Matryoshka II (Cap 47)


Basado en el universo canon de Yuri on Ice. Fic Post-Canon. Esta es la segunda parte, busca la primera parte si no la has leído en mi perfil, llamada Matryoshka I [Las cenizas]

Cap 47. Trofeo de Francia: Buscamos aliados

Los aplausos continuaron en los pasillos. En una muestra de total apoyo, sus compañeros coreanos también le aplaudieron y saludaron, emocionados porque el triunfo de Seung-Gil los representaba a todos como un solo país. El joven patinador de 26 años acababa de hacer historia al levantar la bandera de Corea del Sur en alto y Seung-Gil vivía el momento con la euforia aun moviéndose dentro de su pecho como un remolino. Sus ojos rojos denotaban la emoción que aún no se apagaba y la sonrisa quedó tatuada en su rostro, rebosante de felicidad.

Tras todo el esfuerzo de años, de caídas y de derrotas, de ensayos y errores, por fin logró marcar con su firma uno de los récords mundiales y su mayor puntaje de la historia, para alzar su carrera al final de los cielos. Pensó que no podría tocar más alto después de las olimpiadas, pero acababa de descubrir que podía crecer aún más hasta alcanzar límites insospechados. Se sentía tan orgulloso de sí mismo que las ganas de llorar parecían no acabar.

Sin embargo, ya era momento de controlar sus emociones pues su entrenadora le hizo señales para prepararse ya que la prensa lo estaba esperando para saber de primera mano sus impresiones tras el grandioso logro. Una sonrisa hacia Phichit fue suficiente para invitarle a ir a su lado ante las cámaras. Las felicitaciones lo detuvieron en cada tramo del pasillo mientras sus compañeros se acercaban, le abrazaban y destinaban una cálida palmada en su espalda. Seung-Gil sentía sus ojos quemar y su pecho estaba hinchado de la emoción. Con la mano sosteniendo los dedos de Phichit, él vivía lo que podría calificar uno de los mejores momentos de su vida.

—Seung-Gil, ¿qué se siente haber logrado marcar un récord en la competencia? —interrogó la periodista al abordarlo al final del pasillo, frente a la valla publicitaria de uno de los patrocinadores del evento.

—No hay palabras para describirlo —aseguró Seung-Gil con una sonrisa imborrable—. Es como si todo el empeño y esfuerzo realizado desde que inicié el patinaje hubiera marcado un hito en la historia.

—Ya casi es segura su clasificación en la Final de la serie de Grand Prix. ¿Cree usted poder enfrentarse a J. J y su Axel Cuádruple?   

—Estoy más que listo para enfrentarme a Leroy. Me encuentro emocionado porque sé que ambos daremos lo mejor de nosotros.

—¡Estamos ansiosos por verlos competir de nuevo! —La periodista francesa se mostraba eufórica. Detrás de ella, otro de los periodistas se acercó para hacer preguntas—. Estas fueron las palabras de Seung-Gil Lee, patinador de Corea del Sur, después de su increíble logro en el programa corto de la competencia del Trofeo de Francia, donde se está disputando su lugar entre los seis mejores patinadores del mundo a competir en la Final de la Serie Grand Prix. Volvemos en unos momentos.

Seung-Gil respondió otras preguntas y Phichit lo acompañó en todo momento; sonrió a la cámara y posó a su lado con una felicidad que iluminaba todo su rostro. Cuando encontraron espacio para despedirse de la prensa, ambos lo hicieron con la disposición de descansar al menos un poco antes del siguiente compromiso, pues ambos sabían que su nuevo mérito lo arrojaría a un sin fin de conversaciones con patrocinadores y propuestas interesantes como reconocimiento a su labor. Por fortuna, la competencia masculina había terminado por ese día.

—¿Cómo crees que se encuentre Plisetsky? —preguntó repentinamente Seung-Gil, mientras se dirigían a los vestidores. Phichit encogió sus hombros—. No lo vi en los pasillos.

—Quizás necesita masticar el que ahora no tenga su récord. —Seung-Gil solo asintió en respuesta—. Apresúrate. Si tenemos suerte, podemos recostarnos diez minutos en el hotel antes de la cena.

Tras el ligero beso de despedida, Phichit soltó a Seung-Gil para permitirle cambiarse en el vestidor y esperó afuera aprovechando para postear algunas fotografías que tomó en el Kiss & Cry, después de que se anunció su puntaje. En pocos minutos, sus recientes publicaciones ya contaban con una gran cantidad de likes, compartidas y comentarios llenos de felicitaciones, incluso de sus compañeros Leo de la Iglesia y Kenjirou Minami. 

Distraído en ello, no se percató de la presencia de alguien hasta que sintió su sombra cubrirlo. Phichit levantó una mirada curiosa y al reconocer que se trataba de Otabek Altin, le sonrió de agrado.

—¡Otabek! —Se levantó con gran ánimo y le dio unas palmadas en su hombro—. ¡Felicidades! ¡La presentación que hiciste fue preciosa!

—No al nivel de Seung-Gil, pero espero pulirla para hacerlo.  —Phichit rio y su rostro se mostró amigable pese a la competitividad que había.

—A Seung-Gil le encantará escuchar eso. Lo hará esforzarse aún más para alcanzar nuevos límites. ¿Cómo te va en Canadá?      

—Bien. —Otabek no se sintió en confianza como para extender su respuesta, así que miró hacia su alrededor y encontró al pasillo poco transitado—. ¿Has visto a Yuri Plisetsky?  —Phichit negó.

—Acabamos de llegar, nos detuvieron los periodistas en el camino. —Otabek lo vio señalar hacia el fondo del pasillo y solo asintió—. Pero quizás esté allá dentro. —Phichit apuntó al baño—. Ojalá que tome esto de la forma más deportiva posible, dile de mi parte que aún puede recuperar su título o conquistar el de Yuuri.  

—Seguro ya lo está pensando. —En respuesta, Phichit soltó una carcajada alegre.

—¡Espero que sí! Yuuri se enojaría si no lo hiciera.

Otabek se mostró sorprendido no solo por las palabras de Phichit, sino por el guiño travieso que le regaló de forma traviesa. No hizo más que asentir antes de entrar a los vestidores.

Phichit miró la parca interacción con el ex compañero de pista con cierto interés. Otabek no había sido un hombre de muchas palabras, pero el quiebre de su relación con Babicheva lo había colocado en la mira de la prensa rosa, ocupada en buscar explicar lo inexplicable. Por Yuuri sabía que todo lo que habían dicho no era cierto, tampoco estaba personalmente interesado en conocer los detalles; no obstante, lo notaba más taciturno que años atrás. Era una lástima que nunca desarrollaron una relación más cercana, a pesar de las veces que llegaron a encontrarse gracias a los viajes de competencias y los encuentros extracurriculares que propiciaron los patinadores, aquel año que Víctor regresó a la competencia acompañado de Yuuri.

Volvió a sentarse en la banca mientras esperaba la salida de su pareja y recibió en ese momento los mensajes de Yuuri y Minami que le comentaban haber intentado comunicarse con Seung-Gil. Como no había sido posible, le extendían sus felicitaciones a través de él. Phichit rebuscó en su chaqueta el celular apagado de su novio, pero prefirió mantenerlo así hasta que Seung-Gil lo decidiera. No obstante, quiso escuchar a su amigo así que no dudó en llamar.

—¡Phichit! —La voz alegre de Yuuri le llenó de felicidad—. ¿Estás con Seung-Gil?     

—En este momento no, pero no tardará en salir de los vestidores. ¿Vistes eso Yuuri? —No pudo contener la emoción—. ¡Fue magnífico! ¡Seung-Gil lo logró! ¿Sabes cuántas veces me había dicho que quería alcanzar el récord? ¿Cuántas veces me dijo que tendría que repetir el programa porque no era suficiente? ¿Cuántas veces insistió hasta lograr ese Lutz cuádruple perfecto?

—Respira, Phichit —El aludido rio y secó la humedad que repentinamente brotó de nuevo de sus ojos—. No hace falta saberlo, ya lo demostró.  Estamos muy orgulloso de él.

—También yo… —afirmó Phichit al secarse las lágrimas—. Estoy muy orgulloso de él. No han podido comunicarse porque apagó su móvil antes de la competencia, aún lo tengo yo. Ahora que salga… le diré para que hablen.

—Eso está bien. Dile que Minami… bueno, mejor escúchalo tú mismo.

—¡Phichit! ¡Dile a Seung-Gil que voy a quitarle ese título! —Phichit rio solo imaginando la euforia y plenitud que sentía su pareja tras ese logro—. ¡No se lo dejaré tan fácil, así que no se confíe!        

—¡Esa es mi línea, Minami! ¡Más vale que te encargues de conquistar el récord de Yuuri y no se lo dejes a nadie más! ¿Crees que Plisetsky se va a quedar contento con haber perdido su récord? 

—¡Ese récord es mío! —Phichit escuchó de fondo la voz de Minami porque Yuuri tomó control de su móvil. 

—Dile a Seung-Gil que nos gustaría felicitarle personalmente y que estamos muy entusiasmado por el gran final. Nos estamos preparando para enfrentarlo. Estudiaremos su programa para crear la mejor ofensiva porque queremos ese oro.

—Se lo diré —aseguró Phichit, aunque sintió las palabras atoradas en la garganta al querer preguntarle a Yuuri si había logrado hablar con Plisetsky tras lo ocurrido. Prefirió hacerlo después, puesto que, en todo caso, Yuri no se encontraba solo en esa competencia—. Hablamos más tarde.

Al cortar la llamada, Phichit solo suspiró fuertemente con la sensación de tener una explosión de palomitas en el pecho. Parecía que la sensación no iba a menguar durante toda la noche. Miró la puerta del vestidor y al ver que su novio aún no salía, decidió entrar él mismo a buscarlo. Saludó a varios de los patinadores que estaban allí cambiándose y notó la ausencia de Yuri. Dejando eso de lado, buscó hasta encontrar en la esquina a Seung-Gil quien, con lentitud, secaba con un paño a sus pies, mientras otra toalla cubría su cadera. Debió demorarse en la ducha.

Solo bastó acercarse para notarlo obnubilado, como si lo ocurrido todavía fuera algo increíble y le costara digerirlo. Aún tenía una sonrisa tonta dibujada en su cara que cambiaba por completo el usual rostro de indiferencia de Seung-Gil. Así, se acercó a su novio con cautela hasta que llamó la atención y aquellos ojos negros y rasgados le miraron. Sus gruesas cejas estaban ligeramente curvadas y sus ojos se notaban aún rojos. Phichit estuvo seguro de que debió llorar en la ducha por la conmoción. 

Sin decir nada, Phichit se arrodilló frente a Seung-Gil y detuvo la actividad que estaba haciendo con sus manos, invitándolo a dejar de secar sus pies. Él tomó la toalla y decidió ocuparse de esa actividad mientras le dedicaba una mirada de admiración, amor y respeto íntimo, que afiló la sonrisa de Seung-Gil, enmarcada con las pestañas mojadas, la piel fresca y el cabello alborotado tras el baño. Phichit secó con cuidado a los pies junto a sus heridas, acarició los callos formados por el esfuerzo y los raspones que estaban sanando. Lo hizo con todo el amor que le profesaba. Y allí, en medio de los otros competidores que decidieron hacer caso omiso de lo que ocurría entre ellos, ambos convirtieron esa esquina en el vestidor en su burbuja de felicidad, exclusiva en la mirada de fascinación, abnegación y anhelo que se dedicaron por esos largos minutos.    

Después de que el récord fuera publicado, Yuri solo quiso hacer una cosa: salir. Víctor comprendió el sentimiento que sentía su pupilo, pues lo había vivido en las tres veces anteriores que vio a ambos Yuri tomar sus récords. No quiso confrontarlo en ese momento con su sentir, creyó adecuado abandonar la actitud de militar que Lilia le había exigido, para mostrarse empático ante los sentimientos de su estudiante. Y con ello en mente, se encargó de evitar a la prensa y salir en cuanto pudieron del estadio, aprovechando el alboroto que esperaba a Seung-Gil.

Desde que habían regresado al hotel, Yuri decidió encerrarse en el baño. Para Víctor no fue una alarma; darse un largo y reconfortante baño de espuma era lo que le provocaba después de lo que había pasado. La mejor manera de recuperarse después de un “no buen” inicio de competencia era esa y él pensaba aplicarla apenas Yuri abandonara el tocador. Por ello se quitó el saco, la corbata, la camisa de seda y los zapatos para relajarse un poco, dejando cada pieza en su lado de la cama. Luego aprovechó para sacar la correa, desabrochó el pantalón de vestir y con cuidado deslizó la tela por la rodilla lastimada. Aún con la férula, Víctor miró el estado de su pierna y se calmó al notarla bien, solo ligeramente enrojecida, lo que explicaba la ligera punzada que palpitaba al moverse. Aplicaría la crema después de la ducha.

Ya más calmo sobre el estado de su pierna, buscó el celular para leer los mensajes que había recibido. Encontró un par de mensajes de voz, uno era de Georgi quien preguntó cómo estaba Yuri tras los resultados porque él y Mila intentaron comunicarse directamente con él. Luego encontró los de Yakov, donde le reclamaba lo que había visto en pantalla porque Yuri había lucido muy tenso al inicio y aseguraba que eso fue lo que bajó su puntaje en la rutina. Le dio instrucciones claras y fue inevitable no sentir la sonrisa aflorar ante cada una de sus palabras: Yakov podía estar en San Petersburgo, a cientos de kilómetros de distancia de París, pero seguía sintiéndose como el entrenador de Yuri.

Pero, muy distinto a los comentarios que podrían estar en la red sobre la actuación de Plisetsky, las opiniones de expertos reconocidos o fanáticos sobre los recursos, elementos y saltos utilizados, así como la evaluación subjetiva que cada uno daría de su interpretación; Víctor estaba seguro de que Yuuri había dado lo mejor de sí, lo mejor dado las circunstancias. Y nadie podía entenderlo al no conocer el contexto.

Pensar en sí había sido un error traer a Larissa o no ya no era el tema de discusión: lo hecho, hecho estaba. Ahora necesitaba alguna manera de volcar la segura revolución en los sentimientos de Yuri para que estallara en su programa Lose Yourself a modo de arte, de una manera que nadie nunca hubiera esperado. Si no, la amenaza de Dmitri se cumpliría y ellos tendrían que despedirse en esa temporada: ya imaginaba a la FFKK castigándolos con no dejarlos asistir a la copa de Europa, ni al mundial de no clasificar. Lo que ocurrió con Larissa, así como lo que acababa de comprender sobre la amistad con Otabek, tendrían que resolverlo, de alguna manera.

Lo que Yuri dijo le permitió aclarar la situación que había ocurrido con Mila, Otabek y Yuri. Se admitió que no prestó atención porque estuvo ocupado intentando masticar la noticia de que Yuuri volvería a la temporada como entrenador, haciendo su vida lejos de él. Pero fue comprensible todo el recelo que Yuri tuvo al hablar de Otabek y como fue un tema que no quiso tocar, negándose en todo sentido a exponerlo. Decir si era su amigo o no lo era se volvió una titánica tarea para él. Ahora todo era claro.

Pobre Mila… Pensó con pesar en aquella noche en casa de Georgi cuando ella le habló de su sueño de casarse con Otabek. Debió ser duro el haber terminado la relación, no obstante, seguía al lado de Yuri, animándolo, amándolo y apoyándolo en cada paso. ¿Ella sabría de los sentimientos de Otabek? No se atrevía a asegurarlo, pero Víctor pudo ver la tonelada de culpa, miedo y abandono que Yuri había tenido que cargar durante esos meses.

Al ver que Yuri no salía del baño aun, decidió acercarse y tocar la puerta después de cubrirse con la bata de baño. No escuchó nada, pero se animó a mover el seguro y abrió para encontrar a Yuri dentro de la tina, mirando su celular con una concentración que apagaba el rojo de su rostro, las pestañas húmedas y la brillante humedad de sus ojos. Ante la ausencia de respuesta, Víctor cerró la puerta al entrar y se sentó en la taza del inodoro, con ambas manos tomadas entre sus piernas abiertas. Se mantuvo en silencio para permitirle a Yuri la posibilidad de hablar si hacía falta, aunque quedaba claro que Víctor lo estaba obligando a hacerlo al haber entrado así. 

Tras un largo minuto, Yuri soltó un chasqueó con su lengua y dejó su móvil sobre el lavamanos. Se hundió un poco más y sus piernas abiertas y flexionadas sobresalieron de las aguas con poca espuma.

—¿Vienes a regañarme? —preguntó Yuri, con la mirada en los azulejos frente a él. El cabello dorado y mojado lo había peinado hacia atrás para despejar a su mente. 

—No creo que pueda decirte algo mejor de lo que ya te has estado diciendo aquí. —Yuri no dijo nada, solo suspiró—. No estuvo tan mal, Yuri.

—No me digas… —La sorna brotó de sus labios—. Lo hice asqueroso, los primeros cuarenta segundos fueron un asco, parezco una muñeca intentando bailar ballet. —Víctor sonrió con aquella analogía—. Ya he visto el video, decena de veces. 

—Entonces ya debes saber qué no hacer y cómo remediarlo. —Víctor le miró con seguridad y Yuri solo se atrevió a hacerlo de reojo, con la evidente tensión en su garganta—. Necesito que lo sepas para evitar que esto vuelva a ocurrir, Yuri. Mañana no puedes cometer este error, Dmitri…

—Sé lo que dijo, Dmitri —Yuri lo atajó y se frotó la frente con su mano húmeda—. Sé que debo pasar al GPF.

—Y que tienes la posibilidad de hacerlo… —Víctor le mantuvo la mirada firmemente—. Eso también lo sabes y yo sé que eso no es lo que te tiene aquí.

No… Víctor obtuvo esa respuesta cuando Yuri apretó el puente de su nariz y soltó una larga exhalación. No era el temor de la competencia, no era el saber que Seung-Gil lo había vencido, no era el tener en cuenta que, si no lograba hacer bien su programa en el día de mañana, perdería toda la temporada. Víctor imaginó que alguien tan competitivo como Yuri vería ese reto como un impulso para dar lo mejor de él, enfrentarse a sus adversarios y dar el 400% de su capacidad si hacía falta. El problema era que todo lo que estaba cargando le impedía saltar. Tiempo no le quedaba, se había acabado.

Consciente de ello, Víctor bajó su mirada y miró sus dedos apretados. Todavía la línea que marcaba el cambio del tono de piel en su dedo anular derecho se notaba y, por un momento, pensó que le gustaría ver el anillo allí y sentir que, al otro lado de la puerta, Yuuri lo esperaba después de haberle dicho que era mala idea haber entrado así al baño y cortarle la privacidad. Seguramente, eso sería lo que Yuuri le diría. 

—¿Sabes de Larissa? —Yuri preguntó, Víctor le miró por un segundo.

—Lilia me dijo que la acompañó al hotel. No te preocupes, está bien. Supongo que aún alterada.

La nariz de Yuri enrojeció y Víctor observó en silencio como sus rasgos se coloreó en cuestión de segundo. Una enorme acumulación de calor y humedad se alojó entre la nariz y los ojos de Plisetsky y le atoró la garganta en el proceso. Yuri pestañeó una y otra vez, hasta que sus pestañas apretaron las lágrimas acumuladas. Solo silencio fue lo que Víctor le ofreció en ese momento. Yuri no necesitaba nada para quebrarse, ya lo estaba, era momento que lo soltara.

—No pude patinar bien el inicio de Arsonist’s Lullabye, porque me fue difícil decidir qué sentir contra Larissa. —La voz de Yuri fluyó de forma cortada—. Aún no soy capaz de hacerlo, lo único de lo que estoy seguro es que no quiero odiarla. —Pasó su mano sobre la nariz, para respirar un poco mejor. Víctor no dejó de contemplarlo—. Le pregunté por qué no me abortó… —Hubo una sonrisa hueca en sus labios—. Supongo que siempre me lo he preguntado. ¿Por qué no abortó? Hubiera seguido con su sueño, se hubiera mantenido en esa agrupación y cantado en toda Rusia… no había nada que la detuviera. Nada que la juzgara de hacerlo. —Víctor contó tres lágrimas que cayeron, una detrás de otra, hasta atropellarse y formar una gota enorme en su barbilla—. ¿Sabes que esperaba escuchar?

Víctor solo negó con un movimiento lento de su rostro. Ante esa respuesta, Yuri sacó su brazo de la tina y se apoyó sobre el filo para mirar a Víctor con sus ojos verdes y quebrados.

—Esperaba que me dijera que abuelo la obligó. Que ella no quería y se dio cuenta muy tarde de su estado o tuvo miedo. Que, si hubiera sido por ella, lo habría hecho. Que le fastidió el embarazo, el tener que darme a luz y nunca pudo decirle eso a mi abuelo por vergüenza o por miedo a decepcionarlo.

—¿Creías eso…? —preguntó Víctor con la voz atorada. Yuri volvió a sonreírle y bajó la mirada, esta vez para contemplar las gotas de agua que se acumulaban en el piso por su brazo fuera de la bañera.

—Era la mejor explicación que tenía. Hasta la podía comprender, un poco. Debe ser difícil verte obligado a cuidar a otra persona a la que no quieres y es un recuerdo de todo lo que tuviste que sacrificar, del abandono y de la vergüenza. Si fuera yo, tampoco querría verme… —Yuri perdió la voz y apretó sus labios temblorosos. Frente a esa imagen, Víctor prefirió guardarse sus impresiones de momento—. Al hacerlo, fue mucho más manejable para mí la ausencia de ella, las preguntas de mis compañeros y el constante: “¿Dónde está tu mamá?” —Yuri tenía la mirada perdida en el charco que formaba fuera de la tina—. “Mamá no me quiere, entonces yo tampoco la quiero a ella”. —Nuevas gotas se acumularon en sus mejillas, bajo su barbilla—. Que mamá me quiera ahora es, quizás, porque la gente madura, entiende… o simplemente aprende a querer lo que antes no se quería. Puedo vivir con eso… solo necesitaba esa respuesta, la verdad.

Yuri volvió a levantar sus ojos empapados y fue fácil memorar entre el sopor de sus ojos ardientes de llanto, la imagen que desde niño construyó ante la carencia de ella en su vida. La vio de nuevo riendo en los cruceros en donde le enviaba fotos y postales a su abuelo con un “Te amo” que a Yuri le sabía hueco. Podría ser que su abuelo le dijera que mamá estaba trabajando, pero para Yuri fueron abandonados tal como su padre lo había hecho, los dos, porque su abuelito también lo había sido. Los había dejado de lado para estar con esa gente vestida en uniforme, con esos hombres y esas mujeres desconocidas, sonriendo en el mar abierto con su brillante sonrisa blanca y su cabello dorado danzando entre la brisa salina.

Víctor ya estaba sintiendo el calor alojarse en su rostro al contemplar aquellos iris verdes que brillaban con las lágrimas, como esmeraldas vertidas en agua que aumentaba su pureza, hasta hacerlas más nítidas, terriblemente limpias. No se sintió preparado para verlas con ese nivel de profundidad ni enfrentarse a ese dolor que se había acumulado durante años, pero tampoco tenía tiempo para prepararse. Yuri solo contaba con él.

—Y… ¿No fue e-eso lo que te dijo? —preguntó tras haber apretado su propio rostro como si quisiera calmar una fila de hormigas dentro de su piel. Yuri negó y sus ojos se cubrieron más de rojo.

—Me confesó que todo el mundo le había dicho que abortara. Todos… hasta abuelo hubiera estado de acuerdo de que ella lo hiciera si era eso lo que quería. —Tres lágrimas más cayeron—. Pero ella quería tenerme, ella quiso hacerlo… y añoró estar conmigo en las competencias, peinarme para las presentaciones, tanto que se puso a chillar como una niña cuando pudo hacerlo hoy. —Yuri apretó los labios, su mentón temblaba endurecido—. Ella siempre quiso… Ella siempre me quiso. ¿C-cómo iba a patinar que la odiaba? ¡Ni siquiera puedo estar seguro de que la odié!

Víctor pudo comprender ese sentimiento. Se sintió identificado con aquel momento cuando también vivió el abandono de su padre y le había costado asumir después que sí había amor en él. Pero distinto a lo que pudo ser su historia de vida, la soledad de Yuri era única en el mundo y no había necesidad de compararla con nada más. Solo enfocarse en lo que los había marcado: en el enorme agujero que luego no pudieron llenar con nada. 

Por ello, Víctor se levantó de la taza del inodoro y se arrodilló justo en el borde de la tina donde Yuri, ahora lloraba con total libertad como un niño contra su propio brazo, ocultando su rostro de la mirada de él. Yuri por fin se había derrumbado. Cuando hizo esa pregunta a Larissa, esperó algo que confirmara su rencor. Había necesitado una confirmación del abandono y de la falta de amor en un inicio para poder iniciar algo nuevo con base a la verdad. Era más fácil afrontar la idea de que sus sentimientos habían cambiados, a enfrentarse a la verdad de que siempre estuvieron allí y ambos se habían negado a sentirlos.  Que fueron tan imbéciles como para perder tanto tiempo en no comprenderse, cuando pudieron amarse.

No se esperó el amor guardado y marinado a través de los años, macerado por los errores cometidos, los malentendidos y la distancia. No imaginó encontrarse con el real anhelo de su madre cuando se quebró ante la primera oportunidad que le dio de transmitírselo. Y al hallarlo, confrontó a sus propios sentimientos hasta remover las bases de todo lo que construyó para sobrevivir a la falta de ella, como un terremoto en las profundidades. Ahora se sentía que cada una de esas murallas fueron innecesarias en su vida. 

Era duro enfrentarse a ese amor puro y no saber si saltar a él o aferrarse al rencor que lo había mantenido de pie durante años. Tenía miedo de seguirse hiriendo y de perder más tiempo, de alargar la agonía o dar el paso valiente con la seguridad de que no sería fácil el proceso. Y ese sentimiento cobarde no estaba a tono con lo que debía demostrar en Lose Yourself, ¿cómo darle la fuerza si se sentía como un saco agujereado?

Víctor lo entendía, claro que lo hacía. En silencio peinó sus cabellos mojados y lo consoló como consideró que lo necesitaba, como sintió que lo buscaría él mismo si estuviera en su lugar. No se conformó con acariciarle los cabellos como si fuera un consuelo mudo y casi impersonal; lo ayudó a enderezarse en el borde de la tina, le miró los ojos quebrados de Yuri que le transmitieron la necesidad palpable de compañía y se sentó en el borde para permitirle un abrazo desde su costado. Lo guardó bajo su brazo por un largo tiempo, escuchándole llorar, todo lo que sintiera necesario. Como alguna vez su hermano Vanya lo hizo con él cuando era pequeño.

Yuri necesitó ese espacio para soltar todo lo que había acumulado tras ese grandioso descubrimiento. Debía llorar hasta secarse para volcar todas las emociones que vivía en su pecho desde que la vio llorando, y su amor junto a su dolor lo penetró desde la espalda, justo a la altura de su esternón, hasta enraizar como una hiedra y contaminar sus pulmones. Para poder pensar con claridad cuando ya todo hubiera salido de sus ojos, para ordenar su mente y su sentir cuando ya el dolor dejara de hacerse agua. Hasta que solo quedara vacío y silencio. 

Debía llover, llover, llover. En Arsonist’s Lullabye le costó llover, peor ahora lo estaba haciendo. Víctor lo acogió mientras llovía hasta que solo hubo un titiriteo en sus manos por el frío y una dolorosa respiración de respuesta. Yuri ya no lloraba, sus lágrimas se secaban mientras su respirar raspaba la laringe y sus ojos quemaban y ardían. Le costaba mantenerlos abiertos, pero miraba los azulejos borrosos con una sensación anestesiada de vacío. Y, repentinamente, imaginó a Larissa siendo esa joven que había decidido bloquear en su memoria, mirando el mar abierto dentro de aquel barco mientras pensaba en él. Añorándose a su lado en la competencia, deseando ser ella quien peinara sus cabellos antes de presentarse por el oro. Guardando seguramente una foto, como aquella que encontró en su celular, para verlo cada vez… para sentirlo cerca al menos de esa manera.

—Siempre pensé que todo se basaba en algo: si está, te ama. Si no, no te ama —murmuró Yuri al despegarse, avergonzado por el lapso de desahogo que tuvo frente a Víctor. Este solo lo observó en silencio y le pasó un pequeño pavo que descansaba cerca del lavamanos para que se secara, con el frío metiéndose entre sus piernas debido a su desnudez y la caída de la noche. Yuri se secó el rostro, pegó su cabeza contra los azulejos y miró sus manos arrugadas por el agua mientras apretaba el paño—. Es más complejo que eso. 

—Muchas relaciones, de todo tipo, se pierden por otras cosas, no necesariamente por falta de amor. —Víctor observó sus dedos pálidos—. A veces podemos estar medianamente cerca de alguien a quien amamos y no dar los siguientes pasos que los uniría de nuevo por miedo, por inseguridades, por temas pendientes… 

—¿Estás hablando de Yuuri? —Yuri preguntó, pero Víctor soltó una ligera risa ahogada. Negó.

—De hecho, pensaba en Larissa y tú. —Calló un momento—. Aunque también aplica… 

—Sí…

—Debo disculparme por haberte obligado a todo esto. —Yuri le miró sin comprender—. Es decir… he estado pensando que quizás te presioné… los presioné a ambos y por eso ha sido tan complicado para ustedes hablar. —Víctor pasó su mano a la nuca—. No ha sido muy honesto de mi parte… simplemente pensé que, si mamá estuviera viva, me gustaría tenerla cerca. Pensé que sería más fácil… 

—Siempre has sido un entrometido… —dijo Yuri, restándole importancia. Víctor le contempló por un momento antes de sonreír, aunque sentía el peso en su pecho. 

—¿Qué harás ahora? Deberíamos ir a cenar algo delicioso. Te puedo permitir tomar una copa de alcohol, solo una… —Yuri negó al escucharlo.

—Quiero estar a solas, ahora sí. Si quieres, sal tú.

—Necesito bañarme. —Yuri se miró aun en la tina y suspiró. Decidió salir por fin de ese lugar y cubrir su desnudez húmeda con el paño que Víctor le había entregado. 

Yuri abandonó el baño y entró a la habitación para darle a Víctor la privacidad que necesitaba. Se sentó en la cama tras secarse y conectó la red en su móvil; allí empezaron a llegar los mensajes y las llamadas pérdidas. Lo dejó recibir todas las notificaciones mientras secaba su cabello y se cubría con la ropa interior. Luego solo se quedó en silencio sobre la cama, mirando sus manos y pies arrugados mientras las notificaciones continuaban. Se encontraba de alguna manera ligero, pero el agujero en su pecho seguía doliendo, dolía por ausencia. Sentía que llorar no sería suficiente para resolver la situación, necesitaba dar un paso más que seguía siendo un misterio para él.

Cuando el equipo dejó de sonar, Yuri revisó los mensajes y notó los chats de Lilia, Mila, Georgi, Otabek, Louis, Yuuri y su madre activados. Decidió irlos escuchando uno a uno.

«¡Yuri! ¡Tu presentación estuvo genial! Seguro te pusiste nervioso al inicio, pero verás que todo estará bien. ¡Sé que cuando patines a Lose Yourself lograrás llegar al podio! ¡Cuando te vi haciéndolo aquí quedé impactada, sé qué harás que los jueces queden atónitos! ¡Debes estar ocupado, pero no olvides que aquí estamos todos apoyándote!»

Sonrió al escuchar la voz de Mila. Después de haber soltado todo lo que sentía minutos atrás, sentirse acompañado en la distancia resultó un bálsamo.

«Yuri, ya he llevado a tu mamá a su hotel. Considero que será necesario que hablen entre ustedes y resuelva lo que haya ocurrido. Entiendo que hace años no fuera eso lo que querías, pero ya eres un adulto. Por tu bienestar, piensa que es lo que necesitas al respecto y actúa en consecuencia. Mañana te espero temprano en las prácticas. Recuerda que he venido a verte ganar.»

Yuri suspiró al escuchar a Lilia, comprendiendo la seriedad que había en sus palabras. Pero hablar y resolver parecían dos cosas ajenas que no podría ocupar en una misma oración.

«Yuri, solo quería decirte que estuviste excelente en la presentación y espero que te prepares para el programa libre, sé que tienes todas las posibilidades para ganar. Mila, Louis y yo estamos contigo.»

Georgi siempre tan amable…

«Yuri, te estuve llamando, pero no contestabas. Supongo que no podías responderme. Ya es tarde aquí y no quería acostarme sin al menos dejarte una nota de voz, así que espero que puedas oírlo antes de que te acuestes. Puedes repuntar y espero que lo hagas, nos prometimos vernos en Marsella, Yuri. ¿Qué pasó con esa promesa? Tu programa corto fue mucho mejor que lo que vi en América y eso me emociona a pesar de que no estoy compitiendo. Da lo mejor de ti y demuestra quién eres. Puedes hacerlo.»

Yuuri… Ya era más de las ocho de la noche en Paris, en Japón debía ser temprana madrugada. Ya él debía estar dormido. 

Volvió a observar los mensajes hasta que tropezó con los de Otabek y sintió un nudo en la garganta. Ese era otro tema del que no quería pensar.

Para Seung-gil el haberse negado a la cena que su entrenadora le había propuesto debió haber sido para estar en la habitación del hotel con su novio, disfrutando de ellos y de la victoria: no fuera del hotel, caminando las pocas calles que los separaba del restaurant LAuberge Aveyronnaise donde se daría el encuentro con Christophe Giacometti y su pareja. Mientras la lluvia caía suavemente y algunos relámpagos iluminaban las nubes cargadas sobre la ciudad, el actual campeón olímpico solo había cedido por el entusiasmo de su pareja, quien pensaba dar un paso más por su sueño. No obstante, Seung-Gil no consideraba que aquella cena fuera a resolver nada sobre su proyecto, por el contrario, tenía la corazonada de que sacaría viejas rencillas innecesaria. El solo pensamiento lo cansaba.

Apretó la mano de Phichit dentro de su bolsillo mientras sostenía la sombrilla que los resguardaba de las gotas de lluvia. Apenas anunciaron su reserva en el LAuberge Aveyronnaise, Phichit sacudió su abrigo y les fue permitido entrar. Un mesonero se encargó de tomar las gabardinas de ambos para guardarlos aparte y permitirles de ese modo estar más cómodo en la cena. El salón decorado con un estilo neo-rústico contrastaba la piedra de sus paredes con los escudos Rouergue. Las mesas redondas decoradas con manteles de cuadros rojos y blancos le daban un ambiente cálido y acogedor, como si se tratara de un picnic.

—Llegamos cinco minutos antes —anunció Phichit al mirar la hora. Ambos tomaron asiento en la mesa, compartiendo un lado de ella para dejarles los asientos vacíos a sus invitados. Phichit aprovechó y sacó de su mensajero de cuero la carpeta con los detalles del proyecto—. Espero que no tarden en llegar antes de que el aguacero vuelva a caer. 

—¿Ya pensaste en que dirás cuando Giacometti te pregunte si hay algún lugar para Víctor dentro de History Maker?

—Ni siquiera sé si Víctor Nikiforov querría un lugar en el proyecto. —La mirada de Seung-Gil fue bastante elocuente y Phichit se removió en el asiento—. ¡Quién sabe! Podríamos pensarlo, después, en el futuro. El hecho de que esté patinando no significa que pueda hacerlo en un programa completo.

—Tienes razón.

—Lo viste cojear… no está tan bien como llegué a pensar.    

—El exceso de excusa también es evidente, Phichit. —El aludido apretó sus labios y soltó el aire por la nariz—. Con decirle que lo pensarás en un futuro estará bien. —Phichit asintió y miró a su novio preocupado—. Será mejor que decir todo esto cuando desde el inicio no lo consideraste.

—Sabes que nada más me hubiera gustado que tenerlo a ambos, pero no sé si sea el momento para Yuuri… Y no quiero tocar ese tema.

—Me gustaría pensar que Giacometti no va a tocar ese tema, pero sinceramente lo dudo.

—¿Qué iba a saber que regresaría a patinar y además buscaría a Yuuri? —resopló al mirar al reloj de nuevo—. Confío en Chris… nunca tuvimos problemas antes y de verdad, quisiera contar con él en el proyecto.

Justamente, Christophe llegaba en compañía de Masumi, ambos vestidos de manera formal mientras abandonaban sus abrigos mojados en las manos del mesonero. Una mirada bastó para encontrarlos en la mesa y ambos hombres se acercaron hasta el lugar. Tras compartir saludos, se sentaron frente a la joven pareja y pidieron la carta. Pero Seung-Gil notó a Christophe bastante incómodo a pesar de disimularlo, y supo de inmediato que la suposición sería la raíz de todos los problemas.

Mientras ellos estaban en aquella cena esperando hablar de su futuro en el hielo, Yuri veía la pantalla de su móvil tras haber escuchado la puerta de la habitación cerrarse cuando Víctor decidió salir para cenar algo en el restaurant del hotel. Volvió a entrar a la pantalla del chat donde Yuuri estuvo conectando dos horas atrás y repitió nuevamente la nota de voz, con la mirada perdida en el techo. 

Yuuri le había felicitado por la mejora en su programa corto y le afirmó que estaba seguro de que podría repuntar para el programa libre. No obstante, a pesar de que las palabras de Yuuri no tuvieran nada que ver con su actual estado de ánimo, para Yuri fue importante escucharlas una y otra vez, pues, aunque sentía aun ese calorcito persistente al escuchar su voz, también le quedaba claro la ausencia de otras motivaciones de Yuuri. Y a pesar de eso, se sentía correcto escucharlo. 

¿Por qué? Yuri repitió la nota y esta vez vio la foto de perfil de Katsuki recién tomada al llegar al aeropuerto de Narita. Para Yuri fue claro que la única razón por la que se sentía correcto el estarse comunicando ahora, sin traba, era porque todo fue hablado entre ellos y no había espacio a malentendidos en cuanto a sus sentimientos. Yuuri lo quería como un amigo y seguía amando a Víctor; Yuuri nunca dejó de amar a Víctor ni de quererlo como amigo. Esas premisas permitían que poco a poco el dolor se diluyera hasta dar espacio a la resignación y a la construcción de un nuevo sentimiento afable. Esperaba que pronto desapareciera por completo y aquel proceso diera paso a la total paz. En ese sentido, tenía la impresión de que había avanzado un largo trecho: había aceptado tanto su sentimiento como la conclusión de él como algo que debía quedar en el pasado y eso estaba bien.

Pero eso no era lo que estaba sucediendo con Otabek y su amistad, se percató muy tarde de ello. Fue tan ciego como para no notar los mismos síntomas que él había mostrado con Yuuri, no solo antes de conocer la verdad cuando aún estaba con Mila, sino aún después, desde que se vieron días atrás. Había decidido hacer caso omiso de ello, había preferido creer que al hablar estaban bien y que al acercarse sería suficiente, ignorando por completo y en total alevosía los sentimientos que aquella noche le confesó. No fue omisión, fue simple indiferencia, su férrea necesidad de pensar que esa confesión de Otabek haya sido fruto del momento y no sus sentimientos reales. ¿Hasta qué punto podía llegar a ser tan egoísta?

No quería lastimarlo, pero eso había hecho. Su presentación esa tarde fue una elegía al amor no correspondido y pudo leerlo por completo. Verse confrontado por dos personas a las que amaba, a quienes necesitaba y quienes lo amaban de vuelta, lo había destrozado porque ese amor no podía llegar por completo a él, estaban completamente desfasado. Ahora que tenía un poco más claro su posición sobre Larissa, faltaba de decidir qué hacer con Otabek. ¿Qué hacer para evitarle más dolor? ¿Cómo actuar para que Otabek dejara de sufrir? ¿Alejarse? ¿Ignorarlo? ¿Hablar…? 

Lo único que tenía seguro es que no quería huir. Por ello, se puso de píe. 

A esa hora, Otabek llegó a su habitación tras haber cenado con sus compañeros de equipo. Se retiró su chamarra de piel y miró por nueva vez a su móvil, esperando una respuesta de Yuri que no llegaba. Solo se sentó en su cama con el semblante apagado, dejó el teléfono a un lado y miró a la ventana húmeda y empañada. Se preguntó si sería lo correcto buscarlo a su habitación o dejarlo así. Se sentía tan ajeno que repentinamente, tenía la sensación de que no había lugar en su vida y del Yuri que conoció ya no había nada.

Los recuerdos de aquella vez en Barcelona volvieron para calentar aquella estancia fría. Los sentimientos de profundo amor que surgieron al memorarlo le bastaron para sonreír apagadamente. Cuando huyeron de aquel grupo de chicas que lo adoraban para luego pasear por Barcelona en ese primer acercamiento, fue una oportunidad que él buscó y no creyó encontrar. Todo lo que quiso en ese momento fue estar cerca de alguien que admiraba y había logrado una increíble participación en su primer Grand Prix como senior; le gustaba estar al lado de personas fuerte y Yuri era una. ¿Por qué recordaba como si ya todo hubiera acabado? ¿Por qué seguía teniendo esa sensación de pérdida a pesar de que se había acercado de nuevo?

Recordó aquella noche después de la final, cuando encontró entre la multitud de aquella disco a Yuri escondido tras haber burlado la seguridad. Había sido necesario solo una mínima manifestación de interés para que Yuri se aferrara a él como si se tratara de algo que había esperado toda su vida. Revivió la sorpresa al verlo allí, buscándole; la manera en que lo hizo parte de algo tan importante de su vida cuando pasaron la noche entera invertida en recrear su mayor exhibición. Su amistad comenzó así, llena de complicidad, como si fueran dos compañeros de juegos que se esperaron por mucho tiempo. La química fue inmediata.

La memoria de aquel adolescente rubio y malhumorado le hizo sonreír como si aún pudiera tenerlo frente a él, pero Yuri había dejado de ser desde hacía mucho tiempo solo un pequeño adolescente. Su altura, su porte, su fuerza había crecido con los años y lo habían convertido en un adulto. Ya no era capaz de enternecerlo, los sentimientos que le provocaba eran muchos más intensos y pasionales. Desde que Yuri se había convertido en parte de sus fantasías todo se sintió anómalo, pelear contra sí mismo se convirtió en una guerra perdida. Añorar más acercamiento cada vez que Yuri le apretaba la espalda, lo empujaba de un codazo o se reía en las prácticas improvisadas se volvió un suplicio. Lo que había comenzado de manera inocente, para Otabek dejó de hacerlo y eso provocó la inevitable distancia.

No podía estar lo suficiente cerca de Yuri porque la cercanía que deseaba jamás se iba a materializar. No podía estar los suficiente lejos como para controlar sus deseos porque lo extrañaba. Y en esa distancia, otra persona había aprovechado el momento para abrirse un espacio en ella. La relación con Víctor se había convertido en algo que él creyó tener antes, y ahora no sabía qué hacer con su amistad, ni qué lugar tendría. Tenía celos y se sentía inmerecedor de la confianza de Yuri, un mentiroso al callar y fingir que nada había pasado y un cobarde por ser incapaz de confrontarlo de nuevo a sabiendas de la respuesta. Por muy doloroso que se sintiera, podría seguir así: estando con Yuri mientras lo añoraba, extrañándolo, teniéndolo cerca.

Suspiró y miró a la ventana por mera distracción hasta que sonó su celular. La llamada de Yuri titilando en la pantalla le llenó de ansias y respondió de inmediato para evitar que esta se cayera. Escuchar a su amigo tras horas de incertidumbre fue un alivio, aunque su corazón no dejaba de latir con fuerza ante la seguridad de que Yuri lo había buscado una vez más. Le preguntó si estaba disponible y si podría buscarlo en su habitación. Otabek no tardó en decir que sí.

Apenas la llamada cortó, él se puso de pie para preparar el terreno y recibir a Yuri. Aunque sabía que algo ocurrió antes de su presentación, no quería agobiarlo con preguntas; bastaría con estar a su lado como siempre e ignorar ante el deseo de su corazón de tomarle la mano. Sacó dos cervezas en lata de la nevera y las dejó reposar sobre la consola, para quemar el tiempo. ¿Quizás querría caminar? Hubiera sido buena idea, sino fuera porque el clima en esa noche no era el idóneo para salir. Lo mejor sería quedarse allí.

¿Qué harían? Para mitigar la ansiedad, Otabek encendió el televisor para usarlo como un buen agente distractor. Ya lo verían, todo dependería del estado de ánimo de Yuri y de lo que necesitara de él. Ya encontrarían la manera de estar juntos, siempre fue así.

Escuchó el toque de la puerta. Otabek se acercó para abrir. Con un sobresaltó en el pecho miró a Yuri en el pasillo con las manos hundidas en un suéter gris de capucha, la camiseta blanca dentro y un sencillo pantalón deportivo. Lucía apagado, sus ojos hinchados y la expresión descompuesta, aunque eso no evitó que le dibujara una pequeña sonrisa a modo de saludo. Pero Otabek, sobrecogido por la forma en que Yuri se encontraba, no fue capaz de sonreír de vuelta.

—Ey.

—Ey. —Otabek respondió al darle espacio—. Pensé que ya no hablarías hoy.

—Necesitaba estar a solas. —Yuri pareció dudar al entrar, pero al final lo hizo. Otabek notó al cerrar la puerta que había recogido el cabello dorado en un moño desordenado y aun lucía húmedo—. ¿Tu comiste?

—Sí, llegué hace como quince minutos de la cena. ¿Y tú? —Yuri negó—. ¿Pedimos algo?

—No tengo hambre.

Yuri miró la pantalla del televisor de forma distraída. Para Otabek fue evidente que algo ocurría en Yuri, pues las manos de su amigo seguían dentro de los bolsillos y agitaba inconscientemente su pie derecho. Lucía nervioso.

—Hay cervezas —señaló a la cómoda y Yuri giró su mirada para ver a las dos latas frías, con ligeras gotas deslizándose hasta la madera—. Si quieres, podemos ver algo en la TV.

—¿Estabas viendo algo?

—Mmm… no, la encendí solo para escuchar ruido. —Yuri asintió y se acercó a tomar una de las latas—. Podemos buscar alguna película o si quieres hablar…

—La película estará bien. —Abrió la lata y se empinó de inmediato la burbujeante bebida como si tuviera la necesidad de refrescar su sed. Otabek lo miró intrigado, pues le resultó evidente que Yuri estaba huyendo de algo—. ¿Hay algo de acción? ¿O terror? 

—¿Estás seguro de que solo quieres ver TV?

—Lo estoy.

Para coronar la extraña sensación que Otabek sentía al verlo, Yuri se acostó sobre la cama y acomodó una de las almohadas detrás de su espalda. La familiaridad del gesto lo sorprendió y provocó dentro de él una llamarada de fuego líquido en sus venas. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que estuvieron así en Almanty, disfrutando de un momento a solas con la complicidad cuando sus sentimientos eran aún un secreto, que se sentía anómalo hacerlo en ese momento. Para Otabek la cama se había encendido como brasas y no quiso pensar en más: bloquear cualquier pensamiento debería ser suficiente para no equivocarse.

¿O había acaso alguna posibilidad?

Quizás, lo que necesitaría es tiempo. Tiempo para sanar, tiempo para construir, tiempo para evolucionar. Sea como sea, en ese momento lo único que Otabek pudo pensar es que quería disfrutar de ese instante con plenitud, para eso tenía que dejar de formarse expectativas. 

Al tomar asiento a su lado, Otabek sintió a su estómago hundirse a sus costillas. Agarró el control remoto y comenzó a revisar en la paleta de canales y programación para escoger algún programa mientras un carbón encendido empezaba a formarse en su pecho. Entre tanto, Yuri lo observaba sin encontrar aún la palabra para enfrentar aquel tema pendiente.

Con la certeza de que ambos caminaban en terreno minado.

Publicado por AkiraHilar

Fanficker de Yuri on Ice y Saint Seiya. Amante del Victuuri, sobre todo de las historias donde demuestran que su amor, aunque puede ser imperfecto, sigue siendo hermoso.

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