3. Máximo: Abejitas, serruchos, flores y martillos.


El primer día de colegio de Yuri fue todo un acontecimiento en casa de los Nikiforov. 
Máximo, perdido en las sombras del pantalón oscuro de Viktor, pudo escuchar los llantos suaves de Victoria, quien aparentemente abrazaba a su menor hijo.

―¡Se nos va, mi bebé se nos va!

―Con calma Vicky, recién se va a su primer día de colegio―agregó Sasha―, tampoco es que se va a la universidad.

―¡Demonios, Mamá, la ropa me pica!―dijo el pequeño molesto― ¿Me la puedo sacar?

―No, no, Yura, ya te explicamos que allá afuera a la gente no le gusta ver a otra gente desnuda…

―Sólo en sus camas…―agregó el padre.

―¡Sasha!―le reclamó Victoria, golpeando levemente su hombro con una ligera palmada.

―¡Tsch!―exclamó molesto el pequeño―¡Tonta gente con ropa!

―¡Ya, ya, te vas a acostumbrar!―dijo Viktor.

―¡Jamás!―exclamó el pequeño―mi cuerpo necesita libertad, ¡soy un niño en crecimiento!

Los padres de ambos los despidieron y, sin más, ambos hermanos se pusieron en marcha.

Maximo adoraba el horario de clases de Viktor. A veces se quedaba despierto en la madrugada, algo incómodo si Viktor dormía boca abajo, incluso a veces terminaba medio adormecido.
Pero cuando Vitya estaba en el colegio  podía por fin cerrar su ojito y descansar. Viktor se enfocaba mucho en sus tareas y no tenía mayor distracción, excepto cuando la Miss Lawrence se acercaba a la mesa de su amito. Es ahí que el pulso se le aceleraba y sentía que iba a estallar.

Ese día, como siempre, pudo descansar durante la hora de matemáticas y ciencias. A la hora de deporte se sintió particularmente apretado y  algo ahogado. Esto ya no podía seguir así, Vitya tenía que dejar de ponerse sus calzoncillos del hombre araña, su abuelita se los había regalado un año y medio atrás y ya no eran de su talla. Máximo pensaba que, como Yuri, también era un ser en crecimiento y necesitaba espacio para explayarse a sus anchas.

La hora del relajo por fin llegó al regresar a casa. Viktor, totalmente feliz de quitarse las capas de ropa, fue a lavarse las manos antes de ir a comer.

Cuando llegó al baño, sin mebargo, se sorprendió al encontrar a su hermano mirando hacia abajo el pequeño “paquetito” que llevaba.

―¿Qué pasa, Yura?―preguntó preocupado―¿pasa algo con él?

Yuri miró a Máximo y suspiró. Este ultimo dirigió a su vez su mirada a aquel  amigo sin nombre que colgaba  en el otro amito. Ambos se llevaban muy bien y compartían momentos calurosos cuando ambos niños se metían a darse un baño en la tina los fines de semana. Máximo lo quería, era como su hermanito menor.

―¿Por qué el tuyo es tan grande y el mío es tan chiquito?―exclamó el pequeño algo triste.

Viktor no supo qué contestar.

―¿Pero por qué tendría que importar? ¿Pasó algo en el colegio?

―Pues sí…no…no exactamente…

A Viktor esa respuesta le pareció muy rara.

―¿Pasó algo o no?

Yura lo miró y volvió a suspirar.

―Es que hoy fui al baño durante el recreo y habían muchos niños de mi salón. En el urinario estaban hablando y pues yo, queriendo participar, voltée a mirarlos. Ellos estaban felices mirándose entre ellos y es ahí que vi que todos eran más grandes que yo ahi abajo.

Viktor se preocupó. Quizás se habían burlado de él y eso él no lo iba a permitir.

―¿Te dijeron algo malo? ¿Te insultaron?

―No, pero yo me di cuenta y me sentí mal porque yo soy más alto que algunos de ellos pero a la vez soy pequeño…

Viktor se quedó con la espina clavada y le prometió a su hermano que le explicaría la razón. Quería tranquilizarlo pero necesitaba consultarlo con alguien más experto en esas materias. Su papá.

Sasha se hallaba feliz en el patio, cortando madera para hacer una casita para los pájaros en invierno.

Vitya se acercó en silencio por su espalda, mientras escuchaba a su padre cantar a voz en cuello “Thriller” de Michael Jackson, mientras se movía con martillo en mano.

―Papa―exclamó Viktor de pronto. Su padre saltó del susto y volteó a ver a su primogénito suspirando aliviado.

―¡Vitya, por Dios! No me asustes así, hijo…

―Lo siento―dijo en verdad arrepentido.

―¿Pasa algo?

―No, no, sólo quiero verte trabajar, ¿puedo?

Maximo empezó a temblar cuando vio lo que el padre de Viktor hacía con los trozos de madera con la ayuda de la sierra que tenía en la mano.
Asustado se apresuró en aumentar en su nota mental de “razones para darle un tirón a Viktor” lo siguiente:

“No acercarse a cosas con dientes filudos”

Sasha se concentró en su labor y Viktor siguió mirándolo pensando en cómo tocar aquel tema del que había hablado con su hermanito.
En silencio observó la destreza de su padre con las manos hasta que, de pronto, se sintió con fuerzas para hablar.

―Papá, ¿por qué mi cosita es más grande que la de Yura?

La naturalidad con la que le preguntó lo sorprendió y los clavitos que tenía en la mano salieron volando.

―Vitya, ¿de qué hablas?―Sasha renegó y tuvo que agacharse a recoger sus instrumentos de trabajo.

―Lo siento es que…hoy Yura se preguntaba por qué era así.

Viktor se agachó para ayudar a su papá y Maximo trató de esquivar el suelo lleno de esos objetos de Belzebú parecidos a las grapas del mal que lo habían maltratado años atrás.

Luego de recolectar unos momentos los pequeños clavos, ambos se levantaron.

Sasha, por fin erguido y mirándo a los ojos  de su hijo no encontró malicia alguna en él pero suspiró deprimido. Su último hijo ya iba al colegio y ahora al primero tendría que darle el espantoso discurso de la sexualidad. Genial. Por suerte su cabello ya era de un plateado natural, así que no lo tomaba como símbolo de vejez.

―Bueno, Vitya, son diferentes porque nadie es igual que otro.

Bravo Sasha. Bravo.

―Pero ambos somos tus hijos y mamá siempre dice que he heredado tu tamaño. ¿Por qué Yura no si también es tu hijo?

Sasha ya se estaba poniendo de todos los colores. No. Su padre no le había dado la charla, sólo lo había mandado a comprar chicle a la esquina y le había dicho que dejara de pensar en tonterías. Pero él no era su padre y sentía que por algo debía empezar.

―Bueno, Vitya, tú y él son diferentes. Él es un omega y tú eres un alfa.

―¿Alfa, omega, qué es eso?

Cierto. Sus hijos tampoco veían televisión. ¡Demonios! Sasha empezó a sudar.

―¿Vitya, no has tenido clases de educación sexual en el colegio?

―Creo que sí, pero sólo hablan de las abejitas y las flores, así que siempre me quedo dormido…

Doble demonios. ¿Pero qué les enseñaban en esa escuela? Respiró profundo para darse tiempo para contestar. ¿Dónde estaba Victoria cuando la necesitaba?

― Vitya, todos los hombres y mujeres de este mundo pueden ser también alfa, beta u omega. Cada uno es diferente del otro.

Vitya y Máximo se pusieron de todos los colores al escuchar la singular explicación de Sasha, quién empezó a usar un serrucho para comparar a los alfa, un martillo para los omega y un hacha para los beta.

―Mira el serrucho es diferente del martillo y del hacha pero los tres sirven a su modo para construir, ¿ves? De igual modo, pese a sus diferencias, los alfas, betas y omegas construyen juntos un mundo mejor.

Viktor estaba tan o más confundido que antes. ¿Qué tenía que ver su cosita con un serrucho? Hasta donde había notado, Maximo no era de metal y mucho menos tenía dientes. ¿Y Máximo de constructor del mundo? No sabía. Le parecía falso, Rick.

―…entonces, ¿te quedó claro?―preguntó Sasha contento consigo mismo.

―Si, gracias―contestó y se fue a la casa. Por supuesto que le había quedado claro. Le había quedado claro que su padre no tenía ni la menor idea de la respuesta. Máximo se sintió igual.

Por suerte encontró a su mamá doblando la ropa.

―Mami, ¿puedo hacerte una pregunta?

―Sí, Vitya, claro.

―¿Por qué mi cosita es más grande que la cosita de Yura?

Victoria se quedó con la boca abierta y, antes de que continuara, Viktor añadió.

―¿Y por qué mi papá dice que mi cosita es como un serrucho y la de Yura un martillo? ¿Nos podemos hacer daño si jugamos con ellas?

Victoria no se sorprendió. Su alfa era un hombre guapísimo, inteligente y muy interesante…pero jamás dejaría de ponerse nervioso ante una situación como esa.

Victoria se tomó todo el tiempo del mundo para explicar a su hijo todo lo que había que enseñarle. Vitya se quedó sorprendido de tanta información. Pero al menos por fin había entendido muchas cosas.

Terminada la charla se fue a bañar y, en la ducha, conversó con Máximo sobre el siguiente paso a seguir.
Máximo había escuchado perplejo la explicación de la madre de su Vitya. Se sentía orgulloso al haber escuchado a Victoria decir que la de Viktor no era exactamente una “cosita”, sino “cosota”. Y también le había sorprendido saber que Viktor quizás algún día encontraría a alguien con otra cosita y que viviría feliz con esa persona. Que quizás tendría con ese otro ser algunos hijos y Máximo moqueó un poco. ¡Seguro sus hijitos serían tan lindos!

Antes de dormir, Vitya decidió ir al dormitorio de Yuri para hablar con él.
Fue decidido a dejarle muy en claro que no había nada qué avergonzarse, sencillamente era la forma en que la naturaleza actuaba.

Se sentó a su lado en la cama y empezó con toda la explicación que su madre le había dado pero con menos palabras difíciles. Y no. No mencionó ningún martillo ni serrucho.

Yuri escuchó atento toda la explicación. Entendió que, como omega, tenía otras características, algunas únicas y que quizás un alfa podía envidiar. Pensando en ello, entonces, preguntó qué características particulares tenía él y un alfa no.

―Bueno―dijo Viktor―, tú como omega puedes tener hijos y yo no.

―¿QUÉ?

―Sí, mamá dice que cuando llegue el momento le darás muchos nietos que crecerán en tu estómago.

―¿Pero qué demonios significa eso?―dijo Yura asqueado― Si esas cosas crecen en mi estómago, ¿dónde va a entrar la comida que como?

Esa era una buena pregunta, pensó Viktor. No sabía cómo responder.

―No. No tendré hijos y se acabó―dijo Yura haciendo un puchero―tener comida en mi estómago es mucho más importante que tener un bebé allí.

Viktor no podía contra esa lógica. La comida era también muy importante para él.
Sin embargo, la charla con su mamá había hecho que naciera un secreto deseo en él.

Esperaba de todo corazón conocer a esa otra persona, con cosita o cosota, con la que podría tener hijitos y casarse. Y Máximo a su vez, se preguntaba cómo sería  tener una cosita al lado acompañándolo en la noche. Quizás en el invierno ya no se resfriaría.

Publicado por natsolano

Soy una escritora de fanfics desde hace tres años. Amo escribir y quisiera dedicarle más tiempo, amo cantar y amo a Yuri on Ice!! Lo que más me gusta escribir es romance, aunque por algún motivo termino mezclándolo con drama. Además olvidé decir que amo la comedia. Mi pareja favorita de toda la vida son Yuuri & Victor, siempre diré que mi corazón late por el victuuri, pero me considero multishipper ❤

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