Counting the days to meet you on the other site, I will always be…


¿Podrías ayudarme? Estoy buscando a alguien, pero no recuerdo quién es…

Yuri miro al muchacho evaluándolo un poco. Flotaba al lado del torii dentro del templo Sensoji, vestido con uniforme militar, por la postura erguida del espectro Yuri suposo que en vida el sujeto había sido un soldado.

—Si no sabes quién es nadie puede ayudarte —contestó Yuri con naturalidad.

—Es verdad —afirmó el fantasma haciendo un puchero algo gracioso mientras golpeaba con su puño su mano derecha, como recién cayendo en cuenta—. Por eso estoy pidiendo tu ayuda.

—¿Ahhhhh? —exclamó el rubio ofendido—. ¿Acaso tengo colgado un letrero de ayuda a la comunidad espiritual?

—No, o eso creo —contestó el platinado mirándolo con curiosidad—, pero eres la primera persona que puede verme, y que pasa por la entrada principal —exclamó con pesadumbre el fantasma sin dejar de flotar observando al rubio de arriba a abajo.

—Es obvio que casi nadie pase. Ya es muy tarde, y esta —el chico señaló el torii al lado del cual estaban parados—, no es la entrada principal.

—¡Claro que lo es! —exclamó a la defensiva el ente indignado por las palabras del rubio—. Un arco pintado de color rojo a la entrada del templo. Este es el arco —argumentó señalando el arco y luego señalando el templo al costado—, y ese el templo.

Aunque un poco exasperado, Yuri decidió aclarar la situación. Mismo error él había cometido tiempo atrás.

—Esta no es la entrada principal. La entrada principal se encuentra por allá —dijo el rubio señalando el lugar aproximado de la entrada.

—Como sea —desestimó el fantasma—. ¿Me ayudarás? Necesito encontrar a esa persona o no podré descansar en paz —dijo el fantasma con ojos de perrito a medio morir.

—A mi no me metas en tus problemas espirituales, bastante tengo con el otro fantasma. ¡Qué fastidio!

—¿Otro fantasma? —se interesó el soldado inclinándose para quedar a la altura del rubio—. ¿Cómo es?, ¿también está esperando o es de los que se quedan para espantar?

Yuri miró al platinado con molestia. Definitivamente prefería a Yuuri.

—¿Eres ruso? —preguntó de pronto el fantasma. Yuri asintió con la cabeza, este fantasma era muy curioso—. Amazing!, ¡yo también soy ruso! ¡Quizá por eso puedes verme! 

Yuri iba a explicarle al fantasma impertinente que simplemente el nació con el estúpido don de ver personas que ya no pertenecían al mundo de los vivos; sin embargo, y por su propia tranquilidad, decidió dejar así el asunto. Ignorando al extraño, el rubio caminó por el templo pues desde donde estaba era más fácil atravesar el lugar para llegar más rápido a su casa. Yuri esperaba que su abuelo no estuviera preocupado por él.

—¡Espera! —lo siguió el fantasma—. ¡Por favor, ayúdame! He estado mucho tiempo aquí esperando, en verdad quisiera irme a descansar.

El tono empleado por el fantasma logró conmover el corazón de pollo del rubio (aunque él negara tenerlo y fingiera la mayor parte del tiempo ser indiferente ante los problemas ajenos); así que, con una mueca que decía «desearía no estar aquí» encaró al fantasma observando también que el platinado lucía unos peculiares ojos azul cielo. Seguramente en vida había sido una persona muy atractiva.

—Si te ayudo, ¿me dejarás en paz?

—Una vez que encontremos a esa persona, ¡sí, lo haré! —asintió emocionado el platinadoy con una sonrisa en forma de corazón se acercó y haciendo el amago de extender su mano dijo—: Me llamo Víctor, ¿y tú eres?

—Yuri, Yuri Plisetsky.

—¿Yuri? —Víctor se quedó un momento en callado, procesando la información—. ¡Qué bonito nombre!

—Como sea —atajó el rubio, quien conociendo el procedimiento de estas situaciones se apresuró a agregar—: ¿Tienes alguna pista con la que podamos comenzar?

—Mmmmmm —Víctor flotó alrededor de Yuri. Comparándolo con el Yuuri fantasma, Yura se percató que a Víctor no se apenaba en mostrar sus poderes fantasmales. A leguas se notaba más cómodo con su situación espiritual.

—¿Sabes cómo luce esa persona? Su cabello, sus ojos, su estatura, ¿algo? —preguntó Yuri sin mucha esperanza después de cinco minutos.

—¡Recuerdo que es japonés! —argumentó feliz, Víctor, ¡estos fantasmas y sus pistas inútiles! Yuri quería golpearse contra la pared más cercana de la exasperación.

Después de un rato de caminata y más intentos de Yuri por obtener información, ambos rusos, el vivo y el fantasma, llegaron a una de las entradas de los costados, precisamente la que quedaba más cerca de la casa del rubio.

Yuri traspasó el torii que delimitaba la salida del lugar; sin embargo Víctor se quedó dentro con un gesto de incomodidad reflejado en su rostro.

—¿Qué sucede? —preguntó Yuri al verlo—, será más rápido si vas conmigo a casa y averiguamos a quién estás buscando.

—Yo no puedo salir —explicó Víctor con pesar—. Si traspaso estas entradas desapareceré y si lo hago y no he encontrado el motivo que me ata a este lugar, entonces será el fin para mi.

—Tonterías —exclamó Yuri recordando el día que el Yuuri fantasmal lo siguió por prácticamente todo Tokio—. El otro fantasma puede viajar a su voluntad. ¡Vamos, vienes conmigo!

—¿Y le has preguntado si él puede entrar al templo? —preguntó Víctor, quien al ver la cara del rubio intuyó la respuesta—. No sé quién me lo dijo, pero cuando regresé me indicaron solo esas dos cosas—. Víctor levantó el índice para señalar lo que antes le hubieron dicho—: La primera, tienes que encontrar a esa persona que te ata a este mundo y la segunda—,  otro dedo alzado— por ningún motivo puedes salir del templo o te esfumarás, ¿ahora entiendes por qué he estado aquí pidiendo ayuda?

—De acuerdo —concordó Yuri sintiendo un poco de lástima por el fantasma atrapado—. Es tarde y mi abuelo podría preocuparse si no me ve en casa. Mañana vendré esperando que tengas alguna pista de esa persona, ¿está bien?

El fantasma se despidió alegremente del chico y Yuri emprendió el camino a casa, siempre con la mirada al frente y sin distraerse de su objetivo principal; pues a estas alturas ya no aceptaría proporcionarle ayuda a otro fantasma con «asuntos pendientes en la tierra de los vivos».

—Dice que no se acuerda de nada, solo que buscaba a un japonés —comentó Yuri al otro día a su tocayo. Ambos estaban sentados enfrente del templo como siempre, había pocas personas en la avenida y casi nadie tenía tiempo para observar a un rubio sentado sobre la acera comiendo dulces en soledad—. Estuve pensando, ¿acaso serás tú?

Yuuri se sorprendió ante la aseveración del rubio y lo miró sorprendido. Si tan solo él recordara a quien esperaba…

—No dices nada —atajó Yuri con seriedad—, algo me dice que eres tu. ¡No me mires así! Es solo intuición.

Yuuri sonrió con ilusión. Tal vez ese otro fantasma era la persona que él buscaba…

—Andando, pues —la voz de Yuri trajo de vuelta a la tierra al fantasma, bueno figurativamente.

—¿A dónde?

—No es obvio, ¡a ver a ese otro fantasma! —Yura traspasó el torii y comenzó a caminar; sin embargo Yuuri no se movió del sitio donde ambos estuviesen parados hacía dos segundos. Al percatarse de eso, el rubio recordó las palabras de Víctor la noche anterior:

«¿Y le has preguntado si él puede entrar al templo?»

—¿Qué sucede? —preguntó Yura intuyendo la respuesta.

—No puedo entrar al templo, lo siento, Yura —explicó Yuuri con tristeza. Al ver la duda en los ojos verdes del ruso Yuuri explicó poniendo una mano fantasmal sobre el torii rojo que señalaba la entrada: —los torii separan al mundo mundano del mundo espiritual. En mi caso me encuentro fuera de ese mundo. No sé qué pueda suceder si traspaso el torii e intento adentrarme al mundo espiritual.

Entonces esa era la razón, Víctor aún como fantasma se encontraba en el mundo espiritual al estar dentro del templo; no obstante, Yuuri transitaba como fantasma en el mundo mortal. Yura sabía, por sus clases de japonés que los torii purificaban cualquier cosa que traspasaba por ellos, por lo que él entendía, Yuuri no era un espíritu purificado y; por lo tanto, no podía entrar al recinto.

Ambos chicos se miraron por un momento, y luego Yura recordó el episodio del metro.

—¡Hay que rodear el lugar! —Le dijo a Yuuri comenzando a caminar. Con felicidad el rubio comprobó que el fantasma pelinegro lo seguía con semblante curioso—. Iré por Víctor para que se acerqué a una de las salidas de los costados.

Yuuri asintió entendiendo el plan, después de unos cuantos minutos de camino, Yura dejó a Yuuri esperando afuera del templo en lo que iba a buscar al otro fantasma. Cinco minutos más tarde, la delgada figura de Yuri Plisetsky se acercaba con otro ente alto y de cabello platinado. 

Yuuri observó a ambos acercarse, con timidez comenzó a acomodarse la yukata para verse más presentable, limpió sus lentes con nerviosismo. El otro fantasma era demasiado atractivo, ¡maldición!

—He vuelto —indicó Yura a forma de saludo—. Terminemos con esto rápido, Yuuri él es Víctor, ¿es la persona con la que te ibas a encontrar? Víctor, él es Yuuri, ¿es el japonés que estabas buscando? ¡Por favor, digan que sí!

Ambos se miraron por un momento, el azul celeste de los ojos de Víctor chocaron con el tono chocolate de la mirada de Yuuri. Imposible, pensó Yura, ambos espectros se habían sonrojado.

—Diría que quisiera vivir toda mi vida contigo, pero ya no puedo hacer eso— se apresuró a exclamar Víctor emocionado, al ver el sonrojo de Yuuri crecer, su emoción también hizo lo mismo—. ¡Eres precioso, cásate conmigo! 

Yura se golpeó con fuerza la frente, ¡solo eso le faltaba! El quería ayudar a descasar a esas almas no a ser su cupido personal.

«¿Ahora qué hago?». Pensó el rubio mientras observaba a Víctor flotar emocionado en un vano intento de acercarse a Yuuri, quien tenía la mirada baja y un sonrojo extendido hasta sus orejas. Al parecer, ambos habían olvidado la razón principal de su encuentro.

¡Hola!

Este es el final de la segunda parte, y sí, falta la conclusión de la historia.

– ¿Recordarán ambos fantasmas qué es lo que tienen pendiente?

– ¿Yura los ayudará pacientemente?

-¿El rubio se dedicará a ser cupido de fantasmas profesional?

¡Descúbranlo en el siguiente capítulo!

¡Muchas gracias por leer!

Publicado por salemayuzawa

Me gusta leer, escribir, ver películas, anime y platicar con mis amigas. ¡Adoro imaginar historias!

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