AdC 20: “¿Qué estás esperando?”


Eran las diez de la noche en el pueblo ruso de Kiritsy cuando el teléfono celular de un joven llamado Phichit Chulanont sonó escandalosamente.

―¿Mischa?―preguntó sorprendido. Era raro recibir llamadas del mayordomo a esas horas.

―¡Phichit, te necesito y te necesito aquí ahora!

―Mischa, lo siento, eres muy guapo y todo pero no eres mi tipo…―Phichit pensó que era bueno ese comentario para calmar la ansiedad que sentía de su amigo.

―¡Phichit estoy hablando en serio!―dijo desesperado.

―¡Ok, cálmate! Dame media hora y estoy por allá.

Luego de colgar, Mischa suspiró. Calmarse no era una opción para él.

Se hallaba dando vueltas alrededor de su cuarto ya casi por 20 minutos y ni la ansiedad ni el dolor de cabeza parecían querer irse.

Para empezar, se había alejado toda la bendita semana de Yuuri para tomar fuerzas y cancelar el tema de la mudanza pero había sido débil al verlo. ¿Cómo podía decirle que no a esos  ojos color almendra con miel que parecían brillar más que cualquier estrella?

Y lo segundo que le preocupaba era la razón de su dolor de cabeza. Había reconocido a un tal JJ Nikiforov en el periódico, pero Mischa no tenía ni la menor idea de quién era. ¿Por qué lo conocía? 
Después de la conversación con Yuuri había googleado el nombre. El tal JJ provenía de una reconocida familia de litigantes. No buscó mucha información de su familia, sino más bien de su trabajo y fotos de reuniones importantes donde se veía brillando como el dueño de la fiesta. Al parecer el tal JJ era una figura conocida en Moscú.

¿Y si lo conocía personalmente? Era probable. Hiroko le había dicho que lo había encontrado con un traje Armani puesto. Quizás él mismo era millonario aunque inmediatamente se rio de aquella absurda idea.

Probablemente había trabajado para él en su vida “real”. Sí, eso le parecía más lógico.

La verdad, Mischa agradecía poder empezar a recordar cosas que lo ayudaran a saber más de sí mismo, pero a la vez sentía un gran miedo; en su nueva vida, Mischa quería pensar que era una buena persona, a lo mejor no un ejemplo a seguir como consideraba a Hiroko y a Yuuri, pero estaba seguro que no era del todo malo. Debía aceptar que le daba pánico el solo pensar que, en su vida real —porque la vida que llevaba en esos momentos incluso llegaba a sentirse como un sueño—, él no era alguien agradable, era alguien muy diferente a como era ahora.

Mischa se consideraba afortunado y feliz. La vida que tenía era una vida que lo satisfacía. No necesitaba mucho y lo que necesitaba ya lo tenía. No quería pensar en el momento en que esa vida se acabara.
Porque se tenía que acabar, ¿verdad? La vida que tenía era prestada y en algún momento se la iban a cobrar.

Volvió a mirar el reloj. No habían pasado más de 10 minutos. No podía seguir caminando como loco en su habitación. Phichit venía en un rato y necesitaba relajarse, así que fue a darse un baño.

Saliendo del cine, Dema y Yuuri regresaron a la casa del profesor. Había sido una buena película pero Yuuri estaba intranquilo, por eso Dema lo invitó a tomar un té.
Mientras tanto, Yuuri se sentía preocupado. El momento con Mischa le había resultado corto y raro y Yuuri pensaba que su amigo no lucía como normalmente lucía. Ambos se sentaron en la sala, uno al lado del otro.

―Te veo un poco ausente, amor. ¿Pasa algo?―Dema suponía que algo tenía que ver con la visita a Mischa pero no quería dar pie a sus absurdos celos antes de estar seguro. Yuuri seguía siendo su novio y debía confiar en él.

―No, no me pasa nada―contestó Yuuri―, sólo estoy pensando en la mudanza de mañana.

Dema acercó su cuerpo lentamente hacia donde se encontraba Yuuri y acarició suavemente sus pómulos.

―Todo va a estar bien―le dijo Dema―, la próxima semana estarás cómodamente sentado en tu sala y yo te estaré llenando de besos― la sonrisa coqueta del chico fue antesala para que se acercara a los labios de Yuuri.

Yuuri cerró sus ojos y aceptó de buen grado el beso de su novio. Al principio el beso se sintió refrescante como una brisa de verano, suave y bien guiado. Los labios tersos de ambos se acariciaban al mismo compás y Yuuri empezó a jugar con los cabellos rubios de Dema con su mano derecha.
Cuando la lengua de Dema invitó a la suya Yuuri no pudo evitar jadear. El beso se intensificó y Dema acariciaba su rostro mientras Yuuri tomaba con sus dos manos el hermoso y dócil cabello de su acompañante.

No supo con exactitud en qué momento su mente lo engañó y se olvidó de Dema, imaginando que los cabellos que acariciaba no eran rubios, sino plateados. En cada sensación, en cada movimiento bucal podía sentir a Mischa a su lado quien lo invitaba a seguirlo besando, lo cual le hizo abrir levemente los ojos.

Yuuri no pudo con la impresión. Por supuesto que no era Mischa a quien besaba. Su corazón se aceleró tanto que detuvo el beso de inmediato. ¿Por qué había pensado en Mischa si estaba con Dema?

―¿Yuuri, estás bien?¿Qué pasó?

Las preguntas de Dema no las podía contestar Yuuri, no sin sentirse mal.
Por esa razón se levantó del sofá de pronto y se puso nervioso.

―No tengo nada, sólo estoy algo cansado. Mañana será un día largo.

Dema trató de usar todos sus encantos con su novio. El beso lo había dejado con ganas de más y le preocupaba ver el cambio repentino en su semblante.
Se acercó lenta y seductoramente, pronunciando frases cortas y llenándolo de besos tiernos mientras acariciaba a Yuuri.

―Oh amor, claro…sé que estás cansado…Pero si quieres…puedes quedarte aquí hasta mañana.

Yuuri se sentía muy confundido con lo que acababa de pasarle. Contestó la lluvia de besos pero su cabeza no lo dejaba disfrutarlos. Dema estaba usando toda su ternura y en cualquier otro momento hubiera funcionado de maravilla pero el saber que pensaba en otro, estando con su novio, había dejado a Yuuri ansioso y lleno de culpa.

―No, mejor me voy―contestó alejándose de Dema y cogiendo su casaca. Pensó que tenía que despedirse de otra forma, por lo que vaciló y se acercó nuevamente ante su confundido novio y lo besó en la mejilla.

―Mañana hablamos, ¿sí?

No sabía si podría manejar bien. Lo único que sabía era que tenía que llegar a casa y tratar de calmarse.

Para cuando Phichit llegó al castillo, Mischa lo esperaba con un bizcocho hecho por él y una taza de té de jazmín. A pesar de la ducha, el chico seguía preocupado por todas las ideas que le rondaban la cabeza. Phichit se sentó inmediatamente en su lugar de siempre y empezó la charla.

―Bueno, aquí me tienes, casi a las 11 de la noche. Más te vale que me confieses que eres millonario y que me vas a regalar la mitad de tu herencia.

Mischa sabía que no valía la pena darle vueltas al asunto así que lo miró asustado y lo confesó.

―Estoy enamorado de Yuuri, Phichit― el moreno escupió el té que estaba tomando y casi se atora. Bueno, no era millonario, pero esa noticia también lo podía dejar en shock.

―¿Que tú qué?―Phichit lo miró incrédulo y, antes de dejarlo decir más se levantó molesto apuntándolo con el dedo índice―No,no no y no. Eso sí que no. ¡Mischa, no!

―Te lo juro, Phichit, recién me acabo de dar cuenta.

―¡No, me estás mintiendo! Seguro esta es una broma pesada y piensas que es graciosa pero no lo es.

―¡Phichit no sé qué hacer! ¡Necesito que me ayudes a pensar con coherencia!

La cara compungida de Mischa le dio pena. Él era ahora también su amigo y le importaba su bienestar. Pero su Yuuri era algo especial y no iba a permitir que un heterosexual confundido lo lastime. Eso sí que no.

―Mischa, a ti no te gustan los hombres, lo dejaste bien en claro desde el principio.

―Eso pensé también yo―contestó―, pero no es normal que piense en él todo el día, que sonría como imbécil cuando veo su foto, que me levante pegajoso habiendo soñado con él besándome…

―Ok, ok, ya te entendí, no necesito más información―Phichit dio vueltas alrededor de la cocina y trató de respirar profundamente para calmarse. Iba a matar a Yuuri. Primero por enamorarse de un gay que se moría por ser heterosexual y luego de un dizque heterosexual que en realidad era un homosexual de clóset. ¿Pero es que acaso Yuuri los pedía por catálogo?

―Phichit, no tengo con quién más hablar. Te considero mi amigo y el único que me puede explicar qué diablos está pasando conmigo.

Phichit miró a Mischa y le pareció verse a sí mismo diez años antes, confundido por pensar en aquel compañero de su salón con el que tenía sueños húmedos.
Lo entendía y le daba gracia ver que la vida era cíclica y que muchas veces las experiencias pasadas tienen razón de ser ya que con frecuencia sirven para guiar a otros por su camino.

Se sentó tratando de calmarse y habló.

―Debí haberlo sabido. No era normal que se llamaran antes de ir a dormir, o que pasaran tanto tiempo juntos. En verdad no quise darme cuenta de nada. Era más fácil pensar que eras muy buen amigo de él y no que sentías atracción por Yuuri.

―Parece que todos lo sabían antes que yo. Hiroko no me ha dejado de mandar indirectas desde que apareció Dema. Todo este tiempo he estado celoso y no lo sabía. Pensé que sencillamente no me caía bien pero Dema en realidad es un chico agradable.

―Lo es, es muy agradable en verdad. Lo cual es un buen cambio para Yuuri después de haber sufrido horrores por Adrik.

―¿Adrik?

―Su ex, con el que perdió casi dos años de su vida, hasta que descubrió que era tan imbécil como nosotros sabíamos que era. Pero ese es otro tema…Mischa, ¿qué piensas hacer?

―No quiero confundir a Yuuri. Él tiene a Dema y no soy nadie para meterme en su relación. Por eso quiero que me ayudes para ver cómo puedo alejarme de él sin lastimarlo. No quiero causarle problemas, Yuuri significa mucho para mi y quiero que sea feliz.

Si hubiera sido otra persona, Phichit le hubiera dado la razón. Pero no era cualquier otra persona, sino Mischa y él era un buen hombre. A veces algo inocente e infantil pero justamente por eso Phichit sabía que lo que estaba sintiendo era real. Se sentía muy confundido y no tenía intención de dañar a Yuuri, sino más bien pedir ayuda para no hacerlo. Suspiró a sabiendas que lo que estaba a punto de decir podía cambiar la historia de ambos, así que se dijo a sí mismo que debía mantenerse lo más posible al margen.

―Mischa, yo sé que tú quieres ver a Yuuri feliz y también sé lo mucho que él significa para ti. Pero no te olvides que tú también significas mucho para él.

Mischa palideció. No se esperaba esas palabras de su interlocutor. Phichit continuó.

―Al alejarte vas a causarle más confusión de la que crees. Él no sabe lo que sientes, a pesar de todo lo que hacen juntos. Si te alejas lo afectaría muchísimo y sería incomprensible para él. 
Mira, no te ha visto en cinco días y ya me ha llamado varias veces durante la semana para preguntarme si estabas bien. Me sorprende que no te haya venido a buscar él mismo…

―Lo hizo―dijo Mischa sonriendo con las mejillas rosadas―, antes de irse al cine con Dema.

―No sé por qué no me sorprende. Bueno, el punto es: antes de que te hayas dado cuenta de tus sentimientos has sido su amigo y no es justo para él el que pierda tu amistad. Sé que no quieres hacerle daño y sé que no lo harás. Por eso te aconsejo que sigas como ibas, dándole lo mejor de ti como amigo.

Mischa suspiró. Lo que decía Phichit era muy cierto. Antes que nada, Yuuri era su amigo y no iba a dejar de darle su apoyo por nada del mundo.

―Creo que no debes pensar tanto las cosas. Yuuri está con Dema y es su decisión, tú como amigo debes respetarlo y apoyarlo.

―Tienes razón Phichit. Debo calmarme y dejar de estresarme por todo. Mañana me concentraré en la mudanza y en pasar un buen rato con él.

―¡Muy bien!―contestó el moreno―mientras tanto te estaré llamando de cuando en cuando para ver si necesitan otra mano.
Y ahora, ¿puedes darme otro de esos bizcochos? No te quiero decir tacaño pero el pedacito que me diste se me quedó en los dientes…

A las ocho y media de la mañana Yuuri Katsuki se presentó puntual en el castillo de Kiritsy. 
Mischa, quien se sentía más tranquilo esa mañana, le ofreció desayunar pero Yuuri le contó que Hiroko y Toshiya los esperaban en casa.

En la casa de los Katsuki todo era alegría. Hiroko había preparado unos panqueques con miel que encantaron a todos. Toshiya los ayudó a llevar las cajas al auto.

―Hijo, recuerda que esta casa siempre estará abierta para ti―le dijo Hiroko acariciando las mejillas de Yuuri.

―Pero no te rindas tan fácil―agregó Toshiya, dándole unas palmadas en la espalda―. Cuando las cosas se pongan difíciles no te dejes vencer a la primera, ¡lucha por tu independencia!

―No le hagas caso a tu padre―dijo Hiroko―, sólo lo dice porque quiere que tu habitación se convierta en su salón de trenes a escala…

―¡Tampoco es que le vaya a quitar su cama!―exclamó casi ofendido―¡Sólo ocuparía sus paredes!

Casi a las diez llegaron a su destino. El departamento de Yuuri era pequeño pero muy iluminado. Le pertenecía a un señor que tenía una ferretería en el primer piso. El señor había remodelado el pequeño departamento para que se viera más moderno y lo había logrado con éxito.

El concepto era de espacio abierto, con ventanales desde el suelo hasta el techo. Tenía una chimenea moderna que le daba un ambiente muy familiar al sitio y una barra con tres sillas daban para la pequeña cocina.

El baño era grande y muy iluminado, al igual que el dormitorio y el pequeño cuarto que le serviría de escritorio.

―¡Vaya, no sé por qué me imaginé que vivirías en un departamento anticuado con apariencia retro!―exclamó sorprendido Mischa.

―Supongo que tengo alma de viejo―dijo Yuuri burlándose de lo dicho por su amigo.

―Yo diría que tienes gustos “clásicos”.

―Lo tomaré como un cumplido.

Yuuri le guiñó el ojo juguetón y Mischa no pudo evitar sonrojarse. En otro momento, el guiño no hubiera afectado en nada al chico. Pero otras campanas repicaban ahora.
Se dijo a sí mismo que debía dejarse de tonterías. Era un momento de amigos como cualquiera y no debía tomarse las cosas tan en serio.

Se demoraron en traer  todas las cajas de Yuuri. La cama  y el sofá ya habían sido traídos con antelación y todo lo demás se encontraba ahora en el pequeño camión de mudanza que Yuuri había alquilado para la ocasión.

Al tratar de entrar con una mesa, uno de los bolsillos posteriores del jean de Mischa se desgarró y Yuuri se golpeó la cabeza cuando quiso poner el televisor contra la pared de la sala.

Ambos cayeron al suelo cuando Mischa pisó en falso la alfombra a medio colocar cuando cambiaban el sofá de lugar y uno de los cuadros que sacaban del camión de mudanza cayó en la cabeza de Mischa cuando jaló una caja.

Todo era felicidad y risa. Mischa fue calmándose poco a poco y el chico fue capaz de comportarse como siempre lo había hecho. Eso tranquilizó el corazón de Yuuri. Había estado preocupado por el cambio de conducta de Mischa.

Los dos sincronizaban perfectamente. Con una mirada, Yuuri y Mischa se comunicaban.

Mischa soltó un gritito cuando descubrió un álbum de fotos de la infancia de Yuuri. Los ojitos rasgados de un niño pequeño lo inmovilizaron.

―¡Oh, por Dios Yuuri, eras tan tierno! ¿Qué te pasó? ¿Por qué cambiaste tanto?

―Jo,jo,jo, ¡qué gracioso!―exclamó burlón― Ay, a mi madre no se le ocurrió mejor idea que meter un álbum con fotos de mi vida.

Mischa adoró ese momento. El poder ver el pasado de Yuuri en imágenes lo hizo quererlo y valorarlo aún más.

Habían fotos de Yuuri en Kindergarten, en el colegio, en actuaciones y un Yuuri muy delgado con unos horribles lentes en su foto de fiesta de promoción…¿Esa chica delgada que la acompañaba era Yuuko?

Luego de eso, llegó el momento de desempacar las otras cajas. Yuuri sabía que Mischa lo conocía muy bien, así que le encargó que adornara la cocina y la sala como deseara.

Parecían una pareja de recién casados en plena mudanza. Yuuri llamaba en voz alta a Mischa cuando no encontraba algo, Mischa le llamaba la atención por no darse cuenta que estaba ahí frente a sus narices.
Cuando se cruzaban, Yuuri le hacía cosquillas y Mischa le respondía buscando hacerle cosquillas también. Eran felices y confiaban plenamente el uno al otro.

Por la noche pidieron una pizza y tomaron un poco de cerveza.
Ya sólo faltaban la mitad de las cajas y al día siguiente seguro terminarían.

Cansados, decidieron irse a dormir. Mischa iba a regresar a la casa de los Katsuki pero Yuuri lo convenció de quedarse a dormir en la sala, ya que tenía un sofá cama.

Mientras Mischa preparaba el sitio para dormir, Yuuri se metió a la ducha. Poco tiempo después de escucharlo salir, Mischa quiso desearle buenas noches y avisarle que se metería también a la ducha.

Tocó la puerta de Yuuri y no esperó respuesta, por lo que la estampa que apreció lo dejó de cabeza.

Yuuri estaba con un sencillo pantalón de pijama pero con el torso completamente desnudo.

Ver el cuerpo de Yuuri dejó a Mischa sin aliento. Los suaves y contorneados músculos marcados de su espalda, la musculatura perfecta de sus brazos, macizos y bronceados, las gotitas de agua resbalando por su pecho descubierto, con los hermosos y largos brazos alzados sosteniendo una toalla mientras se secaba aquel desordenado y oscuro cabello, sorprendido por ser captado en ese momento.

Ambos enrojecieron y Mischa sólo pudo tartamudear.

―Lo…lo siento mu…mucho. Yo…ehm…yo…bañar y…buenas noches…

―Ahm…buenas noches, Mischa.

Mischa necesitó un baño frío para calmar su ansiedad.

En cama, Yuuri no pudo evitar cerrar los ojos y traer a su mente los ojos azules y brillantes de su amigo. Si se esforzaba más podía ver su hermosa sonrisa en forma de corazón y su cabello plateado y sedoso.
Se revolvió en la cama en la oscuridad hasta quedarse echado con la cabeza mirando el techo. Su mano derecha la alzó, poniéndola contra la almohada, encima de su negra cabellera.

―Mischa es tan…―Sus pensamientos no lo dejaban dormir. Sentía algo en su corazón, algo que no podía explicar con palabras.

Después de Adrik nunca había sentido el deseo de ser tocado por nadie. Hasta que Mischa llegó a su vida.
Con Dema no era lo mismo. Él sentía gran atracción por él y lo quería porque era un buen hombre pero sabía muy bien que lo que sentía por Dema no se comparaba en nada a lo que sentía por Mischa.

Recibía tantas señales por parte de su amigo y todas ellas lo volvían loco. ¿Acaso debía actuar guiado por esas señales? ¿Qué estaba esperando?

Volvió a removerse entre las sábanas.

Estaba esperando algo más, el saber a ciencia cierta que Mischa lo invitaba a sincerarse con sus sentimientos.
Una palabra, un gesto claro del interés de Mischa hacia él. Se moría por saber si en verdad Mischa estaba interesado en compartir más que una amistad con él. Porque él lo estaba y se volvía loco esperando.

Decidió cerrar sus ojos. Era más fácil y menos agotador pensar en que mañana sería otro día genial.

El olor a tocino y huevo despertaron a Yuuri de inmediato. Salió medio dormido de la habitación y encontró radiante de felicidad a Mischa en la cocina. 
A pesar de que Yuuri siempre se levantaba temprano, odiaba hacerlo. Él amaba su cama y ver a Mischa tan feliz por la mañana lo impresionaba.

―¡Buenos días, dormilón!―le dijo Mischa dándole su mejor sonrisa.

―¡Buenos días!―contestó Yuuri medio adormecido y bostezando a la mitad de la oración.

―Es una gran ventaja vivir en el centro del pueblo―Mischa ponía las tazas con café en la mesa―, no me demoré nada en comprar todo lo que necesitaba para el desayuno.

A Yuuri le encantaba ser tratado así. Desayuno listo y fresco, el sol brillando a través de las cortinas de la sala y un hombre como Mischa a su lado. Sentía que estaba en un lindo sueño.

Ambos se sentaron a conversar, organizando el día y repartiéndose las obligaciones. Ya que no quedaba mucho más que hacer, Mischa decidió que dejaría que Yuuri terminara de desempacar las cajas que quedaban y él prepararía un digno almuerzo, dejándole además comida para el siguiente día.

Así fue que se pusieron manos a la obra. Yuuri fue arreglando las últimas cosas que faltaban sacar y el aroma a hierbas llenaba todo el lugar. Para el almuerzo, se apareció Phichit, quien se moría por ver el departamento arreglado.
Los tres pasaron un muy buen rato, Mischa escuchando anécdotas de sus amigos cuando estaban en el colegio y en la universidad.

El departamento había quedado hermoso y pronto fue hora de despedirse de Phichit.

En la tarde decidieron ver Mischa y Yuuri una película en Netflix. Yuuri se ofreció esta vez a hacer las palomitas de maíz y Mischa a elegir la película.
Se rieron con una grandiosa comedia que hacía poco habían estrenado en la plataforma y luego tomaron un pequeño lonche.

Por la noche Mischa tenía que regresar al castillo, por lo que Yuuri se ofreció a llevarlo.

Esos dos días habían sido perfectos para ambos. El saberse solos les había dado libertad para expresarse con soltura y tranquilidad. No sentían ninguna tensión, sino más bien felicidad. Habían crecido en confianza y en estima.

Estacionado en la parte delantera del castillo, Yuuri quiso agradecerle a Mischa por todo el tiempo compartido. Se hallaban sentados en el auto.

―Mischa, muchas gracias por tu ayuda con la mudanza, me he divertido mucho este fin de semana.

―A ti gracias por pedírmelo. Yo también me he divertido mucho contigo.

De nuevo ambos rostros encendidos por la vergüenza y palabras escritas en el corazón que no podían ser dichas.

Mischa observó con detenimiento a Yuuri. Era precioso. Definitivamente lo más bello que había visto desde que había despertado con amnesia.
Yuuri merecía ser feliz por sobre todas las cosas. Más allá de los sentimientos románticos, Yuuri le había ayudado a tener una vida, a sentirse amado a través de su familia. Ese hombre que tenía al frente era el más honrado, sencillo y amable que había visto.

Mischa cogió el pestillo de la puerta con el corazon que casi se le salía de la boca. Le debía un gracias a Yuuri que iba más allá de las simples palabras. Abrió la puerta y, antes de salir y sin pensarlo mucho, se acercó a él.

―Gracias Yuuri por todo lo que has hecho por mi.

Casi sin saber cómo, Mischa no tuvo reparos en acercar sus labios a la rosada y delicada piel de su amigo. Le dio un beso en la mejilla y rápidamente y se separó. Con la misma velocidad salió disparado del auto, sin atreverse a mirar atrás. Su corazón palpitaba a mil por hora.

Yuuri se quedó de una pieza por el arrebato y no pudo responder rápido. Las mariposas revoloteando en su estómago no lo dejaron prender el auto, hasta un minuto después.

Encendió el auto con una sonrisa y se fue, con el rostro ardiente, a su nuevo sitio, donde, estaba seguro, no iba a poder descansar.

Nota de autor:

¡Oh por Dios! AMO a estos dos, les juro que a veces me dan ganas de no hacer caso a lo que los personajes quieren hacer y crear una parte de “felices por siempre”…pero luego me acuerdo que es su historia y no la mía y se me pasa.🤣🤣🤣

La vida real no es así como en las películas así que ellos llevan su propio ritmo.

Este fic me ha demandado escribir con muchos sentimientos y quiero agradecer a todos los que se han tomado el tiempo en comentar y analizar los personajes y situaciones. Quiero decirles que los amo, me encanta saber que disfrutan tanto como yo mientras lo escribo.

Cuando empecé esta historia, pensé que tendría 16 o 18 capítulos pero la verdad era imposible. El descubrimiento personal de Victor ha sido lento pero muy gratificante y aún queda mucho por narrar. Espero que sigan conmigo en esta aventura.

Ese beso tímido de Mischa y todo el capítulo va para todos ustedes. ¡Salud! 🍷

Publicado por natsolano

Soy una escritora de fanfics desde hace tres años. Amo escribir y quisiera dedicarle más tiempo, amo cantar y amo a Yuri on Ice!! Lo que más me gusta escribir es romance, aunque por algún motivo termino mezclándolo con drama. Además olvidé decir que amo la comedia. Mi pareja favorita de toda la vida son Yuuri & Victor, siempre diré que mi corazón late por el victuuri, pero me considero multishipper ❤

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