Matryoshka II (Cap 46)


Basado en el universo canon de Yuri on Ice. Fic Post-Canon. Esta es la segunda parte, busca la primera parte si no la has leído en mi perfil, llamada Matryoshka I [Las cenizas]

Cap 46. Trofeo de Francia: Seré el mejor

Atención: Tener a la mano las canciones: Arsonist’s Lullabye de Hozier, Winter 1 de Max Richter, Daniel Hope, Konserthaus Kammerorchester Berlin, Requiem: Lacrimosa de Mozart y Infinity de Yann Tiersen para mejorar la experiencia de lectura.

Lilia podía recordar con claridad cuando la vio por primera vez. La llegada de la mujer en la pista no le impresionó; más bien pensó que la aparición de la madre de Yuri había tardado. Fue agradable saber que al menos su madre sí estaba al pendiente y que Yuri no era un velero sin rumbo ni representantes familiares como creyó, más allá de su abuelo. Sin embargo, jamás imaginó el rostro de frustración que Yakov puso en aquel entonces y la marcada arruga que se formó en su frente cuando la vio llegar. Tampoco, la expresión grosera y altanera con la que el adolescente Yuri la recibió en el Sports Champions Club.

—Se enojó mucho cuando Yura se le ocurrió ir solo a Japón. No sabes los problemas en que me ha metido este muchacho —rezongó el anciano.

—¿Y dónde estaba ella para evitarlo? Debió requerir un permiso. —Para Lilia era evidente y no entendió el rostro de malestar que su exmarido tenía al verla.

—Yura convenció a su abuelo para que le firmara el permiso. —Lilia levantó una ceja—. Es su representante legal, Larissa le dio toda la potestad a él.

¿Por qué? No tuvo tiempo de preguntarlo, pues la mujer se acercó a ellos con la agresividad en su andar y el taconeo persistente. Yakov resopló frustrado mientras Lilia, impecable, simplemente giró la mirada hacia el hielo donde Yuri intentaba entrenar.

—Me dijo el dueño del edificio que mi hijo no está en su apartamento. Estuve llamándolo por una semana, ¡y nadie me avisó que se había mudado de apartamento! —La joven mujer alzó la voz y Yakov ya se veía con una expresión bastante enferma. Parecía que la paciencia que solía tener se iba cuando se trataba de esa mujer—. ¿Dónde está mi hijo? —exigió saber.

—Está conmigo. —Antes de que Yakov respondiera con la calma que quería aparentar, fue Lilia quien se giró con sus brazos cruzados y su mirada altanera. Larissa la miró con desagrado.

—¿Y quién es usted?

—Lilia Baranovskaya, su entrenadora, coreógrafa y mentora. —Los pasos calmos de Lilia llegaron para enfrentarse a Larissa y provocando que Yakov se hiciera a un lado, ignorándolas—. Ex bailarina de Bolshoi y maestra durante veinte años de los mejores bailarines de Rusia. ¿Qué manera es esa de venir a exigir?

—S-soy su madre… —titubeó, intentando imponerse ante la mirada que Lilia le entregaba al escanearla por completo, para mostrar visible desagradado a varios puntos de su postura y su vestir.

—Si Yuri tuviera madre no me hubiera visto en la necesidad de llevarlo a mi casa con Yakov para cuidarlo —asestó. Larissa tragó grueso, machacando todo su orgullo—. Si lo llevé a casa es porque un niño sin disciplina jamás logrará sacar todo su potencial. Yuri no ha aprendido a seguir órdenes, y ya veo porqué: la ausencia de suficiente figura autoritaria pesa y su abuelo no hace más que complacerlo. Yakov ya es un abuelo también.

—¡Lilia! —reclamó su ex, pero la mujer ni se inmutó.

—No necesita condescendencia, necesita disciplina y me encargaré de que aprenda eso en este año conmigo. Ahora, le daré un tiempo con su hijo cuando termine las prácticas, mi tiempo es valioso para detenerla en este momento. Mientras tanto, puede sentarse en alguna grada y, por favor, mejore su postura.                   

Sin dar espacio a réplica, Lilia dio órdenes a Yuri para retomar su rutina, exigiéndole más mientras Larissa se vio obligada a obedecer. Sin embargo, la irritación que Yuri mostró en su rostro al negarse a entrenar mientras ella estuviera mirando y la pelea que se formó en el pasillo entre ellos dos, fue una constante fila de porqués que Lilia observó apilarse frente a sus ojos. La mirada de Yuri, siempre altanera, había cambiado. Los reclamos fueron cada vez más afilados y no hubo calma. Toda intención de invitarla a cenar a su casa murió cuando, mientras avanzaba en el pasillo para dejarlos discutir, escuchó el peso de aquella palma.

Ella se giró, furibunda. Yakov incluso tuvo que sujetarla del brazo cuando al voltear, la escena se mostraba ante ella sin filtro: el rostro enrojecido de Yuri, con su mirada mojada y adversa, se enfrentaba al temblor que la madre vivió en todo su cuerpo cuando llevó la mano blasfema contra su pecho, como si quisiera esconderse del delito.

El reclamo: ‘¿Por qué no vuelves a los barcos y te buscas un hombre para que dejes de molestarme?’, había tenido una respuesta.

—Ha sido suficiente. —La voz oscura de Lilia arremetió contra las paredes del pasillo, provocando que Larissa volviera a empequeñecerse con los hombros caídos—. Yuri, adelántate al auto con Yakov, ¡ahora mismo! —El muchacho obedeció, avanzó a tropezones por la rabia y el dolor hasta donde su entrenador lo esperaba. Lilia volvió su mirada afilada hacia la madre al saberse a solas—. Todo lo que veo es a dos niños discutiendo, ¿no se supone que el adulto deberías ser tú?    

—¿Entonces debería tolerarle este tipo de groserías?  —arremetió con la mirada vidriosa, mientras seguía apretando su mano como si pretendiera esconderla.

—Pregúntate qué has hecho para carecer del respeto de tu hijo —asestó con dignidad, irritada ante lo ocurrido—. No puedo tolerar que vengas a perturbar a Plisetsky, no si esto es lo que pretendes en cada reunión. Ha tenido ya suficiente con el desalmado de Nikiforov, como para también tolerar tus maltratos.

—¿Nikiforov? —Palideció—. ¿Qué hizo Nikiforov?

—¿No lo sabe? —La miró sin gracia—. Es decir, ¿qué le reclamó a su hijo su ida a Japón y no preguntó por qué se fue allá? —El pasmo de Larissa lo respondía todo—. Nikiforov le prometió a su hijo que le haría un tema para su debut de senior, pero se ha ido detrás de un patinador mediocre. Faltó a su palabra y Yuri fue a exigirle que la cumpliera, solo para que Nikiforov jugara con sus ilusiones haciéndole competir para obtener lo que él le prometió en primer lugar. Todo, ¿por qué? Porque quedó prendido del muchacho japonés después de una fiesta.

 —Yo… y-yo fui hasta Japón. Fui a ver el evento y… esperaba hablar con él p-pero… se fue antes.

—Por fortuna consiguió un par de mujeres, buenas madres —resaltó con alevosía, disfrutando internamente de la expresión de la mujer—, que cuidaron de él mientras estuvo en Japón. Dudo que Nikiforov siquiera tuviera intenciones de realmente cumplir su promesa desde un inicio. Solo lo ilusionó, aprovechándose de su admiración a él, y Yuri está harto de promesas en vano, ahora veo porqué.  

Larissa dejó caer sus brazos, casi descompensada. Sin embargo, la palidez de su rostro no asustó a Lilia, quien siguió mirándole con desagrado. Ante sus ojos solo era una niña intentando comportarse como una adulta, como si la madurez no hubiera aún tocado su puerta.

—Todo lo que ha hecho desde que llegó es reclamarle y no escucharle, ¿cómo pretende que la escuche? Aprenda a dirigirse a su hijo, busque ayuda que parece hacerle falta, pero no vuelva hasta no tener un plan para mejorar su relación con él. Se lo exijo —puntualizó—. Yuri tiene planes para esta temporada, quiere demostrarles a todos, en especial a Nikiforov, que se equivocó con él al jugar con sus ilusiones. Si en verdad ama a su hijo, no sea usted una traba para lograr sus objetivos en esta temporada. No se aparezca hasta que él lo haya logrado en la Grand Prix Final.

Lilia no se quedó por más tiempo, ni al ver las lágrimas que cayeron sin fuerza de los ojos de Larissa, ni al escuchar sus palabras trémulas pidiéndole el favor de decirle a su hijo que solo estaba preocupada, temió que algo hubiera pasado y que por eso había llegado de improvisto a San Petersburgo a buscarlo. Que la perdonara. 

A pesar de que hubiera hablado con Yuri después de lo ocurrido, llamándole la atención por la altanería que mostraba en su comportamiento, Lilia no encontró modo para que él le hablara sobre lo que ocurría con su madre, ni el porqué de su aversión.  Todo lo que Yuri nombraba era a su abuelo: lo grande que era, lo mucho que lo amaba y lo extrañaba, lo bien que cocinaba y lo cálido que se sentía compartir la cama con él cuando era invierno y hacía frío. Se sentía protegido, querido, era lo que Yuri más amaba. Y la ausencia de la palabra mamá en su boca solo le dio a Lilia la cruenta realidad de que Yuri la había sacado de su vida.

Pero un hijo adolescente no saca de su vida a su madre, al menos que ella lo hubiera sacado antes de la suya.

Para cuando llegó el Grand Prix Final, Lilia había olvidado por completo la presencia de esa mujer y se había sentido ella la madre orgullosa al ver a Yuri sacar toda la belleza de su fuerza y pelear por el oro hasta el final, sin detenerse. Ya ella había visto todo lo que Yuri era realmente, más allá de esa capa de rebeldía con la que se había forrado para proteger la vulnerabilidad y desprotección que había vivido desde niño. Y Lilia amó con todo su ser a ese chico como si fuera su hijo, sintiendo el dolor como si ella lo hubiera tenido en su vientre, y llorando de felicidad al verlo surgir y cumplir su cometido.

Después de aquella final tan peleada, Lilia volvió a ver a Larissa. Esta vez, distinta a la ocasión anterior, había sido llamada a la barra que compartía con Yakov de parte de la recepción, informándose que alguien estaba buscando a Yuri y decía ser su madre. Para ese momento, Yuri ya había desaparecido, supuestamente aburrido de esperar. Lilia y Yakov hablaban de cómo preparar a Yuri ya que Víctor pensaba volver en las nacionales.

En ese momento, ella salió elegante, moviendo su cabello largo y suelto mientras se sentía relajada por las copas que ya había bebido. Allí, en una postura completamente distinta a la anterior, estaba Larissa esperándolos. Le explicó que Yuri no estaba con ellos, que había salido y Mila Babicheva había avisado que estaba con ella para que se mantuvieran calmados. Seguramente celebraba merecidamente con gente de su edad el oro ganado.

—Quería felicitarlo —dijo con voz cohibida. El grueso abrigo la cubría por completo y la vergüenza se filtraba en sus gestos—. ¿Puede decirle que lo vi y estoy muy orgullosa de él?   

—¿Por qué no le dice usted misma mañana?

—No puedo quedarme hasta mañana… a primera hora debo retomar a Moscú.

Lilia no habló más con ella desde ese entonces, pues las otras ocasiones que se encontraron, en los nacionales u otros eventos, la veía de lejos solo moviendo panfletos y gritando como una Yuri Angels más, mientras el tumulto de fans ni siquiera podrían adivinar de que esa mujer se trataba de la madre del patinador. Luego, sus propias nuevas responsabilidades la llevaron a irse de Rusia y aquello quedó atrás. Todo lo que sabía era por algunas conversaciones que mantuvo con Yakov, quien le avisó sobre la terrible noticia de la muerte del abuelo de Yuri y le informó de los intentos que Larissa hacía por volver. Supuso que los años habrían mejorado en algo la comunicación de ellos, pero fue evidente que no había sido así, al menos no lo suficiente. Ahora, estando de nuevo con Larissa frente a ella, tuvo muy en claro que faltaba mucho que pulir para que ese acercamiento se diera. 

Años habían pasado y la escena seguía siendo la misma. Lilia frente a ella imponiéndose, Larissa de nuevo empequeñecida, solo que esta vez, no hubo una bofetada.

—Es un pesar ver que las cosas no han mejorado desde entonces —dijo Lilia, bajando el tono de voz a uno más confidente. Larissa sólo renegó con su mirada en el suelo—. ¿Aún sin aprender cómo acercarse a él?

—Ya no sé qué hacer… —La sonrisa hueca denotaba la visible frustración que vivía dentro—. Si me acerco demasiado, o no es suficiente. Si le hablo, o dejo de hablarle. Si le miro, o no lo miro… Ya, ya no sé qué hacer. —Lilia notó la primera diferencia allí, latente. Larissa ya no actuaba como si fuera ese su derecho, exigiéndolo. Ahora parecía agotada, a punto de rendirse—. Cuando creo que he dado dos pasos para acercarme, que lo estoy logrando, pasa algo y volvemos a estar más lejos. Y-yo… yo ya no sé qué hacer.

Lilia miró sin moverse el modo en que Larissa se encorvó, volviendo a apretar su mano contra el rostro compungido cuando el llanto se hizo más sentido, visceral.

—Yo nunca quise dejarlo… —prosiguió, ahogándose—, ¡pero no tuve más remedio! Para poder pagar por su sueño… para poder darle lo que necesitaba, tenía que trabajar. Para que se sintiera orgulloso de mí, ¡tenía que trabajar! —alegó levantando la mirada humedecida hacia la mujer anciana que lo miraba—. Estaba sola… ¿qué más podía hacer? Con mi padre enfermo y mi hijo… ¿qué más podía hacer? Prefería eso antes de…

Calló al sentir la mano que suavemente le tomó del antebrazo y la otra mano que le señaló el asiento que antes hubiera ocupado Yuri. Hasta ese momento solo respiraba humedad. 

—Siéntate —pidió Lilia, con una voz de mando que, pese a todo, seguía escuchándose suave— . Iré a buscarte agua. Espera aquí y ve calmándote.

Lilia no demoró en ubicar un filtro de agua fuera del pasillo y volver con un vaso de plástico, escuchando a la gente moverse por el inicio de la nueva etapa de la competencia. Se acercó a Larissa y sin hablar, le extendió el vaso con agua refrescante. Larissa bebió de a sorbos, logrando tranquilizarse.

—¿Va a decirme otra vez que debería irme hasta que pase el Grand Prix Final? —preguntó cabizbaja y Lilia solo recogió el aire mientras se acordaba de aquel momento, imponiendo sus condiciones sin medir las consecuencias que esas palabras tendrían en Larissa—. Nikiforov estuvo a punto de decírmelo…

—Yuri salió muy alterado de aquí. Tuve que calmarlo.

—Me dan tantos celos… —Lilia le miró con interés, esperando que completara su frase—. Todos ustedes… que están tan cerca de él, con quienes se puede mostrar abierto, con quienes se abre… me dan tantos celos.

—No ha sido fácil, Yuri no es una persona fácil. Creció tan solo que aprendió a no depender del resto, aun si lo necesita. Pero, no es momento de hablar al respecto. Vine a verlo ganar, no a hablar de esto. —Sin malgastar más tiempo, ahora que se sentía el ambiente competitivo en el aire, Lilia ajustó su abrigo y le dio la espalda, dispuesta a retirarse—. Vamos, ya van a iniciar. —Larissa la miró sin comprender—. ¡No pienso decirlo de nuevo!                         

Aturdida con el cambio de los acontecimientos, Larissa apenas tuvo tiempo de levantarse y recoger su bolso antes de poder seguir la espalda siempre recta de Lilia, caminando de manera elegante y haciéndose notar por los pasillos donde, sin esfuerzo alguno, logró robarse las miradas. No tuvo idea de que es lo que ocurriría con una interacción a ese nivel con ella, mucho menos de cómo manejar esos celos que existían y estaban allí, haciéndola sentir más agotada que enojada. El tema con Yuri parecía una deuda pendiente e imperecedera, donde aún seguía pagando los intereses, sin abonar al monto real. Una deuda de por vida.

—Kim Dae-Hoon parece desanimado con su puntuación, sin embargo, la caída que tuvo al ejecutar el axel triple le ha costado puntaje.

—Definitivamente estaba llevando muy bien el programa, pero aquella caída disminuyó su seguridad y fue notable no sólo en los saltos sino en la presentación. Una verdadera lástima, ¡aunque esto aún no ha acabado! 

El joven coreano se despidió de la fanaticada con una ligera inclinación a pesar de que Yuri, desde su posición, le vio el discreto vibrar de su mandíbula. Para ese punto, el vacío de su estómago se había instalado como un agujero, mientras el aire parecía haber vaciado sus pulmones.

Había llegado el momento y para Yuri había sido tan rápido que no lo había visto venir. El dolor de la conversación que hubo ocurrido minutos atrás seguía perenne dentro de él, pero a su vez, sentía que había encerrado a su corazón sangrante dentro de una cápsula de cristal helada, que le daba cierta anestesia al dolor, al mismo tiempo que lo adormecía.

Durante las prácticas no había ejecutado ningún salto, porque su mente aún estaba calibrando las emociones que debía sentir con las que se habían instalado en su pecho como unas dagas sangrantes. Aún dolía respirar, a pesar de que la tensión de su cuerpo había menguado, sentía cierta ingravidez flotando a su alrededor y afectando la fluidez de sus movimientos. La verdad, todo lo que quería era estar bajo una ducha fría y no bajo aquellos gritos incesantes que caían como una cortina mientras su corazón latía, podía escucharlo, más había dejado de sentirlo. Cada latido era un golpe sordo.

—Es hora de entrar a la pista. —Escuchó la voz gobernante de Víctor, mientras le apretaba el hombro—. Yuri.

—Sí —dijo automática. El temblor empezaba a manifestarse minúsculamente dentro de su piel.

—Convierte todo ese dolor que puedes estar sintiendo en el combustible de Arsonist’s Lullabye. Dile a tu madre lo que no pudiste decirle a través de palabras con esta rutina. Grítalo. —Apretó su garganta mientras escuchaba las palabras de Víctor y su mirada veía fijamente el hielo que estaría bajo sus pies—. Muéstrame el mejor programa corto que hayas hecho en tu vida y tráeme el oro.

Sintió una ligera palmada en su espalda y soltó el aire. Con pesadumbre, se quitó los protectores de sus cuchillas y los dejó en manos de Víctor. Destensó sus hombros, soltó el aire que no sentía en sus pulmones y entreabrió los labios, como si quisiera besar el hálito frío de la superficie del hielo. Oyó de lejos su nombre y país ser mencionados por los comentaristas, pero debía admitirse que no estaba escuchando nada: todo sonido pasaba deformado como si estuviera metido bajo el agua.

Los aplausos rugieron y sus piernas se movieron autómatas hasta deslizarse al centro de la pista. Sus brazos se abrieron para recibir las ovaciones y sus ojos miraron aquellos puntos de colores de forma impersonal, mientras una sonrisa falsa se dibujaba en su rostro para recibir las ovaciones del público. Víctor, en la distancia, apretó el abrigo y los protectores. Sus latidos aumentaron dramáticamente al verlo tomar el espacio en la pista, porque la incertidumbre sobre qué podría hacer Yuri en ese estado hizo mella en su confianza hasta dejarlo con un saco de nervios en los intestinos. De lejos vio a Yuri ubicarse en el centro de la pista, con su cuerpo ligeramente inclinado a su derecha y sus manos apuntando el suelo. Su rostro, cabizbajo y apuntando con su nariz al lado izquierdo, se mostraba perdido, como si sollozara.

Y la música empezó.

[Arsonist’s Lullabye — Hozier]

Cuando la coral se escuchó tararear en un sonido casi procesal, Yuri inició su deslizamiento sobre el hielo. Las voces que estaban allí cantando en el aire, habían llenado a su cabeza, lloviendo y gimiendo con el estrellar de esas gotas. Al patinar de espalda, sus brazos se abrieron como si buscara apartar la maleza, antes de girar y llevar las manos en la cabeza.

Gritan. Gritan tanto.

Escuchó los gritos de su madre y su rostro se deformó en la más pura representación del dolor, arrugando sus labios y apretando sus párpados cuando sus dedos casi despeinaron su peinado. Casi tuvo deseos de desbaratarlo, casi tuvo anhelos de desaparecerlo de allí. Pero no se dejó guiar por esa rabia que ahora, que había empezado a patinarla, se estaba moviendo como una serpiente en sus piernas, impidiéndole moverse con la libertad que ansiaba. Necesitaba controlarla, hacerla suya, pues los demonios no iban a dejarlo solo por mucho tiempo. Tenía que domarlos antes de que ellos se lo comieran. Y eso se notó por el modo en que apretó sus puños al aire y los empujó como si existiera una lucha contra un ente superior, con los brazos temblándole y la dificultad de moverse con fluidez.

—En Arsonit’s Lullabye, Yuri Plisetsky luce demoledoramente tenso. ¡Puedo sentir que hay lucha en la pista!

—Su programa en el Skate America había obtenido una buena puntuación, la mejor en años. No obstante, esperamos que aquí pueda superar esa marca.

La pirueta alta se movió al ritmo de la música, lenta y casi ceremonial. Víctor vio el modo en que Yuri alzó su pierna derecha para sujetarla con sus brazos en la altura, en una pirueta Half-Biellmann preciosa. Entonces Yuri la soltó, patinó de espalda, tomó velocidad y saltó de frente para aterrizar el axel triple que se deslizó sin problemas y cayó con soltura en el hielo, esparciendo cristales entre sus hojillas.

El público aplaudió, pero Yuri siguió patinando con la confianza que le había dado el haber ejecutado el axel de forma correcta a pesar de su tensión. Escapó de aquel ente incorpóreo que, por primera vez, no se trató de Yuuri Katsuki. Una lucha ocurría allí puesto se estaba alejando de aquel ente, forcejeando cuando intentaba tomarlo y empujando con sus manos abiertas y luego cerradas, en una muestra de violencia. Se giró, saltó y cayó en una nueva pirueta baja, ocultando su cabeza tras su mano mientras giraba en el suelo. Allí estaba aquel fantasma al que hubo perseguido en su niñez, y que ahora que lo tenía cerca, no podía hacer nada para permanecer así.

Quemaba, no. Sangraba.

Estar cerca de ese fuego perdido cortaba, ardía, mordía.

Yuri se alejó potentemente de él a través de un combo de salto, donde el salchow cuádruple y

el triple toe loop aterrizó con fuerza, desplegando más hielo en su caída a pesar de la ligera inclinación que logró sortear recuperando el equilibrio. Giros intensos se atravesaron en medio de la rutina, Yuri se movía con fuerza y fluidez en el hielo, escapaba de aquel eco mientras el solo del piano se había unido a la música que se escuchaba. Víctor, impresionado, miró todo desde la barra mientras el cuerpo de Yuri se movía con velocidad hasta detenerse, al ritmo de la percusión que sonaba y las voces. De nuevo, cuando el segundo estribillo empezó, la secuencia de paso inició y el momento de perseguir esa llama azul se sintió como fuego en medio de la lluvia. Yuri buscó esa figura, vio encenderse el fuego en la distancia y se arrastró a ella con los pies, tratando de quebrar la distancia con velocidad.

—¡Estoy sumamente impresionado con esta rutina! Al principio Yuri Plisetsky lucía tenso, pero conforme se ha concentrado en la ejecución, ¡la fluidez de sus pasos es impresionante!

—¡Siento que estamos ante otro Yuri Plisestky, uno distinto al que vimos en América!

—Sus piruetas son preciosas y la ejecución de sus pasos sentidas. ¡Hay arte viajando en cada movimiento!  

Víctor apretó sus puños mientras sentía la música moverse dentro de su sangre. Su corazón palpitaba con fuerza, y no podía quitarle los ojos de encima a la interpretación de Yuri en la pista. A pesar de sus errores, no perdía el ritmo de la música, su rostro se transformaba en todas las emociones que buscaba transmitir y su cuerpo se deslizaba suavemente en medio de esa melancólica rutina. Tenía que admitirse que su interpretación condolía de solo observarla.

Pero las voces volvieron a empezar en el siguiente estribillo y Yuri patinó con velocidad preparándose para el último salto. Ante la sorpresa de todos, el flip cuádruple apareció y cumplió todas las rotaciones, cayendo con firmeza en el suelo para dar pie a los siguientes movimientos.

—¡Un flip cuádruple! —gritó el comentarista, mientras el público estaba eufórico y Yuri ejecutaba unas piruetas combinadas llenas de la pasión del momento cuando el piano y la coral había callado y la voz principal se escuchaba en el último coro—. ¡Esto ha sido una sorpresa! ¡Yuri Plisestky ha ejecutado un flip cuádruple como en antaño!

—¡Recordemos que Yuri Plisetsky había incluido este salto a sus rutinas en el 2018, pero después de esa temporada no había podido clavarlo de nuevo en competencia! ¡Estamos ante el resurgimiento de Yuri Plisetsky en la pista!  

Víctor se encontraba sin aliento y los aplausos arreciaron en medio de la emoción mientras los comentaristas hablaban y Yuri acababa su presentación con el cuerpo en el suelo, alzando sus manos, pidiendo clemencia. De inmediato, ante el silencio de la música, las barras de Yuri Angels se levantaron descontroladas y empezaron a arrojar sus regalos: flores, peluches de gatos y otros objetos de regalos, en homenaje a su ídolo.

Para ese momento, Yuri se levantó y miró a todo el público con gesto desencajado. Su corazón palpitaba con fuerza y lo escuchaba golpear en su cabeza, al mismo tiempo que la falta de aire y el sudor contrastaba con el frío de la pista y la sensación vibrante de sus piernas. Jaló dos grandes bocanadas de aire, y al hacerse consciente de la felicidad del público, sonrió sinceramente conmovido e hizo una ligera reverencia ante todos.

La sensación en su pecho pujaba como si fuera a abrirle la carne. Se deslizó aun ligeramente confundido y llegó a la salida de la pista, mientras los aplausos seguían cayendo y Víctor le recibía con una mirada orgullosa. Le extendió la chaqueta tras haberlo visto ajustarse los protectores de la cuchilla y Víctor lo abrazó de costado, diciéndole al oído lo bien que lo había hecho. Yuri apretó el nudo en su garganta, controlando las repentinas ganas de llorar.

—¡Una presentación fascinante! ¡Llevó la emotividad a otro nivel y ha demostrado un avance considerable en sus elementos técnicos! Nikiforov de nuevo está demostrando sus habilidades como entrenador al poder sacar el brillo de un diamante como Plisestky!

—¡Presentación emotiva, piruetas preciosas y dos cuádruples! ¡Dos cuádruples en su programa corto! A pesar de la tensión inicial en sus movimientos logró recuperarse. ¿Estamos de nuevo presenciando una nueva evolución de Yuri Plisetsky?

Víctor llevó a Yuri hasta el Kiss and Cry porque había notado que aún estaba demasiado disperso como para decidir el ir por su cuenta. Intrigado por la expresión absorta que era coloreada por el sonrojo del esfuerzo, lo llevó hasta sentarse y le miró mientras Yuri se inclinaba sobre sus rodillas, recuperando el aire aún. Le dio un par de palmaditas en la espalda para tratar de recuperar su atención y lo sintió temblar bajo su palma.

—Todo está bien, Yuri. Lo hiciste magnífico, si olvidamos ese inicio. —El aludido le miró bajo los mechones de cabello que se habían descompuesto del peinado—. Aunque debemos practicar más ese combo. ¿Qué clase de salida fue esa? Tuviste suerte de no caer, ¡pero debes controlar más el aterrizaje!   

—¿Me estás criticando ahora? —preguntó incrédulo y Víctor le miró como si acabara de caer en el peso de sus palabras. Pero, en respuesta, Yuri solo soltó una risita y se quitó el sudor de la frente—. Eres como el viejo Yakov… —dijo con nostalgia.

—De alguien tenía que aprender… —Víctor sonrió de lado, más relajado.

—Sé que lo hice mal. Me salió pésimo el combo, pero… en ese momento me rendí, me rendí de intentar hacerlo bien, me rendí de intentar no sentir lo que sentía y… —Yuri mordió sus labios mientras apretaba sus puños—, de repente todo fue blanco en mi cabeza.        

La explicación de Yuri, en medio de profundas exhalaciones, fue cortada por la voz del anunciador, preparándose para dar la puntuación que Yuri había alcanzado por los jueces.

—¡110,58 puntos! ¡Yuri Plisetsky ha vuelto a mejorar su puntaje!

—¡El público está enloquecido! ¿Así es que ha empezado la categoría masculina en la copa Francia? ¡Yuri Plisetsky escala al primer lugar con una notable diferencia y dejando ya la vara alta para sus demás contrincantes!

Otabek miró desde el pasillo y a través del televisor el modo en que Víctor abrazó a Yuri, mientras este dejaba salir las lágrimas por la conmoción. Se veía sinceramente sorprendido, como si no hubiese esperado una puntuación tan alta a pesar de sus errores, pero para Otabek más bien le habían debido, pues lo que había visto superaba en muchos sus expectativas en el programa. Yuri estaba evolucionando de forma tan rápida que nadie podía asegurar cuándo llegaría con otra nueva sorpresa, tal como había sido en antaño.

Por otro lado, Giovanni miró con la mandíbula trabada la puntuación y escuchó las instrucciones de Joseph, mientras Masumi, a su lado, aplaudía con el público por el desempeño de Yuri. El joven patinador suizo solo movió su cabeza y hombros buscando destensarse, listo para ingresar a la pista.

—Voy a hacer el luzt cuádruple —informó el patinador al estar en el hielo, esperando el momento para iniciar. Masumi volvió la mirada hacia él y notó tanto el brillo en sus pupilas como el modo en que se negaba a quedar detrás de Yuri Plisetsky después de esa presentación.

—Tendrás que asegurarte de clavarlo —le dijo Joseph, con seriedad—. Tienes todo para superarlo, así que no te precipites.

—Lo harás bien —aseguró Masumi, con una palmada en su mano. El joven le miró ligeramente asustado pero comprometido por dar lo mejor de sí—. Christophe ya está orgulloso de ti. 

Giovanni levantó la mirada hacía donde Christophe esperaba, justo sobre ellos. Victoria agitaba sus brazos cubierto por el abrigo de algodón que imitaba el de la selección de suiza, y al notar que él le miraba, empezó a tirar besos voladores a su dirección. Masumi rio al notar el modo en que la niña le entregaba amor al chico con quien solía jugar cuando su esposo la llevaba a la pista para encontrarse con él, mientras Chris le guiñaba el ojo en confidencia.

El anuncio del patinador los hizo regresar su atención a la pista. Después de un asentimiento, Giovanni Ritz se deslizó al hielo en medio de los aplausos del público. Se le vio levantando sus brazos ante la gente, vestido con un traje enterizo de azul que se degradaba a negro hasta sus piernas, cubierto de brillantes y con detalles nacarados que parecían arrancado de un traje de bailarín de ballet. Su cabello con rulos estaba sujeto a una cola alta y sus manos estaban cubiertas con guantes negros. Cuando llegó al centro, se puso en posición: su cuerpo se inclinó hacía su derecha y su brazo izquierdo se alzó al cielo para empezar a moverse en cuanto a la fuerte sinfonía dio comienzo.

[Winter 3 — Max Richter, Daniel Hope, Konserthaus Kammerorchester Berlin]

Yuri no quiso regresar al pasillo tras abandonar el kiss and cry, dispuesto a conocer al joven patinador que tenía algo en contra de él. Víctor le había dicho de regresar, considerando buen momento para que hablaran del sucedido minutos atrás con Larissa, pero Yuri prefirió quedarse y observar el resto de la competencia. La rutina de Giovanni estaba llena de fuerza, y la  profunda sinfonía que sonaba a sus espaldas le daba mayor intensidad a sus movimientos que emulaban al ballet. Era una coreografía preciosa y llena de vitalidad.

Desde arriba, Christophe miraba con atención a la rutina de Giovanni Ritz, que había creado su esposo especialmente para ese evento. La secuencia de piruetas era emotiva, su cuerpo se movía precioso como el invierno arreciendo las costas, congelando con su toque a las aguas y llenando de escarcha a su alrededor. Arrebatador, intenso y frío, potente e imponente, el estilo de Giovanni había sido potenciado gracias a la melodía y la coreografía escogida.

—¡Wow, es muy bueno! —Chris escuchó a su lado y no tardó en reconocer esa voz. Incluso se enderezó mientras sujetaba fuertemente a su hija en brazos, quien también quería ver la interpretación del patinador.

A su lado, se había posicionado en completo silencio Phichit Chulanont. Jamás pensó verlo tan cerca después de tantos años. Phichit lucía un traje negro, de muy buena calidad, y una camisa amarilla debajo de él. La sonrisa con la que fue recibido por él le hizo sentir desconfiado.

—Escuché sus últimas declaraciones. Que devoción de su parte haberte dedicado a ti la temporada. —Phichit se inclinó en la baranda mientras Giovanni ejecutaba su axel triple, clavándolo con seguridad y mostrando el dominio que tenía de él en el programa. Los aplausos junto a las intervenciones de los comentaristas alabaron ese hecho—. ¿Cómo estás Christophe? ¡Ha pasado mucho tiempo!

—Bastante… ¿quién lo diría? —respondió incómodo, mientras Victoria enfocaba los ojos en el nuevo visitante.

—Así es… encontrarnos después de haber dejado las competencias. Pero parece ser algo que suele ocurrir si no podemos abandonar del todo al hielo. —Phichit lucía calmo, admirando honestamente la presentación del suizo—. Me alegra verte de nuevo.

—¿En serio? —inquirió suspicaz y Phichit le devolvió una mirada divertida.

—¡Claro! ¿Por qué no habría de estarlo?

Los aplausos volvieron a arreciar en el rink. Christophe miró a Giovanni deslizándose y a los comentaristas gritar eufóricos por la ejecución de un luzt cuádruple, que pese a su desequilibrio al final, Giovanni logró recuperarse y evitar la caída. Phichit, a su lado, había empezado a aplaudir junto al resto, incluso junto a la pequeña que estaba en sus brazos.

—Tengo entendido que eres pareja del actual campeón olímpico.

—¡Oh, que mal suena así! —Phichit rio mientras seguía apreciando el patinaje—. Pero también se podría decir que Seung-Gil es pareja de un joven empresario —le guiñó el ojo y Christophe dudó de si debía tomarlo en serio o no—. Y sí, somos pareja, sus triunfos y mis triunfos nos hacen más fuertes y felices.

—Ya veo. —El programa de Giovanni acabó y caían los regalos en la pista mientras el joven se despedía del público con besos y exhalaciones de aire. Al llegar a la salida, Masumi lo abrazó felicitándolo por su interpretación—. No quería ofenderte.

—No me ofendes. No te preocupes… —Chris solo sentía un silencio sobrecogedor e incómodo en medio de ellos, cada vez que Phichit callaba—. Por cierto, Giovanni Ritz es muy bueno. Me gusta su estilo.

—Es excelente. Tu novio deberá tener cuidado con él.

—Oh, eso es interesante. ¡A Seung-Gil le encantan los retos!

—¿No le preocupa que las cosas no salgan como él quiere?

—Seung-Gil nunca he tenido como meta el vencer a nadie en particular, su principal objetivo cada vez que sale a la pista es ser mejor que su mejor participación. Es vencerse a sí mismo. Eso hace una gran diferencia y es lo que más admiro de él.

Christophe no supo cómo tomar el repentino acercamiento y lo confiado que lucía Phichit al hablarle, como si no hubiese nada entre ellos que fuera un punto de fricción. No iba a ser ingenuo al respecto, Christophe sabía que Phichit era una de las personas más cercanas a Yuuri Katsuki, y no creía que no estuviera enterado de lo ocurrido en América. Pero también era consciente de que tener una rivalidad entre ellos por algo que había ocurrido entre sus amigos sería una muestra de inmadurez que no pensaba permitirse; y si Phichit había mostrado abiertamente su agrado de verle, él no tenía motivo de sentir lo contrario aun si no hubiese esperado esa clase de situación. 

Permaneció en silencio por unos momentos más, atento a los resultados de Giovanni en la pista. La euforia se hizo mayor y el público casi arreció en aplausos cuando, tras conocerse los resultados, el puntaje de Giovanni había superado por unas pocas décimas al de Yuri Plisetsky, elevándolo a un primer lugar con 110,73 puntos.

En pantalla, Giovanni había alzado sus brazos al cielo en señal de victoria, disfrutando de ese momento grato al alcanzar su objetivo. Christophe no pudo dejar de admirarlo, con orgullo, pero de inmediato buscó con la mirada hacia debajo de las gradas, donde Yuri y Víctor aún se encontraban, queriendo adivinar la expresión que tendrían en ese momento. Ojalá así lo tomarán en serio. 

—Fue un buen Lutz, lástima que en la caída tuvo esa desviación. —Phichit alabó entre aplausos, mirando la pantalla que repetía el salto que le dio la diferencia necesaria para rebasar a Plisestky—. Me acuerda cuando lo ejecutabas. Siempre quise imitarlo.

—¿En serio? —Ante la pregunta de Chris, Phichit asintió con una sonrisa suave en sus labios.

—Así es. Y bueno, yendo al grano, quería invitarte a ti y a tu pareja a una cena con nosotros. —Para ese momento, el último competidor del primer grupo se acercaba a la salida. Christophe le miró con sorpresa—. Hay algo que quisiera hablar con ustedes,  se trata de un proyecto que ando trabajando junto a Seung-Gil. ¿Crees poder acompañarnos esta noche?

—Vaya, esto no me lo esperaba —dijo Christ, dejando a la niña en el suelo para que ella caminara por un momento—. Te confirmo al terminar. Quiero saber los planes de mi esposo antes de comprometerme.

—¡Perfecto! Mantengo mi mismo número, pero, por si acaso… —Phichit le extendió la tarjeta de presentación y Christophe la tomó con cuidado—. Estaremos esperando tu respuesta.

Los parlantes anunciaron la preparación para el segundo grupo masculino de patinaje sobre hielo, en su demostración del programa corto. Seung-Gil, Otabek y los otros dos jóvenes participantes, salieron de la pista tras el calentamiento en medio de los murmullos del público que esperaban la resolución. En pantalla, la imagen de la tabla estaba visible, mostrando los puestos ocupados de los patinadores del primer grupo. Yuri Plisestky veía con desazón su segundo lugar.

La tensión había endurecido sus muslos mientras estaba sentado en la grada, esperando el comienzo del segundo grupo. Sabía que lo había hecho bien, que su puntaje fue mejor que el de América y eso era algo digno de mencionar, no obstante, ahora comprendía que dicho triunfo no era suficiente, no para las ligas en la que estaba jugando. Giovanni siendo un novato lo había alcanzado, y aún Seung-Gil ni Otabek habían pasado. La sensación de que sería más difícil clasificar le atenazó los músculos de la espalda.    d

—Toma. —Víctor le extendió una botella de bebida energizante y Yuri la tomó con expresión irritada. Su entrenador estaba cojeando ligeramente.

—No deberías estar caminando por todo el estadio. Quédate en un solo sitio.

—Me atrapó la prensa cuando estaba subiendo. —Víctor aprovechó para mostrar su vaso de café. Yuri chistó mientras abría la botella para beber—. ¿No quieres ir con tu madre ahora mismo? Creo que tienen algo que resolver.

—No… algo me dice que debo quedarme hasta el final.

Víctor no quiso insistir, así que se quedó observando a los grupos que estaban por iniciar, mientras saboreaba de a poco el café caliente que había pedido en la máquina.

Ya en el rink, Seung-Gil veía al japonés Asuka Arai preparándose para el patinaje. A su lado, Otabek ejecutaba sus últimos estiramientos pues sería el segundo en participar. A él, como le tocaba de tercero, debía esperar su turno ya fuera de la pista, junto a su entrenadora y a Phichit que estaba a su lado con el permiso colgando de su cuello. Sus manos se sujetaban mutuamente, y a pesar de que hubiera preferido oír la música una última vez antes de entrar. estaba escuchando la voz de su novio contándole sobre su encuentro con Chris. 

Seung-Gil prefería no pensarlo, pero tenía sus reservas. No creía idóneo que Christophe se incluyera en el programa cuando Yuuri y Víctor aún estaban en media resolución. Y considerando lo que Phichit le hizo saber que ocurrió en América, para él resultaba evidente que la aversión existía y no se iba a solucionar compartiendo el hielo juntos. Phichit aseguraba que, si Christophe supo lo que ocurrió en Rostelecom, podría comprender un poco más la posición de Yuuri, pero para él era trabajar sobre supuestos.

—Ya me confirmó. —Phichit avisó con una amplia sonrisa y le mostró su móvil para que pudiera ver la respuesta de Chris, había sido parca y correcta. Seung-Gil solo resopló—. ¡Ey, estará bien! —Sus ojos fueron hacia los de Phichit, brillantes y honestos como siempre—. Si no quiere participar, no habrá problema. Conseguiremos a otra persona.

—Eso es lo de menos. Tu proyecto será tan grande que los patinadores rogaran por estar en él. —Phichit rio ante sus palabras y apretó en confidencia la mano que sostenía dentro de la chamarra coreana, tomada ambos como si fuera una sola unidad.

—No quiero que me rueguen. Quiero que nos divirtamos y le demos diversión al mundo.

Los aplausos cayeron sobre ellos cuando la presentación del japonés acabó. Los comentaristas hacían sus respectivas opiniones sobre lo visto, alabando la capacidad técnica que el japonés había desarrollado y el modo en que había incluido para esta temporada su primer cuádruple.

Mientras el joven recibía sus puntuaciones, quedando en el tercer lugar, por debajo de Yuri Plisetsky, Otabek se preparó para iniciar su rutina. Su estómago tenía un nudo producto a la actitud que había visto en su amigo antes de salir en la pista, pero a ello se había unido una desagradable amargura en su boca al verlo tan cerca de Víctor, tan compenetrados, que le resultaba difícil poder comprender cómo tan poco tiempo había sido suficiente para tanto. Repentinamente, se sentía como haber estado fuera de su vida por años. Como si ese lugar que le había correspondido a él ahora fuera tomado por Víctor, y lo que más detestaba de esa situación es que no podría hacer nada para evitarlo, porque en distancia y en tiempo Víctor había estado siempre cerca de Yuri.        

Nunca había sentido algo así respecto al pentacampeón. Nunca sintió la necesidad de celarlo de él cuando Yuri siempre demostraba su deseo de superarlo. Era como una meta en común para todos, algo que, aunque no se dijeran, todos los jóvenes patinadores de la nueva generación perseguían. Pero ahora, veía una compenetración que nada tenía que ver con la profesionalidad que debía existir entre entrenador y pupilo, y si creyó en algún momento que resultaba una pantalla para aparentar que estaban bien y cumplir con el pedido de Yakov, ahora tenía la certeza de que Yuri pudiera desear el estar bajo la tutela de Víctor de nuevo, esta vez bajo su propia voluntad.

—¡Otabek! —Otabek pudo reconocer el grito entre todas las otras voces, y se giró mientras entregaba los protectores en manos de Nathalie Leroy.

Yuri se había acomodado contra la baranda de las gradas para saludarlo y mostrarle el pulgar arriba en señal de ánimo. Toda la amargura se convirtió en una bola intragable en su boca. Otabek le devolvió el gesto sintiendo una desconsoladora irradiación en su espalda, casi como el toque cálido en medio de una fría lluvia.

—Otabek. —Esta vez, fue Nathalie quien llamó su atención.

Cuando el patinador puso sus ojos en ella, la mujer no tardó en comprender esa conjunción de sentimientos que habitaban bajo sus irises oscuras. Ella, con el toque de una madre, no tardó en cubrir al patinador con sus brazos y darle un precario abrazo. A Otabek lo tomó de sorpresa, pero jamás pensó que era justamente eso lo que necesitaba en ese momento.

—Has dado todo de ti en estos últimos meses, has mostrado la fuerza de tu voluntad y te has ganado el aprecio de todos nosotros, incluso de mi hijo. Has logrado perfeccionar tus programas a pesar de haber empezado mucho después que los otros. —Se separó lo suficiente para tomarle el rostro con ambas manos. Los ojos claros de Nathalie, los mismos que había heredado Jean, le miraron con tanta calidez que se sintió pequeño ante ellos—. Ahora ve y demuestra lo que has logrado en estos meses. Demuestra que no estás solo.

La soledad nunca había sido ajena a él; durante sus años entrenando, había sido una constante que aliviaba con algunas amistades y compañía. Sin embargo, en ese justo instante, sentía una soledad tan honda y una sensación de pérdida tan palpable, que esas palabras fueron como un masaje a su corazón.

Ante el llamado de la bocina, Otabek se separó de su entrenadora y comenzó a deslizarse al hielo, con el traje de color ocre que simulaba los de la alta aristocracia y lo hacía lucir regio y elegante. Extendió sus manos mientras se deslizaba hacia el centro de la pista y el público aplaudía ante él. Desde las gradas, Yuri se acomodó con los antebrazos sobre el metal para ver en primera fila la interpretación de su amigo. Ya había visto el anterior programa en el Skate Canadá y había podido sentir el dolor que Otabek había mostrado a través de él. Ahora que él había solucionado su problema con Mila (según palabras de su amiga) y que ellos habían recuperado su amistad, le intrigaba ver de qué modo afectaría al programa y que representaría en él.

Ya en posición, Otabek tomó aire y extendió sus manos a ambos lados de su cuerpo, con sus manos hechas puño.

[Requiem: Lacrimosa — Mozart]  

Sin esperar, sus movimientos iniciaron primero adelantándose en el hielo, y luego atrasándolo al patinar de espalda. Las manos de Otabek, de manera silente y sobria, enmarcaron su rostro de la gente, como un convicto que muere por la vergüenza de sus actos. Atormentado  y abrumado por sus culpas, se deslizaba en el hielo en medio de una enorme pesadilla, sobre su espalda, aún el cadáver colgaba allí.

La presentación de Otabek ya no tenía el dolor a carne viva, pero era aún más penoso observar la existencia de aquel pecador ahora penando su culpa con resignación, como si el perdón, pese a haber llegado, no hubiera hecho más que disecar el cadáver tras su espalda, pero no arrancárselo. Como si la benevolencia no fuera más que una utopía que nunca iba a alcanzar, y el coro de ángeles que rogaba por clemencia, no podían hacer más que ello porque el perdón no exoneraba la culpa y el arrepentimiento no quitaba consecuencias.

Otabek se sentía de ese modo, cansado de luchar contra el dolor, de esperar que las culpas fueran limpiadas y obligado a conformarse con los resultados de su pérdida. Obligado a cargar una cruz que ya no deseaba tras su espalda, mientras veía a las dos personas que más había querido en esos años, hacer su vida aparte de él. Alejándolo, apartándolo… oh, sí, así se estaba sintiendo ahora. Dejado de lado.

El salchow cuádruple cayó con fuerza y firmeza, y su pierna sirvió de impulso para ejecutar luego un par de piruetas en el hielo. El hombre atormentado que representaba a sí mismo ya no quería oír las voces de sus consejeros intentando instalarle a creer en un futuro esperanzador y que tras la pena habría un cielo. Que había valido la pena. Pero como no había arrepentimiento, como no podía pedir perdón por amar del modo en que lo había hecho, tenía que asumir las decisiones de ellos y aceptarlas, como parte de su nueva realidad.

Tomó velocidad en la pista y sus manos se veían como si estuviera intercediendo en una coral de ángeles que se limitaban a ver el cielo y elevar la oración. Sin verlo a él, ojos muertos que miraban hacia arriba a pesar de rogar por el pecador al que se negaban a mirar. El triple axel que cayó con seguridad en la pista, desplegando cristales de hielo a su alrededor mientras los aplausos caían sobre él, ahogando las oraciones fúnebres. Otabek allí ejecutó la pirueta alta, con su pierna extendida y girando al ritmo de la melodía, antes de convertirla en una pirueta baja.

Dejado de lado… no era extraño que tuviera esa sensación de ya no pertenecer al lugar al que pertenecía, como si hubiese sido arrojado a un exilio a pesar de que eso fue lo que buscó en un inicio. Podía recordar la cercanía que había tenido con ellos y notar la enorme distancia que ahora había quedado. Sentirse ajeno de la vida de Yuri en tan pocos meses, era solo una muestra del cómo sus decisiones habían afectado a su amistad, aún si pretendiera que no fuera así.

Furioso consigo mismo, ejecutó el combo del cuádruple salchow con el triple flip hacia el final de la presentación. Los aplausos que llovían no eran capaces de sacarlo de la ensoñación que aquella melodía creaba en él. Porque, tal como decía el traje, no era un pecador en la pobreza quien había ido a pedir misericordia, sino aquel que tenía las riquezas y el poder más no la paz. Así como él… ganar, vencer, tener el estatus de ser uno de los mejores no menguaban, de ninguna manera, el dolor y la soledad que tenía después de aquellas trágicas decisiones.  Y así cayó de rodillas, tras acabar la presentación.

—¡Magnífica interpretación de Otabek Altin, actual campeón del mundo!

—El estilo único de Otabek le da un aire de sobriedad y elegancia a su patinaje, potente e intenso. ¡De nuevo, nos ha sorprendido con un excelente programa!

—Sin errores, su programa ha demostrado un control de todos los elementos técnicos y excelente presentación. ¡Definitivamente uno de los favoritos para la final!

Víctor aplaudió mientras veía al joven patinador abandonar la pista, encontrándose en un fuerte abrazo con Nathalie Leroy. Como siempre, el patinaje de Otabek le seguía pareciendo original y digno de admirarse, puesto que lograba sobreponerse a sus limitantes en la flexibilidad con el uso de otros elementos.

Así, sintió a Yuri volver a su lado y sentarse, en silencio. Los aplausos menguaron mientras el patinador de Kazajistan esperaba los resultados en el Kiss and Cry.

—Tu amigo sigue siendo muy bueno en lo que hace —dijo Víctor, en un tono confidente. Mas, ante la ausencia de respuesta, buscó con la mirada la expresión de su alumno para verlo turbado, con las manos en el rostro y los ojos enrojecidos—. ¿Yuri?

No respondió. Yuri no podía poner en palabra lo que había entendido de esa interpretación y todo lo que deseaba era salir corriendo. Las lágrimas volvían a agolparse en sus ojos y la sensación de estarse ahogando se volvió tan real, que incluso recogió suficiente aire como si tuviera el peligro de perderlo. Los sentimientos de Otabek habían llegado, y ahora, en perspectiva, buscaba lo poco que había interactuado con él y se preguntaba si en verdad estaba todo bien o solo había sido la perfecta mentira que él mismo se había creado para no tocar el tema.

Estaba haciendo todo mal… con su mamá, con Otabek; lo estaba haciendo todo mal.

Víctor dejó caer su mano sobre el hombro de Yuri, pero este no se atrevió a mirarlo en ese instante. Sobrecogido, solo se ocultó tras sus hombros mientras apretaba los labios e intentaba controlar el temblor. Víctor le miró, preocupado. Su mente parecía moverse en un sin fin de ramificaciones hacia todos lados y no tener un rumbo fijo.

—Yuri, necesitamos hablar sobr…

—¡114,98 puntos! —El comentarista anunció y la puntuación fue recibida por los gritos y sobresalto del público mientras la pantalla mostraba la expresión desencajada de Otabek mirando la tabla y el orgullo de Nathalie Leroy aplaudiendo—. ¡Altin sube al primer lugar de esta competencia!

—¡Excelente puntuación para un maravilloso programa! ¡Esta competencia nos ha entregado grandes sorpresas!   

Yuri miró la tabla para encontrarse ahora en el tercer lugar. El hueco en su pecho junto a la enorme piedra en su garganta, le impedía estar seguro de cómo sentirse. Estar feliz por su amigo o sentir cómo cada vez más estaba lejos de su meta de llegar a la final. Sentir el dolor de su madre a través del de Otabek, ocuparse del suyo propio, o incluso comprender que quizás había sido un error no hablar nada. El peligro de perder en todos los sentidos.      

Ya en la pista, las cuchillas de Seung-Gil estaba en el hielo, esperando el anuncio de su entrada. En la barrera escuchaba la voz de su entrenadora diciéndole que todo estaría bien y que demostrara toda su capacidad, pero Seung-Gil no quería escuchar voces. Estaba apagando todo en su mente para que fuera silencio.

Ante el anuncio, sintió la mano de Phichit tomando la suya en un último apretón. La mirada de su novio le transmitió justo lo único que quería escuchar: vence. Asintió en silencio y sin más se soltó de la barrera con una profunda exhalación para entrar a la mitad de la pista donde todos los esperaban con aplausos, tras la salida de los niños que recogieron los regalos lanzados a Otabek. La tensión en su estómago, los nervios en la punta de sus dedos, la sensación de ingravidez a su alrededor solo significaba una cosa: el deseo de vencer. Seung-Gil por fin se encontraba en el escenario que había deseado, una competencia enfocada en mostrar lo mejor de ellos y su meta ya estaba definida: quería vencerse a sí mismo. Si lograba superar su actual marca en el programa corto, establecida en Rostelecom, lograría quedar del primer lugar en esa competencia.

Mientras Seung-Gil esperaba la música para iniciar, Yuri se levantó de su asiento, necesitando tomar aire. Víctor tomó el bastón con prisa para alcanzarlo, sorprendido y preocupado por la extraña reacción de Yuri ante el programa de Otabek, y como todo parecía haber caído como una avalancha en sus ánimos. Se puso de pie y caminó con velocidad justo cuando la música del programa de Seung-Gil dio inicio, ante la mirada extrañada de Christophe que lo vio a la distancia, acompañado con su esposo y Giovanni para ver el resto de las competiciones.

[Infinity — Yann Tiersen]

La música de nuevo se escuchó como encerrada en un enorme salón vacío. Seung-Gil abrió sus ojos decididos, como si estuviera inspeccionando una zona enemiga, caminando en medio de la bruma. Sus movimientos en la pista eran exactos, coordinados con lo que se sentía a través de la melodía, mientras se deslizaba como si estuviera apartando la maleza de su camino. Giró, se deslizó de espalda moviendo sus manos con firmeza y observando el terreno a su alrededor como un soldado en zona enemiga. Allí, desde la espada y tomando cada vez más velocidad, Seung-Gil aterrizó el luzt cuádruple que estuvo practicando en los ensayos y clavó con firmeza, ganándose los aplausos de todos.

—Yuri, ¿qué está sucediendo? —Víctor atajó a Yuri antes de que lograra bajar más escalones hacia el pasillo. Ambos se quedaron a mitad de camino en las escaleras mientras escuchaban la música y el silencio del público—. Tienes que confiar en mí.  Soy tu entrenador, también quiero que venzas. —Ante la mirada que Yuri se negaba a darle, Víctor apretó los labios.

Seung-Gil ejecutó el combo con un triple salto, el triple flip, el doble toe loop y el triple loop apareció en medio del momento en que la música empezaba a aumentar la velocidad y los demás elementos de la música salían a acompañarlos. Los violines saliendo dentro de la niebla, justo como los enemigos que empezaban a surgir a través de las sombras.

—Yuri —Víctor insistió, bajando el escalón que lo separaba de Yuri. Este levantó su mirada enrojecida y le miró como si quisiera emitir un grito. Víctor apretó sus labios, su cuerpo todo lo que quería era abrazarlo al verlo tan asustado.

El triple axel cayó con una perfección que ahogó a las voces de los jueces. Cuando la melodía incluyó con más fuerza a los violines, la secuencia de pasos de Seung-Gil inició, con una muestra de pasos acordes a las artes marciales de su país, en velocidad y forma, superando a la neblina mientras se enfrentaba a sus enemigos, con la decisión sanguinaria de un guerrero milenario.

—¿Qué debería hacer? —preguntó Yuri ante los ojos de Víctor, sacando esa pregunta que amenazaba con abrirle en dos—. ¿Qué debo hacer si no puedo corresponderle? No quiero huir como Yuuri. No quiero destrozarlo como lo hizo conmigo Yuuri… —Víctor le miró callado.

Su cabello se movía con velocidad junto a sus movimientos, sus pasos en el hielo eran firmes y fluidos como los de un animal adaptado a la naturaleza. Se deslizaba, pateaba, golpeaba, incluso saltaba con la secuencia de un combate de cuerpo a cuerpo, demostrando una entereza en sus movimientos y seguridad en su patinaje. Nadie podía respirar mirándole actuar como un lince en la pista, Seung-Gil iba y venía batallando entre enemigos imaginarios. Empezó la pirueta combinada, moviéndose con velocidad como si así lograra esquivar cualquier ataque.   

—Estoy tan enojado… —Por fin las lágrimas volvieron a caer—. Con Otabek, con mamá… conmigo… estoy tan enojado de que todo sea tan malditamente difícil.

—Mientras no seas sincero y hables, no va a dejar de ser difícil. Es como intentar levantar un puente con los ojos vendados y los oídos tapados, Yuri. —El aludido lo miró cansado y se frotó el rostro con su antebrazo. Víctor entendió que el quedarse también había sido una forma de extender el inevitable encuentro con su madre—. Ven… vamos a tomar aire antes de…

Los aplausos de todo el público los cubrió allí, en la sombra de los escalones que bajaban hacia el pasillo, a solo pasos de las gradas. Seung-Gil había acabado su programa en medio de los vítores que se escuchaban en todo el estadio y los comentaristas que no dejaban de alabar el programa. Víctor miró hacia el techo, como si así pudiera ver todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor y percatándose apenas en ese momento del silencio que hubo minutos atrás.

—¡119,04! —Los gritos de todo el público cayeron sobre ellos como un tsunami. Víctor giró su rostro donde se veía la pantalla pero que, debido a la distancia y al ángulo, era imposible ver lo que en ella mostraba—. ¡Seung-Gil ha roto el récord mundial del programa corto que tenía Yuri Plisestky desde el 2017!

Víctor se quedó sin aire, con un frío escalando por sus vértebras tras escuchar la noticia. La algarabía del público era potente, casi se sentía temblar todo el estadio en medio del júbilo y la sorpresa de todos. Ni siquiera se percató del momento en que Yuri avanzó corriendo los escalones para volver a las gradas y afincarse en la baranda, donde pudo ver las pantallas marcando la puntuación en la tabla, junto a la repetición del bellísimo lutz cuádruple y la imagen del Kiss and Cry, donde Seung-Gil se había arrodillado al suelo de la impresión para levantar la mirada enrojecida en llanto, mientras se tapaba los labios con sus manos enguantadas.

—¡Maravillosa performance, maravilloso espectáculo! ¡Seung-Gil llora de felicidad ante un logro inimaginado! ¡Hasta la entrenadora Min-So Park ha empezado a llorar como ocurrió en las olimpiadas!

—¡Perfeccionó este programa después de la copa Rostelecom en cuestión de días y nos ha mostrado algo increíble! ¡Seung-Gil demuestra lo que su perseverancia, empeño y dedicación ha logrado!

—¡Sube a la tabla quedando en primer lugar! 

Phichit ayudó a Seung-Gil a ponerse de pie después de que hiciera varias inclinaciones, tan desbordado que era incapaz de contener su emoción. Las lágrimas mojaban su rostro y sus pestañas se pegaban húmedas al levantarse temblando. Cuando pudo ponerse de pie, no contuvo el abrazo que le dedicó a su pareja, apretándolo efusivamente a pesar de las cámaras. Allí, acobijados entre ellos y mientras las lágrimas ya llenaban las mejillas de Phichit, pudo susurrarle en el oído: ‘Eres el mejor’.  La noticia se extendió en cuestión de minutos por todo el mundo y las redes sociales estallaron de júbilo. Yuri, al ver todo aquello, solo pensó en lo lejos que estaba él de lograrlo.

Publicado por AkiraHilar

Fanficker de Yuri on Ice y Saint Seiya. Amante del Victuuri, sobre todo de las historias donde demuestran que su amor, aunque puede ser imperfecto, sigue siendo hermoso.

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