Prólogo de Endúlzame


Él siempre había sido así.

Buscó mil veces la forma de cambiar, de adaptarse mejor al mundo pero tal parecía que jamás lo lograría. Simplemente el mundo era muy diferente a él.

O él era muy distinto al mundo, quién sabe.

Pero si una persona común y corriente, un peatón cualquiera en una calle cualquiera lo mirase, pensaría que su apariencia era bastante común: piel blanca, pelo azabache y liso, ojos marrones como casi todos los japoneses que lo rodeaban.

Sí, de apariencia era muy común.

¿Qué tal su comportamiento?, bueno, trabajaba en una pastelería en Tokio bastante demandante, todos los días llegaba puntual al trabajo, comenzaba su jornada lleno de energía y se esforzaba cada día por ser mejor. Era amable y considerado con sus compañeros, los cuales lo tenían en mucha estima; Phichit había sido compañero suyo en la universidad en Detroit y su amistad lo había llevado a irse junto a Yuuri rumbo a su país natal a trabajar juntos.

Sí, Yuuri Katsuki también era alguien común en su trabajo.

Entonces, ¿cuál era el problema? ¿Qué era lo que lo atormentaba algunas noches, el secreto en su ser que no le permitía sentirse como el resto de las personas?

Se había dado cuenta casi al comienzo de su vida sexual. Porque sí, él no era virgen (a pesar de que todo el mundo lo tomaba por uno), nunca les había presentado una pareja a sus amigos o sus padres porque jamás había tenido algo serio, pero sí furtivos encuentros, los que le habían hecho entender lo distinto que era.

No era que simplemente le gustasen los hombres, a pesar de que en Japón la homosexualidad no es tan aceptada como en Norteamérica, no fue algo que le chocara o afectara, simplemente no era tema para él. Simplemente le gustaban los hombres y ya.

El problema era el tipo de hombre que le gustaba… Y lo que deseaba que le hicieran.
 
Nunca había hablado de esto con nadie, la última pareja que tuvo fue una relación corta y terminó por la falta de estimulación de Yuuri.

Al principio pensó que era asexual, pero lo descartó rápidamente. Le gustaban los hombres, pero no había logrado sentir placer cuando tenían relaciones. Sin embargo, si él se tocaba sí llegaba al orgasmo.

¿Cuál era el problema?
 
Corto y conciso: le gustaban los hombres dominantes, los que también se llamaban “Amos”.

Todo un sadomasoquista.

Bueno, la parte de sado sobraba, la verdad es que nunca había sido el que daba, le gustaba recibir el dolor. Todo un masoquista.

¿Quién pensaría que el tierno japonés que se dedica a hacer pastelitos para vivir, le gusta que lo amarren y azoten hasta correrse de placer?

De seguro nadie puede ver a través de él, nadie podría adivinar ese lado oscuro de su alma que tanto había escondido.

¡Hola a todo el mundo! Aquí les habla Katsu, espero aprender pronto a usar este blog y así traerles más actus. ¡Que tengan una hermosa semana y feliz año nuevo!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: