AdC 31: “Lo que remueve Moscú”


El agua caliente y el aroma agradable de las sales de baño que inundaban la habitación relajaron poco a poco el cuerpo tenso y agotado de Chris.

No había dormido mucho esa noche y, cuando había podido hacerlo, los sueños habían destrozado su pobre corazón.

Sus manos, acompañadas de un suspiro triste, abrieron la botella de shampoo y el olor a rosas inconfundible se desprendió. Era el distintivo de Victor. Lo sabía porque él mismo le había regalado su primera botella y su hermano se había encantado del producto. Desde ese momento, Victor sólo había querido usar ese shampoo y el frasco que tenía en la mano era uno de los tres que Victor le había regalado en una hermosa canasta de regalo por navidad.

Ahora era lo único que tenía de él.

Chris empezó a analizar la situación vivida y no pudo evitar renegar consigo mismo.
¿Cómo reaccionar ante su hermano y no parecer un loco? ¿Cómo hablarle con otro nombre como si fuera un completo extraño? ¿Cómo expresar su felicidad al verlo sin parecer raro?
La situación era demasiado compleja como para poder entenderla por completo. Chris quería de vuelta a su Victor. La parte más egoísta de él quería tenerlo de nuevo entre sus brazos para cuidarlo y para invitarlo a vivir como él siempre había querido que lo hiciera.

Mischa, sin embargo, era un completo desconocido. Era el alter ego de la persona que más amaba y valoraba en su vida.
Tenía que comprender que Victor no volvería a ser él en un segundo como si se deshiciera de un hechizo. Mischa tenía una vida paralela, una que Chris no llegaba a entender del todo. Pero si en verdad quería a su hermano de vuelta, tendría que tomarse el tiempo para conocerlo de nuevo. Tendría que ganarse su confianza para merecer un poco de su tiempo. Tendría que ser amigo, antes que ser hermano porque en esa vida nueva no había hermano que Mischa pudiera extrañar, pero quizás sí un amigo que deseara conservar.

Suspiró cerrando la llave de la ducha y sintiendo la falta de descanso en todo su cuerpo. Estaba agotado y triste pero decidido. No había pasado por tanto como para rendirse. Le daría una oportunidad a Mischa y decidiría su accionar después de su encuentro.

El hotel Four Seasons se encontraba a pocos metros de la plaza roja. Su diseño cúbico e imponente era un símbolo de la ciudad y sus muebles clásicos combinados con pinceladas vanguardistas le daban un aire moderno y atrayente para cualquier millonario de la ciudad.

Chris vestía elegantemente casual, con esos adorables lentes Gucci que remarcaban su carísimo look. 
Llegó temprano y se permitió mirar a todos lados, analizando a cada uno de los comensales del lugar. Unos turistas ansiosos, otras parejas de moda y algunos ancianos tratando de animar su fin de semana.
Sus dedos empezaron a manifestar su ansiedad y a jugar sobre la mesa, tamborileando inquietos.

Aunque sabía que tenía que seguir el papel que durante la noche había armado, eso no significaba que doliera menos. Quería ver con sus propios ojos lo que quizás el día anterior no había podido apreciar debido al shock y al cansancio. Quería volver a ver a Victor, observarlo y escucharlo con calma para emitir un juicio objetivo, sin dejarse llevar por ansiedad o miedos. Quería comprender a Mischa y no exigir la presencia de un Victor que probablemente no estaba aún en la capacidad de salir al exterior.

Los minutos siguieron pasando y la impaciencia de Chris aumentó. Sabía que Yuuri le había mandado un mensaje por whatsapp para avisarle que estarían por allí recién a las diez y media pero no había querido quedarse en casa.
Empezó a jugar nervioso con el celular, mirando las fotos con Victor, hasta que la voz de Yuuri interrumpió sus pensamientos.

―Chris, buenos días.

El rubio se levantó casi saltando, dándole la mano muy contento y contestando el saludo pero sus ojos se iluminaron al ver a Victor, quien, detrás de Yuuri, esperaba paciente para saludarlo.

―¡Mischa, un gusto!―La mano que le brindó fue estrechada al instante con fuerza y una sonrisa hermosa, de esas que sólo Victor podía mostrar.

Y así empezó el festín. Entre platos con fruta, jugos de todo tipo, panes, cereales y embutidos, la charla fue poniéndose muy amena. 
La verdad, Yuuri era un chico muy agradable, correcto y muy educado. A Chris no le había costado mucho el encantarse con el ingeniero. Victor, además, parecía bastante cómodo allí, participando de la conversación con soltura y gracia, esa gracia que Chris le conocía cuando el hermano se sentía en completa confianza.

Chris habló mucho. Les contó anécdotas, chistes, les contó de su vida plástica, de las luces, de su contrato con Dior y de sus compañeros artistas. 
Chris estaba en su elemento en ese hermoso y caro restaurante. Brillaba en medio del local, encantador y único como era, siempre amable y de fácil discurso.

Mischa lo veía con cierta admiración, observando lo desenvuelto que podía ser, lo cordial que era con los mozos que se desvivían por retirarle un plato tan pronto lo vaciaba, y lo sonriente que saludaba a alguien conocido que entraba al restaurante. Chris era muy apuesto, elegante y muy amigable, además de atento y gracioso. Poseía muchas cualidades que Mischa deseaba también para sí mismo. No sabía por qué pero Chris había ganado de inmediato un lugar en su corazón y se interesó genuinamente por él.

Una hora después de una charla amena los tres habían entrado en confianza y parecían viejos amigos emocionados por haber logrado tal encuentro.
Yuuri se reía y conversaba con ambos. De cuando en cuando apretaba la mano de Mischa y con su dedo pulgar sobaba la palma de su mano con cariño, obteniendo como respuesta miradas y sonrisas tiernas de su amado.

Chris observaba absorto las expresiones de afecto de ambos. Las miradas cómplices, las sonrisas coquetas, las caricias sutiles y compartidas que ambos intercambiaban cuando parecía que nadie los veía. Yuuri y Victor lucían realmente enamorados. No sabía quien más que el otro.

Y Chris tampoco podía creer que aquel hombre frente a él era Victor. Ahora que podía observarlo con detenimiento, podía notar muchas cosas que el día anterior, en medio de la oscuridad de la noche, habían pasado totalmente desapercibidas por él. Su tez estaba bellamente bronceada, ya no estaba pálido y ahora lucía un cuerpo esbelto y bien formado. Se veía mucho mejor que antes. Victor era como un cisne que había crecido para mostrar todo su esplendor. Y ni qué decir de su forma de hablar, más segura, más abierto a expresarse que nunca, contando anécdotas de las actividades que hacían en Kiritsy, las películas que habían ido a ver al cine, las comidas que habían preparado juntos, el camping de terror y las actividades en el campo. Se reía amenamente con Yuuri, hacía comentarios sarcásticos y se atrevía a exclamar sus opiniones con soltura.
Chris no podía creer lo que escuchaba.

¿Ese era en realidad Victor?

Sí, lo era. Ese era él. Pero era un Victor que había empezado a vivir, que no gastaba más de cinco minutos para contar lo que hacía en el trabajo. Que tenía pasatiempos, sueños, planes para viajar.

Era Victor, sí, pero con una vida feliz y Chris podía jurar que eso era lo que más le dolía, porque en esa vida no estaba inmerso él. Él, que se había matado por hacer entender a su hermano que vivir no era eso que llevaba Victor haciendo por tanto tiempo. Él, que lo amaba tanto y creía que era lo único que lo ataba a su familia maltrecha y rota. Él, que lo había cuidado durante tanto tiempo hasta ese maldito día en el que había decidido que estaba bien dejar a Victor a su suerte. Ese único día en el que él no había estado allí para salvarlo.

Y por un momento quiso odiar con todo su corazón a Yuuri por robarse a su hermano pero no pudo, no pudo porque lo único que podía salir de su corazón era alegría al ver que por fin Victor vivía su vida.

Perdido en medio de sus pensamientos como estaba, Chris se sorprendió cuando Yuuri pidió permiso y se levantó para ir al baño, dejándolos a ambos hermanos solos. Victor le decía que extrañaría la ciudad porque le gustaba que fuera tan grande y llena de vida.
Y Chris lo entendía. Victor era un hombre de ciudad y había crecido en ese ambiente, rodeado de luz, de gente, de reuniones con personas de mucho dinero. Ahora vivía una vida tranquila de pueblo y alejado de él.

La parte egoísta de Chris quería aprovechar el momento para decirle a Victor sobre la vida que había dejado, sobre la familia horrorosa que tenía y sobre el hermano que había llorado tantas noches por él. Pero su mejor parte, aquella que sólo conocía Victor, sabía que sólo se moría por saber una cosa.

―Y dime, Vic… Mischa… ¿Eres feliz?

Victor se sintió sorprendido ante tal pregunta. ¿Era feliz? Tenía un buen trabajo que le permitía darse algunos gustos, tenía a la familia de Yuuri que adoraba como a ninguna en el mundo, tenía pasatiempos, amigos y una buena vida. Y, sobre todo, tenía a Yuuri, que era su felicidad hecha persona, que lo aceptaba como era y lo había rescatado de la muerte una noche en medio del bosque.

Victor le mostró la sonrisa más bella que Chris jamás había visto en su vida, una sonrisa amplia, pura y llena de verdad.

―Sí―contestó―, soy muy feliz.

―Amas a Yuuri, ¿verdad?

La respuesta era obvia aunque eso no evitó que se sonrojara en el proceso. No había forma de negarlo pero era una pregunta íntima que ahora, conociendo los fuertes sentimientos que Yuuri y él se profesaban mutuamente, era imposible de no contestar.

―Lo amo, lo amo demasiado―fue lo que dijo, incapaz de mentir―. Él me encontró tirado en medio del bosque sin pasado, sin familia, sin nada más que unos terribles cortes y unas fracturas. Sin saber quién soy o si era una buena persona. Y aún así me acogió y llevó a su casa, me brindó su amistad y después su amor y me dio también la oportunidad de amar a su familia, que es la más adorable que he conocido en toda mi vida.

―¿Y ellos saben que ustedes..?

―¡Oh, sí!―dijo Mischa, algo avergonzado y se rió―. De hecho sus padres nos querían ver juntos desde siempre. Hiroko y Toshiya son las personas más hermosas que he conocido en mi vida, son como unos verdaderos padres para mí.

Escucharlo hablar así fue como un cuchillo y a la vez un bálsamo para Chris. Dolía pero sabía que era algo muy bueno para él.

No podía quitarle una vida tan feliz por simple egoísmo. No viendo cómo Victor era incluso una mejor persona que antes, decidido, más fuerte y, sobre todo, con una vida.

A Chris se le hizo un nudo en la garganta y de pronto varias lágrimas rodaron por sus mejillas sin poderlas contener pero aún así sonrió a medias, con lo poco de fuerza que le quedaba.

―Chris―Victor se preocupó. Chris volvió a ponerse muy emotivo―, ¿estás bien?

¿Cómo decirle a un hermano que se va a ir que no, que volverá a sufrir pero que está bien mientras él fuera feliz?

― Sí, lo siento―Con una servilleta se secó el rostro y trató de calmarse―. Me quedé pensando en algo que hoy me quito el sueño pero olvídalo. Mischa, me alegra saber que eres feliz.

No era fácil para Chris aceptarlo pero no iba a luchar contra la vida feliz de Victor. Si no había podido proteger su vida en un momento de peligro, por lo menos ahora protegería su felicidad.
Sacó de su billetera una hermosa tarjeta de presentación, se la ofreció a su hermano y le habló con la voz quebrada.

―Mischa, me has caído muy bien y la verdad me gustaría seguir en contacto contigo. Algo me dice que en algún momento me vas a querer buscar. Cuando eso pase, créeme que estaré disponible para ti. Para cualquier cosa. Por favor, si necesitas algo no dudes en pedírmelo, lo haré gustoso.

El ofrecimiento de Chris fue muy sincero y a Mischa le pareció un lindo detalle, el cual apreció cogiendo la tarjeta y agradeciendo por ella.

Segundos después apareció Yuuri y el momento entre hermanos se quebró. Fue entonces Mischa quien se excusó para ir a los servicios.

Aunque siempre le había agradado Yuuri, la situación era incómoda para Chris. ¿Cómo explicarle que se estaba llevando la cosa más importante que tenía? ¿Cómo decirle que ese chico que estaba allí era otro y que tarde o temprano tendría que regresar a ser el de antes? Tenía que decirle algo, lo que fuera y es ahí que Chris aprovechó para cruzar con Yuuri algunas palabras sobre Victor.

―Yuuri, sé que Mischa no recuerda nada de su pasado. ¿Cómo te sientes al respecto?

Yuuri se sintió sorprendido por aquella pregunta, sobre todo viniendo de Chris. Pero, aún así, sentía que no había razón para ocultarle sus sentimientos. Chris parecía un hombre muy empático y probablemente no lo juzgaría.

―Pues me da algo de miedo―Yuuri escogió muy bien sus palabras, tratando de no explayarse―, no por lo que Mischa pueda ser en realidad, sino porque no quiero que algún día recuerde las cosas y se vaya, olvidándose de lo que deja atrás…

―Pero, ¿y si el verdadero Mischa es una persona muy diferente a la que crees?

―Un nombre cualquiera no define a las personas, Chris―las palabras sonaron como reproche―. Conozco a Mischa, sus sentimientos y su forma de ser. Es un hombre tierno pero fuerte, muy inteligente y gracioso. Mischa es un hombre transparente y no creo que algo pueda cambiar esa inocencia tan suya que no parece real a veces.

Chris podía sentir el amor destilando por los poros de Yuuri y, a su manera, lo agradecía. Sabía que Yuuri jamás podría hacerle daño a Victor.

―¡Vaya que estás enamorado!

Yuuri lo miró con el rostro encendido. Lo que sentía era obvio y muy real. Y justamente por eso no tenía intención de negarlo.

―Amo a Mischa, es el mejor hombre que he conocido en mi vida.

Chris no pudo evitar sentir el mismo nudo en la garganta de momentos atrás. ¿Cómo la vida de Victor había podido alterarse de tal forma que había conocido el amor en otro hombre, ese hombre que se hallaba junto a él, enamorado hasta la médula? Quizás saberlo tan ilusionado por el amor de Victor fue lo que, en el fondo, lo asustó.
Entendía sus sentimientos pero temía que no fuesen suficientes cuando el momento llegara.

―Puedo ver que se aman mucho y me alegra. Pero Yuuri, creo que debes prepararte. Llegará un momento en el que Mischa recuerde su vida y quizás…quizás en esa vida no haya espacio para ti…

Yuuri asintió pero no quiso oír más de ello. Un miedo empezó a cubrir un pedazo del corazón pero trató de esquivarlo. No quería pensar en lo que pudiera venir. Le bastaba el presente que tenía con Mischa, un presente que amaba y valoraba más que cualquier cosa en la vida.

La despedida de Chris fue una muy sentida. El rubio agradeció el tiempo concedido y abrazó muy fuerte a ambos. Les pidió  que se cuidaran  y a su hermano que no se olvidara de contactarlo.
Les deseó una linda estadía en Moscú y les ofreció su ayuda para cualquier cosa. Les pidió, además, que le avisaran la próxima vez que estuvieran allí para poder reunirse de nuevo.

Cuando llegó la hora, Chris se alejó de ellos y al marcharse, de espalda a ambos, no pudo evitar derramar algunas lágrimas. Su corazón se hallaba sensible y preocupado. Otra vez tenía que dejar que Victor desapareciera de su vida sin poder hacer más.

Yuuri y Mischa se sintieron felices por poder empezar el día luego de un delicioso desayuno.
Yuuri llevaba una bolsa que había llamado la atención de Mischa durante toda la mañana. El abogado la había visto preparada al salir de la ducha y Yuuri no había querido explicarle nada.
Unas estaciones con el metro y, cuando bajaron en la estación Oktyabrskaya, Mischa supo de inmediato que irían al hermoso parque Gorky.

El sitio no le era nada ajeno a Mischa, quien lo reconoció de inmediato y se alegró al ver que ese fin de semana el clima estuviera tan bueno.
Eso, obviamente, hizo que el parque estuviera poblado de gente ávida de un paseo por esas enormes áreas verdes pero Yuuri sabía muy bien donde ir.

Como buen novio buscó de inmediato un heladero y caminaron un buen rato conversando, muy felices y tomándose fotos al lado de las edificaciones, los hermosos jardines cuidados llenos de flores y los diversos puestos ubicados por todo el parque para recrear a los moscovitas.
Mischa se sentía de pronto en Kiritsy, sólo que con mucha más gente alrededor y disfrutó de la larga caminata y la compañía de su novio.
Poco más de una hora después de haberse entretenido, Yuuri llevó a Mischa a uno de los lados escondidos del parque, al lado de una pequeña canaleta que tenía patos en ella. Las flores rojas aún brillaban alrededor y, en un punto alejado de curiosos, Yuuri se detuvo, abrió su bolsa y sacó un mantel enorme que estaba bien doblado. Mischa se sorprendió gratamente del lugar alejado de curiosos por lo que, feliz, ayudó a Yuuri a poner el mantel sobre el jardín. Cuando ambos se hubieron sentado, Yuuri sacó dos cosas más de la bolsa: dos libros de los que habían comprado el día anterior, cada uno con un separador y los lentes de lectura de Mischa, quien se emocionó ante la propuesta poco indecente de su novio.

Ambos se recostaron y disfrutaron de un largo momento en silencio mientras los patos nadaban cerca y uno que otro pájaro venía de cuando en cuando a hacerles compañía.
Era el momento perfecto para ser feliz. Simple, sencillo, nada caro. Era algo que Yuuri haría por simple placer. Al ver después que nadie se acercaba por la zona, Mischa decidió recostar su cabeza sobre el vientre de Yuuri, mientras este dedicaba el tiempo para pasar las hojas de su libro. Una hora después Mischa levantó la mirada para observar a Yuuri roncar muy satisfecho y, movido por la ternura del momento, se acercó a él para darle un beso en los labios, beso que despertó un poco a Yuuri, quien sonrió feliz y le brindó su brazo para que Mischa se recostara junto a él, cosa que hizo gustoso.

La tarde se pasó entre ronquidos, risas y mucho amor. Ya cuando el sol empezaba a bajar, ambos decidieron darle fin a su día en el parque, felices y muy descansados. Moscú podía ser hermoso y tranquilo, pensaba Mischa, mientras volteaba de cuando en cuando a ver a Yuuri, tan hermoso, tan lindo. Y él estaba tan enamorado.

Bajaron con el metro hacia el centro de la ciudad y pronto Mischa vio en una de las paradas el letrero del paradero de Arbat. De pronto sintió que algo se removía en su cabeza. Arbat era su distrito. ¿Cómo podría olvidarlo? ¡Cuántas veces había bajado allí, caminando hacia su casa!
Emocionado le dijo a Yuuri que tenían que bajar allí y, confundido, Yuuri aceptó de inmediato.

Cuando Mischa y Yuuri subieron a la superficie, Mischa quedó emocionado ante la vista.
Era su calle, estaba seguro que por ahí vivía, algo en su corazón se lo decía.
Empezó a animarse, contándole a Yuuri que tenía el presentimiento de haber vivido por ahi. Estaba seguro que por ahí estaba su casa y se sentía eufórico, cada vez más cerca a saber algo de su anterior vida.

Pero Yuuri tembló. No se sentía listo para eso, no cuando Chris había colocado en su pecho un pequeño miedo que no quería que creciera más. Se llenó de angustia pero sólo atinó a esforzarse por otorgarle una sonrisa.
Caminaron por la hermosa calle de peatones, llena de vida y de gente. Los edificios elegantes, las tiendas distribuidas por el perímetro, los visitantes y los moscovitas, todos se fundían en una masa que deleitaba el corazón de Mischa.
Ese era su mundo, de eso no tenía dudas y se alegró, contándole de pronto a Yuuri todo lo que sabía de los alrededores.

Y Yuuri seguía temblando por dentro. Quería saber pero también le aterraba. ¿Y si alguien lo reconocía? ¿Y si se cruzaba a su familia?
Un ataque de pánico empezó a crearse dentro de él. De pronto la advertencia de Phichit adquirió sentido en su corazón.

¿Estaba preparado para aceptar a Mischa con otro nombre y otra vida? ¿Y si todo era como le había dicho Chris y en la vida real de Mischa no había espacio para él?

Sus pasos se volvieron lentos y su corazón acelerado le impidió emitir palabra. De pronto Mischa lo miró preocupado, al ver que Yuuri estaba pálido y no respondía a su nombre.

―Yuuri, ¿te encuentras bien?―el tono preocupado de Mischa hizo que Yuuri se avergonzara. ¿Cómo podía decir que lo amaba si tenía miedo de saber más de él? Hizo un esfuerzo para tomar aire y tratar de sonreír sin mucho éxito.

―Estoy bien, Mischa. Discúlpame, no sé qué me pasa.

Mischa le cogió la frente y trató de percibir calentura pero fue en vano. Sintió, sin embargo, que era tiempo de darle tranquilidad.

― Amor, mejor vamos al hotel…

El chico quería decirle que no, que esa caminata era importante porque era parte de su vida, una vida que él también quería conocer. Pero no pudo. No pudo porque recién le había expresado lo mucho que lo amaba y se sentía avergonzado de ser egoísta y querer a Mischa sólo para él.

―Lo siento, amor…―fue lo único que dijo y a Mischa no le importó, en ese momento ya había estado donde había querido y ahora lo más importante era el bienestar de Yuuri. Se había esforzado tanto por hacer de ese paseo uno perfecto que no le importó detenerlo allí.

―No te preocupes, amor, vamos al hotel para que descanses.

Mischa y Yuuri se dieron la vuelta en dirección al metro. El mayor no pudo evitar voltear a ver aquella calle antes de bajar. Ese día la había evitado pero algún día la tendría que enfrentar.

Una vez en el hotel Yuuri se sintió más tranquilo. Mischa lo dejó acostarse y se echó junto a él con el libro que había tenido horas antes en las manos.
No se explicaba por qué Yuuri se había puesto así pero esperaba que pronto se le pasara y ambos pudieran disfrutar su última noche en Moscú.

Yuuri quedó un par de horas dormido y se sentía mucho mejor después del descanso. Encontró a Mischa dormido con la cara hacia su lado y los lentes algo caídos, el libro abierto y echado sobre su vientre. Se estremeció. Jamás se cansaría de observarlo. Mischa le robaba el aliento y alteraba su corazón.

Yuuri levantó con cuidado el libro, lo colocó sobre su mesa de noche y estaba sacando los anteojos de Mischa cuando este despertó.
Encontrarse esos ojos vivos y celestes frente a él eran su razón para sonreír.

―Lo siento, te desperté…―Mischa sonrió dulcemente, con los ojos aún semiabiertos.

―Está bien, Yuuri. No le digas a nadie pero eres el único que tiene el permiso para despertarme todas las veces que quieras…

Vino una sesión de hermosos y delicados besos, adormilados y cariñosos, que los fueron despertando poco a poco. Ambos amaban estar junto al otro y ese fin de semana les había servido para acercarse aún más.

Se besaron sin premura, con algo de deseo pero con mucho amor, se llenaron de caricias y de palabras dulces, acompañadas de sonrisas y más besos. Se amaban. Se amaban de verdad y sólo querían disfrutarlo. Se lo dijeron al otro sin cansancio, con el alma puesta a su disposición, seguros de que no había mejor momento que el momento cuando estaban juntos, sin importar en dónde ni cuándo.

Luego de su sesión de cariños, besos y arrumacos, ambos se quedaron abrazados, conversando un poco más de sus planes una vez que Mischa regresara al castillo. Ninguno lo quería, no cuando en ese tiempo su amor había crecido tanto, pero siempre Mischa tendría el tiempo de Yuuri por las noches y los fines de semana.

Hambrientos, cedieron a sus necesidades corporales y se arreglaron para salir a comer. Yuuri aseguró que tenía una reservación en un bonito restaurante y el saco gris que había llevado Mischa a Moscú le pareció perfecto para la ocasión.
El restaurante no quedaba lejos del centro, por lo que lo alcanzaron entre risas y conversaciones en veinte minutos de caminata.
Era un hermoso restaurante en una calle paralela a la avenida principal, tranquilo y elegante.
Mischa se sintió muy complacido con la elección de Yuuri. Pudo leer con tranquilidad la carta en francés y hasta pidió un excelente vino que combinaba genial con lo que habían pedido.

La cena se dio de manera muy normal. Yuuri y Mischa relajados, sonrientes y tranquilos. Felices y disfrutando de su última noche en la capital, una ciudad que les había traído muchas cosas pero, sobre todo, les había dado la oportunidad de expresar todo lo que sentían por el otro.

A mitad de la cena dos personas entraron al local y una hermosa mujer robó la total atención de Mischa. Era una bella chica de ojos azules y cabello rojo, con un vestido despampanante y muy caro. El corazón de Mischa empezó a latir de forma acelerada y su cabeza le comenzó a doler nuevamente.
No pudo explicar la razón pero al momento supo de quién se trataba.

―Mila Babicheva―susurró pálido mientras Yuuri le contaba una anécdota.

―¿Qué me dijiste?―preguntó Yuuri sin entender.

Mischa recordó con quién estaba al escuchar la voz de su novio. Yuuri no se había sentido bien en la tarde y no quería preocuparlo por gusto. Decidió minimizar la situación y negó que hubiera dicho algo y se disculpó, tratando de enfocar su atención a su novio, sonriéndole y haciéndole preguntas.
Sin embargo, el bichito de la duda había dejado su corazón inquieto. Conocía a esa mujer y estaba seguro que la conocía muy bien. Su cabeza empezó a doler y, aunque se esforzó por mantenerse neutro, ya no pudo dejar de voltear a mirar durante la cena el perfil de aquella sirena que le sonreía a su acompañante.

Mischa trató de guardar la compostura durante el resto de la cena esforzándose por prestar doble atención a las palabras de Yuuri pero dentro de él sus pensamientos volaban. ¿Qué relación había entre Mila y él? ¿Por qué el dolor de cabeza había empezado tan pronto la había visto? ¿Qué parte de su vida pasada estaría conectada a ella? 
La chica lo atraía por una extraña razón. Tenía la sensación de que, si la miraba lo suficiente, quizás llegaría a descubrir quién era.
Nervioso pero tratando de aparentar tranquilidad, Mischa agradeció a los cielos cuando Yuuri pagó la cuenta y lo invitó a regresar al hotel. Se levantó más calmado y se fueron complacidos por la cena.

Al momento de salir, sin embargo, la cabellera inconfundible y plateada de un hombre de espaldas en la puerta alertó a la bella mujer, quien movió su cabeza de un lado a otro para observar a través de la ventana a dicha persona. Sus ojos se agrandaron al ver salir a aquel hombre hermoso que venía acompañado por otro chico. Su acompañante notó de inmediato el rostro anonadado de Mila y le preguntó.

―Mila, ¿estás bien?

―Oye…¿Ese no es Victor?

El hombre que estaba con ella volteó preocupado al escuchar aquella idea y lo buscó desesperado con la mirada.

Pudo apreciar el perfil del muchacho que se alejaba del local y subía la calle donde se ubicaban y le brindó una sonrisa enorme a Mila, tranquilizándola.

―Pues sí, Mila, parece ser Victor. Qué bueno que ya regresó de su viaje…

Mila no podía esconder muy bien sus sentimientos de sorpresa pero Celestino…él no tuvo problemas para hacerlo mientras pensaba cómo diablos había hecho Victor Nikiforov para regresar de entre los muertos…

Nota de autor:

Bueno, el mini arco de Moscú llegó a su fin y muchas cosas se han removido de la caja de los recuerdos de Mischa.
Es imposible pensar que a partir de ahora Mischa seguirá tranquilo sin mayores cambios porque los recuerdos están allí, deseosos de salir a la superficie.

¿Alguna idea de lo que puede pasar?

Publicado por natsolano

Soy una escritora de fanfics desde hace tres años. Amo escribir y quisiera dedicarle más tiempo, amo cantar y amo a Yuri on Ice!! Lo que más me gusta escribir es romance, aunque por algún motivo termino mezclándolo con drama. Además olvidé decir que amo la comedia. Mi pareja favorita de toda la vida son Yuuri & Victor, siempre diré que mi corazón late por el victuuri, pero me considero multishipper ❤

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