Registro OA1-0-00-570


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Registro OA1-0-00-001

Yuuri Katsuki se encuentra frente a ti, observándote con una expresión ansiosa que, a cualquier humano que estuviera en tu lugar, contagiaría sin duda. Pero sabes que no es miedo lo que experimenta al tenerte tan cerca, y eso te gusta.

—¿Me recuerdas, Otabek Altín?

Pregunta extraña, incluso por unos segundos dudas si has escuchado bien, pero al final te dispones a responder cuando el hombre no repite sus palabras y se extiende un silencio tenso entre los dos. Después de una breve inspección a tu memoria, niegas con la cabeza: todo se encuentra en blanco. Eres como un lienzo sobre el cual apenas comenzarán a dibujar. Tu respuesta logra arrancar un suspiro al otro que parece lleno de alivio, pero, al mismo tiempo, contiene algo más que no puedes descifrar.

—¿Encomiendas? —exiges cuando comienzas a sentirte algo incómodo ante el desconocimiento.

Yuuri vuelve a mostrarse ansioso. Abre sus labios, pero parece haber olvidado aquello que debe decir. De pronto, Víctor Nikiforov se acerca detrás suyo y se coloca en su lugar, frente a ti. Te mira durante unos segundos antes de soltar sobre sus labios una sonrisa que te hace sentir extraño, como si todo estuviera fuera de lugar y tú no debieras estar ahí, con ellos.

—Permanecer con nosotros.

Escuchas la orden, la registras en tu memoria y asientes: ahora esa se vuelve la única razón de tu existir.

Registro OA1-0-00-002 al OA1-0-00-255

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Registro OA1-0-00-256

A Yuuri le cuentas por doceava vez sobre aquella imagen que parece siempre reflejarse ante tus ojos cada vez que los cierras: es sobre un chico de cabello rubio y una mueca adorable de ofuscamiento que no logras reconocer.

Siempre lo detalladas con exactitud, incluso te crees capaz de contar cada hebra de cabello que suele caer sobre su rostro, la forma de su sonrisa, el color de su lengua y el tamaño de sus labios. Lo más extraño es que aquello no suele ser una imagen estática, sino que de vez en cuando lo miras moverse, sonreír, interactuar contigo… incluso besarte. Todo como si fueran trozos de una película corrupta cuyos fragmentos son imposibles de hilar.

Yuuri, como siempre, solo asiente en silencio mientras te escucha, hasta que ya no es capaz de soportar tu mirada de hostigamiento que espera con desesperación alguna palabra suya… quizá, alguna respuesta.

—Sueñas —te responde y sonríe como siempre, restándole toda la importancia que le es posible al asunto.

Tú sabes muy bien que eso no son sueños, pero tampoco eres capaz de comprender qué son, quién es él.

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Registro OA1-0-00-570

Después de casi un año de mantenerte al servicio de Yuuri Katsuki y Víctor Nikiforov, has comprendido por fin que ellos te ocultan algo. Por eso, decides quebrantar un poco las reglas e inmiscuirte en los archivos que Yuuri guarda tan celosamente consigo para buscar alguna respuesta en ellos. La sensación de ir contra la norma te tan sabe familiar, que dispara la imagen del joven rubio con más potencia en tu cabeza.

Cuando tienes el computador frente a ti, puedes sentir tus dedos hormiguear de nerviosismo cada vez que tocas alguna tecla, cada vez que mueves las pestañas y carpetas, y finalmente logras dar con aquella que te imaginabas existente: los registros del ciborg OA1… tus registros.

Un golpe de adrenalina te sofoca. Algo intuías ya sobre que ellos no eran las primeras personas a quienes les servías, pero la verdad es mucho más abrumante de lo que te imaginabas, sobre todo cuando abres algunos registros al azar y ves reflejado en la pantalla archivos de video que grabaste sobre los momentos que considerabas importantes… Y en casi todos ellos encuentras al chico de cabello rubio…

El 0A1-0-00-100 donde te golpea en el rostro para después reír divertido.

El 0A1-0-00-238 donde lo cargas dormido entre tus brazos hasta llevarlo a la cama.

El 0A1-0-00-682 donde lo observas en una presentación de ballet.

El 0A1-0-02-999 donde, tímidamente, se aproxima para besar tus labios.

El 0A1-0-38-604 donde cambias la carcasa de la motocicleta que acaba de encontrar.

El 0A1-0-39-008 donde ambos, tomados de la mano, observan las estrellas.

El 0A1-0-95-026 donde se desnuda ante ti mientras tus manos son absorbidas en su cuerpo.

El 0A1-1-65-431 donde ves a un hombre sobre él intentando quitarle la ropa… y grita…

—¡No!

Yuuri corre hacia a ti, empuja con fuerza la silla donde te encuentras sentado y te arrebata el computador. Sus ojos se han humedecido tras los cristales de sus lentes. Percibes el pánico, el anonadamiento, el no saber qué decir y, al mismo tiempo, ahogarse con tantas palabras y explicaciones.

—¿Quién es él?

Yuuri baja su mirada, seca esas lágrimas que han logrado traicionarlo.

—Un sueño, Otabek. Un sueño que ya terminó.

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