Alianza (Two Shot 1)


Primera Parte

Cuando la puerta del dormitorio se abre, Víctor Nikiforov contempla los cansados y llorosos ojos de Yuuri.  El profesor tiende la mano y el omega la sujeta con la timidez de la brisa en el desierto. Ambos se miran en silencio durante algunos segundos, corto tiempo en el que el amor se vuelve a encender en sus ojos.

─Yuuri ¿vas a dejarme marchar con el sabor salado de tus lágrimas o me vas a permitir sentir la dulzura de tus besos? ─Víctor atrae hacia sí al triste omega.

─Sabes que jamás te despido con pena o con enfado, pero esta vez tendré que decirte adiós con mucho miedo. ─Yuuri cierra con cuidado la puerta del pequeño dormitorio donde su bebé duerme ajena a todo el drama que se vive en casa.

─¿Quién va a decir adiós Yuuri? Solo será un hasta pronto, hasta dentro de siete días. Verás que este tiempo no será nada comparado con todo lo bueno que podremos disfrutar juntos después de la misión. ─Víctor abraza el frío cuerpo de su omega que se estremece de emoción entre sus brazos─. Vamos dame un beso, regálame tu sonrisa y dime cuánto me amas.

─Víctor eres un tonto… sabes muy bien que te amo sin límites. ─Yuuri juega con las hebras de plata que cubren desordenadas la frente de su amado profesor.

─Pero a mí me gusta que lo digas y que me demuestres tu amor. ─La barba de Víctor roza el cuello de Yuuri provocando que dé un salto ante la aguda sensación─. Amame con tus ojos, con tus labios, con tu aroma, con tus manos frías sobre mi espalda…

Manos frías que inventaron mil caricias sobre la cálida piel del beta, ojos que se entregaron a cada mirada intimidante, labios que saborearon todos los rincones de su cuerpo, aroma que inundó de éxtasis la habitación.

Para Víctor y Yuuri hacer el amor es todo un ritual que se inicia muy temprano en la mañana cuando ambos alistan el día y se besan con mucha pasión deseándose suerte en sus actividades. Un ritual que continúa cuando a mitad de la jornada se escriben algún mensaje picante o cuando se llaman para saber cómo están y en qué están pensando. Ritual que espera impaciente cuando tienen que jugar, hacer comer, leer un cuento, bañar y hacer dormir a la nena. Ritual que desnuda sus cuerpos y los junta en una lúdica coreografía llena de ternura, deseos y malicia con la que alcanzan el máximo deleite por las noches.

Esa noche es distinta. Con sus besos Yuuri expresa toda su angustia y miedo, con sus caricias intenta hacer perpetuo ese momento de amor. Los gemidos del omega son pedidos ahogados para que Víctor no cumpla con el estúpido pacto que hizo con Giacometti. 

El agradable sabor del beta se transforma en un amargo recordatorio del peligro que su hombre correrá las próximas horas fuera del hogar, fuera de la ciudad de refugiados, al otro lado de los Urales.

Yuuri intenta no pensar y se entrega al placer que desata en su cuerpo las embestidas de su amado esposo. Entre sombras y tímidas luces ámbar sujeta con las manos los firmes glúteos de Víctor reclamando otro roce más, otro toque profundo que endurezca su vientre, otro orgasmo que haga extraviar todos sus sentidos.

Víctor inunda con su suave aroma y su tibio sudor todo el cuerpo de su omega, busca en su boca con desesperación la calma que ha perdido desde hace algunas horas, sujeta sus pectorales con suavidad y los mama como un crío hasta que siente la caliente y dulce leche salir disparada hacia su paladar. 

Una parte de él quiere seguir gozando eternamente de ese momento lúbrico sobre Yuuri, otra parte le recuerda que un trato importante ha comenzado y que no puede dejar pasar esta oportunidad. Pero durante unas horas más Yuuri será suyo por completo, no se negará a cualquier pedido que él le haga, se abrirá como una flor en primavera. Lo aprisionará entre sus brazos y dentro su ardiente trasero que no deja de moverse buscando una y otra vez las cumbres del placer.

Al iniciar la madrugada, los cansados ojos de Yuuri se adormilan sobre el caluroso y firme cuerpo de Víctor. Este busca descansar unas horas antes de emprender su viaje. Yuuri le da la espalda y acomoda sus redondos glúteos sobre los húmedos muslos de Víctor. Los ojos del beta se cierran con lentitud y mientras posa su brazo sobre la cintura de su omega, en su mente se dibuja un único pensamiento.

«Te amo Yuuri Katsuki»

Antes que salga el sol Víctor ya está en pie ultimando los detalles para partir. Procura no despertar a Yuuri para no hacer más difícil la despedida. Sabe que el omega es demasiado sensible y no quiere verlo llorar. Sale con cuidado hacia el pasillo del departamento cuando de pronto escucha a su bebé balbuceando un lenguaje que solo los querubines entienden.

Víctor ingresa al dormitorio y la contempla con profundo amor. Es por esa criatura de ojos entreabiertos y por su hermoso padre omega que arriesgará todo en unas horas. Sonríe al ver cómo mueve la boca y intentando encontrar ese dedo que tanto le gusta chupar y su corazón de padre se rinde ante ella.

─Shhhh… vas a despertar a papá Yuuri y él necesita dormir un rato más. Vamos sé buena niña y vuelve a dormir ─Víctor suplica en voz baja mientras la toma en brazos, acaricia sus sedosos y negros cabellos y la mece con suavidad hasta que sus inmensos ojos azules se van cerrando. Luego entra a su dormitorio con la pequeña ya dormida y la deja junto a Yuuri.

Acomoda las cobijas sobre ellos, los contempla con una sonrisa complacida y sale en puntitas de pie de la habitación para no hacer ruido.

                                              […]

Una vez más la Universidad de Zúrich abre las puertas al profesor Víctor Nikiforov quien contempla con aire nostálgico el frontispicio del antiguo edificio principal, una joya arquitectónica de inicios del siglo XIX. Con cierta prisa sus pasos lo llevan hasta las oficinas del Rector quien, motivado por la gran amistad que tiene con Heinz Giacometti y porque él es uno de los aportantes principales de esa casa de estudios, se ha comprometido a ayudar a Christophe en este difícil momento que está atravesando su familia.

Víctor se abre paso entre los docentes, alumnos y administrativos que en su gran mayoría lo reconocen y saludan con algo de extrañeza. Él devuelve el cumplido con su amable sonrisa y un movimiento de cabeza, en especial a las secretarias de la oficina rectoral quienes suspiran al verlo ingresar con su traje de tres piezas azul marino que lo hace ver más esbelto de lo que es.

Dentro de la oficina de Wilhen Lawrentz, el Rector, esperan desde hace cinco minutos la agente Mila Babicheva y el estudiante de internado Christophe Giacometti, quienes desde que se saludaron han guardado completo e incómodo silencio intercambiando miradas poco amistosas. El Rector extiende la mano a Víctor cuando ingresa a su despacho y le da una palmada en el hombro, recordando que siempre fue un hombre muy apreciado para todos en la facultad.

Lawrentz lo invita a pasar a la sala de su oficina y Mila se adelanta para saludarlo con dos besos muy cariñosos en las mejillas, hace casi cuatro años que no se ven en persona, desde que ambos tuvieron que salir huyendo de un edificio envuelto en llamas tras un atentado en Mogadiscio. Esas eran épocas en las que se encargaban de transportar a las víctimas de trata que esa ciudad somalí a lugares más seguros.

Y el momento inevitable llega. Un alfa y un beta rivales tienen que estrechar sus manos y cruzar una vez más las miradas mientras intentan mantener la compostura del saludo.

─Víctor te ves bien ¿cómo está Yuuri? ─El lobo no puede dejar de lado su aire de displicencia.

─Muy feliz junto a mí. ─Víctor intenta disimular su rechazo, el recuerdo del poderoso lobo moliéndole a golpes en el coche de un tren no es tan doloroso como saber que fue el primero que se adueñó del cuerpo y los besos de su amado Yuuri─. ¿Y Pichit sigue contigo?

─Sí, se adaptó bien a las costumbres de mi familia y estudia danza en una escuela de élite. ─Chris aún siente la rabia de ver partir a su omega junto al beta que a pesar de estar golpeado y sangrante lucía victorioso.

Todos toman asiento en los sillones de cuero marrón mate de la sala. El Rector se muestra consternado y eso intriga a los dos agentes, porque el lobo no ha adelantado ningún dato importante durante las horas pasadas, aduciendo que era una información delicada que debía ser tratada personalmente.

─Señor Giacometti… —Mila sabe que debe actuar de interlocutora pues el diálogo entre esos dos podría ser muy áspero y prefiere imponer su prudencia y amabilidad─. ¿Podría decirnos por qué nos ha citado con tanto hermetismo y urgencia? Queremos detalles por favor.

─Pueden llamarme Chris… ─El lobo se inclina y posa los codos sobre las rodillas mientras junta sus manos, lo que va a decir a continuación no solo revelará un misterio, también mostrará su vulnerabilidad y como alfa eso es lo que menos le gusta─. Hace un año atrás mi padre y dos de sus tres socios decidieron cortar vínculos comerciales con algunas organizaciones que operan ilegalmente en países asiáticos. Como ciertos bancos de Europa, el nuestro prestó servicios a estos grupos. Y debido al escándalo con Eurobank todos pusieron un alto a este tipo de relación. Como estos grupos no han podido encontrar durante este tiempo a nuevos aliados, han recurrido al chantaje. ─Chris aprieta sus manos y su mirada muestra la gran preocupación que experimenta─. Hace cuatro días mi madre fue secuestrada por una de esas organizaciones y a cambio de su vida nos exigen atender una millonaria transacción bancaria.

Víctor y Mila se miran con sorpresa, el lobo está hablando de asuntos muy delicados y que lindan con actos ilícitos y criminales.

─¿Por qué has recurrido a nosotros Christophe? ─Víctor está intrigado por la forma cómo el lobo está queriendo solucionar su problema.

─Ustedes saben de sobra que el banco de mi familia prestó servicios en algunas oportunidades a estas organizaciones de la mafia para realizar operaciones clandestinas de blanqueo de dinero. ─Chris recuerda que por ese motivo tuvo que renunciar a Yuuri para salvar la buena reputación de su familia—. Esa fue su carta bajo la manga para que crucen los Urales.

─Christophe usted entenderá que nosotros hacemos rescates de personas y no nos encargamos de organizaciones criminales. ─Mila sabe de sobra que estos asuntos están fuera de su ámbito de intervención.

─Señorita Babicheva ustedes son los más indicados, además de ser los únicos que manejan esta delicada información sobre mi familia, conocen bien a esas mafias que también contrabandean gente por el mundo, omegas y hasta betas que ustedes en muchas ocasiones han rescatado de sus garras. ─Chris se muestra desesperado, el tiempo pasa y necesita arreglar la situación de inmediato.

­─No creo que seamos los indicados Christophe, no tenemos experiencia en este tipo de operaciones, hablamos de mafia, blanqueo de dinero, extorción y secuestro, nosotros somos un grupo especializado de intervención militar, no policial. ­─Víctor sabe que su negativa lo alejará de la posibilidad de movilizarse con libertad por el mundo, pero no puede comprometer al grupo en un territorio que no conocen.

­─Nosotros no podemos recurrir a la policía por obvias razones, tampoco a los grupos de cazadores porque son conocidos por las mafias. ─El gran stress que padece Chris endurece su mandíbula, abochorna su rostro y humedece sus ojos. El lobo trata en vano de ocultar su angustia─. Mi familia está con los brazos atados y a menos que un grupo desconocido de rescatistas pueda ocuparse de este asunto todo habrá terminado para nosotros, esta transacción será visible ante los ojos de las autoridades de la comisión fiscalizadora de la Intendencia de Banca Europea y tal vez mi madre no vuelva viva a casa.

El profundo suspiro y el temblor de manos del alfa movilizan la voluntad solidaria de Víctor. Compadecer al enemigo y estar dispuesto a hacer algo por él es algo que jamás en su vida habría imaginado que sucedería.

─Salvo alguien más se ocupe de los asuntos de la mafia… alguien a quien nosotros conocemos bien y en quien podemos confiar y que tiene una gran experiencia interviniendo organizaciones criminales. ─Víctor lanza la audaz sugerencia mientras ajusta el audífono que lleva en el oído derecho y por donde Georgi Popovich escucha también la conversación. Después de unos segundos recibe en su móvil la comunicación directa con el especialista.

─No, no, no, no… ¿estás hablando de él? ─Mila está muy sorprendida ─ Víctor te has vuelto loco, él vendrá a poner todo de cabeza.

─Mila sabes que es el mejor y si no tiene algún trabajo pendiente, él es el único que puede ocuparse de este delicado problema. ─Víctor explica sus razones al mismo tiempo que escucha el tono de espera de la llamada.

─Me opongo, me niego a trabajar con él, no lo metas en nuestros asuntos… ─Mila calla mientras Víctor con cierto aire burlón se acerca y le dice al oído.

─Mila es solo tu corazón roto el que te hace hablar así. ─Víctor escucha una voz al otro lado de la línea y sonríe─. Jefe cuánto tiempo sin saber de usted, me pregunto si tendría interés en participar en un asunto bastante espinoso que sobrepasa a mi equipo.

La reunión se prolonga por media hora en la oficina del Rector. Víctor Nikiforov, Mila Babicheva; en conferencia con Georgi Popovich, jefe del comando élite de rescate de la Organización Internacional de Apoyo a Refugiados y el jefe del grupo élite de la Agencia Mundial de Investigación Criminal, acuerdan hacerse cargo de esta misión a la que han denominado Operación Esmeralda, en referencia al color de ojos que tiene la madre de Chris.

00.10 horas del primer día.

Cuando la calma y oscuridad reinan en Zúrich un lobo madruga como pocas veces lo hace. El tibio cuerpo de su amigo y ocasional amante Pichit yace junto a él dentro de su habitación en la mansión de la familia.

─Dime que no vas a hacer algo estúpido por favor. ─Pichit ayuda a que su alfa se cambie con el uniforme que los vigilantes de la mansión utilizan en su jornada laboral.

El lobo debe salir de incógnito junto con los vigilantes del turno de la noche y dirigirse al Sorell Hotel en la céntrica calle Bahnhofstrasse muy cerca a la sede principal del banco de los Giacometti.

─No te preocupes Pichit querido, solo te pido que durante estos tres días no salgas de la mansión y solo conversa con mis hermanas, no con el personal de servicio. ─El lobo besa con suavidad la frente y los labios del jovencito─. No podré llamarte, pero quiero que sepas que todo estará bien.

─Rezaré porque así sea. ─Pichit rodea con fuerza el cuello de su amante y como siempre le regala una gran sonrisa antes de verlo salir de la habitación. Luego sus grandes ojos oscuros se dirigen al brillo de las estrellas orando porque que favorezcan a su lobo.

Una hora después de la media noche los agentes Nikiforov y Babicheva llegan al hotel donde el antiguo jefe de su organización los recibe con una amplia sonrisa y vino caliente. Los dos jóvenes ingresan a la suite royale, junto con Christophe Giacometti que les dio en alcance en la entrada del hotel.

Masumi, eso es el único dato que se sabe de él. Un hombre de unos treinta y dos años, alto, delgado, de rostro muy masculino, cabello castaño de hondas suaves, tiernos ojos color del amanecer y sonrisa apacible. Parece modelo de figurín bajo el elegante traje y la cadenciosa voz con la que saluda a todos.

Víctor lo abraza y ambos se dan palmadas en la espalda, Mila lo mira de reojo y le sonríe algo enfadada y Chris… observa sin parpadear el perfil y los rasgos adorablemente masculinos de este líder beta.

─Señor Giacometti mucho gusto. ─ Masumi estrecha la mano de Chris inundando sus ojos con mirada intensa y pícara. El lobo se sorprende al sentir un respingo en el pecho─. Durante estas horas me puse al corriente de los temas generales, pero me gustaría que usted personalmente nos haga entrar en detalles a mí y mi equipo.

El lobo toma asiento frente al agradable beta quien todo el tiempo lo mira a los ojos, escuchando con mucha atención su historia y manteniendo tanta seguridad en sus afirmaciones que produce una extraña calma en el corazón de Chris.

─¿Cuál es el pedido de esta organización? ─Masumi asume la coordinación de la reunión.

─Que les dejemos hacer una gran transacción de dinero ilegal a cambio de la vida de mi madre ─. El lobo muestra el rostro desencajado, al insomnio y cansancio se le suma la angustia por la situación que vive su progenitora─. En tres días llegarán unos hombres al banco y harán un depósito millonario en muchas cuentas que abrieron hace meses, el dinero se quedará en nuestra posesión por treinta o cuarenta minutos y luego será derivado a las cuentas de agencias que transan con monedas virtuales.

Durante ese tiempo Chris proporciona un listado de las organizaciones que en el pasado recibieron apoyo del banco para sus transacciones ilegales. Masumi revisa los nombres y su mirada se detiene en un nombre que le llama mucho la atención.

─¿Sospechan de alguien en particular? ─Mila desea tener más datos que los ayuden a establecer ciertos nexos.

─No, solo sé que mi madre salió a correr ese día como lo hacía siempre y no regresó. Dos horas después recibimos la primera llamada. —Chris proporciona una memoria donde tiene todos los audios grabados hasta esa mañana y los siguientes días.

─¿Hubo testigos del secuestro? ─Masumi conecta el aparato a su portatil.

─No. Y las cámaras de vigilancia que se tiene en toda la zona residencial no han captado nada sospechoso a pesar que están dispuestas en todas las avenidas, las entradas y salidas. ─La mirada de Chris se pierde sobre las brillantes luces que chispean por la ventana─. Es como si mi madre se hubiera esfumado en el aire.

Por al menos cuarenta minutos, los miembros del equipo se encargan de revisar todo el material que el lobo les proporciona, discuten sobre la decisión que tomarán, analizan los documentos y audios y por fin llegan a una conclusión.

─Señor Giacometti necesitaremos de la colaboración irrestricta de su padre y de usted. Por favor no hable de nuestra presencia a nadie ni siquiera a sus amigos más cercanos y mucho menos a los socios y colaboradores del banco. ─El jefe Masumi alcanza a Chris una cifra en un papel.

─Mi padre se ha encerrado en su oficina. Mis hermanas y familiares están en casa, ellos no saben que estoy haciendo algo para ayudar, no tienen idea que he recurrido a ustedes para que se encarguen de este asunto. ─Chris revisa la cifra y asiente con la cabeza.

─Tendremos que hablar con ellos luego, pero lo haremos de manera discreta para no alarmar con nuestra presencia a los mafiosos. ─Masumi extiende los documentos sobre la gran mesa de vidrio de la sala los observa por unos minutos, suspira y clava la mirada en los dos rescatistas─ Mila… Víctor… si no tienen algo mejor que hacer estos días ¿desearían entrar en el juego?

Media hora después el jefe Masumi tiene listo el plan cuyo objetivo principal es el rescate de  Rosemarie Giacometti. La misión Esmeralda comienza en simultáneo en Zúrich, donde Víctor Nikiforov ha decidido realizar su investigación y en Rusia donde Georgi Popovich se encargará de la logística y conexiones para que el equipo se mueva sin restricciones en las principales ciudades del viejo continente. Estos lugares serán ubicados por un poderoso equipo de rastreo, conforme las llamadas de los secuestradores ingresen a los teléfonos de Heinz Giacometti y a los teléfonos del banco.

El segundo objetivo es evitar que la transacción de dinero se realice, esto podría afectar la reputación de la familia Giacometti y para ello deberán ingresar a todos los sistemas del banco. Este objetivo tiene como responsables a Mila Babicheva que reemplazará a la secretaria personal de Heinz Giacometti y trabajará directamente con el patriarca de la familia.

El equipo de Masumi se encargará del proceso. Ellos son jóvenes promesas de la agencia: el experto en equipos de comunicación, agente Seung Gil Lee que interceptará todos los sistemas de comunicación de la sede principal del banco y de la mansión de la familia y el hacker Kenjiro Minami, un adolescente que tendrá como labor crear un programa virtual que emule la plataforma de servicios que tiene el banco y la suplante durante la ilegal transacción.

También contarán con la experiencia de un meticuloso analista de comunicaciones el agente Guang Hong Ji que se ocupará de rastrear las llamadas y mensajes para dar con la ubicación de las mismas y que podrían revelar el lugar donde tienen oculta a la madre de Chris.

─¿Y yo qué voy a hacer? ─Chris está algo molesto─. Yo deseo encontrar a mi madre, puedo seguir su olor y sentir el ritmo de su corazón. ─El lobo se levanta molesto y dispuesto a seguir su propio plan─. No me quedaré quieto esperando en la mansión.

─Señor Giacometti… de hecho, estaba a punto de proponerle que me sirva de apoyo y me acompañe a los lugares donde sean rastreadas las transmisiones, si nos movemos rápidamente podremos ubicar con exactitud el origen de las llamadas y tal vez dar con el paradero de su madre. ─Masumi decide mantener al lobo bajo su vigilancia.

─Está bien señor Masumi… ─Chris muestra cierto nerviosismo y no sabe cómo tratar al agente.

─ Solo llámame Masumi. ─Una sonrisa y un guiño de ojo coronan este pedido.

“¿Ese fue un gesto amable o una provocación?”. El lobo siente una fuerte ola de calor que comienza a la altura del diafragma y mantiene su estómago en suspenso. Por primera vez en su vida de alfa se siente ruborizado.

                                                      […]

─ ¿Me llamaba señor? ─A mitad de la madrugada, un minuto después que Georgi Popovich aceptara apoyar a misión, el agente Otabek Altin responde el llamado del jefe máximo del comando.

─ Debes partir a Zúrich de inmediato, tu objetivo es el agente Nikiforov… necesito que cuides sus pasos. No es que sea mal agente, pero debes entender que a veces arriesga demasiado. ─Georogi sabe de lo imprudente que suele ser Víctor y la forma como toma decisiones temerarias sin consultar. No quiere que su actitud vaya a poner en riesgo la misión y mucho menos ponerlo en riesgo a él—. Te están esperando en la pista número doce de la base

─¿Dónde y cuándo me pondré en contacto con el agente Nikiforov, señor? ─ Altin ya está en pie y a medio vestirse.

─Allí está tu desafío Altin. Nikiforov no deberá notar tus movimientos, ni siquiera debe tener la mínima sospecha que tú estarás apoyándolo y limpiando su camino, solo en caso muy extremo deberás intervenir. ─Popovich sabe que Vítya es escurridizo.

─Entendido señor. ─Altin tiene un nudo en la garganta pues engañar al astuto Nikiforov será una labor muy complicada para un agente que desea demostrar su valía y que está pasando por la etapa de valuación para graduarse.

─Una cosa más Altin… ─Popovich añade presión, ríe para sí mismo y piensa lo divertido que será escuchar a Altin tratar de llevar el paso del “cabeza hueca de Vitya”─. Tu primera estrella está en juego.

                                                                  …

En el gran almacén que la organización tiene a las afueras de Zúrich los agentes de la operación Esmeralda han terminado de escoger el material y los vehículos que utilizarán durante esos días. Sofisticados equipos de comunicación y rastreo que los conectarán entre sí todo el tiempo a través de uno o dos satélites que gestione Popovich desde Rusia.

Un arma automática y una semiautomática con numerosas municiones, cuchillo de comando, cuerdas, visores nocturnos, teleobjetivos, rifle automático con silenciador y una pequeña escopeta de dardos. Chaleco antibalas y dos trajes, uno de deportista de color azul y el otro de camuflaje con fondo negro. Equipo de rastreo satelital y lentes especiales que se interconectan al sistema de la agencia. Un equipo que rastrea aves. Víctor Nikiforov está preparado para la misión, levanta la mano, sonríe, se despide y sale veloz en una infalible Hayabusa lineal.

Con traje negro pegado al cuerpo, chaleco antibalas y sacón de color marfil hasta las rodillas, maletín de médico, múltiples pasaportes, una tarjeta de identificación oficial prestada, numerosos dispositivos y microchips de interceptación de comunicaciones en los bolsillos, teléfono móvil de alto rango, Christophe Giacometti aborda el automóvil que lo llevará junto al jefe Masumi hacia un aeródromo particular de Zurich. Allí deberán esperar por la señal que determine el lugar de transmisión de las llamadas.

                                                                …

Los primeros rayos del sol pintan en la lejanía de las montañas alpinas, es un día que presentará luz solar con ciertos nubarrones hacia horas de la tarde, al menos eso dice el reporte del clima que el agente Víctor Nikiforov escucha por sus auriculares.

Ataviado con ropa de trabajo de campo y una identificación perteneciente a la secretaría de medio ambiente de la ONU, Víctor camina por la avenida principal de la zona residencial donde se encuentra la mansión de los Giacometti, con un aparto de monitoreo de aves, un papel lo autoriza para que haga filmaciones y grabaciones de las pequeñas especies que han empezado a aparecer en ese bosquecillo desde hace tres años atrás, una especie que se creía extinta en el lugar.

Esa será la perfecta excusa del agente para poder caminar con libertad por las setecientas hectáreas de propiedades y bosque que tiene el exclusivo sector de las colinas de Zúrich buscando pruebas del secuestro. Cuando los agentes de seguridad del área residencial comprueban todos los datos le permiten pasar y lo conducen en dirección del bosque central que todas las viviendas comparten.

Víctor sigue al vigilante iniciando con él una extraña conversación sobre la importancia de los Cuculus canorus que están disminuyendo en número de forma alarmante y se han reportado la aparición anidaciones importantes de esas pequeñas aves que inspiraron el pajarito cucú de los relojes suizos, en ese bosque en particular. El vigilante escucha las explicaciones sin mucho interés y después de diez minutos de caminata se despide de Víctor dejándolo en la entrada del camino por donde Chris dijo que una vecina vio por última vez a su madre.

El agente empieza su detallada inspección revisando los bordes de la estrecha vía de tierra que se adentra en el bosque. Un lugar muy hermoso donde el aroma de las resinas y cortezas de los árboles se unen en fragante armonía con las flores silvestres que asoman sus colores por entre el follaje.

Víctor llega al punto muerto de vigilancia, en ese sector no existen cámaras ni vigías que puedan observar los movimientos de las personas que dentro de una hora saldrán a hacer joggin por los alrededores. Meticuloso como siempre apunta la mirada en las pequeñas huellas y todo detalle que muestre la posible intervención y forcejeo al que se vio expuesta la loba.

Durante quince minutos Víctor no encuentra ninguna evidencia hasta que el brillo metálico de un objeto atrae su atención. Observa y de la hojarasca verde y amarillenta levanta con una rama corta un aro, la inscripción dice en francés “a mi amada rosa”. ¿Quién podría tirar una joya de pulimento especial y tan significativa en medio de un camino desolado del bosque?

Vitya continúa con más seguridad por el sendero, observando con mucho cuidado el entorno y esperando encontrar algo más. La paciencia del agente rinde nuevos frutos, una esclava de oro y diamantes también yace por el polvoriento camino, los guijarros que la albergan no pudieron esconder su brillo. Cuando Víctor alza la mirada observa que ese camino termina en el cerco alambrado de una propiedad en la parte baja del bosque.

Víctor Nikiforov sube el empinado sendero del bosque hasta la zona más alta, donde trepa un gran árbol como cuando era un niño, se acomoda sobre una gruesa rama y apunta los visores de su rifle hacia el área frontal de la mansión.

─Georgi, no vas a creer esto —le dice al jefe de la agencia que sigue atento todas las comunicaciones—. Hay muchos hombres asiáticos armados vigilando esta propiedad, te envío la ubicación exacta, quiero que me confirmes los datos y que me envíes los planos del área─. Víctor sincroniza sus lentes especiales y con una sola orden comienza a enviar imágenes del lugar y de los rostros de todos los hombres y mujeres que vigilan la propiedad.

                                                             […]

El día laboral comienza para todos los empleados del banco media hora antes de abrir las puertas al público. Ataviada con el elegante uniforme de color azul con una blusa escotada blanca y una bufanda de seda color naranja, Mila Babicheva ingresa a las instalaciones de la presidencia del directorio. Saluda a todos con una gran sonrisa, procura esconder el acento ruso y abre las puertas de la oficina principal donde Heinz Giacometti se encuentra reunido con uno de sus socios.

─Señor Giacometti buenos días, soy Carla Herber el remplazo de la señora Steiner que se reportó enferma ayer. ─Mila sonríe mientras se acerca al escritorio principal de gerencia con varios portafolios, uno de ellos es de un color distinto y tiene como única señal la firma de Christophe Giacometti sobre su tapa.

El jefe de la familia reconoce de inmediato a Mila y se sorprende por su presencia, pero disimula su reacción frente a su socio. Recibe las carpetas y separa la que lleva la firma de Chris, dentro de ella están escritas todas las explicaciones e instrucciones que deberá seguir de puño y letra de su heredero.

“Te dije que haría algo por ti y por la familia. Por favor padre confía en mí” son las últimas palabras que lee en la primera hoja.

De inmediato el lobo ordena a la joven que revise unos archivos en su computadora personal y redacte un documento. Mila comienza a digitar una supuesta carta y con mucha habilidad introduce un programa que permite a Kenjiro Minami tomar control de esa terminal.

─Heinz si se te ofrece alguna cosa más no dudes en llamarme amigo mío. ─Jules Verhoeven, uno de los socios del banco da por finalizada su entrevista con el líder de grupo y con un gran apretón de manos se despide, luego hace un gesto a Mila quien responde con un movimiento de cabeza y sale de la oficina.

─¿Qué hace aquí señorita Babicheva? ─Con los ojos abiertos de par en par y la sorpresa en el rostro Heinz Giacometti trata de entender lo que está sucediendo.

─Su hijo nos contactó señor Giacometti, nosotros nos encargaremos de rescatar a su esposa y si es posible evitaremos que la mafia use los servicios de su banco para sus ilegales propósitos. ─Mila sigue digitando la carta y no levanta la vista de la computadora.

─Pero se supone que no debíamos recurrir a nadie. ─El lobo está muy asustado y camina de un lado a otro delante del escritorio.

─Señor Giacometti guarde la compostura porque es probable que nos estén vigilando y pierda cuidado nuestro equipo no es convencional, somos un grupo de rescatistas de refugiados así que nadie nos tendrá en cuenta. ─Con un gesto amable en el rostro, Mila devuelve en parte la esperanza que el jefe de los Giacometti había perdido—. Le pido por favor nos permita realizar todo lo que su hijo escribió en esos papeles para que la operación salga exitosa y por ahora demostremos que somos una secretaria y un jefe trabajando juntos.

Media hora después bajo el lujoso edificio un tranquilo agente coreano comienza a intervenir todos los paneles subterráneos de comunicaciones y vigilancia para tener acceso a las operaciones e información del banco, así como controlar los audios y las cámaras de la sede principal.

Con varios equipos sofisticados, chips de control y pinchadores electrónicos, se adueña en pocos minutos de cada cable, de cada conexión, de cada ordenador del banco y de cada aparato móvil. Ha presentado una orden que viene desde la alta jefatura para analizar supuestas anomalías reportadas en las comunicaciones de la entidad financiera. Incluso la empresa que brinda sus servicios de vigilancia a tenido que acceder a esta orden y deja trabajar sin problemas al agente.

En otra oficina del edificio los agentes Guang Hong Ji y Minami Kenjiro se instalan con un gran equipamiento que incluyen seis ordenadores de gran capacidad, tres equipos para rastreo de llamadas, uno de los más sofisticados programas para intervención de líneas móviles y fijas, con conexión satelital.

─Jefe tenemos acceso completo al panal. ─Seung Gil se reporta desde el sótano del banco con Masumi.

─Mila conecta el dispositivo al móvil del presidente. ─Masumi da la orden a la agente Babicheva y ella inserta un microchip en el teléfono móvil de Heinz Giacometti.

─Jefe tengo todo a la vista. ─Tres super ordenadores con seis monitores y otros dispositivos externos instalados en la oficina que el banco proporcionó al equipo de Masumi permiten que el agente Minami programe en simultáneo una plataforma virtual similar a las que usa el banco—. El juego comienza ahora.

─Confío en ti como siempre. ─Masumi respalda al joven Minami que comienza su larga jornada como programador.

─Agente Ji ¿cómo vamos con la instalación de los equipos? ─Masumi verifica en su ordenador todos los datos que envía Hong Ji.

─Todo en orden, jefe. Están listos para operar y acaban de conectarse a los satélites del comando. ─Guang Hong está cómodamente instalado en un gran sillón de la oficina, disfrutando de una taza de aromático café y en espera que los secuestradores hagan una nueva llamada.

─G necesitamos pasar por los cielos de Europa sin problemas. ─Masumi pide la intervención de Georgi.

─Todo listo jefe tienen luz verde. ─Georgi ha presentado la solicitud a cada agencia de gobierno europeo para que Masumi y Christophe Giacometti ingresen a todos los países de La Unión sin restricciones.

De pronto ingresa una nueva llamada al teléfono móvil del lobo patriarca, él procura hablar con naturalidad y hace un gran esfuerzo para contener los nervios.

“Señor Giacometti, hasta ahora todo va bien, hemos podido observar que las actividades en el banco y en su casa se desarrollan con normalidad, esperamos que siga así. Nuestro equipo de trabajo estará llegando dentro de cuarenta y ocho horas al banco, a las siete y treinta de la mañana arribarán a su cede central, serán puntuales y espero que usted pueda brindar su cómoda oficina para la operación”

—¿Cómo está mi esposa? ─El lobo intenta deshacer el nudo que se forma en la garganta cada vez que piensa en su amada loba, imagina sus ojos, su sonrisa y su perfume. No tenerla junto a él y saberla en peligro de muerte es algo que no se perdona a sí mismo, «¡cómo pude descuidarla tanto!», se reprocha─. ¿Cuándo hablaré con ella?

“Todo en su debido momento señor Giacomett, Ella está bien, es una dama muy serena y muy educada, mi gente la está cuidando con esmero y pronto volverá a hablar con ella, pero no hoy. Recuerde que cualquier mal movimiento de su parte y ella regresará a casa pedazo por pedazo”

La llamada se corta y el lobo queda con la sensación de tener un puñal dentro del pecho. Mila se acerca a él ofreciéndole un vaso con agua con el que traga unas píldoras para regular su alta presión arterial.

                                                          […]

Es poco más de medio día y Víctor Nikiforov se ha cansado de observar los movimientos de todos esos hombres y mujeres que al parecer dan por sentado que nadie los vigila y se muestran algo confiados caminando por los jardines y los balcones de la sospechosa mansión, conversando entre ellos y comunicándose con aparatos transmisores que llevan adheridos a sus cascos.

Algo entumecido Víctor baja del árbol y se dirige hacia la zona donde dejó su Hayabusa. Del compartimento de carga saca un chaleco antibalas, un cinto con dos pistolas, esconde un revólver en la bota, algunos puñales en los costados, una cuerda, binoculares, visores nocturnos, municiones, un rifle y varios dardos anestésicos y con el mismo interés que dejó el bosque vuelve a ingresar en él dirigiéndose hacia la zona sur siguiendo los límites de la propiedad.

─Vitya, Vitya responde, se ha cortado tu comunicación, vamos teniente qué sucede. ─Georgi Popovich se pone en alerta mientras observa el fondo oscuro de la pantalla destinada para Nikiforov.

─G, Nikiforov está ingresando a la mansión que colinda con el bosque. ─El agente Altin se reporta ya en Zúrich y por lo visto ha comenzado a cumplir con su objetivo.

─¡Maldición! ¡Víctor idiota! ─Popovich golpea su escritorio con el puño─. Altin ya sabes qué hacer.

Minutos después Otabek sigue a Víctor que se adentra por el bosque. Lo ve corriendo entre los árboles así que también aprieta el paso, lo persigue hasta que Víctor pasa por una reja que cierra un sistema de drenaje y se detiene en ella, es un enorme boquerón por donde sale el agua que se junta de todos los canales pluviales del bosque. El novato se da cuenta que el agente no tiene la posibilidad de abrir la reja, al parecer los gruesos barrotes y enormes candados son un obstáculo infranqueable, así que mira a Víctor subir por una barda de piedra y explorar el lugar. Altin pasa junto al drenaje y sigue de largo. Baja por unas escalinatas de piedra improvisadas y se encuentra con un estrecho arroyo. Está a punto de cruzarlo cuando observa a tres enormes rottweiler y dos dóberman pasear por el lugar. Parece que los soltaron hace poco. Mira que están husmeando por entre la maleza y el resto de árboles del bosquecillo. El agente sabe que los sabuesos no tardarán mucho en sentir el olor del beta que está a corta distancia de ellos. Tiene que actuar cuanto antes.

Con cuidado baja la cuesta y busca entre los arbustos mientras empuña un grueso cuchillo. Luego llama la atención de los perros que a toda prisa corren tras el agente. Altin corre al límite contrario a la ubicación de Víctor Nikiforov.

Un guardia persigue a los perros para saber qué sucede exactamente con ellos, este movimiento es seguido por Víctor, pero no logra observar que o a quien persiguen los perros. Alertado por el barullo Víctor decide regresar a su motocicleta y buscar una herramienta que le permita vulnerar la seguridad de esa enorme reja.

─Al parecer eran un par de tejones los que llamaron la atención de los perros, pero ya me encargué de ellos. ─Uno de los guardias regresa sujetando por la cola el cadáver de uno de los animalitos y tras de él los cinco perros retornar ladrando a todo pulmón.

La estrategia de Altin dio resultado, los perros guardianes jamás olvidarán su olor. Mientras limpia el polvo y la hojarasca que se impregnó en su ropa piensa que es mejor que él atraiga a los perros a que Víctor sea descubierto en sus pesquisas.

                                                           […]

A seiscientas treinta millas al sureste de Zurich, en la ciudad de Nápoles el jefe Masumi junto con el lobo observan desde un coche una casa antigua de departamentos cercana a una zona portuaria que según las coordenadas es el lugar exacto desde donde los secuestradores transmiten las llamadas, la última comunicación que recibió el padre de Chris así lo confirmó.

Chris se encuentra algo molesto porque sienten que están perdiendo el tiempo y nervioso porque el aroma de Masumi invade y despierta todos sus sentidos. No es la potente fragancia a madera del perfume que el beta utiliza ese día, tampoco son los suaves toques herbales de su cabello, ni el aroma de las armas que porta al costado de su cuerpo. Es la propia piel de Masumi la que expele una deliciosa fragancia néctar, sus poros liberan pequeñas moléculas de este aroma que el lobo percibe, que le provoca un cosquilleo extraño en su estómago y una sensación de calma va cobrando forma en su mente.

Chris piensa que le agrada esa sensación, luego se da cuenta de lo que está pensando y se enfurece. Para él Masumi es un beta, ambicioso como todos los de su especie, un beta de facciones marcadas y muy masculinas, de mirada tranquila y actitud relajada que tal vez va a alardear su inteligencia y astucia frente a sus compañeros cuando termine esta misión.

Un beta de sonrisa sensual que le provoca un deseo irrefrenable de posesión, un deseo que intenta descartar con cada pensamiento que viene a su cabeza, un beta que le cuenta sus hazañas en Bangkok cuando desarticuló una gran mafia de trata de mujeres o que intervino en un extraño congreso de sicarios en Sudamérica, deteniendo a más de cien.

Chris voltea la mirada hacia la calle que luce triste por los nubarrones que decidieron ocultar el sol esa tarde. No quiere verlo, no quiere escucharlo, no quiere olerlo, no quiere desearlo.

─¿Cuánto rato más vamos a estar aquí Masum? Dudo mucho que tengan a mi madre en este lugar. No puedo sentirla. ─La impaciencia de Chris es propia de aquellos seres que nunca han tenido que vigilar por horas o días a posibles sospechosos de un crimen, tan contraria a la actitud de Masumi.

─Esta espera es parte del trabajo. De la paciencia con la que vigilemos a estos dos hombres dependerá los siguientes pasos en el plan Christophe. ─Los labios juntos de Masumi esbozan una ligera sonrisa y sus ojos se fijan en la pantalla donde recibe las imágenes del interior del departamento donde tres jóvenes chinos parecen vigilar algo importante. El pequeño dispositivo que introdujo por la rendija de esa vieja puerta de madera les permite una visión en trecientos sesenta grados de todo lo que pasa en los principales ambientes del lugar.

Chris suspira y lleva sus manos al rostro visiblemente arto y cansado por las tres largas horas que tiene dentro del coche junto a un beta que sin darse cuenta resulta ser un provocativo bocado.

─Mira Chris, los tres están saliendo. ─Los dos vigías observan que el departamento se queda vacío y minutos más tarde ven a los tres jóvenes alejarse en un furgón viejo por la estrecha calle─. Esta es nuestra oportunidad.

El jefe y el lobo cruzan la vía con rapidez, ingresan casi a la carrera al edificio de departamentos y luego de abrir la puerta con una llave maestra, entran al departamento. Adentro el olor a tabaco y comida china se mezclan en un solo aroma repugnante que hiere el fino olfato del alfa.

Masumi le alerta que camine con precaución tras de él mientras revisan el resto de ambientes de ese lugar. Chris comprueba con frustración que su madre no se encuentra en esos sucios dormitorios y también piensa que es bueno que no esté oculta en lugar así.

Masumi ha encontrado el aparato por donde salió la llamada. Comprueba que es un simple retransmisor, toma fotos del mismo y las envía de inmediato a la central. Luego toma un pequeño componente muy parecido a un gancho dentado y lo coloca en la parte interna del cableado del aparato y finalmente un microchip que introduce a la placa principal de este sistema de transmisión. Cierra con cuidado la carcasa de la pieza y observa al lobo mirando atento su labor.

─Fue sencillo ¿no? ─Masumi advierte con el rabillo del ojo que el destartalado furgón llega a la entrada del edificio y ve a dos de los jóvenes chinos bajando de él. Con una señal atrae al lobo y con gran rapidez salen del departamento para tomar las escaleras que los lleven hacia la planta inferior mientras que la manecilla del ascensor marca el piso número cuatro y se abre dando paso a dos subordinados de la mafia asiática que ha secuestrado a Rosemarie Giacometti.

Dentro del automóvil Chris no deja de temblar, aunque disimula para no mostrarse vulnerable frente a ese beta amable y experto espía. El auto se aleja rumbo al estacionamiento del aeropuerto de Nápoles–Capodichino para esperar la próxima comunicación que revele el siguiente destino.

Una llamada que esperaron hasta la hora del ocaso, una llamada que el agente Guang Hong Ji interceptó sin problemas y reveló que el siguiente objetivo se encontraba en la ciudad de Lyon en Francia, ciudad a la que Masumi y Chris Giacometti viajan de inmediato iniciada la noche.

Ciudad que los recibe con sus barrios históricos, con sus delimitadas zonas comerciales y sus monumentos arquitectónicos majestuosos que la convierten en un ciudad admirable y admirada. Las calles llenas de luces blancas y amarillas pasan raudas mientras el vehículo que conduce al Masumi busca con el aparato geolocalizador el barrio de Part- Dieu donde se encuentra el edificio que ahora tendrán que vigilar.

El primer día de la operación Esmeralda muere en los relojes digitales y de cuerda que los hombres llevan en sus dispositivos y muñecas. En Zúrich el jefe de la familia Giacometti se dispone a descansar al abrigo de una manta, desde el sillón de su lujosa oficina contempla el brillo de la ciudad, en su mente se dibuja el rostro de su loba amada, trata de recordar qué fue lo último que le dijo ese día al despertar, la manera cómo lo miró desde la puerta de salida, sus ojos y su sonrisa. Heinz Giacometti espera que ella esté durmiendo tranquila esa noche y que la operación montada por los rescatistas no tenga ningún contratiempo.

Mila Babicheva, Guang Hong Ji y Seung Gil Lee revisan todos los sistemas y oficinas que faltan por revisar, luego deciden descansar en la sala de juntas que fue asignada para su trabajo, harán turnos de vigilancia para estar muy frescos al día siguiente.

Quien no duerme es Kenjiro Minami. El chiquillo tiene una gran dotación de energizantes y comida chatarra que le permitirá estar despierto por muchas horas más. Sigue digitando y programando el sistema que reemplazará el que usa el banco. Para los minutos finales del ese día tiene un cuarenta y tres por ciento de avance.

Otro agente que se pasará en vela y ha tomado suficientes anfetaminas para hacerlo es Víctor Nikiforov, que ajusta la cremallera de su saco para protegerse del viento helado de los Alpes y se pregunta a quién siguen esos perros bulliciosos de la mansión. Ignora por completo que Otabek Altin ha dejado muchos pedazos de carne cruda entre los árboles y los está atrayendo hacia él para que reconozcan su olor.

Uno de ellos, el más robusto y feroz ha ubicado al aspirante a agente y se acerca desconfiado hacia Otabek que estira la mano y espera agazapado entre los matorrales. Su mano está llena de la sangre de los bistecks, el perro lo huele, con la cola tiesa y las orejas tiradas para atrás observa con detenimiento al agente y comienza a lloriquear. El perro por fin se acerca y lame la mano del agente, mueve su cola y lo topa con su cuerpo, lo huele y recibe de premio un gordo pedazo de carne.

Chris no puede evitar cerrar los ojos en el asiento del copiloto y Masumi observa con atención los movimientos del muchacho y la jovencita que vigilan un aparato de retransmisión similar al que intervinieron en Nápoles. El jefe duda mucho que la loba se halle en ese lugar y piensa que, la mayor parte de las veces, las corazonadas de Víctor Nikiforov fueron infalibles.

Georgi Popovich descansa en un sofá cama armado de su oficina, necesita estar lúcido para el día siguiente. Sus ojos se cierran pero sus oídos siguen captando todo el bullicio de la agencia, que a esa hora de la noche no descansa.

En la ciudad de Novosibirsk, tras los montes Urales un omega asustado, da mil vueltas en su cama, no puede dormir carcomido por la angustia, reza, piensa en positivo, imagina que Víctor entrará en el departamento con una gran aventura que contar. Vuelve a revolotear las sábanas y decide levantarse e ir a ver cómo está su bebé. Entra en cuitas a la pequeña habitación y la observa a través del pequeño haz luminoso del farol del parque que ingresa por la ventana. Acomoda la mantita sobre ella, la ve succionar el aire y mover los dedos al compás del ritmo de sus sueños. Yuuri eleva una vez más la mirada e implora a sus dioses porque traigan de regreso a casa a su amado Víctor.

                                                             …

Al día siguiente Víctor mira que los perros han regresado a la mansión y que dos de ellos llevan algo muerto entre las fauces, la mira del rifle le dice que son un par de hurones, los guardias los reciben y parecen amonestarlos.

De pronto el agente se da cuenta que existe un gran movimiento en el área de los coches. Varios hombres y mujeres suben a tres autos negros con lunas oscuras y salen de la mansión. Víctor se apresura para subir a su Hayabusa y los sigue a una distancia prudente, hasta que llegan al aeropuerto de Zúrich y en un hangar particular ingresan los autos para recibir a tres pasajeros orientales.

Un joven de contextura gruesa y poca estatura, calvo y de origen asiático, otro hombre como de cincuenta años, alto muy delgado y con cabello negro lacio de mediano tamaño. Otro hombre muy alto y corpulento con gafas y un ridículo sombrero que le tapa la coronilla ya sin cabello. Los dos primeros suben a un vehículo y el tercero a otro y con la misma rapidez que llegaron al aeropuerto parten de nuevo. Su destino… la mansión de la colina.

Mientras eso sucede en el aeropuerto, un exhausto Otabek Altin abre el gran candado de la reja que sella el drenaje e ingresa en el túnel cubierto de rocas frías y llenas de musgo, el mapa que le ha proporcionado su jefe lo lleva a recorrer las distintas galerías formadas a lo largo y ancho del bosque y de la mansión sospechosa.

Cuando ubica el túnel que lleva directamente a la propiedad siente algo suave chilla bajo sus pies, es una inmensa rata. Otabek escucha que comienza un bullicio que se va incrementando y acercando hacia su posición, al principio no entiende de que se trata, pero conforme pasan los minutos y él avanza en ese túnel observa que varios roedores corren en dirección contraria.

Otabek se da cuenta muy tarde. El ruido de los roedores se vuelve ensordecedor y cientos de ratas negras corren por el agua de la torrentera, corren por las estrechas veredas de ese laberinto, corren enceguecidas y alocadas por los desniveles de las paredes de piedra. De pronto el agente se ve envuelto en un río de colas, orejas, pelos, dientes y chillidos agudos que lo sobre pasan y llegan hasta la altura de sus muslos. Otabek se queda quieto y estupefacto, quisiera correr, gritar y sacárselas de encima, pero no puede porque Georgi le acaba de ordenar con un grito que se quede quieto. Y así lo hace durante los siguientes nueve minutos que dura el éxodo de las asustadas ratas.

Cuando la pestilente ola de roedores pasa, Otabek solo desea salir y darse un buen baño, pero su obligación ahora es avanzar y sacar a las ratas que queden en el lugar. Deberá hacerlo para allanar el camino del agente Nikiforov. Tanto Georgi como él creen que Víctor intentará ingresar a ese oscuro y mojado lugar con el afán de acercarse a la propiedad.

No se equivocaron cuando el agente Nikiforov regresa a la propiedad de la colina tras los coches que recogieron a esos hombres en el aeropuerto, esconde su caballo de acero, saca varias herramientas de su cajuela y se dirige decidido rumbo a la parte baja del bosque.

Y es que la información es contundente. Uno de esos hombres, el más veterano, es Ming Tai Yuan ligado a las triadas chinas, lugarteniente de uno de los mafiosos más temibles y que hace poco declaró que se retiraba del negocio por motivos de salud.

─Georgi voy a entrar. ─Víctor tiene todo listo para vigilar más de cerca la mansión.

─Quiero que te quedes allí Vitya. ¡Carajo no entiendes que puedes poner en riesgo todo!… solo vigila y espera, enviaré un equipo de asalto si es necesario… ─Georgi se queda callado al ver por los lentes especiales que trae puesto el agente que ya está nuevamente dentro de la propiedad y que esta vez sí ingresará por el túnel del drenaje─ ¡Mierda Víctor!, ¡¿qué haces?!

─¿Desde cuándo no confías en mi cariño? ─Víctor ríe como un niño y corta con una llave cerrajera el candado Altin había cerrado.

─Desde que se te ha dado por hacer idioteces, amor. ─Georgi está al borde de un ataque. Quisiera tener a Vitya cerca suyo y hacerlo dormir de un solo golpe para que deje de arriesgar tanto, pero ahora solo tiene que limitarse a observar a través de los ojos artificiales de Víctor y ayudarlo en su osada intervención.

Al mismo tiempo que Víctor ingresa al canal del bosque, otra operación comienza en el departamento de Lyon.

El jefe Masumi y Chris ingresan muy cuidadosos al departamento que acaban de dejar los dos mafiosos chinos. El primero busca intervenir el equipo de retransmisión de llamadas y el segundo busca a su madre con desesperación. En absoluto silencio para no despertar las sospechas de los vecinos, se mueven por el lugar. Un departamento poco lujoso pero espacioso, con una sala y comedor cerrados en un ambiente aparte, un corredor que divide las habitaciones del área de cocina y la terraza. Cuatro dormitorios algo vacíos y al fondo un cuarto de baño amplio.

Masumi encuentra por fin el aparato transmisor y con cuidado destapa su carcasa, pincha sus cables e introduce el microchip espía. Mientras tanto el lobo afina el olfato y no puede sentir ni un pequeño rastro del aroma materno. De todas formas, ingresa a una de las habitaciones y revisa en busca de no sabe qué cosa. Está por salir al pasillo cuando escucha que alguien abre la puerta de la habitación de junto y parece preguntar algo en chino. Chris se queda paralizado, la puerta del dormitorio donde se encuentra está entreabierta y por lo visto el hombre se acerca a ella. El lobo se decide, saltará sobre él y le torcerá el cuello. Cuando está acomodándose en posición de ataque alguien tras de él lo sujeta con fuerza por la cintura y le cubre la boca con la mano.

─Retrocede despacio junto conmigo. ─Masumi le habla quedito al oído y Chris no puede hacer otra cosa que obedecer.

Ambos hombres ingresan a un armario vacío y Chris cierra la puerta. Dentro del incomodo lugar se quedan en silencio. Masumi observa por la rendija mientras Chris lo observa a él.

El lobo siente el calor del beta que lo empuja con su cuerpo contra el fondo del armario, Chris puede escuchar su respiración y sus latidos, otra vez siente que su aroma lo envuelve en una atmósfera de tranquilidad y se relaja un poco a pesar de la difícil circunstancia.

«Qué estupidez» —piensa el alfa— «en un momento tan tenso y desesperante como éste yo tengo que estar imaginando en apropiarme de la voluntad de este hombre… no puede ser… además es un beta… un beta que en cualquier momento puede desaparecer y no honrar ningún compromiso. Debo alejar de mí este deseo, debo pensar en mi madre, en mi padre, en mi familia, en mi omega… ¡maldita sea su olor me atrapa!»

Durante los tensos minutos en los que deben esconderse en silencio, el lobo lucha contra sí mismo y desea estar lo más lejos que puede de Masumi que no ha dejado de observar hacia afuera por las rendijas de ese placard.

El tercer ocupante del departamento ingresa a la habitación y la revisa de una mirada, se fija en el armario cerrado, está a punto de moverse hacia él, se detiene en medio de la habitación, se ríe y luego hablando algo en cantonés se dirige hacia el baño.

Masumi siente que la puerta se cierra y que se abre la regadera de la bañera. Con un fuerte abrazo detiene un par de minutos más al lobo dentro del armario y luego se mueven con rapidez hacia la habitación vacía del costado atravesando la puerta interna que las conecta. La habitación tiene una ventana que se dirige hacia la escalera de emergencia externa del edificio. El lobo la abre con cuidado y los dos salen del departamento, cierran la ventana y a prisa bajan por las escalinatas, intentando no hacer demasiado ruido en su huida.

Luego corren hacia el automóvil y arrancan con suavidad para evitar algún ruido molesto que alerte al chino que se está bañando. Salen de la pequeña calle y se dirigen a una pista de aterrizaje en las afueras de Lyon, cerca de la campiña francesa.

─¡Maldición estoy temblando! ─Chris está al borde de un colapso nervioso. Ni su posición de alfa, ni sus agudos sentidos desarrollados, tampoco la educación familiar y la instrucción académica le habían preparado para afrontar una situación tan extrema─. ¿Cuántas veces has vivido este tipo de experiencias Masumi?

─Todo el tiempo Chris. ─Masumi acerca su mano a la mano del lobo­─. Mira, yo también estoy temblando.

Después de unos minutos los dos ríen como chiflados, están eufóricos por esta experiencia límite, la obligación de ambos era no dejar huellas o sospechas de la intervención del equipo. Pero allí están ahora respirando agitados y mordiendo los labios. Pero la misión está aún lejos de terminar.

                                                         […]

“Señor Giacometti buenas tardes, mi gente ya está lista para realizar la operación así que… tal como quedamos mañana a las siete y treinta horas ellos estarán llegando al banco, escuche con atención, el primero de los hombres es un experto en sistemas de cómputo…”

La nueva llamada ha ingresado al teléfono móvil de Heinz Giacometti quien, con la mayor paciencia posible, escucha las instrucciones del líder del grupo criminal. Tras recibir la promesa de hablar con su esposa al día siguiente el lobo corta la comunicación esperando que el equipo de rescatistas acierte esta vez con el paradero de su amada Rosemarie.

─Jefe estas son las coordenadas, la transmisión fue hecha de una mansión ubicada en Portugal. ─Guang Hong Ji está seguro de sus datos, la pantalla de su personal así lo confirma con la exactitud de noventa y ocho en cien.

Masumi y Chris toman una avioneta pequeña que los trasladará de inmediato hacia Lisboa y desde allí ocupan un helicóptero que los traslada a la zona turística de Albufeira a orillas del Atlántico. Es una mansión y por ende existe una posibilidad más certera que la madre de Chris esté retenida en ese lugar.

Los satélites de la organización dirigen sus paneles sobre la casa y confirman la posición de varios hombres que montan vigilancia. Al verificar la dirección se puede apreciar que pertenece a Alberto Farías un distinguido cardiólogo del lugar y que en ella vive junto a su esposa, sus dos hijas adolescentes y su pequeño de siete años, además de dos empleados de confianza que trabajan en casa.

¿Por qué un ciudadano del prestigio de Farías tendría que estar involucrado con la mafia china y prestar su casa para ocultar a una mujer secuestrada? Esa pregunta se la hacen en simultáneo Georgi Popovich y el jefe Masumi. Víctor en cambio piensa que ambos están perdiendo el tiempo.

                                                         …

Víctor Nikiforov acaba de llegar a la propiedad de la colina, tras caminar por veinte minutos a través del túnel principal de la red de alcantarillas en el bosque, el agente se sitúa en una posición privilegiada tras la rejilla que da al patio trasero de la mansión y que le permite ver una pequeña cabaña que parece estar vigilada por varios hombres.

Una mujer diminuta con uniforme negro y zapatos de cuero de tacón bajo, cabello sujeto en una cola alta y mirada amenazante acaba de entrar al lugar portando una bandeja con alimentos.

─Georgi, creo que tienen a alguien allí. ─Víctor acomoda sus aparatos de vigilancia para observar mejor el lugar. Una pequeña cámara dentro de una especie de manguera transparente que le permite ver a través de su teléfono móvil los movimientos de todos los que se encuentran en un alcance de cien metros a la redonda.

─Escúchame Vitya puede ser que allí estén atendiendo a uno de los mafiosos que llegaron esta mañana, una bandeja de alimentos no dice nada. ─Georgi intenta organizar mejor sus ideas para convencer a su amigo que no intervenga─. Además, creo que Masumi está ya en el lugar donde guardan la Esmeralda, así que mejor no hagas nada tonto y solo vigila, si deseas desde ese desagüe hazlo, si prefieres desde los arbustos o la colina hazlo, pero por favor solo vigila Vitya. No intervengas.

─Uuuuf, está bien ternura no haré nada que acelere tu corazón, pero créeme que cuando te digo que la joya está en este lugar no me equivoco. ─Víctor saca una barra energética de su bolsillo y la devora de dos bocados.

Una hora después del ocaso Masumi y Chris llegan a las cercanías de la mansión de Albufeira. Un lugar hermoso clavado en una roca con vista a la playa y rodeada de palmeras.

─Chris no podrás venir conmigo ahora. ─Masumi alista su equipo de intervención y sus armas─. Quiero que te quedes aquí y no hagas nada, yo solo vigilaré, revisaré un par de horas el lugar y volveré para esperar al equipo de asalto que ya está en camino.

─Pero yo podría ayudarte… ─Chris se enerva a pesar del miedo y la rabia que siente por la situación.

─Christophe esto no es un pedido, es una orden. ─Masumi le sujeta el rostro con la mano y clava su mirada azul sobre los ojos esmeralda del lobo─. Quédate en el auto, quiero encontrarte aquí al regresar.

Con los ojos encendidos el lobo observa la figura de Masumi que desaparece entre los autos del parqueo junto a la playa, rumbo a la mansión que se levanta al fondo de la vereda. Si su madre está en ese lugar él podría encontrarla con toda certeza. Hablan de un equipo de asalto y solo le viene a la mente las imágenes de muchas intervenciones fallidas en las que los secuestradores terminan ultimando a sus víctimas.

Chris no puede quedarse quieto observando, su corazón no para de bombear la sangre con fuerza dentro de su pecho, la mujer que más ama en este mundo podría estar en peligro en este instante si algo le falla a Masumi o podría morir si el equipo de asalto no da con ella a tiempo. Chris observa una vez más la mansión, recuerda el rostro serio del beta advirtiéndole que no intervenga.

Chris siente que le falta aire, sale del auto, se quita el ajustado uniforme de camuflaje que ha usado esos días, desnudo y libre respira un par de buenas bocanadas llenas de aroma marino y conforme suelta el aire de sus pulmones se transforma en el enorme lobo alpino que es. Fuerte, astuto y temerario. Pese a las advertencias de Masumi, Christophe Giacometti se dirige hacia la mansión pensando que ahora no solo su madre podría estar en peligro, ese beta confiado también podría correr algún riesgo.

Continuará…

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

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