Entreacto


Michele corre hacia el cuerpo destrozado de Sala y lo observa durante unos segundos, los segundos suficientes para que la rabia y la impotencia se acumulen en su garganta y exploten en un grito de cólera. Aun cuando es consciente de que hay solución, sabe que el dolor y el sentimiento de la muerte ha sido muy real para ella. Y que sufre… y sufrirá. Se le revuelve el estómago ante aquella imagen, ante la idea de que Sala se sacrificara en su lugar. 

—¡Le dije que yo lo haría, maldita sea!

Sus ojos chispeantes se giran hacia las gradas. Yuuri ya no está: al lado de Víctor solo hay un asiento vacío, y justamente es a él a quien reclama con la mirada, a quien odia, a quien culpa por lo que Sala ha tenido que pasar. Sin embargo, más que al cuerpo sin vida que continúa ahí, deshaciéndose en sangre, Víctor mira esa imagen que ha quedado como placa grabada contra su cabeza: la de un Yuuri aterrorizado, gritando mientras intentaba ocultar sus ojos de lo que tenía enfrente y lo inundaban lacerantes lágrimas de horror. Pudo sentir su deseo vibrante y desesperado de largarse de ahí, de despertar, de nunca más volver… Y después nada, desaparición. Lo ha perdido para siempre, pero… ¿no era eso justamente lo que quería?

Uno, dos, tres… Tres aplausos que los hacen girar su cabeza hacia un extremo de la pista: ahí Chris aplaude, sonriente, satisfecho con la actuación. Camina hasta acercarse a Michele y al cuerpo de Sala. Mira la sangre correr durante un instante, sin la más mínima muestra de tristeza o pena, como si eso que ha quedado de ella fuera más que desechable. 

—¡Georgi! —El aludido, quien se encontraba sentado en las gradas superiores, se levanta con rapidez y baja trompicones hasta llegar a lado de Chris — , llama a Yakov y cuenta la historia que acordamos. 

Georgi asiente y se va, no sin antes mirar a Sala mientras un gesto de asco cruza por su rostro. Chris mantiene su sonrisa de triunfo mientras dirige sus pasos hacia Víctor, quien se mantiene sentado en el mismo lugar, sin mover uno solo de sus músculos. Solo su vista sigue la figura del maestro de ceremonia y sus labios tiemblan en ganas de abrirse y decirle tantas cosas, tantos deseos de haber hecho las cosas diferentes. Sin embargo, es consciente que, pese a los daños colaterales, ha sido lo mejor. Al final, para Yuuri eso solo será una pesadilla que algún día terminará por olvidar y, gracias ello, la identidad de ambos quedará intacta… Y con ella la libertad de él. 

No obstante, lo que más pesa en ese momento es la culpa: esa culpa de no haber podido mantener la firmeza desde el primer día que Yuuri apareció y permitir que él continuara asistiendo, de incitarlo incluso a hacerlo, de disfrutar su compañía cuando ya se había convencido a sí mismo que nunca más lo volvería a ver. Ahora debía empezar con eso desde cero otra vez. 

—Listo, Yuuri, solucionado. Ya no va a volver después de esto.

Lo peor para Víctor es que sabe que Chris tiene razón: Yuuri no va a volver. 

2 comentarios sobre “Entreacto

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