1.~ Sueños húmedos


Y bien. Aquí estamos, despertando nuevamente después de tener un muy vívido sueño erótico, sintiéndose viscoso por la reacción que tuvo su cuerpo.
 
Yuuri se levantó de la cama un tanto molesto. Aún estaba amaneciendo a juzgar por el brillo del cielo; era ese momento en que no era ni de día ni de noche, justo a tiempo para su hora favorita de su jornada.
 
Sacó las sábanas rápidamente, dirigiéndose con torpeza al cuarto de baño; quiso ponerlas a lavar de inmediato, pero no quería incordiar a los vecinos con el escándalo que hacía su lavadora, menos a las 5:30 de la mañana. Además, si la ponía a andar no habría suficiente potencia de agua para la ducha y el calefón no se prendería. Su departamento era bastante caprichoso.
 
Dejó las sábanas sucias dentro del tacho de ropa sucia que tenía a un costado del lavamanos, quería ducharse rápido para alcanzar a ver el amanecer antes de irse al trabajo, por lo que sin preámbulos se terminó de desnudar y entró a la ducha.
 
El primer chorro de agua fría acabó de despertarlo por completo, terminó de limpiar su cuerpo y lavarse el pelo, salió de la ducha con una toalla envolviendo su cintura. Hoy sería un día especialmente pesado, Guang Hong había renunciado hace poco, le habían ofrecido un trabajo mejor en Estados Unidos y este había aceptado rápidamente, probablemente por lo atractivo que era su nuevo jefe Leo.
 
Así que les falta un pastelero, por lo que el trabajo era más pesado para los demás, sobre todo ahora que empezaba el fin de semana largo y eso implicaba más demanda de pasteles, a la gente le gustaba celebrar sus días libres comiendo algo que les endulzase la vida.
 
Se sirvió una taza de humeante café con un muffin de arándano que había sacado de la pastelería el día anterior. Con algo de pereza se dirigió al pequeño balcón que tenía su departamento, el sol ya había salido, por lo que se había perdido su preciado momento de verlo amanecer; pero aun así había un haz de luz y colores entremezclados en el cielo, amarillo, naranja, rojo, rosa y azul batallando.
 
Bebió su café tranquilo, sabía que sus horas en la pastelería serían una locura por lo que aprovechó para meditar un poco sobre su problema con las sábanas, ya era la quinta vez en las últimas dos semanas y parecía que había vuelto a la pubertad.
 
Sabía que se reprimía demasiado. Tenía veintidós años la última vez que había tenido sexo con alguien (ahora tenía veinticuatro), por lo que la acumulación de stress sexual en su cuerpo había llegado a nuevos niveles, necesitaba una solución pronto.
 
Quizás debería intentar una relación vainilla.
 
Desechó rápido ese pensamiento, sabía que eso no ayudaría en su estrés sexual, lo más probable es que lo aumentase y esa no era la idea.
 
La otra opción es que buscase directamente una relación D/S, hacer un contrato de sumisión con alguien, sin involucrarse más allá en lo sentimental… pues sería lo ideal.
 
Tal vez no debería ni preocuparme, solo buscar a alguien que acepte ser mi amo por un tiempo y luego seguir con mi vida, no podría involucrarme sentimentalmente con alguien, ¿quién entendería mi necesidad de dolor?”.
 
Suspiró frustrado, el que fuera tímido lo hacía todo mucho más difícil, sobre todo porque nadie esperaba que él tuviese gustos tan… especiales.
 
Muchas veces se preguntaba: ¿y qué más da? después de todo su fetiche no era tan fuera de lo común, existía todo un mundillo oculto en el que mucha gente como él se relacionaba, infinitas website BDSM donde se organizaban encuentros entre Amos y Sumisos, incluso había clubes ocultos en la ciudad donde era posible ir a beber y conversar con otros como él; sin necesidad de buscar una aventura.
 
Sabía dónde estaban esos lugares, por supuesto que había investigado; pero nunca había ido a los de Tokio, la única vez que fue a uno fue en Detroit, pero se había sentido tan intimidado que apenas se tomó una copa y se largó. Menudo fracaso estaba hecho.
 
Se levantó con tranquilidad de la silla, cerró el ventanal que daba paso al balcón, miró la hora en el reloj de su comedor/living/cocina sintiendo un apretón en el pecho. Si no partía ahora, llegaría tarde al trabajo.
 
Salió disparado, tenía que llegar pronto si no quería ser regañado por impuntual. Por suerte quedaba cerca, saliendo del departamento, doblaba a la derecha y caminaba seis cuadras. Llegó justo a tiempo para marcar tarjeta.
 
—Creo que esta es la primera vez que llego antes que tú, Yuuri.
 
Había entrado disparado hacia los vestuarios cuando se topó a Phichit-kun saliendo ya vestido con su uniforme de cocinero.
 
—Siempre hay una primera vez para todo. —Entró rápido al vestidor—. ¿Cómo estuvo tu mañana?
 
—Tuve una discusión con uno de mis hámsteres, pero ya nos arreglamos. —Su amigo tenía esa manía de hablar con sus mascotas, Yuuri siempre lo había encontrado tierno, sobre todo por las «discusiones» que tenían—. ¿Qué tal tú? ¿Te quedaste dormido?
 
—Solo se me pasó la hora en el balcón. —Yuuri terminó de cambiarse, salió junto a su amigo por el pasillo en dirección a la cocina.
 
Eran las ocho de la mañana y la cocina ya era un caos, sus compañeros corrían en distintas direcciones tratando de comenzar lo antes posible la cantidad de pedidos que tenían para más tarde.
 
Yuuri entró directo a ver la pizarra de pedidos. Eran muchísimos, más aún si tenían un pastelero menos, menudo embrollo.
 
Fue a su sección, él tenía que hacer los rellenos de los pasteles y tartaletas, eso implicaba todo tipo de cremas de mantequilla, mousse de diversos sabores, elaborar mermeladas y dulce de leche casero entre otras opciones.
 
Comenzó a preparar el dulce de leche, ayer se les había acabado y hacerlo desde cero implicaba tres horas de cocimiento, por lo que debía empezar de inmediato si quería tener para el resto del día.
 
—Yuuri, necesito crema de mokka lo antes posible. —Phichit estaba a cargo de las masas, hacía bizcochos, galletas, muffins, masas de tartaleta, etc. Cualquier cosa que necesitase usar horno. Sin embargo, ahora que no estaba Guang Hong tendrían que repartirse el trabajo de armar los pasteles.
 
—De inmediato.
 
Salió disparado a buscar los demás ingredientes, entró a la bodega buscando todo lo que necesitaba, saludó a Celestino de pasada —su jefe— y comenzó con las preparaciones.
 
No se había dado cuenta de lo rápido que pasó el día. Solía ocurrirle así, había tanto trabajo que tenía que perfeccionar su habilidad de pulpo, por lo que podría hacer más cosas a la vez.
 
Fue a los vestidores con Phichit, se cambiaron de ropa rápidamente y salieron de la pastelería juntos, estaba regañando a su amigo porque este se sacaba selfies con Yuuri sin camisa en el fondo.
 
—Sé que ya no sirve de nada pedirte que no me saques fotos, ¡pero al menos espera a que tenga ropa puesta!
 
—Yuuri, solo es una foto inocente, ¡además, sales genial! a ver si así te echas novio de una vez.
 
Yuuri soltó un gruñido.
 
—A mí no me asustan esos sonidos, recuerda que tengo cinco mascotas, tus gruñidos no son nada para mí.
 
—¿Y desde cuándo los hámsteres gruñen?
 
—Uno no los escucha, pero sé que si pudieran lo harían todo el tiempo.
 
Yuuri rio ante las ocurrencias de su amigo, Phichit era tan especial.
 
—Pero en serio, hace años que no tienes pareja, recuerdo que en nuestro primer año en Detroit saliste con un tipo un tiempo…
 
—Tadashi —soltó Yuuri con amargura, no le gustaba recordar a Tadashi, al final le había hecho tanto daño que decidió no volver a tener pareja nunca más.
 
—Sí, pero eso fue hace ya cuatro años… ¿no crees que es hora de buscar a otra persona? no digo que vayas por ahí y corras a enamorarte, pero… Pues sí, ¡ve por ahí y corre a enamorarte, Yuuri! ¿Qué más da? —Phichit había suavizado el tono, sabía que era un tema delicado, aunque Yuuri nunca le había dicho lo que realmente había pasado en su última relación.
 
Tadashi había sido su primer amor.
 
Lo conoció en el campus de la universidad, habían coincidido en la biblioteca, casualmente buscando el mismo libro para luego darse cuenta de que compartían algunas clases. La química entre ellos fue instantánea, al principio todo había sido fácil y bonito con Tadashi.
 
Flores, latidos acelerados y besos furtivos. Conoció el amor con él y se entregó en cuerpo y alma.
 
No fue su primer novio, pero sí fue la primera persona que amó.
 
Estuvieron poco más de un año juntos hasta que rompieron, sufrió mucho por eso, sobre todo por la razón por la que Tadashi había roto con él: se debía a la forma en la que él necesitaba sentir placer, Tadashi no pertenecía al mundo del BDSM; era un hombre tierno y dulce, y hacia el amor de forma tierna y dulce. No tenía sexo duro como él deseaba por lo que con el tiempo fue más que evidente que Yuuri no se sentía del todo dispuesto a tener relaciones. Y es que le costaba mucho correrse, no era que no lo deseara o amara, es solo que faltaba eso.
 
Yuuri no sentía placer si no era con dolor o al menos con dominación.
 
Y eso Tadashi nunca pudo entenderlo, ni siquiera en el plan de hacer juegos sexuales alguna vez. Era un hombre muy tradicional (si se deja de lado que es gay, por supuesto).
 
Así que le habían roto el corazón.
 
Después de eso decidió no volver a tener una relación, su corazón era muy frágil y difícilmente había logrado reponerse, así que se enfocó en sus estudios y de vez en cuando tenía encuentros con Amos.
 
Duraban una temporada hasta que se sentía del todo satisfecho y después cortaban, todo era simple y consensuado así que no había problema en eso.
 
—Prefiero enfocarme en mi carrera ahora, además, no sirvo para las relaciones, Phichit —soltó con un suspiro.
 
—Eso es una mentira grande como una casa y lo sabes, eres una de las mejores personas que conozco, Yuuri, y conozco a mucha gente. —Su amigo siempre había sido tan directamente sincero, antes se sentía avergonzado, pero ahora se había acostumbrado.
 
—No lo sé… Tal vez con los años… ahora solo quiero enfocarme en mí y en mi carrera.
 
—Esa frase es justo la que dicen todas las personas cuando están a punto de toparse con su gran amor, ten cuidado, Katsuki. —Phichit se dio la vuelta caminando en dirección contraria rumbo a su departamento, lanzó un beso al aire—. Te veo mañana.

Yuuri se despidió con una sonrisa, aunque esta murió rápidamente cuando vio a Phichit doblar en una esquina.

Algo en la conversación con su amigo había calado en él.

Titubeó unos instantes, sabía que no estaba listo para bajar sus barreras, conocer a alguien y entregarle su corazón. A pesar de los años que habían pasado sentía que las palabras de Tadashi aún le hacían estragos en su corazón.

Comenzó a caminar en dirección a su hogar sintiéndose frustrado, al parecer la mejor opción por ahora sería buscar un amo, tener una relación un tiempo y ya está, pero el punto era dónde buscar.

Frenó en una esquina meditando, podía ir a su departamento y comenzar una búsqueda por internet, entrar a las páginas de encuentros y subir un perfil de él, seguir así hasta encontrar a alguien que le gustase y hacer una reunión con él para ver los términos del contrato.

Era necesario hacer un contrato con los límites de cada uno antes de empezar la relación Amo-Sumiso. Todas las prácticas BDSM debían ser SSC: seguro, sensato y consensual.

Pero no quería buscar por internet, se había dado cuenta de que no era del todo eficaz y el proceso era mucho más lento, lo mejor sería ir a un bar BDSM y buscar directamente.

Sacó su teléfono en un arranque de energía, tenía que ir ahora, si no se arrepentiría y su frustración sexual llegaría a nivel exorbitantes.

Comenzó a buscar en alguno de los lugares que ya había visto cuando alguien lo chocó con brusquedad, lanzando su teléfono casi al costado de la acera. Se tambaleó tratando de no caerse.

El desconocido se repuso rápidamente, lo sujetó del brazo para que no se cayera y fue a tomar su celular para devolvérselo.

—Disculpa, no te vi.

Era más alto que él, se notaba que también era más fornido y su voz lo dejó prendado, era grave y despedía un aire erótico también.

Le entregó su celular y en el camino desvió los ojos a la pantalla de este, abriéndolos con sorpresa al ver la búsqueda que tenía en el: “bares BDSM Tokio”.

Soltó una risita, Yuuri le arrebató el celular avergonzado, sintiendo como el sonrojo subía por sus mejillas.

—Recién llego a este país ayer y ya me encuentro con gente tan interesante.

Le había hablado en inglés, pero por su acento se notaba que era extranjero, aunque Yuuri no estaba seguro de qué país provenía.

Guardó su celular nervioso, agradeció con una rápida reverencia, dando un paso a un lado para irse.

—Sabes, me hablaron de un lugar por aquí que tal vez te interese, no sé dónde está porque soy nuevo, pero te doy la dirección.

Yuuri lo miró asombrado mientras el apuesto extranjero se acercaba a él. Le susurró la dirección al oído, mientras con una mano traviesa le apretó una nalga con descaro haciendo que se sobresaltara.

—Espero verte en algún momento ahí, au revoir. —Con un guiño coqueto se alejó de él, alejándose por las calles de Tokio y perdiéndose entre la multitud.
 
Yuuri aún estaba sorprendido por el descaro del rubio, sin embargo, había quedado un tanto prendado de sus ojos verdes. Sacudió la cabeza, aun así estaba indignado de que lo tocaran sin su consentimiento. Era un descarado.
 
Pensó un momento, la dirección que le dio el extranjero era uno de los lugares que conocía, se decidió por ese, al menos ya tenía una referencia positiva de ese bar, por lo que a paso firme se dirigió al lugar.
 
Ya vería qué le deparaba dentro.

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