Alianza (Two Shot 2)


Segunda Parte

Víctor ha decidido salir por un bocadillo hacia la zona comercial de Zúrich así que se despide de los vigilantes del barrio, dos horas después regresará por una vía poco transitada sin que nadie lo note. Mila y los tres chicos de Masumi devoran dos pizzas gigantes que el señor Giacometti ha pedido para ellos. Georgi Popovich toma té con algo de licor para calentar el cuerpo, comprueba que no es el frío sino el stress el que intenta apoderarse de sus músculos. Otabek Altin sigue a Víctor y lo pierde en el camino, frustrado regresa a la colina, deja su vehículo muy lejos y comienza a subir la empinada cuesta hacia el bosque.

En Albufeira un lobo husmea entre los matorrales de los jardines externos de la opulenta residencia de Farías. Nota de inmediato el olor de Masumi, es inconfundible, similar al rocío matinal, tan suave como el toque de su mano, como su sonrisa, como su voz y como sus posturas.

Chris escudriña en el piso inferior de la vivienda y comprueba que no hay vigilantes, ni perros guardianes, ni empleados que salgan a su paso. Con mucha cautela avanza por el jardín y su hocico topa con una ventana a ras de piso. Su delicado olfato siente un aroma muy fuerte y desagradable, Chris cree reconocer la procedencia de ese olor. Un olor que anuncia que la vida de algún ser ha sido detenida con brutalidad desde hace varias horas o días. El lobo se espanta y busca ingresar al lugar donde procede el nauseabundo aroma.

Cuando Chris ingresa al sótano de la mansión, pasa por un área que parece ser una bodega de vinos, luego entra en un almacén y se topa con el cuarto del lavado. El espectáculo no puede ser más macabro. En el suelo apilados uno junto al otro encuentra los cuerpos de una mujer adulta, dos jóvenes adolescentes, un hombre de mediana edad y un niño.

El fétido olor y el color de los cadáveres le dicen que los desdichados están comenzando a descomponerse pues lucen amarillos y algo hinchados. Chris se acerca y observa que la familia de alfas ha sido ajusticiada, tal vez uno tras otro, sus rostros revelan algo de tensión, las cuencas hundidas, la falta de brillo en los ojos entreabiertos y sus labios morados denotan que han recibido la muerte de un solo golpe. Los agujeros en sus frentes así lo revelan. Solo el hombre luce dos disparos más a la altura del pecho y el estómago.

El lobo sabe que no tiene nada más que hacer en ese lugar, así que retrocede y busca la salida. Ahora está dentro de la mansión y lo único que hace es inspirar a profundidad el aire para sentir el aroma de su madre. A pesar de la conmoción el lobo calma sus nervios, se pone en acción y procura unir el compás de su corazón al de su madre. No obtiene ninguna respuesta.

En otro ambiente de la gran casa Masumi ha encontrado el dormitorio desde donde transmiten las llamadas. Es otro lugar de repetición, no hay señales de la loba. Así que dejando los aparatos intervenidos decide salir de la propiedad. Cuando pasa junto a la puerta a medio abrir de uno de los dormitorios principales observa un cuerpo tendido sobre el piso.

Masumi ingresa y comprueba que es un varón de unos cincuenta y cinco o sesenta años, lleva lentes y un uniforme de trabajo, parece ser el mayordomo de la casa. Masumi está a punto de retirarse cuando nota bajo el cuello del cadáver el brillo metálico de un arma. Sus manos ejercen tensión para extraer el arma de la carne muerta y comprueba que es una estrella shuriken con una inscripción que cree reconocer. La limpia con la camisa del cadáver y la guarda en un bolsillo pequeño de su chaleco.

Masumi decide que ya ha tenido suficiente de ese lugar, está ahora seguro que Víctor Nikiforov tiene más posibilidades de haber acertado con su investigación. Camina con cuidado por el pasillo que lleva a la balaustrada rumbo a las escaleras por donde ingresó a la mansión.

Sabe que los cuatro hombres que cuidan el lugar están jugando póker en uno de los salones principales así que no será difícil salir tal como entró. Masumi está al borde de las escaleras cuando un joven de marcados rasgos chinos le sale en frente.

El joven sube a prisa por las escalinatas y Masumi retrocede buscando un objeto con el que defenderse ante el siseo que produce la espada del atacante. Un jarrón, una estatua de porcelana, una mesita decorativa, no hay mucho en esa área del pasillo.

Masumi se lía en una confrontación de artes marciales. Karate contra kung fu, habilidad y destreza, contra furia asesina. El hombre emplea llaves y técnicas bastante agresivas, pero es esa misma agresión la que le impide asestar un buen golpe. Masumi no la tiene fácil, este fortachón le está dando más trabajo del que pensaba. Pero no cesa en su afán de encontrar el punto exacto para desmayarlo.

Chris ha escuchado el ruido de la pelea y está seguro que Masumi está en medio de ella, se dirige veloz hacia el lugar y observa que el beta se lía a patadas, golpes y llaves con dos hombres que lo acorralan en el pasillo. El lobo llega hasta el borde de las gradas y sube observando el ángulo y momento precisos para atacar.

Espera unos segundos mientras ve que Masumi toma del brazo al joven delgado que lo azuza con una cadena y le clava los dedos en los ojos, el muchacho grita y Masumi lo lanza por encima del barandal hacia el piso de cerámico rosa. Ese movimiento es aprovechado por el segundo atacante quien hiere en el brazo al beta. Este no se da por vencido y sujeta la muñeca y el brazo del robusto atacante golpéandolo hasta hacerle soltar la espada. Llueven los golpes y los bloqueos hasta que Masumi gira en forma inesperada el cuerpo lanzado una feroz patada voladora con la que quiebra la mandíbula del hombre que cae inconsciente sobre las escaleras.

Masumi toma un respiro pero luego observa que Chris vuelve a gruñir y su mirada se dirige detrás de él. Un joven atlético sale al paso del beta y comienza un nuevo ataque. Ambos lanzan y bloquean golpes sin ningún resultado positivo. Mientras la danza agresiva sigue su curso el lobo camina en actitud acechante. Hasta que Masumi golpea con fuerza el pecho del joven que retrocede varios pasos en dirección hacia las habitaciones.

Pero esto no detiene a este luchador de kung fu que responde a los golpes de Masumi con gran habilidad. Este piensa la estrategia para detenerlo, sus potentes patadas de karate no son suficientes para desarmar al joven, quien se enfrenta lanzándose sobre el agente con un gran puñal en la mano. A tiempo Masumi detiene el ataque y lucha para evitar que el arma entre en su pecho, está a punto de vencer al agresor cuando por detrás de él salta el lobo gigante que muerde el brazo del muchacho y luego cierra sus fauces sobre su cuello.

El lobo destroza la carne a mordiscos. Chris está exaltado, gruñe, muerde y arrastra el cadáver por el pasillo hasta que se parapeta en la entrada de uno de los dormitorios de la familia.

Masumi se agacha de cuclillas y estira la mano sin dejar de mirar los furiosos ojos del hermoso alfa.

─Tranquilo Chris. Ya está muerto. ─Con calma y determinación Masumi acerca más su mano a las fauces abiertas del lobo que gruñe sin parar─. Déjalo ya. Tu madre no está aquí.

El lobo deja su aire agresivo, cierra las fauces y algo agitado pone el hocico sobre la mano firme del beta. Este lo sostiene durante unos minutos y luego le acaricia el pelaje. El lobo avanza un poco más hacia el agente y posa su mandíbula sobre el hombro de Masumi.

─Vamos Chris relájate. ─Masumi acaricia el lomo del lobo que comienza a gemir nervioso e irritado─. Ya pasó. Vámonos. Ya no existe nada que buscar en esta casa.

El lobo se irrita por la gran sensación de confort que siente en ese momento y se aparta con rapidez de Masumi. El agente se pone en pie y Chris aún en su forma de lobo lo sigue con cierto gimoteo, casi como una queja o reproche.

Cuando salen de la propiedad Masumi siente el sonido de un percutor de revolver cerrarse junto al lobo, estira el brazo y desvía la mano que aprieta el gatillo, la bala que hubiera herido gravemente al lobo se introduce al techo del balcón delantero, Chris salta sobre su atacante y se encarga de destrozar el pecho y rostro del cuarto hombre del cual se había olvidado el beta.

Tras los últimos minutos de tensión en la mansión de la playa, Christophe Giacometti sigue en silencio al agente hasta el automóvil, no puede explicarse la forma cómo Masumi logró controlarlo, cómo pudo ceder con tanta facilidad ante las órdenes de un beta común. Chris vuelve a su forma humana recoge su ropa, sube al auto y se queda contemplando por un buen rato el rostro de este hombre.

─Vamos al aeropuerto, un equipo de limpieza está por llegar a esta mansión. ─Masumi le muestra la mejor de sus sonrisas a pesar de tener el brazo sangrante que cubre con un paño grueso que ha sacado de la guantera del auto, sujeta el volante y arranca el motor del Gran Coupe—. Ellos se ocuparán de todo

Chris piensa que su poderío de alfa no debe desvanecerse ante esa sonrisa encantadora, ni ante la mirada de provocación con la que Masumi lo observa todo el tiempo.

─¿Qué haré ahora Masumi te cuidaré las espaldas todo el tiempo? ─Chris intenta revelarse a su propio deseo.

Masumi no contesta, suspira y acelera el motor.

Cerca del amanecer el lobo y el jefe de la operación Esmeralda aterrizan en el aeropuerto de Lisboa, en una sala especial ambos hombres aguardan una nave particular.

El lobo contempla en silencio la pista de aterrizaje, Masumi se acerca con un vaso de café late.

─¿Masumi vamos a seguir en este plan de perseguir la nada? ─Chris lanza el café al suelo y muy enojado encara al beta─. ¡No te das cuenta que están jugando con nosotros! ¡Y mientras tú y yo tratamos de atrapar a esas ratas el tiempo se acaba para mi madre y mi familia! ─Chris sujeta del traje a Masumi, tiene los puños bien cerrados sobre las solapas del saco mientras el beta posa sus manos sobre el pecho y el antebrazo del lobo y sin perder la calma le mira a los ojos dejando que lo sacuda con fuerza.

Chris se da cuenta del exabrupto y suelta al beta.

─¿Me dejas explicarte en el camino? Debemos regresar a Zúrich. ─Masumi no ha perdido la compostura y camina por delante de Chris. El lobo no tiene más alternativa que seguir a este extraño y seductor beta.

Una vez más Chris percibe el aroma del perfume de Masumi, un dulcísimo olor a algarrobos. Esa es una sensación que comienza a gustarle demasiado, el lobo observa con detenimiento al agente mientras ingresan a la aeronave que los espera en la pista de aterrizaje. Sin poder poner freno a sus sentidos el lobo tiene que reconocer que la personalidad de Masumi lo confunde y le atrae al mismo tiempo. «En este hombre conviven la fuerza de un alfa, la determinación de un beta y el encanto de un omega», piensa.

                                                          […]

El novato Altin ha distraído una vez más a los feroces perros guardianes de la mansión para evitar que se acerquen a la rejilla del drenaje desde donde Víctor Nikiforov observa los extraños movimientos de los guardias chinos.

Los ha dotado una vez más de carne fresca y jugosa llena de un potente somnífero que los hará dormir por lo menos unas doce horas, así se asegura que los brutos no sean una molestia hasta el siguiente mediodía.

Después de poner los cuerpos de los perros dentro de su camioneta, Altin retorna a la alcantarilla del bosque y avanza con cautela iluminando los pasajes con una tenue luz azul para no llamar la atención del agente Nikiforov. Cuando toma el túnel central y se acerca hacia su puesto de vigilancia, siente que alguien le apunta con un arma sobre la cabeza. Altin se detiene y su ritmo cardiaco se acelera en solo segundo. Sus pupilas de dilatan ante la falta de luz y un sudor frío recorre su espalda.

─No sé si pensar mal de ti o del capitán Popovich que te envió a espiarme. ─Víctor Nikiforov le habla al oído y el pulso de Altin se dispara mucho más.

─Teniente, agente… yo… ¡maldición no sé qué decir!, yo… se supone que debía cuidarlo. ─El novato titubea mientras piensa que la estrella de su graduación acaba de escapársele de las manos y que pasarán otros cuatro meses de entrenamiento para tener otra oportunidad. Otros cuatro meses en la escuela, lejos de su amado Yuri Plisetsky que lo espera en San Petersburgo.

El oso hizo todos los esfuerzos posibles para cumplir su misión y ahora un beta astuto le quita la oportunidad que estaba esperando.

─En lugar de cuidar mi trasero como si fuera un niño mejor ve a esta dirección ─Víctor la pasa al móvil del novato─, habla con Jazz y dile de mi parte que necesito ese paquete del que le hablé hace unos días atrás.

─¿Cómo sabrá que es usted quien me envía? ─Altin aún se siente muy apenado por el resultado de su trabajo.

─Entrégale esto. ─Víctor se hace una pequeña incisión en la mano con la punta del cuchillo que lleva en su pantalón, y empapa un pedazo de tela con su sangre─. Deja que la pruebe con la punta de la lengua y así sabrá que soy yo.

─Agente… qué le diré al capitán Popovich sobre este apoyo. ─Altin guarda la tela ensangrentada en una pequeña bolsa sellada y la mete a su bolsillo.

─Solo la verdad señor Altin. Usted revisó dentro de mi motocicleta y halló esta dirección con las referencias e indicaciones y decidió tomar una iniciativa. ─Víctor le da una palmada en el hombro─. Váyase ya que el lugar queda a dos horas y media de Zúrich.

El agente Altin sale corriendo del drenaje, se lleva la motocicleta de Víctor y deja su camioneta en la parte baja de la colina, a la entrada de la carretera para que el agente pueda usarla en caso de emergencia.

Víctor retorna hacia su puesto de vigilancia y toma algunas pastillas más que impedirán se quede dormido en ese frío y húmedo lugar. En ese mismo instante el jefe Masumi y Chris se enfrentaban a los hombres de la mafia china dentro de la mansión de Albufeira.

                                                           …

Con las primeras horas del tercer día de la operación Esmeralda, un avión de alto tonelaje aterriza en el aeropuerto de Zúrich transportando equipo y hombres que se encargarán de intervenir en la mansión de la colina, aquella que dista a tan solo dos kilómetros de la propiedad de los Giacometti.

Liderando este equipo de profesionales, Masumi piensa reducir a los mafiosos y salvar a la madre de Chris que debe estar oculta en esa cabaña que Víctor Nikiforov ha estado vigilando desde el primer día.

El equipo aguarda que todos los vehículos blindados estén listos y que los hombres ingresen en ellos. Deberán esperar en zonas no muy cercanas a la colina residencial, los hombres llegarán caminando hasta las cercanías de la mansión y en el momento en que reciba la señal de visto bueno de Kenjiro Minami la intervención habrá comenzado.

El agente Masumi toma su vehículo, un lujoso BMW de color acero y conduce a toda velocidad alejándose de los vehículos del convoy que pasan desapercibidos entre el tránsito, camuflados como vehículos de reparto, como jóvenes motociclistas y como lujosos autos con hombres de negocios.

                                                               …

En las instalaciones del banco el personal comienza su día organizando sus escritorios y sus archivos en las computadoras antes de abrir la puerta de la sede principal para el público. Todos tienen entendido que llegarán unos visitantes especiales a la sede central, quienes ingresarán media hora antes que el resto de clientes.

Mila Babicheva tiene todos listo para intervenir en respaldo del jefe de la familia si fuera necesario. Espera con cierta ansiedad que los hombres no noten la sustitución de sistemas.

Georgi Popovich coordina con los equipos de limpieza de la organización para que intervengan de inmediato en el banco y en las mansiones usadas por la mafia que fueron descubiertas por Masumi y Chris.

Otabek Altin maneja a toda prisa un gran blindado, su objetivo es llegar a tiempo hasta la salida del drenaje. No tiene ninguna duda que el agente Nikiforov intentará rescatar a la loba.

Y Víctor Nikiforov decide entrar a la cabaña cuando la pequeña mujer china salga con la bandeja del desayuno para el ocupante misterioso. Espera no estar equivocado, pero confía en su corazonada más que nunca.

Por una reja estrecha que se encuentra en un pequeño patio detrás de la cabaña el beta sale con suma cautela. Víctor rodea la cabaña, observa a los guardias que a esa hora de la mañana andan medio distraídos y algo aletargados con el calor del verano suizo.

De pronto llama la atención de dos de ellos haciendo ruido en la parte trasera de la cabaña. Los guardias llegan al lugar y observan que no hay nadie, aun así, deciden explorar un poco más, se acercan a los matorrales y Víctor dispara dos dardos a cada uno desmayándolos en el instante.

Al ver que no regresan sus compañeros los otros dos van por ambos flancos de la cabaña y no observan nada en particular, cuando se acercan al sitio donde están los cuerpos uno de ellos cae por el piquetazo de un dardo adormecedor. El otro los esquiva, pero no puede hacerle frente al puñal que se clava directamente en su garganta evitando que haga algún ruido. Víctor se ocupa de esconder los cuerpos.

Luego en temeraria acción se presenta en medio del patio y se acerca a los otros dos vigilantes quienes sorprendidos por su presencia no tienen idea de van a hacer. Víctor observa que toman sus armas y dispara con su fusil de dardos.

Uno de ellos cae inmediatamente, pero el otro resiste un poco. Antes que llame la atención el beta se tira sobre este hombre y le arrebata el arma de las manos. El agente recupera la calma porque el seguro no había sido abierto por eso es que el disparo no se produce con el golpe. Víctor le hace una llave sobre su cuello hasta desmayarlo.

Con rapidez ingresa a la cabaña y no encuentra a nadie, confuso revisa el lugar hasta que siente una suave brisa detrás de su oreja que proviene de la parte posterior de la pared. El beta busca el ingreso y lo halla deslizando un panel de cemento pre armado.

Detrás hay una puerta pequeña. El agente Nikiforov la abre con cuidado y encuentra la imagen de una dama muy distinguida sentada en una silla tomando su desayuno. La mujer lo mira y Víctor le hace una señal de silencio con el dedo sobre los labios. Se acerca a ella y coloca un dispositivo para abrir el collar de contención que le han puesto a la dama y que impide que se transforme en la loba alfa que es.  Ella se pone sus zapatos deportivos y sale junto con Víctor quien la toma de la mano y juntos se dirigen hacia el buzón de las alcantarillas.

                                                      […]

Cerca de las ocho y treinta de la mañana un grupo de diez hombres entran al banco por la puerta que conecta hacia el estacionamiento. El administrador de la sede los saluda y guía hacia el ascensor que los llevará a la oficina del señor Heiz Giacometti.

Tres de ellos ingresan a la oficina, se presentan ante el patriarca y sacan una computadora personal de alta capacidad. La conectan con la máquina central del banco, esta labor la realiza Mila Babicheva vestida con el uniforme de secretaria.

Un hombre alto y robusto sale hacia el ambiente de recepción de la oficina. Otro hombre de ojos muy rasgados, de carnes magras y cabello lacio corto se queda en la sala vigilando y un joven calvo de contextura atlética y lentes de lectura gruesos se sienta frente a la computadora. Digita el teclado y la transferencia de depósitos a mil trescientas cuentas del banco comienza. Solo necesitarán treinta minutos para completar esta operación.

─La mujer, ¿por qué está aquí? ─El joven programador calvo protesta por la presencia de Mila.

─Ella es mi asistente personal y yo necesito su apoyo. ─Heinz Giacometti está muy preocupado por la reacción de los suspicaces mafiosos.

─No, no, no ella sale ahora. ─El chino se muestra algo nervioso.

─Disculpe señor, el señor Giacometti está muy alterado y necesita que se le de apoyo porque su presión es muy alta, se lo suplico permítame quedarme junto a él por un caso de emergencia. ─Mila muestra sus bellos ojos llorosos─. No se lo pido como asistente si no como… su amante… por favor…

─Deja que la perra se quede, puede ser útil al final. ─El hombre delgado habla en cantonés con el más joven quien acepta con muy mala cara el pedido.

Al mismo tiempo Kenjiro Minami ha dejado correr el programa que simula la plataforma multimedia del banco. Trabaja con tal rapidez que cualquiera de las verificaciones que pide el experto de la mafia, las envía con total tranquilidad. Minami toma un refrescante jugo de toronjas y come algunos pastelillos mientras digita a toda prisa los códigos.

Masumi sube el camino principal de las colinas residenciales, maneja a mediana velocidad, junto a él se encuentra un lobo con rostro desencajado. Masumi para el vehículo y mira a Chris con mucha seriedad.

─Chris bájate del auto, este es un asunto para el equipo de profesionales. ─El agente no va a transigir en su pedido.

─Yo puedo ayudar… ─Chris lo mira con mucha sorpresa y se resiente porque ese beta lo trata como un niño.

─Chris ve a casa a esperar la llegada de tus padres, esa es la forma como vas a ayudar. ─Masumi se queda callado esperando que Chris salga del auto.

El lobo sale muy enojado y camina sin mucha prisa por el borde de la carretera.

«No debí confiar en este beta, él me cree incompetente», piensa Chris y se siente defraudado.

«Lo siento mi hermoso Chris, pero no puedo involucrarte más en esta peligrosa intervención», Masumi recuerda que el lobo estuvo a punto de ser asesinado por uno de los mafiosos la noche anterior.

El beta lleva su coche colina arriba y pasa raudo por la zona baja del bosque, quiere llegar a tiempo para dirigir al equipo de intervención que se dirige con calma hacia ese lugar.

                                                         .

Por los intercomunicadores la voz de una agente del equipo de rescatistas suena muy segura, ella sigue a los autos que salieron de la mansión de la colina y han llegado hace ya diez minutos al banco.

La bella mujer baja de su moto en un aparcadero cercano y se quita el enterizo rojo que usaba para reemplazarlo por un uniforme del personal que presta el servicio de limpieza en la entidad bancaria.

─Ya estoy lista jefe, confíe en mí. ─Ella sonríe mientras Georgi Popovich suspira aliviado en su oficina de Moscú.

                                                            .

Sin apuro Chris camina hacia su casa cuando pasa por la zona sur del bosque. Cerca de la mansión de sus vecinos Verhoeven, nota un aroma particular, un aroma que conoce desde que era un pequeño lobezno, un potente aroma que lo atrae de inmediato y dispara todas sus alertas en un segundo. El lobo entra al bosque se desnuda y se transforma en el bello ejemplar de ojos de fuego y níveas fauces asesinas. Con ligereza se dirige siguiendo el camino que ha dejado la estela de ese delicioso olor.

                                                            .

Kenjiro Minami y Seung Gil Lee vigilan que la plataforma clonada se sostenga y no dejan pasar ningún detalle por alto. Todos los datos y números, todos los códigos, todo el dinero que es retirado de los paraísos fiscales pasa por el soporte virtual que este joven hacker ha creado para engañar a toda una gigantesca organización criminal.

Esa habilidad lo llevó un día a intentar engañar a su gobierno y al ser atrapado se vio obligado a cumplir su condena asistiendo a la agencia de Masumi con sus conocimientos y destrezas. La adrenalina corre por los cuerpos de ambos muchachos, cuyas manos no han parado ni un segundo de digitar sobre el teclado de los poderosos equipos que tienen frente a ellos.

                                                                .

En la mansión Víctor Nikiforov guía a la señora Giacometti por una intrincada red de túneles pétreos de aguas pluviales, el agente espera que nadie note por un buen rato la ausencia de los vigilantes que se encargaban de la cabaña.

Dentro de la mansión la mujer china mira su reloj después de haber recibido una última llamada, luego su mirada se desliza hacia un pequeño frasco de color marrón que está acomodado sobre el mesón de la cocina.

─Me olvidé de darle la medicina a esa loba. Debo corregir este error. ─La mujer sale con mucha prisa rumbo a la cabaña.

Cuando llega al patio que comunica la cabaña con la mansión encuentra a dos guardias tirados en el piso, con rapidez ingresa al lugar y ve el panel deslizado hacia un costado, ingresa a la habitación y no encuentra a Rosemarie en ella.

Sale gritando tratando de alertar a los demás vigilantes, pero nadie responde, entonces observa su teléfono móvil y ve que el transmisor del collar de la loba está en movimiento rumbo al bosque. La menuda dama no observa ningún movimiento por entre los árboles y vuelve a la cabaña, está tratando de ver otra ruta de escape cuando de pronto siente que la tapa de la alcantarilla se mueve bajo sus pies.

Ella decide bajar y seguir el camino del drenaje a toda carrera, mientras que, doscientos metros por delante, Víctor y la loba corren por los túneles rumbo a la carretera.

─No puedo creerlo, esa era la cabaña de… Jules. ─La loba sigue el paso ligero del agente, es una dama ágil que se desliza con rapidez.

─Ya viene el equipo de apoyo señora resista por favor. ─Víctor está a punto de tomar una de sus mejores armas. Una automática con la que piensa despejar el camino como lo hizo en el pasado en las selvas de Rwanda.

                                                                .

En el banco la transacción sigue en curso. Heinz Giacometti ha encendido un cigarrillo y observa con gesto adusto los movimientos del joven que sigue digitando sobre el teclado del ordenador personal.

Mila ha pasado su brazo sobre el pecho y lo sostiene en delicado abrazo mientras manipula un filoso estilete que saca de la manga, el lobo la toma de la mano y ambos aparentan a la perfección ser una pareja enamorada que cuida el uno del otro.

                                                                .

Al otro lado del mundo, en la ciudad de Manila, un alfa veterano recibe una llamada inesperada.

─Jefe, han encontrado a la loba y están a punto de sacarla.

─¡Cómo carajo ha podido ocurrir eso, oye estúpida si va mal esta transacción personalmente voy a cortarte el cuello! ─El hombre grita desesperado por el móvil.

─¿Qué hago señor? ─Muy agitada la mujer espera la orden del jefe de la organización.

─¡¿Cómo que qué hago?! ¡Mátala y mata a todos los que quieren rescatarla, eres una imbécil no debí confiar en ti maldita perra! ─El hombre finaliza la llamada.

La pequeña mujer china guarda su móvil y ordena a todo su equipo dirigirse al sur para interceptar al agente y la loba que huyen por los túneles del drenaje. Varios hombres responden a su llamado y apresuran el paso rumbo a la reja de salida, su idea es bloquear el paso de los fugitivos.

Tras reanudar su persecución, la mujer por fin puede ver la silueta de los dos fugitivos en medio del túnel y dispara dos veces contra ellos.

Víctor tiene que proteger a su rescatada, toma una de sus armas y devuelve los disparos, todo ese ruido alerta aún más a los hombres que bajan por el sendero del bosque, muy confundidos al ver que no existe ningún blanco en movimiento.

─¡Capitán! ¡Nos disparan! ─Víctor alerta a Georgi del peligro.

─¡¿A ti y quien más Vitya?! ─Popovich siente que el corazón se le sube a la garganta.

─¡A mí y a la esmeralda, la saqué y está conmigo! ─Víctor sonríe a pesar de las circunstancias.

─¡Mierda, mierda, mierda!  ¡Víctor idiota te dije que esperaras! ─Georgi abre los canales de comunicación para todo el grupo y convoca de inmediato al equipo de intervención quienes se dirigen a toda prisa por las colinas residenciales de Zúrich hacia la mansión.

Víctor vuelve a disparar con la semi automática y siente que la mujer que los persigue se queja y cae al agua, pero también siente en la superficie el movimiento de varios hombres acercándose a su posición y sabe que tendrá que enfrentarlos. En ese instante el dispositivo que colocó en el collar de Rosemarie abre la cerradura y ella queda libre, pero la dama está muy nerviosa y cansada como para transformarse de inmediato, así que acelera el paso junto al beta.

                                                             .

En el banco el hombre delgado que está sentado en el sofá de la oficina atiende una llamada en su móvil y recibe a gritos una orden.

¡¡Cancelen la operación!!

El hombre se levanta y alerta al joven que aun digita algo en la personal, el chico se detiene observa a su compañero que lleva su mano dentro del saco hacia el cinturón de armas.  El muchacho está a punto de abortar la operación cuando un estilete atraviesa su mano y la clava contra el escritorio. El hombre grita por el impacto.

Mila Babicheva impide de esta forma que el muchacho calvo pulse la tecla, éste se levanta del asiento y luego cae retorcido de dolor mientras su mano sangrante sigue sujeta al escritorio.

Mila observa que el otro hombre saca su arma y comienza a disparar, la agente pone como escudo al operador de computadoras quien recibe tres disparos certeros en el cuerpo. Con la habilidad que aprendió en la academia y perfeccionó en el equipo, Mila lanza otro estilete que se introduce en el ojo del atacante y lo detiene de inmediato. Mientras cae sobre la alfombra de la oficina, el hombre observa a la joven secretaria mirarlo con una gran sonrisa y al lobo Giacometti deslizando la personal lejos de su compinche que agoniza.

Afuera un corpulento vigilante abre de una patada la puerta e ingresa a la oficina con el arma lista para disparar. Se escuchan varios tiros y la sangre salpica por todo el lugar. El hombre cae y tras del gigante, Mila reconoce las perfectas curvas de Anya que acaba de matar al mafioso, tal como acabó con los demás hombres que esperaban en el estacionamiento del banco.

                                                                 …

En la propiedad de la colina un blindado de cuatro puertas todo terreno espera al final del túnel por los dos fugitivos que están a pocos metros de la salida, por encima de ellos se escucha el ruido de los botines de los guardias de seguridad que corren hacia el lugar. Víctor sale disparando hacia la parte superior con su arma automática y mientras la loba ingresa al vehículo, el agente hiere a los primeros mafiosos que llegan a la salida del drenaje.

Dentro de la mansión un temeroso Jules Verhoeven, socio de la familia Giacometti se esconde bajo su escritorio de metal.

El motor del coche ruje y con un grito Otabek advierte…

─¡Víctor sube ya!

El beta corre para meterse en el vehículo cuando de pronto un disparo suena tras de él, Víctor voltea y dos disparos más se escuchan en el aire, frente a él la pequeña mujer china dispara con certeza a pesar de estar herida.

Víctor se queda inmóvil observando a la mujer y en la parte superior de la entrada del túnel, justo sobre su atacante, mira a un lobo inmenso que se lanza hacia la nuca de la delincuente. Con un solo mordisco Chris le destroza parte del cuello dejándola herida de muerte.

Víctor aun no entra al blindado a pesar de los gritos de Altin, cuando la madre de Chris grita un nombre desde el interior de la camioneta.

¡Christopheeeee!

El grito detiene al lobo que levanta la cabeza y se queda con la mirada fija sobre el agente Nikiforov, suelta a la mujer dejándola en un charco de sangre con las vértebras de la cervical expuestas, acelera su paso, corre con las fauces abiertas y a toda prisa se dirige hacia Víctor…

Antes de llegar a la camioneta Chris se transforma de nuevo en humano y empuja al agente dentro del vehículo, al grito de Otabek Altin cierra la puerta del blindado y sujeta a Víctor con fuerza. La sangre que tiñe la mano derecha del agente Nikiforov demuestra que el chaleco antibalas no pudo detener el proyectil, Otabek Altin mira con estupor la escena y aprieta a fondo el acelerador.

Altin maneja a toda prisa, colina abajo. En su camino hace frente a las balas de los vigilantes para que no impacten en las llantas del vehículo. Gana velocidad y atropella a dos, uno de ellos sale disparado y cae a seis metros del impacto. El otro no tiene tanta suerte, el auto pasa por encima de su cuerpo y lo arrastra varios metros debajo de su chasis.

Otabek dirige el carro con temeridad por la colina hasta que toma la carretera, su objetivo es llegar a la mansión de los Giacometti.

Mila escucha la transmisión por un dispositivo que lleva todo el tiempo en el oído izquierdo.

─Capitán el rubí está a salvo. ─Altin confunde los términos.

─¿Altin es la esmeralda que regresa al joyero? ─Georgi no puede evitar sonreír a pesar de la tensión que le provoca la transmisión. El jefe de la división daría la vida por estar junto a sus hombres en ese instante.

─Sí jefe y Víctor está herido, es un disparo en el vientre. ─Otabek maneja a toda prisa por la amplia vía del lujoso barrio residencial, en su camino se cruza con los blindados del equipo de intervención.

Mila Babicheva informa la situación al señor Giacometti mientras comprueba que el programador de la mafia ha muerto a causa de sus heridas.

Heinz Giacometti llama a casa y ordena a su jefe de vigilancia que abran la puerta a un auto blindado de color acero y que informe a la familia que deben asistir a sus ocupantes.

Dentro del vehículo una calmada loba sujeta la mano del Víctor que se queja por el dolor, Chris lo sostiene entre sus brazos mientras su mente viaja a la mansión de los Verhoeven, escucha a través de la radio la voz de Masumi que ingresa con el equipo de asalto y se enfrenta al ejército de mafiosos que se refugian en el lugar.

                                                              […]

Al otro lado del mundo un iracundo alfa de ojos azules y cabello negro largo sujeto en una coleta golpea y tira todo lo que encuentra a su paso. Grita, blasfema y finalmente mata a dos de sus secuaces. La noticia no pudo ser más devastadora para él.

─Jefe el dinero no ingresó a ninguna de nuestras cuentas en el banco de Suiza. ─Su asistente observa la verdadera plataforma digital del banco.

─No puede ser, pero… si entramos a su página, yo mismo abrí mis cuentas, todo estaba bien… ¡maldita sea! ¡digita de nuevo! ─El hombre deja de sentir el piso bajo sus pies.

─No jefe. No hay nada en ninguna cuenta. ─Con temor su asistente le anuncia la terrible noticia. El alfa enloquecido se acerca a observar la pantalla, comprueba que sus cuentas están vacías y con la furia de un león descarga un golpe en la nuca de su colaborador y lo mata.

Doscientos millones de dólares han desaparecido en menos de veinte minutos. Doscientos millones de dólares que Kenjiro Minami ha desviado con gran habilidad a una cuenta especial de la organización que dirige el jefe de la operación, el beta Masumi.

                                                               …

Masumi ingresa a una habitación oculta en el primer sótano de la mansión. Bajo un escritorio de fino nogal encuentra escondido al amigo, vecino y socio de Heinz Giacometti, Jules Verhoeven, que se queda mirándolo atónito cuando el beta le apunta con el arma y otra agente le coloca las esposas en las manos.

—Este hombre tendrá que rendir muchas cuentas sobre su participación en el secuestro de Rosemarie y sobre sus vínculos con los grupos criminales de Beijín y Hong Kong. —comenta Masumi a la agente y juntos salen de la habitación, él para seguir explorando y ella llevando detenido al millonario.

                                                             .

En el centro financiero de Zúrich y manejando uno de los autos de lujo de la familia Giacometti Mila Babicheva traslada al patriarca a su mansión. El lobo necesita descansar puesto que la tensión vivida durante los últimos días le ha generado una descompensación ligera en el organismo. Mila se guía por el dispositivo de localización del vehículo para no iinfringir ninguna norma de tránsito. Lo que menos desea es ser detenida por alguna patrulla y mientras toma la ruta hacia el área más exclusiva de la ciudad espera recibir las noticias sobre Víctor y la esposa del lobo.

En Rusia Georgi Popovich se estira en su sillón y bebe algo de vodka con limón, está feliz porque la operación, a pesar de tantos inconvenientes salió exitosa. La señora Giacometti fue rescatada, los equipos de limpieza han comenzado a hacer su trabajo con rapidez y eficiencia para evitar a las autoridades.

El equipo de apoyo ha ingresado a la mansión de Verhoeven y lo trasladan a un lugar apartado para interrogarlo. El patriarca regresa sano y salvo a su casa para reunirse con su familia. Y la última llamada que hizo el jefe de la mafia alertando a sus hombres ha permitido a Guang Hong Ji descubrir el verdadero punto de origen de las comunicaciones. El pequeño agente Ji decide guardar la información y compartirla en privado con Masumi cuando termine la operación.

                                                           …

Dentro de la inmensa propiedad familiar, Chris sale del auto y junto con Otabek Altin trasladan a Víctor hacia una de las habitaciones de su lujosa residencia. La sangre del beta gotea sin pausa y mancha los blanquecinos pisos de mármol de la residencia.

─¡Chris estas desnudo! ─Pichit sale al paso de su alfa al sentir todo el alboroto que hacen las mujeres de la familia alrededor de Víctor­─. ¡Es Víctor! ¿Qué pasó Chris? ¿Por qué él está aquí y… herido? ¿Chris le hiciste algo? ¿Se pelearon?

─¡Pichit que traigan toallas y mi equipo de cirugía de emergencia! ─El lobo acuesta al agente sobre la cama y recibe una bata de baño que una de sus hermanas le alcanza para cubrirse, luego vuelve sobre Víctor y con un par de gruesas tijeras corta la tela del chaleco y la ropa del agente preparándolo para la intervención.

                                                            .

En medio de la delicada operación el lobo no deja de pensar en Masumi, mientras el jefe de la agencia de investigación ordena a sus hombres que despejen y limpien la mansión de Verhoven con rapidez para evitar la intervención de las autoridades suizas.

En el banco Anya hace lo mismo y se siente muy satisfecha al ver que el último delincuente abatido es trasladado hacia el camión del equipo de limpieza de la agencia.

Más allá de los Urales un omega entristecido siente una extraña opresión en el pecho que intenta calmarla respirando en forma pausada. Yuuri amamanta a su pequeña Aiko y no puede evitar que su angustia se transforme en llanto. Con rapidez cubre el rostro de su nena mientras intenta hallar consuelo besando la pequeña mano.

«Víctor», piensa en el beta e imagina su bonita sonrisa.

El agente Nikiforov se mantiene consciente en medio de la operación, la morfina y anestesia local no han sido suficientes para evitar el agudo dolor que siente cada vez que el lobo manipula su instrumental en busca del proyectil que se ha alojado entre sus intestinos, dos centímetros por debajo del hígado.

─Tuviste suerte beta. —Chris extrae el proyectil casi intacto del cuerpo de Víctor, lo pone en una bandeja que sostiene Pichit quien se ha ofrecido hacer de enfermero.

Y para que el paciente no realice un mal movimiento durante la improvisada operación, Otabek sujeta con fuerza los brazos de su superior desde la altura de los hombros, impidiendo de esa forma hasta el más mínimo salto.

Extraídas algunas esquirlas del peritoneo, el lobo cierra la herida de Víctor y lo nota muy débil. Sabe que ha perdido una buena cantidad de sangre, no desea pensar más y decide darle un poco de la suya. Chris sabe con certeza la cantidad que el beta necesita para recuperarse de esta herida.

«Otra vez la sangre de este lobo… nooooo» ─dice para sí el beta al mismo tiempo que observa los preparativos. Junto a él Otabek vuelve a su posición para sujetar sus brazos y Pichit acomoda su cabeza sobre la almohada.

Es inevitable que Víctor sienta el agudo dolor y quemazón que le produce la sangre de Chris al ingresar en sus venas, parece como si ese líquido caliente y algo viscoso lo devorase por dentro. Víctor se retuerce a pesar de los esfuerzos que hace el novato Altin para mantenerlo quieto. Se queja como un niño y tras ser vencido por el dolor se desmaya.

Chris ha terminado con su labor de médico. Deja todo el instrumental en la mesa de velador, con toda calma se quita los guantes quirúrgicos, le regala una mirada de agradecimiento a Otabek y una sonrisa tierna a Pichit, luego se retira a su habitación.

                                                       […]

Horas más tarde, en la mansión de los Giacometti se respira un clima de paz. Ni los agentes del orden, ni los periodistas han acudido al lugar, todos se han quedado alrededor de la propiedad de los Verhoeven.

Dentro de la casa la familia comparte una tranquila charla junto con el jefe Masumi y la agente Babicheva quienes han acudido veinte minutos atrás, ambos desean llevarse a Víctor a un hospital y los Giacometti, en su mayoría médicos y cirujanos recomiendan que lo dejen descansar durante las próximas cuarenta y ocho horas.

La reunión se ve interrumpida cuando Víctor Nikiforov aparece por las escaleras. Él se ha resistido a permanecer en la habitación de huéspedes de los Giacometti. A pesar de la fiebre y el dolor ha decidido volver con sus hombres al hotel que ocupan en Zúrich y quiere al día siguiente a su hogar en Rusia.

─Señor Nikiforov ─El patriarca de los Giacometti estrecha la mano de antigua presa─, quiero agradecer todo lo que usted y su equipo hizo por mi familia, no solo rescataron a mi esposa, también nos libraron de una investigación que hubiera arrastrado a nuestras empresas a un escándalo muy grave.

─A quien deben agradecer todo es al jefe Masumi. Fue él quien ideó todo este plan y quien brindó el apoyo necesario con sus expertos. ─Víctor camina sujeto del brazo de Otabek Altin y se acomoda a la diestra de su superior, su maestro y su amigo, el agente Masumi.

─Las cosas no han terminado aún señor Giacometti, pero tenemos los suficientes elementos para buscar al grupo que hizo todo esto y evitarles problemas futuros a usted y a su familia. ─Masumi recibe el agradecimiento del patriarca y en especial de Chris que lo mira con ansiedad.

De pronto baja con mucha alegría por las escaleras Pichit y corre al encuentro del agente Nikiforov.

─Víctor ¿te sientes ya mejor? ─Pichit sonríe y abraza al beta─. Cuando te vi herido no podía creerlo y tuve mucho miedo.

─Te veo muy bien Pichit ─Víctor sujeta las manos del jovencito que no cabe en su alegría y muestra la mejor de sus sonrisas, esa que rasga aún más sus oscuros ojos.

─¿Y Yuuri… y el bebé? ─Pichit desea saberlo todo.

Durante algunos minutos todos se distraen en conversaciones personales. Víctor le informa a Pichit cómo van las cosas con Yuuri y el bebé. Le dice que Yuuri volverá a la universidad en un año más.

Mila coordina con Otabek el traslado de Víctor y luego llama al Georgi para ver si adelantan una nave para él.

Chris y sus padres conversan para reforzar la seguridad en la mansión y en el banco. Todavía siente que la mafia es un enemigo poderoso del que deben cuidarse, mucho más ahora que existe tanto dinero perdido por en medio.

Masumi vuelve a comprobar los reportes de todos los equipos de apoyo y decide que es hora de retirarse, pero Pichit le pide a Víctor que espere un minuto y mientras corre hacia la habitación que ocupa en la mansión el jefe de la familia aprovecha para hablar con Víctor.

─Señor Nikiforov su trabajo en la universidad de Zúrich le espera y estoy seguro que en un año usted podrá ocupar un puesto muy alto ─Heinz Giacometti recuerda parte del trato que su hijo hizo con el beta.

─Agradezco su disposición señor Giacometti, pero mi esposo y yo tenemos mucho trabajo tras los Urales. Allí es donde nuestro esfuerzo es necesario. ─Con mucha amabilidad Víctor declina la invitación.

El jefe de los Giacometti asiente con la cabeza, agradece a Masumi, Altin y Babicheva con un fuerte apretón de manos y recuerda al jefe de la operación que el dinero de su pago ya está depositado en las cuentas que le dieron el primer día de la operación.

Cuando están por salir Pichit se vuelve a presentar en la sala─. Víctor por favor quiero que le entregues esto a Yuuri, sé que tenía mucho significado para él y su familia. ─Pichit devuelve la joya que Yuuri diera a Celestino Cialdini por su libertad. Había sido un pedido que hizo a Chris y que le lobo complació con mucho gusto.

Víctor toma la joya entre sus dedos y tras un abrazo final recomienda al sonriente omega—. Cuídate mucho Pichit.

                                                            .

Antes de partir Chris Giacometti acompaña al jefe Masumi hasta su vehículo.

─¿No irás con ellos al hotel? ─El lobo observa que el auto del rescate se aleja de la mansión saliendo a prudente velocidad.

─No. Me voy al aeropuerto. ─Masumi le mira apacible como siempre─. En dos horas mi vuelo parte a Moscú, debo atender unos asuntos allí.

─Gracias por todo Masumi, en especial por soportar mi mal carácter. ─Chris desea abrazar con todas sus fuerzas a ese beta, pero en su lugar solo estrecha su firme y cálida mano.

─Cuídate Chris. ─El beta sabe que no habrá otra oportunidad para volver a verlo─. Adiós ─Con una gran sonrisa y la mirada seductora de siempre se despide y sube al coche.

El lobo lo ve alejarse y comienza a sentir un vacío doloroso en su interior. Ese beta de ojos fogosos y sonrisa apacible se marcha, saldrá de su vida para siempre. Ni siquiera sabe su nombre completo, ni su dirección, ni un número a donde llamar.

Chris agacha la cabeza y piensa que será mejor así. Procurando un consuelo se dice que los betas son demasiado impredecibles como para liarse con ellos.

                                                               […]

Setenta minutos después de despedir a los agentes, Heinz Giacometti ingresa a la sala principal de la mansión y observa que su hijo permanece sentado en uno de los sillones antiguos que miran hacia el jardín. En silencio se acerca a su lobato y pone la mano sobre su hombro.

─Hasta ahora tu copa sigue llena hijo.

─Estaba pensando en lo extrañas que fueron las circunstancias de estos días padre.

─Sí, en especial porque esa alianza que hicimos con tu enemigo logró sacarnos del momento más difícil de nuestras vidas.

─Padre ¿te has puesto a pensar que Nikiforov no es el cobarde beta que describías en las charlas con tus amigos? ─Chris mira el reflejo de su padre en el cristal─. Tal vez yo era el enemigo…

─Si piensas de esa forma nunca alcanzarás aquello que en verdad deseas Christophe. ─El patriarca da dos palmadas sobre el hombro de su vástago y se retira a descansar junto a su loba que dormía sedada en la habitación matrimonial.

Chris toma de un solo trago el vaso de whisky que esperaba paciente en la mesa, consulta su reloj y sale rumbo al estacionamiento de la mansión. Sube a su Bugatti deportivo y se dirige al aeropuerto a toda prisa.

Los minutos pasan también veloces y mientras conduce su auto por las calles medio vacías de Zúrich, el aspirante a médico recuerda con especial deleite todas las emociones que vivió en esos escasos tres días junto a ese beta.

Masumi se ha convertido en una obsesión y no quiere dejarlo ir, él provocó extrañas sensaciones en sus sentidos y le brindó un sentimiento de confianza que jamás había experimentado antes.

No podía perderlo, quería volverlo a ver, conversar con él, mirar el brillo de sus sensuales ojos, experimentar ese vértigo cada vez que lo veía sonreír y cuando sentía su aroma de amanecer.

—Masumi no te vayas, no subas a ese avión —dice Chris entre dientes al mismo tiempo que aprieta el acelerador del auto—. No viajes sin antes haber hablado una vez más, sin antes saber si tengo contigo una oportunidad.

Chris aparca el coche y corre por entre los demás vehículos estacionados frente al terminal, camina a prisa entre la gente que se agolpa en desorden a su alrededor. Corre por el tumulto de turistas que caminan distraídos y con más de uno choca en su loca carrera.

Observa el listado de vuelos y se aproxima a la sala de embarque internacional hasta topar con la sonrisa de una de las asistentes del aeropuerto.

─Por favor señorita ¿a qué hora sale el vuelo a Moscú? ─Chris siente que el aire se agolpa abruptamente en su garganta y le impide hablar con normalidad.

─Lo siento señor, pero el vuelo con destino a Moscú ya partió hace cinco minutos ─la dama toma entre sus brazos una carpeta que contiene el listado de pasajeros─, pero puede averiguar con la línea aérea de su preferencia cuál será el próximo vuelo.

─Gracias ─Con la mirada perdida el lobo observa otro avión que se dirige con lentitud hacia la pista de despegue.

Lleno de amargura por no haber tomado esta decisión a tiempo, con la voz y el rostro del atractivo Masumi martillando en su memoria, Chris Giacometti retorna a su vehículo.

Piensa que las cosas no pueden quedarse así, tendrá que trazar un plan para conseguir el nombre completo o la verdadera identidad de ese beta. Si es necesario tendrá que transar de nuevo con Víctor Nikiforov que parece conocerlo muy de cerca.

El lobo se sorprende a sí mismo pensando de una manera apasionada como si fuera un adolescente al que se le acaba la vida si no consigue sus propósitos. Pero hay algo más que el deseo de volver a ver a ese hombre y de tenerlo para sí.

Su corazón nunca había latido con tanta fuerza, solo lo hizo junto a él. Ni siquiera había experimentado esta sensación el día que encontró a Yuuri en la universidad. Tampoco sintió ese vacío el día que lo vio entrar al refugio de los Urales.

No había deseo de supremacía y posesión. Solo había necesidad de conocer y compartir su ser con ese hombre. Ensimismado en sus pensamientos Chris detiene su vehículo frente a un semáforo de una intersección poco concurrida.

De pronto siente al costado derecho de su coche el rugido molesto de otro auto deportivo y piensa que debe ser algún jovencito inmaduro que quiere provocar un duelo entre coches. Trata de no voltear la mirada, pero el ensordecedor sonido le provoca mirar. Con el entrecejo junto y mostrando su completa molestia el lobo voltea a ver al otro coche.

Dentro del Venom GT reconoce la mirada sensual en la que había estado pensando durante los últimos ciento cuarenta minutos. Masumi le sonríe y con un guiño provocador parte tomando la delantera a toda velocidad.

El lobo se avienta a perseguirlo por la carretera alterna a la autopista, Masumi no permite que Chris lo rebase. Es más, parece guiarlo hacia algún lugar. Lo observa por el espejo retrovisor y acelera el coche que parece volar por la velocidad que imprime. Con gran habilidad toma las curvas del camino e ingresa a una zona residencial. El ruido de los motores despierta al vecindario y más de una luz se enciende en las apacibles mansiones.

Masumi toma la ruta hacia una zona apartada de la ciudad que solo la conocen aquellos amantes del ocio reconfortante y el buen jerez.

Nunca una cacería había resultado tan excitante para el lobo. Una y otra vez trata de rebasar el espectacular vehículo que conduce el beta, pero éste lo impide con maniobras casi temerarias.

Masumi pone en funcionamiento el turbo de su vehículo y acelera el último tramo de la ruta dejando atrás al lobo, que lo sigue sin detenerse. El Venom ingresa a un exclusivo club particular de descanso muy cerca de las montañas alpinas.

El lobo observa de lejos este movimiento y sonríe complacido. Después de cinco minutos llega al lugar y estaciona el vehículo en la puerta. Un asistente toma las llaves y se lleva el lujoso coche al estacionamiento, mientras que una atenta y bella anfitriona recibe al lobo en la puerta del resort.

─¿Es usted el señor Giacometti? ─La joven lo saluda con una gran sonrisa y observa que éste asiente con la cabeza─. Aquí tiene la tarjeta de su habitación, sígame es por aquí por favor.

La tensión aumenta mientras Chris camina detrás de las contoneantes caderas de la rubia. Cuando llega a su destino la joven se despide, el lobo le da una generosa propina y retribuye su sonrisa.

El lobo ingresa sin prisa a la habitación que lo recibe a media luz, los aromas propios del lugar se mesclan con los de la montaña, pero sólo uno atrae su atención: el suave perfume de Masumi cuya silueta se dibuja frente al inmenso cristal de la ventana.

─No tomaste ese vuelo Masumi. ─Chris se desabrocha la corbata y tira su saco a uno de los sillones del dormitorio.

─Te estaba observando desde el estacionamiento del aeropuerto Chris. ─La mirada de Masumi penetra como refulgente rayo en los ojos del lobo.

─¿Me estabas acechando?… ¿desde cuándo eres cazador de lobos? ─Chris camina con mucha lentitud hacia el beta.

─Desde que vi tus ojos por primera vez. ─Masumi también se dirige hacia Chris.

Frente a frente el lobo y el agente se contemplan durante un largo y excitante minuto, Masumi moja sus labios con la lengua y Chris lo sujeta entre sus brazos aspirando con fuerza el suave aroma que desata sus deseos y lo convierte en un cachorro hambriento.

El lobo siente las manos de Masumi subiendo por su espalda y observa sus labios abriéndose provocadores frente a los suyos. Es imposible detenerse, es torturador no juntar su boca con la boca del beta. Es estúpido no devorarlo a besos cuando todo su ser le grita que lo tome, que absorba sus jugosos labios y se quede con su último suspiro, pero el lobo malo resiste unos segundos más jugando con su cálido aliento sobre la barbilla del agente.

Vencido por el gesto provocador que la lengua de Masumi dibuja sobre sus labios, el lobo lo besa con arrebato, con pasión descontrolada, con el deseo de un niño que quiere chupar y morder hasta la última gota de esa deliciosa fruta.

Masumi encarcela con sus brazos el cuerpo de Chris mientras goza de las locas ansias que el lobo muestra con cada beso y con cada suspiro. Casi sin aliento se separan mientras uno desabotona la camisa del otro, hasta que el rosa pálido que lleva puesto Chris y el azul cielo que usa Masumi se junta en el suelo en un delicado abrazo.

Y por fin siente su piel, el lobo arde cuando sus firmes pectorales rosan los de Masumi, sus hábiles manos recorren de principio a fin su espalda y su rostro se hunde entre el cuello y los mechones de ese oscuro cabello.

Las manos de Masumi desatan las clavijas de los cinturones, los botones y las cremalleras de sus pantalones y los deslizan por debajo de las caderas. El calor en esa zona es intenso, tanto como la erección que ambos experimentan y rosan por debajo de sus apretados boxers.

El alfa comienza a ejercer su fuerza de cazador sobre su presa, sus fuertes brazos oprimen el cuerpo atlético de Masumi, sus mordiscos suaves no se hacen esperar y sus ojos llenos de fuego observan cada gesto de placer y dolor que provoca sobre la piel del agente.

Chris lo recorre con sus manos, con su aliento, con su lengua y con sus labios. Provoca quejidos placenteros que llenan la habitación y sugieren que el hombre está listo y dispuesto a ser llenado por completo. El lobo ingresa con calma al cuerpo del ardoroso beta, siente su inmenso calor, su paredes apretadas que se humedecen conforme lo penetra.

Masumi calla todo su placer hasta que el lobo se arrebata y enviste su cuerpo sin parar. Entonces se hace imposible callar la voz de la lujuria, se hace imposible no gemir con tanto roce profundo.

Christophe toma al hombre y se pierde en sus quejidos, en sus besos y en su aroma que lo enervan con más fuerza. Pero le resulta torturante no poder marcarlo como quisiera, es imposible marcar a un beta, sobre todo a este beta que es tan complaciente pero para nada sumiso y es que la mirada de Masumi no reviste ese temor ni el gesto tímido que los omegas le mostraron en el pasado o que los betas presentan frente a los alfas. La mirada de Masumi lo provoca y le dice cuánto está disfrutando ese momento.

El lobo intenta descansar un instante después de tantas arremetidas, pero Masumi lo abraza y gira sobre la cama posándose sobre su vientre y buscando una vez más la firmeza de su falo. El cuerpo y los gestos impúdicos del beta excitan al lobo y los dos amantes llegan al momento más sublime del placer, ese instante previo a la inevitable corrida que los hará perder el control. Masumi se estremece y se agita sobre el cuerpo de Chris, abre sus ojos y lo mira con tanto ardor que provoca el orgasmo más fuerte y largo que el lobo haya sentido hasta ese momento.

Ambos hombres no paran de mirarse mientras sus gestos demuestran que están alcanzando la gloria efímera que los dioses han reservado para los simples mortales. El cuerpo de Masumi está completamente arqueado hacia atrás mientras su vientre vibra sin parar y su perlado líquido baña los firmes abdominales del lobo que sonríe de placer. El placer que su cuerpo siente tras llenar por completo a ese atractivo hombre y el placer que su mente siente por haber cazado a un cazador.

Masumi cae sobre el cuerpo de Chris y éste lo recibe con un beso apasionado. Los dos amantes se abrazan en medio de la noche oscura y silente recuperando en cada suspiro el aliento y las fuerzas que perdieron en la entrega.

─Masumi te hice mío sin saber en verdad quien eres ─ Chris quiere todo de ese beta.

─¿Qué quieres saber Chris? ─Masumi juega con sus dedos sobre el pecho del lobo.

─Empieza con tu nombre verdadero. ─El lobo lo mira de reojo.

Masumi mueve la cabeza hasta que sus labios se juntan al oído de Chris y acariciando la dorada cabellera le susurra al oído su nombre completo.

─Guárdame el secreto Christophe —le dice con pícara sonrisa.

─Lo haré si tú prometes estar junto a mí siempre. ─Chris no puede dejar de tener esa sensación de estar perdiendo al agente.

─Estaré contigo siempre que no esté en una misión mi hermoso lobo. ─Los ojos de Masumi, sus suaves manos y su dulce aliento provocan una vez más el deseo del alfa.

─Prométeme entonces que siempre vas a salir con vida de tus misiones. ─El lobo sabe que es una promesa casi imposible de cumplir, pero quiere tener la palabra de su adorable hombre.

Masumi lo besa y le promete que desde ahora será más cuidadoso para volver siempre a sus brazos, para compartir juntos nuevas aventuras o solo para tener una buena charla tomando un wiski.

─Masumi, no voy a rechazar a mi omega. Aunque él no me ame, sé que estaría perdido sin mí allá afuera. ─Chris siente un amor especial por Pichit que se basa en la amistad y el compañerismo, aunque como buen alfa tenga que atender al jovencito durante su época de celo.

─Sé que lo proteges y eso es bueno. ─Masumi contempla el brillo esmeralda en los cautivadores ojos del lobo y le confirma sin titubeos─. Puedo vivir con eso.

Ambos amantes estrechan el roce de sus cuerpos, enredan sus piernas y brazos y no quieren perder otro minuto para a juntar sus sexos y volver a amarse esa noche.

                                                     …

Es de madrugada y Chris duerme apacible abrazando a Masumi. A pesar de estar cansado por la larguísima jornada, el beta no descansa y toma entre sus manos la estrella Shuriken que extrajera del cuerpo del mayordomo en la mansión de Albufeira y contempla a la luz de la tímida luna el símbolo que revela su origen.

Es el mismo símbolo que encontró en las empuñaduras de las dagas que acabaron años atrás con la mayoría de sus hombres cuando cayeron en una emboscada en un operativo frustrado al sur de Singapur.

Masumi manipula con cuidado los filosos bordes del arma, eleva la mirada y su mente se concentra en una sola idea.

«Por fin te ubiqué Mondragón… ahora no escaparás de mi justicia»

Fin

Notas de autor: Gracias por acompañar una vez más a la trilogía de Desafío y muchas gracias por vuestros comentarios.

Les invito a seguir revisando el material que publique y a leer las excelentes historias de las fickers que escriben en el blog.

Publicado por Marymarce Galindo

Hola soy una ficker que escribe para el fandom del anime "Yuri on Ice" y me uní al blog de escritoras "Alianza Yuri on Ice" para poder leer los fics de mis autoras favoritas y escribir los míos con entera libertad.

7 comentarios sobre “Alianza (Two Shot 2)

  1. ÑIHASDLAHSLDJHGALDBAKLJDAS TODO SALIO ESTUPENDOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO JODER AMÉ ESE FIC Q__Q ¿CÓMO ES QUE NO LO LEÍ ANTES WEEEEE???????? SOY UNA MALA HIJA TOT

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: