Pesadilla antes de la boda


Notas especiales:

– One shot escrito para la temática #BodaVictuuri

-Fecha: semana del 01 al 07 de octubre de 2018

-Personajes: Víctor Nikiforov, Yuuri Katsuki, Yuri Plisetsky, Christophe Giacometti, Phichit Chunalont, Otabek Altin, Kenjirou Minami

Resumen: Lo que empezó con un lindo sueño, se convirtió en la peor pesadilla del sexy ruso de cabello plateado.

Advertencia: mención de otras ships que incluyen a Yuuri Katsuki.


Las nubes flotaban sobre el cielo azul de verano. El sol calentaba a los invitados que se encontraban presenciando uno de los acontecimientos más esperados de la temporada. Ni más ni menos que la ceremonia que uniría la vida de dos de los mejores patinadores en el mundo: Víctor Nikiforov y Yuuri Katsuki.

Parados enfrente de todos los invitados, debajo de un hermoso arco colmado de rosas violetas y azules, la pareja lucía elegante vistiendo sus trajes de boda. Mirándose ambos con emoción, pero sobre todo, con amor.

Amor, ¡qué palabra tan hermosa! El juez que presidía la boda hacía énfasis en que dicha palabra sería el sustento principal de lo que sería la vida de la pareja a partir de ahora. De los ojos azul cielo de Víctor caían unas pocas lágrimas de felicidad, brillando cada una de ellas cual diamantes, hasta caer al suelo y perderse en él césped del jardín. El ruso se encontraba emocionado, pues a petición suya, su casi esposo vestía sobre su cabeza un pequeño velo en transparencias color blanco, lo cual hacía ver precioso a su Yuuri, tan lindo y tan puro como un ángel (aunque eso de puro Víctor se había encargado de quitárselo desde antes).

Yuuri, por su parte, sonreía ilusionado con un brillo especial en sus expresivos ojos cafés. El japonés no recordaba la última vez que había sido tan feliz (bueno, quizás hoy en la madrugada cuando él y Víctor se habían escapado cada quien de sus cuartos para tener un “momento a solas pre boda”). Recordando el pensamiento, Yuuri se sonrojó, así que decidió sostener el ramo (insistencia de Yuko y Minako) con más fuerza, evitando de esta forma que sus manos temblaran.

—Antes de continuar quisiera preguntar —los pensamientos de ambos novios se vieron interrumpidos por la voz del juez, que potente se escuchó por todo el hermoso jardín haciéndose escuchar hasta la última fila de invitados—. ¿Hay algún impedimento para esta unión?

Víctor y Yuuri sonrieron con complicidad. El día de ayer habían platicado de eso y bromearon acerca de esa famosa pregunta y de qué pasaría si alguno de sus invitados se opusiera a su unión.

El silencio se hizo presente y el juez sonrió, pues más que una pregunta obligada, en todos los años que llevaba oficiando bodas, esa pregunta era más que protocolaría, por no decir telenevolesca. ¿Quién a esas alturas escogería este momento para confesar sus sentimientos?

Nadie, hasta la fecha.

—Entonces, por el poder que me confiere…

—¡Yo me opongo! —una vocecita en las primeras filas habló y todos voltearon a ver a la persona que exclamó tal oración. Los ojos de Yuuri se abrieron con sorpresa, era Phichit, quien con temor, había levantado la mano y miraba a Yuuri de forma suplicante. —Me opongo —repitió con más seguridad.

—¿Phichit-kun, por qué? —preguntó Yuuri incrédulo mirando a su amigo sin comprender.

—Yuuri, yo… —ni el mismo Phichit creía lo que había hecho, sin embargo tampoco se echaría para atrás ahora que había derramado toda la leche—. Siempre estuve enamorado de ti, Yuuri, por favor, ¡no te cases!

Víctor miró sorprendido la escena. En un principio, cuando tenía poco de conocer a Yuuri, el ruso había sospechado de Phichit, sin embargo y con el tiempo, se convenció que la relación del tailandés y su novio era meramente platónica.

Al parecer se había equivocado.

—De ese caso, ¡yo también me opongo! —la voz potente y segura de Yuri Plisetksy se escuchó por encima del barullo, producto de la confesión de Phichit. —Katsudon, falta poco para que cumpla la mayoría de edad. Espérame ¡y te aseguro que no te arrepentirás!

Yuuri dirigió la mirada a su rubio tocayo, con los labios formó lo que a Víctor le pareció un, ¿por qué hoy? Víctor sabía por la actitud de Yurio que gustaba de su Yuuri; sin embargo, el mismo Yura le había confesado días atrás que ese crush ya era asunto olvidado, un enamoramiento del pasado ahora que Yura tenía una pareja. ¿No se suponía que Otabek Altin era su novio?

—También me opongo —Otabek Altin dio un paso al frente y, con la expresión estoica característica de su ser agregó—: Por favor sé mi pareja, Yuuri Katsuki, y cuando Yura cumpla la mayoría de edad, ¡hagamos un trío!

Yuuri se llevó las manos a la boca de la impresión, tirando en el proceso las flores, deshaciendo el hermoso ramo que adornaba sus manos. Víctor entendía el enamoramiento de Phichit, incluso el de Yurio, pero Otabek Altin, ¡por el amor de Dios si ellos casi nunca habían cruzado palabra!

—¡Yo también me opongo! —Kenjirou Minami alzó la voz, parándose en una de las sillas para quedar a la vista de todos mientras realizaba una reverencia en dirección a los novios.

—¡Yuuri-kun, cásate conmigo, por favor!

Yuuri miraba a todos sus recién descubiertos pretendientes con asombro. Los ojos abiertos a más no poder. La boca sin cerrar de la impresión incapaz de articular ningún sonido con ella. Era Víctor quien acaparaba las miradas, no él.

—Quisiera oponerme también —la sensual y profunda voz de Christophe Giacometti se hizo escuchar, el suizo se acercó a los novios e ignorando la expresión furiosa de Víctor, tomó la mano de Yuuri y se hincó para proponerse. —Yuuri, sé mío, te lo suplico.

Ante el arrebato del suizo, la paciencia de Víctor se terminó. El ruso se acercó a su prometido y su ex mejor amigo y se interpuso entre ambos para abrazar a Yuuri posesivamente.

—¡Se acabó! —exclamó furioso mirando de forma retadora a sus recién descubiertos rivales de amores, uno a la vez—. Yuuri aceptó casarse conmigo, ustedes perdieron su oportunidad. ¿No es así, cariño?

Víctor dirigió su mirada al chico de cabello azabache notando que sus labios temblaban a la par de su delgado cuerpo. Conmovido, Víctor acunó su rostro con las manos y esperó pacientemente su respuesta.

Yuuri se obligó a mirar a Víctor a los ojos, el marrón y el azul chocaron por un momento, el japonés suspiró y después de un par de respiraciones para calmarse, al fin decidió hablar.

—Vitya —la voz suave y melodiosa de Yuuri se hizo notar—. ¿Y si nos casamos con todos?

—¡¿Qué?!

Conmocionado, Víctor se separó de Yuuri, observando como Phichit y Minami se acercaban a abrazarlo. Chris y Otabek sonreían contentos y Yura exclamaba algo así como “si no había más remedio, él también aceptaba”. Esto era una locura, no podía estar pasando. ¿Qué demonios estaba pasando?

—¡Yuuri!

Víctor se incorporó de la cama con el brazo derecho extendido haciendo el amago de alcanzar algo. A duras penas podía ver, una tenue luz de luna se filtraba por las cortinas delgadas de su habitación en Yuutopia Akatsuki. El ruso respiró para recuperar el aliento, una vez, dos veces y hasta que por fin pudo serenarse. Tanteó su pecho desnudo con su mano izquierda y descubrió cómo su corazón latía desbocadamente. Se llevó la misma mano a su cabello, desordenándolo en proceso. Había sido solo un sueño, no, en realidad había sido una horrenda una pesadilla.

Después de un minuto, y ya acostumbrado a la oscuridad de su habitación, Víctor se levantó de la cama, salió de la recámara y se dirigió a otra habitación cuidando de no despertar a los demás inquilinos, procurando pisar con cuidado para evitar el crujir de la madera del piso.

Llegó a su destino y llamó un par de veces a la entrada.

—Yuuri, abre por favor.

Para su sorpresa, el aludido abrió con rapidez. Sin perder tiempo, Víctor se adentró en la recámara del menor y para sorpresa del mismo, lo abrazó con todas sus fuerzas. Yuuri, acostumbrado a esos arrebatos de su pareja, correspondió el gesto con paciencia y con la misma intensidad que su prometido.

—¿Qué sucede, Vitya? —preguntó el chico una vez se separaron del abrazó y después de haberse sentado ambos a la orilla de la cama de Yuuri.

—Estoy nerviosos, ¿sabes? —admitió Víctor—. Y tuve una pesadilla.

Yuuri instó a Víctor a que le explicará su sueño. Víctor tomó la mano de Yuuri y procedió a contarle lo mucho o poco que recordaba de la pesadilla, la mirada de Yuuri siempre atenta a él con expresión tranquila y de comprensión.

—Vitya, fue solo un mal sueño —susurró Yuuri acariciando las hebras plateadas del cabello de Víctor—. Creo que no debimos cenar tan pesado. ¿Sabes?, yo también tuve una pesadilla.

—¿Ah sí? —preguntó curioso Víctor, Yuuri respondió con una sonrisa.

—Así es, soñé que preferías casarte con un platillo de katsudon. Cuando yo te preguntaba la razón, me contestabas que incluso un tazón de cerdo era más sexy que yo.

—¡Nadie es más sexy que tú, Yuuri! —exclamó con vehemencia Víctor y Yuuri sonrió con ternura.

—Lo sé —contestó tomando la mano de Víctor—. A lo que me refiero es que es normal estar nerviosos, ya que mañana, tú y yo…

—¡Nos casaremos! —completó Víctor feliz, apretando el agarre de la mano de Yuuri.

—Es correcto —corroboró Yuuri—. Pero para eso aún faltan algunas horas. Ahora debemos dormir y tratar de descansar un poco. Si no, Minako-sensei nos matará por tener ojeras en un día tan especial.

—¿Puedo dormir aquí? —preguntó Víctor con timidez. En realidad, ellos desde hace tiempo dormían juntos; sin embargo, Hiroko y Minako los habían convencido de no hacerlo esa noche, ya que según ellas, era de mala suerte que los novios se vieran antes de la boda.

Yuuri no dijo nada. Solo se acomodó entre las sábanas haciéndose a un lado para que él y Víctor cupieran en la pequeña cama del japonés.

—Buenas noches, Vitya —dijo Yuuri acurrucándose en su cama, después de que Víctor lo hubo abrazado por la espalda.

—Buenas noches, cariño —contestó Víctor acariciando los brazos de Yuuri, sintiéndose a salvo al estar tan cerca de su persona más amada. Pasaron cinco minutos y Víctor aún seguía despierto, una duda seguía rondando por su cabeza.

—Yuuri —le dijo Víctor al oído.

—Dime, Vitya —contestó un somnoliento Yuuri más dormido que despierto.

—¿Te quedarías conmigo y nunca me dejarás?

La cama crujió ante el movimiento de Yuuri, quien se posicionó frente a Víctor, acarició su mejilla y, con toda la paciencia y amor de su ser, plantó un tierno beso en la boca del ruso. Luego, se abrazó a él, posando su cabeza sobre el pecho de su prometido, escuchando los latidos emocionados de su corazón. Uno de los sonidos favoritos de Yuuri.

—Siempre, Vitya, siempre.

Víctor sonrió ante el gesto y abrazado de la persona que él más quería en el mundo, durmió hasta que Hiroko y Minako entraron a despertarlos, y las prisas por el maravilloso día se hicieron presentes.

Personas corriendo de aquí allá, Mari estresada porque el banquete no llegaba, Toshiya recibiendo a los invitados, Minako llorando en cada rincón, pues su adorado Yuuri se casaba el día de hoy. Hiroko, diligente como siempre organizando y acomodando cada detalle para que la boda quedara perfecta.

Después del medio día, los invitados se dieron lugar en el salón principal del onsen. Elegantemente vestidos, esperaban con emoción la entrada de los protagonistas de esa hermosa historia de amor que el día de hoy pasaría a una nueva etapa, para consolidarla en un final que todos ya esperaban de hacía tanto tiempo.

Víctor llegó primero, galante y apuesto vestido con un traje gris que combinaba a la perfección con su cabello plateado, peinado cuidadosamente hacia atrás. Las féminas y algunos hombres no pudieron evitar suspirar ante la imagen, pues al llegar al altar el ruso sonrió y guiñó el ojo de forma coqueta.

Un gesto muy característico de él.

Un minuto después, Yuuri hizo su aparición del brazo de Hiroko. Ambos lucían preciosos en sus trajes tradicionales. Yuuri, a los ojos de Víctor, parecía un ángel caído del cielo especialmente para casarse con él y hacerlo feliz, como hasta ahora lo había hecho.

Hiroko llegó y abrazó con emoción a Víctor, después le entregó a uno de sus mayores tesoros: su hijo.

—Cuídense mucho —sonrió la mamá de Yuuri y se dirigió a la silla, al lado de su marido, Toshiya.

Y así comenzó la ceremonia.

Víctor observaba fascinado a Yuuri, el cabello recogido hacia atrás dejaba ver a la perfección los grandes ojos expresivos de los que Víctor nunca quitaría la mirada. Sus mejillas, ligeramente sonrojadas, le concedían a Yuuri una imagen tierna y a la vez provocativa. La yukata negra, sin duda le venía muy bien a Yuuri, Víctor pensó que esa yukata se vería mejor en el suelo en unas cuantas horas más, cuando Yuuri y él estuvieran a solas en su luna de miel.

El juez carraspeó y pronunció las palabras que más temía escuchar el ruso en ese momento:

—Si hay alguien que se oponga…

Recordando su pesadilla, Víctor miró a los presentes. Phichit tomaba fotos sin parar y sonreía a su amigo emocionado. Yurio y Otabek observaban con seriedad la ceremonia tomados de la mano. Minami lloraba a la par de las trillizas emocionado de que su ídolo se viera tan feliz, y Chris miraba a su mejor amigo con complicidad. Formó con sus labios unas palabras que Víctor pudo identificar como:

“Ve por él, tigre”.

Sí, solo había sido una tonta y absurda pesadilla.

Después de que nadie se opusiera a la unión se terminó la ceremonia. Víctor y Yuuri comenzaron su vida de casados con un beso lleno de amor, jurándose así lealtad eterna. Amor y vida, a partir de ahora serían una constante en esta nueva etapa que Víctor iniciaría con la persona que más amaba en el mundo.

FIN.

Publicado por salemayuzawa

Me gusta leer, escribir, ver películas, anime y platicar con mis amigas. ¡Adoro imaginar historias!

2 comentarios sobre “Pesadilla antes de la boda

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