, conmoción y un caos que crece con fuerza a su alrededor.

El resto de la delegación rusa parece más bien discreta, intentando abrirse paso y manejar a la multitud con respuestas cortas y suaves empujones, tratando de llegar a sus asientos designados sin mostrar grandes emociones. Algunos de los patinadores rusos incluso parecen bastante aburridos. Después de todo, la mayoría está consciente de que los medios de comunicación —y la prensa en general— están aquí por Nikiforov. Aún si todo el tumulto resultaba una molestia, especialmente para el patinador más joven de la delegación.

— ¡Bly…! (Mier…)

—Yura —los divertidos ojos azules de Mila Babicheva frenan la airada declaración justo a tiempo—. Cuida tus palabras o harás que miss Lilia te castigue otra vez—termina con un deliberado rin tintín.

A su lado, Yuri Plisetsky se muerde con furia el interior de la mejilla, tratando de ignorar la burla latente en las palabras de la pelirroja. Hablar de su temperamento siempre era un tema delicado. Mal que mal, el resto de su delegación consideraba a Yuri una especie de bomba de relojería. Irritable y explosivo, su actual entrenador había tenido que soportar desplantes que habían probado los límites más oscuros de su paciencia. Hasta que, tras un último incidente, simplemente no había dado para más. Esa misma tarde, Yakov Feltsman se obligó a sí mismo a echar mano de su ex esposa, la ex prima ballerina, Lilia Baranovskaya. Con ella como tutora, los malos modales de Yuri al fin comenzaron a sufrir una drástica mejoría. Lilia, con su actitud directa e inflexible, no dudaba en castigar abiertamente cualquier acto de rebeldía. Y Yuri, consciente ahora de la aguda mirada de su tutora, prefiere hundirse un poco más en su asiento, masticando maldiciones contra el jodido Comité Olímpico, contra Víktor, los periodistas y cada miembro de su delegación.

Los gritos y preguntas continúan abriéndose paso a medida que Víktor Nikiforov atraviesa el salón. El héroe de Rusia sonríe con aire seductor y coqueto, acostumbrado a ser el centro de atención. Su flequillo grisáceo rizándose entre sus dedos cada vez que lo aparta de sus ojos con galantería, permitiéndose responder una que otra pregunta, hasta finalmente alcanzar su puesto entre la actual campeona del Grand Prix Final, Mila Babichieva y el que hasta hace poco fue el campeón Junior de la misma competencia, Yuri Plisetsky.

—Yuri, si te arrugas más nunca crecerás. —comenta Víktor con guiño relajado.

Idí v zhópu! (Vete al infierno!)

—¡Yuri Plisetsky!

Lilia Baranovskaya le dirige una mirada severa y Yuri vuelve a morderse el enojo entre las disimuladas sonrisas del resto de su delegación.

•*’¨’*•

La reunión da inicio formalmente a las 8:30 am, tras el protocolo de presentación oficial de los XXIII Juegos Olímpicos de Invierno y la bienvenida de parte de la ISU a los patinadores en cada una de las diferentes categorías. Pronto, el calendario de la serie clasificatoria se muestra a los presentes, dividido por días, bloques de entrenamiento y colores, de acuerdo a las categorías en competencia.

Las categorías de damas, donceles y varones, estarán formadas por alrededor de veinte competidores de los que sólo seis clasificarán para enfrentar la final y alcanzar un lugar en el podio olímpico.

En cuanto al sorteo que se realizará a continuación, éste busca distribuir a cada patinador en un bloque horario que le permita hacer uso de la pista de patinaje y los gimnasios disponibles en la villa olímpica. Los bloques de práctica están pensados para pequeños grupos de no más de cuatro competidores, preferentemente de la misma categoría. A continuación, un miembro del Comité Olímpico presenta los bloques horario disponibles, elaborados aleatoriamente en coordinación con la ISU y donde la pista de patinaje, con sus tres horas de práctica obligatoria, ha sido la más difícil de coordinar.

Finalmente, alrededor de las 10:00 de la mañana, y tras terminar la ronda de preguntas por parte de la prensa, se procede a iniciar el sorteo para la asignación del horario de práctica. Otro miembro del Comité Olímpico se levanta a continuación, avanzando hasta ubicarse de pie junto a un gran recipiente de vidrio, donde decenas de sobres esperan perfectamente doblados y sellados con el logo de los Juegos Olímpicos.

Sin más dilaciones, el presidente de la International Skating Union (ISU), el italiano Ottavio Cinquanta comienza a llamar en inglés a cada uno de los competidores.

— ¡…chael Crispino!

Yuuri se hunde un poco más, sentado en medio del salón, intentando distraerse con la melodía que se filtra a través de sus audífonos. Su estómago se agita y duele, en lo que muchos considerarían una mezcla de miedo y ansiedad. Sin embargo, por sobre todo eso hay una emoción distinta, mucho más fuerte, inexplicable, o al menos eso es lo que Yuuri intenta decirse, tratando de consolarse de viejos temores que buscan superponerse y abrirse paso a la realidad.

—Yuuri. —la voz de su entrenadora personal le rescata a tiempo de sus desordenados pensamientos.

Y es que, al menos por ahora, es mejor no pensar. Por eso Yuuri se vuelve hacia ella sin resistencia, descartando sus audífonos al mismo tiempo que aleja sus recuerdos mientras la atenta mirada de Minako Okukawa parece evaluarle un momento antes de mirar hacia el frente, al Comité Olímpico.

—¿Pasa algo? —pregunta ella con ligero rastro de preocupación que oculta con rapidez, reemplazado por curiosidad mientras ambos observan la asignación de otro patinador— ¿algo que tengas que decirme?

Yuuri niega en un murmullo, enfocándose en el patinador italiano que ahora regresa tras ser asignado correctamente a los bloques de entrenamiento que la ISU ha dispuesto ordenadamente para ellos.

—Nada, sólo recordaba los nacionales japoneses y la clasificación a los Juegos.

—Bien. —Minako le dirige una última mirada antes de suspirar y volver su atención hacia el miembro del Comité Olímpico que saca uno de los últimos sobres dentro del recipiente destinado a su categoría— Presta atención. Ya casi es tu turno.

Las delegaciones esperan, mientras las cámaras grababan en detalle el minuto a minuto. Así, por orden aleatorio, los patinadores se levantan y avanzan para formar parte del sorteo. Algunos parecen, en definitiva, más nerviosos que otros, sacando su asignación de acuerdo a la categoría en competencia que le corresponde a cada uno. Hasta el momento ningún patinador ha salido sorteado dentro del primer bloque de entrenamiento disponible en la pista de patinaje. Es un bloque difícil, tal vez el menos deseado, ya que implica levantarse al menos una hora más temprano que el resto de los patinadores para poder calentar de forma adecuada antes de ingresar al hielo.

— ¡Yuuri Katsuki! —llama el representante del Comité Olímpico.

Yuuri suspira mientras se levanta, sintiendo los nervios y esa ansiedad típica que intenta superponerse a la calma. El representante del Comité, un hombre coreano de mediana edad, sostiene amablemente el recipiente de los donceles, ofreciéndoselo en silencio, mientras Yuuri agradece con una breve reverencia al presidente y a los miembros de la ISU. Una de sus manos ingresa al recipiente y, sin pensarlo mucho, revuelve. En este punto no está seguro de qué esperar, aunque tal vez pedir por un grupo amable no es mala idea. Parece justo, piensa Yuuri, mientras ruega por compartir el hielo y el gimnasio con patinadores discretos que le permitan concentrarse en su entrenamiento sin grandes conflictos. En cosa de segundos sacó el sobre con su asignación, abriéndolo mientras oye los múltiples «click» de las cámaras fotográficas, mostrando el resultado al salón en primer lugar antes de voltearlo y verlo él mismo.

—El patinador Yuuri Katsuki, ocupará el primer bloque de entrenamiento en la pista de patinaje — dice—y el tercer bloque en el gimnasio central.

Bueno, al menos no tiene problemas en madrugar, piensa Yuuri con optimismo mientras vuelve a su lugar, junto a su entrenadora y el resto de su delegación.

El sorteo sigue su curso de forma ordenada y casi ceremoniosa. Pronto llega el turno de los primeros patinadores representantes de la federación rusa. Yuuri observa a Mira Babicheva con curiosidad cuando, tras revolver con una gran sonrisa, sale sorteada para compartir un lugar en el mismo bloque al que ha sido asignado con anterioridad. Ella definitivamente parece amable y bastante alegre si Yuuri la compara con el triste semblante de Georgi Popovich.

Sin embargo, la nota discordante llega en la forma del actual campeón del Grand Prix Junior, Yuri Plisetsky. Es curioso que ambos compartan el mismo nombre, se dice Yuuri, poniéndose los audífonos mientras sigue los enérgicos movimientos y el semblante amargo del joven patinador. 

Su contraparte rusa parece un pequeño muñequito enfadado, Yuuri sonríe ante ese último pensamiento, mientras sus ojos se apartan del ceño fruncido y los bruscos ademanes del quinceañero. A cambio, su mirada choca, repentina e inesperada, con los brillantes ojos azules de Víktor Nikiforov. La leyenda viviente. Yuuri contiene el aliento en seco, mientras su sonrisa cae y se borra por completo ante la mirada curiosa del varón. Está seguro de que son sólo unos segundos. Sin embargo, Víktor y él no hacen más que mirarse el uno al otro en silencio, antes de que sea el mismo pentacampeón el que aparte la mirada, tras una pequeña sonrisa divertida, al parecer repentinamente pendiente de un conjunto de palabras que, en un principio, Yuuri no puede entender.

—El patinador Yuri Plisetsky, ocupará el primer bloque de entrenamiento en la pista de patinaje — señala el miembro del Comité Olímpico imponiéndose por sobre el sonido de los flashes y los murmullos de la prensa— y el tercer bloque dentro del gimnasio central.

No puede ser.

Yuuri baja la mirada, recién ahora encontrándole sentido a la sonrisa oculta y el brillo divertido en la mirada de Víktor Nikiforov.

La vida y el patinaje artístico nunca han sido perfectos.

Continuará.

Notas Finales.

Este es el primer capítulo editado de Make History. Me parece increíble estar en este punto y tal vez ustedes se preguntarán ¿porqué hago esto y no sigo simplemente escribiendo el final? No me parece correcto. Siento que, al ser la primera historia publicada luego de siete años sin escribir, se merece ser editada para darle el final que corresponde.

La edición estará compuesta por nuevas escenas, argumentos y nuevos personajes (como Mila Babicheva a quien, por alguna razón, no tomé en consideración al inicio de esta historia).

Por otra parte, realizaré actualizaciones semanales (o eso pretendo), todo depende de las modificaciones que surjan en cada capítulo, sobre todo en los primeros. 

Bien, eso sería todo. Deseenme suerte.

Con cariño, ᙢᓰᙢᘎ.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Primeros pasos
A %d blogueros les gusta esto: