Ganguro


Notas especiales:

– Originalmente este es un one shot escrito para la dinámica #YurionStreet realizada por el grupo Reino Victuuri. El reto consistía en escribir una historia de Yuuri dentro de una tribu urbana típica de Japón.

Aprovechando la temática semanal #YuuriWeek en el grupo Victuuri is Love & Life agrego este one shot a este libro como parte de la mini temática del segundo día que es #FamiliayAmigos

-Personajes principales: Yuuri Katsuki, Yuuko, Nishigori, Minako y Vicchan

Resumen: Yuuri acaba de recibir su carta de aceptación para estudiar la universidad en el extranjero y quizá el camino que ha decido emprender sea difícil; sin embargo, antes de marcharse, el joven patinador comprenderá la importancia de los lazos del amor familiar y la amistad.


Yuuri miraba la carta sin poder creérselo aún. Después de mucho estudio, esfuerzo y desvelos, la respuesta para continuar su prometedor futuro estaba justo frente a él. Resumida en una carta de aceptación, Yuuri se había hecho acreedor a un lugar para estudiar la universidad en el extranjero, en donde también y debido a su incursión dentro del mundo del patinaje artístico, se había ganado el derecho a una beca deportiva, lo cual le ayudaría significativamente a sustentar los gastos que vendrían de ahora en adelante. Esto era un gran logro. Logro que fue recibido la mar de bien por sus padres y Mari, su hermana, quienes a pesar de que le indicaron al miembro más pequeño de la familia que sería echado de menos, ellos lo apoyarían a distancia a cumplir ese sueño.

—Es una oportunidad única en la vida— había dicho Mari—. No cualquiera puede re modelar el cuarto de su hermano más pequeño y convertirlo en un altar a su grupo favorito.

El grito en forma de reclamó del joven Katsuki se escuchó de inmediato. Después de que sus padres le aseguraran al chico, de ahora 17 años, que nadie remodelaría su cuarto, los abrazos y las lágrimas de alegría combinadas con tristeza no se hicieron esperar. Sin duda, esta nueva etapa sería complicada, pero aun habiendo sacrificios la recompensa a obtener siempre sería mayor. Era algo que la familia Katsuki tenía en mente.

Yuuri sonrió recordando lo sucedido hace dos días atrás. Al chico le dolía un poco la cabeza, pues después de que su familia se enterara, Yuuri corrió al estudio de ballet de su maestra Minako. Solo bastó mostrarle la carta de aceptación para que su maestra rompiera en llanto, lo abrazara hasta casi romperle las costillas y lo obligara a tomar un poco de sake con ella.

—¡Pero Minako-sensei, aún soy menor de edad!— había reclamado Yuuri rechazando el recipiente cuadrado con la mano.

—En otros países las personas comienzan a tomar desde más pequeños, ¿qué vas a hacer si te invitan a una fiesta y terminas bailando en un tubo de pole dance por pasarte de copas con champán, por ejemplo?

—¡Es imposible que algo así suceda! —se defendió Yuuri—. Además iré a estudiar y practicar, no a socializar.

Minako contempló un momento a su alumno. El chiquillo regordete y tierno había crecido y ahora, frente a ella se encontraba un muchacho delgado, nervioso y emocionado ante la expectativa que el futuro le tenía planeado. Minako opinaba que Yuuri era una buena persona, un alumno disciplinado, buen hijo y un estudiante aplicado en sus estudios. Sin embargo, a veces la ex bailarina también opinaba que era bueno vivir y realizar locuras de las que, más tarde uno se podría divertir al recordar.

—Te daré un último consejo, mi querido niño— dijo, señalando a Yuuri con la mano izquierda y apenas sosteniendo el recipiente con sake con su mano derecha, el alcohol ya se notaba en su sistema—. Es bueno tener metas en la vida y trabajar por ellas con ahínco, pero es igualmente importante vivir y disfrutar el camino que te lleva a cumplir esa meta.

Después de eso Yuuri, a regañadientes aceptó tomar un par de tragos de esa bebida alcohólica, razón de su leve dolor de cabeza actual. Solo faltaba una persona a quien avisarle de su más reciente logro, Yuuko, su mejor amiga y confidente en el mundo del patinaje y quien, debido a su reciente ingreso a la universidad no veía en un buen rato. Yuuri intentó ir a buscarla a su casa después de su visita a Minako, sin embargo al no encontrarla en ella, lo más práctico que se le ocurrió al chico de lentes fue mandarle un mensaje con dos simples palabras: “Me aceptaron.”

Debo aprender a ser práctico en esta vida“. Pensó Yuuri, mirando su celular esperando una respuesta. Un día entero había pasado y su amiga seguía sin contestar.

Yuuri dejó el celular en la mesa y optó por salir a pasear con Vicchan, su pequeño caniche. Yuuri extrañaría mucho a su mascota, pues aunque no había alguna restricción para llevar animales de compañía a la universidad, el tiempo que Yuuri estimaba estaría fuera estudiando o practicando no sería el adecuado para atender a su perrito. Más a su favor, Vicchan estaba acostumbrado a correr por el patio de la casa de los Katsuki. Buen espacio y atención, eran dos cosas que un canino necesitaba para vivir feliz y Yuuri temía no poder ofrecerle eso a Vicchan en Detroit. En fin, la caminata pasó a prisa, con Vicchan jugueteando entre los pies de su amo y corriendo “jugando al escondite” intentando pasar desapercibido entre los árboles que custodiaban el castillo de Hasetsu. 

La vista del atardecer era hermosa, Yuuri se sentó un rato en la arena abrazando a Vicchan para contemplar el oleaje. Jamás, ni en sus sueños más locos, él pensó que estaría tan cerca de cumplir su más anhelado sueño: patinar en el mismo hielo que Víctor Nikiforov, leyenda viviente del patinaje artístico. Aun se veía lejano, pero este era un gran paso. El mudarse a Detroit era un buen indicativo de que Yuuri estaba más cerca de convertirse en un patinador profesional.

La tarde comenzó a refrescar y Yuuri, aprovechando que tenía Vicchan quieto en su regazo, ajustó su correa para emprender su regreso a casa. Apenas iba a dar la vuelta en la esquina cuando Vicchan comenzó a jalarlo insistentemente. Yuuri trató de resistirse, sin embargo tampoco le gustaba lastimar a Vicchan por forzar la correa (cosa que no pasaba, ya que la correa de Vicchan se ataba en su cuerpo y no en su pescuezo), así que se dejó llevar por su enérgico perrito teniendo cuidado de detenerlo en caso de que llegaran más adelante, a la avenida principal.

Vicchan frenó estrepitosamente y comenzó a dar saltitos cerca de la entrada de la casa de los Katsuki. Sin embargo, la inercia puesta en práctica mediante la primera ley de Newton hicieron su aparición, y Yuuri chocó contra lo primero que evitó que siguiera en movimiento recto a una velocidad constante.

—¡Eso debió doler! —la voz de Nishigori se hizo presente, Yuuri abrió los ojos y tomó la mano que su compañero le extendió. Al ser más corpulento que Katsuki, el único afectado con el choque fue el chico de ojos cafés y lentes de montura azul.

A penas se levantó, Yuuri se sintió aprisionado en un abrazo de oso, casi no podía respirar pues Nishigori lo apretaba con fuerza descomunal contra su pecho.

—¡Yuuri, muchas felicidades por tu aceptación a la universidad! —Nishigori no medía sus fuerzas y en un arranque de euforia alzó a Yuuri del suelo y comenzó a dar vueltas de la emoción—. ¡Lo sabía, sabía que te ibas a quedar! Le decía ayer a Yuuko que era solo cuestión de tiempo. ¡Oh, Yuuri, te vamos a extrañar! ¡Estoy muy feliz, tan feliz que podría besarte…!

—Stop, stop…! —la voz de Yuuri se alcanzó a oír entre las exclamaciones de Nishigori y los ladridos de Vicchan, quien daba saltitos alrededor muy emocionado. Jalando aire a sus pulmones, el mallugado joven solo pudo agregar—: no puedo respirar.

—¡Oh, lo siento! —Nishigori lo soltó y Yuuri volvió a caer al suelo. Afortunadamente cayó en blandito (no, no cayó sobre Vicchan, el modelo Yuuri Katsuki patinador semi profesional viene integrado con dos colchoncitos traseros en forma de durazno ideal para esas caídas estrepitosas).

—¡Muchas felicidades, Yuuri-kun! —los delicados brazos de Yuuko lo abrazaron por el cuello. 

Pocas veces Yuuri permitía que su espacio personal fuera invadido, sin embargo, Yuuko y Nishigori se encontraban en esa excepción a la regla—. ¡Estoy muy feliz por ti!

—Gracias —contestó apenado Yuuri, abrumado por tanta atención. Vicchan se subió al regazo de su dueño, lamiendo sus mejillas y haciéndolo reír—. Gracias también a ti, Vicchan.

—Bueno, yo solo pasé a felicitarte y dejar a Yuuko; y como ya hice ambas cosas, los dejo para que puedan platicar —interrumpió Nishigori con una gran sonrisa agachándose para acariciar a la pequeña bola de pelos que saltaba de un lado a otro—. Regresaré por Yuuko en unas horas.

Yuuri y Yuuko se despidieron de Nishigori. Vicchan aulló un poquito cuando el chico se marchó. Sin embargo, al ver que Yuuri y Yuuko se levantaban para entrar a la casa, olvidó su pesar y corrió cual bólido al interior. Dicen que las mascotas se parecen a sus dueños y algo que Vicchan compartía con Yuuri era su resistencia espartana.

—Nunca se cansa, ¿cierto? —comentó risueña Yuuko caminando a la entrada para dejar sus zapatos en el genkan [1]

—Y eso que acabamos de regresar de su paseo. —Suspiró Yuuri contento, también quitándose los zapatos para guiar a su amiga al salón principal.

Yuuko le contó a Yuuri que hacía un par de horas que había visto su mensaje y que se disculpaba mucho por no haber estado cuando él fue a buscarla a su casa. Las nuevas obligaciones que ella tenía como estudiante universitaria impedían que gozara de tanto tiempo libre como antes solía tenerlo.

—Ir a la universidad debería ser considerado una forma de tortura moderna. Te exprimen todas las energías y debes aprender a vivir sin dormir o hacer fotosíntesis para no perder ese tiempo que puedes aprovechar estudiando en lugar de comer —explicó Yuuko con semblante serio.

—Eso no suena muy alentador— exclamó un resignado Yuuri—, ¿cómo se sobrevive a eso?

—¡Café! — exclamó Yuuko triunfante—. Es eso o te conviertes en un zombie con enormes ojeras y sin ganas de seguir viviendo.

Yuuri no sabía si creerle a su amiga o solo reír con condescendencia. Lo mismo le había platicado de la preparatoria y hasta el momento, no había sido tan complicado para él.

—En fin, —puntualizó Yuuko acomodándose frente a la pequeña mesita para quedar hincada frente a Yuuri—, no estoy aquí para quejarme amargamente contigo acerca de la universidad. ¡Cuéntamelo todo! ¿Cómo llegó la carta?, ¿qué dice?, ¿cuándo te vas?, ¿qué piensas?, ¿cómo te sientes? ¡Todo, quiero saberlo todo!

Yuuri le contó a Yuuko, con lujo de detalle lo sucedido dos días atrás. La llegada de la carta, su nerviosismo al abrirla, la emoción que sintió al verse aceptado, la tristeza al saber que pronto se iría de casa, el nerviosismo de irse a vivir a un nuevo país y la ilusión de estar un paso más cerca de su sueño más preciado. Yuuko lo escuchaba atentamente observando maravillada la franca felicidad que embargaba a su amigo.

—¡En verdad, muchísimas felicidades, Yuuri-kun! —repitió Yuuko, quien no cabía en sí de la emoción—, ¡yo sé que pronto patinarás al lado de Víctor!

Yuuri sonrió con nostalgia. Pensar que todo empezó con ellos dos patinando juntos y tratando de imitar a Víctor.

—¡Te voy a extrañar mucho! —se sinceró Yuuko—. Patinar en el Ice Castle no será lo mismo sin ti. Quisiera haber tenido más tiempo para compartirlo contigo, ¿sabes? Me hace muy feliz verte cumplir tus sueños, pero una parte de mí se siente triste porque ya no podré ver cuando quiera a Yuuri-kun.

—Entiendo —se limitó a contestar Yuuri. Él sentía lo mismo, no solo con Yuuko, sino también con su familia, con Minako-sensei, con Nishigori y con Vicchan.

—¡Lo tengo! —vociferó Yuuko plantando sus manos sobre la mesa, asustando a Yuuri y despertando a un cliente que se encontraba “viendo la televisión” —¡Pasemos juntos un último fin de semana!

—¿Eh? —Yuuri inclinó la cabeza en un gesto que expresaba su confusión. Yuuko lo tomó de las manos estrechándolas con las suyas.

—Solos tú y yo, ¡como en los viejos tiempos!

—¡¿Una pijamada?! —soltó Yuuri más confundido—. Creo que ya estamos muy grandes para eso.

—Tienes razón —aceptó Yuuko soltando sus manos mientras realizaba una pose pensativa cual escultura griega. Después de unos minutos la respuesta llegó a su mente—. ¡Vayamos a Tokio!

—¿Tokio? ¡pero, Yuuko-chan, Tokio está a 8 hrs de Hasetsu en tren…!

—¡Eso es lo emocionante! Platicaremos mucho y podemos hacer algunas locuras juntos.

—No creo que sea buena idea.

—Lo es —exclamó Yuuko convencida—. Me gustaría asegurarme de que Yuuri-kun fue capaz de realizar cosas sin sentido en su juventud. Aventuras de las que más tarde no se podrá arrepentir. ¡Este fin de semana, tú y yo a Tokio, será el viaje de nuestras vidas!

Yuuri contempló la emoción de su amiga. Cierto era que incluso Minako-sensei le había comentado que debía olvidarse de sus obligaciones un momento y vivir, dejarse llevar y quizás hacer algunas tonterías. No sonaba mal, tenía solo 17 años después de todo.

—Está bien, iremos juntos.

Yuuko se subió a la mesa para abrazar a Yuuri de la emoción. Vicchan entró de nuevo ladrando emocionado, ocasionando que Mari llegará y sacara a los dos muchachos de salón principal, pues estaban molestando “la tranquilidad de los escasos dos huéspedes del onsen”.

Ni en sus sueños más lejanos Yuuri se hubiera imaginado que a su amiga se le ocurrieran tales ideas. Para empezar, Yuuko pasó por él a las 4:30 a.m. para caminar rumbo a la estación de Hasetsu. Más dormido que despierto, el joven patinador siguió a su amiga después de despedirse de sus papás, quienes solo le hicieron prometer que llamaría una vez llegaran a la capital.

Auto considerado una persona más noctámbula que madrugadora, Yuuri caminó cual zombie a través de las calles desiertas de su pueblo natal sin notar siquiera que Yuuko le había puesto una mochila gigante que ahora cargaba en sus hombros. No fue hasta que llegaron a la estación, que Yuuri se percató del peso extra. Curioso, el chico le preguntó a su amiga acerca del contenido de tan voluminosa mochila, ella, enigmáticamente, no le quiso responder y le urgió al chico a subir al andén ya que el expreso rumbo a la estación de Hakata llegaría en menos de un minuto (sí, los trenes en Japón son extremadamente puntuales).

Sentados cada quien en un lugar (más la mochila, a la cual Yuuri bautizó mentalmente como “kaban-kun“) también tenía su asiento asignado, y es que al ser sábado por la mañana, prácticamente nadie contaba con compromisos urgentes. Eran aproximadamente las 6 de la mañana cuando el par de amigos más kaban-kun abordaron el Shinkansen que los trasladaría a la estación de Osaka, para más tarde transbordar al tren de nombre Hikari que los llevaría a Tokio. Solamente el trayecto era agotador, estar sentado (kaban-kun en el compartimiento especial para mochilas) y observar el flujo de pasajeros subir y bajar del tren de alta velocidad estación tras estación podría tornarse aburrido para alguien que no está acostumbrando a viajes largos. Afortunadamente para Yuuri, Yuuko se encargó de amenizar el trayecto. Al principio platicando y bromeando, tiempo después desempacando de su pequeña bolsa (esa que siempre solemos cargas las mujeres y que pueden contener el mundo entero) algunos onigiris que la chica preparó un día antes para almorzar y, unas cuantas horas antes de llegar a Osaka el sueño, y el mal del puerco (ya que Yuuri insistió en comprar aperitivos extra en Hakata) los venció a ambos descansando cada quien en su asiento con kaban-kun velando su sueño desde su compartimiento.

Afortunadamente cada estación siempre es anunciada muchos kilómetros antes. Al llegar a Kobe la voz mecánica proveniente de las bocinas del tren pronunció que la siguiente estación sería Shin Osaka, lo que significaba que solo restaban 2 horas y media para llegar al destino final: la ciudad de Tokio.

Después de la carrera que hicieron ambos muchachos para alcanzar el tren en Tokio y casi no poder entrar al mismo porque a Yuuri se le atoró kaban-kun en la entrada, unas cuantas horas más tarde, los amigos se encontraban en el distrito de Asakusa registrándose cada quien en una habitación ya que regresar el mismo día a Hasetsu era imposible debido a la distancia.

Eran casi las 5 de la tarde cuando al fin Yuuko y Yuuri pudieron caminar por el distrito. Cerca del templo Sensoji se vislumbraba la Sky Tree, la torre de telecomunicaciones más alta de la ciudad que también albergaba un mirador y un centro comercial en su interior. La ciudad de Tokio era muy moderna y cosmopolita. Las personas corrían presurosas aun siendo sábado. Yuuko pensó que el ritmo de vida de las ciudades distaban mucho de la vida en un lugar tranquilo como Hasetsu, y Yuuri se preguntó si su vida en Detroit sería similar a la que observaba ahora, mientras entraban al metro y abordaban la línea de Ginza para transbordar en Ueno.

—Yuuko-chan —comenzó Yuuri—, ¿por qué seguimos cargando la mochila? 

—Es una sorpresa, Yuuri-kun —se limitó a contestar la castaña. Yuuri se resignó a no seguir preguntando.

Grave error.

Al llegar a Ueno, Yuuko instó a Yuuri entrar al baño a cambiarse de ropa entregándole una bolsa que abultaba a la pobre kaban-kun. Preguntándose qué diablos estaba pasando, Yuuri comenzó a sacar el contenido de la bolsa negra de plástico. Aterrado, el chico observó ropa de vistosos colores y una peluca rubia con mechas color azul cielo. Yuuri quería morirse de la vergüenza, y no porque le preocupara vestirse con ropa de mujer (a estas alturas el azabache ya había descubierto la mini falda y las botas bajas que complementarían su vestuario), sino porque Yuuri comenzaba a sospechar qué tramaba su amiga de la infancia. Esa ropa, la estación del metro y el maquillaje que horas antes le vio cargando a su amiga cuando echó un vistazo a su bolsa de mano solo podía significar una cosa:

Ganguro.

Una tendencia que había hecho su aparición en la década de los 90’s. Con el afán de obtener ese “look californiano típico de Estados Unidos” la moda Gal o Ganguro, indicaba que la persona en cuestión debía usar ropa ligera, cabello rubio cual rayos del sol y poseer un bronceado envidiable.

¡Claro! Para eso Yuuko quería el maquillaje, ya que ellos aun viviendo cerca de una costa, su pálida piel para nada se acercaban al bronceado perfecto de un californiano. 

Definitivamente, Yuuko había perdido la cabeza.

Alterado, Yuuri rescató su celular de entre el lío de prendas que había acumulado sobre el retrete cerrado y marcó el número de su amiga:

—Yuuri-kun, estaba a punto de marcarte. ¿Todo bien? Llevas un buen rato allá adentro.

—Yuuko-chan, ¿por qué… tú…? —Yuuri no sabía cómo abordar el tema. Había muchas preguntas en su cabeza y ninguna respuesta. Finalmente, después de un minuto, el chico pudo formular una oración decente—. Creo que te equivocaste con la ropa que me diste.

La exclamación confundida de Yuuko y la explicación de que ella ya se había cambiado y lo estaba esperando le dio a entender a Yuuri que nunca fue la intención de su amiga entregarle esa muda de ropa.

Yuuri le explicó rápidamente a Yuuko que la ropa que contenía su bolsa era de mujer, si bien en la tribu urbana conocida como Ganguro predominaban más las féminas, un estracto pequeño de sus integrantes eran hombres. Yuuko se escuchó sumamente mortificada del otro lado de la línea, le explicó a Yuuri que todo fue producto de una confusión, ya que ella no había revisado el contenido de ambas bolsas. En verdad estaba muy apenada.

Tratando de pasar el mal sabor de boca, Yuuko instó a Yuuri a salir y juntos visitar Shibuya o el zoológico de Ueno. Yuuri, aún en los sanitarios se disponía a salir, sin embargo a su mente acudió la emoción de Yuuko cuando acordaron venir a Tokio, así como el esfuerzo de su amiga por procurarse un fin de semana libre para pasarlo con él y la dedicación de planear el viaje (desde apartar las entradas en el Shinkansen hasta buscar el vestuario estrafalario que ahora observaba atentamente el chico de cabello azabache), después de un largo suspiro Yuuri le indicó a Yuuko que lo esperara un poco más para poder cambiarse de ropa y guardar sus pertenencias dentro de kaban-kun.

Cuando Yuuri salió de su pequeño encierro Yuuko no supo cómo reaccionar. Yuuri se veía adorable con una falda y blusa ligeramente holgada a juego color azul cielo, calcetas blancas que le llegaban encima de los muslos y un par de botas negras forradas de peluche azul a la altura de las rodillas. 

Algunos transeúntes pasaban, observaban de reojo al pelinegro (ya que Yuuri no se había atrevido a ponerse la peluca) y se sonrojaban al verlo. Yuuko ahogó una risita tratando de no verse tan divertida con el asunto, en verdad no lo estaba, al contrario, aún se sentía mal por confundir la ropa de Yuuri. Ella se acercó al chico luciendo entre apenada y emocionada.

—¡Yuuri, luces adorable! —Yuuko lo tomó del hombro y lo jaló al baño de mujeres, ella también lucía un conjunto similar al de su amigo pero de color rosa—. ¡Hora del maquillaje!

—¡¿MAQUILLAJE!? —gritó Yuuri provocando más miradas curiosas a su alrededor—. Pero, Yuuko-chan, ese es el baño de mujeres…

—¡Nada de peros, Yuuri! Haremos esto y lo haremos bien. Vamos a pasar un rato agradable en Ikebokuro y ¡quién sabe! Después nos acordaremos con mucho cariño de esto. Por cierto, te ves más adorable que cualquier otra chica, ¡lo digo en serio!

Yuuri se dejó arrastrar por Yuuko al baño. Antes de que el muchacho pudiera decir algo Yuuko comenzó a maquillarlo cual profesional. Hace unos días, la chica había pedido por línea maquillaje especial para simular un bronceado.

Aunque Yuuko entendía que la forma de vestir gal indicaba lucir un bronceado muy marcado, optó por maquillarse y maquillar a Yuuri de una forma más sutil, a modo de que ambos se vieran bronceados pero no de forma exagerada. Lo mismo optó por los ojos, maquillando de blanco el contorno pero sin llegar a parecer que ambos habían usado donitas espolvoreadas como antifaz para dormir.

El resultado fue muy favorable, ambos lucían preciosos apegándose a la moda que Yuuko, en alguna ocasión le había contado a Yuuri que quería adoptar. Avergonzado, Yuuri se vio en el espejo y, muy a su pesar admitió que no se veía nada mal con el atuendo urbano conocido como ganguro. Era extraño pero, como le había dicho Minako, a veces hay que hacer locuras sin pensar, disfrutar el momento y pasar el tiempo con tus seres más queridos ya que no tenemos la certeza de cuánto tiempo podremos pasar con ellos. En este caso, Yuuri estaba a punto de emprender un viaje que lo llevaría lejos de su familia y amigos en pos de cumplir su sueño y le alegraba saber que podía contar con todos ellos aun cuando ya no pudieran verse tan seguido. 

Seguramente Yuuri extrañaría mucho a su familia, a Minako-sensei, a Nishigori y a Yuuko, pero también estaba consciente de que, al regresar seguirían siendo cercanos. La distancia no es un impedimento para crear lazos y menos un motivo para romperlos.

Yuuri rió contento y Yuuko prosiguió, ambos decidieron emprender el camino a la estación de Ikebokuro para conocer a más personas con este “estilo de vida peculiar” y quizá, quien sabe hacer algún nuevo amigo.

FIN

MINI GLOSARIO

[1] Genkan: palabra con la cual se le denomina al espacio designado, entre la puerta y el interior de cada hogar, común en las casa japonesas para depositar el calzado. Algunas veces, y dependiendo del diseño de la residencia el genkan varia en tamaño. 

Shinkansen: tren de alta velocidad, conocido también como tren bala.

Nota adicional: todas las estaciones del Shinkansen y del metro de Tokio que se describen en este OS (excepto Hasetsu) son reales y las cuento como experiencia propia al viaje realizado hace un año al hermoso país del sol naciente. 

¡Gracias por leer!

xoxo

Sam.

Publicado por salemayuzawa

Me gusta leer, escribir, ver películas, anime y platicar con mis amigas. ¡Adoro imaginar historias!

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