Cap. III Acerca de los medios de transporte


Al aire en 3… 2… 1…

—¡Bienvenidos a este, su noticiero favorito: Desde la cabeza de Yura, al mundo, en donde lo mantendremos informado acerca de los últimos acontecimientos de este extraño pero divertido relato!

—Seamos testigo de esta aventura de proporciones épicas, en donde Yuri Plisetsky —la imagen del patinador rubio proveniente de Rusia aparece en la pantalla—, hará todo lo que se encuentre a su alcance y más allá, para lograr su objetivo: asistir a ese festival de música que tanto anhela.

Desde un pequeño escritorio, Yuri angelical y Yura rebelde están sentados hombro con hombro, dirigiéndose a la audiencia que atenta los observa presentar su “noticiero”. Ambos leen con habilidad el telepronter con el contenido de la premisa.

—Descubramos juntos si el joven Yuri, de 16 años cumplidos, logró tomar el tren correcto que lo acercará a Tokio, ¿qué nuevas aventuras le esperan durante su trayecto? —Yura angelical se dirige a su homónimo con cuernos, y mientras ordena un par de papeles continúa—. ¿Crees que se cumpla con el objetivo?

—Yo no lo dudaría —interviene el pequeño Yura, vestido con el atuendo del programa Welcome to the Madness—. Llegamos a Hakata el capítulo pasado, no veo inconveniente alguno para llegar hasta Tokio.

—Recordemos que en el capítulo anterior, Yuri Plisetsky, mejor conocido como el tigre de hielo ruso, se sorprendió al descubrir que su boleto no traía el destino correcto… —intervino Yura angelical, la aureola en su cabeza daba pequeños saltos conforme el comentaba su opinión, el boleto que indicaba como destino final la ciudad de “Kobe” hizo aparición en la pantalla de la parte trasera del set—. O eso pensamos nosotros. Además, Yuuri Katsuki y Víctor Nikiforov se han dado cuenta de la fuga de Yuri, y están dispuestos a darle alcance para acabar con su aventura. ¿Será este el fin del hada rusa del patinaje artístico?

—Yo no estaría tan seguro de eso —ataja Yura rebelde con tono molesto—. Le recordamos a la audiencia que por ningún motivo, aprobamos ese apodo de cuentos de hadas y, hago énfasis en la mención de que un tonto cerdo que ama el katsudon y un viejo calvo que amaría comerse al cerdo, no serán capaces de entorpecer nuestros planes. ¡Yuri Plisetsky irá, cueste lo que le cueste, a ese concierto del demonio!

—Y con esta poderosa declaración, damos por terminada nuestra sesión del día de hoy. Volveremos más tarde con más información, en este su noticiero: De la cabeza de Yura al mundo, el único lugar en donde cada tanto ¡se las damos!

—¡Las noticias, no sean malpensados! —agrega Yura rebelde antes de cortar la transmisión.

Tsugi wa Yamaguchi. Odeguchi wa hidarigawa desu. [1]

La amable y mecánica voz que indicaba el arribo a cada estación, junto con el alboroto provocado por los demás pasajeros al moverse de sus asientos y anticipar su descenso, despertó a Yuri Plisetsky. Cabello alborotado, un poco de saliva escurriendo de la comisura de la boca y mucha confusión del mismo chico, al no entender exactamente qué sucedía.

Yuri observó el entorno mientras se desperezaba. Había algunas personas pidiendo permiso para bajar sus maletas del compartimiento especial, otras más se dirigían a la conexión entre vagones para tomar su lugar en la fila de salida. Yura se talló los ojos para enfocar con su mirada la pantalla que se encontraba al frente del vagón, la cual a su vez, indicaba el trayecto que el tren seguiría en su recorrido.

Pensando en el sueño extraño que acababa de tener (ese obento tenía algo alucinógeno en él), el rubio reparó que se encontraba próximo a llegar a la estación de Yamaguchi. Dio un vistazo al reloj en el vagón: 10:15 a.m.

Yuri no recordaba el momento en que se había dormido, pero ahora una nueva necesidad básica lo estaba llamando: debía ir al baño.

Después de esperar a que los pasajeros bajaran y unos nuevos subieran al tren de alta velocidad y que el shinkansen comenzara su recorrido de nuevo, Yuri se levantó de su asiento, se estiró un poco y notando sus “posaderas” dormidas por el tiempo que estuvo sentado, se dirigió al al fondo del vagón en búsqueda de un baño disponible.

Primer vagón: sin baños disponibles.

El patinador ruso suspiró resignado y decidió atravesar el siguiente vagón dispuesto a no rendirse con su búsqueda.

¡Ni cómo hacerlo, el llamado de la naturaleza no perdona!

Caminando con seguridad, el ruso se percató de que las personas en ese vagón venían comiendo algunos bocadillos. Obentos, agua, un par de dulces, es más vio a un par de ellos comiendo hamburgesas de Mcdonald’s. Este detalle llamó la atención del rubio, pues recordaba amargamente que en la estación de Hasetsu no le permitieron entrar con comida.

—De todas formas te la comiste —intervino Yura angelical, a modo de regaño—. No es que hayas ofendido a sus dioses, pero hasta yo puedo decir que no fue la conducta indicada.

—¡Por favor, estaríamos muriendo de inanición en este momento! —el momento de Yura rebelde de hacer aparición sobre el hombro de Yuri llegó. También se estiraba como si acabara de despertar de un buen merecido sueño—. Es más, debimos haber comprado refrigerios para el camino.

—No creo que tardemos tanto en llegar —agregó Yuri, después de cerrar la puerta del baño disponible que encontró en el tercer vagón que examinó—. ¡Es el tren bala, tontos! ¡Es uno de los transportes más rápidos del mundo!

—Si tu lo dices… —acordaron ambos mini Yuris encogiéndose de hombros.

Sin embargo, aún siendo uno de los transportes más rápidos y eficaces en el mundo, el cual funciona mediante el principio de propulsión magnética en donde, el convoy crea un campo magnético que le permite viajar a grandes velocidades con la mínima resistencia, no es un transporte mágico. No es un teletransportador y, aunque a simple vista, Japón podría parecer un país pequeño comparado con otros países, como Rusia, Brasil o incluso México, la distancia comprendida entre el punto A (Hakata) y el punto B (Kobe) comprende un total de 582 km, aproximadamente, distancia que ni en un tren de alta velocidad puedes atravesar en menos de 3 horas.

El hambre y la desesperación poco a poco hicieron mella en el joven ruso. El desayuno de hace unas horas era historia, el hambre que pasaba ahora era real… y Yuri comprendía por qué en este tren sí era permitido ingresar con alimentos.

—Espero no morir de inanición —susurró Yuri mirando la siguiente estación aparecer en la pantalla: Hiroshima.

“¿Existirá la señora del carrito mágico como en Harry Potter?” pensó el ruso antes de volver a suspirar con tristeza.

Gojousha, arigatou gozaimasu. [2]

Las puertas del convoy se abrieron para dar paso a los pasajeros que, al fin, habían llegado a su destino. En orden y sin empujar, uno a uno fueron bajando del tren para, así, emprender su camino a su destino final. Algunos de ellos se dirigían a la salida, otros más, se encaminaban a los pasillos subterráneos del metro para transbordar a las siguientes líneas y continuar con su viaje.

Caminando con rapidez, dos muchachos, uno de cabello oscuro y el otro con cabellera en tonos plateados, se dirigían al andén de salida del Shinkansen. Su siguiente parada los esperaba.

—Yuuri, amor, ¡espera! —Víctor tomó a su novio de la mano, deteniendo así su apresurado paso.

—¿Qué sucede? —preguntó Yuuri, deteniendo su marcha y, como buen japonés, orillándose para no obstruir el paso. La gente, sin inmutarse, prosiguió su camino ignorando a la pareja.

—¿Compraste bien los boletos? —prosiguió Víctor, con preocupación—. No soy tan diestro en japonés como tú, pero cariño, me dijiste que nos dirigimos a Osaka y aquí dice Kobe.

Yuuri lo miró un momento, y después, apretando el agarre de su mano con Nikiforov, retomó el camino al andén de salida.

—El boleto es correcto, la ruta termina en Kobe, pero el transbordo lo debemos hacer en Osaka, que es una estación posterior.

—Estas líneas japonesas son muy raras. Si el recorrido termina en Osaka, debería indicarlo en el boleto —la largas y bien formadas piernas de Víctor permitían seguir el paso rápido de Yuuri, quien tenía la extraña habilidad de esquivar gente al caminar—. Con tantas consideraciones no entiendo cómo no se pierden ustedes al viajar.

—Es por eso que Yura no debió huir de esa manera —Yuuri se detuvo, a unos cinco metros se encontraban unas escaleras eléctricas, el anuncio que había sobre de ellas, además de caracteres en japonés, tenía escrita la palabra “Shinkansen“. Víctor supuso que era la escalera que los conducía al andén de salida—. Es común que los extranjeros se pierdan al viajar en los trenes de Japón.

—¡Y que lo digas, debe ser difícil viajar solo!

—Lo que me hace pensar —Víctor observó a Yuuri arrugar el ceño en señal de confusión—, ¿cómo llegaste la primera vez a mi casa, Víctor?

—¡Ah, eso! —expresó Víctor, rascando con nerviosismo la parte de atrás de su cabeza y desviando la mirada—. ¿Me creerías si te digo que utilicé tortugas marinas?

—Creo que sería más creíble a que me dijeras que llegaste en un helicóptero y te aventaste desde un paracaídas cuando sobrevolaste por el onsen —Víctor sonrió incómodo, mientras Yuuri se reía sin parar por la ocurrencia que acababa de decir.

—Avión privado, viajar en helicóptero hubiera sido muy incómodo —completó Víctor provocando que el ataque de risa de Yuuri se intensificara.

El patinador ruso esperó hasta que su lindo novio terminara con su ataque de risas. A veces, Yuuri podía ser una persona de risa fácil que se reía a todo pulmón de cualquier situación. A Víctor le encantaba verlo así, tan desinhibido.

Por otra parte, no es como si Víctor hubiese contratado servicios especiales de investigación para averiguar el domicilio de Yuuri, no, nada de eso. De hecho no fue necesario. No cuando tu servicio de investigación tenía por nombre Phichit y por apellido Chulanont.

El sonido de una llamada entrante interrumpió el hilo de los pensamientos del platinado. Víctor tomó su celular y palideció al instante, el nombre Nikolai Plisetsky apareció en la pantalla de su dispositivo.

—Yuuri, Yuuri, ¡es Nikolai! ¡Yuuri, Nikolai nos descubrió! ¡Nos descubrió! ¿Qué hacemos? —Víctor sacudió a Yuuri con insistencia, para que este entendiera lo delicado de la situación y lo histérico que se encontraba.

—¡Tranquilo, Víctor! No es como si el Sr. Nikolai nos estuviese espiando o algo por el estilo. ¡Solo contesta y listo!

—¡No puedo hacerlo! ¡No puedo hacerlo cuando mi honor está en juego!

—Ya te dije que no es para tanto, Víctor. A ver, dame ese teléfono.

Yuuri extendió el brazo para tomar el dispositivo; sin embargo, Víctor no le permitió tomarlo.

—¡No! Yo contesto. Hay cosas que un hombre valiente, guapo y empoderado como yo debe hacer. ¡Estoy destinado para esto!

Víctor adoptó una pose de batalla, el celular (que había dejado de sonar), estaba en su mano derecha, la cual el ruso mantenía elevada. La determinación en la mirada color azul de Nikiforov, indicaba que estaba listo para combatir en la guerra más violenta existente.

El sonido de llamada volvió a sonar y Víctor aventó el celular asustado. Definitivamente, no estaba preparado para contestar.

Resignado, Yuuri tomó la batuta de la situación, tomó el teléfono de su novio y presionó el botón verde, para contestar la llamada.

—Buenas tardes, Sr. Nikolai… No, es solo que Víctor no puede contestar en este momento. Vi su nombre en el identificador, por eso me tomé la libertad de contestar.

Víctor observó maravillado cómo su novio mantenía la calma. Mente fría, cuerpo en completa serenidad, la templanza con la que Yuuri manejaba la situación era de admirarse.

—¿Yu… Yura? Bueno… Yura… debe estar en el onsen, ¡sí, eso! ¡Está en el onsen!

Víctor comenzó a morderse las uñas al observar que el Sr. Plisetsky no desistía en querer hablar con su nieto.

—¿No contesta a sus llamadas desde temprano? —preguntó Yuuri, consternado—. Le diré que le regrese la llamada cuando salga del onsen.

Con los pelos de punta (sí, pelos en toda la extensión de la palabra), Víctor no aguantó más, en cuanto escuchó a Yuuri decir algo que sonaba como “en serio, Yuri se encuentra en el onsen”, el patinador ruso no aguantó más, con la ansiedad creciente en su ser, y el instinto de conservación natural como prioridad en su cerebro, reclamando la supervivencia de su bien dotado aparato reproductor, le arrebató el teléfono a Yuuri para contestar.

—Buenas tardes, Nikolai. Disculpe mi demora en contestar. Estaba tomando un baño en el onsen, junto a Yura. Sí, Yura, su nieto adorado, el que se encuentra a salvo mientras toma un baño…

Víctor observó a Yuuri cruzarse de brazos para observar qué era lo que iba contestar estando tan nervioso.

—¿Quiere hablar con él?… Un momento, se lo comunico.

Víctor tapó la bocina de su dispositivo y dijo:

—Yuuri, te toca.

—¿Me toca?

—Tú serás Yurio ahora.

—Víctor, no voy a engañar al Señor Nikolai. Debemos avisarle que perdimos a su nieto.

—¡Y entonces volará hasta acá, nos perseguirá y nos castrará!, ¿eso quieres, cielo?

—Ya te dije que Nikolai estaba bromeando. No te tomes en serio todo lo que te dicen. Además, no me incluyas en tu castración.

—¡Por favor, cariño! —rogó Nikiforov con sus ojitos llenos de agua y la expresión de cachorro abandonado número veintiséis, esa que él sabía muy bien, era la debilidad de Yuuri—. ¡Hazlo por mi, Yuuri! ¡Hazlo por nuestras noches de pasión desenfrenada! ¡Por esos momentos en que nos entregamos mutuamente y desfogamos toda nuestra lujuria, esos momento en que nos amamos tanto y entonces tu me chupas bien rico en el…!

Stop, stop! —con un sonrojo creciente, Yuuri interrumpió el acalorado discurso de su novio—, lo haré, ¿contento? Solo deja de decir esas cosas en voz alta.

—Sabes que nadie entiende cuando hablo en ruso, mi amor —sonrió Víctor triunfante, con su característica boca de corazón.

—¿Eso crees? —señaló Yuuri con la mirada a una señora, evidentemente rusa, que miraba reprobatoriamente a Víctor, mientras le tapaba los oídos a su pequeño. Sonrojada, la mujer se alejaba rápidamente del lugar.

—¡Cómo si ella no hiciera lo mismo con su esposo! —repuso Víctor—. ¡Vamos señora, si ya hasta hijos tiene! ¡No creo que los haya creado con el espíritu santo!

Víctor se cruzó de brazos con dignidad, en el mismo momento que Yuuri aclaraba su garganta y contestaba una vez más el celular.

—¡Abuelo! —en su mejor imitación de Yuri Plisetsky, Víctor observó cómo su novio, Yuuri Katsuki, salía airoso de la situación sin dificultad alguna—. ¡Yo también te he extrañado mucho!

Pasar de la desesperación al nerviosismo y la ligera vergüenza, las emociones que había atravesado la leyenda rusa del patinaje en ese día, se reemplazaba ahora con la sorpresa y el amor reflejados en esa sonrisa confiada que Víctor le dedicó a su novio, una vez salido de su estupefacción.

Víctor amaba a ese chico lleno de sorpresas.

Mamonaku, Ichiban sen ni densha ga mairimasu. [3]

—¡ABRAN PASO!

Al escuchar este grito de guerra, aún en un idioma desconocido para la mayoría, las personas que se encontraban en la estación, cerca del andén, se hacían a un lado para dejar pasar a ese bólido rubio que sorteaba todos los obstáculos con un solo e importante objetivo: llegar al andén de salida, donde estaba próximo a llegar el tren que debía abordar.

No era como si Yuri comprendiera el japonés, o escuchara con claridad los anuncios que le seguían en inglés, solo le bastó ver el reloj para comprobar que se había demorado demasiado comprando comida.

Después de aguantar un par de horas más, moribundo y sin esperanzas de seguir con vida al finalizar el recorrido, por fin el rubio arribó a Osaka. Grande fue su sorpresa al descubrir que tendría que esperar una hora para esperar el siguiente tren que debería abordar.

Una buena noticia de acercarse a la capital del país y llegar a una estación tan concurrida, era el aumento en la posibilidad de encontrar una persona que hablara inglés. El auxiliar de la estación, un simpático hombre vestido con traje color azul marino y guantes blancos que le conferían un aura de autoridad, le indicó amablemente que el tren que debía abordar estaba próximo a salir de esa misma estación.

Mamonaku, kono densha ga tsukaitai shimasu. [4]

Apresurado por llegar a la entrada correspondiente, Yura corrió con todas sus fuerzas esperando alcanzar el convoy. De igual forma, como si de una película romántica se tratase, el joven ruso vio alejarse a su medio de transporte, dejando a la vista el andén contiguo con un interesante tren bala adornado con temática de Hello Kitty.

Eso no pasaría nuevamente, con una bolsa de comida para llegar procedente de Mcdonald’s, el rubio alcanzó a entrar al tren, cual Indiana Jones, segundos antes de que las puertas se cerraran.

Kono densha wa, Shinkansen desu. Tokyo iki desu. [5]

Keitai denwa wa manaa moodo ni settei no ue, tsuwa wa go enryo kudasai. [6]

Si Google Maps no se equivocaba, Yuri se encontraba a escasas dos horas y media de su destino. El ruso aprovechó la última indicación para poner su celular en modo silencio. Gracias a la recomendación de sus mini conciencias, ahora el rubio ponía atención a las indicaciones que la misteriosa y amable voz del tren repetía sin cesar. Entre tanto taka-taka, el ruso ya se sabía de memoria cada indicación tanto en japonés como en inglés, y las repetía sin darse cuenta cuando se comenzaban a escuchar.

Yuri observó que tenía un par de llamadas perdidas de su abuelo algunas horas atrás. El joven patinador observó con atención el nombre del contacto dudando si devolver o no la llamada. ¿Y si el viejo calvo y el Katsudon ya se habían contactado con su abuelo? Sin embargo, el pensar que una emergencia podría estar sucediendo, le indicaba al rubio que lo más sensato era marcar.

—Yo opino que no lo hagas —intervino Yura rebelde, que sentado en posición de loto, descansaba cómodamente sobre el brazo izquierdo del patinador—. Mejor abre esa hamburguesa y comienza a comer de una vez.

—Podría ser una emergencia —Yura angelical, aunque sea una mini copia de la personalidad rebelde de Yuri, aún tiene conductas típicas de la conciencia buena. Es, hasta cierto punto, la voz de la sensatez en Yuri Plisetsky, esa voz que, de vez en cuanto, le aconsejaba al rubio actuar un tanto menos agresivo—. Aunque tampoco es como si tu abuelo pudiera salir del teléfono y regresarte de una patada en el trasero a Rusia.

Aunque sus consejos eran directos y con poco o nada de tacto.

Decidido a seguir el consejo de su yo angelical, el rubio bajó la mesita del asiento de adelante para posicionar su comida en un lugar seguro. Mientras el chico comía papas fritas y le daba enormes mordiscos a su hamburguesa sin pepinillos, se dedicó el tiempo a observar las notificaciones de su celular, comenzando por las llamadas de su abuelo.

Tal y como lo había sospechado, las llamadas habían ocurrido mientras Yura intentaba no morir de inanición; por lo tanto, era lógico que él las hubiese ignorado. Además de que las insistentes llamadas de Víctor y Yuuri, habían provocado que el rubio apagara su celular.

No obstante, había un hecho que llamó su atención. Después de tres llamadas continuas de su abuelo, al parecer él ya no había vuelto a llamar. Antes de decidirse a marcar, observó, un tanto nervioso sus notificaciones de whatsapp. Encontró en la parte de arriba, tres mensajes: uno de su amigo Otabek, otro de su abuelo y uno más de Yuuri Katsuki.

De inmediato, y estableciendo sus prioridades, Yuri abrió el mensaje de su abuelo. No era más que un mensaje en donde le deseaba divertirse en su viaje a Fukouka el día de hoy. Le recordaba que se comportara amablemente con Víctor y Yuuri y que esperaba se contactara con él tan pronto su teléfono se cargara.

Yuri observó curioso las últimas palabras del mensaje. Algo no cuadraba aquí.

Pensando en qué comentar, prosiguió a contestar el mensaje de Otabek, quien le acababa de mandar una nueva canción que el patinador kazajo acababa de mezclar. Después de tomarse su tiempo para escucharla, Yuri al fin abrió el mensaje de Yuuri Katsuki.

Le he dicho a tu abuelo que dejaste descargado tu celular y hoy estaríamos todo el día de Fukouka. Me debes una.

Yuri observó que al abrir la ventana de su tocayo, se hizo presente la notificación de “Escribiendo…” como si Katsudon estuviera atento al momento en que Yura leyera el mensaje.

Estamos en camino, y te vamos a encontrar.

Al leer esta “amenaza”, Yuri trago saliva. Cerró con rapidez la aplicación, y se recargó en su asiento para comenzar a maquilar varios planes de evasión ahora que llegara Tokio. No lo iban a encontrar, Yuri haría todo lo posible para llegar a ese concierto.

A kilómetros de distancia, un común chico japonés reía con mesura. Después de asegurarse de que su mensaje fuera leído, guardó su celular y se recargó en el brazo de su amado.

—¿Por qué tan sonriente, cariño? —Víctor aprovechó la diferencia de altura para recargar su cabeza sobre el suave cabello oscuro de su novio.

—Por muy raro que parezca, ¡presiento que me dirvertiré mucho con esto!

Yuuri y Víctor se encontraban parados en una pequeña fila esperando la llegada del próximo tren que los llevaría a la ciudad de Tokio. La ciudad de Osaka se observaba desde el gran ventanal de la estación. La amable voz mecánica se hacía escuchar entre el pequeño barullo producto de la gente que esperaba paciente el próximo convoy.

Abunai desu kara, hakusen no uchigawa made osagari kudasai. [7]

Continuara…

¡Hola!

Al fin me hago presente. Quisiera agradecer, en primer lugar, a mis compañeras de equipo, quienes, gracias a su guía y apoyo, han hecho que llegara hasta aquí. ¡Gracias de corazón, chicas!

Como podrán observar, en esta ocasión, el capítulo viene acompañado de las frases típicas que se escuchan en un recorrido de tren en Japón. Son importantes, ya que la mayoría son indicaciones de las rutas, el lugar de salida y precauciones que hacen más sencillo el trayecto. Cabe aclarar que todas las frases en los trenes de Japón se dicen en japonés en primera instancia y después se repiten en inglés, así que con un poco de atención logras captar todas las indicaciones ❤

Les recomiendo, si van a salir de viaje a Japón, conocer un poco acerca del funcionamiento de las líneas. Si ustedes viven en un país en donde tienen la oportunidad de viajar en metro, déjenme decirles ¡que no es nada parecido! La mayoría de trenes en Japón cuentan con varios transbordos reflejados en muchos pasillos que a veces hacen difícil el desplazamiento porque una mala vuelta y pfff, ¡ya estás en otro lugar!  Afortunadamente siempre hay personas amables que te ayudan y los encargados de la estación son muy amables.

Bueno, ahora sí, un pequeño apartado en donde explico el significado de cada una de las indicaciones que aparecen a lo largo del capítulo. 

GLOSARIO:

[1] Tsugi wa Yamaguchi. Odeguchi wa hidarigawa desu. La Próxima estación es Yamaguchi. La salida será por la derecha.

[2] Gojousha, arigatou gozaimasu. ¡Muchas gracias por usar nuestro servicio de tren!

[3] Mamonaku, Ichiban sen ni densha ga mairimasu. En breve el tren de la línea 1 va a seguir su ruta.

[4] Mamonaku, kono densha ga tsukaitai shimasu. En breve vendrá el tren.

[5] Kono densha wa, Shinkansen desu. Tokyo iki desu. Este es el Shinkansen, el destino final es Tokio.

[6] Keitai denwa wa manaa moodo ni settei no ue, tsuwa wa go enryo kudasai. Por favor, ponga el teléfono móvil en modo silencioso. Se ruega no hablar por él.

[7] Abunai desu kara, hakusen no uchigawa made osagari kudasai. Como es peligroso, póngase por detrás de la línea.

Espero estas últimas aclaraciones les sirva, no solo como referencia al capítulo, si no, como una guía explicativa por si viajan a Japón algún día. Este es el link donde les explican con mayor detalle cada frase: https://emychannosekai.blogspot.com/2018/11/anuncios-del-tren-en-japon.html

En este primer video, pueden escuchar los sonidos de cada estación. Al ser diferentes, es fácil para los usuarios identificar la estación a la que van a arribar 😀

Y este es el que indica la mayoría de las frases descritas en el capítulo, ¡espero les sea de ayuda!

¡Muchas gracias por leer!

xoxo

Sam.

Publicado por salemayuzawa

Me gusta leer, escribir, ver películas, anime y platicar con mis amigas. ¡Adoro imaginar historias!

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