AdC 35: “Celos y amor van de la mano”


Advertencia: Este capítulo tiene Vicyuu

La habitación, llena de muebles de roble y paneles de madera con detalles dorados, lucía imponente ante cualquier visita. Llevaba trabajando en ella casi dos décadas y no se arrepentía. Había llegado allí a punta de esfuerzo, sacrificio y nada de vergüenza.

Celestino Cialdini era un hombre agradable para todo el que lo conocía. Tenía una sonrisa enorme, jamás maltrataba a nadie, brindaba ayuda a cualquier colega que se le acercara y tenía una enorme cuenta en un banco en Suiza.

Pero no veía a sus dos hijos desde hacía 8 años, cuando su esposa le había pedido el divorcio después de descubrir que se acostaba con su secretaria. A sus dos retoños no les hizo gracia el ver a su madre destrozada, Así que para nadie fue sorpresa cuando no quisieron escuchar las excusas que él les dio para justificar su infidelidad. Después de todo, Celestino nunca había estado presente en sus vidas. Y fue así, sin más, que Cialdini dejó de tener una familia.

Aún, perdiendo lo que muchos llamarían el mayor tesoro de su vida, él no era capaz de arrepentirse. En su vida nunca le había dado espacio a los remordimientos, el mirar atrás sólo traía dolor y el dolor no era productivo, por tanto, no valía la pena.

Esa oficina que le había proporcionado éxito y reconocimiento sí lo valía. Había entregado su vida a Vasílevich, Smirnov & Asociados y había sido para mejor. Ahora tenía el dinero que quería, aún más con los tratos millonarios que había conseguido a través de sus contactos. 
Aunque en esas últimas semanas no había estado muy feliz, no desde que había visto el fantasma de Victor Nikiforov saliendo de un restaurante de Moscú. Era esa la razón por la que se encontraba allí, al teléfono, golpeteando con sus dedos impacientes sobre el escritorio.

―¿Aló?―Alguien por fin contestó.

―¿Acaso estás tratando de evitarme?―preguntó hastiado con el auricular reposando junto a su oído.

―No se olvide que usted no es el sol, Cialdini―La frase parecía una advertencia―. Tengo otros clientes, no todo gira a su alrededor.

―Sólo te encargué un puto trabajo: ¡Desaparecer a Nikiforov!

―¡Y lo desaparecí!

―¡Entonces, explícame por qué diablos me lo encontré hace un par de semanas en un restaurante de Moscú, de lo más feliz de la vida!

Un silencio sepulcral fue lo único como respuesta.

―¡Termina tu trabajo de una maldita vez si no quieres ser tú el que vaya a desaparecer!

Celestino no pudo evitar que la rabia contenida explotara y colgó agresivo el teléfono. No tenía tiempo para más drama. Tenía una cita con Mila y mucha hambre encima.

Cerró los ojos y suspiró profundo. Era momento de regresar a su forma habitual de ser. Se miró al espejo por un largo tiempo, acomodándose el cabello y, ahora relajado, fue con su mejor sonrisa a buscar a su pareja. Estaba seguro que sería un buen día.

Los fines de semana compartidos eran demasiado cortos para un ingeniero y un abogado en el pequeño pueblo ruso de Kiritsy.

Cada vez que se veían, el mundo parecía brillar de nuevo, a pesar de la lluvia, el cielo gris y las tormentas que pudieran surgir, ellos parecían vivir protegidos en una hermosa burbuja llena de caricias, besos y sexo.
Mischa se había convertido, poco a poco en un amante dedicado, atento y muy observador.

Las primeras veces en las que se había atrevido a recorrer a su novio con la lengua, había dejado gratamente sorprendido a Yuuri.

Mischa había terminado llenándolo de besos por todo el cuerpo, dirigiendo sus labios de forma sensual cada vez más al sur, lleno de un ardiente deseo difícil de negar.
Es así que por primera vez en su vida Mischa Katsuki trató de hacer una felación. Yuuri cedió el control a su novio, ávido del placer que su mente se imaginó…pero terminó gimiendo por momentos de dolor. Los dientes de Mischa lo sorprendieron varias veces pero, muy paciente y comprensivo, lo supo guiar durante todo el proceso. Con práctica y atención en los gestos y gemidos de Yuuri, Mischa consiguió por fin complacer enormemente a su novio.

Y Yuuri no podía más que sentirse en las nubes de felicidad.

Le había dado el tiempo que necesitaba para que este empezara a sentirse cómodo tocando un cuerpo masculino y ciertamente había notado que su confianza había crecido a través del tiempo. Cada vez los acercamientos se daban con más confianza y afecto, se reconocían y aceptaban al otro con un amor único, confiado plenamente del otro.

Era tierno ver a dos adultos comportándose como un par adolescentes curiosos y enamorados, descubriendo los secretos del otro y tanteando un sin fin de posibilidades. Tocamientos traviesos eran seguidos de cosquillas, de besos tiernos y también profundos, luego se acompañaban entre caricias y gemidos hasta que, agotados, se daban tregua por un par de horas más.

Es durante una de esas treguas que, un domingo por la tarde, Yuuri y Mischa hicieron lo que más les gustaba hacer el fin de semana: recostarse a descansar. Semidesnudos y abrazados, ambos se tomaron el tiempo de quedarse dormidos y aprovechar las últimas horas del domingo en brazos de su pareja. El estar junto al otro los adormecía de una manera muy particular. Yuuri había dormido profundamente y al despertar, se había topado con el delicioso olor del cabello de su amado, quien se hallaba parcialmente recostado sobre él. Colocó feliz su nariz sobre esa cabellera. Se había vuelto su obsesión sentir aquel aroma de rosas desprendido de aquellas hebras de plata. Sentirlo cerca lo hacía sentir vivo, fuerte y muy caliente. El cuerpo de Mischa, ahora ligeramente torneado y bien tonificado, era la fascinación de Yuuri. Su cuerpo reaccionaba automáticamente ante él, sintiendo un cosquilleo en el bajo vientre cuando Mischa se movía involuntariamente y su mano acariciaba inconsciente su pecho o su pierna se acercaba a su entrepierna. Todo en Yuuri parecía decir “sexo” y le costaba mucho controlarse. La abstinencia se había vuelto como una pequeña tortura y ansiaba una señal de Mischa, algo que le dijera que ya era hora de avanzar más.

Inmerso en pensamientos libidinosos, Yuuri no se dio cuenta cuando su novio despertó. Mischa no pudo evitar buscar la atención de Yuuri, quien se hallaba mirando al techo, pensando en cosas muy impropias para hacerle a Mischa mientras acariciaba la cabellera de su amado dulcemente.

―¿Yuuri?―preguntó algo adormecido, buscando con la mirada aquellos ojos chocolate que lo derretían de amor. La sonrisa enamorada de Yuuri tampoco se hizo esperar.

―Dime, amor.

―¿Pudiste dormir bien?

―Oh, bueno―Con todas las ganas que le tenía, Yuuri provocó a su novio acariciando suavemente su espalda baja, dibujando con sus dedos coquetas figuras que hicieron que Mischa suspirara y su piel se erizara―, la verdad es que soñé contigo, así que dormí de maravilla…

Mischa reaccionó ante aquella mirada abrasante que Yuuri le regalaba y sonrió curioso.

―¿Ah, sí? ¿Y qué cosas soñaste?

Yuuri no pudo evitar emocionarse al ver a Mischa mordiéndose el labio inferior, coqueto y adorable. 
Oh, demonios, Mischa era su perdición.

―Soñé a que jugábamos sobre la cama…

―¿Sobre la cama?―Mischa lo encontró divertido y no pudo evitar reír― Supongo que no eran ni Monopolio, ni Rummykub.

―No, cariño, este era un juego maravilloso donde nosotros terminamos desnudos…

Una lluvia de besos y caricias inició, dejando a ambos desvariando de calor, guiados por el placer corporal que ambos se causaban. Besos profundos, sensuales y perfectamente sincronizados que encrispaban ambos cuerpos hasta el límite. Las manos de Yuuri temblaban de emoción al traer hacia sí a su novio con urgencia y el corazón de Mischa se aceleró a velocidades impensadas. Los besos ansiosos y los brazos fuertes de Yuuri apretujándolo contra sí causaron muy pronto estragos en Mischa. Era imposible no sentir el llamado entre ambos cuerpos y la necesidad de quemar la piel del otro. Emocionado ante los apabullantes juegos de manos intrusas y los masajes bucales imponentes de su pareja, Mischa no pudo evitar gemir profundo. Yuuri no sólo era bueno con los números. Como buen ingeniero agrónomo sabía crear maravillas con las manos y lo tocaba con cariño y dedicación, como si fuera la tierra en necesidad apremiante de abono. 
Muy pronto, Mischa sintió la necesidad en lo más profundo de su ser, era un fuego ardiente que comenzaba a quemar y desesperar su mente, nublándolo con el deseo de ser atendido por quien él aseguraba, era el amor de su vida. Se movió sin pensarlo para acoplarse a su pareja de forma íntima, acercándose más y más a Yuuri, colocándose sin pensar encima de él.

Yuuri se quemaba por dentro. El cuerpo de Mischa le provocaba espasmos placenteros y se lo empezaba a imaginar dispuesto a sus deseos. Desde hacía un tiempo se sentía deseoso de sentir a Mischa dentro de él y de poder penetrarlo también. Sus pensamientos eróticos y volátiles lo acompañaban casi a diario cuando se hallaba solo en la cama. Ahora, con Mischa presente, su cuerpo lo había traicionado y al sentir a Mischa sobre él, no pudo evitar rodearlo con sus piernas, aprisionándolo para sí y causando que este se excitara más. Los gemidos pronto salieron de sus bocas y las manos necesitadas de Mischa empezaron a recorrerlo con devoción.
Lo único que los protegía de una invasión más profunda era la ropa interior que los cubría, a ninguno le importó. Ambos empezaron a moverse buscando fricción, buscando causar chispas que terminaran de encender la habitación. Había algo en Mischa que salía de lo profundo de su ser, un instinto que lo llevaba a querer realizar el acto más primitivo del hombre. Quería invadir a Yuuri y este quería a la vez dejarse invadir.

A veces el cuerpo necesita más que amor y eso era exactamente lo que le reclamaba a ambos.
El pene semi-erecto de Mischa jugó a través de la tela de su truza, queriendo taladrar como saeta el boxer de Yuuri, quien buscaba sin pensarlo el ángulo donde ese contacto lo encendía más. Las miradas quemaban todo a su paso. Ninguno parecía querer parpadear por miedo a romper el momento.

Ambos no paraban los besos pasionales, Yuuri no podía dejar de realizar los movimientos circulares que su cuerpo le pedía. Quería acomodarse, moría por sentirlo por fin en él.

―¡Oh, Mischa!―exclamó entre dientes mientras le arañaba la espalda sin control.

Y Mischa quería, quería más de lo que ya tenían porque con Yuuri quemaba todo al rojo vivo, Yuuri era como aquel sol que abrasaba sin misericordia en pleno desierto y Mischa quería derretirse por él, podía sentir cómo su cuerpo casi se evaporaba ante su roce y esa sensación era demasiado adictiva.

―Yuuri…―decía entre gemidos.

Una sobrecarga de voltios los cubrió cuando Yuuri no pudo evitar quitarle la truza a su novio. Lo quería desnudo y solamente para él.
Empezó a masajear el falo ya erecto de Mischa y a jugar con este, provocando desvaríos intensos en su amante y dirigiendo su miembro con insistencia hacia su entrepierna. El roce buscaba la intromisión explosiva y Mischa se sentía en una cima muy alta, donde sus sentidos se confabulaban y su instinto le gritaba que necesitaba más. Pero por más que trataba de adentrarse no había dónde penetrar. Sentía la tela del boxer de Yuuri que no cedía y quería convertirse en un licántropo para rasgarla salvajemente y aullar a la luz de la luna reclamando ese cuerpo ardiente como suyo.
Yuuri no soportó más y apresurado se terminó de desvestir, arrojando el boxer al suelo frío.

Todo estaba frío en la habitación, todo menos ellos.

―Yuuri, te deseo…―Se escuchó casi suplicante entre besos. Esas palabras causaron el gemido de Yuuri, quien contestó pegándose más a él, aumentando el calor aún más. Se sobó como pudo, sintiendo la punta del pene de Mischa casi tocando aquella cavidad más que dispuesto a recibirlo y poco le importó el pudor que ya no tenía para ese momento. Las gotas de líquido seminal del pene de Mischa caían indetenibles y eran como lluvia torrencial en época de sequía. Yuuri no podía pensar, sólo sentir y con una mirada erótica se ofreció.

― Mischa, dame un minuto para buscarte un condón y prepararme. Por favor hazme tuyo, penétrame…

Y eso fue suficiente para que las campanas del miedo sonaran en la cabeza del mayordomo. Mischa frenó de pronto todo aquello que había sido inspirado por la situación. Miró con inseguridad y miedo a Yuuri, quien de pronto lo miró con desconcierto.

Penetrar a Yuuri y dejarse penetrar era algo que emocionaba a Mischa pero a la vez lo asustaba. ¿Sería igual penetrar a un hombre como lo era a una mujer? ¿Y cómo sería dejarse penetrar? ¿Dolería mucho? ¿Cómo podría complacer a Yuuri? ¿Y si le hacía daño? No quería decepcionarlo, ¿podría iniciar algo por él mismo? No se sentía en la capacidad de guiar una situación tan compleja, ni siquiera llevado por sus propios instintos.

Yuuri pudo sentir de inmediato el cambio brusco de la situación y se lamentó por no haber pensado con calma antes de reaccionar con deseo.
No podía exigir a Mischa tomar control de algo para lo que quizás aún no estaba preparado.

El chico de cabellos negros quiso hablar, tratar de calmarlo, pero Mischa aprovechó el sonido de la alarma de su celular y se levantó de la cama con el pretexto de que ya era tarde y debía regresar al castillo. Se dirigió a la ducha rápidamente y cerró la puerta, sintiéndose un cobarde y purificándose con agua fría para bajar la calentura que lo invadía.

Yuuri suspiró sin poder decir más. Se sentía frustrado y culpable con la situación que él mismo había iniciado. ¿Cómo hacerle entender a Mischa que era sólo una cuestión de atreverse un poco más? Ya tenían el amor y la confianza hacia el otro, sólo necesitaban un poco más de decisión.

Thorsten Schmidt era el invitado más antipático que habían tenido que atender los empleados de la familia Plisetsky. Era exigente con las cosas que deseaba, inflexible ante sus caprichos y bajo su capa de sonrisas y amabilidad, se escondía algo de altanería y un comportamiento pasivo-agresivo que desencantaba a todo el personal de servicio.

Claro, sabía muy bien cuándo comportarse como un cretino y cuándo no, porque delante de la señora Plisetsky se ahogaba en atenciones y agradecimientos hacia los trabajadores. Decía que todos hacían un excelente trabajo y que estaba muy agradecido con sus atenciones. Sin embargo a solas, el tal Schmidt no hacía más que pedir y reclamar con prepotencia, tildando a algún empleado como incapaz si sus pedidos no eran atendidos de inmediato.

Y es que todos lo pensaban pero nadie lo decía: Thorsten Schmidt era una farsa con letras mayúsculas. Su anfitriona, la señora Plisetsky, era la única que parecía ser ciega ante sus encantos y se desvivía por darle toda su atención. La mujer no movía ni un dedo sin la aprobación de su coach de vida. Siempre estaba pendiente de lo que deseara y aceptaba sus consejos como si estuvieran escritos en algún tomo bíblico.

Pero felizmente no todo estaba perdido. Los hombres de la casa no se habían dejado manipular por su astucia.

Nicolai lo amenazó con su escopeta cuando llegó y, aunque Yuri trató de convencerlo que era un aliado de las fuerzas rusas, se ganó toda su desconfianza cuando dijo que no le gustaba el Rummykub. Desde aquel momento Nicolai lo observaba con recelo, como esperando a que cometiera el más mínimo error para desenmascararlo.

Al principio Yuri trató de ser amable con él, pero logró su antipatía cuando empezó a recomendarle opciones diferentes al patinaje artístico que también podrían ayudarle a “aumentar su estatura.” Según ese hombre, el deporte que practicaba el chico no era lo suficientemente interesante para brillar en el firmamento de las personas de éxito, por eso Yuri había decidido que mandaría todas sus opiniones al demonio.

El tener a los dos hombres de la casa desconfiando de él, hacía que este se comportara con bastante cuidado cuando había alguien cerca. Regalaba sonrisas por doquier y prefería no opinar de más. Eso le había permitido durar varias semanas en el castillo con relativa tranquilidad.

En las mañanas, Thorsten y la señora Plisetsky hacían juntos meditación, pero cada vez que Mischa entraba para dejarles un vaso de jugo o una taza de café en el gimnasio, encontraba a Thorsten Schmidt tocando sugerentemente a la señora Plisetsky, diciéndole cosas sin sentido para que ella se sorprendiera de su sapiencia.

―¡Siente cómo la energía del universo fluye por tus poros y atraviesa la circunspección de tu ser con la energía atómica del Kawaii! ¡Siente el kawaii dentro de ti!

―¡Sí lo siento, siento el kawaii dentro de mi!

A simple vista el hombre buscaba conquistar a la mujer con sus encantos y charlatanería. Se desvivía en halagos hacia ella, la motivaba, le compraba regalos y la hacía sentir “especial”. Pero otras veces Mischa se sentía confundido con sus acciones.

Las últimas semanas, Thorsten se había acercado mucho a Mischa. 
El mayordomo había empezado a sospechar de sus intenciones cuando el coach alemán buscaba oportunidades para cogerlo del hombro o de la mano, susurrándole alguna petición, cuando se quedó un día durante toda la preparación del almuerzo junto a Mischa, preguntándole sobre sus gustos e intereses, sonriendo de una forma lasciva y espantosa. También cuando un día le dijo que se veía particularmente guapo y que su mandil gris claro resaltaba sus hermosos ojos. Lo llenaba de elogios frente a sus compañeros de forma dulzona y ridícula. Pero al ver que nada de lo que hacía funcionaba, Thorsten empezó a buscar momentos a solas en la cocina con Mischa.

Cada vez que tenía que enfrentar situaciones como esas, Mischa le contestaba parco y muy serio. Le dejaba muy en claro que no estaba interesado en sus atenciones pero el otro se desentendía y volvía en otro momento.

Mischa lo detestaba. Definitivamente Thorsten Schmidt se había ganado la antipatía del joven. El mayordomo estaba seguro que pronto terminaría harto de sus insinuaciones y esperaba sólo un paso en falso para enseñarle por las malas que el único capaz de tocarlo era su Yuuri.

Dos días después de la situación fogosa entre su novio y él, Mischa suspiraba por la noche frente a su chocolate caliente, mientras pensaba en todas las ganas y el miedo que tenía de acercarse más a Yuuri. La despedida esa noche había sido algo incómoda, aunque después las conversaciones por teléfono habían sido como siempre. A pesar de todo, algo había quedado flotando en el aire y ese algo lo había dejado preocupado. Amaba la paciencia y comprensión de Yuuri, el hecho de que lo dejara ir a su ritmo sin presiones pero a la vez le desesperaba no saber cómo dar el primer paso, porque se moría por darlo, aunque no supiera cómo.

En medio de esos pensamientos, la voz de Phichit se fue escuchada a lo lejos.

―Mischa, ¿en qué piensas?

El chico salió del ensimismamiento y miró a Phichit avergonzado, como si este hubiera podido leer sus pensamientos.

―¿Yo? No, no pienso en nada.

―A mi no me engañas―contestó Phichit pícaro―, tú estás pensando en Yuuri sobre la cama…

Mischa sonrió tímidamente y siguió tomando un sorbo de su taza en silencio. Pensar en Yuuri se había vuelto su hobby favorito e imaginarse a Yuuri tocándolo y besándolo era su más preciado tesoro. El esbozar un panorama así en su mente volvió a llevarlo a la estratósfera, por lo que volvió a ensimismarse. De nuevo en el limbo no tuvo reparos en hacer una pregunta sin pensar.

―Phichit, ¿tener sexo con un hombre, duele mucho?

Ese fue el final del té de Phichit, que terminó expulsado como propulsor a chorro de su boca hacia el suelo.
Phichit empezó a toser y Mischa se dio cuenta de lo que había dicho, levantándose avergonzado para ir por el trapo y limpiar el piso.

―¡Lo lamento!―Se disculpó decepcionado de su falta de tino mientras pasaba el trapo una y otra vez sobre el mismo sitio. El té hacía mucho que ya no estaba sobre el suelo pero Mischa seguía trapeando con fuerza y dedicación, casi como si esperara con ello limpiar su conciencia.

Phichit sabía que Mischa no podría mirarlo a los ojos. Había sido un momento de flaqueza en él pero lo agradecía porque era parte de su amistad. El chofer había dejado hace mucho la idea de ser sólo el amigo protector de Yuuri. Había aprendido a estimar y a querer a Mischa. Sabía lo enamorados que sus amigos estaban y agradecía al cielo que alguien tan diferente a Adrik estuviera llenando el corazón de su mejor amigo a diario.

―Mischa, deja, ya está limpio.

―No, voy a traer desinfectante…

―¡Mischa, ya siéntate!

Phichit detuvo las acciones del chico, cogiendo el trapeador con sus manos y dejándolo en su sitio en silencio, dándole tiempo a Mischa para respirar.
Se lavó las manos y fue a traer agua para el Mischa, quien se había vuelto a sentar con el rostro encendido y la mirada escondida.

―¡Qué vergüenza, lo siento!―Le escuchó decir.

―Tranquilo, Mischa, no pasa nada. Me sorprendiste, eso es todo.

―Olvida lo que dije, por favor…

―No tengo por qué olvidarlo, es una pregunta válida y me alegro que hubieras recurrido a mi y no que te dejaras llevar por un video reproductivo de Animal Planet.

Mischa tuvo que reír ante el comentario, lo cual calmó sus nervios y relajó los músculos que llevaba contraídos después de la escena.

―Mira, Mischa―explicó con tranquilidad Phichit―, creo que para todos al principio puede ser algo… incómodo. Pero al acostarte con un hombre puedes tener o causar mucho dolor, dependiendo si lo que quieres es tener sexo o hacer el amor, ¿me entiendes?

Mischa lo miró confundido.

―Sexo lo tiene cualquiera―siguió Phichit―, es un acto irracional que sólo busca el placer personal. Si te acuestas con alguien para buscar un orgasmo y no prestas atención también en el placer o molestia de tu pareja, entonces es muy seguro que alguno de los dos llegue a sentir dolor. Pero hacer el amor implica conectarte con la persona con la que quieres tener sexo, pensar también en ella y en sus necesidades. Por tanto tu pregunta sobre si duele o no tener sexo depende de eso. Depende de si lo que quieres es solamente tener sexo o si quieres hacerle el amor a esa persona.

Mischa entendió las palabras de Phichit y sintió tranquilidad al estar seguro que con Yuuri jamás podría ser solo sexo, con Yuuri siempre sería hacer el amor.

―Si en verdad quieres dar ese paso―continuó Phichit―, te felicito. ¡Y ya era hora! Créeme que para Yuuri debe ser una tortura tener en frente el juguete que desea y no poder jugar con él.

―¡Phichit!―exclamó Mischa avergonzado.

―¡Ay no te hagas el santo que no te queda, Mischa Katsuki! Estoy seguro que tú también estás deseoso de penetrar esos parajes indómitos que ven tus ojos.

Mischa quería que lo tragara la tierra. ¿Acaso Phichit no tenía vergüenza para hablar?

―Pero lo primero que debes hacer, antes de cualquier cosa, es proteger a tu pareja. ¿Te has hecho la prueba del VIH?

Mischa se sorprendió ante la pregunta.

―No, creo que nunca, al menos no desde que tengo memoria.

―Pues bien, conociendo a Yuuri, en medio de un momento de calentura quiso mandar al diablo el hecho de que tiene que estar seguro de eso porque te quiere y confía en ti. ¿No es cierto?

Mischa se ruborizó pensando en la escena tan candente de días atrás y afirmó en silencio con la cabeza.

―Bueno, ya me lo suponía pero lo cierto es, querido Mischa, y no me lo tomes a mal, que no sabemos nada de tu pasado. No sabemos de tus costumbres, ni de tus acciones. La verdad es que podrías estar infectado y al final todo terminaría en tragedia.

Mischa no podía reclamar ante ese comentario. Aunque sonara insensible era cierto. No sabía nada de él y no quería hacerle daño a Yuuri jamás. Bajó su cabeza algo triste, pensando en lo irresponsable que había sido al respecto.

―Sé que no le harías daño a Yuuri a propósito―Le dijo con dulzura, dándole ligeros palmazos en la espalda para levantarle el ánimo―, y es por eso que te aconsejo que, si quieres en verdad hacerlo con él, lo cuides y pienses en hacerte ese examen, antes de pensar en todo lo demás.

Mischa sabía que Phichit tenía razón. Lo escuchó atento por media hora más, decidido a dar el siguiente paso. Era necesario para los dos.

―¿Cómo que Mischa no está?

En el garaje del castillo Yuuri parecía no comprender la negativa cuando le preguntó a Phichit por su novio y este parecía estar desaparecido.

―Pues tenía que hacer algo en la ciudad, tú sabes…con Thorsten Schmidt.

―Ja, ja, qué gracioso…

Pero para Yuuri no era nada gracioso en realidad. Phichit no había escatimado esfuerzos en informarle a detalle todos los pequeños avances de ese hombre buscando la atención de Mischa. Incluso Yuuri lo había hablado con su novio y este siempre trataba de tranquilizarlo, explicándole que varias veces lo había tratado de forma muy seca y hasta maleducada para frenar su avance. Eso le constaba a Yuuri, quien lo sabía secretamente a través de Phichit, su espía más confiable.

Pero aún así no podía evitar llenarse de celos al pensar en ese detestable alemán de cabellos rojos.
Mischa era su novio y lo amaba. Ese hombre era un idiota sin gracia que sólo quería molestar, y Yuuri, a pesar de ser un chico muy pacífico y empático, esperaba sólo una oportunidad, alguna actitud de ese tipo frente a Mischa, una pequeña excusa para explotar porque, aunque no era una persona violenta, no estaba dispuesto a aguantar nada a quien quisiera arrebatárselo y menos a ese tal Schmidt..

―¿Estás seguro que no sabes dónde está Mischa?―preguntó algo fastidiado. Había despertado con ganas de sorprenderlo y había tratado de acabar temprano para ir a pasar tiempo con él. Y ahora no podía porque no estaba.

―No, no sé. Ven, siéntate conmigo―contestó su amigo, invitándolo a sentarse con él en el auto que había estado encerando cuando su amigo había llegado a buscarlo. Yuuri se sentó en el asiento del copiloto y Phichit encendió la radio. Yuuri renegaba en volumen bajo, hablando consigo mismo.

―Genial, ahora cómo lo ubico.

―Yuuri…

―Ni siquiera me avisó que saldría.

―Yuuri, escúchame…

―Mmmm, creo que lo llamaré.

Al sacar el celular del bolsillo, Phichit se lo quitó y Yuuri no tardó en renegar.

―¿Phichit, qué haces? Quiero llamar a Mischa.

―Sereno, moreno―exclamó el amigo para tranquilizarlo―, antes de que lo llames, tengo que decirte algo muy importante.

―Ok, dime.

Phichit no tardó en coger un periódico del día en sus manos para darle a su amigo varios golpes sobre la cabeza.

―¡Eres un des-cui-da-do!

―¡Phichit, pero qué demonios!

Phichit detuvo el arrebato unos instantes, mientras Yuuri trató de cubrirse la cabeza con las manos.

―¿Sin hacerse la prueba, Yuuri? ¿Es en serio?―Sin más lo volvió golpear.

―¿Pero de qué diablos estás hablando? ¡Auch!

Phichit dejó nuevamente de atacarlo y colocó sus manos sobre el volante, apretándolo con algo de molestia, tratando de hacer entender a su amigo lo que sentía.

― ¡Puede que estés muy enamorado de Mischa pero dejarte llevar por la calentura y querer hacerlo con él sin saber nada sobre su pasado sexual es lo más estúpido que te he visto hacer! ¡Y eso que te tuve que ver con Adrik!

Yuuri comprendió de inmediato a lo que se refería y suspiró, emitiendo un gruñido molesto poco después.
Phichit siguió llamándole la atención.

―No pueden haber dos adolescentes calenturientos en esa relación, Yuuri. Y Mischa tendría que ser ese, no tú.

―Está bien, lo acepto―dijo a regañadientes―, le pedí que lo hiciéramos. Sé que fue estúpido de mi parte improvisar pero al final no llegamos a nada…

―Y conociéndote, eso fue gracias a Mischa y no a ti…

Ambos amigos se quedaron en silencio, tratando de tranquilizarse y ordenar sus ideas. Luego de unos instantes siguió.

―Lo amo―explicó el ingeniero más tranquilo―, confío en él.

―Sí, entiendo que confíes en el Mischa que conoces pero no en el que tiene amnesia, Yuuri. ¡Son más de 20 años sin saber qué cosas ha hecho en su vida!

―¡Está bien, está bien!

―¿Te has ido a chequear?―preguntó su amigo de forma muy seria.

Yuuri miró a los ojos a Phichit. No podía ocultarle esas cosas a él.

―Sí, cuando terminé con Dema, poco tiempo después de empezar con Mischa…

―¡Ay, muchacho! ¿Por qué siento que cuando se trata de Mischa piensas con otra cosa menos que con tu cabeza?

Yuuri suspiró una vez más. Por mucho que lo lamentara, no tenía forma de refutar eso.

―Esta prueba se llama OraQuick― explicó Hiroko a un Mischa con el rostro escarlata―. Voy a usar este hisopo y sacaré una muestra de tu boca. En teoría podemos tener en media hora un resultado. La prueba en sí es muy confiable pero siempre es mejor estar seguros y hacerte una de ELISA que debería estar lista en dos semanas.

Mischa quería morir. No había sido fácil ir donde Hiroko a pedir que lo evaluara. Phichit se había tomado la molestia de explicarle que Hiroko sería la doctora más adecuada a quien recurrir. Aparte de ser la mejor de la zona, el tratarse con ella evitaría los rumores mal intencionados del pueblo.
Pero tocar su puerta y ver que ella lo tomaba de lo más natural no le había dado mucha tranquilidad.
¿Cómo hacer esta clase de exámenes con la madre de tu novio, que a la vez es como tu madre, sin sentir ni una pizca de vergüenza?

Mischa asentía como robot a todo lo que le decía Hiroko sin saber lo que le estaba diciendo. Se sentía como dentro del mar, con los oídos tapados y no respondía a mayores estímulos.

―Mischa, ¿estás bien?

El chico asintió con rapidez.

―¿Me estás entendiendo?

La cabeza nuevamente se movió.

―¿Sabías que en 1992 fui Miss Universo?

Mischa volvió a asentir.

―¿Y sabías que Toshiya se convirtió en presidente de Rusia en ese mismo año? Estábamos muy de moda…

Cuando vio que Mischa volvió a asentir desesperado Hiroko tuvo que reírse de la situación.

―¡Oh, hijo lindo, tranquilo!―Le dijo abrazándolo y besándolo en la cabeza― Entiendo que estés nervioso pero estamos en confianza.

Desde su asiento, Mischa levantó la mirada, buscando paz en los ojos risueños de su casi madre adoptiva. Encontró en ellos ese mismo tono cobrizo y encendido de Yuuri que amaba.

―Me muero de miedo y de vergüenza―El susurro que emitió, llegó suave a los oídos de Hiroko.

La mujer le dio ánimos abrazándolo con fuerza. Levantó su rostro con sus manos y le regaló una sonrisa.

―No tienes por qué sentirte así―Lo animó―, es parte importante en una relación cuidar a tu pareja y al hacerte el examen lo estás haciendo. Me alegro que hayas venido a mi para eso y me tranquiliza como madre saber que están tomando las cosas con calma y paciencia.

Mischa recordaba aquel día con Yuuri y sabía que no habían reaccionado ni con una ni con otra. Pero no lo confesaría. Mucho menos a Hiroko.

―Gracias por cuidar a mi Yuuri―Siguió la mujer―, él es un buen chico… y tú también.

Mischa tuvo que respirar profundo para no desmayar. La situación lo superaba pero al menos ya estaba allí. Sólo tendría que esperar.

No fue fácil convencer a Yuuri de que Mischa había ido por unas cosas al pueblo. El mayordomo no había querido dar tantas explicaciones y se había tratado de concentrar más bien en mimar a su novio con toda la dedicación del mundo.

La prueba de Hiroko había resultado, para su tranquilidad, negativa pero eso no impedía que se sintiera ansioso por la muestra de sangre que su casi suegra había tomado para mandar al laboratorio.

Al ver a Yuuri trató de calmar sus celos, llenándolo de abrazos, besos y le preparó un café y algunas galletas de vainilla y chocolate que este no tardó en devorar. Phichit estuvo entretenido con ambos hasta que tuvo que ir a recoger al joven Yuri del entrenamiento.

En la cocina, Yuuri se quedó feliz para conversar y así tener un tiempo más con su amado, pero un pelirrojo de ojos verdes llamó por el intercomunicador para pedir atención y así interrumpir la amena conversación.

Mischa emitió un quejido pero ya estaba acostumbrado a sus caprichos. Se acercó a la máquina de café y volvió a preparar algo para aquel hombre. Yuuri, como buen ayudante, se acercó al estante de la vajilla para sacar un plato de la parte baja del mueble y colocar uno de los dulces que había preparado su novio.
Al agacharse, el coach no pudo observarlo cuando entró apresurado a la cocina y se acercó donde el mayordomo.

―Mischa, huele delicioso―dijo entusiasmado, acercándose para hablarle casi en el oído―, me tientas con ese aroma tan fuerte…

Mischa pudo presentir el peligro de tener al hombre tan cerca suyo con Yuuri allí. Su corazón empezó a latir como un bólido. Se separó del hombre y le regaló una mirada fría y molesta.

―Señor Schmidt, espere por favor en la sala, su café está casi listo.

―¿Pero por qué esas formalidades, querido?―Su rostro se colocó frente a frente al de Mischa, cogiendo con su mano derecha su barbilla y con los labios prácticamente sobre el otro―Ya sabes que para ti soy sólo Thorsten…

―Creo que con señor Schmidt ya tiene bastante―contestó Yuuri levantándose, tratando de controlar la ira que empezaba a formarse en la parte inferior de su nuca. ¿Qué se había creído ese tipo para hablarle así a Mischa?

El hombre volteó sorprendido al ver a aquel extraño en la habitación, que parecía haber aparecido de la nada.

―¿Quién eres tú?―preguntó bastante incómodo al saberse descubierto por un extraño.

― Yuuri Katsuki, el proveedor de alimentos de la familia Plisetsky y, además, novio de Mischa.

La mirada penetrante de Yuuri dejó en claro que se encontraban en un campo de batalla. Thorsten Schmidt volteó a mirarlo con desdén de arriba a abajo, analizando cual sería su siguiente paso.

―Vaya, primera vez que escucho de ti.

―Y le aseguro que no será la última tampoco.

El corazón de Mischa empezó a latir desesperado cuando Yuuri se acercó muy decidido a confrontar cara a cara al recién llegado. Ninguno parecía querer ceder y sus miradas eran tan punzantes que parecían querer herir el orgullo del otro. Mischa se dirigió al alemán con imperiosa voz y una mirada molesta.

―Señor Schmidt, por favor espere en la sala, ya le llevo lo que pidió.

Las palabras de Mischa sacaron del trance a ambos, consiguiendo, por suerte, su objetivo. El hombre lo miró y se alejó poco a poco hasta abrir la puerta de la cocina y voltear a ver a ambos para exclamar:

―Muy bien, me iré. ¡Te espero, guapo!

Mischa no pudo evitar gruñir al ver que Schmidt le dedicó un guiño. Ese hombre era tan detestable y sinvergüenza, que no había palabra para denominarlo.

Yuuri no pudo evitar apretar el puño de la mano derecha con mucha rabia. Mischa fue a calmar a su novio sin chistar.

―Tranquilo, no pasa nada.

―Ese tipo está ganándose que quiera patearla la cara.

―No le hagas caso, lo único que quiere es provocar.

―No tiene ningún derecho de hablarte así.

―Lo sé, Yuuri pero tú tampoco puedes alterarte así en casa de mis jefes.

Yuuri suspiró, tratando con ello de soltar toda esa ira acumulada en la nuca y en sus puños. Tenía que controlarse. Mischa tenía razón, debía reaccionar con cautela por el bien de ambos pero, por sobre todo, por el bien de su novio. Con su mano derecha acarició la mejilla de Mischa y le dedicó una mirada llena de dulzura y arrepentimiento, como si se tratara de un niño avergonzado por alguna travesura buscando el perdón.

―Lo lamento, amor. Prometo controlarme más.

Mischa le regaló una bella sonrisa y un tierno beso sobre sus labios.

―Gracias, sé que lo harás.

A partir de ese suceso, Mischa trató de evitar a toda costa tener contacto con Thorsten Schmidt. Por suerte, Yuuko lo ayudó y trató de atenderlo lo más posible.

Por una semana todo estuvo mejor. Yuuri preguntaba todos los días por él pero por suerte no había mucho qué decir. Si bien Schmidt trataba de crear excusas para acercarse a Mischa, lo cierto es que este terminaba siempre cerrándole la puerta en la cara o ignorándolo por completo. Estaba seguro que el hombre no iría a quejarse con la señora Plisetsky. No podría encontrar una buena excusa y por eso no le preocupaba.

Sin embargo, Thorsten Schmidt llevaba una idea en la mente para lograr su objetivo.

Después de casi dos semanas tratando de ignorar al pelirrojo, Mischa se hallaba entusiasmado por la noche del sábado. Había quedado con Yuuri que irían a bailar y eso lo motivaba mucho, sobre todo porque Yuuri no podría pasar el fin de semana siguiente con él a causa de un congreso agrícola a un par de horas de allí, donde había sido invitado como uno de los expositores.

Terminando de poner la mesa para la cena, Yuuko le informó que la señora Plisetsky lo llamaba.

―¿Me mandó llamar, señora Plisetsky?

―¡Ah, Mischa, sí! Ven siéntate.

El mayordomo se colocó sobre el taburete al lado del espejo de tocador.

―Mischa, en dos semanas partiré hacia Moscú con el señor Schmidt. Me quedaré allá por un mes haciendo negocios.

Mischa se emocionaba por dentro. Un mes sin Thorsten Schmidt era como un sueño hecho realidad.

―Me alegro que pueda irse a Moscú, señora Plisetsky, espero que se diviertan.

―Bueno, iremos con Phichit porque necesitaremos movilidad constante y, obviamente, Mischa, te quiero llevar a tí también.

Mischa pestañeó sin comprender lo que decía. ¿Él a Moscú?

―Perdón, no le entendí bien…

―Quiero que vayas con nosotros, Mischa.

―Pero…¿Y quién se encargará de la cocina?

La señora Plisetsky soltó una carcajada que llenó la habitación de forma escandalosa.

―Pues Yuuko se encargará, Mischa, como siempre lo ha hecho antes de que tú vinieras.

―Señora Plisetsky, con todo respeto, no estoy de acuerdo. Hay demasiadas cosas qué hacer aquí.

―Y todas esas cosas se pueden hacer también sin tí―Espetó la mujer―. Mischa, no te estoy preguntando si quieres ir, ya está decidido que vas―dijo la mujer con firmeza―. Estoy segura que harás un buen trabajo como siempre y no sólo yo lo creo. Thorsten está muy complacido con tu desempeño y atenciones. Incluso fue él el que me dio la idea de que nos acompañaras. Sé que no me defraudarás.

Mischa no pudo decir más. De nuevo ese hombre alterando su tranquilidad. Tuvo que asentir en silencio lamentando con todo su corazón que ese tipo existiera en el mundo. Y ahora, ¿cómo se lo iba a decir a Yuuri?

El sábado llegó y Mischa había pensado en cómo decirle a Yuuri que se iría por un mes a Moscú. Odiaba a Thorsten Schmidt con todo su corazón y no quería apartarse de su novio por nada del mundo, no ahora que por fin los resultados de sus análisis habían llegado a Kiritsy y todo era perfecto.

Decidió olvidarse de las penas y pensar en divertirse con Yuuri, disfrutar de la música, del baile y del amor.
Yuuri destrozó a todos con su gracia, belleza y rapidez en la pista. Ciertamente Mischa carecía un poco del ritmo sensual de su amado. Se deleitaba observándolo, la forma cómo se movía, como si no hubiera un mañana, como si todo se delimitara a esa pista y a ellos. Ellos muriendo de amor al fin de cada canción, besándose, acariciándose y perteneciéndose.

La noche le pareció a Mischa muy corta y las ganas de tener a Yuuri para sí mismo aumentaron cuando por fin regresaron a la casa de Yuuri. El ingeniero abrazó a su novio junto a la puerta, provocando una serie de besos delicados, románticos y muy dedicados.

―Me encanta tu perfume―dijo Yuuri besando el cuello de Mischa con delicadeza.

―A mi me encanta que te encante…

Mischa se dejó besar suavemente, aceptando el avance lento de su amado. Yuuri era real, sensual, le daba una carga electrizante sólo con su mirada y ahí, llenándolo de coquetos besos, se embelezaba aún más por él.

―Este fin de semana se me va a hacer tan corto―Entre besos, la voz de Yuuri se escuchaba ronca y sensual―, el otro fin de semana no estaré pero te prometo recompensarte el próximo…

Es ahí que Mischa se sintió algo culpable. No le había dicho a Yuuri nada sobre Moscú y tenía que decirle, era algo necesario. Pero cada vez que sentía sus besos en el oído se perdía en el pequeño placer a su paso.

Trató de respirar despacio, recordando que lo de Moscú era necesario decirlo en ese momento y se armó de decisión, tratando de separarse suavemente de Yuuri.

―Yuuri…―Le dijo entre besos.

―¿Mmm?

―Tengo que hablar contigo…

―Ahora no…

Yuuri lo atacó con besos profundos, imposibilitando que abriera la boca si no era para responder a los besos.
Las manos de Yuuri, ansiosas por recorrer a su novio, empezaron a acariciar su espalda, bajando poco a poco hacia la parte inferior de la misma. Era difícil para Mischa pensar en otra cosa que no fuera su hermoso chico de cabellos negros y se dejó llevar un par de minutos, hasta que ambos detuvieron los besos para tomar aire. Esta vez Mischa estaba más preparado, por lo que detuvo el beso de Yuuri antes de que este se posara en sus labios.

―¡Yuuri!

―¿Qué pasa?

―En verdad tengo que decirte algo importante.

La voz de Mischa, más solemne y seria de lo habitual, le indicó a Yuuri que en verdad era momento de conversar.

―Bueno, dime, ¿qué sucede?

―Yuuri, en dos semanas la señora Plisetsky se irá con Schmidt a Moscú. Allí estarán un mes.

Yuuri sonrió emocionado.

―¡Esas son excelentes noticias!―Con la impulsividad a flor de piel quiso atacar los labios de Mischa otra vez pero este no se dejó.

―¡Yuuri, deténte!

―Ay, Mischa, ¿por qué? ¡Vamos a celebrar!

―No, Yuuri, no entiendes.

―¿Qué es lo que no entiendo?

― Yo…yo me iré con ellos.

Después de esas palabras Yuuri se detuvo para analizar en verdad lo que había escuchado. Su rostro fue cambiando de expresión segundo tras segundo, primero sorpresa, luego confundido, terminando con un rostro muy molesto.

―Espera, ¿me estás hablando en serio?

Mischa asintió.

―Pero…¿Por qué? ¿Quién tomó esa decisión?

―La señora Plisetsky quiere que la acompañe y fue muy categórica…

―¡No puede obligarte!―El tono indignado de la voz de Yuuri resonó de inmediato.

―Yuuri es mi trabajo, tengo que obedecer.

―¡Es absurdo! ¡Yo…yo me rehúso!

―Tú no puedes rehusarte porque no te corresponde nada. Es mi trabajo y, aunque no quiera, iré.

―¡Pero te vas con él! ¡Con ese idiota que lo único que quiere es ponerte las manos encima! ¿Acaso estás feliz por irte? ¿Quieres pasar tiempo con ese tonto?

―¡Hey, creo que acabas de pasar el límite!―Ahora la molestia era de Mischa―. No entiendo cómo puedes siquiera creer que me quiero ir por un mes lejos de ti para irme con ese imbécil.

Yuuri pudo notar el enojo en el tono de voz de Mischa. Sí, había exagerado a causa de los celos. Sabía que su comentario había estado de más. Trató de suavizar su voz, buscando perdón.

―Lo siento, sé que mi comentario fue estúpido. ¡Discúlpame!

Mischa entendía lo que Yuuri sentía. Para él tampoco había sido fácil el aceptar un mes con ese tipo. Las palabras de Yuuri tampoco habían ayudado a que todo fuera más llevadero pero no quiso profundizar la situación y convertirla en una batalla campal, Thorsten Schmidt no lo valía. Suspiró y sujetó con sus manos las mejillas de Yuuri, quien no se atrevía a mirarlo los ojos. Con delicadeza levantó su rostro y buscó la mirada de su amor.

―Yuuri, entiende que yo te amo, y sólo a ti. Thorsten Schmidt es una lagartija que no te llega ni a los talones. Jamás podría preferir a ese tipo por encima tuyo…

Yuuri suspiró avergonzado. Sabía que eso era cierto y en realidad Mischa jamás le había dado razones para dudar. Lo miró con esos hermosos ojos avellana y miel que tanto le gustaban. Eran ojos tristes, pidiendo disculpas.

―Estoy celoso―espetó―, celoso del tiempo que va a pasar contigo, de todas las ocasiones que va a querer tocarte, de las palabras que ese imbécil te va a dirigir…

Mischa lo calló con un beso que fue correspondido con suavidad. Las mejillas de ambos se encendieron, adquiriendo un color rosado brillante. Yuuri fue calmándose, cediendo ante los labios de Mischa, tan cálidos y adictivos. Podía perderse en un beso por horas. Pronto sus labios se llenaron de suspiros enamorados y caricias delicadas.

―Yuuri, no tienes idea de todo lo que me haces sentir―Mischa consiguió decirle―. Eres el primero en quien pienso cuando me levanto y lo único que quiero abrazar antes de dormir.

Esas palabras calmaron el corazón de Yuuri enseguida. Mischa continuó.

―Te deseo, no te imaginas cuánto. Sé que la otra vez fue incómodo para los dos. Tenía muchas ganas de hacerlo pero tuve miedo de dar el siguiente paso.

―No te preocupes…

―No, es que ya no quiero tener miedo―siguió―. Te amo, Yuuri y en verdad quiero estar contigo de todas las formas posibles…por eso me hice el test del VIH.

―¿Qué?―La noticia sorprendió a Yuuri.

―Sí, lo hice y todo está bien. No quería dejarlo pasar. Si vamos a hacerlo, tenemos que hacerlo bien.

―¿Estás seguro?―La emoción de Yuuri lo hizo subir emocionalmente hasta el cielo.

Mischa le sonrió y le dio un beso profundo que caló en ambos. Al terminar, ambos juntaron sus frentes, sintiendo el calor del otro.

―Contigo siempre estoy seguro, Yuuri. De verdad quiero hacerlo.

Yuuri sintió como si una tonelada de piedras hubiese sido sacada de su pecho. Mucha de su inseguridad fue drenada y pronto su corazón fue llenando esos espacios, ahora vacíos, con ternura y deseo.

Mischa nunca dejaba de sorprenderlo y llenarlo de paz, de amor, de pasión. No pudo controlarse, no pudo evitar sentirse atraído como un meteorito por la gravedad.

Atacó sus labios desesperado, buscando cubrir esa necesidad tan primitiva de placer.

―Yuuri, espera…

Pero Yuuri no podía esperar. No cuando toda la semana había pensado en el cuerpo febril de Mischa rodeándolo con sus fuertes brazos durante esas noches en soledad. 
Hablar con él por teléfono no había sido suficiente, tocarse mientras pensaba en él por las noches sólo había causado que terminara todo en sesiones largas de masturbación. Muy agradables, sí, pero aún así carentes de un cuerpo destilante de pasión.

Y Mischa pedía detenerse pero Yuuri no dejaba de apretarle la cadera y los glúteos, llamándolo, invitándolo a sucumbir en su roce y sus besos profundos y sensuales que lo hacían olvidar que estaban en la puerta de su casa. Sin nadie alrededor, claro, pero propensos en cualquier momento a ser descubiertos por algún extraño.

Quizás eso era lo que excitaba a Yuuri más, poder mostrarse orgulloso, llenando la boca de Mischa con experticia y erotismo. Con fuego, con mucho fuego. Llamas invisibles abrazaban inevitablemente ambos cuerpos y sus dedos acariciaban sus plateados cabellos en el punto exacto donde Mischa se sentía más electrizado y ya no podía contenerse más. Yuuri necesitaba provocarlo, necesitaba mostrar que sí quería dar un paso más.

―Mischa, cógeme…

El abogado sólo pudo responder con un gemido y besándolo aún con más profundidad, mientras luchaba con la parte trasera del pantalón de mezclilla de su novio. Sus dedos, juguetones, querían introducirse y coger esos hermosos glúteos que admiraba cuando Yuuri salía, sin vergüenza alguna, desnudo de la ducha. Su mano derecha aún parecía querer controlarse y se encontraba fuertemente cerrada, recostada casi sobre el muro donde se apoyaba Yuuri, quien estaba deseoso porque Mischa en verdad se sintiera esa noche con ganas de hacer más.

Casi de forma automática, Yuuri subió su pierna derecha, logrando un efecto avasallador. Su pene, semi-erecto pero escondido dentro de dos capas de ropa, rogaba por contacto y se lo concedió cuando empezó a sobarse sobre Mischa quien respondió también con una subida y bajada de su entrepierna, lleno de energía volcánica a punto de explotar.

Ambos empezaron a gemir más fuerte. La ropa estorbaba. El muro frío, la luz tenue del farol cercano a su puerta y el sonido de la pared tras ellos no eran dignos de ese derroche de erotismo, Mischa quería cama, deseaba sábanas de hielo para calmar el fuego que se desprendía de su cuerpo.

―Yuuri, llaves…

Fue todo lo que la única neurona funcional de Mischa le ayudó a pronunciar.

El ingeniero llevó la mano de su novio seductoramente hacia el bolsillo de su pantalón trasero, sonriéndole travieso.

―Están aquí dentro, ¿por qué no buscas?

Y vaya que lo buscó. Ambas manos se perdieron de pronto dentro de los bolsillos. La llave fue olvidada y los besos fueron acompañados con unos masajes atrevidos, unos masajes desesperados.
Mischa apretaba sin contemplación, manipulaba con deseo y Yuuri movía sus glúteos para invitarlo a más. Oh, sí, Mischa quería esos glúteos para él. Los necesitaba, y Yuuri se los quería dar por completo.

El sonido de un gato los ubicó de nuevo en la realidad.
Mischa pestañeó y regresó a la búsqueda de las llaves que salieron segundos después del bolsillo de su amado.

Las manos de Mischa, temblando, consiguieron abrir, después de varios intentos, la puerta. No se tomaron la molestia de prender la luz. Era mejor la oscuridad para disfrutar intensamente con el tacto, el momento sobre la cama que esperaba por los dos.

Yuuri no iba a perder esa oportunidad única en un arrebato rápido. Había soñado tanto con ese momento que no se conformaría con poco. Necesitaba saborear a su novio lo más posible, tocarlo y provocarlo, de tal forma que no quisiese otra cosa que no fuera estar en sus brazos.

Ya en el dormitorio, Mischa se deshacía en caricias y suspiros que terminaban como pequeños gemidos. Ambos cuerpos reaccionaban deseosos entre sí y deseaban acortar la poca distancia desde donde se encontraban.
Yuuri le quitó la camiseta lenta y suavemente. Mischa se dejó desvestir, jadeante, ansioso pero a la vez emocionado, buscando los labios de Yuuri cada vez que podía.

Las manos de Mischa no pudieron soportar y también actuaron sobre la ropa de Yuuri. Pocos minutos pasaron para que se encontraran completamente desnudos. Yuuri, con una sonrisa arrolladora, penetró con la mirada a su novio mientras este le quitaba todas las capas de ropa que llevaba encima.

Yuuri lo cogió de la mano y lo llevó a la cama, portando nada más que una sonrisa y una mirada letal. Hizo que Mischa se sentara para el borde de la cama y le besó suavemente la mano derecha.

―Espérame, déjame sacar los condones y el lubricante…

Mischa observó en silencio a Yuuri caminar hacia su mesa de noche, allí donde había una foto de su familia. Este, sin decir nada, la volteó después de sacar lo que estaba buscando.

―No te imaginas cuánto tiempo he esperado por esto―dijo Yuuri acercándose lentamente hacia él.

Puso sobre la cama lo que había traído y se sentó sobre Mischa, quien gimió al sentir el cuerpo de Yuuri sobre él.

Con mucha dedicación, Yuuri lo llenó de besos profundos, anhelantes y deseosos de más. Sus lenguas, prácticamente en llamas, realizaron un ritual que sólo pudo ser intensificado cuando Mischa notó que Yuuri empezó a mover sus caderas y glúteos para sentir a su amado más cerca.
El contacto era demasiado necesario para ambos. Mischa empezó a delinear con sus dedos la espalda y el pecho de Yuuri, quien parecía delirar de placer sobre él, con los ojos cerrados y una sonrisa tenue parecía como poseído.
Mischa podía sentir a Yuuri sobre él, moviéndose de forma lenta y cautivadora, provocando que su miembro reaccionara sin poder evitarlo. Excitado, él empezó también a moverse, buscando rozar los glúteos de su amado y, así de forma instintiva, buscar donde penetrar.

―Espera, Mischa, necesito prepararme.

―Quiero hacerlo yo.

Yuuri aceptó gustoso y cogió tres condones. El primero se lo colocó a Mischa y el otro lo usó para los dedos de la mano de su novio. El tercero se lo puso él. Lo ayudó a colocar el lubricante sobre ambos, jugando con el líquido frío entre sus dedos, tratando de calentarlo.
Luego le indicó que debía ir despacio con los dedos, mostrándole con los suyos la forma como debía moverlos una vez estuvieran dentro de él.

Mischa empezó a preparar a Yuuri observándolo con atención, en búsqueda de alguna señal ya sea gozo o alarma. Al principio, como le había dicho Phichit, la intromisión de sus dedos había causado en Yuuri incomodidad. Trató de moverse despacio, dándole tiempo a su novio para acostumbrarse. Las paredes de Yuuri estaban estrechas y Mischa trataba de animarlo con palabras tiernas en el oído, esperando que Yuuri se relajara. El mayordomo se sentía muy nervioso pero su cuerpo le pedía arremeter con todo. Se imaginaba lo que terminarían haciendo sobre la cama y es lo que lo motivaba a seguir. Yuuri gimió cuando el tercer dedo de Mischa entró en él de forma súbita. Poco a poco Mischa fue adentrándose en Yuuri, quien, después de un rato, fue sintiéndose cómodo con aquellos dedos, moviéndose por momentos en busca de placer.

―Ya estoy listo―La voz de Yuuri, profunda y cargada de deseo, estimuló aún más a Mischa, quien sacó los dedos intrusos y buscó desesperado su miembro. Los ojos de Yuuri eran su perdición, lo miraban hambrientos y seductores.

―Dios, Yuuri, te necesito…

―Estás tan duro, déjame acostumbrarme a ti, yo me moveré, tú quédate quieto.

Mischa hizo como se lo pidió. Y, apenas empezó a sentir las paredes apretadas de Yuuri, tuvo que controlarse para no moverse. Era natural para él esta sensación de plenitud, de querer entremeterse en el cuerpo cálido de su novio. Yuuri gimió, moviéndose lentamente, jugando con el peso de su cuerpo, sosteniéndose con las manos apoyadas sobre las piernas de Mischa. Cada avance era euforia para Mischa, quien veía a Yuuri disfrutar de la actividad.

Yuuri era emoción y chispas que saltaban imposibles de apagar. Cuando por fin recibió todo el miembro de Mischa dentro suyo, suspiró feliz y buscó esos ojos turquesa tan hermosos.

―Eres tan exquisito―Le dijo a Mischa, quien empezó a besarlo teniéndolo por fin para sí.
La estrechez del cuerpo de Yuuri hacía mella en la cordura de Mischa y peor fue cuando Yuuri empezó a subir y bajar sobre él, primero lento, luego más rápido.

Gemidos salían por la boca de ambos, Mischa no sabía qué hacer con esas sensaciones arremolinadas en la parte baja de su cuerpo. Yuuri parecía estar como en un trance, sus brazos rodeaban el cuello de Mischa y se movía sin cesar buscando más fricción, más profundidad. El chico de cabellos plateados no sabía cómo el placer podía intensificarse tanto sólo con ver subir y bajar a Yuuri sobre él, escuchando sus interjecciones, jadeos y su voz ronca diciendo su nombre.
Yuuri se sostenía como podía, regresando a sus labios una y otra vez, Mischa contestaba con las mismas ganas, acoplándose a sus movimientos y vaivenes. Yuuri había deseado tanto ese momento, lo había deseado más que nada, a pesar de que, de muchas formas, ya intimaban. Así siguieron recibiéndose, entre gemidos y besos y suspiros. Yuuri no podía dejar de sonreír al sentirse lleno por dentro, aún más siendo esta plenitud causada por aquel hombre por quien moría de amor, un extraño que había llegado a su vida para enseñarle que podía volver a amar por completo sin tener que negarse a sí mismo.
Mischa, por su parte, se sentía emocionado y excitado por el hombre que tenía sobre él. Un hombre al que le debía todo, por quien estaba dispuesto a tantas cosas, con quien se imaginaba siendo feliz toda su vida.

Yuuri tuvo la necesidad de sentirlo aún más, por lo que fue besándolo, instándolo lentamente a reclinarse sobre la cama, aún estando dentro de él. El ángulo hizo que Mischa pudiera introducirse más en él y eso lo volvió loco. El mayordomo no pudo evitar emitir un gemido abrupto al sentir su miembro adentrarse aún más en terreno inhóspito. Yuuri era bello y también delicioso, lo sentía suyo, tan dentro, caliente y profundo.
El abogado, ya echado, no podía quitarle la vista de encima. Yuuri se hallaba montado sobre él, subiendo y bajando con premura. Su cuerpo agitado y bien esculpido le fascinaba. Mischa lo cogió de las caderas y lo mantuvo firme en ese camino de placer que ambos habían enrumbado.

Yuuri era como un potro salvaje, disfrutando del momento de desenfreno, brillaba por el sudor y gemía casi desvariando, Mischa se alocaba con el ir y venir de su cuerpo, podía sentir cómo lo penetraba, cómo esas paredes estrechas lo acogían y lo llenaban de placer. Y lo llamaba, lo llamaba con una voz ronca porque no quería gritar incoherencias y los gemidos no le hacían justicia a lo que estaba sintiendo. Ver a Yuuri desenfrenado era lo más hermoso que había visto en la vida. No soportó y dirigió su mano al miembro de Yuuri, estimulándolo aún más y causando estragos en ambos. En Yuuri causando que se mordiera la mano para no gritar, en Mischa la satisfacción de ver a su amado deshecho de placer sobre él.

En un arrebato cogió de las manos a Yuuri y lo jaló para que se recline y se ponga sobre él. Este lo siguió y muy pronto siguieron estimulándose con más besos.
En esa posición Mischa pudo recorrer los glúteos de Yuuri, estrujarlos, acariciarlos. Yuuri, por su parte, se movía sin parar y empezó a estimularlo jugando con sus labios, dejando besos sobre su cuello y pezones.
Mischa se sentía feliz y sin embargo tenía aún un deseo muy íntimo. Quería tener a Yuuri sólo para él, quería mirarlo a los ojos y besarlo, sintiéndolo debajo de su cuerpo. Era casi una necesidad para él. No pudo más con las ganas y decidió serle sincero con lo que quería.

―Yuuri, quiero tenerte debajo de mi.

El chico aceptó mostrando una sonrisa cansada, haciéndolos rodar con sumo cuidado sobre la cama.

Es en esa posición que Mischa casi se desmaya de la emoción. Yuuri lo veía embelesado, rodeando su cintura con sus piernas, causando que se introdujera aún más en él. Ambos chillaron de placer.
Mischa empezó a arremeter en Yuuri, llenándolo de besos en la frente, en los labios y el cuello.

Yuuri se dejó deshacer con una bella sonrisa, emocionado de tener a Mischa sobre él, solo suyo, poseyéndolo con fuerza y dedicación.
La única melodía que se escuchaba en esa habitación eran sus nombres y los sonidos guturales que ambos desprendían desesperados.

Mischa aceleró cuando Yuuri gritó enajenado y sintió que había llegado al punto que causaba más placer en Yuuri. Se acomodó y, concentrado en ello empezó a arremeter con fuerza. Tenía la necesidad de penetrar a Yuuri y de que este lo recibiera.

―Mischa…

―Yuuri…

Esas parecían ser las únicas palabras que existían en sus vocabularios.
Mischa y Yuuri eran uno y no podían dejar de serlo. Yuuri besaba a ese Mischa casi desconocido, loco por él, moviéndose con confianza dentro suyo.
Mischa no pensaba, solo sentía ese placer indescriptible que lo hacía gemir sin parar.

Poco a poco Yuuri fue sintiendo el placer escalando a pasos agigantados, haciendo mella en sus músculos, en sus sentidos y su mente. Mischa se movía sobre él emocionado, emitiendo sonidos tan sensuales que no pudo soportar mucho más. 
―Mischa, ya…ya no puedo mucho más…

Siguió recibiendo a Mischa, quien aceleró la marcha y la profundidad hasta que Yuuri, desesperado, no pudo más y gritando el nombre de Mischa, explotó.
Mischa escuchó su grito y segundos después llegó al clímax.

Es ahí que el cansancio pudo ser sentido. Mischa cayó rendido sobre Yuuri y ambos se quedaron unos minutos unidos, jadeando y cansados.
Se dedicaron besos, mimos y palabras dulces. Ambos sentían tanto que no sabían cómo empezar. Se habían amado como habían podido, con la mente, el alma y el cuerpo. Ambos sentían que sus corazones rugían emocionados y extasiados. Ya más tranquilos, Mischa salió de Yuuri y arrojó el condón a la basura. Yuuri hizo lo mismo con el suyo.
Luego de ello se recostaron, unidos en un abrazo, Yuuri rodeándolo y llenándole la cabellera de tiernos besos. Observó enamorado a aquel chico que había encontrado casi muerto en el bosque y no pudo más que adorarlo agotado.

―Eso fue increíble―Las palabras de Yuuri hicieron que Mischa no pudiera dejar de sonreír satisfecho.

―Sólo puedo decir wow…―respondió sincero.

Siguieron besándose un rato más, compartiendo roces y caricias. Yuuri sentía tanto por ese hombre, tanto que era imposible de negar. Buscó sus ojos con ternura, acariciándole el rostro con dedicación.
―Te amo, Mischa― tres palabras imposibles de callar. Y para Mischa era imposible no responder.
―Te amo, Yuuri.

Y allí, en Kiritsy, un par de horas después, dos almas enamoradas se donaron por completo una segunda vez antes del amanecer, felices por pertenecerse con todo el amor que cabía en sus seres.

Artista: Tr Kamaboko / Twitter

Nota de autor:

Noviembre y Diciembre fueron atroces en el caso del trabajo y este capítulo de más de 10 K 😱 lo he alterado, borrado, cambiado y reescrito múltiples veces en ese tiempo.

Siempre me imaginé los primeros encuentros sexuales de Mischa y Yuuri con un Yuuvic pero luego reflexioné y pensé que lo más parecido para Mischa a una penetración heterosexual era asumir un rol activo en su primera relación sexual con Yuuri y por eso es que empieza todo con un Vicyuu…siento que un Yuuvic hubiera sido muy “intrusivo” para él en un primer momento. Y estoy muy contenta con el resultado. Espero que el capítulo les haya gustado.

Y bien, el próximo capítulo ya casi está terminado y es el cierre de este pequeño arco de vuelta en Kiritsy. Thorsten Schmidt es un detestable pelirrojo que quiere conquistar a Mischa y no ha descansado hasta ver que lo llevará a Moscú. Es así que comienza un MUY IMPORTANTE arco en Moscú, en el cual Mischa se enfrentará a una ciudad que le trajo algunos recuerdos del pasado.

Poco a poco el final se va acercando y agradezco a todos mis fieles lectores por su paciencia y buen humor. Los adoro, gracias por seguir aquí.

Publicado por natsolano

Soy una escritora de fanfics desde hace tres años. Amo escribir y quisiera dedicarle más tiempo, amo cantar y amo a Yuri on Ice!! Lo que más me gusta escribir es romance, aunque por algún motivo termino mezclándolo con drama. Además olvidé decir que amo la comedia. Mi pareja favorita de toda la vida son Yuuri & Victor, siempre diré que mi corazón late por el victuuri, pero me considero multishipper ❤

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