Waiting until the day that i see you on the other side…


Era de noche y Yuri Plisetsky salía de su habitación sigilosamente para dirigirse al templo Sensoji que se encontraba cerca de su hogar. Dos años habían pasado desde que el rubio y su abuelo se habían mudado a Japón dejando atrás su natal y fría Rusia para encontrar un lugar más seguro y pacífico que le ofreciera al joven Yuri, de 15 años, la oportunidad de desarrollarse  como un mejor ser humano. Ahora, el chico de ojos verdes, cada semana se fugaba de casa para ir al templo a visitar a alguien, si es que alguien era la denominación correcta para lo que visitaba.

—¡Buenas noches, Yura! —saludó alguien parado al costado del torii [4] color rojo, afuera del templo, de mirada dulce y sonriente, el cuerpo etéreo de Yuuri Katsuki le daba la bienvenida al silencioso y vacío lugar.

—¿Qué hay, cerdo? —saludó Yuri acercándose un poco para observar mejor el traslúcido cuerpo de su interlocutor.

—No me gusta que me digas así —contestó el fantasma con tono ofendido, bajando la mirada por su atrevimiento.

—Y a mí no me gusta que te llames igual que yo, no todo es felicidad en esta vida.

—En realidad no es como si yo estuviera vivo… —susurró el fantasma juntando sus dedos índices de manera tímida para aclarar la situación. El rubio chasqueó la lengua ante la aseveración. Era exasperante esa actitud del fantasma.

—Traje más objetos hoy —agregó el rubio abriendo una bolsa negra que traía consigo haciendo como que el último comentario nunca sucedió—. Desde que recordaste que lo que perdiste era algo redondo me puse a recolectar todas las cosas redondas que encontré en casa.

—Eso es muy lindo de tu parte, Yuri—. Sonrió el fantasma en señal de agradecimiento.

— ¡No lo hago por ti!, es molesto caminar por los alrededores y saber que andas deambulando por ahí como un idiota pervertido. ¡Apresúrate a recordar y vete al paraíso o a donde sea que van ustedes! —exclamó sonrojado Yuri, quien desde muy pequeño tenía la capacidad de ver fantasmas, afortunadamente y hasta la fecha, todos habían sido muy amables con él, Yuuri no era la excepción.

El fantasma solo se limitó a mirar con ternura al chico de 15 años; a quien tenía en gran estima. Yuuri recordaba cómo lo había conocido, casi provocando un infarto en el adolescente después de que Yuuri lo persiguiera por toda la entrada del templo, la calle contigua y lo siguiera al metro provocando exasperación en el ruso, pues él solía fingir que dichas apariciones no existían.

«Debes comportarte como una persona normal, Yuri, de lo contrario, el abuelo y tú tendrán que mudarse de nuevo» pensaba el rubio, en ese tiempo de 13 años de edad, mientras ignoraba el hecho de que un tímido fantasma le picaba un hombro con su dedo índice buscando atención (aunque sin éxito, los fantasmas no pueden tocar a los vivos). 

—¡Hola! —piquetito en el hombro.

—Hello! —palmadita en el hombro.

—Guten Tag! [2] —piquetito de nuevo.

—こんにちは! [3] —el ruso perdió la cuenta de cuántos idiomas escuchó de parte del espectro. Ya habían pasado cinco estaciones y el «sujeto», un japonés vestido con una yukata azul rey lisa, cabello negro, anteojos y ojos grandes color café, insistía en obtener la atención del rubio, quien solo se limitaba a dar manotazos de vez en cuando, fingiendo espantar a una mosca que se acercaba a él.

«Una molesta y fea mosca». Pensó el rubio con impaciencia.

Después de diez estaciones, la voz mecánica del convoy anunció que Ginza sería la próxima estación. Aprovechando que varios usuarios bajarían ahí, Yuri se acercó a la salida para ver si, de esa forma, sería capaz de librarse de una vez por todas del molesto e insistente fantasma japonés.

Yuri salió del anden, subió las escaleras ignorando el hecho de que ascendió por los escalones cuyas flechas indicaban descenso, aprovechando que el fantasma había tomado ingenuamente un lugar en la fila de usuarios. Detalle absurdo, en opinión del rubio, pero si eso lo beneficiaba… 

Era su oportunidad de escapar.

Corriendo y esquivando gente, el rubio de mirada enojada, encontró los torniquetes. Tomó su boleto y lo metió en el lugar indicado para poder salir de la estación. El boleto salió por otro compartimiento y, peor aún, el torniquete no se abrió para él.

«¿Qué demonios?» pensó Yuri con estrés, al percatarse que a lo lejos una figura traslúcida se acercaba a él.

Con impaciencia pasó dos veces más su boleto sin éxito. ¡Esto no podía estar pasando!

—Pagaste la tarifa equivocada, debes completar la diferencia si quieres salir.

—¡Gracias! —respondió con alivio el rubio dirigiéndose a la máquina de boletos, sin notar quien le había ayudado.

— De nada, Yuri —hasta ese momento Yuri se percató de que la voz que había escuchado había sido del chico fantasma del que había tratado de escapar. Exasperado golpeó su frente y con resignación se dirigió al espectro:

—¿Por qué estás siguiéndome?, ¿y cómo es que sabes mi nombre?

—Después de morir me dijeron que recibiría una señal que me ayudaría a encontrar lo que dejé pendiente en vida y así poder descansar al fin. Escuché que tu abuelo te llamó Yuri, y puedes verme. Supongo que esa fue la señal». 

«Compartimos el mismo nombre, sé que tú puedes ayudarme, Yuri».

Ahora, dos años más tarde, Yura (como lo llamaba el espectro para diferenciarse uno del otro), acostumbrado a la presencia del fantasma trataba de ayudarlo a encontrar esa paz que buscaba el nipón con el pretexto del rubio de que era molesto verlo flotando por ahí penando y estorbando.

—Pelotas, monedas, lentes con montura circular, fichas de damas chinas, ¿nada se te hace familiar? —preguntó el rubio recargado como si nada en la entrada al templo. El fantasma solo se limitó a negar con la cabeza, un dejo de tristeza se asomaba en sus grandes ojos cafés.

—¡Vamos, coopera un poco! —El rubio tomó un último objeto y preguntó—: ¿este anillo?

El fantasma abrió sus ojos denotando sorpresa, estiró su mano hacia el anillo y exclamó:

—¡Yo estaba esperando a alguien pero esa persona nunca llegó!

Yuri iba a contestar con su clásico tono rudo pero al ver la expresión acongojada de su tocayo fantasma optó por permanecer en silencio.

—Yo— continuó el fantasma más para sí que para su compañero —estaba esperando a alguien, ese día nos íbamos a ver. Era muy importante vernos. Salí muy rápido de casa, se me hacía tarde y olvidé mi anillo. Me di cuenta apenas atravesé la calle, no podía irme sin mi anillo, era igual de importante que esa persona. Di la vuelta y solo recuerdo un ruido muy fuerte, luego mucho dolor, entonces todo se volvió oscuro y después hubo mucha angustia en mi corazón. Al final, no sé cómo llegue aquí pero no me puedo ir sin verlo una vez más. Estoy seguro de eso.

Yuri intentó decirle algo al fantasma, mas el ente pidió estar solo y Plisetsky se lo concedió. El ruso procedió su regreso a casa, entrando al templo en lugar de rodearlo como de costumbre. Sumido en sus pensamientos, el joven no notó una nueva presencia que lo miraba desde la otra entrada, al costado del torii del templo. El muchacho, alto y de hermoso cabello corto platinado se acercó a él y le preguntó:

—¡Hola!, ¿podrías ayudarme? Estoy buscando a alguien, pero no recuerdo quién es…

El rubio se sorprendió ligeramente al notar que el muchacho flotaba un poco sobre la superficie.

¡Hola a todos!

Esta es la primera parte de una historia que escribí para una dinámica de Halloween hace un año pero que, debido a mi maravillosa capacidad de procrastinar en medio de mi procrastinación (mi don, mi maldición) no la publiqué a tiempo y se quedó volando en el limbo de mis borradores.

Aprovechando la temática de esta semana la publico, ¡espero les guste y los veo en la segunda parte!

La portada la hizo mi mejor amiga del mundo y del amor, Gabitha Usui ❤ i love you!

Les comparto una foto del templo Sensoji en Asakusa, es un lugar hermoso, se encuentra en la ciudad de Tokio. Hay un gran pasillo lleno de tiendas donde puedes comprar curiosidades y recuerditos. De día es muy concurrido y un lugar de visita obligada para todo turista, sin embargo, al anochecer el lugar se vuelve muy tranquilo y son pocos los transeúntes que caminan por ahí.

¡Es mi lugar favorito de Tokio! Les dejo una foto del lugar donde se encuentran ambos Yuri.


[1] Torii: Se pueden encontrar uno o más arcos torii en la entrada de un santuario. Se presentan en varios colores y materiales. La mayoría de los torii sin embargo, se hacen de madera y se pintan de naranja y negro. Sirven para separar el mundo mundano del mundo espiritual. 

[2] Guten Tag!: Buenas tardes, en idioma alemán.

[3] こんにちは!: en romaji «Konnichiwa» ¡Hola!, en idioma japonés.

Nos vemos luego.

xoxo

Sam.

Publicado por salemayuzawa

Me gusta leer, escribir, ver películas, anime y platicar con mis amigas. ¡Adoro imaginar historias!

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