AdC 10: «Adrik»


4 años atrás…

Vivir en una ciudad como Moscú le parecía a Yuuri  emocionante. Al principio le había costado adaptarse al ver lo caótica que podía ser una ciudad tan grande. Las personas parecían estar siempre apuradas, los automovilistas siempre parecían estar molestos con los peatones y Yuuri siempre se preguntaba por qué los  vecinos no conversaban con los otros de su mismo edificio.

Y, aunque extrañaba Kiritsy, ya se había  acostumbrado a la vida allí. No tenía muchos amigos pero los que tenía lo hacían feliz. 
Yuuri pensaba que se iba a quedar allí. Después de todo, vivir en la ciudad le permitía conseguir un buen empleo y ganar mucho dinero. Él quería ahorrar y poder realizar su sueño: Tener muchas hectáreas de cultivo y vender productos BIO de calidad.

Por fin terminada la universidad había podido conseguir un empleo que le permitía pagar el alquiler de su pequeño departamento y sus gastos.

No podía ahorrar mucho pero necesitaba reunir experiencia para postular a un trabajo mejor. No se quejaba, la verdad, su jefe era agradable la mayor parte de las veces (excepto cuando se peleaba por teléfono con su mujer y se ponía de mal humor). Lo bueno es que estaba trabajando en el rubro de comida saludable, lo cual era interesante para él.

Además su jefe quería que estudiara alemán para mandarlo por seis meses a la sucursal principal de la compañía en Köln. Eso lo emocionaba incluso más.

El idioma le parecía interesante. Estaba seguro que el haber aprendido japonés como segunda lengua le había ayudado para entender idiomas complicados como el ruso. Porque el ruso le parecía más difícil que el alemán.

El alemán le parecía un idioma muy lógico, lleno de reglas pero pocas excepciones. Estaba agradecido por ello.
Con mucho esfuerzo llevaba un año aprendiéndolo y sus profesores decían que tenía talento para ello.

Cada sábado desayunaba temprano, se preparaba unas tostadas y se tomaba un café y un jugo de naranja. Luego tomaba sus libros y se olvidaba de todo lo demás del mundo para pasar una mañana con Frau Wagner. Ya la conocía desde hacía tiempo. En el instituto a veces pasaba por los mismos profesores en diferentes ciclos y ella no era la excepción. Era una alemana delgada, con cara dura pero en el fondo  dulce como una Sachertorte.
Eso sí, era muy exigente con la pronunciación. Por eso algunos le tenían tanto miedo. Pero con él era muy amable, debía reconocerlo, y le encantaba cómo enseñaba.

Yuuri jamás olvidaría que allí, en medio de palabras complicadas como Mitfahrgelegenheit  y Weltanschauung llegó  un hombre que le cambiaría la vida como la conocía.

― ¡Hola! Eres Yuuri, ¿verdad?

El muchacho de lentes levantó la mirada sorprendido. En las pausas nunca hablaba con nadie, sino que se sentaba solo a tomar un café. 
Frente a él se encontraba un bello chico de cabellos castaños y ojos verdes profundos. Sólamente en esos hermosos ojos podía perderse para siempre, así que reaccionó como siempre: se puso rojo como un tomate y empezó a toser casi atragantándose con la bebida caliente que tenía en sus manos.

― ¿Estás bien? ¿Tú no eres Yuuri?

―Sí, me llamo Yuuri―respondió con la voz afectada por lo que acababa de ocurrir con el café.

― ¡Oh, qué bueno!―exclamó el chico― Yo soy Adrik, vamos en la misma clase con Frau Wagner.

Yuuri no tenía ni idea quién era. Pero eso no le sorprendió. En clase normalmente sólo veía a su profesor,le era muy incomodo estar con otras personas, socializar nunca fue de sus puntos fuertes.

Como no supo qué más decir, Yuuri siguió tomando su café pero Adrik no estaba dispuesto a claudicar.

―Yuuri, he visto lo bueno que eres en clase y sé que tú quieres hacer el examen B1 el año que viene. Yo también quiero y por eso pensé que podíamos juntarnos en algún momento, quizás después de clases y practicar juntos ¿Qué te parece?

―Ah, sí, puede ser―dijo sin saber qué más decir. Nadie antes le había pedido sentarse a estudiar juntos y el chico parecía muy amable.

―¡Genial!―dijo el chico sonriendo tan genuinamente feliz que Yuuri no pudo evitar emocionarse.

Empezaron ese mismo día. Adrik era bastante aplicado y en verdad se esforzaba por aprender de Yuuri. Se quedaron dos horas revisando el libro, creando pequeñas cartas y conversando un poco en alemán, al terminar, decidieron que repetirían estas sesiones todos los sábados.

Así empezó una rutina que Yuuri esperaba con emoción todos los fines de semana. Un par de meses pasando tiempo juntos, riendo, conociéndose más. Adrik quería hacer una maestría en Alemania, Yuuri quería que su jefe lo enviara a la sede en Köln de la compañía donde trabajaba. Ambos compartían una misma meta y Adrik parecía muy decidido a conseguirla. Luego empezaron a intercambiar mensajes durante la semana. Adrik y Yuuri se mandaban canciones, videos, frases y links. Yuuri empezó a preguntarle por su día antes de ir a dormir. Adrik lo llamaba en las tardes para preguntarle qué le habían parecido los links que le había mandado.

Todo empezó lento pero seguro.

Poco tiempo después Adrik le propuso no sólo verse los sábados sino también entre semana para tomar un café y conversar en alemán. Con cada día que pasaba, Yuuri empezaba a enamorarse más de su compañero de estudio.

Al principio no sabía si Adrik sentía lo mismo y se rehusaba a creerlo completamente, pero de pronto veía que Adrik lo miraba de la nada y sonreía como bobo, lo acompañaba a la salida y se iban juntos conversando hasta la estación del metro y Adrik acompañaba a Yuuri hasta que se tomara el tren. A veces no tomaba el primero o el segundo. Con la excusa de que pronto vendría el siguiente se quedaban conversando una hora más, Yuuri tomaba el tren y Adrik empezó a despedirse de él con un beso en la mejilla.

Fueron cinco meses en los cuales Yuuri creía entender las señales del enamoramiento en Adrik también. Por eso un día se animó, pese al corazón acelerado casi saliéndose de su pecho, a preguntarle si quería ir al cine, lo que Adrik aceptó gustoso. Las mejillas de Yuuri nunca habían estado tan encendidas de la emoción. Se despidieron ese día con la promesa de verse el jueves para ir al cine. Adrik le dio ese beso en la mejilla que Yuuri tanto esperaba cada sábado y, armado de valor, se acercó a Adrik y le dio otro beso en la mejilla, haciendo que Adrik sonriera y también enrojeciera.

Ah, el amor. «En las pequeñas situaciones se viven los grandes amores», pensaba Yuuri.

Phichit, su mejor amigo y con quien compartía el departamento, había empezado a escuchar cada vez más de Adrik y estaba feliz por su amigo. Era la primera vez que veía salir a Yuuri con un chico seriamente. Sabía que a Yuuri le gustaban los chicos, tanto como él, pero Yuuri no salía con ellos lo suficiente. Su timidez siempre había relucido a la hora de emprender una conquista.

El día del cine llegó y Yuuri era un manojo de nervios. Quería besar a Adrik esa noche, desde hacía un par de meses tenía esa loca idea revoloteando por su mente, este era el mejor momento para cumplirla. Su armario quedó hecho un desastre, ropa por el piso, zapatos fuera de lugar, camisas limpias sobre la cama, pantalones sobre su silla, todo para conseguir un look que tuviera la aprobación de Phichit.

Una vez en el cine, no hubo beso de saludo, pero si una sonrisa despampanante de parte de ambos. Adrik pagó las entradas y Yuuri pagó  las palomitas de maíz. Definitivamente era una cita. En la oscuridad del cine, Yuuri miraba en silencio a Adrik, quien estaba apoyado en el respaldo de brazo contrario, lejos de él. No había manera de que pudiera halarlo para besarlo, Yuuri no se atrevía a eso. No hubo oportunidad de darle un beso en la película. Cuando la cita terminó, Yuuri ofreció a Adrik caminar hasta su casa, que no estaba lejos. Llegando, Adrik lo invitó a pasar.
La conversación era tranquila, discutían de la película, errores, puntos interesantes, partes graciosas, posibles finales, todo lo que se les ocurriera. Fue grande la sorpresa de Yuuri cuando notó que el joven se quedaba callado y que sus ojos estaban posados en sus labios.

Lentamente, Adrik se acercó a Yuuri, cortando la distancia entre ellos y robándole un beso. Fue tierno e íntimo, fue cariñoso incluso, también muy, muy rápido. Yuuri sentía su corazón saltar de felicidad y no dudó antes de lanzarse hacia los brazos de Adrik, besándolo incontable cantidad de veces antes de regresar a casa.

Adrik era todo lo que Yuuri deseaba y más. Era un chico guapo, inteligente, que tenía muchas metas respecto a su vida y eso le atraía a Yuuri sobremanera.
Se pasaban horas conversando por teléfono, utilizando apodos tiernos como «amor» o «cariño», cocinaban en casa de Yuuri y eran los tórtolos más enamorados del mundo.

Entre cuatro paredes.

Ahí es que Yuuri empezó a confundirse. Tan pronto como empezaron a salir, Adrik puso distancia en público. En clase Adrik no miraba a Yuuri, mucho menos se sentaba con él. En las pausas se iba a conversar con otros compañeros y Yuuri seguía tomando su café solo. Después de clases se quedaban repasando como si fueran un par de compañeros más, luego caminaban y Adrik lo acompañaba a casa. Una vez allí Adrik volvía a ser el novio perfecto. Lo llenaba de besos, acariciaba con ternura su cuerpo para hacerlo reír y permanecían largo rato abrazados, conversando, y Yuuri deseaba que esos minutos fueran eternos.

Yuuri pensó al principio que Adrik sólo quería privacidad y por eso lo dejó pasar. No le parecía mal que Adrik quisiera darse un tiempo para conocerlo y mantener las cosas en bajo perfil. Hasta incluso quería convencerse que era mejor así. Si las cosas no funcionaban, todo seguiría como siempre y nada se complicaría de más. Sin embargo, Yuuri ya tenía una pequeña espinita clavada en el corazón que a veces lo hacía sentir inseguro. Porque, mientras más pasaba el tiempo, más necesidad sentía de demostrarle a Adrik que su relación valía la pena.

Así fueron transcurriendo los meses, entre la clandestinidad forzada y los arrebatos de cariño a puerta cerrada. Yuuri trataba con todo su corazón de ganarse la atención de Adrik frente a sus compañeros. Llegaba más temprano a clases para elegir un asiento cercano al de Adrik, le pedía trabajar en grupos y se sumaba a las conversaciones que el chico de cabellos castaños  tenía con sus otros compañeros de clase durante la pausa. Pero aún así el cambio de Adrik era nulo frente al mundo.

Era como si Adrik tuviera una segunda personalidad. Con Yuuri a puerta cerrada era cariñoso, amable y gracioso. Frente a los demás, parecía como si fueran poco más que conocidos.

Era difícil mantener distancia con alguien a quien quería ver a todas horas del día, ignorar a alguien cuya sonrisa te hacía vibrar y a quien abrazabas con tanto amor a solas.

Entonces Yuuri llegó a la conclusión que era él quien tenía que dar el siguiente paso. Quizás Adrik se portaba así de distante frente a los demás porque no estaba seguro de los sentimientos de Yuuri y por eso debía demostrarle cuán profundo era su amor. Porque para Yuuri en su corazón todo estaba muy claro: amaba a Adrik con todo su ser. Por eso decidió mostrarle no sólo con palabras, sino con gestos lo profundos que eran sus sentimientos. Estaba listo para acostarse por primera vez con él.

Planeó una hermosa primera vez juntos.

Ese día convenció a Phichit para que los dejara solos hasta el día siguiente. Yuuri preparó una cena con velas, compró un buen vino y recibió a su novio emocionado. Éste le trajo flores y conversaron amenamente en la mesa, tomados de la mano e intercambiando miradas coquetas.

Después de la cena se sentaron en el sillón y se besaron, los besos eran suaves, poco a poco se volvían más exigentes, mas toscos y deseosos. Las manos empezaron a descubrir otros sitios, devorados por el deseo físico que emanaba de ellos. Las manos de Yuuri traviesamente desabotonaron el pantalón de su novio, quién lo besaba esbozando una sonrisa placentera en sus labios. El muchacho de cabello negro se sentía emocionado porque sabía que su novio lo deseaba. Por primera vez en mucho, Yuuri se sintió realmente hermoso.

Poco después, Yuuri se levantó y tomó de la mano a Adrik. Su corazón latía tan fuerte que sentía que iba a morir de la emoción. Lo llevó lentamente a su cuarto, pensando en lo dulce que sería hacer el amor. Yuuri lo acarició y siguió besando con ternura.

Pero algo oscuro empezó a manifestarse entre ellos.

Para Adrik, los besos tiernos y caricias tímidas dejaron de ser suficientes, él quería más. Se decía a si mismo que necesitaba más. Tomó a Yuuri con mayor fuerza de la necesaria, como si estuviera desesperado por hacerlo suyo.

Porque para Adrik, Yuuri era su pertenencia y él podía hacer lo que quisiera. Dejó de lado los besos tiernos, la pasión se transformó en dientes chocando y mordidas fuertes que dejaban adoloridos los labios de Yuuri, quien por más que tratara de alejarse, era atraído por la mano en su nuca, dolía, dolía mucho y era incómodo, pero era soportable.

El japonés pensó que a lo mejor, eso era realmente hacer el amor, y algo en su interior le hacía sentir incómodo.

Yuuri pidió a su pareja detenerse, necesitaba un respiro, estaba agitado y no se sentía del todo bien, sus labios dolían al igual que su nuca y las partes de su cuerpo que Adrik apretaba con fuerza mientras lo besaba.

Sus palabras quedaron en el aire.

Por primera vez, mientras la ropa caía pesada al suelo, Yuuri se sentía aterrado. LLoraba, quería convencerse de que eso estaba bien, estaba con su novio, el hombre que tanto amaba, pero dolía, las mordidas dolían, las caricias que antes eran cariñosas ahora eran exigentes, las uñas se enterraban en su piel y podía ver la mirada llena de deseo en los ojos ajenos.

Pero Yuuri estaba tan enamorado que se engañó a si mismo.

“Él me ama, solo es el deseo.” Era el mantra que Yuuri repetía.

El colchón se sentía duro a su espalda, Yuuri sintió cómo Adrik aprisionó sus manos sobre su cabeza, se sentía impotente, sus muñecas ardían y todo en su interior le gritaba que estaba en una situación peligrosa. No podía respirar bien.

Adrik tomó aquello como jadeos de placer y sonrió.

“Yuuri es mío.”

Sentía aún más besos desesperados, fue entonces, cuando no soportaba el dolor en sus muñecas, que Yuuri rogó que pararan.

― No, amorcito.―La voz de Adrik era tierna y cariñosa, contraria a su fuerte y molesto rostro―. No me vas a dejar con las ganas ahora que hemos llegado tan lejos.

Fue entonces que Yuuri rompió en llanto, gimiendo por el dolor físico y emocional, la carga era demasiado en su cuerpo y quería que todo acabara rápido. Quería despertar al lado de Adrik y entender que no fue más que una horrenda pesadilla.

―Para, por favor, ¡me duele!

Adrik parecía sordo a sus peticiones. No se había imaginado que su primera vez con Adrik sería así, tan horrible.

Miraba al techo  con lágrimas cayendo del rostro, sintiéndose como trapo mientras el hombre encima suyo se movía desesperado. ¿En qué momento había cambiado todo? ¿Por qué una cena que pensaba sería romántica, terminaría con la sensación de haber sido tomado sin su consentimiento?

Adrik llegó al orgasmo cuando Yuuri parecía muerto en vida, mirando a la nada. Las lágrimas resecas habían dejado de salir y sólo trataba de concentrarse en respirar. Adrik se acostó feliz consigo mismo. Yuuri se volteó dándole la espalda y se acurrucó como bolita mirando al otro lado, tratando de reprimir el dolor en el corazón.

A la mañana siguiente ni el dolor corporal ni el llanto lo dejaban olvidar aquella pesadilla vivida. Su victimario no se encontraba más con él.

Yuuri no supo en qué momento Adrik se había ido. Se levantó de la cama con dolor físico, sí, pero lo que más le pesaba era aquel dolor en el alma.

Phichit regresó alegre, bombardeando a Yuuri de preguntas, cada respuesta era más vaga que la anterior, y Phichit no dudó que algo andaba mal con él.

—¿Seguro que todo bien?—preguntó.

—Sí…

Yuuri había mentido, diciendo que había sido una noche hermosa y muy romántica, atribuyó su humor y cansancio al trabajo, excusándose que estaba demasiado atareado.

No contestó llamadas ni mensajes de Adrik esa semana. En su cabeza procesaba muy lenta la información. Tampoco fue a las clases de alemán. No quería pensar en nada. Todo lo que había pasado lo había dejado en shock.

Dos semanas después Adrik lo esperó en la puerta de su trabajo. Yuuri lo miró con algo de miedo, esperando un reclamo, gritos e incluso palabras obscenas, eso era lo que Yuuri quería, para convencerse de una vez por todas que eso estaba mal y que debía alejarse de Adrik para siempre.

Pero todo lo que recibió fue una hermosa sonrisa, palabras dulces y un beso en la mejilla. Yuuri estaba confundido, ¿acaso había soñado lo que había pasado? El Adrik que tenía al frente era el Adrik de quien estaba enamorado, el Adrik tierno que le sonreía como nadie, que lo desarmaba con una tierna mirada y lo derretía con un toque.
Su novio le pidió conversar en privado en su casa. Yuuri, con algo de miedo, asintió y lo acompañó.

Una vez en el hogar de Adrik, este lo abrazó como nunca y le dijo:

―Yuuri, discúlpame si te hice daño sin darme cuenta de ello. Yo jamás podría querer causarte dolor. Yo te amo.

Y Yuuri se derritió en los brazos y besos ajenos, perdonándolo de inmediato, pensando que Adrik también era humano y los humanos cometen errores. Esa noche, hicieron el amor como Yuuri tanto quería, suave y delicadamente, mirándose a la cara, perdiéndose entre besos y caricias.

Lo amaba, amaba a ese Adrik que tenía en frente y disculpaba a aquel Adrik que lo había tocado un par de semanas atrás. Nadie era perfecto  y si verdaderamente lo amaba, lo aceptaría con esa mancha porque eso es lo que pasa cuando uno ama.

Phichit sintió a partir de allí que Yuuri había empezado a cambiar poco a poco. Ya no salía con él y sólo se quedaba metido con Adrik en casa, aunque en verdad Yuuri no participaba en la vida cotidiana de su novio. Nadie sabía que salían porque Adrik seguía ignorando a Yuuri en el instituto y no lo invitaba a ninguna reunión de trabajo ni conocía a nadie de su familia. Pero Yuuri siempre encontraba una excusa a esas actitudes raras. Decía que quería mantener privado su amor, que su relación era sólo entre ellos dos y que no importaba que Adrik no se sentara con él en público ni que jamás salieran juntos.

Pero eso no pudo durar mucho. Poco a poco la falta de autoestima en Yuuri fue creciendo, dudando si era lo suficientemente bueno para estar al lado de Adrik. Sentía que tenía que desvivirse por él para mantenerlo a su lado y eso lo volvió dependiente de su novio. Empezó a descuidarse y engordar, Adrik a veces le decía que así lo aceptaba, que era su dulce cerdito y Yuuri lo adoraba, lo adoraba como si fuera el hombre más perfecto de la tierra. No importaba que nadie supiera de su amor.

Sus amigos, que trataban de convencerlo sobre la extraña que era toda esa situación, se volvieron sus enemigos. Ellos no entendían su amor, no entendían que Adrik era el mejor hombre del mundo, que era maravilloso porque de entre todos los seres sobre la tierra,  su novio lo había escogido a él.

Las conversaciones con Phichit pronto se volvieron en peleas, en momentos desagradables y de tensión.

Por ello tomó una decisión. Convenció a Adrik de que era momento de compartir el amor bajo un mismo techo. Estaba convencido que una vez juntos, Adrik se daría cuenta del gran amor incondicional de Yuuri. Adrik aceptó con algo de renuencia que Yuuri se mudara con él. Y el joven de cabellos negros, totalmente ciego a los detalles, pensó que de ahí en adelante todo sería mejor.

Pero mudarse con Adrik fue peor.

Adrik a veces llegaba furioso, o muy tarde e insultaba su comida o lo descuidado y gordo que estaba. A veces venía con el deseo de tener sexo, exigía que Yuuri cumpliera sus palabras, porque era su hogar, y en su hogar debía hacer lo que él quisiera.

No habían palabras dulces,  besos o caricias previas, solo un acto parecido al de la primera vez, pero Yuuri ya no lloraba, no podía más que tirarse en la cama y cerrar sus ojos.

Lo aceptaba porque lo amaba y porque Adrik no siempre era así, su novio tenía un lado tierno que le hacía olvidar todo lo demás, y era ese Adrik por el que Yuuri esperaba siempre.

Empezó a callar los malos momentos y a sobrevalorar los buenos, que ya para esos momentos eran escasos. Terminaba echándose la culpa por el mal humor de Adrik. En su cabeza Adrik era así porque Yuuri no hacía mérito para merecerlo. Adrik era demasiado para él y por eso debía amarlo más, para que aquel hombre maltratador siguiera quedándose a su lado, a pesar de lo inútil y poca cosa que Yuuri se sentía.

Al cumplir un año y medio con Adrik, Yuuri estaba irreconocible. Ahora era un chico descuidado, con ojeras, había dejado el alemán y no quería salir con ninguna de sus amistades.

Phichit odiaba a Adrik, odiaba lo que había hecho con su amigo, odiaba que Yuuri ya no fuera ese chico seguro e inteligente que siempre estaba haciendo muchas cosas. Lo odiaba porque Yuuri cada vez tenía más miedo de ser él mismo.

Medio año de convivencia hicieron destrozos en el ánimo y el corazón de Yuuri. Adrik y él discutían mucho y a veces Adrik ni siquiera regresaba a dormir. Empezó a tener excusas para no contestarle el teléfono: estaba en una reunión de trabajo o  llevando unos cursos en la universidad. Y Yuuri se sentía cada vez más solo y abatido, ya no sabía qué más podía hacer.

Phichit un día tomó la decisión que no dejaría que su amigo termine de convertirse en un muerto en vida. Tenía la misión de regresar a la normalidad a su hermoso y seguro mejor amigo y entonces un día lo obligó a salir. Le trajo ropa nueva, lo obligó a levantarse de la cama, a bañarse, a ponerse guapo y se fue con otros amigos a bailar, aprovechando que Adrik le había dicho que se iba a quedar terminando un proyecto ese día hasta tarde en la oficina. Terminaron yendo a una disco de moda y se pidieron unos tragos. Ahí Yuuri empezó a sentirse un poco mejor. Bailó con sus amigos y tomó un poco más. Phichit sentía que Yuuri volvía a ser el de siempre: alegre y positivo.
Y todo hubiera acabado bien si Yuuri no hubiera notado que en la pista de baile Adrik besaba a una chica muy guapa. Yuuri palideció. Phichit trató de jalarlo hacia la salida pero Yuuri fue a enfrentarlo.

―¡Adrik!―reclamó molesto― ¿Pero qué significa ésto?

―Adrik, ¿quién es éste?―preguntó la chica, mirando de arriba a abajo a Yuuri.

―Yuuri, vámonos.―le dijo Phichit jalándolo.

―No me voy hasta que mi novio me explique qué mierda hace besando a una chica cuando supuestamente está trabajando en la oficina.

―¿Novio?― dijo la chica asqueada― oye, me hubieras dicho que eras gay.

―No soy gay, ¿estás loca?―exclamó Adrik molesto. Yuuri sintió esas palabras como un par de golpes directos al corazón. No podía creer que aquel hombre que vivía con él lo pudiera estar negando, a él y a su condición sexual.

― Adrik, no mientas―Su voz era suave, parecía un murmullo entre la música de la discoteca, el color abandonó su rostro y se sentía desfallecer―dile a esta chica que eres mi novio.

Yuuri rogaba mientras Phichit trataba de alejarlo de allí, su mejor amigo se contenía para no partirle la cara al idiota.

―¿Novio?―Adrik miró a todos lados, se había hecho un pequeño círculo alrededor suyo. Miró a Yuuri y molesto, prácticamente escupió sus palabras―Yo no soy un marica.

Yuuri sintió como si un balde con agua lo regresara a la realidad, Adrik lo miraba asqueado, Yuuri sentía el mundo dar vueltas, su pecho ardía, su cabeza dolía y sus piernas amenazaban con dejarlo caer, el dolor emocional era demasiado y las lágrimas no tardaron en humedecer su rostro, nublando su visión por completo.

―Oye Adrik, ¿quieres que te ayudemos a darles su merecido a este par de maricas?―le preguntaron unos chicos que parecían ser sus amigos.

―No, vámonos― dijo él dándoles la espalda a los dos jóvenes.

La escena parecía de pesadilla. Yuuri había quedado tan aturdido de la impresión que no se había movido del sitio donde había quedado.

Pasados los segundos, Yuuri pareció reaccionar, sus amigos lo llevaron a una mesa cercana, moviéndolo con fuerza, tratando de hacer que entrara en razón.

Yuuri secó sus lágrimas y corrió sin que nadie pudiera impedírselo hacia la salida, Phichit fue tras él, sabiendo que eso no iba a acabar bien.

Yuuri llegó corriendo tras Adrik y lo jaló fuertemente.

―Adrik, mi amor—dijo, con el mismo tono en que lo llamaba en la intimidad—, no hagas esto, llevamos más de año y medio siendo novios y hemos vivido juntos por más de seis meses.

―¡Vaya, Adrik! No sabía que te gustara tanto el pene―Los tipos se reían de Yuuri, burlándose de su forma de hablar y de cómo había hecho el ridículo en la discoteca.

―¡Claro que no!—gritó, desesperado por negar su vida privada—Este marica ha bebido demasiado, apuesto que me confundió con alguien más y solo escuchó mi nombre. ¡Aléjate! Me das asco, maldita sea.

―¡Adrik, no digas eso por favor, yo te amo!

Adrik no pudo más. Le dió un golpe que tumbó a Yuuri. No conforme con eso empezó a golpearlo más estando en el suelo. Phichit lo jaló pidiéndole que lo deje en paz y Adrik se levantó, escupiendo sobre Yuuri y diciendo con todo el odio del mundo:

―Púdrete, marica de mierda…

Esa sería la última vez que Yuuri vería a Adrik. Phichit no dejaría que ese maldito volviera a ver o a tocar a su amigo.

Los amigos de Yuuri lo llevaron a su antiguo departamento, Phichit tomó la llave del bolsillo de Yuuri, dirigiéndose hacia la casa de Adrik, tomando lo más importante de las pertenencias de Yuuri, dejando la mayoría de cosas allí.

Antes de salir, tomó un plumón de los materiales de Adrik, escribiendo en una pared cercana.

“Púdrete, marica de mierda”.

Porque Phichit quería que Adrik recordara amargamente el día que perdió al mejor hombre que sería capaz de conocer. Quería que llegara a casa y entendiera que nunca más volvería a acercarse a Yuuri, que supiera que se arrepentiría de lo que había hecho y que viviría miserable el resto de su vida si decidía ocultar quién era realmente.

Antes de cerrar la puerta, Phichit no pudo contenerse, dejando todas las luces encendidas, dejando el agua correr en cada grifo de la casa, abriendo la puerta del refrigerador y poniendo una silla para que no pudiera cerrarse sola.

Era poco comparado a lo que le había hecho a su mejor amigo, pero por el tiempo y miedo que el idiota regresara, tuvo que salir corriendo del lugar.

Phichit y Yuuri decidieron mudarse al apartamento de uno de sus amigos cercanos, evitando que Adrik llegara a buscarlo para disculparse, Yuuri lucía como muerto en vida después de eso. Bajó de peso al no comer, su piel se volvió pálida y su mirada perdida.

Por las noches Phichit tenía que ir corriendo a consolar a Yuuri, que se despertaba llorando y gritando. Yuuri no se calmaba con nada y sólo se podía conversar con él durante pequeños momentos de lucidez mental.

Yuuri trataba de entender lo que había pasado en su vida.

Estaba perdido, odiándose por ser homosexual, echándose por momentos la culpa, pensando que no había sido suficiente o que era gordo y feo, y por eso Adrik lo había dejado.

Phichit temía lo peor. A veces encontraba a Yuuri mirando por la ventana del departamento en el cuarto piso, y parecía que en cualquier momento tomaría la decisión de dejarlo todo, saltando hacia el vacío.

Fue un proceso largo y agotador pero con todo el amor y paciencia que poseía, Phichit fue haciéndole entender que en el mundo también hay desgraciados como Adrik, deseosos de hacer la vida miserable a los demás, sintiéndose bien a costa de la inseguridad de los otros. Yuuri debía alegrarse de que ese hombre se había esfumado de su vida porque ahora podía volver a ser feliz.

También le decía Phichit de que había sido mejor de que se hubiera manifestado así, loco e irónicamente homofóbico porque así Yuuri podía saber cómo era en realidad.

Yuuri se animó eventualmente, convenciéndose de la maldad de Adrik, dándose cuenta que Adrik odiaba ser homosexual, se detestaba por serlo y quería negarlo frente al mundo y,  gracias a sus amigos y al cambio de rutina, volvió lentamente a ser como siempre había sido: un chico alegre y feliz.

Regresó a su vida habitual y a estudiar alemán, logrando el examen B1 que tanto había deseado. Adrik no volvió a aparecer más. Y Phichit no podía estar más agradecido por ello. Yuuri necesitaba paz y necesitaba volverse a amar.

Con el diploma obtenido y con el aprecio de su jefe, Yuuri pudo cumplir su deseo: le ofrecieron una estadía de seis meses y se fue por medio año a Köln.

Allí conoció a mucha gente, volvió a animarse por la vida y a sentirse agradecido por ella. Aprendió mucho de su experiencia allá. Sobre todo, pudo volver a creer en sí mismo. Cuando regresó, Phichit se sentía orgulloso de su mejor amigo. Sus ojos tenían nuevamente ese brillo que los hacía tan vivaces y bellos y Yuuri se prometió a sí mismo que jamás volvería a sentirse mal por su homosexualidad.

Adrik, sólo era uno de esos tormentos que el tiempo lo ayudaría a superar.

Publicado por natsolano

Soy una escritora de fanfics desde hace tres años. Amo escribir y quisiera dedicarle más tiempo, amo cantar y amo a Yuri on Ice!! Lo que más me gusta escribir es romance, aunque por algún motivo termino mezclándolo con drama. Además olvidé decir que amo la comedia. Mi pareja favorita de toda la vida son Yuuri & Victor, siempre diré que mi corazón late por el victuuri, pero me considero multishipper ❤

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