AdC 23: «¡Hazlo ya!»


Por favor dénse un tiempo en escuchar y leer la letra de la canción arriba, ya que fue la que me acompañó en la creación del primer capítulo Victuuri y su letra es bella y sencilla (está en inglés)

La silueta de un hombre alto y delgado se divisaba a un lado del castillo de Kiritsy en medio de la noche.
El hombre, de hermosos cabellos plateados y mirada brillante, se encontraba sentado observando la luna al pie de las escaleras que daban para el jardín de la enorme propiedad donde se hallaba. La luna brillaba fuerte y el aire de verano le hacía compañía, junto a las pequeñas e incontables estrellas que pululaban el firmamento.

En su mano, un vaso de limonada helada y sobre uno de los peldaños junto a él, el celular brillante, con el rostro de un chico de cabellos negros y mirada tierna que sonreía feliz ante la cámara.

No podía negarlo aunque quisiera y probablemente todo el mundo ya se había dado cuenta de ello: estaba completa y locamente enamorado de él. Su sonrisa sincera, sus ojos cobrizos que resplandecían con los colores del otoño, sus toques, su humor y su positividad ante la vida.

Quizás no era ideal su mal humor al despertar o su manía de dejar los platos para lavar después, tampoco era de su agrado el que no fuera a dormir temprano y que fuera terco como una mula pero incluso esas cosas las adoraba porque hacían de él un hermoso hombre.

Por si fuera poco, aquel hombre, llamado Yuuri Katsuki, había sido su ángel guardián y lo había salvado de la muerte, una muerte que cada día se le hacía más espantosa cuando repetía aquel sueño horrible con el bosque oscuro y el hombre de los dientes dorados.

Quizás Mischa Katsuki no tenía idea de su verdadera identidad pero estaba muy consciente que le debía a Yuuri Katsuki la vida, y ahora, sin querer, también le debía el amor.

Bajó la mirada hacia aquella fotografía iluminando su pantalla y suspiró. Su corazón tenía la esperanza de que la persona causante de la ruptura de aquel muchacho con Dema fuera él. Su corazón lo sentía y eso lo ponía más nervioso. ¿En verdad sería él? No podía ser de otra forma. Mischa pasaba casi todo su tiempo con Yuuri, no sólo los fines de semana sino también parte en el trabajo. Tenía que ser él porque no quería sufrir pensando en otro. Pero, si era él, ¿qué debía pasar?

El calor llegó a su rostro y no era por el clima veraniego. Había soñado con un beso de Yuuri pero tenía miedo. No sabía cómo dar un paso adelante. Se sentía incapaz de empezar algo y eso lo molestaba un poco. ¿Por qué era tan difícil decirle a un hombre que le gustaba, que estaba enamorado de él? Se podía imaginar la situación fácilmente con una chica como Yuuko pero no sabía cómo hacerlo con un chico. Eso había hecho que su ansiedad aumentara y se sintiera como un estúpido inútil.

¿Qué estaría haciendo Yuuri en esos momentos? ¿Estaría desvelado como él, pensando en una escena juntos? ¿Qué podía estar pasando por su cabeza? ¿Qué le estaría diciendo su corazón?

―Yuuri, despierta.

El chico fue agitado con cariño por una mano que se posó inamovible en su hombro, hasta que abrió poco a poco sus ojos.

―¿Mischa?―preguntó algo perdido, reteniendo el nombre de la persona con la que hasta esos momentos había estado soñando.

―Ya quisieras. Ven.

La sombra lo invitó a levantarse y, algo molesto por haber interrumpido su sueño, se dirigió huraño hacia el pasillo, donde pudo reconocer a la figura delante de él. Se encontraba en casa de sus padres y, claro, el que lo había despertado era su padre.

Toshiya lo condujo en silencio hasta afuera, donde el aire y el sonido de los grillos se hacían compañía.
En silencio lo llevó caminando por la calle en pijama y Yuuri se preguntaba la extraña razón por la que su padre lo había despertado en la madrugada. Al mismo tiempo, mientras veía a Toshiya con sus pantuflas, pensaba que no debería haberse quedado en casa de sus padres luego de recogerlos en el aeropuerto de Sheremétyevo en Moscú esa tarde del miércoles. 
Se habían quedado hasta tarde conversando de su viaje y, tan cansado como estaba, se había quedado dormido en el sofá de la sala. Hiroko lo había convencido de pasar la noche allí. Ahora se hallaba bajo un cielo lleno de estrellas, con una luna sorprendentemente redonda y brillante, siguiendo a su padre con un rumbo desconocido.

―¿A dónde estamos yendo?

―Shhh…sigue caminando.

Poco tiempo después pudo darse cuenta que se dirigían al pequeño bosque donde frecuentemente llevaba a Makkachin a pasear.

Toshiya caminó sin pronunciar palabra y se adentró con él hasta llegar muy cerca al sitio donde Mischa había sido encontrado. En un momento de pronto se detuvo y volteó a mirar a su hijo con una sonrisa en los labios.

―Aquí empezó una nueva etapa en tu vida, hijo.

Yuuri lo miró sin entender. Toshiya lo miró esperando alguna respuesta aparte del ceño fruncido pero, como esta nunca llegó, siguió.

―El viaje a San Petersburgo me hizo recordar todo aquello que viví con tu madre. Ella estudió medicina allá, mientras yo trabajaba en el periódico y me encargaba de los obituarios y casamientos. Desde que la vi por primera vez sabía que había algo especial en ella pero no me atrevía a decirle nada. Era la mejor amiga de un amigo del periódico y se conocían porque habían estudiado juntos aquí en Kiritsy.

―¿Me estás hablando del tío Vanya?

―Así es. Bueno, el caso es que tu madre me hacía ver que estaba interesada en mí y yo le mostraba que yo estaba interesado en ella. Pero jamás hablamos al respecto. Así nos pasamos sus dos años de pasantía en el hospital como amigos. Amigos que no podían dejar de estar juntos. Amigos «exclusivos» aunque no hubiéramos hablado al respecto.

―Papá, son las tres de la mañana y la verdad no tengo la menor idea de a qué quieres llegar.

―Ya, ya, déjame seguir. Cuando vino la graduación de tu madre, ella me insinuó que quería que yo fuera su pareja pero yo era muy miedoso. Me hice el loco y dejé pasar el tiempo, hasta que me comentó que un compañero de facultad la había invitado. Se llamaba Ilya y era el hombre más detestable que había conocido aunque, claro, tenía todo el dinero del mundo. Yo me enfurecí porque lo odiaba pero no le pude reclamar nada. Por dentro sabía que ella y yo estábamos enamorados pero no me atrevía a dar el siguiente paso.
>>Por Vanya me enteré pocos días antes de su graduación que había rechazado una plaza en la Poliklinika porque pensaba regresar a Kiritsy luego de terminar. Y es ahí que me di cuenta de lo idiota que había sido. Ella se iba a ir sin saber directamente de mis sentimientos y jamás la iba a volver a ver.

―Entonces corriste hacia sus brazos y le declaraste tu amor―completó Yuuri. Toshiya se rió.

―No―espetó―, en realidad ella me fue a buscar al periódico un día antes de su graduación para insultarme y decirme que era un tonto, que ella estaba enamorada de mi y que ella sentía que ambos compartíamos los mismos sentimientos y que yo había sido un cobarde todo ese tiempo.

―Ok, papá, aunque está muy interesante tu historia, aún así no entiendo qué hacemos aquí.

―Yuuri, afuera de ese periódico comenzó una nueva etapa en mi vida que, felizmente, continúa. Una etapa donde pude amar a tu madre y tenerlos a ustedes. Y todo gracias a ella. Ahora, aquí―Toshiya miró alrededor del bosque― empezó otra parte de tu vida, cuando rescataste a Mischa y evitaste que muriera. No seas como tu viejo, un inseguro cobarde. Sé valiente como tu madre y dile de una vez por todas a este muchacho lo que sientes.

Yuuri no pudo evitar enrojecer.

―¡Eso es lo que quiero hacer!

―¡Pero hazlo ya!―dijo su padre impaciente.

―Eres un hombre… ¿No deberías estar diciéndole a Mari esas cosas?

―Mari no tiene un buen hombre a su lado enamorado de ella como tú. Claro, me hubiera imaginado tener una conversación contigo sobre una chica pero la vida no es siempre como uno se imagina y yo… yo sólo quiero verte feliz. Ya tienes al amor al lado, no trates de escapar como yo.

Yuuri suspiró. En verdad tenía pendiente la conversación con Mischa y en verdad él sentía que los sentimientos entre los dos eran compartidos.

―Sé que Adrik fue un hijo de puta contigo, y por favor no le digas a tu madre que dije esa palabrota, pero Mischa no se merece tu inseguridad.

―Quiero hablar con él pero no sé cómo. Me quiero arriesgar, pero también tengo miedo.

―Díselo. Dile todo lo que piensas y sientes. No te calles nada. Sólo así puedes empezar bien una relación.

Yuuri asintió. Iría a hablar al día siguiente con Mischa. Toshiya le puso la mano en el hombro y esbozando una alegre sonrisa, lo invitó a regresar.

―Ven, vamos a casa.
Caminaron en silencio un par de metros hasta que Yuuri miró de reojo a su padre.

―Así que mamá te mandó a que me trajeras hasta aquí para hablar conmigo…

―Bueno, me dijo que hablara contigo pero el detalle de traerte al bosque fue sólo mío, pensé que haría nuestra conversación más interesante. ¿Qué te pareció?

Yuuri se rió.

―Sí, papá, definitivamente el detalle del bosque por su simbología le dio un toque especial.

A la mañana siguiente, Yuri Plisetsky y el señor Nikolai acompañaron a la señora Plisetsky al aeropuerto. Ese fin de semana el señor Nikolai y su nieto se mudarían a Detvya y empezarían, por fin, las vacaciones de todos.

Lo más probable era que Phichit no regresaría en todo el día, ya que tendría que llevar a la familia a Moscú, así que no había mucho qué hacer en la casa. Los jardineros se hallaban dando instrucciones a los representantes del ministerio sobre el cuidado de las áreas verdes, Yuuko se hallaba cubriendo con sábanas las habitaciones de la familia y Mischa sólo debía orientar a otro representante del ministerio sobre las áreas que podían ser tocadas y las que no.

Sus primeras vacaciones lo emocionaban mucho y ya tenía prácticamente empacado todo. No sabía lo que haría con todo ese tiempo. Sabía que ayudaría a tiempo completo a Yuuri pero quizás podría tomarse una semana para ser feliz en algún lugar lejano de Kiritsy. Por algo había ahorrado y también quería viajar a Moscú, con la esperanza de recordar algo de su pasado. Mischa sabía que él podía ser de cualquier parte de Rusia pero su corazón le decía que había algo especial en Moscú y que debía regresar cuando pudiera.

A la hora del almuerzo preparó algo muy ligero para el personal y unos sándwiches para la gente del ministerio y lo sirvió en la terraza, con la hermosa vista de los jardines y el sol que brillaba hermoso en el cielo.

Ya en la noche regresó Phichit, a quien le ofreció en la terraza un delicioso vaso de limonada, mientras que los hombres de la casa degustaban la cena.

―Gracias, Mischa, no tenía hambre pero sí mucha sed. Aproveché que estuve esperando en el aeropuerto para traer unos chocolates y pensé que no te caería mal una caja. Acompáñame al auto para dártelos antes de irme a casa.

Ambos hombres caminaron hacia el estacionamiento y sacaron los dulces que había traído Phichit. Se pusieron a conversar un rato sobre lo que habían hecho durante el día y luego Phichit se despidió de su amigo.

Cansado, Mischa fue a lavar los platos que habían quedado de la cena. Al día siguiente se iría en la noche donde los Katsuki y estaba emocionado por ello.

A eso de las diez de la noche pensó en salir a la terraza con un vaso de limonada. Estaba sirviéndola cuando tocaron la puerta.

Era Yuuri.

Una sonrisa fresca y hermosa esbozaba el rostro del visitante, quien con solo mirar a través de los luceros turquesa de su amado, sabía que ese día no se podía ir de ahí hasta decirle todo lo que guardaba en su corazón.

Lo saludó como si fuera la primera vez y es que se sentía como primerizo ahí, delante de Mischa. Yuuri podía jurar que la cocina de los Plisetsky se veía más grande de lo normal o quizás era él encogiéndose por la ansiedad de no saber cómo terminaría esa visita.

― Yuuri, ¿quieres limonada?

―Sí, claro. Mischa, ¿te molesta si vamos a tomar la limonada afuera? El sol brilla aún en el horizonte y está muy fresco.

―Claro, no hay problema. Pero cuéntame, ¿cómo están Hiroko y Toshiya?

―Muy bien, más enamorados y empalagosos que nunca―Ambos rieron ante el comentario.

―Tus padres son maravillosos. Espero que los míos sean tan geniales como los tuyos.

―Bueno, mis padres son también los tuyos, Mischa. Después de todo, tú también eres un Katsuki.

Los ojos de Yuuri brillaron a través de los cristales de sus gafas y su sonrisa derritió por completo a Mischa. El saber que Yuuri aceptaba compartir a sus padres como si fueran los suyos le reconfortaba enormemente el corazón.

―A mucha honra―contestó el muchacho con las mejillas pintadas de un adorable carmesí.

Con los vasos en la mano salieron ambos hacia una parte del jardín donde Mischa sabía que estarían solos. No sabía por qué pero la visita de Yuuri había causado en él unas palpitaciones emocionadas que evitaban que sus mejillas dejaran de teñirse de rojo.

Se sentaron en las gradas, aquellas que lo habían acompañado la noche anterior mientras Mischa pensaba en el muchacho que tenía al frente y sonrió. Ambos se hallaban mirándose cara a cara, tan cerca que casi podían escuchar el corazón del otro repiqueteando como tambor.

Hablaron de todo y nada por un rato, obsequiándose sonrisas y miradas cómplices. Yuuri le contó a su anfitrión sobre todos los platos de colección que Hiroko se había traído de San Petersburgo, de los trenes a escala que se había comprado su padre allá y de los regalos que había traído para todos, incluido, por supuesto, Mischa, quien podría abrir sus paquetes llegando al día siguiente al hogar de los Katsuki con maleta en mano.

―Estoy tan feliz de poder volver a casa―exclamó instintivamente Mischa y eso hizo que el corazón de Yuuri latiera aún más fuerte de lo que lo hacía.

―¿Quieres que te recoja mañana, Mischa? Te puedo llevar a la casa por la noche si deseas.

―Eso sería genial porque Phichit ya no va a tener el auto a su disposición.

―Muy bien, entonces, mañana seré tu chofer particular.

Las situaciones entre ambos siempre resultaban sueltas e ingeniosas. Yuuri había sacado un poco del humor sarcástico de su padre y el carácter de su madre, lo que lo hacía ver adorable ante los ojos de Mischa.

No supieron cuánto tiempo quedaron conversando pero, aunque hubiesen sido horas, se sentían como minutos cuando lo pasaban juntos, tan agradable, tan lleno de confianza y aunque ninguno de los dos lo aceptara, muy lleno de amor.

Cuando el sol empezó a desaparecer, Mischa no pudo evitar bostezar. La última semana había estado llena de pesadillas y también de horas sin dormir pensando en Yuuri.
Estaba tan cansado que recién reaccionó un segundo después de que Yuuri limpió con sus dedos las lágrimas de sus ojos, poniendo después su mano sobre su rostro.
Sin pensarlo mucho la mano de Mischa terminó sobre la de su acompañante quien, en vez de alejarla, la mantuvo firme. No bastó mucho para que cruzaran miradas y apreciaran embelesados el rostro del otro, recorriendo con la mirada todas sus facciones, sus ojos, sus mejillas encendidas y sobre todo sus labios, los que temblaban de emoción ante el contacto visual de ambos.

Respiraron pesadamente por segundos y de pronto Yuuri recorrió con el dedo índice de su otra mano aquellas oscuras ojeras que acompañaban a Mischa por más de una semana. Mischa no podía emitir palabra alguna. Tan sólo podía mirar fijamente a Yuuri, casi con adoración. Su cabeza reaccionaba más lento que su corazón.

―Mischa, tienes unas ojeras muy profundas, ¿acaso no estás durmiendo bien?

Mischa parpadeó lentamente un par de veces antes de poder expresarse.

―No, no he podido dormir bien estas últimas noches. He tenido unas pesadillas y he estado pensando en muchas cosas.

Yuuri no pudo evitarlo. Embobado ante la imagen de su acompañante empezó a acariciarlo con la mano que ya se encontraba en su rostro y eso hizo que Mischa jadeara, cerrara los ojos e inclinara su rostro hacia esa mano que lo estaba matando de amor de forma lenta, solo disfrutando del contacto. Un hormigueo en la parte baja de su estómago no le permitía pensar con claridad. El mundo se podía acabar en ese momento y él no se hubiera dado cuenta de ello.

―¿En qué cosas estabas pensando?―preguntó Yuuri casi hipnotizado al tener a Mischa tan cerca, tan frágil y tan suyo.

El muchacho de cabellos plateados no podía, aunque quisiera, ocultar sus pensamientos. Confiaba en Yuuri y no tenía miedo en sincerarse cuando el otro le había dejado en claro sus intenciones con unas caricias delicadas. Abrió los ojos, perdiéndose en el ámbar de los ojos de Yuuri, que brillaban por el sol ocultándose.

―Pensaba en ti.

Yuuri sintió de pronto tanto fuego en el corazón que podía saltar y llegar a la luna en un instante. Le regaló una sonrisa cómplice y lo miró con fervor, como si se pudiera enamorar nuevamente de él en un instante.

―Mischa, no tienes idea de cuántas veces te he he soñado  así a mi lado.

En ese instante Yuuri no pudo evitar coger la mano de Mischa que reposaba sobre la suya y se la llevó a sus labios, llenándola con fervor de pequeños besos.

Mischa jadeó sin poder creer lo que veían sus ojos. Los labios suaves de Yuuri lo acariciaban con delicadeza, desviviéndose por él. No se explicaba cómo su corazón aún no se le había salido del pecho y por qué había tenido tantas dudas antes, si allí Yuuri le decía con sus pequeños besos que lo quería.

Lleno de valor, Yuuri siguió hablando, dedicándole la mirada más adorable que Mischa le había conocido, tan llena de candidez y sentimientos.

―Cuando te dije que había terminado con Dema porque quería a alguien más, ese alguien eras tú, Mischa. Desde hace mucho tiempo no puedo dejar de pensar en ti.
El mayordomo sentía que todo eso era un sueño. Yuuri estaba ahí, confesándose sobre sus sentimientos por él y él, a su vez, se sentía abrumado con tantas emociones que emanaban de su interior. ¿Eso era acaso amor?

―Yo tampoco puedo dejar de pensar en ti, Yuuri, y estar ahora así contigo me hace sentir en las nubes… pero también tengo miedo, no sé qué más hacer, no sé cómo.

Yuuri entendía esos sentimientos encontrados. También los había tenido la primera vez que se había sentido atraído hacia un hombre.
Lo miró con ternura y le confesó lo que guardaba dentro de su corazón.

―Yo también tengo mucho miedo, Mischa. Miedo a que no me correspondas, a que un día te marches cuando recuerdes quién eres, miedo a que un día te aburras de mi y ya no quieras estar aquí, conmigo.

―No Yuuri, eso jamás podría pasar…

Mischa tenía la necesidad de demostrárselo, de hacerle saber que él era su mundo, sin importar su pasado ni su futuro. Su presente estaba allí, hermoso, junto a él y aunque quería saltar de felicidad, sólo se le ocurrió hacer una cosa para demostrarle a Yuuri que quería aferrarse a él, que él era su roca sólida en medio de la tempestad de sus pensamientos.

Sin pensarlo mucho más, Mischa se abalanzó hacia su acompañante y lo abrazó fuertemente, colocando su mejilla izquierda sobre el hombro izquierdo de Yuuri. El chico respondió al abrazo, llenando al otro de un amor tan grande que sentían que el corazón les iba explotar en cualquier momento.

En ese pequeño instante perfecto, el amor se traducía en un abrazo férreo, que causaba que ambos cuerpos se erizaran. La nariz de Mischa empezó a acariciar el cuello de Yuuri, amando cada centímetro de su delicada y alba piel, sintiendo en cada desliz ese aroma tan varonil, tan de Yuuri que causaba una explosión de sensaciones en él, imposible de controlar. 
Yuuri, por su parte, no podía dejar sus ojos abiertos porque lo que veía entorpecía sus sentimientos. Con todo el cariño y amor que sentía en esos momentos, empezó a acariciar con sus dedos la cabellera plateada con la que había soñado tantas veces y que ahora era suya, ya había probado el cielo y no estaba dispuesto a alejarse de él.

Yuuri no se sentía así desde hacía mucho tiempo, no podía pensar con claridad porque sentía que su cuerpo se había convertido por completo en un enorme corazón que latía por ese hombre a su lado, ese hombre por quien estaba dispuesto a volver a ser vulnerable.

Apretándolo con más fuerza se atrevió a decirle al oído esas tres palabras que había guardado en su corazón desde hacía mucho tiempo.

―¡Te quiero mucho, Mischa!

Pasaron unos segundos antes de escuchar tímido la respuesta.

―¡Yo también te quiero mucho, Yuuri!

Ambos se soltaron lentamente para mirarse, con atención y ternura. Para ambos era un momento tan mágico que fue imposible dejar de brindarle una hermosa sonrisa enamorada al otro. Yuuri no pudo evitar el impulso de acercarse, de manera muy lenta y suave al rostro de Mischa, besando delicadamente su nariz.

La sonrisa de Mischa fue tan amplia que Yuuri se emocionó y lo empezó a llenar de pequeños besitos por todo el rostro, efímeros y casi imperceptibles.
Mischa empezó a reírse sin defenderse. Ese momento tenía que ser la imagen más cercana a la felicidad. De pronto Yuuri se detuvo a mirarlo fijamente, deteniéndose a observar  esos labios delgados con los que había soñado tantas veces. Los recorrió con la mirada, mientras mojaba con delicadeza sus propios labios con la punta de su lengua.
Miró a Mischa dudoso, casi como si pidiera autorización. Mischa  tenía miedo pero a la vez, confiaba en Yuuri. Sabía que él respetaría sus límites y sólo avanzaría hasta donde él se sintiera cómodo, así que cerró con dulzura los ojos e hizo un pequeño puchero con la boca, autorizando un pequeño e inofensivo beso, un puchero tan adorable que Yuuri sentía que podría amanecer todos los días viéndolo.

Con el corazón latiéndole a mil se acercó muy lento y le robó un pequeño y ligero beso en los labios que le erizó la piel a ambos.

Ambos rieron, torpes pero a la vez cómplices en el amor. Mischa soltó en un suspiro toda aquella ansiedad que había estado llenando su corazón y Yuuri, emocionado y casi incrédulo de lo que estaba pasando lo rodeó entre sus brazos fuertemente, casi como no queriendo soltarlo.

Yuuri sintió que por fin el mundo giraba alrededor de él. Había tenido tanto miedo, tanta inseguridad ante lo que sentía por aquel chico de cabellos platinados que temía que su burbuja de felicidad en cualquier momento pudiera romperse alejándose de él. Mischa, por su parte, no tardó en corresponder aquel sentido abrazo, reteniendo un poco la respiración por la emoción. Pudo sentir a Yuuri cerca, no como un amigo, sino como algo más, algo que le alegraba y al mismo tiempo lo asustaba. Era presa del amor, los nervios, la alegría y el miedo, todo a la vez. Pero era un miedo que se fundía con felicidad absoluta y no quiso soltarse por un buen tiempo.

Ni la frescura de la noche pudo evitar con los minutos transcurridos que aquel calor compartido se propague. Ambos, aunque cómodos en los brazos del otro, empezaron a sentir sus camisas húmedas por el sudor. En el fondo no querían, pero ambos se soltaron y se brindaron una última sonrisa. Yuuri acarició con un travieso dedo índice la nariz respingada de su acompañante y se levantó contento, como si se hubiera quitado un peso de encima y recordó.

―Bueno, debo irme, ya es muy tarde.

―Está bien.

―El sábado habrá un festival en Kolomna, a dos horas de aquí. ¿Te gustaría ir conmigo?

Las alarmas de Mischa empezaron a sonar y aquella vocecita que lo molestaba antes regresó pero diciendo desesperada «Es una cita, es una cita». Sabía que era una cita y sabía que cambiaría todo lo que hasta ese momento conocía. Pero ya había dado el primer paso y no pensaba retroceder. Miró a Yuuri con cariño y le sonrió diciendo:

―Claro, vamos a Kolomna. Phichit me ha dicho que el festival es muy lindo.

Acompañó al chico hasta la puerta y se despidieron.

Esa noche, por fin, Mischa y Yuuri Katsuki pudieron dormir sin interrupciones ni pesadillas. Todo era felicidad en ese día.

Publicado por natsolano

Soy una escritora de fanfics desde hace tres años. Amo escribir y quisiera dedicarle más tiempo, amo cantar y amo a Yuri on Ice!! Lo que más me gusta escribir es romance, aunque por algún motivo termino mezclándolo con drama. Además olvidé decir que amo la comedia. Mi pareja favorita de toda la vida son Yuuri & Victor, siempre diré que mi corazón late por el victuuri, pero me considero multishipper ❤

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