SinLímites: I. Preludio


Hola, tenía esta historia subida anteriormente en wattpad pero me han borrado la cuenta junto con la de muchos escritores de fanfics.
Por suerte la he conseguido recuperar y estaré reescribiéndola para subirla a distintas plataformas. Espero que sea nuevamente tan aceptada como la primera vez que la subí y lamento mucho por aquellos que la seguían y han visto la historia desaparecer. Subiré todos los capítulos según los reescriba, ¡Por favor tengan paciencia!

Al ser reescritos estos capítulos tienen ligeras modificaciones e incluso bonus de contenido. Por lo que espero que compense a los que decidan leerla de nuevo. Sin más, disfruten.

Yuri estiró sus músculos con la mirada perdida. Las puntas de los dedos de sus pies tocaron el límite de la bañera de madera justo cuando su doncella echaba otro generoso cubo de agua caliente sobre él, dejando su cabello empapado.

El cielo se había coloreado de tonos de azul pastel y no se observaba una sola nube en el horizonte. Todos los nubarrones los había concentrado Yuri en su humor al levantarse.

La anciana, de linaje beta, tomó uno de sus brazos para comenzar a enjabonarlo mientras que Yuri se dejaba hacer de mala gana. Ese baño estaba sobrepasando la palabra demasiado, su doncella había volcado tantos frascos de esencias florales en el agua que comenzaba a marearse por el olor y el agua en lugar de verse cristalina, había pasado a convertirse un montón de espuma de colores.

—El señorito debería estar contento y dejar esos mohines de disgusto para la sopa de calabaza. Hoy es el día de su debut como omega y todos los omegas sueñan con que llegue este día para poder emparejarse con el que será su alfa para el resto de su vida—ella hizo una pausa de largos segundos antes de continuar relatando de forma soñadora—. Y si me lo permite, el señorito es tan hermoso que seguro encontrará un alfa grande y fuerte capaz de protegerlo.

La mujer le guiñó el ojo y él automáticamente sacó la lengua con un gesto de asco, pero fue ignorado mientras ella seguía bañándolo.

Cuando Yuri salió de la bañera, la doncella se apresuró a cubrirlo con una bata de seda blanca que quedó empapada y pegada a su piel inmediatamente después de ponérsela. Sin importarle las transparencias abrió la puerta que daba directamente a su habitación sin murmurar una palabra de despedida y la cerró con fuerza detrás de él con un estruendoso portazo. La mujer que había quedado atrás no se iba a sorprender por su escasa falta de modales después de tantos años a su servicio.

Y Yuri necesitaba estar solo en ese momento, patear el armario de nogal que tan exquisitamente coronaba la pared su habitación, tirarse sobre los almohadones de plumas de su cama y maldecir su miserable vida, especialmente hoy. El día de su debut como omega.

Hoy, al llegar la medianoche, cuando la luna estuviera lo suficientemente alta en el cielo, lo llevarían junto a otros omegas debutantes como si fueran algún tipo de ganado al bosque Raíces, ubicado en las afueras de la pequeña ciudad militar en la que había residido toda su vida.

Una vez allí, participaría en el salvaje ritual de caza de los alfas, dónde su gran suerte sería que uno de esos bárbaros lo marcara como su propiedad para poder pasarse la vida sirviéndolo como un abnegado esposo. La sola idea lo repugnaba y hacía que su piel se erizara por completo.

La ciudad estaba llena de turistas y alfas jóvenes deseosos de participar en la fiesta, habían estado llegado a lo largo de los los últimos días y se había montado una auténtica feria alrededor del bosque, con atracciones y timadores incluidos y con puestos de comida llenos de asados y dulces cuyo olor llegaba hasta las casas del pueblo para las familias que orgullosas iban a dejar a sus omegas ya casi convertidos en adultos. Estúpida sociedad, estúpidos alfas y estúpidos dieciséis años que le obligaban a formar parte del espectáculo.

El sonido de la puerta hizo que cortara su diminuto paseo en círculos y maldijera yendo a buscar algo más decente que ponerse encima. Unos pantalones y una túnica más tarde, Yuri abrió las puertas de su habitación al visitante que para ese entonces había dado dos golpeteos más contra la madera.

—¡Otabek! —al menos era alguien que podría escucharlo despotricar de sus problemas.

El beta pasó con una bandeja de comida y Yuri arrugó la nariz nada más sentir el olor.

—¡No me jodas que…!

—Sí. Es sopa de calabaza. Prefieren que no digieras nada para que tu vientre esté plano el día de tu debut.

Otabek esbozó media sonrisa al ver la cara de Yuri. Parecía que en cualquier momento se transformaría en algo peligroso.

—Pero robé esto en la cocina —tanteó entre sus ropas sacando dos muslos de conejo, especiados y aún calientes.

Y el pequeño dragón calmó su enojo en cuestión de segundos.

—¡Sabía que podía confiar en ti!

Los dos se sentaron a comer mientras Yuri hablaba de sus problemas, lo que se convirtió en una hora larga. Con Otabek escuchando en silencio o simplemente haciendo algún chasquido o gesto para indicar que seguía estando atento. No era un secreto para nadie que Yuri odiaba a los alfas, y ser sometido por uno sería la mismísima muerte.

Porque Yuri no obedecía órdenes de nadie. Su carácter había sido fuerte y rebelde desde pequeño, probablemente por haber crecido sin la educación de unos padres. Estos habían sido asesinados cuando él apenas había aprendido a dar sus primeros pasos solo.

Él omega provenía de una familia acomodada y formada por militares de alto rango. Su padre había sido un respetado comandante condecorado con varias medallas de honor por sus múltiples batallas. El lado oscuro de su vida militar vino cuando, seguramente en venganza, asesinaron a su padre y a su madre omega que dormía junto a su esposo en el dormitorio principal.

Su asesinato a sangre fría fue una afrenta para la familia, que consideraba una deshonra el juego sucio y asesinar por la espalda, sin dar la oportunidad al contrario de defenderse. Pero a pesar de la búsqueda no se pudo hallar nunca a los culpables para hacerles correr con la misma suerte.

Desde entonces, Yuri siempre había vivido rodeado de sirvientes y educadores a cargo de complacer sus deseos, con algunas visitas de su amoroso abuelo. Otro viejo coronel que se negaba a retirarse, demasiado obsesionado con que la única muerte digna era en batalla a pesar de sus ya evidentes dolores de espalda.

Su abuelo siempre lo había consentido y mimado hasta el extremo. Jamás le había puesto obligaciones ni deberes. Tampoco le había ordenado nada, regañado o castigado.

La cara de su nieto era todo lo que le quedaba de su bella hija y era tal la debilidad que sentía por el pequeño omega que, incapaz de imponerle nada, había relegado su educación en manos de docenas de institutrices que trataron, sin éxito, se enseñarle los modales propios de un omega.

La diferencia de estatus que existía entre Yuri, el pequeño señorito omega dueño de la mansión, y los que él llamaba criados lo había hecho rebelarse contra todos y cada uno de ellos por lo que había recibido el aborrecible sobrenombre de gatito salvaje y a veces lo oía mencionar por lo bajo a sus sirvientes.

—Ser omega no es lo peor del mundo.

—¡¿Qué?! —el pulso de Yuri se aceleró. Odiaba que le llevasen la contraria y, si lo hacía su amigo Beka, lo tomaba como una traición en toda regla.

—Quiero decir, tienes estudios y la mayoría de alfas en nuestra época son comprensivos y te dejarían seguir leyendo libros. Los omegas acomodados se están abriendo camino a muchos trabajos universitarios, incluso, podrías llegar a ser un literato importante.

Yuri carraspeó. No era normal que su amigo hablara tanto, ni entendía a dónde quería ir a parar.

—Los betas como yo también somos sirvientes. A lo único que podemos aspirar es a servir a alfas y omegas pero nosotros, a diferencia de ustedes, no podemos acceder a estudios y raramente logramos conseguir ahorros para vivir cómodamente.

—Pero, ¡hay otros trabajos aparte de sirviente! ¡Los betas podéis ser soldado! —él hubiese deseado ser un respetado militar como el resto de su familia si, como omega, no se lo hubieran negado rotundamente.

Otabek apretó las manos sobre el pantalón que cubría sus muslos arrugando su tela. Yuri pensó que no iba a contarle nada más pero esta vez siguió.

—Mi sueño era ser soldado. Los soldados betas pueden llevar el orgullo a su país y lograr ser héroes a pesar de su condición de betas. Es la única excepción a la vida de servidumbre.

—¿Querías ser soldado? ¿Por eso rapaste parte de tu cabello? —después de tantos años, le dolía que su mejor amigo no hubiera tenido la suficiente confianza para contarle eso. Ahora tenía tantas preguntas.

—Vine a esta ciudad cuando cumplí los doce, la edad en la que los betas pueden empezar el servicio militar. Este sitio era famoso en formar a grandes héroes…Sabía que si me entrenaban aquí podía llegar a ser alguien destacable.

Incluso si no lograba ascender mucho, puesto que las plazas para los oficiales estaban reservadas casi exclusivamente a los alfas, podía llegar a obtener títulos y honores. Los alfas premiaban mucho a sus soldados más valientes y él se hubiera sentido digno y orgulloso de si mismo.

—Pero no pude entrar —tragó saliva antes de continuar —. No daba la altura necesaria.

Ahora entendía porque no le había dicho nada. Otabek era orgulloso y si había un tema que de verdad lo molestaba y avergonzaba era su estatura, más propia de un omega que de un beta.

Había algunos casos en los que una mujer beta podía tener una altura pequeña, pero era extremadamente raro en los hombres beta que se aproximaban más a la altura de los alfas, salvando la diferencia de complexión, pues los alfas solían ser más corpulentos con músculos muy marcados.

Yuri no supo que decir.

—¡¡Hey!! ¡¿Cómo está mi lindo primito debutante?!

Una mujer alfa pelirroja había entrado como un torbellino en la habitación.

—¡¡Maldita vieja bruja!! ¡Al menos llama a la puerta antes de entrar, podría estar cambiándome!

—Ni que yo no supiera cómo son las delicadas curvas del cuerpo de un omega desnudo —Mila le guiñó un ojo.

—¡Pervertida!

El beta había aprovechado para recoger sus cosas en silencio y marcharse, confiando en el fenómeno “aura de invisibilidad” que rodeaba a los sirvientes. A menos que un amo los requisiera jamás se fijaban en ellos, ni siquiera se daban cuenta de su presencia.

—¿Uh? ¿Quién era ese omega? ¡Es lindo!

Aunque tal vez había excepciones.

—¡No es un omega, es un beta! ¡Así que no obtendrás nada de él, vieja bruja!

—¿Con esa altura? —no acababa de creérselo, pero inmediatamente se mordió su labio inferior, señal de que calculaba algo —. Deberías saber que no hay nada en este mundo que yo no pueda obtener.

El omega rubio apretó sus puños y rechinó sus dientes. Por eso odiaba a los alfas, su maldito ego y la creencia de que podían conseguir cualquier cosa como los reyes de la cadena que eran, lo sacaba de sus casillas, ella le revolvió el cabello con cariño como si lidiara con el enfado de un niño.

—¡Pero nada más mira que bonito se ha vuelto el pequeño gatito desde que lo vi la última vez! —Mila ya lo había levantado por encima de su cabeza, como era costumbre siempre que lo veía tras largo tiempo, haciendo que el susodicho gatito pataleara e insultara en el aire.

—¡Eres insufrible, bruja!

Ella soltó una carcajada.

—Y tú sigues siendo bastante malhablado. Y yo que ya esperaba encontrarme a todo un señorito elegante para cuando tuvieras tu debut.

Yuri hizo un puchero, señal de que empezaba a molestarse al borde de perder los nervios.

—¡¿Por qué viniste?!

Mila sonrió y le mostró una pequeña caja de madera cuidadosamente labrada que llevaba debajo de su capa. El más pequeño la tomó en sus rodillas y la abrió con sus finos dedos, comprobando que entre el forro de terciopelo rojo descansaban tres relucientes medallas doradas.

—Medalla al valor, a la estrategia y… —señaló la más brillante de todas ellas —. Al honor militar.

—Veo que las conoces bien. Fueron dos batallas muy duras, el ejército rebelde estaba muy organizado esta vez, y dos comandantes codiciosos nos traicionaron por oro, pero ¡lo logramos! Salvé a la ciudad y me ascendieron a capitana.

Yuri miraba a Mila genuinamente impresionado. Solo por las historias que le contaba su prima era que podía soportar un poco a esa escandalosa. Los militares de su familia eran todos impresionantes.

Trató de descomponer su cara de admiración cuando vio que ella lo miraba con suspicacia. Ni loco felicitaría a esa alfa engreída.

—Te pregunté que hacías aquí, no que habías hecho antes.

—¡Qué malo eres, Yuri! Estoy aquí para disfrutar de mis vacaciones antes de otra misión importante y, que hayan coincidido con el ritual de búsqueda de pareja es perfecto para tomar a un lindo omega y desestresarme de estas últimas semanas. Aunque si soy sincera ya tuve mi pre-recompensa en la anterior ciudad, cuando un lindo omega bastante agradecido con…

—¡Basta! ¡No quiero oírlo, vieja pervertida! —se había llevado las manos a sus orejas tapándoselas con fuerza.

No entendía como su prima podía ser tan popular entre los omegas. Hasta en su misma ciudad, donde ya se sabía que ella no tomaba a ningún omega de forma seria, ellos rogaban por echarse a sus brazos para que jugara con ellos. Incluso si los iba a abandonar a la mañana siguiente todos estaban encantados por su atención.

Cuando Mila al fin se fue a su habitación, Yuri se apresuró a vestirse con ropa discreta. Huir de su habitación, hasta cuando sabía que de un momento a otro entrarían sirvientas dispuestas a vestirle como una muñeca, era algo fácil para él.

Desde pequeño le había bastado con utilizar uno de los uniformes oscuros y holgados de criado que tenía escondido para casos de emergencia. Luego, se sujetaba el pelo con horquillas y lo ocultaba debajo de una gorra cosida con retales para que no salieran ninguna de sus brillantes hebras de cabello rubio que llamaban irremediablemente la atención de quien mirara y para terminar se manchaba la cara con el hollín sobrante de la chimenea hasta dejarla cubierta de ceniza gris.

Para salir había aprendido a deslizarse por el canalón que había debajo de su ventana hasta la primera planta, dónde se encontraban las habitaciones de los sirvientes, y la planta más ajetreada y llena de gente.

Nada más tocar el suelo del jardín, Yuri se arrastró entre los matorrales y hortensias para evitar ser visto por cualquiera que pudiera arruinar sus magníficos planes de huida.

(Ese día, cuando el jardinero viera que todas sus hortensias y tulipanes habían sido aplastadas cruelmente de nuevo, despotricaría contra ese misterioso topo que siempre la tomaba con sus plantas pero que jamás había visto. Aunque eso ahora no importaba).

Se incorporó cuando llegó a una ventana semiabierta, esta siempre permanecía accesible para él ya que así lo había pactado con el dueño de la habitación.

Otabek ni siquiera se inmutó cuando el pequeño omega aterrizó de un salto en su humilde cuarto por la ventana.

—Estás ya aquí.

—Imaginaba que vendrías después de que tu prima terminara de molestarte.

Yuri frunció el ceño al recordar a su molesta prima, pero después sacudió su cabeza concentrándose en lo que quería decir.

—¡He decidido que no quiero participar en ese maldito ritual! No me uniré a ningún alfa ni seré marcado como el trofeo de nadie, y tú, ¡vas a ayudarme a escapar!

El beta inclinó levemente sus delgadas cejas en un leve gesto de desaprobación.

—Te atraparán. ¿Imaginas lo que se formaría si el omega de la familia militar más importante de la ciudad desaparece cuando quedan unas horas para su ritual de debut? Las criadas notarían tu ausencia casi de inmediato y, desde ahí, ¿cuánto crees que permanecerás libre con rastreadores en tu casa como Mila? ¿15 minutos? ¿20 si tienes suerte o ella quiere jugar contigo?

Yuri infló sus mejillas preparándose para un berrinche.

—¡¿Eso quiere decir que no me ayudarás?! ¡Pensé que eras mi amigo!

—Si que te ayudaré a escapar —Otabek hizo una pausa como si estuviera meditando algo —. Pero no ahora, el momento perfecto es cuando crean que desapareciste porque te internaste en el bosque para participar en la ceremonia. Así no te buscarán. Mientras tanto deberías hacer lo que te digan, convencerlos de que quieres participar de buena gana hasta que bajen la guardia y apenas hayas entrado en el bosque te sacaré de allí.

—¿Es un trato?

Otabek le extendió la mano.

—¿Somos amigos, no?

Notas finales:
Como habrán visto, esta historia es un (UA) universo alternativo. No hay nombres de ciudades reales, ni fechas. Probablemente coincidiría con la edad media de un universo inventado, no hay alta tecnología, ni luz ni comodidades modernas pero tampoco corresponde exactamente a esta.

Espero que esta historia les guste e intrigue y quieran seguir descubriendo de ella a través de sus capítulos.¡Bienvenidos a SinLímites!

ANTERIOR SIGUIENTE

2 comentarios sobre “SinLímites: I. Preludio

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: