El cuento de los tres patinadores


Notas especiales:

– One shot escrito para la temática #AUHarryPotter

-Fecha: semana del 02 al 09 de septiembre de 2018.

Número de palabras: 2,382 palabras.

-Personajes: Yuri Plisetsky, Yuuri Katsuki, Víctor Nikiforov, Phichit Chulanont.

-One shot dedicado a Carolina Villadiego y Angélica Yepes por sus cumpleaños que fueron en esa semana.

Resumen: Adaptación del cuento de los tres hermanos que aparece en los libros “Harry Potter y las Reliquias de la Muerte” y “Las Fábulas de Bettle el Bardo” con los personajes de Yuri!!! on ice.


Había una vez, tres patinadores que caminaban a media noche por un oscuro y solitario sendero. Víctor Nikiforov, el mayor, de 27 años, tenía el cabello color plateado cual rayos de luna y ojos azules como el cielo de verano; seguido por Yuuri Katsuki, de 23 años, su lacio cabello negro como la noche más oscura, gafas grandes de montura azul y expresivos ojos cafés del mismo tono del chocolate que bebió esa mañana el más pequeño de los tres: Yuri Plitsetksy, de 15 años, de cabello rubio como los rayos del sol y una intensa y enojada mirada color verde esmeralda, y que, en estos momentos podía adivinarse, en su juvenil rostro, una expresión impaciente.

—¿Qué demonios hacemos aquí?—preguntó con un dejo molesto en la voz.

—Para ser sinceros, Yura, no tengo la menor idea—contestó Yuuri con tono cansado, mirando sobre su hombro para establecer contacto visual con el rubio.

—Si no seguimos caminando no sabremos qué hacemos aquí—resolvió con simpleza Víctor apurando a sus dos compañeros a seguir caminando por el sendero. Momentos después, el ruso mayor, emocionado, señaló un lugar más adelante del camino—. ¡Miren, un río!

Efectivamente, y tal como lo indicó Víctor había aparecido frente a ellos un río impidiéndoles el paso.

—¡Genial! ¿Regresamos? ¡Estoy cansando!—insistió Yura viendo el camino y adivinando que ese era el fin del mismo. Las cauces del río se adivinaban bravas por la rapidez con la que el agua se deslizaba, era imposible cruzar, concluyó el ruso menor siguiendo el consejo de su instinto de supervivencia.

—Yo tengo hambre— agregó Yuuri, su pancita lo corroboró con un sonoro gruñido.

—¡Construiré un puente!—exclamó Víctor asombrando a sus compañeros.

—¿¡PUENTE!?—vocalizaron ambos Yuris al mismo tiempo, observando anonadados cómo Víctor, varita en mano, transformaba un sencillo árbol en un rústico pero seguro puente. Ahora podrían cruzar a salvo.

—¿Cómo demonios hiciste eso, anciano?—preguntó ofuscado Yura.

—No sé por qué te sorprendes, Yurio, ustedes también pudieron haberlo hecho—contestó con simpleza Nikiforov mientras admirada su obra recién creada.

Ambos chicos se dieron cuenta que tal aseveración era cierta al sentir una varita cada quien al borde de sus túnicas… un momento, ¿túnicas?

“¿¡Qué demonios!?” pensaron ambos Yuris, a veces tan parecidos en su forma de ser.

Resignados a seguir caminando, el trío atravesó el puente. Sin embargo, una figura encapuchada se les atravesó.

Y la Muerte hizo su aparición.

—¡Oh, poderosos hechiceros! Ustedes que han burlado a la muerte con su magia para cruzar este puente, se han ganado una recompensa por sus vastos y maravillosos poderes… ¡Hola, Yuuri!

—¿Phichit-kun, qué haces aquí?—preguntó Yuuri confundido por la repentina aparición de su mejor amigo.

—¿Cómo que qué hago? ¡Soy la muerte!—Phichit se acercó al trío que lo miraban sorprendidos, sacó su celular, tomó una selfie de los cuatro juntos y escribió un texto antes de subirla a la red.

“Aquí, con los ingenuos que creen poder burlarse de mi #WorkingDay #Adarle”

Después, el tailandés, guardó el dispositivo y, adoptando de nuevo su porte señorial, se dirigió a los tres patinadores.

—Bueno, así las cosas, ustedes tres, debían morir al intentar cruzar el río; sin embargo, gracias a su habilidad con la magia, sortearon el obstáculo y ahora vivirán. ¡Hurra, han superado a la muerte!—. Phichit levantó las manos para enfatizar la última oración, carraspeó y continuó con su discurso-. Así que, es mi responsabilidad, como el buen shinigami recoge almas que soy, de regalarles un obsequio para que siempre recuerden tan espectacular hazaña.

Víctor, Yuuri y Yura se miraron entre sí un momento. Decidido y siendo siempre quien suele tomar la iniciativa para cualquier actividad, Nikiforov se dispuso a ser el primero en hablar:

—¿Y en qué consisten esos regalos?

Phichit sonrió y dirigió su traviesa mirada a las orbes azules de Nikiforov.

—Para ti, la leyenda viviente del patinaje artístico, te regalo estos elegantes patines con cuchilla de oro macizo. ¡Úsalos y serás invencible en cada competencia que se te presente!

Phichit apareció por arte de magia unos hermosos patines negros con cuchillas doradas. Víctor los miró y los tomó entre sus brazos.

—Ya tengo unos como estos- argumentó en voz baja.

—Sí, pero estos son mágicos—debatió Phichit con obviedad—. ¡Tómalo o déjalo, Nikiforov!

—¡Los tomo, los tomo!—se apresuró a responder Víctor abrazando con fuerza el par de patines-. Gracias, supongo.

Phichit sonrió complacido, realizó un movimiento con las manos y, de inmediato, apareció una piedra semitransparente, similar a las que se encontraban a la orilla del río y la tendió frente a su mejor amigo, quien asombrado extendió la mano para recibirla entre sus dedos. La piedra brilló un poco al sentir el tacto de la mano del japonés.

—Mi más querido y valioso amigo, con esta piedra todos tus problemas de ansiedad serán cosa del pasado.

—¿Por qué, Phichit-kun?—preguntó Yuuri observando con interés el brillo azul pálido de la piedra.

—Porque ya va siendo hora de que ganes el oro en alguna competencia. Tu sexy “novio” ruso no es muy bueno consolándote cuando lloras y estoy harto de que el rubio que esta a tu lado te gane. Además, le aposté a Chris que este año ustedes dos se casaban. Si te doy esta piedra obtendrás el valor necesario para proponerle a Nikiforov matrimonio. ¡Ya compré mi vestido azul, no puedes decepcionarme!.

Yuuri no supo que agregar así que, rojo como un tomate, aceptó el regalo de su amigo, es decir, la muerte.

El más joven del grupo miró con cara de pocos amigos al moreno. Se cruzó de brazos y agregó enojado antes de que el moreno emitiera palabra alguna:

—Yo no quiero ningún estúpido regalo, esto es solo una ridícula trampa.

Víctor y Yuuri voltearon incrédulos a ver a su compañero. Los ojos color esmeralda de Yura reflejaban coraje y miraban con repulsión los dos regalos que la muerte les acababa de regalar a sus compañeros y rivales.

—No entiendo de qué estás hablando, Plisetsky… 

—Le diste las cuchillas al anciano para que nunca fuera vencido en competencia y siguiera siendo una leyenda, pero todos sabemos que eso no es lo que él buscaba. Al hacerse con la victoria le estarías quitando su amor y vida, lo que provocará que el anciano se aísle y vuelva a sus días de soledad. Por otra parte, regalarle esa piedra al cerdo lo hará tan dependiente de ella que terminará en un desastre el día que se acabe el efecto de esa porquería. No nos estás obsequiando una recompensa por superarte como has dicho, ¡te estás asegurando que no nos escapemos de tus garras!

Phichit quedó de una pieza al escuchar la acertada deducción del rubio. ¿Quién diría que a su corta edad el pequeño ruso enojón era tan astuto?

—¿Por qué piensas eso de mi, Plisetsky? ¡Soy yo, Phichit! Nunca sería capaz de hacer algo que dañara a mi mejor amigo—se apresuró a argumentar con vehemencia el tailandés. Gotas de sudor comenzaban a surcar su frente.

—Lo sé—argumentó Yura sin perder la calma—, pero tú no eres el mejor amigo del cerdo.

Phichit retrocedió un pasó y la mirada furibunda que apareció en sus oscuros ojos los asustó. Definitivamente, ese no era Phichit. El cielo nocturno se iluminó por relámpagos, cuyos truenos resonaron con fuerza en los alrededores, el viento arreció y los árboles crujieron sin cesar, mientras frente a los tres patinadores un poderoso remolino se formó. Phichit había desaparecido, en su lugar, la muerte misma hacía acto de presencia.

—¡Sabía que tenía que disfrazarme del kazajo!—comentó para sí resignada—. Aunque, supongo que mis planes también se hubieran visto frustrados, el otro Yuuri también es un desconfiado de primera.

—¿Qué quieres de nosotros?—preguntó Víctor desafiante, colocándose delante de los dos patinadores más jóvenes, como el caballero galante que siempre solía ser.

—Su alma, es obvio— contestó simple la muerte sonriendo con su esquelética forma —. Intenté por las buenas, pero el pequeño rubio fue más astuto que los últimos magos que cruzaron por aquí y, ¡vaya sorpresa!, creo que los estima demasiado como para dejarlos morir.

Yura se sonrojó con furia ante tal declaración, Yuuri miró con ternura al más pequeño de los tres y Víctor, sonrió confiado viendo a su rival.

—Eso es porque somos como una familia. Ahora, si nos disculpas, tenemos un puente que cruzar.

El trío de oro tomó sus varitas y comenzaron una lucha sin tregua contra la muerte. Destellos de hechizos alumbraron el cielo nocturno. Rojo, azul, amarillo, morado, por más que lanzaran sus mejores hechizos al contrincante, era muy clara la diferencia de poderes, la muerte se presumía más hábil y, a la fecha, nadie había podido vencerla. Era, como lo estaban comprobando con desespero los patinadores, una batalla perdida.

—¡Víctor!—exclamaron ambos Yuris, al unísono, al ver al platinado caer. Yuuri se precipitó a alcanzar a su entrenador y, al ver que un rayo rojo lo iba a alcanzar, se puso enfrente para ser el nipón quien lo recibiese en su lugar.

—¡Yuuri!—Yura desvió el hechizo dirigido a su persona mirando al par de patinadores que inconscientes yacían en el suelo. La situación no podía ser peor, ¿qué podría hacer ahora?

—Ríndete, enano, ¡están acabados!—rugió la muerte, victoriosa, amenazando al joven patinador a distancia-. No existe nadie ni nada capaz de vencer a la muerte.

—Sí lo hay—la voz de Yuuri Katsuki, apenas audible atrás de Yura hizo al rubio voltear y dirigirse a su tocayo, quien apenas si podía mantenerse consciente, el rubio se hincó para quedar a la altura de sus dos compañeros—. El amor, el amor siempre vence a la muerte, Yura, así que, tienes el poder para acabar con la muerte.

—Pero yo no amo a nadie—argumentó Yura mirando desesperado a Yuuri ante la risa burlona de la muerte, quien había detenido su ataque para presenciar tan “conmovedora escena”.

—Yuri—Yuuri tomó la mano de su compañero con su diestra y con la izquierda tomó la de Víctor quien estaba despertando de a poco—. El amor tiene tantas formas como personas en el mundo. Es único e irrepetible y es la magia más poderosa que existe sobre la tierra.

—No se limita al amor romántico—agregó Víctor abrazando a Yuuri y acercándolo a él con un brazo, mientras con el otro palmeaba el hombro del más pequeño del grupo—. Eres muy importante para nosotros, Yurio, y me alegró mucho que nosotros también seamos importantes para ti.

—Y es por eso que confiamos en ti, ¡vamos, Yura!—exclamaron al mismo tiempo la pareja de patinadores, mirando con orgullo y determinación a Yuri, quien se levantó decidido y enfrentó cara a cara a la muerte, dispuesto a batirse en lo que sería el mejor duelo de, hasta ahora, su adolescente vida.

—¿Miedo, Yuri?—preguntó burlona la muerte levantando un esquelético brazo dispuesta a comenzar el combate.

—Ni un poco—con valor, Yuri posicionó su varita frente a su rostro, sus ojos destellando decisión cual fuego verde de ese bello tono esmeralda tan característico de ellos.

—¡Yuri!—la voz de Víctor lo animaba al comenzar el duelo.

—Esta será la primera vez que un mortal derrote a la muerte—exclamó Yuri emocionado mientras gesticulaba el primer hechizo y, lanzaba el primer ataque.

—¡Yuri!—la cantarina voz de Yuuri Katsuki también se escuchó por encima del alboroto causado por la muerte y un mortal.

—¡YURI!—un destello azul, la voz de sus compañeros y luego oscuridad fue lo único que el rubio alcanzó a notar.


—Yuri… Yuri… ¡despierta, Yuri!

Yuri Plisetsky abrió los ojos confundido, la mirada preocupada de Yuuri y Víctor lo recibieron, para cambiar su expresión a una más aliviada.

—¿En dónde estamos?—preguntó Yuri una vez se hubo incorporado, estaba recostado en un mullido sillón color vino.

—¿En mi casa?—respondió confundido Víctor.

Yuri observó su entorno: paredes blancas, un elegante librero al fondo, sábanas revueltas entre sus piernas y una almohada tirada en el suelo que supuso, el rubio, usó para dormir.

—¿Estás bien?—preguntó Yuuri al verlo aún desorientado—. Tuviste una pesadilla, ¿cierto?

Yuri asintió con la cabeza. Seguía desconcertado, el sueño, mejor dicho, la pesadilla se había sentido muy real.

Yuuri miró tranquilo al rubio y desordenó un poco su dorado cabello con su mano para agregar:

—Fue solo un sueño, Yura, un sueño y nada más.

Yuri dirigió su mirada esmeralda a la café y cálida de Yuuri Katsuki. Esa expresión serena y paciente a veces lograba sacarlo de quicio, sin embargo, en ese momento lograba tranquilizarlo. A continuación, dirigió sus orbes verdes a los azul cielo de Nikiforov, quien le sonreía con calma por encima del mullido sillón. Un sueño, solo eso. Un sueño y nada más.

—Te quedaste dormido después de la mega maratón de Harry Potter que hicimos ayer- explicó Víctor—, como ya era muy tarde no te molestamos y te acomodamos para que durmieras en el sillón. Es peligroso que andes solo tan noche por la calle.

—Ya veo—contestó Yuri frotándose los ojos—. Gracias.

—Descuida, Yuri, nunca será un problema para nosotros el tenerte aquí—insistió Víctor—. Ahora, ¿qué hay de unos hot cakes para desayunar?

—¡Víctor, no podemos comer eso!—reclamó Yuuri con tono alarmado, corriendo al lado de su prometido.

—Corrección, cariño, tú no puedes comer eso—comentó Víctor sonriente, luego, tomando a al azabache de la cintura lo acercó a su oído y le susurró: —sin embargo, yo podría ayudarte a quemar esas calorías que tengas de más, Yuuri.

Yuuri enrojeció cual tomate maduro del huerto del tío Juan, Yuri, quien escuchó el tono sensual usado por Nikiforov y la clara insinuación del platinado para con su prometido; sonrojado, el rubio se apresuró a expresar también su opinión:

—¿Podrían dejar de ser tan asquerosos un momento? ¡Por los dioses patinadores, que estoy aquí!

Las risas de Yuuri y Víctor inundaron el apartamento.

Minutos más tarde, los tres patinadores desayudaban contentos los hot cakes que Víctor hubo preparado, aderezados con mermelada y fruta de temporada, rebanada por Yuuri, más yogurt natural, extraído directamente del refrigerador por Yuri.

—Por cierto, Yura- Yuri dirigió su mirada hacía Katsuki, observó su mano derecha entrelazada entre los dedos de la mano izquierda de Nikiforov—.Gracias.

—¿Por qué?—preguntó confundido el rubio dejando el tenedor al lado del plato ya vacío.

—Por salvarnos—agregó Víctor con tono agradecido.

Yuri abrió los ojos asombrado, ¿en verdad había sido solo un sueño?

FIN.

¡Hola!

Como lo dice al principio, este es un OS escrito para la semana especial que tuvimos del victuuri dentro del universo de Harry Potter, entre las cosas que compartí en el grupo, una de ellas fue que yo nunca he leído algún fic victuuri dentro de este universo. Soy fan asidua de Harry Potter y no quisiera ponerme crazy por la adaptación de este universo a un fic u.u

Este OS lo escribí un domingo por la mañana, al levantarme y bajar a la sala, mis papás estaban viendo Harry Potter y las Reliquias de la Muerte Parte 1 (sí, yo los volví fans XD), y sin querer, la idea de adaptar el cuento de los tres hermanos con mis tres patinadores favoritos entró en mi cabeza y el escrito fluyó solito. Si mal no recuerdo me tarde como 1 hora en escribirlo.

Para quienes no conocen el cuento original, les dejo aquí el video 😀

Espero les haya gustado, y muchas gracias por leer 🙂

xoxo

Sam.

Publicado por salemayuzawa

Me gusta leer, escribir, ver películas, anime y platicar con mis amigas. ¡Adoro imaginar historias!

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