Sin Límites: V. Nuevos sentimientos


Os dejo el capítulo 5. Algo comienza a cambiar en nuestros protagonistas, nuevos deseos y nuevos objetivos se abren paso. ¿A qué llevarán?

Advertencia: este capítulo contiene lenguaje maduro explícito.

Habían pasado dos semanas desde el ritual de apareamiento. La ciudad había recobrado la calma, sustituyendo el crear los preparativos para la fiesta por sus quehaceres cotidianos, aunque las vidas de algunos habían dejado de ser tan cotidianas.

Las nuevas parejas disfrutaban de unas muy dulces lunas de miel, preparándose para vivir juntas y que sus familias comenzaran a confraternizar, arreglar los trámites y bendecir las uniones esperando que no pasara mucho tiempo antes de ver pequeños correteando y llenando la ciudad con sus risas.

Los cambios también habían sacudido a Yuri que había pasado de vivir en la soledad de su habitación, sin que nadie osara molestarlo, a ser visitado por JJ día sí y otro también. Podía encontrarse puertas y ventanas cerradas qué el joven y ruidoso alfa se las ingeniaba para llegar hasta él. Incluso si afuera llovía y tronaba él llegaba, empapado hasta los huesos, pero llegaba. Siempre estaba dispuesto a pasar tiempo con él, aunque fueran escasos minutos merecía la pena.  Y Yuri no podía entenderlo. Se había esforzado en ser desagradable y hasta odioso con el alfa pero, lejos de espantarlo, JJ sonreía de forma brillante cada vez que veía su rostro.

La insistencia de Leroy siempre le hacía alcanzarlo, daba igual los baches que se encontrara. También era en parte gracias a que daba igual la orden que Yuri diera, las doncellas betas que ya trataban a JJ como si éste también fuera el amo de la casa, desobedecían sus propias normas por hacérselo más fácil al alfa.

Esas “viejas chismosas” según el omega, se agolpaban en los ventanales suspirando cada vez que veían entrar al guapísimo alfa montado en su caballo y, se apresuraban a traerle postres caseros o ropa seca en el caso de que la necesitara.

No hacía falta explicar lo irritado que estaba Yuri con todo. Le irritaba cuando JJ aparecía por la puerta a pesar de haberlo prohibido expresamente. Le irritaba pasar el tiempo con él y le irritaban los sonrojos que él le provocaba. Le irritaba la sensación intensa y angustiante que se instalaba en su pecho cuando Jean Jacques Leroy llegaba un sólo minuto más tarde de la hora a la que había prometido estar y le irritaba porque esa sensación suponía reconocer que anhelaba verlo.

Jean entró en la habitación después de llamar a la puerta. No esperaba a que el dueño de la habitación le diera el permiso de pasar porque eso jamás ocurría. Tenía un pastelillo de arándanos a medio comer en la mano y Yurio frunció el ceño nada más verlo, de nuevo las doncellas habían estado mimando a su alfa sin consentimiento.

—¡Te pondrás gordo si sigues comiendo así! ¡y nada me irritará más que tener un marido gordo!

—¿Eso quiere decir que ya me aceptas como esposo? —le respondió suspicaz con media sonrisa. Yuri desvió la vista, irritado.

—No te preocupes por eso, quemo las calorías fácilmente así que no engordo. Traje esto para ti.

Y tras decirlo, Jean le entregó un ramo de flores grandes y blancas.

—¿¡Huh?! ¿Otra vez lirios? —el alfa le había traído regalos todos los días: dulces, joyas, algunas figuras extranjeras artesanales de incalculable valor y ropas de seda dignas de la realeza, pero entre sus regalos favoritos estaban los grandes ramos de lirios blancos y lazos verdes que ya llenaban toda la casa.

—No es como si fuera mi culpa que ellos me recuerden a ti. Los lirios representan la pureza más angelical, tus padres no pudieron escoger un nombre mejor—. Yuri desvió la vista, disimulando un sonrojo, debía estar ya acostumbrado a los halagos coquetos que Jean le dedicaba de forma charlatana. Normalmente le hacían apretar los dientes y maldecirlo en voz baja pero últimamente parecía que este coqueteo se había vuelto más efectivo o él estaba encontrando mejores piropos.

Yuri se limitó a fruncir el ceño con un puchero mientras Jean colocaba el ramo sobre una mesa pequeña de su habitación.

—Hace un día precioso fuera, podemos hacer lo habitual en dónde yo hablo y tú haces como si no existiera o podríamos sacar los caballos y pasear.

Yuri se mordió el labio, pensando en que eligiera lo que eligiera no se iba a librar de la compañía del moreno y, aunque le doliera reconocerlo, el cabalgar estaba entre sus pasatiempos favoritos.

Con todo lo que había pasado casi no había salido de casa, ni siquiera había podido desahogar sus problemas con Otabek que ya nunca estaba en su habitación. Se moría por respirar aire fresco y trotar como un espíritu libre, incluso si tenía que ser en compañía del idiota.

Aceptó a regañadientes, fingiendo que hacía un gran sacrificio. Igualmente, Jean era inmune a sus gruñidos. Ensillaron los caballos para cabalgar rumbo al bosque Raíces y no pasó mucho tiempo hasta que Jean le propuso una carrera que encendió la llama competitiva del gatito.

Yuri tenía talento natural para montar y no había pasado pocas horas haciéndolo. Espoleando el caballo, el pequeño omega comenzó a cabalgar como toda una amazona, su cabello dorado ondeaba al viento y sus ojos decididos y salvajes se mantenían fijos en el horizonte. Jean lo seguía de cerca, así que decidió zigzaguear entre los árboles para perderlo de vista. Iba a ganar a ese engreído alfa al menos una vez en su vida.

Una sonrisa maliciosa se formó en su boca cuando vio que el alfa no lo seguía, debía de haberse quedado bastante atrás.

Jean no vivía en esa ciudad, sólo era un visitante desagradable. No podía conocer su bosque tan bien cómo él, que se había criado allí, así que Yuri se permitió saborear la victoria. Cinco minutos después el moreno no había regresado y un sentimiento amargo parecido a la culpa comenzó a brotar en su estómago. ¿Se habría perdido?

No, no podía ser posible. Los alfas poseían la vista, el oído y el olfato desarrollado de forma sobrehumana y eso les permitía orientarse en condiciones muy adversas. Recordaba haber leído en libros de historia que fue gracias a los alfas que los humanos sobrevivieron en épocas de hambre y hasta en las antiguas glaciaciones, guiando a todo el grupo hacía tierras más prosperas a través de las espesas capas de nieve. La naturaleza los había elegido como líderes de la manada, dándoles la fuerza de guiar a los demás en lugar de ser guiados.

Pero también era cierto que sólo JJ podía ser tan idiota como para tener una mala orientación incluso habiendo nacido alfa. Yuri se bajó del caballo visiblemente nervioso, comenzando a andar alrededor del animal ¿Y si no fue un problema de orientación? ¿Y si había algo más en este bosque que lo había dañado?

La preocupación se apoderó entonces de su pecho, puede que odiara a ese alfa pero no deseaba verlo gravemente dañado. Por unos instantes se permitió pensar en atraerlo con sus feromonas. Podía controlarlas para que alcanzaran pequeñas distancias y eso haría acudir a Jean, pero rápidamente negó avergonzado con sus propios pensamientos. Era humillante usarlas y no podría controlar lo que viniera después.

Diez minutos después Jean seguía sin aparecer y él parecía al borde de un ataque de nervios. Se levantó de la piedra en donde se había sentado dispuesto a buscar a ese infeliz.

—¡¡JJ!! —vociferó con toda la fuerza de sus pulmones cuando apenas había andado unos metros.

—¿Me buscabas?

Yuri dio varios pasos hacia atrás tan confundido que terminó cayendo sobre su trasero. Jean había descendido del árbol de al lado, de un salto, apareciendo en un segundo a pocos centímetros de él.

Los puños de Yuri se apretaron aún en el suelo. Lo había sorprendido tanto que ni siquiera tuvo tiempo de gritar, así que se levantó en silencio pero con los ojos refulgiendo ira asesina. Ya no le preocupaba que saliese dañado, ¡porque iba a morir en sus propias manos!

—¡Es-Espera, gatito! —el pobre alfa retrocedió por inercia al ver a esa pequeña fierecilla con claras intenciones homicidas. Nada le libró de un buen puntapié.

—¡¿Pero a ti que te pasa?! ¡¿Por qué desapareciste de repente?!

—¿Preocupado por mí? —la cara que Yuri puso le hizo perder su eterna sonrisa confiada, su mirada decía “Más vale que contestes sin una sola tontería más o lo próximo que digas lo harás desde la tumba”.

—¡Perdón! Me distraje porque vi árboles frutales y quería recoger algunos frutos— le enseñó la bolsa que cargaba en su cinturón, repleta de lo que parecían ser una variedad de ciruelas salvajes—. ¿Te apetecen? Están muy dulces y pensé que querrías merendar.

Yuri volvió a apretar sus dientes, molesto ¿por qué se había preocupado por ese idiota, para empezar? Sentía su sangre hervir del enfado, sin decir ni una palabra más, le dio la espalda para dirigirse a su caballo.

—¡Yuri, espera! —Jean no pudo evitar tomarle del brazo para detenerlo, deseando hacer que lo perdonara.

—¡Suéltame, idiota!

Los ojos del moreno se abrieron de par en par, pero no fue el grito lo que lo había sorprendido y Yuri lo comprendió instantes después.

Su cuerpo, que debía estar ardiendo de ira, estaba ardiendo de otra forma. Sus feromonas salían sin control y el comenzaba a sentir el deseo en su vientre. ¿Cuándo el enfado se había convertido en excitación? ¿Por qué esos dos tipos de calor se habían intercambiado de esa forma?

Yuri gimió, sin poder contenerse, y en menos de un segundo Jean ya estaba encima de él, rodeando sus brazos para pegarlo aún más a su cuerpo duro e igual de caliente. Pudo sentir la respiración de Jean, haciéndole cosquillas en su piel por la cercanía, y su cuerpo temblar anhelando algo que estaba por llegar.

JJ terminó de acercarse tomando su boca. Lamió el labio inferior pidiendo un permiso que el omega no dudó en conceder y, entonces, se hundió en la cálida y húmeda cavidad. Adentrándose con su lengua hasta enredarla en la pequeña contraria, y comenzando una batalla que no hizo más que aumentar la temperatura.

Podía sentir la fiebre recorriendo todo su cuerpo, ésta se estaba originando más abajo de su vientre, y la necesidad de bajar ese calor insoportable le hizo arquear la espalda en un arco para frotar su pelvis contra la pierna del mayor.

Los ojos de Jean se abrieron como los de un animal salvaje. Tomó a Yuri del trasero, estrujándolo entre sus grandes manos para elevarlo hasta sus caderas. Después, apoyó la espalda del omega contra el tronco de un árbol y la aprisionó con su propio cuerpo en medio de gruñidos profundos. Su miembro se había endurecido hasta sentirlo doloroso en sus pantalones así que de manera automática empujó sus caderas hacia delante, para frotarse a través de la tela con el interior de los muslos de Yuri.

Yuri gimió. Sentía claramente la deliciosa hombría del alfa, dura como una roca, golpear su piel suave y ardiente. También sentía como su propia entrada comenzaba a humedecerse, preparándose para recibir a quién sabía que era su alfa.

Fue en ese momento que su conciencia despertó y trató por todos los medios de volver a recuperar el control de su cuerpo que parecía luchar por desobedecerlo y permanecer en los brazos del alfa. Esto no estaba bien, no podía dejarse llevar por el deseo incluso si este le había arrasado como un volcán en erupción, él no quería sucumbir ante un alfa de esa manera.

—No…

Lo dijo apenas en un susurro, tan flojito y tan poco convincente que era imposible que alguien lo hubiese notado. Pero Jean lo escuchó.

Una mueca de dolor cruzó su rostro por unos segundos, aunque el moreno aparentara ser alguien despreocupado y alegre la mayor parte del tiempo ser rechazado por tu pareja enlazada era un golpe directo. Uno lo suficientemente fuerte como para tardar en recomponer una sonrisa claramente forzada.

Yuri tembló al verlo, los ojos tristes de Jean lo habían dejado sin aliento, sacudiendo su corazón con un agudo pinchazo. Tuvo la necesidad de continuar, de eliminar la tristeza en la cara de ese chico torpe, volver a sentir la calidez de sus brazos envolviendo su cuerpo que ahora se sentía congelado. Se obligó a pensar que era mejor así, aunque su alma estuviera reprochándole duramente por ello.

—Lo siento —Jean fue el primero en hablar, luego de haberse alejado a una distancia segura para no cometer algo imprudente. Todavía seguía sintiendo su entrepierna dura rogando por un poco de atención.

Él había dejado de pensar en cuanto olió el delicioso aroma de Yuri, cuando vio que su cuerpo se contoneaba con levísimos movimientos provocativos inconscientes pero que un alfa podía notar claramente, cuando sintió el calor que emitía llamándolo, sus gemidos y el recuerdo del sabor de su piel terminaron de arrasar todos sus sentidos peor que la más fuerte de las drogas. Todo el autocontrol que había logrado mantener las últimas semanas se había evaporado para sólo pensar en apresar ese cuerpo delgado hasta llenarlo y marcarlo una y otra vez como suyo. Oír la negativa de Yuri lo había devuelto a la realidad como un jarro de agua fría.

Quizás el rubio podía haberlo consentido los primeros minutos, pero nada le aseguraba que no cambiara de opinión después. No podía permitir que todos los pequeños progresos que estaba haciendo con él se fueran por el caño. Estos últimos días había comenzado a relajarse en su presencia y hasta sentía que comenzaba a aceptarlo, sólo que se lo hacía llegar con insultos. No podía darle motivos para enfurecerlo más, porque se sentiría morir si Yuri le acusaba de forzarlo, si le daba motivos para odiarlo realmente.

Socialmente el alfa tenía poder sobre el omega, biológicamente habían sido creados para someterlos también, para que la voluntad del alfa siempre fuera impuesta sobre el linaje inferior. Y, sin embargo, JJ comenzaba a entender el poder real que tenía Yuri sobre él. Porque en realidad era él quien, por primera vez, se sentía en las manos de otra persona, todo lo que quería, por lo que respiraba, era por hacerlo feliz, elevarlo hasta las nubes y entregar su propia vida como sacrificio si este fuera necesario para cumplir sus deseos. El rey había pasado a ser sólo un esclavo, alguien que se arrodillaba cuando se lo pedían esos intensos ojos verdes.

Los dos ensillaron sus caballos en completo silencio, dejándose oír claramente el bullicioso sonido del bosque, ninguno podía siquiera levantar la mirada para enfrentar la del otro. Un torbellino de sentimientos batallaba en el interior de sus cuerpos.

Cuando se subió al caballo, la erección de Yuri aún tiraba y el trote sólo volvía el paseo más incómodo, se sonrojó y miró levemente hacia atrás, la cara de JJ también parecía molesta, removiéndose en el animal para buscar una forma adecuada de cabalgar, seguramente con los mismos problemas que él.

———————————————————SL

Otabek se despertó en la cama de Mila. Desde que indirectamente aceptó dormir con ella había esperado que sólo fuera una enajenación pasajera de la alfa, alguna excentricidad que tarde o temprano pasaría, cuando se cansara de él como se había cansado de cada uno de los omegas con los que se había acostado.

Pero su deseo no había disminuido ni un poco, incluso parecía haber aumentado con el paso del tiempo. Ella, que no había compartido cama con un omega por más de dos noches, dormía con él día tras día. A veces haciéndolo más de una vez a pesar del poco tiempo que disponía en el campamento.

Entre los soldados, los rumores que al principio había comenzado como susurros ahora eran voces altas e indiscretas que se elevaban cada vez que Mila no estaba presente. La relación que su capitana mantenía con el beta recién ingresado se había vuelto obvia. Ella tampoco se había molestado en ocultarlo, incluso cuando la relación entre un alfa y un beta no era bien vista por la mayoría social.

Los alfas podían hacer prácticamente todo aquello que quisieran, pero se esperaba de ellos que se enlazaran con un omega con el que pudieran criar y tener descendencia, especialmente si el beta era varón pues no podría dar hijos a un alfa de ninguna manera. Fuera de los rumores de los vecinos no había ninguna consecuencia legal para el alfa, una fortuna de la que no disponía el beta.

Si un alfa caía ante los encantos de un beta este podía ser acusado de brujería, de haber hechizado al alfa para hacer algo inmoral. A veces la simple sospecha o una acusación mal intencionada bastaba para que el beta fuera quemado en la hoguera.

Pero eso era algo que no preocupaba a Otabek por el momento. Mila le había prometido que lo mantendría a salvo de cualquier consecuencia legal y el confiaba en ella. Mila no era sólo una alfa sino también una de las promesas del ejército y seguramente llegaría a ocupar uno de los altos mandos en el futuro. También contaba con importantes contactos en su familia y fuera de esta, eso lo hacía alguien tan poderoso como para no desear interponerte en su camino ni en sus deseos.

Sin embargo, no podía hacer nada contra las crueles acusaciones de sus propios compañeros betas cuando esta se daba la vuelta. Estos se burlaban continuamente de Otabek culpándolo directamente de haber perdido el orgullo, de ser una deshonra.

Sus habilidades físicas estaban muy por debajo del resto y los chistes crueles sobre que las había compensado con sus habilidades de zorra no tardaron en llegar. Sus compañeros no lo veían como un igual sino como una puta. Como si ese hubiera sido el motivo por el que había entrado allí. Y aunque le doliese reconocerlo, si Mila no se hubiera interesado en él seguiría limpiando la mansión de los Plisetsky.

Lentamente desenvolvió los brazos de la pelirroja alrededor de su cuerpo para poder vestirse en silencio. Él no pensaba rendirse, no iba a conformarse con vivir de esta forma el resto de su vida. Se había propuesto un objetivo, una meta que debía alcanzar no importaba cómo.

Empezaría adquiriendo el nivel de sus compañeros, aunque tuviera que renunciar al sueño y hacerse amigo del dolor. No era un estúpido ni un crédulo, sabía que hacer simplemente el doble de ejercicios que el pelotón no bastaría para llegar a su nivel, entonces estaba dispuesto a multiplicar el esfuerzo por tres o por cuatro. Llegaría a la cima a su manera, sacrificando su cuerpo y su alma si era necesario.

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